Red Voltaire
El «cerebro» del presidente de los EEUU

Bush-Rove: política y delito

Karl Rove es uno de los asesores más poderosos de Bush y según algunos, el hombre que con sus estrategias electorales lo llevó a ocupar la gubernatura de Tejas, a su reelección como gobernador y luego a la Casa Blanca.

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Karl Rove es uno de los asesores más poderosos de Bush y según algunos el hombre que con sus estrategias electorales lo llevó a ocupar la gubernatura de Tejas, a su reelección como gobernador y luego a la Casa Blanca.

Ha sido calificado como el Goebbels de Bush, "un niño genio de la política", la eminencia gris detrás de Bush, el «co-presidente», pero ante todo es un personaje muy tramposo como abundan en el medio de la política y de los negocios.

Pero más allá de los calificativos, lo que una persona hace es la mejor descripción de lo que es. La vida entera de Rove ha sido una cadena de mentiras, difamaciones y crímenes, incluyendo los asesinatos.

Su conocimiento de variadas trampas políticas ha de atribuirse a su largo entrenamiento como rufián de la política y el éxito de las mismas, entre otras cosas, al embrutecimiento de una buena parte de la sociedad estadounidense, acostumbrada a los trucos de la publicidad comercial.

El hecho de que a base de trampas, delitos y calumnias Rove haya podido desarrollar una carrera política ascendente echa por tierra el mito de la solidez de las instituciones democráticas en Estados Unidos.

Rove encabeza el «club del desayuno» de los colaboradores de Bush que se reúnen con él cada semana para planear estratagemas contra Kerry, a la vez, Rove ha gozado ante la prensa estadounidense de una gran impunidad que le permite esquivar entrevistas y mantenerse en la sombra, hecho que hace dudar de la libertad de expresión en ese país, donde unos son «más iguales que otros», como diría el personaje de Orwell, y donde ante la prensa hay intocables que son figuras públicas sin estar obligados a responder de sus actos.

De Nixon a Bush

Nacido el 25 de diciembre de 1950, en Denver, a los 9 años Rove ya admiraba al tramposo Richard Nixon y a los 11 años tenía ambiciones políticas, que lo llevarían años después a dejar sus estudios en la Universidad de Utah para unirse a la campaña de un senador republicano. «Soñaba con ser presidente y hacía lo imposible por conseguir autógrafos de un gobernador» (Qué pasa, 20 de junio de 2003).

Durante el escándalo de Watergate, Rove fue mencionado por The Washington Post como uno de los «jóvenes que habían conducido sesiones de entrenamiento con el tipo de trucos sucios usados por Nixon» y fue interrogado por el FBI.

Su perfil personal, su ausencia de ética y su astucia para la destrucción de los enemigos políticos, llamaron la atención de George Bush padre, quien lo reclutó para ser su asistente en el Comité Nacional Republicano, donde conoció a George Bush hijo.

A principios de los 80, en Tejas abrió una oficina de consultoría política, donde vendía a los millonarios tejanos consejos para destruir a los demócratas mediante campañas calumniosas, que incluían inventarles escándalos de supuesto espionaje telefónico o de investigaciones falsas del FBI.

Además de difamar a los rivales políticos de sus clientes, intimidaba a los reporteros amenazando con revelar supuestos secretos sexuales sobre ellos y hasta los agredía verbalmente.

También ha usado campañas de mercadotecnia basadas en crear la ilusión, mediante repeticiones en los medios, de que la sociedad en su conjunto «pide» el triunfo de algún personaje de la calaña de Bush.

Conociendo la torpeza verbal de Bush, Rove ha usado también la estrategia de mantenerlo alejado de los medios a la vez que usa a otros personajes, como Giuliani, para que con una falsa imagen den la cara por su cliente.

Durante la campaña presidencial de Bush en 2000, Karl Rove se jactaba de que la gente no retiene los detalles políticos, referentes a la trayectoria de Bush, sino que votarían atendiendo a su imagen como defensor de los «valores» estadounidenses. (Qué pasa, 13 de agosto de 2000).

En noviembre de 2002, Karl Rove, organizó la campaña electoral para renovar gobernadores y gran parte del Congreso, lucrando políticamente con la guerra y los atentados del 11 de septiembre. Los demócratas no quisieron criticar al gobierno para no hacer dudar de su patriotismo, permitiendo así que se dejaran de lado asuntos de índole económica y social, estrategia que dio el triunfo a Bush, quien usaba la mentira de las armas de destrucción masiva que supuestamente tenía Hussein.

Dos suicidios

Aunque Rove ha usado la estrategia de aterrorizar a sus adversarios políticos amenazando con divulgar sus intimidades o inventando mentiras acerca de ellas, la propia historia íntima de Rove es bastante tenebrosa, con detalles sobre los que vale la pena reflexionar.

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James Hatfield

Su padre abandonó el hogar cuando él tenía 19 años y su madre, solitaria, se suicidó en Reno, Nevada, en 1981.

Veinte años después, en julio de 2001, aparecería otro suicidio, o aparente suicidio, en la vida de Rove: el de J.H. Hatfield, biógrafo de Bush quien en su libro: «Hijo Afortunado: como se fabrica de un presidente americano», reveló que Bush fue arrestado en 1972 por posesión de cocaína y su poderoso padre utilizó sus influencias para borrar esa mancha de su expediente legal, murió, en un aparente suicidio, en julio de 2001. Antes, Hatfield fue enlodado con una campaña de vilipendios, escarnios y detracciones. La campaña contra Hatfield fue iniciada por el diario tejano Dallas Morning News, tan cercano a los Bush. La editorial Saint Martin Press fue obligada a retirar el libro de Hatfield de los anaqueles e incinerar 70 mil copias, el tiraje completo. En esas circunstancias Hatfield se vio forzado a revelar el nombre de su informante: Karl Rove, íntimo asesor de los Bush (Lisandro Otero «¡Ahí viene el lobo!. Bush, desquiciado peligroso»).

Como resultado de la campaña de calumnias contra Hatfield, éste, perdió dos contratos para publicar sus libros y se vio sumido en la ruina total. Hatfield apareció muerto en una habitación de hotel en Springdale, por ingestión de sustancias tóxicas. A su lado había una nota donde explicaba que su ruina y problemas de alcoholismo eran los causantes de su decisión. Como es sabido, muchos asesinatos bien planificados suelen falsificar estas notas de despedida de supuestos suicidas. Nadie ha podido probar fehacientemente que Hatfield se suicidó.

Hay muchas incognitas en la muerte de Hatfield, su esposa reconoció la letra y escritura de su marido donde se despide en su carta, pero muchas cosas de su muerte, como la acusación de fraude a la carta bancaria, que se supone fue el detonador para su suicidio, no han sido comprobados, incluso son extraños porque Hatfield había declarado a amigos que no cometería errores de ese tipo para que no lo puedan acusar y llevar a la carcel, en donde él pensaba que podian asesinarlo y disimular su muerte como una pelea entre prisioneros y criminales. En el momento de esa muerte Bush padre era el Director General de la CIA.

Una educación inmoral

Los hechos anteriores no son sorprendentes dados los valores y la educación que recibió Rove, uno de cuyos iniciadores en el manejo de trampas políticas fue Lee Atwater quien en 1973 lo llevaría a la presidencia de los republicanos universitarios.

Ese mismo año, Karl Rove le presentó a George Bush a su amigo Lee, quien luego de las elecciones de 1984 se unió a la firma Black, Manafort and Stone, que trabajó para la campaña de Bush-Quayle cuatro años después.

Otro de los empleados de la firma era Dwight Chapin, quien en 1972 había sido encarcelado por mentir acerca de su contratación de Donald Segretti para sabotear la campaña del senador demócrata Edgar Muskie.

Esas actividades de Segretti, maestro de Rove, fueron relatadas por Bernstein y Woodward en su libro Todos los hombres del presidente (Simon and Schuster, 1974), en la siguiente explicación con la que Segretti trató de reclutar a un colaborador contra Muskie: «¿Te gustaría trabajar en una operación haciendo un poco de espionaje político?...Supongamos que acudimos a una reunión política de Kennedy y nos encontramos con un ardiente defensor de su campaña. Le dices que tú también eres partidario de Kennedy, pero que trabajas entre bastidores y que necesitas que te ayude. Lo envías entonces a trabajar con Muskie, para llevar sobres de propaganda electoral o cualquier otra cosa parecida y lo utilizas para transmitir información. Las personas captadas así creerán que están haciendo algo en favor de Kennedy y contra Muskie, pero en realidad usarás la información para otros objetivos».

De acuerdo con ese testimonio, «el propósito principal ...era que los demócratas no pudieran presentar un frente unido después de descubrirse una serie de trucos en la campaña para la elección de su candidato... lo que debíamos hacer era causarles los estragos suficientes como para que no pudieran reponerse».

Entre los clientes de Black, Manafort and Stone se contaban el primer ministro de Bahamas, Oscar Pindling, conectado con el tráfico de drogas, así como Jonas Savimbi, dirigente de UNITA, movimiento angolano apoyado por la CIA, así como el dictador filipino Ferdinand Marcos.

Savimbi y Marcos pagaron por la labor de cabildeo de Rove, lo mismo que el magnate del tabaco, Philip Morris, quien lo contrató para proporcionarle «inteligencia política». De 1991 a 1996 Rove estuvo recibiendo más de 3 mil dólares mensuales de la empresa tabacalera donde reportaba ante Jack Dillard. Al mismo tiempo, Rove trabajaba para el entonces gobernador George Bush, pero declaró mentirosamente: «Mi trabajo como asesor de Philip Morris no tiene nada que ver con mi trabajo para el gobernador». El hecho es que el fabricante de cigarrillos se benefició al evadir costos por muchos cientos de millones de dólares derivados de acusaciones que se le hacían por daños a la salud.

A fines de enero de 2001, es decir, apenas llegado Bush a la presidencia, Bernd McConnell, asistente para asuntos africanos del secretario de la Defensa se reunió con Jardo Muekalia del movimiento angolano derechista UNITA, pese a la prohibición establecida por las Naciones Unidas de establecer ese tipo de vínculos. (www.globalpolicy.org/securit...). De acuerdo con fuentes periodísticas, Muekalia también se reunió con Karl Rove.

Robos, mentiras y terrorismo

Ya en 1970, en Illinois, Rove se introdujo en la oficina del demócrata Alan Dixon, Rove robó materiales de campaña e imprimió invitaciones falsas de Dixon en las que prometía a sus partidarios «cerveza gratis, chicas y buenos ratos.» Y que fueron distribuidas entre sectores como los llamados «sin techo», como una maniobra calculada para perjudicar al demócrata.

En septiembre de 2003, el Washington Post publicó que había una investigación en marcha contra Rove por violar leyes federales que prohíben dar a conocer la identidad de los agentes de la CIA. Rove y el entonces director de la CIA, George Tenet, informaron a media docena de periodistas que la esposa del embajador Joseph C. Wilson IV era agente. Como tal, había descubierto que eran falsas las acusaciones de Bush de que Sadam Hussein quería obtener uranio en Níger, por lo cual Rove lanzó contra ella una de sus usuales campañas de descrédito y de venganza política y personal.

Una de las últimas campañas de Rove se basó en la difusión de testimonios falsos que cuestionaban la actuación de Kerry en Vietnam y que fueron propagados por un grupo de veteranos de Vietnam a los que Bob Perry, millonario amigo de Rove había dado 200 mil dólares.

Como de costumbre, Rove mintió luego acerca de sus relaciones con Perry, como había mentido para evadir, él sí, el servicio militar en Vietnam con pretextos sobre la continuación de sus estudios universitarios, que nunca terminó.

El 20 de agosto de 2004, el New York Times publicó que Rove había declarado a través de un vocero que él y Perry habían sido amigos mucho tiempo pero que no había hablado con él desde hace más de un año.

Cinco días después, Rove dijo a Fox News, "No quiero dejar una falsa impresión. Pero, ustedes saben, Perry no es alguien con quien yo haya hablado extensamente en años...", dando a entender, así, que en realidad sí había hablado con Perry pero no «extensamente», término muy relativo.

Entre las cantidades que Bush le ha dado a Rove para comprar sus dotes de rufián se cuentan 340,579 dólares hacia 1994 y 220, 228 dólares de enero a marzo de 1999, canalizados a su empresa consultora, que pronto vendió para dedicarse exclusivamente a la campaña de Bush. (www.famoustexans.com/karlrove.htm).

En enero de 2002 se dio a conocer que entre los mayores accionistas de Enron ha figurado Karl Rove, junto con el jefe del Pentágono, Donald Rumsfeld, la subdirectora de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), Linda Fisher; el subsecretario del Tesoro para Finanzas Nacionales, Peter Fisher, y el Representante de Comercio Exterior, Robert Zoellick. Asimismo, el secretario de la Marina, Thomas White, fue vicepresidente de Enron antes de asumir su puesto en el Pentágono, y en esa época poseía acciones de la empresa valoradas entre 50 y 100 millones de dólares (www.angelfire.com/nb/17m/pet...).

Antes, el primero de junio de 2001, Associated Press había difundido que Rove tenía de 1.3 a 3.3 millones de dólares en acciones que incluían un cuarto de millón de dólares en cada una de las siguientes firmas: General Electric, Enron, Intel, Boeing, Johnson & Johnson farmacéutica, Cisco Systems y American Express.

Los datos anteriores tienen interesantes ramificaciones, por ejemplo lo concerniente a las acciones de Rove en la industria farmacéutica.

Como es bien sabido, la National Endowment for Democracy es una de las financiadoras estadounidenses de grupos derechistas en muchos países y en particular apoyó fuertemente a la fracasada oposición antichavista que quería terminar el mandato del estadista venezolano mediante un referéndum.

En el mejor estilo de Rove, la empresa Penn, Schoen & Berland Associates, estuvo mintiendo acerca de los resultados previsibles e incluso reales del referéndum, sosteniendo en total oposición a lo que ocurrió, que Chávez perdería la votación con el mismo margen con que de hecho la ganó.

Penn, Schoen & Berland tenía miembros en Súmate, que había recibido más de 50 mil dólares de la NED. Más aún, como hizo notar el New York Times el 24 de abril de 2002, el director de la NED ha sido el ex-congresista republicano Vin Weber, figura conocida de la ultraderecha quien simultáneamente ha hecho cabildeo para empresas farmacéuticas donde, como se ha dicho, Rove ha tenido acciones por un cuarto de millón de dólares.

La mafia terrorista que está gobernando Estados Unidos está unida, como ilustra este caso, por fuertes negocios estimulados por el tráfico de influencias y por proyectos extremistas que buscan borrar del mapa toda idea de justicia social.

A fines de 2001, en su libro Cuba Confidencial: Amor y Venganza en Miami y La Habana, Ann Loiuse Bardach dio a conocer el apoyo de Rove a los sectores militaristas del exilio cubano. Según Bardach, Rove «ha pedido al presidente que complazca a los de "línea dura" como pago por su victoria electoral y por la de su hermano.»

En marzo de 2004, Karl Rove visitó Miami y prometió a los cubanoamericanos una serie de medidas contra el régimen de Castro, que incluirían un mayor endurecimiento de las penas por comerciar con Cuba, medidas enérgicas contra los países aliados de EEUU que simpatizasen con La Habana y la reducción de vuelos a la isla.

A fines de junio del año pasado, Rove, quien pese a no haber terminado una carrera es profesor de graduados en la universidad de Tejas, corrigió a un estudiante que lo desafió a que explicara cómo justificaba el gobierno estadounidense la guerra con Irak cuando no se han encontrado armas de la destrucción masiva, a lo que Rove respondió: «Ante todo, la batalla de Irak, no la guerra». Entonces explicó que "la guerra" es una guerra progresiva contra el terrorismo que no tiene fecha fija de finalización, con lo que Rove confirmó la vocación terrorista del gobierno de Bush (Answer Internacional Newsletter, mayo-julio de 2003).

Asesinatos

En julio de 2004 (Karl Rove’s White House "Murder, Inc.") Wayne Madsen señalaba que el 15 de septiembre de 2001, Rove aprovechó la autorización para el asesinato político emitida en ese tiempo a raíz de los atentados contra las Torres Gemelas, para eliminar al político libanés Elie Hobeika, quien a su vez estaba planeando revelar evidencias irrefutables de que disponía para demostrar que el primer ministro israelí, Ariel Sharon, autorizó la massacre de cientos de hombres, mujeres y niños palestinos, en los campos de Sabra y Shatila, en 1982. En ese tiempo, Elie Hobeika era jefe de inteligencia de las fuerzas cristianas libanesas que combatían a los musulmanes. De acuerdo con fuentes de la inteligencia europea, Karl Rove coordinó personalmente el asesinato de Hobeika para lo cual usó agentes sirios en una época en que el presidente de ese país, Bashar Assad estaba tratando de congraciarse con la administración Bush.

En marzo de 2002, en una gasolinería de Sao Paulo, Brasil, fueron asesinados Michael Nasar y su esposa, como una maniobra de Rove para ayudar a Sharon, pues Nassar también tenía información sobre esas masacres.

Entre otras cosas, los asesinatos planeados por Rove obedecían a la estrategia de reforzar el apoyo de los judíos estadounidenses hacia el gobierno de Bush.

Cristianismo a la Enron

Como ha señalado el teólogo protestante Juan B. Stam ("Un exorcista para G. W. Bush": 4 de agosto de 2003), cuando Bush y Rove colaboraban en la campaña para la reelección presidencial de Bush padre, ambos sirvieron como enlace con el sector «evangélico».

«Los dos manejaron a la perfección la semántica de esa subcultura. Mientras otros candidatos discutían los temas polémicos, Rove aconsejó a Bush que simplemente hablara de su fe. Bush hijo se presentaba como «un hombre con Jesús en su corazón». Cuando un periodista le preguntó quién era su filósofo sociopolítico favorito, Bush contestó: «Jesús, porque cambió mi vida». Eso correspondía perfectamente al individualismo extremo del fundamentalismo y constituye lo que en el metalenguaje de subcódigos evangélicos se llama «testimonio personal».

Prosigue Stam «En la lucha semántica del lenguaje religioso, Bush y Rove ganaron sin problemas, pues no tuvieron rivales. Bush manejaba bien el lenguaje fundamentalista (y, en otro sentido, ese lenguaje comenzó a manejarlo a él)».

Desde un punto de vista meramente pragmático, luego de las elecciones presidenciales del 2000, Karl Rove se lamentaba de que la única razón por la que el Bush no había conseguido la mayoría de los votos era que no había podido movilizar a casi una cuarta parte de los electores del sector fundamentalista cristiano, por eso ha otorgado gran importancia al desarrollo de una estrategia para garantizar el voto del fanatismo religioso, aunque su propia vida puede resumirse en la violación cotidiana de todo o casi todos los mandamientos de la fe cristiana.

Con ese fin, Rove ha tejido una compleja red de alianzas y se ha servido de varios personajes, entre ellos Ralph Reed, ex-dirigente de la ultraconservadora Christian Coalition, y con amplia experiencia como televangelista, a quien Rove recomendó en 1997 a la tristemente célebre Enron que lo contrató como consultor, con un salario de entre 10 y 20 mil dólares mensuales.

En 1999, cuando se anunció oficialmente la campaña presidencial de Bush, Reed se sumaría a la nómina del republicano sin romper sus vínculos con Enron. Según Reed, Bush ganaría las elecciones por la ayuda que recibía de Dios. Por si fuera poco, las labores de Reed en Enron incluyeron la movilización de sectores religiosos en apoyo a las demandas de la empresa para la «desregulación» de los servicios eléctricos en Pennsylvania y de allí en otras partes del país.

Otro de los aliados de Rove en ese empeño ha sido el católico Deal Hudson quien en agosto de 2004 tuvo que retirarse públicamente al menos de su colaboración con la campaña de Bush luego de que se descubrió que había estado involucrado hace años en un caso de acoso sexual contra una de sus alumnas.

Edgar González Ruiz

Edgar González Ruiz Maestro en Filosofía. Investigador y periodista, especializado en la derecha política en México y América Latina. Ha publicado varios libros, como: La Última Cruzada (2001); Los Abascal (2002); Cruces y Sombras (2006); El clero en armas (2007). En 2005 obtuvo el Premio José Martí; en 2006, el Premio Nacional de Periodismo, de México. Colabora en Contralínea.

 

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