¿Positivistas constructivistas o robinsonianos?. Los Centros de Ciencia, Tecnología y Educación Ambiental hoy por hoy son un punto importante en el debate sobre la educación en Venezuela; quizás no sean objeto de polémicas escandalosas como otras que acaparan el centimetraje de la prensa, pero un programa que logra una tradición como ésta, con casi cincuenta años a cuestas, es difícil de encontrar en nuestra siempre mutante estructura educativa nacional y menos con tanto arraigo espontáneo entre docentes, alumnos y representantes.
Es obvio que en esa historia tan larga existen prácticas educativas y científicas que tienden cada vez más a ser vistas como eso, como parte de la Historia y de viejos paradigmas. Pero ello no significa que esas cosas superables o superadas vayan a cuestionar la pertinencia de una idea que sigue demostrando un potencial pedagógico enorme y que pueden además actualizarse perfectamente, su arraigo y valiosa tradición les permite, si se toman algunas medidas, ser claves en este proceso en que lo que se desea es que la ciencia.
Pero, en tiempos de fuertes cuestionamientos al positivismo hipotético deductivo y a la ciencia en general como diosa que fue a mediados del siglo XX (cuando nacían los hoy llamados CCTEA), es obvio que hay que hacer ajustes, porque, hablando en criollo la situación (a no llamarse a engaño) es de "corremos o nos encaramamos". Los ajustes, a juicio de este modesto neófito coordinador zonal de Mérida (vaya responsabilidad….), deben ir por los siguientes lados:
Se debe impulsar una reforma del
reglamento que tienda a ampliar las posibilidades
de utilizar metodologías distintas
al método hipotético-deductivo (la investigación
acción, las metodologías cualitativas,
por nombrar solo dos), hoy en día
están en fuerte auge. Sabemos que el reglamento
no las niega, pero en los hechos
no las estimula, cuando se pone peso a las
exigencias de presentar hipótesis.
Es importante, aunque esta no es
una ponencia que pretenda profundizar en
el debate sobre los paradigmas, que los
docentes encargados de los CCTEA reciban
formación sobre las implicaciones que
implica utilizar cada uno de los paradigmas.
La crítica al positivismo va más allá de quienes asumen determinadas posiciones políticas. Esta corriente ha sido el sustento teórico de los países centrales que dominan el mundo, eso hace que sea imperativo que los países llamados periféricos, dominados o tercermundistas nos tracemos otros enfoques metodológicos que se adapten a nuestra condición y particularmente revisen críticamente una metodología que lo que hace es ver la realidad a partir de una simplificación y reducción de la misma (una hipótesis es una relación entre tres variables y allí está su error fundamental, la realidad-al menos la socialsiempre es más compleja que lo que pueda verse a través de una relación tan limitada) Otro aspecto que debe ser punto de formación para los coordinadores de CCTEA es que la ciencia hoy en día ha sido cuestionada en su supuesta neutralidad. Cabe acá la cita textual que sigue: "Hay autores que creen que la neutralidad de la ciencia debe ser matizada, como afirma el investigador Carlos Verdugo Serna en su clarificador artículo ‘El mito de la neutralidad de la ciencia’: ‘Es difícil atacar la tesis de la neutralidad valorativa de la ciencia sin enfrentarse a la sospecha de estar defendiendo posiciones oscurantistas, retrógradas o irracionales. Pero, a pesar de ello, tal tesis requiere ser examinada, en primer término, porque hay buenas razones para pensar que una interpretación cerrada de ella es insostenible y, en segundo lugar, debido a que continúa siendo usada para evitar o disminuir la responsabilidad socio-ética de los científicos puros. Después de todo, piensan algunos, si la búsqueda de la verdad o del conocimiento puro es moralmente neutral, sus actividades de investigación también lo son.’"
En este sentido, el físico francés Jean Marc Lévy-Leblond se muestra contrario a la idea de la neutralidad de la idea basándose en cuatro puntos: a) Los científicos, que rechazan la responsabilidad de las consecuencias nefastas de su trabajo, reclaman en cambio elogios y reconocimiento por los efectos positivos; b) La ciencia sería neutra si fuera una forma de conocimiento puro, al margen de influencias externas, pero existen multitud de intereses que influyen en las investigaciones; c) Ni la ciencia escapa a las influencias directas de los condicionantes sociales ni los científicos se encuentran al margen de la sociedad, y d) La idea de neutralidad sería cierta si el balance entre posibles beneficios y perjuicios sería equilibrado, pero las estructuras sociales actuales hacen que los segundos sean más probables. En definitiva, según este autor, el conocimiento no se obtiene de forma totalmente objetiva porque el contexto social determina la producción científica, ‘sobre todo en nuestra época, en la que la mayoría de los trabajos de investigación necesita inversiones financieras y humanas considerables’. (Alex Fernández Muerza en www.argenpress.info/notaprint. asp?num=018096)
Se debe ser menos pomposo en el
reglamento en la utilización de ciertos nombres
que ahuyentan la participación de colegas
docentes con debilidades de formación
en metodología de investigación. Para
un docente no es nada claro cómo se puede
pretender que niños y niñas deban poder
elaborar por sí mismos unas "bases teóricas",
por ejemplo. Es cierto que el reglamento
vigente procura ser poco exigente
cuando explicita que en muy poco espacio
se debe abarcar esos complejos tópicos, pero
cualquier persona que haya pasado por una
Universidad suele entender que bases teóricas
es más que lo que se puede decir en
tan pocas palabras. Esto, más allá de toda
sana intención, confunde, y pone al docente
en una situación de desamparo, al menos
mirado desde cualquier punto aislado de la
provincia venezolana. Sobre este tipo de
formalidades excesivas posiblemente pudiera
encontrarse otros ejemplos en el reglamento
vigente.
El reglamento se cuida en calificar
como "orientadores" a quienes obstinadamente
la gente sigue llamando "jurados".
Compartimos esta visión, pero sin embargo
nos preocupa que la práctica que observamos
es que los orientadores actúan más
como jurados que otra cosa, siendo a veces
severos y presionando a niños como si fuesen
adultos. Es cierto que eso no es culpa
del reglamento, pero quisiéramos sugerir
que una solución definitiva para este problema
podría ser que adolescentes se incorporen
a los equipos orientadores, conforme
con el espíritu de la LOPNA y el artículo
78 de la CRBV y su noción de democracia
participativa. Esto también tiene que
ver con los cambios de paradigma, recordemos
que ya los niños, niñas y adolescentes
ya no son "menores" y son sujetos plenos
de derecho.
La proporción sugerida es la de un adolescente por cada dos profesionales adultos. Esto obligaría a los profesionales que integran el equipo orientador a bajar su nivel académico porque entrarían en la necesidad de negociar con estos muchachos.
La posible parcialidad de los adolescentes involucrados podrían ser matizada con medidas como que en una convención o encuentro distrital podría participar "orientadores adolescentes"de otros Distritos, creativamente se podrían buscar también otras alternativas. Además, muchas veces los muchachos suelen ser más honestos y transparentes que nosotros los adultos. Para la designación de los adolescentes, podrían establecerse métodos democráticos de elección por los propios niños, con lo cual se estaría enriqueciendo el carácter de formación ciudadana de los CCTEA. Hacer esto sería coherente con el mismo reglamento que califica a los niños como "directivos" y sitúa a los docentes en el inferior nivel de "coordinadores"
En otro orden de ideas, es necesario
explicitar en los documentos base del
programa cuestiones como "desarrollo
endógeno", "integración transdisciplinaria",
riesgos socio-naturales, y otros,
la educación bolivariana ha tomado un
rumbo y hacia allí se debe ir. El Ministerio
de Ciencia y Tecnología ha incorporado
explícitamente en sus políticas ir más
allá de las divulgación de al ciencia para
pasar a la popularización de la misma, por
lo que también hay que tratar de marcar
pauta en esos campos, el programa educativo
científico más difundido del país, los
CCTEA, no pueden estar al margen de
esos fenómenos. Deberíamos servir de piloto
en el complejo tema particular de lo
transdisciplinario y allí ver si podemos
avanzar sobre dudas que incluso en los
altos niveles universitarios aún no se han
podido resolver.
Sería clave poder retomar políticas
de dignificación como la dotación de
los CCTEA en las escuelas y la remuneración
Se debe hacer un esfuerzo y salir
al paso de esos esquemas e imágenes que
califican a los centros de ciencia como
"espacios cerrados" y se debe mostrar con
fuerza las variadas experiencias de integración
y participación comunitaria que
existen en todo el país.
Los CCTEA son, a nuestro juicio,
la herramienta más poderosa con la que
cuenta una institución educativa para el
cumplimiento del artículo 107 de la
CRBV y de catalizar la difícil aplicación
del Eje Transversal Ambiente (¡cómo nos
costó que el Ministerio de Educación en
su momento lo aprobara y hoy cómo cuesta
que los docentes lo apliquen!).
Si han surgido en los liceos bolivarianos los "Centros Conservacionistas Francisco Tamayo" es porque a nuestros directivos educativos de hoy la temática ambiente les preocupa, entonces es vital que se en esos niveles se tenga bien claro el gran aporte que los CCTEA hacen en este sentido. ¿Será posible lograr un sano diálogo en ese sentido? La exposición de nuestros niños a cada vez más frecuentes tragedias originadas en la crisis ecológica convierte a esta posibilidad en un mandato. Los muchachos y muchachas de toda la variada geografía venezolana se lo merecen.
























































































