|

|
 |
|
Tribunas y análisis - 11 de septiembre de 2005
El panarabismo en el punto de mira en Irak
Análisis
El apoyo a la guerra de Irak en el seno de la población estadounidense sigue disminuyendo hasta tal punto que los republicanos comienzan a dar muestras de preocupación ante las elecciones parlamentarias a efectuarse en 2006, a mediados del período de mandato. La pérdida de confianza de los partidarios de George W. Bush en la victoria en Irak alarma a William Kristol, analista neoconservador y director del Weekly Standard, quien lanza en su revista un llamamiento a favor de una nueva movilización, retomado a su vez por el diario conservador español ABC. Proclama que debemos confiar en las acciones de la Casa Blanca y apoyar una guerra total en la región, enviar tropas adicionales a Irak, como pide el senador John McCain, y bombardear las ciudades sirias que podrían proteger a resistentes iraquíes. Un programa que mucho se parece a una aceleración sangrienta del proceso.
Al mismo tiempo, aquellos miembros de las élites estadounidenses que deseaban otra forma de «guerra contra el terrorismo» vuelven a alzar sus voces. El profesor Francis Fukuyama muestra su preocupación ante el cariz que toman los acontecimientos en Irak en una tribuna ampliamente difundida y publicada en el New York Times, el International Herald Tribune, Clarín, El Mundo y Le Monde, antes de que tal vez lo hagan otras publicaciones. En su opinión, esta guerra es librada en nombre de la ideología neoconservadora, que se asoció en este caso a los grupos nacionalistas y aislacionistas. Se trata de una frágil alianza que puede estallar en caso de que el conflicto iraquí se mantuviera durante demasiado tiempo. Si esta coalición de intereses se rompe ya no habría mayoría para apoyar la intervención y Washington podría verse obligado a una vergonzosa retirada. Sin embargo, afirma el autor del «fin de la historia», hubiera sido posible aplicar otra política, como la de crear una gran alianza de las democracias occidentales que permitiera aplicar una política imperialista por medio de presiones diplomáticas y económicas. Francis Fukuyama expresa por consiguiente su nostalgia por la política exterior del gobierno de Clinton, defendida también actualmente por aquellos cercanos a George Soros.
En entrevista concedida al diario alemán Die Welt, la ex secretaria de Estado del gobierno de Clinton loa asimismo esta forma de imperialismo. Para ello compara la guerra de Kosovo y la de Irak. La primera fue librada con el apoyo del mundo occidental y unió a los aliados tradicionales de Estados Unidos alrededor de Washington. La segunda ha aislado a este país. Al mismo tiempo que critica duramente las excusas del gobierno de Bush para justificar la agresión a Irak, defiende el «deber de defensa», nuevo nombre, más consensual, del «derecho de injerencia» elaborado por el International Crisis Group.
No olvidemos que Francis Fukuyama es administrador de la NED/CIA y que Madeleine Albright es la presidenta de la rama demócrata de esta organización. Ambas tribunas pueden ser entonces interpretadas como un intento de la organización por promover sus métodos en lugar de la acción brutal. Precisemos además que John McCain, cuyas posiciones son elogiadas por William Kristol, es el presidente de la rama republicana de la NED. Por lo tanto, la polémica no es más que un debate interno de las élites de Washington sobre los medios que deben utilizarse y no sobre los objetivos.
_Este debate interno no impide en modo alguno el avance del plan de remodelación del Medio Oriente. Todos están de acuerdo en que el proyecto de constitución iraquí es una forma de iniciar la división de Irak. En el mundo árabe, más que la división de Irak, se teme que la muerte del país provoque la del nacionalismo árabe.
Abdallah Al-Ashaal, ex director del Departamento de Planificación Política del Ministerio de Relaciones Exteriores egipcio, opina que la constitución iraquí tiene como objetivo destruir el nacionalismo árabe con el pretexto de la desbaasificación. En el diario estatal egipcio Al Ahram denuncia la hipocresía de la lucha contra el partido Baas. Comparado con el nazismo o el militarismo japonés, a este partido se le acusa de todos los males de Irak al mismo tiempo que se olvida que fue apoyado durante mucho tiempo a brazo partido por Washington, y se acude a la desbaasificación para minar los fundamentos del Estado central iraquí. En estos momentos, la identidad árabe de Irak se ve amenazada con el fin de crear tres Estados a partir de divisiones étnico religiosas. En opinión del autor, estas entidades no serían de todos modos viables y serían rápidamente anexadas por sus vecinos.
Abdel Bari Atouan, jefe de redacción del diario palestino Al qods Al arabi, también manifiesta su preocupación por la situación de Irak en Arabrenewal. La emprende contra Jalal Talabani, presidente kurdo de Irak, a quien acusa de querer destruir la identidad árabe del país antes de hacerlo estallar. Con motivo de la muerte de más de mil peregrinos chiítas, Talabani criticó la actitud de los países árabes por la falta de ayuda prestada a las víctimas y por la negativa de los Estados árabes de enviar embajadores. Si bien el editorialista palestino está de acuerdo con el primer punto no deja de denunciar el segundo: no se envía un embajador a un país sin soberanía. En la actualidad, la política del gobierno tiene como fin la división de Irak y no la soberanía del país.
En Le Figaro, el analista atlantista libanés Antoine Basbous parece confirmar el análisis de la prensa árabe. En su opinión, el nacionalismo árabe es el principal responsable de la situación actual en el Medio Oriente. El experto mediático se lamenta del cariz que han tomado los acontecimientos en Irak. Según él, la invasión estadounidense liberó fuerzas dormidas hasta ese momento al desencadenar el islamismo y los extremismos de toda laya. Afirma que la división de Irak es inevitable, no porque fuera uno de los objetivos de guerra de Estados Unidos sino porque de ahora en adelante las comunidades están dispuestas a enfrentarse. Predice asimismo que esta tendencia se desarrollará en toda la región. Pero en su opinión, si bien esta situación es imputable a Estados Unidos, lo es mucho más al nacionalismo árabe que sólo fue capaz de engendrar un orden político estancado cuyas consecuencias son hoy visibles.
El autor confirma de este modo que el movimiento panarábico es uno de los blancos prioritarios de la «guerra de ideas» que el gobierno de Bush afirma haber desencadenado en el Medio Oriente.
Ante estas preocupaciones, el embajador/procónsul estadounidense en Irak, Zalmay Khalilzad, se esfuerza por su parte en mostrarse tranquilizador en el Washington Post. La constitución iraquí no divide a Irak, sino que permite reunificar un país que ya estaba dividido antes de la invasión. Ofrece múltiples derechos a los iraquíes y el proceso de negociación extiende puentes entre las comunidades. Una visión idealizada de la situación que no debe convencer a muchos.
Red Voltaire
|
 |
|

11 de septiembre de 2005
Desde
París (Francia)
Herramientas

Imprimir
Enviar
Todas las versiones de este artículo:

français
English
Países
Irak
Temas
Control del «Gran Medio Oriente»
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
|
 |
«La presidencia de la guerra»
Autor
William Kristol
Fuentes
Weekly Standard (Estados Unidos), ABC (España)
Referencia «The War Presidency», por William Kristol, Weekly Standard, 5 de septiembre de 2005.
«La Presidencia de la guerra», ABC, 1° de septiembre de 2005.
Resumen El 24 de agosto de 2005, George W. Bush reafirmó que los terroristas no nos harían desistir de Irak y que triunfaríamos en la guerra contra el terrorismo. Era importante decirlo con claridad en momentos en que algunas personas, entre ellas partidarios del presidente, comenzaban a afirmar que la guerra contra el terrorismo no era una guerra verdadera o que Irak no formaba parte de ella. El presidente recordó que en su enfoque no tenía cabida el derrotismo, incluso en lo referente a una salida anticipada de Irak. En el seno del Partido Republicano se teme que el caso de Irak provoque una derrota en las elecciones de 2006. Bush, por su parte, no dejará que su política se guíe por los temores y titubeos de los parlamentarios republicanos. Sería mejor que éstos apoyasen al presidente de manera más activa o que se uniesen a las críticas constructivas de John McCain.
En la actualidad, incluso George Will, del Washington Post, opina que el deseo de democratizar a Irak era ilusorio y que hoy en día corremos el riesgo de efectuar un despliegue excesivo de nuestras fuerzas. Basado en este argumento, Will rechazó la propuesta aparecida en nuestras columnas de bombardear las ciudades de la frontera sirio-iraquí que ayudan a los terroristas a entrar en Irak. Pero, ¿en qué consiste el despliegue excesivo de nuestra aviación? Es importante movilizar de nuevo a nuestros aliados y ganar la guerra contra los terroristas. Hemos cometido errores en Irak y hemos explicado mal nuestras acciones. El discurso de Bush está bien orientado, pero el presidente debe mantener al país informado sobre la guerra y exhortar a mantener en alto la moral. El éxito de la presidencia de Bush depende de su éxito como Comandante en Jefe.

«La invasión de los aislacionistas»
Autor
Francis Fukuyama
Fuentes
International Herald Tribune (Francia), New York Times (Estados Unidos) , Le Monde (Francia), Clarín (Argentina), El Mundo (España)
Referencia «Invasion of the Isolationists», por Francis Fukuyama, New York Times, 31 de agosto de 2005.
«Bush se equivocó al provocar la guerra en Irak», Clarin, 1° de septiembre de 2005.
«La invasión de los aislacionistas», El Mundo, 1° de septiembre de 2005.
«Isolationist invasion», International Herald Tribune, 1° de septiembre de 2005.
«Irak: le gâchis américain», Le Monde, 7 de septiembre de 2005.
Resumen Cuatro años después del 11 de septiembre, ¿es la política exterior estadounidense un resultado de la cultura política de los Estados Unidos? ¿En qué medida está determinada por las particularidades del actual presidente y de su gobierno? Podría pensarse que Washington no hace más que seguir su tradición política. Los Estados Unidos han optado con frecuencia por el unilateralismo cuando se han visto obligados a ello y la retórica idealista a menudo lo acompaña. Sin embargo, las decisiones tomadas a partir del 11 de septiembre de 2001 no corresponden a esta tradición.
Después de los atentados, los norteamericanos hubiesen seguido a la Casa Blanca en cualquier dirección. Después de la caída de los talibanes, los Estados Unidos decidieron solucionar un viejo litigio que tenía poco que ver con Al Qaeda: Irak. Al hacerlo, el gobierno de Bush hacía un mal uso de la carta blanca dada por la población y alejaba a sus aliados más cercanos. Washington hubiese podido construir una alianza entre las democracias para modernizar al Medio Oriente, intensificar las sanciones contra Irak y crear un nuevo sistema internacional de lucha contra la proliferación nuclear. Una actitud semejante hubiese dado continuidad a la política tradicional estadounidense.
La política del gobierno de Bush se guía mucho más por los neoconservadores que por el impulso de los cristianos conservadores. Esta corriente se asocia con lo que Walter Russel Mead denomina «Estados Unidos jacksonianos», esos nacionalistas partidarios de un furibundo aislacionismo. La falta de justificaciones sobre las armas de destrucción masiva y de los vínculos con Al Qaeda para legitimar la Guerra en Irak llevó a George W. Bush a adoptar un discurso idealista únicamente neoconservador. La transformación del «Gran Medio Oriente», por tanto, se convirtió en el eje central de la política exterior estadounidense. La base jacksoniana de Bush, que suministra el grueso de las tropas que cumplen servicio y mueren en Irak, no tiene ninguna afinidad natural con una política semejante, pero no ha querido abandonar al Comandante en jefe en plena guerra. No obstante, se trata de una alianza frágil.
Si los jacksonianos comenzasen a pensar que la guerra no puede ganarse, dejarían de apoyar un conflicto centrado en la promoción de la democracia. Esto se haría sentir en las elecciones primarias republicanas de 2008. Por consiguiente, todo dependerá del rumbo de la guerra. El ejército no está preparado para enfrentar una insurrección a largo plazo. No sabemos cuál será el resultado de la guerra en Irak. Pero sabemos que, cuatro años después del 11 de septiembre, la política exterior norteamericana en su conjunto parece destinada a salir engrandecida o empequeñecida de una guerra vinculada marginalmente a lo que ocurrió ese día en los Estados Unidos.

«La política de Bush no es unilateral, sino unidimensional»
Autor
Madeleine K. Albright
Fuente
Die Welt (Alemania)
Referencia «Bush-Politik ist nicht einseitig, sondern eindimensional», por Madeleine Albright, Die Welt, 7 de septiembre de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.
Resumen Las cosas evolucionan en Irak de un modo totalmente distinto a como esperaba al Presidente: no se encontró ningún arma de destrucción masiva, no fuimos recibidos como libertadores, el petróleo no corre como estaba previsto, la situación se ha vuelto más difícil. Los derechos de la mujer han disminuido y los vínculos con Irán son mucho más estrechos. Y me preocupa que la charia sea «la» fuente del derecho y no «una» de sus fuentes. Asimismo, tengo temores acerca de la integridad territorial del país. Pero nada de eso debe hacernos desistir. La guerra en Irak era algo que quería hacerse, pero que no era indispensable. Nuestro compromiso, sin embargo, ya no es una cuestión de voluntad, sino que reviste un carácter indispensable.
La guerra en Kosovo era «nuestra guerra» en el sentido de que tanto Bill Clinton como yo estábamos convencidos de que debíamos poner fin a las purgas étnicas y permitir a los musulmanes recuperar su patria. Logramos ese objetivo, pero lo que no pudimos hacer fue definir un estatuto claro para Kosovo. Los objetivos en Kosovo eran diferentes a los de Irak, el discurso de Bush ha cambiado con frecuencia. Primero fue el derrocamiento de Sadam y las armas de destrucción masiva, después la democracia en el Medio Oriente y el derecho de la mujer. Hoy en día, la preocupación del gobierno parece ser el garantizar un mínimo de seguridad.
Contrariamente a John Deutsch, el ex director de la CIA que criticó a los «halcones humanitarios» tanto del gobierno de Bush como del gobierno de Clinton y que aboga porque nos ocupemos únicamente de la defensa de nuestros intereses nacionales, yo establezco una diferencia entre la política de guerra preventiva de Bush y el «deber de defensa» que yo recomiendo. En Kosovo no tratamos de formar una sociedad multiétnica, sino tratamos de evitar que se escindiera sumida en un baño de sangre.
Aunque Gorbatchov lo crea, en Kosovo no se trataba de disminuir la influencia rusa; se trataba del proyecto «Europa libre y unida»; los rusos querían una especie de solidaridad eslava. Nosotros no ocupamos a la ex Yugoslavia y no tenemos intenciones de hacerlo. Todos los grupos étnicos deben poner los ojos en Bruselas para lo concerniente a su futuro. No obstante, comprendo que con lo que sucede en Irak, algunos alimenten dudas, con carácter retrospectivo, sobre las intenciones de los estados Unidos en Kosovo.
Los militares norteamericanos sólo deberían intervenir en los sitios donde hay gente amenazada con sufrir purgas étnicas. El problema de la política de Bush no es que sea unilateral, sino que es unidimensional. Todo es visto a través del prisma del 11 de septiembre, como si no existiese nada más en el mundo. Estados Unidos, más que ningún otro país, cuenta con el potencial necesario para hacer el bien.

«El fin del Irak árabe»
Autor
Abdallah Al-Ashaal

 |
 |
Abdallah Al-Ashaal fue director del departamento de Planificación Política del Ministerio de Relaciones Exteriores egipcio.
|
Fuente
Al-Ahram (Egipto)
Referencia «The end of Arab Iraq», por Abdallah Al-Ashaal, Al Ahram, 1° de septiembre de 2005.
Resumen El debate sobre el proyecto de constitución en Irak es intenso debido a los rumores sobre el involucramiento de los Estados Unidos en su redacción. Peter W. Galbraith afirma que ese texto es adecuado para un país dividido, refutando las acusaciones según las cuales el objetivo de dicho texto sería dividir a Irak. El gobierno de Bush, por su parte, elude los rumores sobre su implicación en ello recordando que los Estados Unidos redactaron también las constituciones alemana y japonesa con la finalidad de erradicar el nazismo y el militarismo nipón. La constitución iraquí, por tanto, buscaría igualmente impedir cualquier tipo de resurgimiento del baasismo.
¿Se puede en verdad establecer una comparación entre nazismo, militarismo japonés y baasismo? Fue Japón el que atacó Pearl Harbour y fue Alemania la que declaró la guerra a Europa. En Irak, el agresor es Estados Unidos. Además, contrariamente a lo que pretenden los Estados Unidos, el partido Baas no sólo ha hecho daño a los chiítas y a los kurdos, sino a todos los iraquíes. Más importante aún: se olvida que cuando Irak atacó a Irán, contó con el apoyo incondicional de Washington, que olvidó entonces los crímenes de Sadam Husein. Tampoco puede ocultarse el hecho de que cuando Irak invadió a Kuwait, lo hizo alentado por los Estados Unidos. Los nazis actuaron en defensa de los intereses alemanes, el B’as lo ha hecho en interés de los Estados Unidos.
El texto constitucional en sí mismo resulta preocupante. Prepara la división de Irak después de haberle negado su identidad árabe. El texto precisa que Irak pertenece al mundo musulmán y que una parte de sus habitantes pertenecen al mundo árabe. El alto grado de fragmentación previsto por la constitución favorece una división futura. El proyecto estadounidense es favorable para los kurdos y desfavorable para los árabes. Es poco probable que el país siga perteneciendo a la Liga Árabe.
Los tres países que nacerán de la fragmentación de Irak no serán viables. El Kurdistán será víctima de Turquía o de Irán, la parte chiíta será anexada por Teherán y la parte sunita por un país árabe. ¿Era ese el proyecto inicial de los Estados Unidos?

«Talabani y la identidad árabe de Irak»
Autor
Abdel Bari Atouan

 |
 |
Abdel Bari Atouan ocupó el cargo de jefe de redacción del periódico Asharq Alaousat (1984-1988) antes de ser jefe de redacción del periódico palestino Al qods Al arabi, publicado en Londres. Es conocido por su posición a favor de los países árabes que defiende siempre públicamente durante sus entrevistas a cadenas como CNN, la BBC... etc.
|
Fuente
Arabrenewal (Arabia Saudita)
Referencia «الطالباني وعروبة العراق»,por Abdel Bari Atouan, Arabrenewal, 6 de septiembre de 2005.
Resumen Algunos días después de la muerte de cerca de mil peregrinos chiítas en la estampida producida en un puente de Bagdad, Jalal Talabani no deja de criticar fuertemente a los países árabes, que, según el presidente iraquí, no sólo se han negado a establecer verdaderas relaciones diplomáticas con su país sino que también dudaron en presentar sus condolencias y ofrecer su apoyo al pueblo iraquí. Evidentemente, había que auxiliar a las víctimas de esa desbandada, sobre todo si se trata de nuestros hermanos árabes que merecen los millones de dólares que nuestros gobiernos han enviado a las víctimas del ciclón Katrina. Pero ello no impide que Talabani se equivoque en cuanto a la cuestión de la representación diplomática.
Felizmente, Talabani criticó a los países árabes, recordando que Irak forma parte del mundo árabe, y sobre todo porque instó, junto a otros responsables del gobierno fantoche, a enterrar la identidad árabe de Irak. Peor aún, su colaborador Barzani es alérgico a todo texto, en la nueva constitución, en que se confirme la identidad árabe o musulmana del país. Por consiguiente, ¿cómo rechazan el carácter árabe de Irak cuando continuamente solicitan a los gobiernos árabes que envíen a sus embajadores a Bagdad? ¿Cómo aceptan dividir el país y modificar su identidad? Talabani preside un país bajo la ocupación directa de los Estados Unidos, y en derecho internacional se prohíbe el establecimiento de relaciones diplomáticas con un Estado sin soberanía.
Si partimos de la suposición de que el gobierno iraquí es legal, ¿acaso Talabani y Jaafari pueden garantizar la seguridad de los embajadores árabes? ¿Acaso pueden impedir que se repita lo que pasó con los de Egipto y Argelia? Si ellos no pueden garantizar su propia seguridad, ¿cómo van a garantizar la de los embajadores árabes? Las condiciones en Irak se agravan cada vez más y el ciudadano iraquí, testigo de la democracia impuesta por los tanques estadounidenses, incluso no tiene ni agua para beber. Por esa razón, pedimos al presidente títere que reconozca que sus aliados estadounidenses han asesinado a cien mil iraquíes mediante una ocupación que ha sido posible gracias a gentes como él. Por lo tanto, es él, en primer lugar, quien tiene que presentar su pésame a las familias de los mártires iraquíes antes de pedir a los países árabes que lo hagan.
El presidente del gobierno títere en Irak aplica una suerte de dictadura y tiranía con el objetivo de dividir al país y eliminar el papel regional de Bagdad. Ello sólo servirá a los intereses de la administración Bush y a los del Estado hebreo. El hecho de que Talabani sea el presidente de Irak no nos molesta, pero cuando se trate de un Irak soberano, unido y democrático, no de un país bajo la ocupación estadounidense. El día en que el nuevo Irak salga de su entorno estadounidense para volver a ocupar su lugar en el mundo árabe, los embajadores volverán sin ser invitados.

«Atolladero total y descomposición previsible»
Autor
Antoine Basbous
Fuente
Le Figaro (Francia)
Referencia «Une impasse totale et une décomposition prévisible», por Antoine Basbous, Le Figaro, 2 de septiembre de 2005.
Resumen El futuro de Irak se anuncia muy sombrío. Rápidamente podría convertirse en la plataforma de exportación del caos a la región y en santuario de Al Qaeda. Hoy, con independencia de la suerte que corra el proyecto de constitución, en Irak están presentes todos los ingredientes de la guerra civil y del estallido. Se desarrollan tensiones entre grupos étnicos y religiosos mientras que las influencias sirias e iraníes hacen fracasar los planes de estabilización estadounidenses.
Cegado por sus convicciones ideológicas, Washington cometió muchos errores al no tener en cuenta las realidades iraquíes. Esos yerros han acarreado el fortalecimiento de las fuerzas extremistas. Es una lástima que los partidos laicos y transcomunitarios estén apenas presentes y sean tan poco influyentes. Los chiítas han desarrollado dos partidos muy vinculados a Teherán, el ASRII y Al-Dawaa. Deben mucho a Irán y tienen una cuenta que saldar con los sunitas. En cuanto a estos últimos, el paisaje político se comparte entre los nostálgicos del Baas y los islamistas de Zarkaui. Ahora bien, George W. Bush quiere iniciar la retirada para limitar los daños en las elecciones de 2006, lo que conducirá inevitablemente al estallido del país. Partiendo de esa premisa, las minorías harían escuchar sus voces en toda la región, abriendo la vía a la redifinición global de las fronteras.
Esta situación contraviene los planes estadounidenses de democratización, de lucha contra el islamismo y de autonomización respecto del petróleo saudita. En cuanto al islamismo en Irak, está prosperando en sus dos versiones, sunita y chiíta. El notable efecto imputable a la intervención estadounidense en el «hormiguero» medio-oriental es que alteró profundamente «el orden árabe» esclerosado... Por esa razón, la renuncia de países como Libia a su programa nuclear es un hecho positivo, o también la expulsión del ejército sirio del Líbano. En cambio, el empantanamiento de los estadounidenses en Irak permite a Irán desafiar a la comunidad internacional. También es la consecuencia del nacionalismo árabe que ha construido un orden autoritario y, en ocasiones dinástico, hoy esclerosado.

«La política irrumpe en Irak»
Autor
Zalmay Khalilzad

 |
 |
Ex alumno de Albert Wohlstetter, luego asistente de Paul Wolfowitz cuya doctrina de los Estados Unidos, única superpotencia, redactó, Zalmay Khalilzad es experto en movimientos islamistas en el Departamento de Estado durante la primera guerra de Afganistán y la Guerra del Golfo, más tarde investigador en la Rand Corporation y consejero de Unocal en Asia Central. Fue uno de los fundadores del Project for a New American Century y dirigió el equipo de transición del presidente Bush al Pentágono. En la actualidad es embajador especial en Irak luego de haberlo sido en Afganistán.
|
Fuente
Washington Post (Estados Unidos)
Referencia «Politics Breaks Out In Iraq», por Zalmay Khalilzad, Washington Post, 5 de septiembre de 2005.
Resumen El proyecto de constitución iraquí debe evaluarse según dos criterios: su capacidad de convertir a Irak en una verdadera democracia y su potencial para conservar un Irak unido a la vez que socava la insurrección. La primera prueba la pasó, la segunda será validada o no por los iraquíes, el 15 de octubre, durante el referendo.
El proyecto constitucional se basa en valores y estructuras que deberían ayudar a democratizar el país, a estabilizarlo, a partir de valores universales y en la tradición iraquí. Gracias a ese texto, todos los iraquíes son iguales ante la ley y tienen sus derechos garantizados. La constitución reconoce el derecho a la vida privada, a la libertad de movimiento, de expresión y asociación. Garantiza también la presunta inocencia. Las mujeres deberán representar el 25% de las asambleas electas. Como en Israel, el debate entre ley religiosa y ley civil no está solucionado en el texto constitucional.
La estructura del gobierno permite apoyar la transición democrática y puede ayudar a construir puentes entre las comunidades. El Kurdistán no podrá lograr que evolucione su estatus antes de la elección de la próxima asamblea. Ya, el proceso de redacción de por sí permite crear puentes entre las comunidades y los Estados Unidos van a continuar alentando a los iraquíes a que se unan.

|
|
|
 |
 |
|
 |