Si no es la primera vez que los fabricantes de armas hacen campaña por la guerra, la presión de la Lockheed Martin en favor del ataque a Irak es de una amplitud sin precedentes. Desde 1993, el fabricante de armas de destrucción masiva trabaja para el desarrollo de la OTAN, cuyos nuevos miembros constituyen otros tantos clientes. Su influencia financiera e ideológica en el seno del Partido Republicano y sus estrechos lazos con los «halcones» de Washington hacen de ella uno de los principales instigadores del ataque contra Irak. Es el momento de invertir en acciones Lockheed Martin.
Si no es la primera vez que los fabricantes de armas hacen campaña por la guerra, la presión de la Lockheed Martin en favor del ataque a Irak es de una amplitud sin precedentes. Desde 1993, el fabricante de armas de destrucción masiva trabaja para el desarrollo de la OTAN, cuyos nuevos miembros constituyen otros tantos clientes. Su influencia financiera e ideológica en el seno del Partido Republicano y sus estrechos lazos con los «halcones» de Washington hacen de ella uno de los principales instigadores del ataque contra Irak. Es el momento de invertir en acciones Lockheed Martin.
A 50, 9 euros la acción, Lockheed Martin, primer productor mundial de armas, está a su nivel más bajo desde hace un año. Es el momento de ganar dinero: dentro de dos semanas, la firma aprovechará la guerra de Irak, un suculento negocio que promueve desde hace meses.
En 1993, la compañía de Maryland incorporó a un ex oficial de enseñanza militar, Bruce P. Jackson, como vicepresidente a cargo de la estrategia y la planificación. Este campeón del lobbying ha dedicado lo esencial de su tiempo a encontrar nuevos mercados para la empresa: el armamento según las normas de la OTAN de los Estados de Europa central y oriental, y la guerra de Irak.
Miembro de la Nueva Iniciativa Atlántica (New Atlantic Iniciative), ha puesto en marcha sucesivamente el Proyecto para las Democracias en Transición (Project on Transicional Democracies) y el Comité Estadounidense para la Ampliación de la OTAN (US Committee to Expand NATO). Asociaciones ambas que trabajan para la integración de los Estados de Europa central y oriental, y que son utilizadas por Jackson para obligar a los nuevos miembros a comprar a la Lockheed Martin. Así, el grupo [francés] Dassault, que vive aún en el sueño atlántico de la época de la Guerra Fría, ha visto recientemente cómo le birlaban el mercado polaco, sin comprender que los tiempos han cambiado.
Pero Bruce P. Jackson no se contenta con despojar de sus mercados a los ciegos aliados de los EE.UU., sino que también crea la demanda. Miembro activo de la dirección del Partido Republicano, ha patrocinado el Centro para la Política de Seguridad (Center for Security Policy), que agrupa a los «halcones» y preconiza la guerra en todas partes. Igualmente patrocina, desde 1997, el Proyecto para que el Nuevo Siglo sea Norteamericano (Project for the New American Century), que prepara a la opinión pública estadounidense para la guerra contra Irak. Ha financiado y asesorado a George W. Bush a lo largo de la campaña electoral por la presidencia. Sobre todo, acaba de crear, en diciembre pasado, el Comité para la Liberación de Irak (Committee of Liberation of Iraq), cuyo único objetivo es «vender» la guerra al público para vender los aviones, misiles y municiones Lockheed Martin al Departamento de Defensa.
El Consejo de Administración del Comité para la Liberación de Irak está compuesto exclusivamente por antiguos directivos, abogados o lobbystas de la Lockheed Martin. El Comité se ha dotado de un Consejo de Orientación presidido por George Schultz, ex secretario de Estado de Ronald Reagan, asociado después de Donald Rumsfeld en la industria farmacéutica. Está integrado por representantes de la industria de armamentos y de «personajes influyentes» como los editorialistas neoconservadores Robert Kagan y William Kristol y los «halcones» Richard Perle y James Woolsey. El Comité está también dotado de un Consejo Internacional en el que figuran el general alemán Klaus Naumann, quien entrenó a los rebeldes del UCK para provocar la guerra de Kosovo, y Carl Bildt, un ex primer ministro sueco que ambiciona convertirse en representante de la ONU en el Irak liberado.
Nada detendrá a Bruce Jackson: después que el gobierno checo hubiera desautorizado al presidente Vaclav Havel, quien había firmado una tribuna libre por la guerra junto a siete dirigentes europeos, el «Grupo de Vilnius», que es un organismo del Comité por la Ampliación de la OTAN, ha publicado un comunicado de diez gobiernos europeos en favor de la guerra.
Ahora, también vosotros comprad acciones Lockheed Martin y exigid una guerra en Irak para cobrar los dividendos.
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Además de ser el primer productor de armas a nivel mundial, Estados Unidos no sólo es el primer consumidor de armas del mundo sino también el primer exportador (acapara el 34% del mercado mundial). Le siguen Rusia (25% del mercado mundial), Alemania (10%), Francia (8%) y el Reino Unido (4%). En cuanto a los países importadores, China ocupa el primer lugar (con un 11% de las compras en el mercado mundial). Detrás vienen la India (7% de las compras), los Emiratos Árabes Unidos (6%), Corea del Sur (6%) y Grecia (4%) [Cifras SIPRI, 2009].
La mayor parte de las transacciones son legales, pero la imposición unilateral de embargos y los embargos impuestos por el Consejo de Seguridad de la ONU han dado lugar a la aparición de un mercado paralelo. Contrariamente a lo que afirman los discursos oficiales, es imposible vender o transportar armas a espaldas del gobierno del país que las produce. El «tráfico» no es por lo tanto otra cosa que una violación no reconocida por los Estados de los embargos que ellos mismos dicen aplicar.
En Estados Unidos, la industria del armamento –que depende únicamente de los pedidos públicos– se confunde con una parte del poder ejecutivo estadounidense dando así lugar a lo que el general-presidente Eisenhower designó como «complejo militaro-industrial». En menor medida, se ha observado el mismo fenómeno en los demás grandes Estados productores de armas.
El mercado del armamento está evaluado en 1 200 millardos de dólares al año [1 millardo = mil millones], o sea alrededor de la mitad del monto del mercado de la energía y 10 veces menos que la ayuda al desarrollo. El enorme volumen de esa producción esconde importantes desigualdades cualitativas cuyo resultado es que, en numerosos aspectos, la industria estadounidense del armamento es ampliamente superada por la sofisticación tecnológica de sus competidores.
Según el jefe de fuerza aérea de EE.UU. Ver video
En 1941, los anglosajones se fijaron como objetivo de guerra el paso del modo colonial de explotación al intercambio desigual después de la victoria sobre la Alemania nazi. Es por ello que la Carta del Atlántico promueve la descolonización, el libre intercambio y la libre circulación marítima. Este modelo se hizo regularizó en 1947 con los acuerdos del GATT y se fortaleció en la era Reagan-Thatcher a través de un gran movimiento de privatización y desregulación. En 1991, le presidente Bush padre dio a conocer su visión de un nuevo orden mundial: la globalización. El objetivo es aprovechar el vacío creado por la desaparición de la URSS para extender la dominación anglosajona, privilegiando la expansión económica antes que la expansión militar. El nuevo modelo tiene como objetivos no sólo la libre circulación de los productos sino también la libre circulación de los servicios y los capitales, todo bajo la regulación de un tribunal arbitral que corroe la soberanía de los Estados. Este nuevo modelo está representado hoy en día por la Organización Mundial del Comercio (OMC).
En el siglo XXI, este proceso se prolonga con la desmaterialización de la economía. Los anglosajones cierran sus industrias de bienes de consumo y conservan únicamente su industria militar. Inventan una economía basada en los «productos financieros» (o sea, en la especulación) y en el cobro de derechos de «propiedad intelectual» (o sea, de derechos por el uso). Extienden al espacio aéreo su control sobre la libre circulación de bienes y servicios, con el pretexto de la «guerra contra el terrorismo», y también al espacio marítimo, con el pretexto de la «lucha contra la piratería». Pero la anacrónica colonización de Irak en 2003 y su exorbitante costo están a punto de provocar el derrumbe financiero del Imperio. El presidente estadounidense Barack Obama y el primer ministro británico Gordon Brown tratan entonces de salvar el sistema vaciando las plazas financieras extranjeras y obligando los capitales a migrar hacia los paraísos fiscales anglosajones. Por otro lado, en un movimiento concertado, los Estados occidentales ponen todos los medios financieros públicos al servicio de un grupo de bancos privados que así logran no sólo evitar la quiebra sino también comprar las empresas y bancos con problemas, en lo que constituye un gigantesco movimiento de concentración de la riqueza.
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Pero las desventuras anunciadas en Irak toman un cariz de catástrofe militar. La retórica de la cruzada y el uso públicamente reivindicado de la tortura contribuyen también al deterioramiento de la imagen de Estados Unidos a través del mundo, al decrecimiento de la atracción que pueden ejercer sus productos y al declive de su liderazgo. A fines de 2006, los generales estadounidenses entran abiertamente en rebelión. La Comisión Baker-Hamilton sobre Irak logra crear un consenso político para detener el aventurerismo de George W. Bush, quien ya amenaza con extender la guerra a Irán. El presidente pierde las elecciones intermedias y se ve obligado a deshacerse del secretario de Defensa Donald Rumsfeld y a poner en su lugar a Robert Gates (hijo espiritual de Scowcroft y miembro de la Comisión Baker-Hamilton). Durante sus 2 últimos años en la Casa Blanca, el presidente George W. Bush se ve apartado del ejercicio real del poder.
Se hace evidente que Estados Unidos está gravemente endeudado debido al costo exorbitante de sus guerras. Al no aparecer los beneficios que debían recompensar su inversión en estos conflictos, el mundo anglosajón se ve inmerso en lo que es claramente el comienzo de una crisis financiera y económica.
Tema 5 - Investigaciones del Proyecto Censurado 2009
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Fuente : «Una guerra jugosa para la Lockheed Martin», Red Voltaire , 7 de febrero de 2003, www.voltairenet.org/a120009
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