A los 16 años se puede ser desecho. Envuelto en la bolsita negra del desamparo y sacado a la calle, para que pase el destino y recoja los restos. El Estado no se hace cargo de los pibes, violentamente exiliados en los socavones de la pobreza. Los disparos certeros del hambre profundo y la tuberculosis terminaron el 23 de julio -en el barrio Matadero de Quilmes- con la vida de Abel Benítez de 16 años.
Dos meses antes moría su hermano Jonathan Benítez de 20 años, con el mismo cuadro, por las mismas causas mientras tres hermanos menores (8, 11 y 13 años) viven los prólogos de la muerte.
Ofelia Rosales -Trabajadora Social- de Aguante La Manga, organización que forma parte de la Federación de Entidades de Fomento de Quilmes presentaron 340 acciones de amparo contra el Municipio de Quilmes contra el hambre, contra la tuberculosis, contra la sarna de cada día.
El gobierno -con sus talentos amargos- cómo hará para disimular la incertidumbre de un pueblo cuyo presente es un retrato frágil agrietado por el hambre. Detrás de qué cifra ocultarán a la mayoría empobrecida, que se saca el corazón del pecho inútil.
Los pobres desbordan las estadísticas oficiales y los desesperos se transmiten a través de las generaciones, aniquilando la ilusión de los abuelos sobrevivientes con sus huesos desbarrancados -que se mecen entre las brasas del infierno- mientras se les apagan las risas de los nietos, a los que ni siquiera pueden ofrecerles el legado de su propia resistencia.
El hambre los mutila en Quilmes, en La Matanza, en Florencio Varela, en General Sarmiento, en los partidos más pobres del Gran Buenos Aires. Los hombres y mujeres que aún sobreviven, suelen recordar su infancia con ojos de pantano.
Décadas de abusos y saqueos certeramente aplicados por el modelo económico, han dejado marcas injuriosas y heridas sin retorno en la piel de manzana de la infancia. La democracia -esa gran paradoja- que nos propone dejar el amor para mañana y velar las armas de una realidad insoportable.
Los funcionarios, preocupados, utilizan tecnicismos -que llevan opacidad a la lectura de las cosas humanas- para explicar el aumento de los embarazos de las niñas, y los que nacen en tanta pena -que apenas se soporta- son niños de niños, productos de los únicos amores posibles en medio de la agonía y el deseo.
La polémica establecida en el INDEC, las internas y disputas y las especulaciones de los “analistas”, repugnan al orden de la razón y se desarrollan en un escenario que se encuentra demasiado lejos del desafío de ese poema conmovedor de amar a las personas de una en una.
Quizá no sea un número el mejor indicador, sino la palabra apropiada, el término preciso. Sí, la palabra justa es abandono. Nuestro país es un territorio de huérfanos sociales que tratan de comer -con los restos de memoria- alguna carne, alguna plegaria, alguna caridad. Cualquier explicación, cualquier promesa, no alcanza para desbaratar el sufrimiento de millones de personas que llevan remachadas sus lágrimas en los pómulos.
# Agencia APE
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Fuente : «Vergüenza », por Alberto Morlachetti, Red Voltaire , 2 de agosto de 2007, www.voltairenet.org/a150518
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