"El verbo participar es un verbo plural (yo participamos, tu participáis)"
Donde la participación encuentra un terreno minado y escabroso es en los eventos culturales y artísticos de un país, región o pueblo, especialmente cuando ellos son programados por instituciones que representan al poder hegemónico del Estado e impuestos como lo deseable, como lo ideal, lo adecuado.
Todo indica que los programas culturales y artísticos elaborados por el Estado, si no han nacido de una necesidad sentida de las personas a quienes están dirigidos, auque sea el más espectacular show, que están destinados al fracaso. Se estrellan con la vida misma y modo de pensar lo propio de las personas, su cotidianidad y lo que tiene sentido de pertenencia para ellos.
Con estas reflexiones, no estoy haciendo un llamado a la no participación o participación en determinadas acciones culturales o artísticas del Estado.
Más bien requiero y propongo una participación consciente, responsable, alejada de intereses individuales inconfesables, tanto de los programadores oficiales, como de los participantes.
Se debe saber qué nos motiva a participar o no, cuáles son las consecuencias de ello y asumirlo responsablemente. La decisión de participar se debe tomar cuando las personas invitadas individualmente o convocadas masivamente estén exhaustivamente informadas.
Entonces debemos reconocer que toda participación es un aprendizaje, debemos saber primero quién o quiénes convocan, para qué se convoca, a quien está dirigida la convocatoria o invitación, los que la reciben pueden a su vez condicionar su participación o negarse, si comparten o no los objetivos divulgados, la ideología política o religiosa que subyace en ella, o por el contrario, si se garantizan, el sentido de amplitud, pluralismo, tolerancia, búsqueda de consenso etc.
Se debe saber en qué consiste esa participación, qué día, a qué hora, y cuánto durará, cómo se debe ir vestido y cuál es mi aporte o si sólo seré un número en la estadística de la asistencia. Y finalmente, si los motivos son tan urgentes o pueden esperar, si son verdaderos o son como el cuento de "viene el lobo".
Todo esto es bastante elemental y se necesitaría sólo sentido común, sin embargo, los que ignoran lo que implica una participación, generalmente se hacen sus propias ideas equivocadas y prejuicios de lo que podría suceder en el evento o salir decepcionado por ignorar las bases o haber creído "a pie juntillas" en ellas, y darse cuenta después que no se cumple lo ofrecido. En este caso, es común sentirse un "pendejo participativo", uno más de la masa manipulada desde los más obscuros intereses del poder convocador.
En los eventos de la política, elecciones por ejemplo, se sigue con las más decepcionantes y nocivas prácticas de participación, buscando el voto de esos ciudadanos anónimos, llamado "pueblo". Aún hoy, se hacen encuestas para saber qué es lo que las personas quieren oír y en esa perspectiva se elaboran los discursos.
Las ofertas de los candidatos, en sus discursos, no corresponden a las necesidades más urgentes del pueblo, ni a sus opiniones, no han surgido de un debate donde ellos hayan participado. Todo se hace a dedo desde las cúpulas de los partidos políticos, quienes hacen vida social en las capitales de los países, al amparo del poder propagandístico de los gobiernos y del poder económico, mediático.
Entonces, ¿cuándo haremos realidad nuestra democracia participativa? ¿Qué hace falta para ello?... yo digo, educación y más educación. Sabemos que es posible, la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela nació de la más amplia participación de la base constituyente y fue ésta la práctica originaria y fundacional de la llamada democracia participativa.
Los principios y herramientas para la participación que ella nos ofrece, la hacen si no única, excepcional. Como ejemplos, los referéndums revocatorios, los presupuestos participativos y la contraloría social. Algunos de ellos podrían quedarse sólo en la letra, pues los ciudadanos, los compatriotas, los compañeros no conocen los aspectos legales, cómo, dónde y cuándo ejercer la contraloría social, tan necesaria en un Estado plagado de burocratismo y corrupción.
Es urgente, crear y fortalecer mediante talleres, foros, conferencias, seminarios, publicaciones en las organizaciones comunitarias y en los programas oficiales del Ministerio de Educación, una cultura de la participación.
Observe y analice su participación, en los foros. He asistido a múltiples foros desde aquellos donde intelectuales o especialistas en temas de la cultura, el arte o la ciencia leen sus ponencias entre ellos, ante unos asistentes inermes, hasta otros más "participativos" donde permiten opinar, debatir las intervenciones y dar opiniones por escrito, para darse cuenta posteriormente que en las conclusiones finales publicadas de dicho foro, sus opiniones no se incluyeron, a pesar de que eran consideradas por los asistentes mayoritariamente, como un excelente aporte viable.
Así nacieron las sospechas de los participantes que las conclusiones a las que se tenía que llegar, en ese foro ya estaban definidas y redactadas desde la planificación del evento.
De este modo, la aplanadora de la mayoría se transforma en una maquinaria brutal que pretende eliminar ideas, que posteriormente por su valor en sí, surgirán vivas en las voces de la participación organizada del colectivo.
Ni hablar de otros eventos donde además prevalecen abiertamente el proselitismo, la obvia propaganda política o el chantaje del poder económico de grupos, corporaciones o sectas religiosas, todos con sus verdades absolutas a cuestas, en una lucha despiadada por el control del poder total de una organización, país, gobierno municipal o estadal.
También es corriente que se te invite a programas de TV donde se te entrevista, tienes la sensación de estar participando y haciendo aportes serios a la vida cultural del país, pero es sólo una percepción errónea, tienes sólo la sensación, pues las decisiones se toman en lugares habitados por el poder político donde nunca tendrás acceso.
En la praxis artística moderna la participación lamentablemente, permanece atada a viejos clichés, impuestos por pequeños grupos de poder económico, y burócratas del Estado quienes programan y controlan la participación desde el pasado reciente hasta hoy, inspirados: en el tradicional coleccionismo saqueador de los museos, las políticas comerciales de las galerías de arte, el crítico-marchand, el investigador por encargo, el curador de las ferias internacionales, el subastador con su contrabando de obras robadas y falsificadas, y organizadores de salones de arte, bienales, ferias, documentas y mega exposiciones, todas ellas plagadas de vicios heredados de más de un siglo de "la gran cultura artística" occidental e influenciada por los mercados artísticos del norte.
En más de 30 años, los artistas hemos venido debatiendo, escribiendo y publicando acerca de los Salones y Bienales de Artes Plásticas, el Conac mismo en el mes de Abril de1991 propició un debate sobre los salones nacionales y difundió una publicación con serios y certeros aportes de cómo mejorar las condiciones de participación de los artistas plásticos en salones de arte. Así como la necesidad de la existencia de un código de ética aplicable a organizadores, jurados y curadores, cómo designarlos y cómo debe ser su labor [1], [2].
Por ello resulta, increíble y hasta ofensivo a la memoria de nuestras luchas gremiales confirmar cómo, todas las reflexiones y los cambios que se lograron introducir sobre la participación en salones de arte, hoy en el 2005, se ignoran y desechan, cuando desde el Ministerio de la Cultura se convoca a un Salón Nacional Oficial de Artes Plásticas bajo el título de Mega Exposición Dos. En la lectura de sus Bases [3] ya observamos la presencia de todos los vicios inaceptables rechazados por creadores serios, para la participación en eventos artísticos.
Tomo el ejemplo de participación en la Mega II por su pretendida trascendencia nacional, podría ser cualquier otro evento.
Lo analizo y les hago una crítica constructiva, con el más amplio respeto a todos los participantes de este evento, con la certeza que si hubiese habido una consulta amplia en la base, una especie de asamblea de artistas plásticos, se hubiese mejorado la convocatoria y la participación. O por lo menos los organizadores debieran haber leído las investigaciones que ha hecho el propio Conac al respecto, en su "Primeras Jornadas Nacionales de Reflexión Sobre Salones de Arte en Venezuela", Abril 1991 [4].
Nadie mejor que los creadores para opinar, debatir y ayudar a establecer bases sólidas de las políticas culturales-artísticas en lo participativo. No son los únicos, también son importantes los aportes de los receptores de sus obras. Los creadores, también llamados artistas o trabajadores del arte y la cultura, son quienes tienen la palabra, especialmente en tiempos de cambios profundos de un colectivo.
Hay que considerarlos como personas humanas, por lo menos oírlos, no sólo exaltar su obra, u homenajearlos después de muertos, reconocer que ellos en sí, son el patrimonio artístico vivo de una nación. Por eso es importante la participación y convocatoria a una Constituyente Cultural Originaria [5] donde se debata y emerja fresca la tan postergada Ley de la Cultura de la República Bolivariana de Venezuela?