Hoy existe más libertad, más democracia y libertad de expresión, de lo que habíamos cruelmente carecido desde hace decenas de años, pero también hemos perdido muchas cosas. Hemos perdido la seguridad y la estabilidad, que son indispensables a un pueblo para vivir. De los 750 000 cristianos de Irak, 200 000 han abandonado el país estos últimos años. También hay desempleo y ataques terroristas. Hemos sido el blanco, al igual que las mezquitas, y no queremos ser considerados como minoría; nuestro lema siempre ha sido «Irak para todos y todos para Irak». Es cierto que existen tendencias religiosas radicales en Irak, pero la Iglesia reconoce el Islam y esperamos que la mayoría de los musulmanes logre preservar al país del totalitarismo. Aceptamos el hecho que representan el 95% de la población y tengo buenas relaciones con los musulmanes de Basora. Tememos a los extremistas que no conocen nada de la cristiandad. En su mayoría se trata de extranjeros, tengo la impresión de que cada vez se infiltran más terroristas en Irak.
La ciudad de Basora está muy destruida, muy cansada, existen muy pocos medicamentos, insuficiente agua potable. También carecemos de electricidad, las escuelas y los hospitales están muy mal abastecidos. Nada ha cambiado desde que comenzó la guerra, y sin embargo éramos víctimas de dobles sanciones, las de la ONU y las de Sadam Husein. El gobierno, los ocupantes militares son los responsables. Es inaceptable dejar a la gente bajo 60 grados de temperatura y 80% de humedad sin agua y sin electricidad. Esperábamos llevar una vida normal después de la guerra y no vemos que nada se produzca. La seguridad ha mejorado ligeramente en el Sur pero en ocasiones ello puede ser peligroso. El hecho de tener un gobierno debería hacernos avanzar un poco.

Fuente
Die Presse (Austria)

« Seit dem Kriegsbeginn hat sich nichts geändert », por Gabriel Kassab, Die Presse, 27 de abril de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.