«El dinámico pastor de la aldea global»
Autor
Cormac Murphy-O’Connor

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Mgr. Cormac Murphy-O’Connor es cardenal-arzobispo de Westminster. En diciembre de 2004, comparó el aborto con la política nazi de eugenesia.
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Fuente
The Age (Australia)
Referencia The Age (Australia)
Referencia: «Dynamic pastor of the global village», por Cormac Murphy-O’Connor, The Age, 3 de abril de 2005.
Resumen El reinado de Juan Pablo II estuvo dedicado al intento de comunicar a un mundo globalizado lo que significaba el hecho de ser una criatura humana creada por Dios. Este hombre, talentoso en muchos sentidos, hizo de su vida un ejemplo de lo que podía ser una existencia inspirada en el Evangelio. Fue uno de los grandes dirigentes de la Iglesia Católica de los últimos 2000 años y su pérdida nos deja huérfanos.
Hombre de imagen, fue visto más que cualquier otra persona por una mayor cantidad de gente en toda la Historia. Echó a andar la mayor revolución no violenta. Nacionalista polaco, contribuyó en gran medida a hacer realidad el sueño de su país de convertirse en un Estado independiente. Fue, primero, un tornado blanco sobre el mundo; después, la encarnación del coraje ante la enfermedad, de la dignidad en el sufrimiento, al igual que el defensor de la dignidad humana frente al comunismo y también frente al consumismo y al materialismo occidentales.
Era un hombre complejo, ligado a la tradición sin ser rígido. Estaba convencido de ser un Papa para toda la humanidad y abordó numerosas cuestiones basado en su experiencia personal. Los historiadores debatirán sin duda largo tiempo acerca de su legado y de su influencia sobre la Iglesia. ¡Lo echaré de menos!

«El legado de Juan Pablo II»
Autoras y autores
John I. Jenkins, John Cavadini
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El sacerdote John I. Jenkins es presidente de la universidad Notre Dame.
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John Cavadini dirige el Departamento de Teología de la universidad Notre Dame.
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Fuentes
The Boston Globe (Estados Unidos), International Herald Tribune (Estados Unidos)
Referencia International Herald Tribune, The Boston Globe Referencia: «The legacy of Pope John Paul II», por John I. Jenkins y John Cavadini, Boston Globe, 3 de abril de 2005.
«His legacy for the church, and the world», International Herald Tribune, 3 de abril de 2005.
Resumen Entre los sueños que inspiraban a Juan Pablo II estaba su frecuente referencia a la «civilización del amor», un ideal que hace arder la imaginación y que está ligado a su propia vida. Él nos enseñó cómo vivir una vida de oración pero también de reconciliación. Fue el mayor artífice de la reconciliación con los judíos en una época de división étnica. Destacó la importancia de procrear en el marco del amor marital en momentos en que ya eso no se consideraba importante. Esta toma de posición suya no fue popular en Occidente. Sin embargo, hasta sus opositores reconocen su energía y hacen hincapié en su reconocimiento de las infinitas posibilidades de las aspiraciones humanas.
En este siglo egoísta, él exaltó el altruismo. El papa era católico, pero su amor era universal y él reconocía los méritos de cada persona, sin importar su credo religioso. No debemos verlo solamente como el anciano que era al final, sino como el incansable peregrino que visitó 129 de los 191 Estados independientes que existen y que renovó la fe católica mediante sus 14 encíclicas y otros 100 documentos importantes. Durante décadas, su legado será discutido en las universidades católicas.
Él será nuestra fuente de inspiración durante mucho tiempo. Fue un regalo para el mundo.

«¡El nuevo papa tendrá ser un santo!»
Autor
Philippe Barbarin

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Mon. Philippe Barbarin es cardenal-arzobispo de Lyon y primado de las Galias.
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Fuente
Le Monde (Francia)
Referencia Le Monde Referencias: «Le nouveau pape devra être un saint!», por Philippe Barbarin, Le Monde, 5 de abril de 2005. Texto adaptado de una entrevista.
Resumen Al conocer la muerte del Papa, sentí tristeza, nostalgia y un sentimiento de inmensa gratitud hacia él. Su vida es un ejemplo para el mundo entero. En su actuación como papa, recuerdo su defensa constante del hombre y su inalienable dignidad.
De los 117 cardenales que participarán en el próximo cónclave, sólo tres participaron en los de 1978. Se tratará, pues, de una experiencia nueva para casi todos. Es una experiencia excepcional y lo que nos será muy útil será el momento de la explicación previa, el de las «congregaciones generales», cuando nos reunamos entre «hermanos» y precisemos los objetivos futuros de la Iglesia. Esa elección será el fruto de la acción del Espíritu Santo. Pero no debemos caer en un espiritualismo fugaz. Habrá que hacer un importante trabajo para discernir entre hombres e ideas. Si existen ya discusiones tras las bambalinas, las ignoro por completo. Conozco ya a muchos cardenales, a menudo nos hemos encontrado en Roma, en Lourdes, en México, pero ni una sola vez he hablado con un cardenal elector del sucesor de Juan Pablo II.
Pienso con frecuencia en el futuro papa y rezo. Hace falta que sea un santo, un hombre que nos permita reconocer en él que Cristo está vivo y que puede proclamar su fe entre nuestros contemporáneos. Es sólo con esta condición y basado en la fuerza de su fe que podrá transmitir un mensaje nuevo y fuerte. Sin duda tendrá que prever también la toma de medidas para mejorar el funcionamiento de la Iglesia. No soy un especialista en cuestiones administrativas, pero es indudable que hay muchas cargas onerosas que podrán aliviarse. La nacionalidad del próximo papa tiene poca importancia.

«Jean-Paul II, el gran restaurador»
Autor
Leonardo Boff
Fuente
El Mundo (España)
Referencia El Mundo Referencia: «Juan Pablo II, el gran restaurador» por Leonardo Boff, El Mundo, 5 de abril de 2005.
Resumen El pontificado de Juan Pablo II fue extenso y complejo. No se le puede hacer justicia sin estudiar los grandes temas que son objeto de preocupación de la Iglesia desde hace mucho tiempo. La principal característica de este Papa es el retorno a la disciplina.
No fue ni un reformador, ni un contrarreformador. Su tarea consistió en
Impedir un proceso de modernización que había surgido en los años 60. De esa forma impidió que la Iglesia asumiera dos graves problemas que la debilitan desde hace cuatro siglos: el surgimiento de las Iglesias protestantes, que rompió con la unidad del cristianismo, y la modernidad del Siglo de las Luces, de donde emanaron la razón, las ciencias, las libertades civiles y la democracia, mientras que la Iglesia está edificada como una monarquía absoluta. Frente a las Iglesias Evangélicas, la Iglesia adoptó una estrategia de competencia y de conversión de fieles para reconstruir la unidad cristiana. Frente a la sociedad moderna, la estrategia por la que optó fue la crítica a fin de rehacer la unidad de los pueblos en cuanto a los valores morales. Esas dos estrategias son un fracaso. Juan XXIII lo había comprendido y reunió un concilio para abordar esas cuestiones. Allí se desarrolló el diálogo ecuménico y, ante un mundo moderno, se organizó una reconciliación con las fuerzas del trabajo, de la ciencia, la técnica, las libertades y la tolerancia religiosa. Pero había un tercer asunto que no se trató: los pobres.
Una parte de la Iglesia latinoamericana tomó en cuenta este problema y recomendó a los cristianos que se implicaran en el movimiento social. Juan Pablo II fue elegido cuando ese proceso ya había comenzado [y] para contrarrestarlo. Se alió a la Curia romana para organizar el regreso a la disciplina. Reescribieron el derecho canónico para fortalecer la autoridad papal. El Papa y el cardenal Ratzinger consideraron que la liberación de los pobres no tenía ninguna importancia espiritual y combatieron a los teólogos de la liberación, una doctrina que vieron solamente a través del prisma deformante de los informes de la CIA. Consideraron ese movimiento como el caballo de Troya del marxismo y nunca comprendieron que el verdadero peligro en América Latina era el capitalismo salvaje.
Fuera de la Iglesia, el Papa se presentó como un hombre de diálogo pero en la Iglesia, puso frenos al derecho de expresión e instauró un orden fundamentalista. Su reino no hizo más que empeorar los problemas de la Iglesia.

«El Papa tiene las manos manchadas de sangre»
Autor
Terry Eagleton
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Terry Eagleton es profesor de teoría cultural en la Manchester University.
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Fuente
The Guardian (Reino Unido)
Referencia The Guardian Referencia: «The Pope has blood on his hands», por Terry Eagleton, The Guardian, 4 de abril de 2005.
Resumen Juan Pablo II se convirtió en Papa en 1978 cuando la emancipación de los años
60 estaba a punto de desaparecer en la larga noche de Ronald Reagan y Margaret Thatcher. Vimos entonces la transformación derechista del mundo y la consagración del oscuro obispo polaco que se convirtió en Juan Pablo II fue parte de ese proceso. El «Flower power» de la Iglesia fue el concilio Vaticano II y el pontificado de Juan Pablo II fue la ocasión para combatir a los movimientos que se habían beneficiado con la política de Juan XXIII. Los conservadores lo reclutaron, pese a su aversión por un Papa no italiano, entre los miembros de uno de los puestos avanzados católicos más reaccionarios de Europa del Este: la Iglesia polaca, una organización cuya estructura no tenía nada que envidiar a la burocracia estalinista.
El Papa arremetió contra los teólogos de la liberación y reafirmó la primacía del Papa sobre la Iglesia. Convencido de su propia importancia espiritual, convocó a los obispos para darles órdenes y apoyó a los místicos de extrema derecha contra los cristianos de izquierda. La centralización de la Iglesia fue tal que las iglesias locales adquirieron un carácter infantil y las estructuras de control local se debilitaron, lo que llevó al escándalo de los abusos con los niños.
Sin embargo, el peor acto de Juan Pablo II fue la condena al uso del preservativo. El Papa pasará a la Historia por eso y tendrá para siempre las manos manchadas de sangre.

«El primer dirigente mundial»
Autor
Timothy Garton Ash

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Historiador de la caída del comunismo, Timothy Garton Ash es investigador en el St Antony’s College de Oxford y en la Hoover Institution de la Stanford University. Es gobernador de la Westminster Foundation for Democracy y el autor de History of the Present.
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Fuentes
The Guardian (Reino Unido), The Age (Australia)
Referencia The Guardian, The AgeReferencia: «The first world leader», por Timothy Garton Ash, The Guardian, 4 de avril de 2005.
«The first true leader of a fractured world», The Age, 5 de abril de 2005.
Resumen El mundo entero vivió la agonía del Papa. Su largo calvario movilizó a católicos y no católicos. Esa situación hace del Papa el primer dirigente mundial. Se habla de George W. Bush, de Tony Blair o de Hu Jintao como dirigentes mundiales, pero no son más que dirigentes nacionales con un impacto mundial. Él era un verdadero dirigente mundial pues dirigía la organización transnacional de seres humanos más grande, creía en la universalidad de su mensaje y aprovechó la oportunidad tecnológica que le permitió hacer llegar su mensaje personalmente al mundo.
Como agnóstico liberal, no estoy en condiciones de juzgar su acción sobre la Iglesia Católica pero puedo juzgar su impacto en el mundo. Fue el principal actor de este último cuarto de siglo. Actor en el sentido de quien encarna un papel pero también en el sentido de quien actúa. En realidad no se puede demostrar su papel en la caída del comunismo pero hoy en día, todas las figuras de primer plano de esta época, sea cual sea su bando, reconocen que desempeñó un papel central. Sin él, no hubieran tenido lugar la revuelta de Solidarnosc en 1980, ni los cambios en la política soviética posteriormente y, por lo tanto, tampoco se hubiera producido la revolución de terciopelo en 1989.
Su visión política incluía la reunificación de Europa y deseaba que su amada Polonia entrara en la Unión Europea. De igual manera, luchó por la libertad en el tercer mundo, por más justicia social y por la paz. Su gran error fue continuar la política de Pablo VI en lo que se refiere a la contracepción. En cambio, hizo todo lo posible por evitar el desarrollo del choque de civilizaciones. Fue un ejemplo para todos nosotros.

«El Papa que cambió la Historia»
Autor
Benjamin Netanyahu

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Benjamin Netanyahu es ex primer ministro israelí (1996-1999), periodo durante el cual tuvo a Richard Perle como consejero. Actual ministro de Finanzas y principal
competidor de Ariel Sharon en el seno del Likud.
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Fuente
Jerusalem Post (Israel)
Referencia Jerusalem Post
Referencia: «The pope who changed history», Benjamin Netanyahu, Jerusalem Post, 5 de abril de 2005.
Resumen Stalin un día preguntó con desinterés: «¿Cuántas divisiones tiene el Papa?». En el caso de Juan Pablo II, la respuesta es «una enormidad». El Papa movilizó divisiones de católicos creyentes en un momento clave cuando el movimiento
Solidarnosc derrocó al régimen totalitario en Polonia. Esa fisura en el muro no tardó en derrumbar todo el edificio comunista. Con Ronald Reagan, Juan Pablo II hizo más que nadie para poner fin al comunismo. Por ello, la Historia lo recordará.
También hizo mucho por la reunificación entre católicos y judíos y pidió perdón al pueblo judío por los actos que los cristianos cometieron contra él. En 1997, me recibió en audiencia en el Vaticano, cuando yo era primer ministro, como dirigente del pueblo judío. Fue entonces que lo invité a venir a Israel en el 2000. Lo hizo. Su tercera gran contribución fue la proximidad que estableció con los creyentes mediante sus viajes y sus presentaciones televisadas.
Algunos de sus valores pueden cuestionarse, pero el hecho que los jóvenes se
hayan dirigido a él en este mundo libre de prohibiciones es positivo. Este Papa preservó a la Iglesia y lo recordaremos como un hombre que cambió la Historia.

«Segundo mito: el papa contribuyó muchísimo a la caída del muro»
Autor
Erhard Stölting

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Erhard Stölting es profesor de Sociología General en la universidad de Potsdam.
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Fuente
Die Tageszeitung (Alemania)
Referencia Die Tageszeitung
Referencia: «Mythos zwei: der papst hat massgeblich zum mauerfall beigetragen», por Erhard Stölting, Die Tageszeitung, 4 de abril de 2005.
Resumen La participación activa del Papa en la caída del régimen en la Unión Soviética se
destaca en numerosos comentarios, es indiscutible para Polonia así como para los países y regiones cuya población es católica devota, como en Eslovaquia y Lituania. Su autoridad moral sirvió de aliento a los demás movimientos de oposición, la disidencia en Rusia se motivó por el ejemplo polaco de Solidarnosc, pero su papel era indirecto.
La oposición entre las Iglesias ortodoxa y Romana no fue borrada por la presión antirreligiosa de los comunistas. La desconfianza entre las Iglesias del Este y del Oeste persiste.
La Iglesia Ortodoxa se apresuró a recuperar el poder que perdió en 1917 y su posición de Iglesia de Estado. La tolerancia religiosa es la misma hoy que en 1917: Rusia es un territorio ortodoxo, los misioneros extranjeros serán rechazados tanto como lo puedan ser. Rusia era, sin embargo, en su fase de liberalización, a partir de 1985 y sobre todo después de 1991, el sueño dorado de los bautistas norteamericanos, los managers de la Cientología, los monjes
krishnas y muchos otros. Los rusos no se convirtieron masivamente al catolicismo, pero el trabajo caritativo y comunitario de la Iglesia Católica era eficaz. A partir de 2003 los católicos fueron contrarrestados masivamente, el patriarcado ortodoxo afirma entonces que es tolerante pero que Rusia le pertenece, además, no envía misiones a Portugal o Irlanda. El Papa, por el contrario, consideraba a su Iglesia como universal.
Por ende, no hubo influencia directa en la desaparición de la URSS. Eso no excluye sin embargo que él haya podido empujar al «imperio del mal» a la destrucción gracias a sus fervientes oraciones y su devoción a María.

«El gran unificador»
Autor
Jaroslav Pelikan

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Jaroslav Pelikan es profesor emérito de Historia en Yale y autor de una obra en cinco tomos, The Christian Tradition.
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Fuentes
El Mundo (España), New York Sun (Estados Unidos), International Herald Tribune (Estados Unidos)
Referencia International Herald Tribune, New York Times, El Mundo
Referencia: «The Great Unifier», por Jaroslav Pelikan, New York Times, 4 de abril de 2005.
«Bringing East and West closer», International Herald Tribune, 5 de abril de 2005. «El unificador frustrado de la Cristiandad», El Mundo, 5 de abril de 2005.
Resumen El 3 de junio de 1978, Karol Wojtyla se convirtió en el primer papa eslavo y colocó su pontificado bajo el signo de la unificación de Europa. Su importancia en la caída del sistema comunista en comparación con la política de Mijail Gorbachov o de Ronald Reagan es todavía tema de debate para los historiadores, pero su acción responde por una divina ironía a la pregunta que se le atribuye a Stalin: «¿Cuántas divisiones tiene el Papa?» contribuyendo al renacimiento espiritual de la Europa eslava.
Logró hacer varios progresos con varias Iglesias orientales en su voluntad unificadora. De esa forma, se acercó a la Iglesia Nestoriana, a la Iglesia Ortodoxa Apostólica Armenia y se reunió varias veces con el Patriarca Ecuménico de Constantinopla. En cambio, los avances fueron menos importantes con la Iglesia Ortodoxa Rusa. El fin del comunismo implicó un renacimiento de la fe ortodoxa y también recriminaciones a Roma. La Europa eslava, históricamente, está dividida en lo tocante a la herencia de los evangelizadores Cirilo y Metodio. ¿Hay que mantener su afiliación con Constantinopla (con su liturgia eslava y sus iglesias autónomas) o bien instarlos a que respeten al obispo de Roma? Aunque con frecuencia la evangelización ha tenido un papel unificador en el mundo eslavo, también ha dividido.
Esta división hirió a Juan Pablo II pero él no llegó a tomar las medidas necesarias para solucionar este problema. Sería rendirle un hermoso homenaje si las Iglesias de Oriente y Occidente trabajaran de consuno para lograr su acercamiento.

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