El trabajo del ballet andino es un esfuerzo de un voluntariado alternativo que buscó su independencia desde su creación, al margen de la oficialidad de la cultura. Nelson Díaz, director del grupo, afirma que el esfuerzo permanente durante estos años ha sido promover un fondo para la cultura y convertirlo en una política cultural. «Siempre es una fortaleza tener independencia de criterio, pero también tiene sus riesgos. En trece años hemos podido sondear por donde hay piedras en el camino y por dónde podemos caminar», afirma.
Este ballet andino conformado por 22 bailarines y un equipo de cincuenta voluntarios donde se utilizan diferentes recursos dramáticos, místicos y festivos con un lenguaje etnocontemporáneo que evoca una tradición andina milenaria. Nelson Díaz sostiene que estos trece años han marcado el posicionamiento como grupo cultural y han revivido otros proyectos como el Ballet Contemporáneo que hoy por hoy está presentando una obra titulada Huérfanos y Clandestinos. Para Díaz «Lejos de lo comercial o de lo meramente educativo lo importante es escenificar algo para la identidad cultural de nuestro pueblo».
Trece años que han planteado objetivos para consolidar su propuesta estética. «Una tierra heredera de tradiciones y un pueblo bajo una misma raza y color». Como manifiesta el director y fundador del grupo: «nuestra lucha está en que la gente entienda que nosotros no somos indígenas. Indígena viene de indigno e indio viene de indeo, del latín antiguo sin Dios. Tenemos que asumirnos como una sola raza, como una sola identidad».
Danzando en otras tierras
Desde 1991 para acá han sido muchos los caminos recorridos, donde la danza andina se ha mostrado con toda su fuerza expresiva. Giras nacionales e internacionales que han marcado una pauta dentro de las artes escénicas del país. El Ballet Andino ha visitado Perú, Colombia, Francia, España y Bélgica dentro de giras y festivales internacionales.
Dentro del país llevan adelante la organización de varios eventos como el Solsticio del 21 de junio y 21 de diciembre todos los años, el Festival Spondylus de la Cultura, la celebración del equinoccio en marzo, entre otras actividades que se realizan en forma permanente dentro de la Fundación.
Para ellos el arte es una tradición que hemos heredado de nuestros antepasados y somos los llamados a mantenerlas, difundirlas y desarrollarlas. «El nacimiento de una nueva raza como ya lo profetizó nuestro padre Atahualpa. Todo el sacrificio durante quinientos años después de la invasión tenía un sentido. Una nueva raza, una nueva sangre surgirá. Este tiempo negro va a surgir una nueva visión, un ser universal nacido de la Mitad del Mundo», concluye Nelson Díaz.