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Tribunas y análisis - 16 de junio de 2005
La prensa, instrumento del imperialismo

Análisis

Tras la revelación de la identidad de «Garganta Profunda», la fuente del Washington Post durante el escándalo del Watergate que hizo caer a Nixon, el ex consejero de Bill Clinton, Sydney Blumenthal, se irrita ante las reacciones de la prensa. La revelación de Mark Felt, ex número dos del FBI, dio a los medios la ocasión de autocelebrarse como cuarto poder y de recordar que hicieron caer a Nixon. En el Guardian, el autor entrega una versión muy distinta. La caída de Nixon fue organizada por responsables del FBI que temían por su puesto debido a la concentración de poderes que emanaba de la Casa Blanca. La prensa nunca fue un contrapoder en este asunto, sino que se asoció a la burocracia contra Nixon. Hoy, George Bush está construyendo la presidencia imperial con que soñaba Nixon y la prensa permanece pasiva. Peor aún, se asocia a las mentiras de Estado que permiten justificar esta política. A Blumenthal se le une en el análisis el especialista de deontología periodística Claude-Jean Bertrand en Izvestia. Los medios de difusión estadounidenses están hoy en manos de grandes grupos económicos que esperan una fuerte rentabilidad y desean atraer el poder político. Prisionera entre las lógicas comerciales de la infotainment y la docilidad obligatoria, la prensa no es ya el instrumento democrático que pretende ser.
Los medios desempeñan un importante papel en la política imperialista de los Estados Unidos. La televisión y la prensa escrita han convencido a la opinión pública de la existencia de armas de destrucción masiva en Irak contra todas las probabilidades. Hoy venden la política de «democratización» del «Gran Medio Oriente». En el Washington Post, la ex secretaria de Estado y corresponsable de la NED/CIA, Madeleine Albright, y el actual presidente de la NED, Vin Weber, también recomiendan la implementación de los medios árabes. Comentando el informe sobre la «democratización» del mundo árabe de su coautoría para el Council on Foreign Relations, verifican que los esfuerzos de Washington están minados por la mala imagen de los Estados Unidos. Recomiendan por lo tanto el desarrollo de de los medios árabes «independientes» que deberán restablecer el prestigio norteamericano. Asimismo, los autores consideran que se debe presionar a los dirigentes árabes basando la propaganda dirigida a la población en la libertad.
Sin embargo, para el intelectual Immanuel Wallerstein, entrevistado por Strana.ru, Estados Unidos se ilusiona con su política imperialista. La economía norteamericana está superendeudada y al borde del hundimiento. Washington no tiene ya los medios para su política y está al borde del abismo económico. Lamentablemente, es probable que haya regiones del mundo a las que arrastre en su caída. Asistiremos entonces a una redefinición de las alianzas internacionales para la que Rusia ya se prepara. Como quiera que sea, para el autor, los Estados Unidos no son ya capaces de llevar a cabo una nueva guerra incluso si éste es el sueño de algunos de sus dirigentes.

Por su parte, los adversarios de la guerra en Irak y de la política imperialista de Washington tratan de hacerse oír.
El ex candidato demócrata a la presidencia en 1972 (quien provocara el escándalo del Watergate), George McGovern, y el representante demócrata por Massachusetts, Jim McGovern (sin parentesco alguno), llaman a una rápida retirada de las tropas de la Coalición. Esta guerra no puede ganarse y la presencia de las fuerzas de ocupación sólo logra desarrollar la violencia en el país. Al abandonar Irak, Washington provocará quizás el caos, pero si permanece el desastre está asegurado. En el mismo diario, el ex candidato independiente a la presidencia de los Estados Unidos, Ralph Nader, y el director del sitio DemocracyRising.US, Kevin Zeese, no olvidan que esta guerra fue desencadenada a partir de una mentira. Recordando que Bill Clinton estuvo a punto de hacerse destituir por el Congreso por perjurio en una cuestión moral que le atañía sólo a él, piden al Congreso ser coherente e iniciar el procedimiento de impeachment contra el dúo Bush-Cheney.
Estos llamados, sin embargo, no encuentran eco fuera de las columnas del Boston Globe. No es el caso de la propaganda de Washington contra la resistencia iraquí. Así, Project Syndicate difunde en el Korea Herald, el Taipei Times, el Daily Star y quizás en otro mañana, una tribuna del profesor del US Army War College, Steven Metz. Pretendiendo colmar la falta de conocimiento de Washington acerca de la insurrección iraquí, recicla en su texto la propaganda más gastada: los «yihadistas» ocuparían un lugar fundamental en la resistencia, ésta estaría vinculada a Al Qaeda, no estaría animada por una voluntad de liberación nacional, sino por el nihilismo y estaría financiada por Siria y Arabia Saudita.

Red Voltaire




16 de junio de 2005

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Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«El imperio de Nixon contraataca»

Autor Sidney Blumenthal

 Sidney Blumenthal fue asistente y asesor especial del presidente Bill Clinton. Es autor de The Clinton Wars. Fue editorialista del New Yorker, del Washington Post y de New Republic. Es actualmente editorialista del Guardian sobre asuntos de política estadounidense y corresponsal en Washington de Salon.Com.

Fuente The Guardian (Reino Unido)
Referencia «Nixon’s empire strikes back», por Sidney Blumenthal, The Guardian, 9 de junio de 2005.

Resumen La revelación de la identidad de «Garganta Profunda», Mark Felt, ex número dos del FBI, parece corroborar la versión según la cual la historia del caso Watergate es la victoria del periodista solitario y de su fuente misteriosa. En realidad, la cuestión de saber quién era «Garganta Profunda» enmascaró el verdadero problema: qué era «Garganta Profunda». Se trataba en verdad de una operación secreta del FBI contra Nixon que amenazaba las posiciones burocráticas de sus dirigentes.
El gran plan de Nixon consistía en concentrar los poderes ejecutivos en una presidencia imperial, politizar la burocracia y enarbolar la seguridad nacional para llevar a cabo una guerra partidaria, organizar purgas y construirse una gran base mayoritaria. Esos designios políticos fueron confirmados por William Safire en sus memorias y por el propio Nixon en las suyas. Hoy, la política de George W. Bush va más allá de lo soñado por Nixon. El presidente se coloca por encima del derecho, organiza la purga de la CIA, hace acabar con la separación de la Iglesia y del Estado al Departamento de Justicia, suspende los análisis científicos por parte de la Agencia de Protección del Medio Ambiente y somete nuestra diplomacia al Pentágono.
No sorprende que los tres arquitectos de esa política hayan comenzado sus carreras durante el gobierno de Nixon (Donald Rumsfeld y Dick Cheney), así como uno de sus colaboradores (Karl Rove). En conjunto, silenciaron al Senado y a la prensa; y lo que es peor, hicieron a la prensa cómplice de ellos, como ocurrió con el New York Times y con las armas de destrucción masivas iraquíes.
En medio de todo esto, la revelación de la identidad de «Garganta Profunda» no es más que una nostalgia.

«Los medios de comunicación norteamericanos están enfermos»

Autor Claude-Jean Bertrand

 Claude-Jean Bertrand es profesor emérito de la Universidad de París II y también imparte clases en el Instituto Francés de la Prensa. Es especialista en medios de comunicación y de su deontología, sobre lo cual ha publicado alrededor de veinte obras.

Fuente Izvestia (Rusia)
Referencia «АМЕРИКАНСКИМ СМИ ТРЕБУЕТСЯ ЛЕЧЕНИЕ», por Claude-Jean Bertrand, Izvestia, 1º de junio de 2005.

Resumen Si los medios de comunicación de un país democrático están enfermos, no puede decirse entonces que ese país goza de buena salud. Esa crisis de los medios de comunicación del país más poderoso del mundo es considerable desde 1995, cuando durante 18 meses la atención de todos esos medios norteamericanos de comunicación se concentró en el asesinato de la esposa de un célebre futbolista. Después el foco de atención pasó a ser la intriga entre Monica Lewinsky y el presidente Bill Clinton. Como esos medios de comunicación piensan que deben garantizar un nivel de rentabilidad de 25% como mínimo, toda su energía se concentra en entretener al auditorio. Después de los sucesos del 11 de septiembre, la labor que desempeñan ha cambiado un poco: no hacer zozobrar el barco. La vieja tradición que consiste en informar a la gente y plantear asuntos desagradables para el gobierno es ya obsoleta.
Tomemos el caso de la ofensa al Corán ocurrida en Guantánamo que provocó la muerte de 15 personas en Afganistán. Esa historia me recordó el escándalo que provocó Janet Cooke, la periodista que recibió el Premio Pulitzer por un reportaje acerca de un toxicómano de 8 años residente en un barrio negro. Como la historia fue completamente inventada, se le retiró el Premio a la periodista y se le expulsó del Washington Post. Su historia fabulada era muy parecida a la realidad del ghetto y no molestaba a nadie, pero se convirtió en un símbolo de «malas» prácticas periodísticas.
¿Por qué recuerdo esta historia? Sólo porque hace poco el error de los periodistas se comentó internacionalmente mientras que los culpables de los verdaderos crímenes permanecían impunes. A Newsweek se le condenó por haber desencadenado un clima antinorteamericano. ¿Quiénes son los jueces? ¿Algunos políticos que mintieron sin escrúpulo alguno para iniciar esa guerra bienhechora en Irak que ha costado ya miles de vidas?
El último escándalo en el mundo de los medios norteamericanos de comunicación tiene que ver con dos tabloides de la autoría de Rupert Murdoch donde se publicaron fotos de Sadam Husein en ropa interior. ¿Por qué preocuparse de los sentimientos del tirano derrocado? Eso no es lo más importante. El Sun londinense y el New York Post no son periódicos, sino publicaciones de lectura recreativa que sirven a veces de instrumentos de propaganda. Para ellos la ética no tiene sentido.
En una democracia, la función principal de la prensa es revelar los abusos de poder por parte del gobierno. Debido al impacto causado por los sucesos del 11 de septiembre de 2001, al patriotismo ciego, a la influencia de los conservadores, y lo que es más importante aún, debido al deseo de satisfacer las expectativas de los accionistas, los medios norteamericanos de comunicación han dejado de encarnar el cuarto poder.

«El camino correcto hacia la democracia árabe»

Autoras y autores Madeleine K. Albright, Vin Weber

 Madeleine K. Albright fue secretaria norteamericana de Estado durante el gobierno de Clinton (1997-2001) y embajadora ante las Naciones Unidas (1993-1997). Preside la National Democratic Institute, un organismo satélite de la Naciónal Endowment for Democracy.

 Ex congresista republicano por Minnesota, Vin Weber es presidente de la National Endowment for Democracy y vicepresidente de Empower America. Es miembro del Consejo de Administración del German Marshall Fund y copresidente del Aspen Institute.

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia «The Right Path to Arab Democracy», por Madeleine K. Albright y Vin Weber, Washington Post, 8 de junio de 2005.

Resumen El gobierno de Bush hace bien en apoyar la democratización del mundo árabe. El meollo de la cuestión es: ¿cómo hacerlo? Si presionamos demasiado, se da la impresión de que estamos imponiendo nuestra voluntad; si no se presiona lo suficiente, se da la impresión de que apoyamos la libertad en todas partes menos en el mundo árabe. Hay que encontrar el justo medio.
Durante estos últimos meses, hemos copresidido una comisión del Council on Foreign Relaciones llamada «In support of Arab Democracy: Why and How». Llegamos a la conclusión de que había que promover la evolución más que la revolución. Hay que tener un enfoque país por país, no un enfoque global. Hay demasiada diversidad en el mundo árabe como para poder contar con una solución única. Hay que alentar a los dirigentes árabes para que hagan reformas y denunciarlos cuando dichas reformas no son más que castillos en el aire.
Hay que apoyar a los grupos democráticos no violentos, no excluir a los islamistas del proceso y dar confianza a las minorías. Hay que contribuir al desarrollo en el mundo árabe de los medios de comunicación independientes, que podrían matizar la mala imagen de los Estados Unidos. Nuestra diplomacia debe insistir más en la reforma democrática. Debe recompensarse mediante ayudas económicas a los países que llevan a cabo reformas.

«El derrumbe de la economía norteamericana es inevitable»

Autor Immanuel Wallerstein

 Profesor de historia y politólogo, Immanuel Wallerstein dirige el centro Fernand Braudel de la universidad de Binghamton (estado de Nueva York). Imparte clases asimismo en la Escuela de Altos Estudios de Ciencias Sociales (EHESS) de París. Fue presidente de la Asociación Internacional de Sociología (AIS) de 1994 a 1998 y es investigador asociado de la universidad de Yale. Se inició como experto en cuestiones post coloniales africanas y se distinguió a continuación como historiador y teórico de la macroeconomía capitalista global. Gracias a su asociación con los movimientos «antisistémicos» se convirtió en la eminencia gris de los movimientos antiglobalización junto a Pierre Bourdieu y Noam Chomsky.

Fuente Strana.ru (Rusia)
Referencia «Коллапс американской экономики неизбежен», por Immanuel Wallerstein, Strana.ru, 1º de junio de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.

Resumen Durante todo el período de existencia de la Unión Soviética, la amenaza que ésta constituía fue el principal argumento utilizado con éxito por Washington para que los países occidentales y del Tercer Mundo se pusieran de su lado. Los países vasallos de Estados Unidos pudieron a continuación sentirse libres para actuar con independencia de los estadounidenses, en especial los aliados de Europa y del este de Asia. La llamada guerra contra el terrorismo es sin duda alguna el nuevo argumento esgrimido por Estados Unidos para convencer a los restantes países de que sigan sus designios.
Las altas y bajas mensuales de los indicadores económicos carecen de importancia. Si analizamos aquellos que son fundamentales observamos una gigantesca deuda gubernamental y un enorme déficit de la balanza de pagos. No se sabe de donde va a salir el dinero para pagar estas deudas. El déficit de la balanza de pagos se subsana de manera momentánea con las inversiones provenientes de Japón, China y Corea del Sur, pero esta situación no puede mantenerse. El gobierno de Bush se niega a aumentar los impuestos y una devaluación del dólar se traduciría en el cese de los pagos.
El problema actual radica en el hecho de que Estados Unidos ha contraído una deuda tan grande con el consumo mundial que cuando se produzca una caída ésta tendrá repercusiones en el mundo entero. No queremos decir con esto que cualquiera se alegraría del derrumbe de la economía estadounidense pero estamos ante un hecho inevitable. El problema es saber cuáles son los países y regiones que sufrirán más.
Creo que después de Irak y Afganistán, Estados Unidos ya no cuenta con recursos humanos y financieros, y tampoco con energía, para atacar otros objetivos. Algunos miembros del gobierno se muestran favorables a una acción de este tipo pero los militares y los pocos aliados que les quedan ya no están dispuestos a apoyarlos.
Pienso que uno de los objetivos de Estados Unidos al apoyar las «revoluciones de terciopelo» en los países de la antigua Unión Soviética es debilitar a la comunidad europea a través de la rápida incorporación de nuevos países que crearán dificultades económicas.
En mi opinión, el orden mundial y las alianzas geopolíticas más probables en los próximos 20 años serán en primer lugar las del polo asiático, con China, Japón, Corea y otros países de la región como centro. Vendrán después los conglomerados no civilizados: Estados Unidos, China y Japón contra Europa, Rusia y probablemente la India. Para el Reino Unido será difícil la elección. Los modelos de oposición Norte-Norte, Este-Oeste y Norte-Sur actúan de manera simultánea.
No es asunto mío dar consejos en materia de geopolítica al gobierno ruso. El objetivo principal del país es fortalecer su posición en el sistema mundial y en el plano interno. Debe escoger aliados en diferentes direcciones. Estimo que en la actualidad la política exterior de Rusia comienza a cosechar éxitos.

«Retirarse de Irak»

Autoras y autores George S. McGovern, Jim McGovern

 George S. McGovern, ex senador demócrata por Dakota del Norte, fue candidato a las elecciones presidenciales de 1972 frente a Richard Nixon.

 Ex asistente de George McGovern (no existen vínculos de parentesco), Jim McGovern es congresista demócrata por Massachussets desde 1996. Se ha destacado en la lucha contra el embargo impuesto a Cuba, país que ha visitado varias veces.

Fuente The Boston Globe (Estados Unidos)
Referencia «Withdraw from Iraq», por George McGovern y Jim McGovern, Boston Globe, 6 de junio de 2005.

Resumen Nos opusimos a la guerra de Irak y cuando ésta se inició esperamos que nuestro análisis no fuera correcto. Lamentablemente ése no fue el caso. Es preciso que Estados Unidos retire sus tropas del lodazal en el que nos metimos basándonos en las mentiras.
Es una pena que ni la Casa Blanca ni el Congreso se pronuncien respecto al tiempo de permanencia de nuestras tropas en Irak. Paul Wolfowitz habló de por lo menos diez años e incluso congresistas opuestos a la guerra estiman hoy que debemos permanecer en el país. No estamos de acuerdo. Nuestra presencia alimenta la violencia como ocurrió en Vietnam.
Aún después de las elecciones seguimos sin saber cuáles son los grupos que de verdad están dispuestos a trabajar juntos, pero hay algo cierto: en estos momentos Washington no controla nada en el país. Debemos retirar de inmediato 30 000 hombres y seguir haciéndolo en la medida en que se formen nuevas tropas iraquíes. Debemos obrar de consuno con la ONU para librarnos de nuestro compromiso de la mejor manera posible. No hay garantías de que nuestra retirada contribuirá a mejorar la situación pero si hay algo cierto es que nuestra presencia impedirá el cese de la violencia.
Luego de dos años en Irak hemos perdido 1 600 hombres y aumentado el déficit en proporciones enormes. El statu quo no es aceptable.

«La palabra que empieza con “d”»

Autoras y autores Ralph Nader, Kevin Zeese

 Personalidad de la defensa de los consumidores en Estados Unidos, Ralph Nader fue candidato independiente a las elecciones presidenciales estadounidenses en 2000 y 2004. Fue el único candidato que puso en tela de juicio la versión oficial de los atentados del 11 de septiembre y los vínculos entre Israel y Estados Unidos. Autor de The Good Fight: Declare Your Independence and Close the Democracy Gap.

 Kevin Zeese es director de DemocracyRising.US.

Fuente The Boston Globe (Estados Unidos)
Referencia «The ’I’ word», por Ralph Nader y Kevin Zeese, Boston Globe, 31 de mayo de 2005.

Resumen La destitución de George W. Bush y Dick Cheneydebería ser el tema fundamental del discurso político dominante. El informe de un encuentro sostenido entre George W. Bush y Tony Blair en el verano de 2002 demuestra que el gobierno de Bush falseó los informes de los servicios de inteligencia para justificar la invasión de Irak. Bill Clinton se vio sometido a un proceso de destitución por perjurio con relación a sus relaciones sexuales. Una guerra de ocupación es un hecho mucho más grave.
Cuando se desencadena la guerra, los informes del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) o los antiguos informes de los servicios de inteligencia ya demostraban que Irak no poseía armas de destrucción masiva. Incluso así lo declaró Colin Powell en febrero de 2001. George Tenet suplicó al gobierno de Bush que no utilizara los informes de la CIA para justificar una guerra. La Defense Intelligence Agency (DIA) también dijo a Bush que no existían pruebas de la presencia de armas de destrucción masiva en Irak. Todos los servicios de inteligencia estaban de acuerdo, pero esto no impidió al Presidente afirmar en septiembre de 2002 que Irak podía lanzar armar químicas o biológicas en 45 minutos.
Por ello debemos iniciar un proceso de destitución.

«La sublevación iraquí difiere de las anteriores»

Autor Steven Metz
Steven Metz es presidente de planificación y estrategia regional del Strategic Studies Institute del US Army War College.

Fuente
Referencia «Iraq revolt differs from past ones», por Steven Metz, Korea Herald, 6 de junio de 2005.
«Insurgency can’t win, but it can stymie democratic development», Taipei Times, 6 de junio de 2005.
«Understanding Iraq’s armed theater», Daily Star, 8 de junio de 2005.

Resumen Como nos enseñó Sun Tzu, la victoria en una batalla exige conocer al adversario. Este es el conocimiento del que carecemos en Irak para enfrentar la insurrección.
En algunos aspectos, la insurrección iraquí es idéntica a las que la precedieron en el siglo XX. Como todas las insurrecciones, su fracaso o su éxito dependerán de su capacidad de movilizar el apoyo de la población. Y un elemento aún más importante, la historia nos recuerda que una vez que una insurrección ha alcanzado proporciones críticas deben transcurrir decenios para poder deshacernos de ella. Además, como ha ocurrido en otras insurrecciones, los insurrectos emplean medios horribles para intimidar a la población y echar la culpa al gobierno.
Sin embargo, esta sublevación es diferente ya que mezcla la pasión religiosa con el radicalismo político. Al contrario de lo sucedido en el siglo XX, los insurrectos no cuentan con el apoyo de una potencia sino que forman parte de una insurrección mundial cuyos miembros están unidos por el islamismo y de la cual forma parte Al Qaeda. Es capaz de golpear fuera de su territorio. En realidad, esta revuelta reúne a tres grupos diferentes: los miembros de la Yihad, los antiguos partidarios del partido Baas y los partidarios del dominio sunita. Estos tres grupos no son dirigidos por un mando central. Los tres tienen un objetivo nihilista: la destrucción del nuevo gobierno iraquí.
La buena noticia es que una insurrección de este tipo no puede «triunfar»; la mala es que es difícil vencer una red desorganizada. Su derrota o su victoria dependerán de tres factores: la voluntad del gobierno iraquí, la reacción de la población chiíta y el mantenimiento o no del apoyo financiero por parte de Siria y Arabia Saudita.

 



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