Red Voltaire
Genes reales

De modelos, príncipes y mitocondrias

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De forma cíclica, los mentideros de la corte atribuyen una consorte al Príncipe Felipe. Eso no es noticia. Tampoco es noticia el que en esta ocasión sea una hermosa plebeya escandinava la que ocupe el corazón del futuro rey. En otras ocasiones hubo plebeyas. En otras ocasiones rondaron la corona "bárbaras" de blanca piel, ojos claros y cabellos dorados ¿Qué será, pues, lo que ha desatado las iras de la "nobleza" española en contra de la posible alianza entre el Borbón y Eva Sannum?

La excusa que esgrimen los acérrimos defensores de las más puras y rancias formas monárquicas es lo impropio de la unión entre un príncipe y una modelo, por más hermosa que esta sea. Sin embargo, hay algo que subyace a la ligereza de tan sutil excusa.

El que la modelo sea hija de un camarero no es realmente el motivo de toda la algarabía desatada. No lo es tampoco el que los padres de la Sannum estén divorciados ¡Faltaría más! En España somos europeos y laicos. Ya no nos asustamos de esas cosas desde hace un cuarto de siglo. No. El problema real (¿o debería decir Real?) radica en las mitocondrias. Sí, en las mitocondrias. Ya lo sé. Disculpen Uds. Se lo he soltado de sopetón y sin explicaciones...

Voy a comenzar desde el principio. Hace unos días estaba en Barcelona con cuatro buenos amigos de la elite científica española: Ángel, Jesús, Javier y Manuel. Había sido un duro día de trabajo para todos y compartíamos una cena en la que el tema que ocupó casi toda la velada fueron las elecciones en el País Vasco. Casi al final de la misma, no recuerdo muy bien cómo, surgió el tema.

Que si el Príncipe, que si la modelo, que si los comunicados, que si tal o cual cabreo de tres pares de narices. El caso es que nos centramos en esto último. Como científicos nos preguntamos cuál podría ser la causa de la reacción desatada por el rumor de una posible relación entre D. Felipe y Eva Sannum. No pareció sentar tan mal lo de Gigi Howard, ni lo de la Sartorius, que no pertenecían a la realeza europea.

¿Qué era entonces todo aquello? ¿Cuál era la causa de tales desafueros? Dado el carácter científico del corro, no tardó en surgir una explicación lógica. Ciencia cartesiana elevada a su más pura expresión neural. Alguien alzó la voz y de su docta garganta surgió la razón científica: la culpa la tienen las mitocondrias de la modelo.

Si Uds. no están familiarizados con el tema, les diré que las mitocondrias son unos pequeños orgánulos que aparecen en el interior todas las células de nuestro cuerpo, incluyendo las reproductoras. Este orgánulo es el que aporta la energía que precisa la célula para realizar sus funciones. Además contiene hasta su propio ADN, DNA si lo prefieren. Hasta aquí nada excitante ¿no? Bueno, pues ¿qué dirían Uds. si les dijera que en tanto que el óvulo materno presenta más de mil mitocondrias, el espermatozoide sólo tiene una o dos?

Alguno ya lo va cogiendo... Aunque los cromosomas, el ADN nuclear, de un niño es por partes iguales del padre y de la madre, el ADN mitocondrial es básicamente materno. Un futuro vástago surgido de la unión potencial entre la bella y el príncipe llevaría en su cuerpo billones de mitocondrias, la mayor parte de las cuales (más del 99,9%) tendrían los genes mitocondriales de la madre. O sea, de la modelo.

Ahí es donde le duele a alguno. Y no sin fundamento. Podríase dar el caso de que un polimorfismo sobre los genes de ciertas subunidades de la citocromo oxidasa mitocondrial hiciera que el potencial principito sufriera una alteración fenotípica hemática respecto a la rama paterna. En lenguaje llano, que perdiera el tono azulado de su sangre. ¡Qué barbaridad! ¡Qué desastre! Posiblemente lo peor que ha ocurrido desde que se perdió Cuba.

No es extraño que el suceso haya supuesto el vertido de más litros de tinta que crudo derramó el último petrolero que llenó de mierda las costas gallegas (al que, por cierto, no se le dio tanta importancia). ¡Qué importa si todavía hay un 10% de parados o si en Euskadi hay gente que tiene miedo! Lo que de verdad nos importa a la mayoría de ciudadanos españoles es la calidad de las mitocondrias de la futura consorte del príncipe, la talla de calzoncillos del Conde Lequio, si hay algo entre Tamara y el Padre Apeles o cuánto durará Rociíto con su ligue de turno ¿Vale?

Pablo Escribá

Biólogo molecular español, investigador científico y divulgador cultural.

 
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