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Tribunas y análisis - 13 de junio de 2005
La imagen de Benedicto XVI
Análisis
En su acepción original, el laicismo es un modo de organización de la sociedad que garantiza la libertad individual de conciencia y la paz civil excluyendo las convicciones personales del debate político. Los dirigentes políticos son libres, como todos, de manifestar públicamente la fe que profesan, pero no pueden tomar sus convicciones particulares como basamento de políticas públicas que conciernen al conjunto de la sociedad. Contra esa filosofía combatió incesantemente Joseph Ratzinger cuando era prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe (como se denomina desde 1966 el Santo Oficio, también llamado «Santa Inquisición»). Ratzinger estigmatizó la filosofía laica de «laicismo» y se dedicó a redefinir a su manera el concepto de «laicismo». En una entrevista que concedió hace un año a Le Fígaro, y que el diario reproduce ahora con motivo de su elección, Ratzinger califica de «profanidad» el principio de separación de la esfera privada (convicciones personales) y la esfera pública (vida política), fundamento de la Declaración francesa de Derechos del Hombre y del Ciudadano. En su criterio, la fe es la luz de la razón, y por consiguiente es la fe, no la razón, la que debe regir el debate político.
Joseph Ratzinger fue el organizador del cabildeo que tuvo lugar en el seno de las instituciones europeas para que la Carta de Derechos Fundamentales y el Tratado Constitucional no edificaran la Unión Europea sobre la base de un contrato político entre Estados-naciones o entre ciudadanos, sino sobre la base de referencias católicas. No pudo lograrlo completamente, cosa que deplora en esa misma entrevista. Los instrumentos europeos adoptaron, en definitiva, el punto de vista anglosajón y no el de la Santa Sede. La Unión Europea rechazó el principio del contrato político entre Estados-naciones para optar por el de los «valores comunes», pero se negó a definir estos como herencia «católica» o tan siquiera, en sentido más amplio, como «cristiana». La UE admite así el carácter laico de Francia y Portugal y mantiene abierta la posibilidad de ingreso de Turquía. Al ser esta última un Estado laico con población musulmana, constituye pues un verdadero monstruo para el teólogo bávaro. Ratzinger se pronuncia entonces contra su entrada en la Unión, objetivo que explicó posteriormente en el Giornale del popolo (20 de septiembre de 2004). Ratzinger pretende actualmente convertir la construcción de la Europa cristiana en la prioridad de su pontificado, como lo prueba el nombre que ha seleccionado, Benedicto XVI, en alusión al santo patrón de Europa.
Es extraño como la prensa internacional parece ignorar la actividad política del prelado durante los años que pasó en la Curia romana. Sólo la prensa latinoamericana menciona su responsabilidad en el asesinato sistemático de los teólogos de la liberación por parte de las dictaduras católicas. Sin embargo, el Sunday Times del 17 de abril mencionó sus vínculos con los medios nazis y su militancia en las Juventudes hitlerianas cuando era un adolescente. La acusación es lo suficientemente peligrosa como para que el Jerusalem Post publique un editorial de Sam Seer que lo exime de toda sospecha. Es que el nuevo papa es un elemento indispensable para el eje Tel Aviv-Washington. Asimismo, el cardenal Jean-Marie Lustiger, que encarna los vínculos entre Israel y la Santa Sede, lo absuelve en una tribuna que publica Le Figaro.
El diario Los Angeles Times reproduce además la famosa carta del cardenal Ratzinger al presidente de la Conferencia Episcopal de Estados Unidos, documento que tan oportunamente se «filtró» durante la campaña presidencial. En dicha misiva, el cardenal recordaba la condena pontificia del aborto y sugería que los electores católicos no votasen por John Kerry.
El teólogo Michael Novak, quien desde hace dos décadas estableció vínculos entre los servicios estadounidenses de inteligencia y la Santa Sede, se opone en el New York Times a la imputación que presenta a Joseph Ratzinger como un neoconservador. Como todos los comentaristas que se alegran de su elección, centra el debate en la intransigencia moral del nuevo papa.
Monseñor Helmut Schüller calma a su vez, en Der Standard, las inquietudes de su rebaño. Asegura que el nuevo papa, por muy riguroso que sea, no modificará notablemente el equilibrio interno de la Iglesia y que continuará la obra de su antecesor.
El mensaje de los comunicadores del Vaticano se resume, en general, a presentar a Benedicto XVI como una personalidad severa y rigurosa, cualidades requeridas para asumir el cargo de Pontífice. Esa imagen busca atenuar la dimensión política del personaje en beneficio de su comportamiento moral, cosa que no corresponde a la realidad. El nuevo papa no se encuentra en lo absoluto ante una Iglesia que necesite ser reconstruida después de años de laxismo. Pero eso no importa, ya que hay que hacer todo posible por ocultar la naturaleza contrarrevolucionaria del Pontífice y de los neoconservadores que lo apoyan en Washington. Ronald Reagan podía contar con Juan Pablo II para desestabilizar Polonia. George W. Bush cuenta con Benedicto XVI para incorporar Europa a la «guerra de las civilizaciones», aunque habrá que darle un nuevo «look» al «Panzer Kardinal».
Al margen de esa polémica, Die Presse da la palabra al sacerdote austriaco Anton Faber. Este se pregunta sobre el posible nombramiento del cardenal-arzobispo de Viena, Christophe Schönborn, como sucesor del cardinal Ratzinger en el cargo de prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe. El mismo diario publica también un artículo del genetista Markus Hengstschlager sobre la incoherencia de las instrucciones de Joseph Ratzinger que prohíben la investigación con células madres humanas en nombre del respeto a la vida mientras que autorizan la pena de muerte en nombre de la protección de la sociedad.
Red Voltaire
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13 de junio de 2005
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Vaticano
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«La fe cristiana tiene algo que decir sobre la moral»
Autor
Joseph Ratzinger
Fuente
Le Figaro (Francia)
Referencia Le Figaro, Le Figaro Magazine
Referencia: «La foi chrétienne a son mot à dire sur la morale », por Joseph Ratzinger, Le Figaro, 20 de abril de 2005. Texto adaptado de una entrevista con motivo de la visita de Juan Pablo II a Lourdes, concedida el 13 de agosto de 2004 a Figaro Magazine y retomada hoy por el diario. Nos referimos sólo a los asuntos vinculados con las opiniones políticas y teológicas del entrevistado y pasar por alto las cuestiones relacionadas con los temas de actualidad de aquel momento, actualmente obsoletos.
Resumen El papa Juan Pablo II está muy ligado a Francia, a la cual debe mucho en lo que se refiere a su formación teológica. Recuerdo particularmente su visita, en el momento de la conmemoración del aniversario del bautismo de Clodoveo, como de un gran florecimiento del bautismo de Francia. La «hija mayor de la Iglesia» occidental, por así llamarla, le ha dado mucho a la Iglesia. El papa se siente preocupado ante el laicismo ideológico que con tanta fuerza se manifiesta en nuestros días. Estamos a favor del laicismo, pero nos oponemos a un laicismo ideológico que amenaza con encerrar a la Iglesia en un ghetto de subjetividad. Esa corriente de pensamiento quiere que la vida pública no se vea influenciada por la realidad cristiana y religiosa. Tal separación, que yo calificaría de «profanidad» absoluta, constituiría ciertamente un peligro para la imagen espiritual, moral y humana de Europa. Esperamos que la Iglesia de Francia sea lo suficientemente fuerte como para ayudar a Europa a enfrentar esa provocación. La fe cristiana debe iluminar la vida pública. Desconfiemos del laicismo encarnizado, que da lugar al fundamentalismo.
El Estado debe ser el garante de la libertad de pensamiento y de religión. No tratamos de imponer nuestra fe a los demás por medio de la política. Pero estamos convencidos de que la fe es también luz para la razón y que el hombre político católico debe poder transmitir esa luz en su combate político. El derecho a vivir debe ser protegido por el Estado desde el primer hasta el último instante de la vida. Los políticos deben respetar eso. Un político que asuma una posición diferente, que no respete la imagen de Dios y la inviolabilidad del ser humano está en oposición con los componentes racionales de la fe. En eso estamos de acuerdo con la conferencia de obispos norteamericanos, aunque lo hayamos expresado de otro modo. Los católicos sólo deben pedir la comunión cuando sean dignos de ella. Eso tiene que ver con su posición ante el aborto y también ante otras cuestiones. La conciencia no es solamente subjetiva sino que responde también a criterios objetivos que se encuentran en la fe. Me parece que la «subjetivización» de la conciencia es un gran error de nuestra época.
La no inscripción de las raíces cristianas de Europa constituye un grave error. Europa es un continente cultural, no geográfico. Es su cultura lo que le da una identidad común. Las raíces que formaron este continente son las del cristianismo. Simplemente se trata de un hecho histórico. No hace tanto tiempo que sucedió. El renacimiento de Europa después de la Segunda Guerra Mundial fue posible gracias a hombres políticos que tenían fuertes raíces cristianas, como Schuman, Adenauer, De Gaulle, De Gasperi y otros. Temo que detrás de esa oposición se esconda un odio de Europa hacia sí misma y hacia su gran historia. Es por eso que Turquía no pertenece a Europa. Ello no quiere decir que no debamos tener buenas relaciones con ese país, pero Turquía debería fundar su propio continente cultural sobre la base del Islam, con los países árabes.

«¿Ratzinger, nazi? No lo crean»
Autor
Sam Ser
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Sam Ser es periodista y editorialista del Jerusalem Post.
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Fuente
Jerusalem Post (Israel)
Referencia Jerusalem Post: «Ratzinger a Nazi? Don’t believe it», por Sam Ser, Jerusalem Post, 18 de abril de 2005.
Resumen El Sunday Times de Londres describió al principal candidato al papado, el cardenal Ratzinger, como un nazi. En tono de gran revelación, el diario informa a sus lectores que Ratzinger fue miembro de las Juventudes Hitlerianas y sugiere que por ese motivo el «Panzer Kardinal» sería muy diferente de su predecesor. El artículo llega incluso a calificar a Ratzinger de «antisemita teológico». Él creería tanto en Cristo que considera que todos, incluidos los judíos, deberían reconocerlo como al Mesías.
En realidad, no hay nada nuevo en esto. Ratzinger fue enrolado en las Juventudes Hitlerianas cuando aquello se hizo obligatorio y después de haber hecho todo lo que estaba a su alcance para evitarlo. No se afilió a la organización por voluntad propia. Ratzinger ha explicado periódicamente ese asunto, en particular en su biografía. El único elemento significativo del artículo del Times es que Ratzinger practicó la resistencia pasiva en lugar de hacer algo que le hubiese costado la deportación. No fue miembro de la resistencia, como tampoco lo fueron muchos judíos. Si hubiese sido un verdadero simpatizante nazi se habría sabido en 60 años. Sin embargo, por el contrario, se destacó en particular en el diálogo entre católicos y judíos.
¿Si el propio centro Yad Vashem no consideró necesario llevar a cabo una investigación, por qué no le creeríamos nosotros?

«Benedicto XVI profesa una amistad de corazón hacia Francia y la cultura francesa»
Autor
Jean-Marie Lustiger
Fuente
Le Figaro (Francia)
Referencia Le Figaro. Referencia: «Benoît XVI a une amitié de coeur pour la France et la culture française», por Jean-Marie Lustiger, Le Figaro, 21 de abril de 2005.
Resumen El cónclave duró exactamente 24 horas. Fue una verdadera experiencia espiritual de comunión en una atmósfera de plegaria y de paz. No se trató ni de un contrato político, ni de un plebiscito sino más bien de una especie de evidencia apacible. Para todos los cardenales, las discusiones que lo precedieron permitieron expresar todas las dificultades y todos los problemas.
Benedicto XVI asume plenamente el legado de Juan Pablo II, de quien fue el principal colaborador. Pero al mismo tiempo es evidente que su personalidad y su estilo son muy diferentes. Benedicto XVI es el último gran teólogo que participó como experto, y no como obispo como Juan Pablo II, en todo el concilio Vaticano II. Es un gran pensador. Al igual que Juan Pablo II, Benedicto XVI conoció la guerra. Vivió su juventud en la Alemania nazi, cuyos extravíos pudo apreciar siendo muy joven aún. El medio católico en el cual se formó no era en modo alguno complaciente acerca del tema. Sabe cuál ha sido el costo de los totalitarismos para la humanidad y la iglesia. Posee asimismo una vasta cultura estética y profesa una sincera amistad a Francia.
Juan Pablo II le confió una difícil misión ya que era prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe. No se le pedía que se distinguiera ni que se dedicarse a las relaciones públicas sino que precisara lo que responde o no a la fe católica. Lo hizo con honestidad y precisión. Eso alimentó prejuicios que será preciso volver a evaluar para descubrir quién es en realidad. De hecho, es un hombre de gran delicadeza.
La voluntad ecuménica es fuerte e íntegra en Benedicto XVI. Pero para poner en práctica el ecumenismo hay contar con la voluntad de muchos. El verdadero problema del ecumenismo contemporáneo reside en que solamente puede existir verdadera unidad cristiana dentro de la verdadera comunión en el marco de la fe. ¿Qué debemos creer para reconocernos como cristianos? Ahí reside el problema principal, pero éste no se plantea con las iglesias de la ortodoxia y encontramos una comunión de fe con las Iglesias de los nuevos movimientos evangélicos. El cardenal Ratzinger ha luchado por el reconocimiento de las raíces cristianas de Europa. Se trata de una verdad, pero que no es la nuestra. Esa verdad es la siguiente: no se puede edificar un futuro sin la conciencia de un pasado común. Con relación a los vínculos con el Islam, el problema no descansa solamente en Benedicto XVI sino en el conjunto de los pueblos marcados por el Islam así como en las demás naciones, en las demás culturas ya que existe en estos momentos un verdadero problema mundial con relación al tema. La iglesia puede desempeñar un papel de mediador pero, una vez más, no puede haber progreso unilateral en la comprensión y el diálogo. Es preciso que los esfuerzos vengan tanto del lado del Islam como de las demás culturas. Benedicto XVI está muy consciente de ello y es sensible al problema de las relaciones con el judaísmo.
La elección de un alemán es una verdadera garantía de reconciliación. Es una verdadera infamia acusarlo de haber pertenecido a las Hitlerjugend. No sé si estuvo en ellas, y es probable ya que todos los jóvenes alemanes pasaron por ahí. Pero no transigió con nada de eso. El nombre de Benedicto es una garantía de reconciliación. También nos ha hablado de Europa al recordarnos que Benedicto es también San Benito, uno de los grandes santos patronos de Europa, cuya regla sirvió de marco y de referencia para moldear toda Europa con el monarquismo como elemento de civilización.

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