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 Red de Prensa No Alineados

Tribunas y análisis - 8 de septiembre de 2005
Enmascarar la debacle de los servicios públicos en los Estados Unidos

Análisis

Como expresamos en nuestra sección Focus, el huracán Katrina ha sido un terrible revelador para la administración Bush. La catástrofe ha demostrado que a pesar de los discursos unánimes de la prensa internacional sobre la superpotencia norteamericana, el Estado federal fue incapaz de socorrer a las víctimas de la catástrofe y menos aún de protegerlas.
Una parte de la prensa mainstream, que sin embargo durante mucho tiempo había aceptado la gestión de la administración Bush, pide hoy cuentas frente a esta prueba de la impotencia estatal.

El editorialista del New York Times, el economista Paul Krugman, denuncia en el diario el manejo de esta crisis por parte de la Casa Blanca. Afirma que debido a su política desde hace cinco años, la administración norteamericana ha hecho de lo que sólo hubiera podido ser un severo huracán, una terrible catástrofe con miles de muertos. Esto es aún más grave para el editorialista debido a que, lejos de asumir sus errores, los responsables políticos afirman, contra toda evidencia, que el drama era imprevisible. Esta justificación había servido tras los atentados del 11 de septiembre de 2001. En aquella época ya era falsa, pero la prensa mainstream la había aceptado. Tras el 11 de septiembre, ningún responsable político fue molestado en nombre de la unidad nacional. Esta vez, amenaza Krugman, no será igual. Como para confirmar esta amenaza, el editorialista dedica su siguiente editorial a un cuestionamiento de la acción de la administración frente al huracán. El ex consejero de Bill Clinton, Sydney Blumenthal, considera en The Guardian que la crisis es el resultado de una incapacidad de la administración Bush para tener en cuenta elementos que van contra su visión ideológica del mundo. Washington no toma en cuenta a los científicos que pronostican el calentamiento del planeta, como tampoco lo hizo con los expertos que anunciaban que las tropas enfrentarían una importante resistencia por parte de la población iraquí. El documentalista norteamericano Michael Moore va más lejos en una sarcástica carta abierta al presidente Bush, publicada en su sitio web y retomada por el diario austriaco Der Standard. Para el autor, la Casa Blanca aplica una política de clases que favorece el mundo de los negocios en detrimento de la población. Washington no tuvo en cuenta los riesgos para la población negra y pobre de Luisiana, como tampoco la vida de sus soldados en Irak. Todo lo que cuenta para el poder en los Estados Unidos es favorecer a las élites económicas. ¿Acaso no se dirigió George W. Bush a San Diego al encuentro de un grupo de industriales después de la catástrofe en vez de hacerlo a Luisiana? En estas condiciones, y según el escritor alemán Fritz J. Raddatz, lo único que se puede desear a los Estados Unidos es que las víctimas de la catástrofe vayan a pedir cuentas al poder en Washington. Encolerizado por la destrucción de Nueva Orleans, ciudad que adoraba, el autor llama en Die Zeit, a la rebelión de la población.

Por el momento, la prensa mainstream no se hace eco de quienes denuncian una política racista de Washjington, aunque algunos han hecho oír su voz. Durante un programa de colecta de fondos en la cadena televisiva NBC, el rapero negro estadounidense Kanye West denunció la presentación que se hace de los acontecimientos por parte de los medios de comunicación, así como la política de la administración Bush. Afirmó que las principales cadenas de televisión mostraban sistemáticamente a los negros como saqueadores que debían ser eliminados y a los blancos como víctimas inocentes del huracán. Afirmó igualmente que si se había hecho tan poco para evitar el drama, es porque la administración Bush no le importa la suerte de los negros. Esta declaración, difundida en directo en la costa este de los Estados Unidos, desapareció de la grabación difundida más tarde en la costa oeste.
En cuanto a los partidarios de la administración Bush, no se preocupan por la censura cuando aplauden que se dispare sin orden para hacerlo contra los saqueadores, dando muestras así de un racismo apenas velado. El editorialista conservador del Boston Globes, Jeff Jacoby, afirma la importancia de que se reinstaure el orden en Nueva Orleans y presenta generalmente a la población que roba para encontrar alimentos como saqueadores interesados en su beneficio y como violadores. Denuncia la actitud de sus colegas que encuentran excusas para los «saqueadores» y concluye su texto afirmando que frente a una crisis existen dos razas: los que se comportan de forma noble y los que se comportan de forma infame. Teniendo en cuenta los orígenes sociales y el color de la piel de quienes, a falta de ayuda gubernamental, se ven obligados a robar para vivir, la lectura racista de los acontecimientos ilustrados por el autor no dejan lugar a dudas.

La administración Bush se ha desestabilizado por las reacciones frente a su incompetencia en el manejo de la catástrofe en Nueva Orleans y por lo tanto organiza la respuesta mediática. La Casa Blanca y sus servicios de prensa multiplican las comparaciones con el tsunami en el Sudeste Asiático, lo que ha tenido cierto éxito, pues el título «Nuestro tsunami» en la parte superior de una foto de Nueva Orleans ha sido titular de primera plana en la prensa consensual estadounidense. Al afirmar que ambas catástrofes han sido de igual gravedad, y contando con el recuerdo de los norteamericanos del mayor de número de víctimas provocado por el tsunami, Washington trata de hacer ver que el menor número de muertes en Luisiana se debe a su acción.
Para reforzar el paralelo con el tsunami del invierno de 2004, George W. Bush, como fue el caso en enero de 2005, ha recurrido a Bill Clinton y a George H. Bush a fin de colectar fondos para ayudar a las víctimas. El Departamento de Estado norteamericano reproduce el discurso pronunciado por el presidente en ejercicio junto a sus dos predecesores. Tras vagas promesas sin anuncios de medidas precisas, dedica una gran parte de su alocución a la reconstrucción de los oleoductos y refinerías del sector privado y concluye llamando a los Estados Unidos a la generosidad. Confesión de impotencia y forma indirecta de asumir la incapacidad del Estado para hacer frente a sus deberes elementales. En una alocución radiotelevisada, retomada en algunos de sus fragmentos por The Independent, el presidente Bush ha tratado de movilizar nuevamente a sus compatriotas y de despolitizar el problema lanzándose a una lectura fatalista de las fuerzas de la «Madre Naturaleza». Específicamente en este caso, oculta el hecho de que el huracán hubiera podido provocar menos daños si la infraestructura para limitar los daños previsibles hubiera estado creada.
De esta despolitización del hecho se hace cómplice la senadora demócrata por Luisiana, Landrieu, quien, en el Washington Post, se limita a hacer un llamado a la generosidad privada y a validar el carácter «natural» de la catástrofe. ¿No fueron acaso demócratas, mayoritarios en el Congreso entre los años 2000 y 2002, quienes votaron los presupuestos de la administración Bush que no renovaban las partidas para los diques, cuando el problema era conocido desde 2001?

En Al Watan, el periodista estadounidense-palestino, Hikmet El Atili, se complace en referir el concurso organizado en Qatar, Kuwait y Arabia Saudita consistente en dar el máximo de dinero a los Estados Unidos para ayudar a las víctimas a fin de aparecer como aliados confiables, mientras se denuncian las contribuciones de los demás. Sin embargo, esta política no da nada a los contribuyentes. En su discurso de agradecimiento a los donantes internacionales, Condoleezza Rice olvidó mencionarlos al leer la lista, prefiriendo detenerse en la modesta ayuda brindada por Sri Lanka, lo que vuelve a traer a colación el paralelo con el tsunami.

Red Voltaire




8 de septiembre de 2005

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Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«Un gobierno incapaz»

Autor Paul Krugman

 Paul Krugman es editorialista en el New York Times y profesor de Economía y de Relaciones Internacionales en la Universidad de Princeton.

Fuente New York Times (Estados Unidos)
Referencia «A Can’t-Do Government», por Paul Krugman, New York Times, 2 de septiembre de 2005.
«New Orleans: the awful questions», The Age, 5 de septiembre de 2005.

Resumen Antes del 11 de septiembre, la FEMA había enumerado las tres catástrofes más probables que podrían ocurrir en los Estados Unidos: un atentado terrorista en Nueva York, un temblor de tierra en San Francisco y un huracán en Nueva Orleans. El Houston Chronicle describía esta última catástrofe como la de mayor potencial mortífero. ¿Por qué entonces estaba el país tan mal preparado? Después del 11 de septiembre, los problemas más espinosos se ocultaron en aras de la unidad nacional. Esta vez hay que depurar las responsabilidades.
Primera cuestión: ¿Por qué la ayuda y las fuerzas de seguridad se demoraron tanto en llegar? Desde el viernes 26 de agosto ya sabíamos que el huracán causaría inmensos daños, pero no hubo una reacción digna de un país desarrollado. Miles de norteamericanos murieron o están muriendo por ser demasiado pobres para abandonar la zona de riesgo y porque no recibieron ninguna ayuda.
Segunda cuestión: ¿por qué no se aplicaron más medidas preventivas? El aumento de los gastos públicos resultantes de la guerra en Irak y la disminución de los impuestos no permitió destinar fondos para garantizar las labores de prevención.
Tercera cuestión: ¿acaso la FEMA perdió su capacidad para actuar? Eso es lo que temía su ex director debido a la política del gobierno de Bush al respecto.
El gobierno de Bush ha demostrado ser algo más que incompetente. Una vez más ha demostrado que nunca se ocupa de la prevención, ni de las consecuencias de su política, ni de solicitar un esfuerzo colectivo. Hoy, para no enfrentar su responsabilidad, miente sobre el carácter imprevisible de los acontecimientos.

«Katrina: recogemos lo que hemos sembrado»

Autor Sidney Blumenthal

 Sidney Blumenthal fue asistente y asesor especial del presidente Bill Clinton. Es autor de The Clinton Wars. Fue editorialista del New Yorker, del Washington Post y de New Republic. Es actualmente editorialista del Guardian sobre asuntos de política estadounidense y corresponsal en Washington de Salon.Com.

Fuente The Guardian (Reino Unido)
Referencia «Katrina comes home to roost», por Sidney Blumenthal, The Guardian, 2 de septiembre de 2005

Resumen Después del paso del huracán Katrina, la ciudad de Nueva Orleans forma ya parte del Golfo de México. No obstante, la totalidad de los daños no son el resultado de una catástrofe natural.
Hace un año, los ingenieros del US Army quisieron realizar un estudio sobre los riesgos de inundaciones en Nueva Orleans, pero el gobierno de Bush ordenó que no se hiciese. Los fondos destinados a los trabajos de los ingenieros fueron reasignados a la Guerra en Irak. La reducción del financiamiento agravó la situación, pero nadie puede decir que todo eso era imprevisible. Además de la infraestructura, se abandonó la protección de los pantanos, lo cual agravó la situación debido a que éstos ya no podían retener el agua.
Por añadidura, el gobierno de Bush siempre ha rechazado los análisis científicos sobre el calentamiento del planeta, y, durante la Cumbre del G8 en Gleneagles, Washington se opuso a toda propuesta de acción colectiva para solucionar este problema. Con respecto a este tema, George W. Bush ha pasado por alto todos los llamados de la comunidad científica que le piden tomar en cuenta sus criterios y que se ocupe del problema del calentamiento climático. Bush prefirió hacer lo que hace con cada responsable que emita opiniones contrarias a la ideología de su gobierno: preparar su destitución.

«Vuelve Michael Moore»

Autor Michael Moore

 Cineasta y escritor estadounidense. Autor del libro "Estúpidos Hombres Blancos", de varios documentales entre los cuales están los laureados "Bowling for Columbine" (Premio Oscar) y "Fahrenheit 9/11" (Palma de Oro de Cannes).

Fuente Der Standard (Austria)
Referencia «Michael Moore reitet wieder», por Michael Moore, Der Standard, 4 de septiembre de 2005. Este texto ha sido adaptado de una carta abierta al presidente Bush publicada en el sitio del autor.

Resumen Querido presidente Bush,
¿Acaso alguien sabe dónde han ido a parar nuestros helicópteros? ¿Necesita usted ayuda para encontrarlos? Yo sé cómo es eso, una vez perdí mi automóvil en el parqueo de Sears. Entiendo particularmente que al día siguiente del huracán usted no se haya trasladado a Luisiana, sino a San Diego, para participar en una velada con sus colegas del mundo de los negocios. No se preocupe por las críticas que le hagan por eso, ¿qué hubiera podido hacer usted para ayudar? ¿Taponear los diques con los dedos?
En tercer lugar, cuando usted salió de su centro vacacional, debo admitir que tuvo una actitud impresionante cuando pidió a sus pilotos que echaran un vistazo sobre el sitio de la catástrofe. Me imagino que a usted le hubiese gustado sacar un megáfono y dar órdenes a los que estaban abajo a cargo del problema. Hay gente, por supuesto, que tratarán de politizar este asunto y de utilizarlo contra usted. En el peor de los casos, no responda y siga por el camino que va. No es culpa suya que el 30% de la población de Nueva Orleans viva en la pobreza y que miles de ellos no dispongan de un medio de transporte para salir de la ciudad. Todos ellos son negros, nada así hubiese ocurrido en Kennebunkport [1].
Resista, Sr. Bush, muéstrenos sólo que usted puede dar salida a algunos helicópteros. Compórtese simplemente como si Nueva Orleans y la costa del Golfo de México estuviesen al lado de Tikrit.

«Mi dolorosa queja»

Autor Fritz J. Raddatz

 Fritz J. Raddatz es escritor de origen germano-oriental, y pasó a Alemania Occidental en 1960. En Francia, fue nombrado Oficial de Artes y Letras por el ex presidente de la República, François Mitterrand.

Fuente Die Zeit (Alemania)
Referencia «Mein wütendes Klagelied», por Fritz J. Raddatz, Die Zeit, 2 de septiembre de 2005.

Resumen Nueva Orleans era una ciudad especial, la única que se podía acariciar. Encontraba tonto el cliché «recuerda a Francia», la ciudad tenía su propio aire de elegancia perdida. Pude apreciar la ternura de esa ciudad, tanto en la terraza de un café soleado como en un elegante restaurante criollo climatizado, donde el mozo con guantes blancos nos servía la deliciosa cocina cajún.
Debido a que una administración totalmente incompetente no fue capaz de construir diques eficaces y de proteger la población antes de la catástrofe, hay más de un millar de muertos en la ciudad desaparecida bajo los excrementos, el fango y las aguas albañales. Los Estados Unidos se consideran una superpotencia, tienen la potestad de atacar a Irak utilizando medios militares colosales sin que ese país lo haya amenazado. Día tras día derrochan 186 millones de dólares, es decir 5 600 millones mensuales por esa idiotez. Sin embargo, no hay suficientes barcos para salvar a la gente en Nueva Orleans. No existe suficiente agua potable. La situación sería risible si no fuera tan trágica. La señorita Rice debería prescindir por una vez de su bello traje blanco inmaculado.
¿Lo que deseo? Que el cortejo infinito de pobres que sólo tienen su camisa, las madres con sus hijos muertos en sus brazos, se ponga en marcha hasta las puertas de la Casa Blanca y que detengan al hombre con chaqueta de aviador y le notifiquen que debería pasar cuatro años en la devastada ciudad en lugar de jugar con sus perros en su rancho.

«El instinto del saqueo»

Autor Jeff Jacoby

 Jeff Jacoby es editorialista del Boston Globe.

Fuente The Boston Globe (Estados Unidos)
Referencia «The looting instinct», por Jeff Jacoby, Boston Globe, 4 de septiembre de 2005.

Resumen El huracán Katrina causó horribles estragos pero la orgía de saqueo y delitos que estalló en Nueva Orleans fue todavía más siniestra. Un desastre natural puede causar daños a una comunidad, pero el salvajismo humano mina los propios fundamentos de la comunidad. Desde la pasada tempestad, los saqueadores arremetieron contra los centros comerciales para robar joyas, computadoras o DVD. En un vídeo, se puede ver a los agentes de seguridad y a los policías unirse a los saqueadores. La destrucción de la sociedad civil se hizo patente no sólo en los daños a los bienes, sino también a las personas, pues se observaron violaciones y las bandas se apoderaron de las calles.
A todas luces, algunos encuentran excusas, dadas las circunstancias, y afirman que la situación en el terreno es complicada. Pero, contrariamente a lo que nos quieran hacer creer, cuando se roban DVD y se comenten violaciones, no se trata de un problema de supervivencia. Afirmar tal cosa es insultar a los ciudadanos que enfrentan con valentía la situación. Como decía Viktor Frankl, existen dos razas de hombre, los que tienen un comportamiento noble y los que tienen una conducta abyecta. En Nueva Orleans, la población hizo su elección.

«El presidente pide a Bush y a Clinton que ayuden en los esfuerzos de reconstrucción tras el huracán»

Autor George W. Bush

 George W. Bush es el presidente de Estados Unidos.

Fuente Departamento de Estado (Estados Unidos)
Referencia «President Asks Bush and Clinton to Assist in Hurricane Relief Efforts», por George W. Bush, Departamento de Estado norteamericano , 1ro de septiembre de 2005.

Resumen Buenas tardes,
Me siento honrado de reunirme con los ex presidentes Bill Clinton y George H. Bush. Acabamos de discutir los estragos del huracán Katrina. Estamos unidos en nuestra determinación de ayudar a las personas de bien que han sufrido esta catástrofe.
Estoy en estrecho contacto con Michael Chertoff quien trabaja con el Director de la FEMA. Enfrentamos uno de los más grandes desastres naturales que haya sufrido nuestra nación. Nuestra prioridad es salvar vidas suministrando alimentos y ayudando a las víctimas. Trabajamos duro para reparar los diques. Estamos evacuando el Superdomo de Nueva Orleans y restaurando el orden. Esta mañana me reuní con el general Blum quien me hizo un informe sobre el despliegue de las fuerzas encargadas del orden. Les doy las gracias por su buen trabajo.
Trabajamos en un plan de reconstrucción y rehabilitación de la infraestructura energética. Queremos limitar los efectos sobre los precios del petróleo. Consideramos este huracán como un trastorno temporal que la Administración y el sector privado muy pronto van a reparar. El Secretario de Energía va a utilizar las reservas estratégicas para evitar una brusca subida de los precios. Trabajamos con las compañías petroleras para restaurar los oleoductos y las refinerías. Vamos a participar financieramente en esa rehabilitación, pero también esperamos que participe el sector privado. Mientras tanto, pido a los ciudadanos estadounidenses que consuman menos energía.
Pedí a Bill Clinton y a George H. Bush que recogieran fondos con los ciudadanos para ayudar a las víctimas. A partir de ahora, si ustedes quieren dar algo lo pueden hacer realizando donaciones a la Cruz Roja o a través de un número de teléfono. Me sentí orgulloso por los esfuerzos de los ex Presidentes para ayudar a las víctimas del tsunami. Hoy, apelo a vuestras donaciones y a vuestras oraciones. Que Dios los bendiga.

«Fuimos llamados a la humildad por la potencia de la Madre Natura»

Autor George W. Bush

 George W. Bush es el presidente de Estados Unidos.

Fuente The Independent (Reino Unido)
Referencia «We’ve been humbled by the powers of Mother Nature’», por George W. Bush, The Independent, 5 de septiembre de 2005. Texto adaptado de un discurso del Presidente de los Estados Unidos en Washington, transmitido por radio y televisión.

Resumen El viernes vi las consecuencias de la mayor catástrofe que ha afectado a los Estados Unidos. Estuve con los que perdieron todo y con los equipos de socorro, que hacen un gran trabajo, pero el desastre es de tal magnitud que pese a sus esfuerzos, todos nuestros ciudadanos no pueden recibir la ayuda que necesitan. Es inaceptable.
Muchos de ustedes, mis queridos conciudadanos, necesitan ayuda y los Estados Unidos no abandonan a sus conciudadanos. El gobierno hará su trabajo. Este fin de semana hemos sido llamados a la humildad por la potencia de Madre Natura, pero nuestra determinación sigue intacta. Tenemos la determinación y los recursos necesarios para hacer frente a este desastre.

«Necesitamos su ayuda»

Autor Mary Landrieu

 Mary Landrieu es senadora demócrata por Luisiana.

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia «We’ll Need Your Help, por Mary Landrieu, Washington Post, 1ro de septiembre de 2005.

Resumen La devastación provocada por el huracán Katrina carece de precedentes y es casi imposible de describir. La reconstrucción del sudeste de Luisiana y de Nueva Orleáns no sólo constituye una preocupación de envergadura causada por esta catástrofe, sino que también representa el mayor desafío económico al que deberá enfrentarse nuestro país luego de un desastre natural. Para recuperarnos de esta tragedia necesitaremos una dirección enérgica, valor, paciencia y plegarias.
El gobierno de Bush y el Congreso deben aportar los recursos necesarios. La reconstrucción será prolongada y dolorosa. Me entristece ver que la devastación en Luisiana es análoga a la que pude observar en Sri Lanka luego del paso del tsunami. Creo que los norteamericanos darán prueba de la misma generosidad. Les invito a enviar sus donaciones a la Cruz Roja y al número telefónico previsto para recibir los donativos.

«Cobra fuerza la guerra de donaciones a Estados Unidos entre los países del Golfo»

Autor Hikmet El Atili

 Escritor, poeta y periodista del diario Al Watan, Hikmet El Atili es de origen palestino y vive en Estados Unidos.

Fuente Al Watan
Referencia «…حرب التبرعات لأميركا تشتعل بين الدول الخليجية», por Hikmet El Atili, Al Watan, 04-09-2005.

Resumen Luego del paso del huracán Katrina, la guerra mediática entre los países del Golfo ha cobrado fuerza. La razón no es otra que la importancia de la ayuda concedida a Estados Unidos por cada uno de los gobiernos de la región. La cadena Al Arabiya, la mayoría de cuyas acciones pertenece a Arabia Saudita, aprovechó la ocasión para criticar al príncipe de Qatar, quien, según dicha cadena, ofreció una suma de cien millones de dólares al gobierno de Bush para cubrir las necesidades de las víctimas del huracán. La misma cadena reservó un espacio en su sitio Internet exclusivamente para ofrecer más información sobre el acontecimiento. De la misma forma, Al Arabiya divulgó cientos de declaraciones, por lo general las de sus telespectadores, que denuncian la iniciativa de Qatar. Los participantes consideran que la pobreza de los países árabes y musulmanes es superior a la de Estados Unidos.
Los gobiernos de Arabia Saudita y Kuwait prefirieron no precisar el valor de su donación a los estadounidenses. Kuwait como país, por sí solo, ofreció una suma gigantesca de quinientos millones de dólares, es decir, cinco veces la contribución de Qatar. En ese mismo marco, Al Arabiya no mencionó la participación saudita, que sobrepasó los trescientos millones de dólares. Según fuentes dignas de credibilidad de Al Watan, numerosas organizaciones sauditas ofrecieron doscientos cincuenta millones de dólares mientras que el resto fue aportado por la sociedad ARAMCO.
A pesar de esta intensa competencia entre los países del Golfo para satisfacer al gobierno de Bush y contar con su bendición, los medios de comunicación estadounidenses prefirieron pasar por alto las diferentes cifras antes mencionadas para hablar en cambio de la ayuda de Sri Lanka, que no sobrepasó los veinticinco mil dólares. Asimismo, la secretaria de Estado, Condoleeza Rice, declaró que lo que más apreció fue la iniciativa de un país pobre como Sri Lanka. Por lo tanto, la guerra mediática entre Arabia Saudita, Kuwait y Qatar con relación al huracán Katrina concluyó con una victoria de los dos primeros.

 



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