Red Voltaire
Salud y gobernabilidad

Los enfermos que nos han gobernado

Publicado en versión resumida e ilustrada en el número de Noviembre del 2003 (en circulación) de la revista Question.

| Caracas (Venezuela)
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Con el título “Los enfermos que nos gobernaron”, dos autores europeos, escribieron años atrás una obra de investigación que exponía las miserias de salud de grandes hombres, y como las mismas habían gravitado sobre su desempeño.

Pierre Accoce, un periodista especializado en temas de medicina, y Pierre Rentchnick, profesor de la Facultad de Medicina de Ginebra y miembro honorario de la Academia de Ciencias de Nueva York, han sido los autores de tan singular investigación. Se trata de un verdadero documento histórico que ha dado pie para una nueva discusión de hechos decisivos que afectaron pueblos y países. En este artículo queremos destacar la importancia de la mencionada temática, y su relevancia en la actual situación mundial y nacional.

En base a minuciosa evidencia (incluyendo informes médicos y diversos testimonios y registros de los caso tratados), los autores de la obra se dieron a la tarea de analizar la salud de una serie de gobernantes de la época de la II Guerra Mundial y la posterior Guerra Fría, a fin de demostrar que decisiones cruciales de tales líderes sufrieron en calidad por haber sido tomadas en momentos de desequilibrio físico o emocional de los mismos. Decisiones que en muchos casos afectaron no sólo el destino de sus países en forma significativa sino también del entorno internacional.

Sabemos que las enfermedades de gobernantes o líderes no sólo pueden proceder de razones atinentes a su propia responsabilidad, sino que también pueden ser parte del precio personal del “apostolado” de servicio público y aún del precio de trabajar en medios problematizados o patologizados susceptibles a contagiar al gobernante que se desempeñe en ellos. Por lo anterior y a la luz de los cada mas difíciles retos que enfrenta la función gubernamental en la actualidad, en verdad tal función, muy contrario a la interesada estigmatización con que ha querido rodeársele en los últimos tiempos, debería merecer hoy mas respeto y admiración que nunca.

Sin embargo lo que mas ocupa a los investigadores de la obra señalada, no es el caso de las enfermedades “involuntarias”, por servicio o “contagio”, sino el caso de líderes de vidas descuidadas o que, luego de caer en problemas de salud que comprometían su competencia en el cargo, no supieron o quisieron hacerse a un lado a tiempo ó pasar la conducción a manos mas aptas, a fin de salvaguardar los mas altos intereses de sus pueblos a los cuales servían.

En tal sentido, particularmente interesante es el análisis hecho en la obra del caso de los principales protagonistas de la II Guerra Mundial; pavoroso conflicto que costó la vida a mas de cuarenta millones de seres humanos y que dejo tras de si una larga secuela de desquiciamiento sobre países y pueblos. ¿ Que patologías afectaron a dichos protagonistas y que efecto pudieron haber tenido en la precipitación o prolongación de la contienda ? Accoce y Rentchnick contestan la pregunta con reveladoras evidencias.

Del lado del eje fascista, Hitler era un histérico (clínicamente diagnosticado), paciente de hipertensión arterial, de sialorrea, bulimia (hambre canina), y la enfermedad de Parkinson. Mussolini fue un enfermo crónico de neurosífilis (enfermedad venérea), con propensión a la ictericia y úlceras en el estómago.

Del lado aliado, Churchill, el primer Ministro ingles, era un desmesurado comedor, bebedor y fumador; de lo cual seguramente se derivó en buena parte su afectación por anginas de pecho, hipertensión, arteriosclerosis, coágulos sanguíneos, trombosis, ataques epilépticos y meningitis.

Su predecesor Chamberlain(1938-9), a quien se atribuye una fatal vacilación para haber parado a Hitler a tiempo en sus primeras agresiones internacionales, tuvo a cuestas un cáncer del colon, que terminó con su vida luego de su dimisión a favor de Churchill, al desatarse abiertamente la Guerra. Daladier, el Premier francés, era abúlico, dilatante y de endeble voluntad; y el comandante de las fuerzas francesas, Gamelin, un neurosifilítico-al igual que Mussolini. Stalin, quien a la postre tambien fue parte del bando antifascista, padecía de hipertensión, insuficiencia cardíaca y dolores del cráneo; antesalas de un cuadro peor que le aquejaría en la postguerra y que terminaría en trombosis y embolias fatales.

Por otro lado, al Presidente norteamericano Franklin Rosevelt le aquejaban tantas afecciones de salud que llegó moribundo a la conferencia donde se prenegociaría con los otros vencedores el orden posterior a la II Guerra Mundial: la Conferencia de Yalta, realizada en febrero de 1945. Tal condición de Rosevelt y la también ya disminuida condición de Churchill quien además representaba una potencia de segundo rango, favorecerían en la Reunión al relativamente mas fornido e impetuoso Stalin quien dominaría en la misma -con consecuencias para la repartición del mapa mundial en ese entonces (los papeles y las consecuencias se invertirían entre Stalin y el nuevo Presidente norteamericano Truman apenas unos 5 meses después en la similar Conferencia de Postdam).

Evidentemente que afectaciones en la salud de la monta de las anteriormente señaladas, tenían que afectar la calidad de las decisiones de sus portadores. Tomemos, por ejemplo, las consecuencias del cuadro neursosifilítico que padecieron por igual Gamelin y Mussolini. En palabras de los autores, dicho cuadro ocasiona: “daños neurológicos graves, síntomas siquiátricos, ..movimientos anormales, contracciones constantes de los músculos, irresponsabildad, modificaciones de personalidad, euforia, a veces hiperactividad, y siempre un delirio megalomaníaco, desaparición del sentido crítico, e incoherencia profunda en su comportamiento..”

En el caso del Fuhrer, los autores vinculan sus patologías a las siguientes manifestaciones registradas en el crucial año 1944-45 (año del desenlace final de la Guerra): “temblores constantes, falta de concentración del pensamiento, divagación de la memoria, crisis epiléticas...”. Que el destino de tantos millones de seres diezmados por sus políticas de limpieza étnica y genocidas, dependiera de tal hombre es escalofriante ! El Fuhrer terminaría suicidándose ante el fracaso de todas sus delirantes pretensiones.

En el caso de Churchill, su actuación, mas o menos lúcida hasta 1943, sobre todo en el terreno militar (no había tenido reputación de buen político en tiempos de paz), empezó a menguar a partir de dicho año con al agravamiento de su cuadro de salud, que empieza a manifestar “sorpresivos agotamientos y repentinas pérdidas de memoria”, según Accoce y Rentchnick. Churchill no fue reelecto en las elecciones de 1945 a pesar de haber liderado a Inglaterra hasta el fin de la Guerra, y presidiría años mas tarde en 1952 un deslucido y penoso segundo gobierno.

Tanto Dudalier como Gamelin terminaron destituidos por el Congreso francés ante su ineptitud para hacerle frente a Hitler, con poco efecto pues ya este invadía a Francia. Mussolini posteriormente moriría asesinado al derrumbe de su gobierno por una turba de vengativos compatriotas. La imprudencia o yerros que la mala salud pudo haber ocasionado en todos los referidos líderes afectó no sólo el devenir del conflicto bélico internacional sino también el de la seguridad y bienestar de sus propios países (aunque, por supuesto, ellos no fueron los únicos factores en juego para el desenlace final de los hechos). Igualmente reveladora es la información expuesta por los investigadores sobre otros connotados lideres de la era de la postguerra o Guerra Fría.

Einsehower, el sucesor de Rosevelt fue fumador empedernido (mas de dos paquetes diarios de cigarrillos), un caso de tensión arterial y cardiopatiías asi como varios infartos (moriría en silla de paralítico poco tiempo después de su segundo mandato).

John Kennedy, además de haber padecido apendicitis e ictericia cuando joven, tuvo una severa lesión vertebral cuyas secuelas le acompañarían toda la vida, y posteriormente una seria infección estafolocócica. Sufrió durante su gestión gubernamental de insuficiencia suprarenal y de la enfermedad de Addison, lo que lo sumió en un tratamiento crónico a base de cortisona, y, a mayor deterioro, en inyecciones de anfetaminas ( a espaldas de sus doctores); todo lo anterior causante a la postre de un cuadro de depresión , irritabilidad, y trastornos psíquicos -algo muy distinto de la fachada de buen mozo y jovial que se afanaba en preservar externamente. Toda la anterior carga de acumulados achaques convirtieron a Kennedy en una especie de hiponcondríaco.

Su personal portavoz y escritor de discursos, Ted Sorensen, lo resumiría así luego de la muerte del mandatario: “..transportaba de un extremo a otro del país mas píldoras y pócimas de las que almacena un dispensario..A causa de mi papel que me obligaba a servir de enlace entre los periodistas y los médicos, estaba bien situado para saber hasta que punto se obstinaba John en que el público no pensara que se encontraba en excesiva baja forma para afrontar las fatigas de una campaña y el fardo de la presidencia,...ninguna de sus estancias en el hospital, fuera cualquiera que fuese la causa, aunque leve, nunca se hizo pública, lo cual me obligaba a encontrar toda clase de excusas para cancelar o retrasar las reuniones en el transcurso de las cuales debía tomar la palabra. Era una de las tareas que mas me disgustaban.”

Francisco Franco, el dictador español quien sobrevivió a Hiltler y Mussolini luego de hacer causa común con ellos, fue un caso creciente de arterioseclerosis, insuficiencia cardíaca y enfermedad de Parkinson (particularmente durante sus últimos 15 años), que le ocasionaron a la postre un colapso lastimoso que liquidó al otrora gran caudillo. Su aliado portugués el Primer Ministro Antonio Salazar padeció de arteriosclerosis, infección renal, infartos y demencia senil en las postrimerías de su carrera gubernamental.

En la China Comunista, su gran líder Mao Tsé-Tung fue un fumador empedernido y padeció un cuadro de creciente degeneración que incluyó arteriosclerosis, infartos y demencia senil; y su Primer Ministro, Chu En-Lai, fue un caso de cáncer con metástasis en el hígado.

Juan Domingo Perón fue un cardíaco incapacitado. Lyndón Johnson (el sucesor de Kennedy), un caso de infartos. ¿ Como pudo haber influido todo lo anterior adversamente en los desempeños respectivos de tales gobernantes? Entre otros sucesos, de Eisenhower se puede recordar que su segundo mandato presidencial fue deslucido y controversial -en comparación al primero.

Dicho mandato coincidió con el mayor deterioro de su estado de salud. Accoce y Rentchnick lo resumen así: “Fue un tiempo de querellas, atizadas por la confusión. Triste fin para este reinado. Sobre todo porque el timonel no veía los escollos”. En ese período se dió la embarazosa crisis de los aviones espías norteamericanos sobre el cielo la URSS (uno de los cuales es derribado); la imprudente decisión de enviar a su Vicepresidente Richard Nixon a una gira latinoamericana en momentos en que soplaba en la región una ola anti-estadounidense por el anterior apoyo de ese país a dictaduras recién defenestradas, lo que casi le cuesta la vida a Nixon al ser atacado en la Caracas post-Dictador Pérez Jiménez por turbas hostiles que vieron su visita como una provocación; una enredada batalla en el Congreso por un impopular proyecto de presupuesto; el levantamiento de los negros en el Sur por la sistemática violación de sus derechos civiles, etc.

A pesar de su responsabilidad por ostentar una menguada salud para encarar sus exigentes tareas a la cabeza del país mas poderoso del mundo, en sus posteriores memorias Eisenhower hace gala de muy poca autocrítica y se diluye en rebuscadas apologías. Por su carácter tan revelador y emblemático para otros casos similares, reproducimos en extenso el pasaje pertinente de dichas memorias.

“Al rememorar todo un periodo de mi primera enfermedad seria, no puedo sino felicitarme por muchas cosas, no siendo la menor de ellas que me habría sido imposible elegir un momento mejor para una crisis cardíaca. La economía estaba en pleno auge, el Congreso no celebraba sesiones. Pude maniobrar con mi Secretario de Estado Foster Dulles, sobre los problemas de política extranjera y, por el momento, no había en el mundo ninguna crisis inminente. Pude, pues, dispensarme de recoger cotidianamente las opiniones del Consejo Consultivo Económico, aprobar o rechazar las leyes votadas por el Congreso, dirigir mensajes de recomendaciones al Capitolio. Y algo de la mayor importancia, no fui requerido para tomar una decisión crucial que implicara el empleo de las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos. Sin la menor duda, si se hubiera presentado una situación crítica (por ejemplo, la localización de una incursión de bombarderos enemigos), que requiriera una decisión rápida para la utilización de la fuerza de represalias de los Estados Unidos, ciertamente yo habría podido juzgar y actuar por mi cuenta, transcurridas las primeras 48 horas de la crisis que sufrí. Sin embargo, si hubiera surgido una situación análoga a la de 1958, cuando hice desembarcar soldados norteamericanos en el Líbano, la concentración de espíritu, el sopesar los argumentos en pro y en contra, y la decisión final hubieran representado, durante la primera semana de mi enfermedad, un fardo demasiado pesado para un cardíaco de fecha reciente. Al haber sucedido las cosas así pude, gracias a un período de tranquilidad, mantener el espíritu claro, conversar con miembros del Gobierno sobre asuntos a largo plazo, y restablecerme de modo satisfactorio."

Luego de leer lo anterior, uno no sabe si sentirse mas tranquilo o intranquilo, por tratarse de los entretelones de un gobierno en el país mas poderoso del orbe ! Stalin, ya inmerso en un mas lastimoso estado de salud, se convirtió en un dictador paranoico, que sumió a su país en purgas terribles.

En cuanto a Kennedy, recordemos sólo tres sucesos: el embarazoso fiasco de la invasión de Bahía de Cochinos (contra Fidel Castro), su aciaga decisión de comprometer militarmente a Estados Unidos en la guerra de Vietnam, y su infortunada decisión de ir a Dallas a una visita donde desfilaría por la ciudad en un carro descapotado, contra las recomendaciones de su Servicio Secreto que temía un atentado, lo que, a la postre, le costaría la vida. Francisco Franco fue la figura decisiva en la guerra civil mas despiadada y sanguinaria que ha conocido Europa, que le costo unos 700.000 muertos a España, a partir de la cual, como triunfador, sometió al país a una larga dictadura. En este tipo de régimen también se anotó su colega portugués Antonio Salazar.

Chu En-Lai y Mao dirigieron un gobierno de hierro en China, de cuyos excesos han tomado distancia los actuales gobernantes de ese país, a pesar de los monumentales logros de ambos gobernantes en la consolidación de la China moderna. El caso de Mao fue particularmente notorio, con políticas como la delirante y funesta “revolución cultural” impulsada en particular por su esposa y su camarilla acompañante, la cual se aprovechó en forma desmesurada del vació de poder causado por las indisposiciones del decadente líder.

A Juan Domingo Perón, por circunstancias similares, le tocaría también hacer una cesión de poder irregular a su esposa Isabel y López Rega, causante de no pocas infortunadas consecuencias para el cuadro argentino. Lyndon Jonhson, entre otras cosas, se empantanó fatalmente con la desastrosa guerra de Vietnam, que dividió a su país.

Como gran corolario de su investigación, los autores de “Los enfermos que nos gobernaron” ponen en el tapete un problema esencial: ¿ Es lícito que se mantengan en secreto las enfermedades de los grandes políticos que gobiernan las naciones? Para mayor seguridad de los pueblos los Jefes de Estado deberían ser sometidos a exámenes de salud integral frecuentes y esmerarse en tener una vida sana , y a falta de una disposición del gobernante a reconocerlo, el facultativo debería tener la potestad de dictaminar: “No señor Presidente, así usted no esta en condiciones de seguir gobernando”, ó incluso a ir a una advertencia pública como recurso último si lo que estuviera en juego así lo ameritara.

Los poderes públicos y pueblos, además, deberían tener recursos institucionales expeditos y equilibrados (exentos de la manipulación política o errada), para relevar del mandato a un dignatario que haya perdido su competencia para gobernar. Aunque siempre será preferible una escogencia acertada desde el principio del dignatario, o su autocorrección a tiempo.

La historia posterior a la obra de Accoce y Rentchnick no ha hecho sino corroborar la continua relevancia de lo advertido en la misma.

Ronald Reagan, por ejemplo, padeció del Mal de Alzheimer ¿Explicó ello sus no infrecuentes lapsos y confusiones sobre los nombres de países y capitales, algo mas bien embarazoso para un país empeñado en un preponderante liderazgo mundial ? Para no hablar de otros “huecos negros” con ribetes de fiasco que a veces asediaron su gestión?

En cuanto al actual gobierno de ese país, mucho se ha hablado públicamente del pasado alcohólico y de consumo de drogas de George Bush y de qué secuelas pudiera ello haber dejado en el organismo del Jefe de Estado -en honor a la verdad, con la apertura con que suelen ventilarse tal tipo de asuntos en los Estados Unidos Por otro lado, ha sido públicamente notorio el batallar hospitalario por serias afecciones cardiovasculares de su segundo a bordo, “ el Vicepresidente Dick Cheney, incluyendo varios ataques al corazón, un bypass coronario cuádruple y anginas de pecho. Luego de todas sus fulgurantes pretensiones, impresiona observar la crisis de credibilidad en que se ha empatanado el gobierno de Bush por asuntos tan notorios como la ominosa debacle de Irak y la crisis empresarial , económica y fiscal de Estados Unidos.

¿Y que decir de otros líderes prominentes del mundo actual, con delicadas responsabilidades en su manos, como Sharon, Arafat y Putin ? El sólo verlos y escucharlos en televisión ya parece revelarnos muchas cosas de su condición.

A nivel latinoamericano, huelgan casos adicionales que citar. En lo referente a Brasil, cómo llegó al poder un hiperquinético e inestable personaje como Janio Quadros con el record de la presidencia mas breve que conoce la historia brasileña ? ¿ Y qué decir de un sucesor como Geisel, uno de los dictadores de los años setenta, postrado por un derrame cerebral ? ¿ Y de un Tancredo Neves, fulminado por una embolia apenas dos días luego de su elección, lo que catapultó al poder a su segundo José Sarney con un derrotero gubernamental muy distinto. En Ecuador, Buccaram fue declarado “loco” por el Parlamento de ese país por su excentricidades mercuriales, y destituido del cargo. Idagoras Fuentes en Guatemala fue un caso análogo aún mas notorio.

En el caso de Venezuela, hemos aportado como país nuestra propia “cuota” en relación a lo anteriormente tratado; con las consiguientes repercusiones en desgobierno o mal gobierno y otros indeseables efectos para la salud pública.

No sólo en Poder Ejecutivo, sino también en otros poderes públicos y, ciertamente, en la oposición política de turno; casi en una situación de “el que se sienta libre de pecado que tire la primera piedra”... En cuanto al medio gubernamental, y sin ser exhaustivos, podrían, a modo de ilustración, recordarse casos como los expuestos a continuación, en base a información de dominio público:

El controversial “Cabito” Cipriano Castro padecía de una afección renal que le hizo descuidar sus funciones públicas, y terminar viajando a Alemania a operarse. Algo aprovechado arteramente por su golpista compadre Juan Vicente Gómez quien lo defenestró para ocupar su cargo. Gómez, a su vez, moriría años después aquejado de la próstata, luego de una larga dictadura que entrega el país a la industria petrolera internacional e impone un férreo yugo nacional. Rafael Caldera, padeció durante su segunda gestión de Mal de Parkinson y cáncer en la próstata; lo que hizo a mas de uno vislumbrar su fallecimiento en ejercicio (incluyendo a un connotado astrólogo embarazosamente desmentido por las admirables reservas de durabilidad del anciano líder).

Tal gestión fue considerablemente inferior en calidad y popularidad a la de su primer mandato. La desmesura alimentaria y voluminosa humanidad de Luis Herrera Campíns fueron harto caricaturizados. A su favor: prohibió las cuñas del tabaco y el alcohol en la tele (las mismas que ahora han querido “reinfiltrarse” en tiempos de la V República !). Si Jaime Lusinchi, a quien se le conoció una marcada debilidad por las “bebidas espirituosas”, hubiese ejercido a plenitud su mandato Blanca Ibáñez no habría pasado a la historia.

Durante la actual gestión gubernamental, como caso elocuente un par de años atrás el país presenció atónito como un Presidente del Consejo Nacional Electoral del momento, de un historial personal cardíaco conocido, moría fulminado de un infarto al día siguiente de su designación, luego de toda clase de vítores y manifestaciones de confianza sobre sus calificaciones; en un tiempo electoral delicado donde las riendas del CNE sólo podían encargarse a manos absolutamente confiables y competentes (en relación a lo anterior, la historia todavía está por dilucidarse !).

Del actual Presidente se ha hablado mucho en cuanto a sus “dolencias gastrointestinales” y “gripes” que mas de una vez le han hecho cancelar comparecencias en actividades públicas. De la notoria hinchazón en su semblante de los últimos tiempos. De que “no duerme” -de lo cual él mismo hace un -poco confortante- alarde. De su notoria dependencia del café y una aparentemente creciente afición al cigarrillo. Y hasta se le ha atribuido insanía mental.

Por otro lado, yendo mas allá de lo expuesto por Accoce y Rentchnick, y ante los crecientes cuestionamientos de que ha sido objeto la medicina moderna por su óptica fragmentadora o parcial de la salud, ella no tiene que ser siempre la “última palabra”.

Convendría complementarla con otras ópticas mas amplias como las de calificadas “medicinas alternativas”, que dan una importancia -tanto en la explicación como en el tratamiento exitoso de enfermedades- a factores como la alimentación y otros aspectos del estilo de vida a menudo desdeñados por la medicina convencional, y, por lo demás, por la actual civilización dominante-tan productora de toda clase de enfermedades, y especialmente a través del binomio “sociedad de consumo-medios de comunicación”. Con tal mas amplio enfoque de la salud, muchos líderes podrían encontrar curas a males supuestamente incurables según un diagnostico convencional.

A modo de ejemplo, una gran mayoría de prescripciones para cirugías de bypases coronarios podría ser evitada en forma segura a través de cambios en la alimentación y el estilo de vida del enfermo-según lo han demostrado fehacientemte hasta estudios provenientes del propio establecimiento médico, como el que publicara el Doctor Dean Ornish en 1998 en la Journal of the American Medical Association y en la revista inglesa Lancet.

En reconocimiento de todo lo anterior es interesante destacar que hasta alguien como el Premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz ha dicho: “La salud es algo mas que la simple atención médica, debemos propiciar estilos de vida saludables, por ejemplo combatiendo el tabaquismo y el uso indebido de estupefacientes, y promoviendo el consumo de vegetales y una dieta balanceada”.

Por otra parte, ante un “mundo loco” -como el actual con su insustentabilidad e inequidades, un “loco” que lo denuncie puede terminar siendo considerado un “loco cuerdo”. Aunque la denuncia sola nos es suficiente, y menos si es destructiva o incoherente, sino que lo responsable es que esté siempre acompañada de propuestas alternativas constructivas y coherentes.

Sigmund Freud, al tiempo que advirtió el peligro de los líderes “tocados”, admitió también que “los locos, los visionarios, los alucinados, han desempeñado grandes papeles en la historia de la humanidad”. El mismo Libertador Simón Bolívar de vez en cuando acusó algunos rasgos de delirios visionarios (recordemos su “Delirio sobre el Chimborazo”), excentricidad, y hasta “locura”. En relación a esto último en misiva a Santander en 1824, llego a reconocer: “Además me suelen dar de cuando en cuando unos ataques de demencia, aun cuando estoy bueno, que pierdo enteramente la razón”.

La salud física no lo es todo, ciertamente, como la han mostrado seres como Juan Pablo II, quien ha mantenido un formidable liderazgo de la Iglesia Católica a pesar de sus penurias de salud corporal. Cabe destacar que en tales casos tal tipo de líderes han suplido con una gran fortaleza espiritual y sentido de apostolado lo que el cuerpo les ha negado. Pero es evidente que normalmente sería mucho mas confiable un líder cuya salud toda -tanto la espiritual como la física- esté sólida.

En definitiva, el punto que queremos enfatizar es que el primer deber de todo gobernante sensato y responsable -y el segundo y el tercero, para enfatizarlo aún mas- es cuidar su integridad física, anímica y espiritual, a fin de estar a la altura de las altas obligaciones en sus manos. Si a un piloto de un 747 se le exigen rutinarios chequeos de salud, un estilo de vida sano y alerta, así como reposo cotidiano riguroso, porque en sus manos está la suerte de los centenares de pasajeros que él transporta en el avión, qué no debería exigírsele a un gobernante que pueda afectar directamente el destino de millones de personas (caso Venezuela), centenares de millones (caso de una potencia como China), o aún a los miles de millones del planeta (caso de la superpotencia norteamericana) -para citar sólo algunos ejemplos.

Los historiadores, que siempre se han ocupado mas de la historia de los líderes que la de los pueblos, con frecuencia en menoscabo de la mayor objetividad, deberían al menos en cuanto a los líderes tener también en cuenta la vital temática de su salud e integridad personal en su actuación -según todo lo antes comentado. Tal reescritura de la historia sería muy beneficiosa para un mejor esclarecimiento de muchos hechos cruciales, sería una historia mas humana y aleccionadora para un mejor futuro.

Todo lo anterior, por otro lado, no hace sino darle mas vigencia al impostergable objetivo de que en un mundo tan complejo e interdependiente como el que vivimos hay que desconcentrar el poder, bien político, económico, tecnológico o mediático; como la salvaguardia mejor contra toda incompetencia o abuso de sus detentadores. El superar los “lideres indispensables” o hegemónico-beligerantes (demasiado “yang” o de valores masculinos), a fin de ir mas y mas a los liderazgos colectivos, de mas “mano izquierda” o sensitivos (mas “yin” o de valores femeninos), así como fomentadores de mas autoresponsabilidad en los liderados, es una tarea clave para los tiempos en que vivimos. Por ello, el proseguir hacia democracias mas participativas es vital.

Pero ellas deben ser, además, virtudcracias, porque el poder de mayorías por si solo no garantiza buenos gobiernos si las mismas carecen de valores correctos, como tampoco garantiza la escogencia de buenos gobernantes. En definitiva, como dice el dicho: “los pueblos tienen los gobiernos que se merecen”.

Cabe recordar la frase de Bolívar: “Son ciudadanos virtuosos (sanos), mas que leyes, los que hacen las repúblicas”. En suma, la meta final ideal debería ser el autogobierno ilustrado espontáneo de la sociedad, la forma de gobierno mas evolucionada.

Por otra parte, han existido también líderes políticos contemporáneos paradigma de integridad personal, herederos de otros tiempos en que el oficio de gobernante o líder era un apostolado de servicio para el cual había que prepararse con devoción y rigurosidad, a veces a lo largo de toda una vida.

Mahatma Gandhi, llamado “santo entre los políticos y político entre los santos”, fue el líder mas importante que ha tenido la India contemporánea, su libertador del yugo colonial ingles, el Maestro Mundial de la No Violencia, e inspirador en esa causa de seguidores igualmente descollantes como Nelson Mandela y Martín Luther King.

Gandhi siempre resaltó la importancia de una buena salud física y espiritual personal como algo clave para la consecución de logros tan formidables como los que él tuvo, pues solo esa salud y pureza podían garantizar la ideal lucidez para los momentos de importante decisión. A tal fin, se ocupó de hacer pedagogía pública al respecto, con gran audiencia entre la población. De hecho su mas popular escrito no fue ningún tratado sobre política sino su obra “Claves de la salud”, en la cual recomendaba pautas para una vida sana, en base a las ancestrales enseñanzas de la “Ayurveda” o ciencia hindú de la vida. En contraste, solía denunciar los aspectos marcadamente enfermantes de la civilización occidental -a la que calificó como “civilización de la enfermedad” y a la que llamó a remplazar por una nueva civilización. Ver Apéndice al final para mas información sobre Gandhi.

En verdad, observando el acelerado avance de las enfermedades degenerativas y daño al vital medio ambiente en el mundo de hoy, cabe enfatizar que, no importa cuantos planes de gobierno se prometan, anuncien o ejecuten, si los mismos obran en contra de la salud, no servirán. La salud, física y espiritual, debe ser el nuevo nombre del bienestar, y todo lo demás debe subordinarse a él. Nelson Mandela, por su parte, tuvo en su haber el haberse convertido plenamente de la violencia a la no violencia ( que rige en la acción, palabra y pensamiento) para buscar en su país una reconciliación nacional duradera, así como haberse sabido retirar de la vida política y gubernamental activa en la cúspide de su poder, a fin de darle cabida a “sangre nueva” y reservarse para un papel de mundialmente respetado estadista-consejero. Abraham Lincoln mantuvo una gallarda integridad personal y humanismo aun ante ese terrible inevitable conflicto que fue la guerra civil norteamericana.

En nuestro país podemos recordar, y una vez mas sin ser exhaustivos, casos como el de Pedro Gual, José María Vargas, Carlos Soublette, Eleazar López Contreras, aunque se vieran limitados por fuerzas superiores o herencias históricas formidables.

Líderes que han gobernado con integridad personal y vocación de altura, aún en tiempos difíciles, son, a la postre, los mejor recordados.

Gobernantes que, como seres humanos que a fin de cuentas también fueron, pusieron en forma transparente y responsable lo mejor de si en la mesa, sabiéndose partes de un colectivo, a fin de no defraudar las expectativas cifradas en ellos para la consecución de un mundo mejor.

En los tiempos tan delicados y retadores que vivimos, debe darse al tema de la integridad física, anímica y espiritual de los gobernantes y gobernados la importancia vital que tiene para un buen gobierno.


Apéndice

Gandhi semblanza de un líder ejemplar

Las enseñanzas de Gandhi, por estar basadas en las leyes de la Naturaleza Humana y la Creación, trascienden el escenario histórico y cultural en que a él le tocó y conservan vigencia universal. El mismo Gandhi dijo de ellas, con característica humildad, que: “Nada nuevo hay en lo que digo. Es algo tan viejo como el mundo”. En el caso de Gandhi él atribuyó siempre un valor incontestable de guía para no errar a lo que el llamó crípticamente “la voz interior” o bien, “la tranquila vocecilla”, que no era otra cosa sino la conciencia basada en la Verdad.

En lo personal como tal fue Gandhi fue un ser que cuidaba con celo su salud física y espiritual, pues sin esa pureza no podía haber garantía de un buen acceso a tal voz interior que lo guiaba en todos sus momentos de importante decisión; voz interior que, según lo antes señalado, era la conexión con la Verdad, con Dios. En cuanto a la pureza espiritual, coincidía plenamente con el aserto bíblico: “Los puros de corazón verán a Dios”. En cuanto a la pureza física, su obra “Claves para la salud”, contenía recomendaciones en materia de una alimentación sana, el evitar sustancias estimulantes y el ejercicio adecuado.

Gandhi se nutrió en particular del Bhagavad Gita, la “Biblia” del hinduismo; muy afín a enseñanzas cristianas como las de El Sermón de la Montaña y La Oración de la Paz de San Francisco. El Gita fue su libro de cabecera preferido, su refugio y guía para cualquier situación de gran duda o desazón en su monumental lucha. Preceptos del Gita como el siguiente signaron su quehacer: “Permanece a igual distancia de los extremos y cumple con tu deber sin otra razón que el deber mismo, sin reparar en si serán para ti buenas o malas las consecuencias del cumplimiento. Mantén la misma serenidad en el éxito como en el fracaso”.

Precepto reflejado en asertos de Gandhi como el expuesto a continuación: “La satisfacción yace en el esfuerzo, no en el logro. Pleno esfuerzo es plena victoria...no hago lo que hago por ganar o perder , lo hago porque es lo correcto”.

Su filosofía de lucha política se resumía en “vencer al mal con el bien, la rabia con el amor, la mentira con la verdad, y la violencia con la no violencia”. Filosofía que no hacía sino reflejar a su vez la clásica enseñanza de los vedas hindúes recogida en el Gita que, dirigiéndose al Supremo, dice: ”Condúceme de la mentira a la Verdad, de la oscuridad a la Luz, de la muerte a la Inmortalidad”.

Frank Bracho

Autor de Las Claves del Futuro, Autodeterminación Humana, y Leyes del Orden Natural.

 
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