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«Democracia de mercado»

Friedrich von Hayek, el padre del neoliberalismo

El economista austriaco Friedrich von Hayek se ha empeñado en desacreditar a toda costa la regulación económica alegando que es demasiado compleja para pretender organizarla. Su teoría del «Estado mínimo» se ha convertido en la religión del Partido Republicano de los Estados Unidos en oposición tanto al «New Deal» de los demócratas como al marxismo de los soviéticos. Su escuela, financiada por las fundaciones de las grandes transnacionales, se ha estructurado alrededor de la Sociedad del Monte Peregrino, ha obtenido siete veces el premio Nobel de Economía y ha inspirado a los gobiernos de Pinochet, Reagan y Thatcher.

| Paris (Francia)
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El pensamiento económico y político de Friedrich A. von Hayek se ha impuesto como fundamento ideológico del orden liberal. Constituye al mismo tiempo el producto de una historia particular y de una red de relaciones desarrollada a la sombra de las grandes fundaciones norteamericanas.

Hayek nació en Viena en 1899. Su juventud austriaca está marcada por un clima político difícil en el que huelgas masivas paralizan al país. Asiste a la desorganización del régimen doblemente amenazado: por el populismo, con frecuencia antisemita, y por el socialismo revolucionario radicalizado por la introducción de las tesis marxistas. En este contexto se apasiona por las tesis de la Sociedad Fabiana, una corriente reformista inglesa, creada por Béatrice y Sidney Webb, que preconizaba una revolución espiritual. Paralelamente se inició en la filosofía de Ludwig Wittgenstein, principal «conductor» del Círculo de Viena.

Hayek participa en los seminarios del economista Ludwig Von Mises, quien reúne a su alrededor a discípulos que contribuirán a difundir el buen pensamiento liberal en Francia, como Jacques Rueff, asesor del general De Gaulle; en Italia, Luigi Einaudi; en Alemania, Wilhelm Röpke y Ludwig Erhard; y en menor medida en los Estados Unidos, Murria y Rothbard.

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Ludwig von Mises

En esa época Mises defiende ideas contrarias a las dominantes en la intelectualidad austriaca y Hayek lo califica de «liberal intransigente y aislado». Es iniciador de la crítica a la planificación que, según él, no puede constituir una solución económica adecuada debido a la complejidad de los cálculos económicos y a la falta de información. En su obra mayor, Socialismo, predice el fracaso de las experiencias socialistas: la planificación sólo puede conducir al caos o al estancamiento.

Profesor en Viena (1913-1938) y luego en Nueva York (1945-1969), Mises es el fundador de la corriente neoaustriaca que se desarrolla durante los años 70 y se encuentra cercano a las redes norteamericanas en Europa Occidental (la Fundación Rockefeller y el National Bureau of Economic Research financiaron dos de sus libros publicados en 1944, Omnipotent Government: the Rise of the Total State and Total War y Bureaucraty).
Tratando de difundir sus teorías y apoyado por industriales y fundaciones, Mises construyó una organización oficiosa, un esbozo de la Sociedad del Monte Peregrino, representada por sus alumnos en varios países de Europa Occidental.

La teoría política neoliberal

Hayek, dando continuidad a la tradición liberal iniciada por Adam Smith, defiende una concepción mínima del Estado. Su especial aporte corresponde a la crítica radical de la idea de «justicia social», noción que disimula, según él, la protección de los intereses corporativos de la clase media.
Preconiza la eliminación de las intervenciones sociales y económicas públicas.

El Estado mínimo es un medio para escapar al poder de la clase media que controla el proceso democrático a fin de obtener la redistribución de las riquezas mediante el fisco.
Su programa es expuesto en La constitution de la liberté [La Constitución de la Libertad] (1960): desreglamentar, privatizar, disminuir los programas contra el desempleo, eliminar las subvenciones a la vivienda y el control de los alquileres, reducir los gastos de la seguridad social y finalmente limitar el poder sindical. El Estado no puede asegurar la redistribución, sobre todo en función de un criterio de «justicia social».

Su papel se reduce a brindar un marco jurídico que garantice las reglas elementales del intercambio. En 1976 llega a proponer la desnacionalización de la moneda, es decir, la privatización de los bancos centrales nacionales para someter la creación monetaria a los mecanismos del mercado. Otras de sus posiciones parecen matizar el radicalismo de su liberalismo; preconiza, por ejemplo, la creación de un ingreso mínimo, pero esta propuesta debe verse como una rehabilitación de la ley inglesa de los indigentes y no como la marca de un «socialismo hayekiano» [1].

La teoría desarrollada por Hayek está basada en una creencia compartida por todos los liberales, desde los clásicos hasta los partidarios de las tesis austriacas. La metáfora de la «mano invisible», que asegura en el pensamiento de Adam Smith la adecuación de la oferta y la demanda en los diferentes mercados, ilustra perfectamente este presupuesto común que tratan todos de demostrar a partir de diferentes postulados: equilibrio general de Walras, desarrollado por Pareto; orden espontáneo del mercado o catalaxia para la escuela austriaca, lo que es el resultado de acciones no concertadas y no el fruto de un proyecto consciente. No se quiere, no se planifica el orden del mercado, es espontáneo.

Esta concepción de la economía sirve de justificación a la crítica del intervencionismo generador de desequilibrios y perturbaciones en la catalaxia. Hayek considera que los keynesianos hacen del Estado un «dictador económico».

La filosofía política de Hayek está finalmente muy próxima de las tesis desarrolladas por Locke. El Estado defiende el derecho natural de propiedad y está limitado por las cláusulas individualistas de un hipotético contrato fundador. El derecho se convierte entonces en el instrumento de protección del orden espontáneo del mercado. Lo que importa pues, principalmente, es la defensa del liberalismo económico. El liberalismo político es absorbido. Las ideas democráticas son relegadas a un plano secundario, lo que ha llevado a Hayek a declaraciones con visos de provocación. Según él, la democracia no constituye un sistema político infalible: «es esencialmente un medio, un procedimiento utilitario para salvaguardar la paz interna y la libertad individual» [2].

Más vale un régimen no democrático que garantice el orden espontáneo del mercado que una democracia planificadora. Es el razonamiento que justificará la presencia de los «Chicago boys» en Chile. El pensamiento de Hayek es una mezcla de conservadurismo (crítica a la democracia inspirada en la denuncia de la Revolución Francesa de Edmund Burke) y de liberalismo (Adam Smith). Alerta contra la democracia ilimitada que conduce irremediablemente al reino de la democracia totalitaria [3].

En realidad Hayek está obsesionado por las clases medias que controlan los regímenes democráticos: «Hay una gran parte de verdad en la fórmula según la cual el fascismo y el nacional-socialismo serían una especie de socialismo de la clase media» [4]. Por otra parte, teme a los pobres cuyas reacciones son imprevisibles. Reclama un ingreso mínimo «aunque sólo sea en interés de los que pretenden permanecer protegidos de las reacciones de desesperación de los necesitados» [5]. Aunque haya rechazado la idea de justicia social, Hayek desarrolla una concepción especial de la justicia, liberal, pero a la vez conservadora, incluso si se defiende en un artículo titulado: Pourquoi je ne suis pas conservateur? [Por qué no soy un conservador?].

Las ideas radicales de Hayek, sus ataques contra el intervencionismo económico no pueden ser comprendidos sin una vuelta al contexto histórico de la posguerra: la elaboración de una nueva versión del liberalismo corresponde a una crítica total del keynesianismo triunfante. Hayek, inspirado en el pensamiento económico de Mises, rechaza tanto el colectivismo preconizado por el marxismo de Estado como la intervención económica en las sociedades capitalistas. Retomando las ideas de Mises critica la posibilidad de planificar la economía cuya complejidad se opone a todo cálculo racional.

Sus posiciones contra la «tercera vía democrática y social» simbolizada por el New Deal rooseveltiano y el laborismo inglés explican la marginación de los ultraliberales a principios de los años 50, especialmente en el seno de la más poderosa de las organizaciones de intelectuales anticomunistas, el Congreso para la Libertad de la Cultura.

Hayek al margen de la «guerra fría cultural»

Hayek es nombrado profesor en la London School of Economics en 1931 y luego en Chicago en 1950. En 1962 es profesor de Economía Política en Alemania Federal... Este recorrido universitario no es casual: la London School of Economics, financiada por la Fundación Rockefeller, y la universidad de Chicago son bastiones de la economía liberal. Constituye así una red política e intelectual internacional en la que ha sabido reunir a liberales, a conservadores británicos y norteamericanos, pero sus teorías han sido difundidas también en toda Europa Occidental. Cercano a Raymond Aron [6], quien populariza sus tesis en Francia, se pretende un «liberal intransigente» comprometido al mismo tiempo contra el sovietismo y el fascismo.

La retórica del antitotalitarismo constituye una vez más el instrumento ideológico privilegiado de los intelectuales comprometidos con el Congreso para la Libertad de la Cultura, organización dirigida por la CIA desde 1950 hasta 1967. Sin embargo, a partir de 1955, los ultraliberales conducidos por Hayek son marginados frente a los «laboristas», que representan una «tercera vía» socialdemócrata y que contribuyen a redefinir las orientaciones ideológicas del Congreso para la Libertad de la Cultura. Así, un nuevo programa surge de la Conferencia Internacional de Milán [7].

En París, Josselson, con el apoyo de la Fundación Rockefeller, recluta y financia a los participantes. La lista de ponentes es aprobada por un comité compuesto por Raymond Aron, Michel Collinet, Melvin Lasky, Sidney Hook, Denis de Rougemont... Cinco oradores son cooptados [8]. Son los encargados de establecer las directrices de la ideología anticomunista del Congreso para la Libertad de la Cultura en la sesión inaugural.

La conferencia de Milán evidencia la división entre las dos tendencias. Los arquitectos de la organización, en su mayoría intelectuales neoyorquinos provenientes de las filas trotskistas, tratan de agrupar a los liberales, sobre todo a los de la izquierda no comunista (como León Blum en Francia). En 1955, el Congreso se interna abiertamente en la vía socialdemócrata; el éxito del discurso inaugural de Hugh Gaitskell, líder laborista inglés, corrobora esta orientación.

En su opinión, el Welfare state es compatible con la democracia política, tesis en perfecta contradicción con las teorías austriacas de Mises. El cuarto orador, Hayek, hace uso de la palabra en nombre de los ultraliberales y recuerda que la propiedad es el único derecho que vale la pena defender, en clara referencia a los derechos sociales evocados por Hugh Gaitskell [9]. La conferencia de Milán concluye con la victoria ideológica de los «laboristas» y con la marginación de los ultraliberales que se repliegan en los think tanks, organizaciones encargadas de convertir a las élites económicas a la filosofía neoliberal.

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Walter Lippman

Del coloquio Walter Lippman a la Sociedad del Monte Peregrino: el nacimiento de un think tank internacional

El coloquio Walter Lippman [10] (1938), en el que participan Mises y Hayek, es la ocasión es la ocasión de reunir a profesores universitarios liberales hostiles al fascismo, al comunismo y a todas las formas de intervencionismo económico del Estado. El libro de Walter Lippman [11], The Good Society, constituye el manifiesto temporal, en espera de La route de la servitude (Camino de servidumbre), del grupo de intelectuales relativamente marginados en la época del keynesianismo triunfante. Según Walter Lippman, el colectivismo es la raíz común de los totalitarismos fascista y comunista.

Los gobiernos de las democracias occidentales, al comprometerse en políticas de recuperación económica ceden a la tentación de la planificación, pues no existe −y esta idea constituye la clave de la filosofía austriaca iniciada por Mises− «vía media» entre el liberalismo y el colectivismo. Así, Louis Rougier [12], profesor de filosofía en la universidad de Besançon y principal organizador de la reunión declara: «El drama moral de nuestra época es la ceguera de la izquierda que sueña con una democracia política y con una planificación económica sin comprender que la planificación implica el Estado totalitario.

El drama moral de nuestra época es la ceguera de la derecha que suspira de admiración ante los regímenes totalitarios, mientras reivindica las ventajas de una economía capitalista sin darse cuenta de que el Estado totalitario devora la fortuna privada, empareja y burocratiza todas las formas de actividad económica del país». Esta derecha y esta izquierda son así rechazadas según un argumento único: la planificación es totalitarismo. El pensamiento de Hayek se basa en el mismo principio divulgado en su célebre libro Camino de servidumbre.

El razonamiento justifica la construcción de una vanguardia liberal capaz de luchar intelectualmente (en un primer tiempo) contra la hegemonía de las prácticas inspiradas en el pensamiento de Keynes. El coloquio Walter Lippman conduce a un proyecto internacional de promoción del liberalismo. Lippman, Hayek y Röpke se encargan de crear organizaciones en los Estados Unidos, Gran Bretaña y Suiza.

En 1947, en la lógica del plan Lippman, Hayek participa activamente en la fundación de la Sociedad del Monte Peregrino, que en cierta forma «constituye la casa matriz de los think tanks neoliberales» [13]. Un empresario suizo, Albert Hunold, permite concretar las propuestas de Hayek, que desea implementar un «forum liberal internacional», y de Wilhem Röpke, que trata de lanzar una revista internacional. Hunold reúne a industriales y banqueros suizos a fin de financiar el think tank liberal [14]. Reúne a intelectuales provenientes de variadas corrientes pero que comparten la misma creencia en el equilibrio espontáneo del mercado: a monetaristas como Milton Friedman [15], a miembros de la escuela del Public choice (James Buchanan), así como a personalidades asociadas a la corriente neoaustriaca. Las reuniones internacionales son financiadas, en un primer momento, por las fundaciones Relm y Earhart [16].

La Sociedad del Monte Peregrino recibe a continuación el apoyo de las siguientes ultra conservadoras instituciones: La Fundación John Olin, la Lilly endowment, la la Fundación Roe, la Scaife Family Charitable Trust y la Fundación Garvey.

La Sociedad del Monte Peregrino ara en el mar durante veinticinco años. Los ideólogos neoliberales permanecen aislados en un contexto de consenso intervencionista. Será necesario esperar hasta la crisis del keynesianismo para que las ideas de Hayek se impongan entre las élites políticas. Gran Bretaña será el terreno de la implementación de las medidas preconizadas.

Fundado en 1955, el Institute of Economic Affairs (IEA) trabaja para difundir las tesis de Hayek y del monetarismo, teniendo principalmente como objetivo a los medios patronales (que permanecen por largo tiempo desconfiados) y financieros. Ralph Harris, quien fuera director de la organización, es magnificado desde 1979 por Margaret Thatcher. Para apoyar esta dinámica de conversión liberal, miembros del Partido Conservador (entre ellos Margaret Thatcher y Keith Joseph) crean en 1974 el Centre for Policy Studies.

En 1977 surge otra organización: el Adam Smith Institute. Gran Bretaña entra en una etapa de «revolución conservadora». La victoria de Thatcher en 1979 consagra el éxito de los think tanks neoliberales. Miembros de estas organizaciones como Geoffrey Howe y Nicholas Ridley fueron los pilares de los gobiernos conservadores [17].

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Pascal Salin ex presidente de la Sociedad del Monte Peregrino

La «revolución conservadora» británica

A finales de los años 60 se observan los primeros síntomas de la crisis social que provoca la «revolución conservadora» en Gran Bretaña, orquestada por Margaret Thachter. La stagflación, combinación inédita de desempleo e inflación, conduce al cuestionamiento del paradigma keynesiano (especialmente la ecuación de Philips como mediadora entre inflación y desempleo). Con la crisis, las teorías de la Sociedad del Monte Peregrino y de la IEA se desarrollan y reciben una acogida cada vez más favorable en los medios patronales y políticos.

Ambas organizaciones difunden las ideas de la primacía de la lucha contra la inflación, del carácter utópico de las políticas de pleno empleo, de la superpotencia sindical y de las consecuencias nocivas de las políticas económicas. En 1970 la IEA publica la tesis cuantitativa de la moneda de Milton Friedman que constituye una condena radical de la política monetaria keynesiana. Friedman preconiza la reducción de los déficits del Estado a fin de controlar el aumento de la masa monetaria.

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Alain Madelin, político francés, pronuncia su primera conferencia en la Sociedad del Monte Peregrino en 1992 cuyo tema es: «De la democracia providencia a la democracia humanista».

En los años setenta, que son los de la conversión de numerosos políticos británicos, se asiste a un acercamiento entre los conservadores y los liberales, a un matrimonio entre los herederos de Burke y de Smith.

Esta rápida historia de los think tanks neoliberales resalta el peso político de las concepciones económicas de Hayek. A partir de la Sociedad del Monte Peregrino supo imponer su idea de Estado (mínimo, sin ningún poder de intervención económica) y del mercado («laissez-faire»). Como prueba de su hegemonía intelectual recibe el premio Nobel en 1974, que luego le es atribuido a seis de sus amigos ultraliberales: Milton Friedman (1976), George Stigler (1982), James Buchanan, Maurice Allais (1988), Ronald Coase (1991) y Gary Becker (1992). De cierta forma es el programa que había formulado en su obra La constitution de la liberté que se impuso como «pensamiento económico único» a finales del siglo XX.

[1] Gilles Dostaler, Le libéralisme de Hayek (El liberalismo de Hayek), Editorial La Découverte, París 2001.

[2] F. A. Hayek, La route de la servitude (Camino de Servidumbre), Presses universitaires de France, París, 1946, p. 56-57.

[3] Estos temas son tomados del filósofo austriaco Karl Popper, autor de Misère de l’historicisme (La Miseria del Historicismo) y de La société ouverte et ses ennemis (La Sociedad Abierta y sus Enemigos).
Su obra epistemológica constituye el fundamento teórico de la critique austriaca del marxismo. Hayek, admirador y amigo de Popper, invita al «maestro» a la London School of Economics. Es investido como caballero en 1965. Es el inspirador de George Soros, quien lanza la idea de «Open society».

[4] Ibid., p. 86-87

[5] F. A. Hayek, La constitution de la liberté, Litec, París, 1994, p. 285.

[6] Raymond Aron, en 1951, participa en la cuarta reunión internacional de la Sociedad del Monte Peregrino (en Beauvallon, Francia); su ponencia se titula «Du préjugé favorable à l’égard de l’Union soviétique» («Prejuicios favorables respecto a la Unión Soviética».

[7] La conferencia internacional de Milán (1955) es la quinta reunión de este tipo después de Berlín, Bruselas, Bombay y Hamburgo.

[8] Hugh Gaitskell, Sidney Hook, Michael Polanyi, Raymond Aron y Friedrich Hayek. Pierre Grémion, Intelligence de l’anticommunisme (La inteligencia del anticomunismo), Le Congrès pour la liberté de la culture (Congreso para la libertad de la cultura) à Paris, 1950-1975, Fayard, 1995, p. 161.

[9] «Al leer las ponencias que nos han sido distribuidas me ha chocado», decía el orador, «que cada vez que la libertad es amenazada son numerosos los que, en vez de tratar de defenderla, tratan de definir nuevas libertades. Así terminamos por perder de vista lo que constituye la base de nuestras libertades fundamentales. Tengo la impresión de que la doctrina hostil a la propiedad, tan característica de nuestra época, ha arruinado completamente la comprensión de las condiciones esenciales de la libertad». Por Pierre Grémion, Intelligence de l’anticommunisme, p. 174.

[10] El coloquio reunió a veintiséis ponentes. El filósofo Raymond Aron se reúne con Hayek, entonces profesor en la London School of Economics y con su guía Mises, profesor en Ginebra. Estos contactos serán confirmados durante el Congreso por la Libertad de la Cultura.

[11] Walter Lippmann nació en Nueva York en 1889. Fue diplomático antes de convertirse en uno de los periodistas más escuchados de su tiempo. En 1917 participa en la administración demócrata y en la elaboración de los catorce puntos de Wilson. En 1920 funda el New Republic y posteriormente se convierten editorialista del New York Herald Tribune. Desde inicios de los años 60 escribe en el Newsweek. Su pensamiento político liberal y conservador influyó en los intelectuales del Congreso para la Libertad de la Cultura.

[12] Louis Rougier y Jacques Chevalier, ministro de Educación Nacional y posteriormente de Salud en 1940 y 1941, negociaron acuerdos secretos Churchill-Pétain. La France de Vichy (La Francia de Vichy), 1940-1944, de Robert O. Paxton, Seuil, 1973. (p. 133).

[13] Keith Dixon, Les Évangélistes du marché (Los evangelistas del mercado), editorial Raisons d’agir, Francia.

[14] La Sociedad del Monte Peregrino fue financiada también por el William Volker Charities Trust. La organización, creada por un rico comerciante al por mayor de Kansas City desempeñó un importante papel en la construcción de una escuela específicamente anti-intervencionista; los créditos del William Volver hicieron igualmente posible los traslados de Mises a la New York University Business School, de Hayek al Committee on Social Thought de la Universidad de Chicago y de Aron la Escuela de Derecho de Chicago. Dorval Brunelle, Hayek y Pinochet, ultraliberalismo y terror político, conferencia impartida el 11 de septiembre de 2003.

[15] El joven profesor Milton Friedman acompaña al grupo de economistas de la universidad de Chicago (Frank Knight, George Stigler). Ellos serán los principales artífices de la difusión de las tesis hayekianas en los Estados Unidos. Desde 1944, Caminos de servideumbre es publicada por la editorial de la universidad de Chicago. Los trabajos de Milton Friedman han sido financiados por la Hoover Institution on War, Revolution and Peace, organización fundada en 1919 con sede en Stanford. Sus tesis han sido la «Biblia» para la generación de los Chicago Boys que han asesorado a jefes de Estado como el general Pinochet. George Susan, «Mythologies contemporaines, Comment la pensée devint unique», Le Monde diplomatique, agosto de 1996.

[16] Entre 1957 y 1986, las fundaciones Relm y Earhart transfieren 245.820 dólares a la Sociedad del Monte Peregrino.

[17] François Poirier, «Génération Thatcher, La culture politique de l’Angleterre» (Generación Thatcher, la cultura política), revista Culture et société.

Denis Boneau

Periodista francés, miembro de la sección francesa de la Red Voltaire.

 
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