Se ha iniciado en estas fechas en Ecuador el debate en torno a un proyecto de Ley de Comunicación. Las empresas privadas de comunicación, a través de la Asociación Ecuatoriana de Radiodifusión y la Asociación de Canales de Televisión del Ecuador, además de, por supuesto, la gran patronal continental, la Sociedad Interamericana de Prensa, han expresado su rechazo a las propuestas gubernamentales.
Es de agradecer su sinceridad. Según las declaraciones publicadas en el diario La Hora el 19 de octubre, su “lista de quejas se inicia por el hecho de que la comunicación quiera ser vista como un bien público y no como un derecho humano”.
Como si esto fuera incompatible, lo que es incompatible es precisamente lo contrario, que un derecho humano pudiera tener la forma y figura jurídica de propiedad privada. Es evidente que lo que es propiedad privada de Juan no puede ser nunca un derecho humano de Pepe.
Pero aún dijeron más. Concretamente la Asociación Internacional de Radiodifusión “advirtió el riesgo (sic) de la proliferación de los medios comunitarios”. Los que hasta ayer se presentaban como ardientes defensores de la libertad de expresión ahora consideran peligroso que las comunidades dispongan de medios de comunicación. Es decir, no son los gobiernos progresistas quienes quieren cerrar los medios privados, sino los medios privados quienes quieren prohibir a los medios comunitarios.
Continúa la información señalando que “las asociaciones ecuatorianas también dicen que la publicidad del Estado debe ser nula y que dichos medios (los comunitarios) deben subsistir de donaciones internacionales”. De forma que la publicidad estatal sólo debe destinarse a las empresas privadas de comunicación, no a las cooperativas o instituciones sin ánimo de lucro. Éstas sí pueden recibir dinero pero de gobiernos extranjeros, no del gobierno de ese país que es el que verdaderamente representa a esa sociedad.
Según su criterio, el gobierno estadounidense o español podría financiar la radio de una asociación ecuatoriana, pero nunca el gobierno de Ecuador, que debe destinar su dinero para contratar publicidad en las empresas privadas.
Verdaderamente, hablando se entiende la gente, no hay como escucharles con detalle para comprender sus intenciones.
Fuente: www.pascualserrano.net .
Periodista español. Fundador de la fraterna revista electrónica Rebelión. Colabora en una decena de publicaciones latinoamericanas sobre temas de comunicación y política internacional. Su último libro es Perlas 2. Patrañas, disparates y trapacerías en los medios de comunicación editado en España por El Viejo Topo. Es miembro del Consejo de redacción de las revistas Mundo Obrero, El Otro País y Pueblos, donde colabora habitualmente.
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Lo que parecía aceptable en tiempos de guerra, no era en principio admitido en tiempos de paz. Sin embargo, como la guerra fría era un estado intermedio, ambos bloques desarrollaron en sus zonas de influencia sistemas de propaganda que competían entre sí. En los años 1970, el Movimiento de Países No Alineados trató de liberar la información sacudiendo el yugo de las agencias de prensa monopolísticas. Aquella rebelión terminó cuando Estados Unidos y el Reino Unido abandonaron la UNESCO.
A fines de los años 1980, Estados Unidos aprovechó el debilitamiento de la URSS para extender su hegemonía mediática a escala global. Estados Unidos creó entonces un nuevo patrón de consumo, la información audiovisual continua, y lo inundaron con sus propios contenidos. La inmediatez de las transmisiones le permitió soslayar el trabajo de verificación periodística de la información e imponer su propia narración de la actualidad.
A principios del siglo XXI, los gobiernos anglosajones crearon herramientas comunes de «comunicación global» buscando asociar la narración de la actualidad con emociones y acciones colectivas de condicionamiento. Por ejemplo, en ocasión del advenimiento del año 2000, la Casa Blanca manipuló los temores milenaristas mediante el anuncio de un gigantesco error informático. Aquel engaño vino acompañado de todo tipo de historias falsas sobre las posibles consecuencias del error informático y de instrucciones supuestamente destinadas a salvar las instalaciones informáticas. Todo aquel montaje contó incluso con el apoyo de una agencia temporal de la ONU, el International Y2K Cooperation Center (IY2KCC) y permitió a Estados Unidos vender programas informáticos por un monto total superior a los 200 000 millones, convirtiendo así a Bill Gates en el hombre más rico del mundo.
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Fuente : «Las empresas privadas explican su posición sobre la Ley de Comunicación », por Pascual Serrano, Red Voltaire , 5 de noviembre de 2009, www.voltairenet.org/a162797
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