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Tribunas y análisis - 19 de septiembre de 2005
Consenso mediático alrededor de la «guerra contra el terrorismo»

Análisis

En ocasión de las conmemoraciones por el cuarto aniversario de los atentados de Nueva York y Washington el 11 de septiembre de 2001, la prensa internacional ha tratado ampliamente la «guerra contra el terrorismo» y las políticas establecidas en su nombre durante estos cuatro años.
Todas están basadas en un credo que el primer ministro australiano John Howard, aliado nada crítico de George W. Bush, recita en una tribuna publicada por The Age en la que afirma, como la administración Bush, que «el» terrorismo constituye una amenaza para las democracias liberales occidentales y para el modo de vida de sus ciudadanos. Así, la defensa de la democracia exige repensar el funcionamiento de los Estados y prever una lucha global, combate que a su vez exige una redefinición del derecho internacional, consecuencia lógica, aunque no asumida, de las ideas y objetivos defendidos por John Howard.
El director adjunto del diario ruso Vremya Novostyey, Semen Novoprudsky, no se aleja mucho de este enfoque al afirmar también que el 11 de septiembre inició una nueva era marcada por el miedo global a la amenaza terrorista y por una desilusión sobre la capacidad de los Estados para asegurar la seguridad de sus ciudadanos. Considera asimismo que los atentados de Nueva York y Washington provocaron la desaparición de la creencia en un mundo unificado, bajo una misma ideología marcada por los valores cristianos. En resumen, incluso si no expresa él mismo las conclusiones de su análisis, éstas no son otras que la necesidad de reformar los Estados para prepararlos en el combate contra los adversarios del mundo cristiano.

Repetidas por los medios de comunicación dominantes, las problemáticas de la «guerra contra el terrorismo» se han introducido ampliamente en los debates nacionales.
En Alemania, la cuestión de la lucha contra el terrorismo, tal y como ha sido definida por Washington, aparece en la campaña electoral en curso. El Welt an Sonntag realizó una entrevista cruzada a Otto Schilly, ministro federal alemán del Interior, y a Günther Beckstein, su presunto sucesor en caso de victoria de los conservadores el 18 de septiembre. Para el conservador, la lucha durará siglos y para librarla eficazmente se hace necesario fortalecer las estructuras antiterroristas. Pide igualmente revisar la política del derecho de asilo en Alemania, así como un acercamiento a los Estados Unidos, y considera que Alemania es hoy un pivote de la actividad terrorista. Cuestionado, el ministro socialdemócrata se defiende sin atreverse a poner en duda, o sin quererlo, los principios fundadores de la guerra contra el terrorismo. También Otto Schily afirma que la guerra contra el terrorismo durará siglos y resalta su gestión del problema, enorgulleciéndose de haber reducido el número de entradas de solicitantes de asilo al territorio alemán y de haber acercado sus servicios a los de Estados Unidos.

En Francia, el tema de la «guerra contra el terrorismo» se inserta en la campaña de las elecciones primarias de la UMP, principal partido de derecha, para la candidatura a la alcaldía de París. El diputado francés y presidente de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN, el muy atlantista Pierre Lellouche, aprovecha así las conmemoraciones del 11 de septiembre para agitar el espantapájaros del terrorismo islamista. Muestra su apoyo a la política antiterrorista de Nicolas Sarkozy, pero denuncia la inacción de la municipalidad parisina en cuanto a prepararse para un ataque terrorista. Así, para presentarse como la antítesis de lo que llama laxismo, destaca sus vínculos con el director de la policía de Nueva York o con el ex senador demócrata norteamericano Sam Nunn.

Raramente es puesto en tela de juicio el discurso que acompaña la «guerra contra el terrorismo». Sin embargo, en nombre de este combate, Washington ha llevado a cabo una guerra de agresión en Irak que lo ha aislado, lo que no deja de inquietar a una parte de la élite norteamericana.
El estratega estadounidense Harlan Ullman llama a los australianos en The Australian a reexaminar el vínculo entre «guerra contra el terrorismo» y guerra de Irak. Este conflicto es un error estratégico basado en el idealismo neoconservador. Para el autor, el fraccionamiento de la sociedad norteamericana y el llamado a los grandes principios para la legitimación de su política exterior han empujado a Washington a inventarse un enemigo superpoderoso y a tratar de alcanzar objetivos irrealistas. Es conveniente adoptar posiciones más pragmáticas. Sin embargo, aunque este texto sea una crítica a la política de la administración Bush, los reproches están relacionados con los aspectos más neoconservadores de la estrategia de Estados Unidos, sin que haya un verdadero cuestionamiento a las grandes líneas de la propaganda norteamericana. Así, el autor afirma que Estados Unidos fue a Irak para instaurar una democracia y que este país está profundamente dividido entre grupos étnico-religiosos.
Por lo tanto esta tribuna parece adoptar el mismo enfoque de Francis Fukuyama u otros analistas norteamericanos que, sin cuestionar el imperialismo de su Estado, denuncian errores tácticos de la administración Bush que, según ellos, podrían debilitar la estrategia global.
El analista sirio Marwan Al Kabalan también considera que la política del Departamento de Estado se encuentra en un callejón sin salida. La nueva doctrina estratégica implementada tras el 11 de septiembre, conocida como doctrina de los golpes estratégicos, tenía como objetivo hacer más segura la situación de Estados Unidos, pero, en realidad, sólo ha logrado aumentar los riesgos para Washington, pues si hasta ahora los Estados hostiles a Estados Unidos consideraban que atacar a este país los expondría a una respuesta, hoy saben que hagan lo que hagan corren los mismos riesgos, de modo que es mejor tomar ventaja atacando.
Este análisis tiene lógica, pero ignora un aspecto fundamental: Estados Unidos no ha desarrollado la doctrina de los golpes preventivos para protegerse más, sino para justificar agresiones.

En realidad, lo que preocupa a una parte de la élite norteamericana es que los errores de la Casa Blanca han dividido a la coalición surgida tras el 11 de septiembre y quebrantado la unidad nacional tras la figura del comandante en jefe en los Estados Unidos.

El embajador norteamericano en Francia y ex socio en los negocios de George W. Bush, Craig Roberts Stapleton, se esfuerza por volver a acoger a Francia en el seno de Washington haciendo vibrar la cuerda de la solidaridad en la adversidad. En Le Monde, resalta la acción de Francia en cuanto a la ayuda a las víctimas del huracán Katrina y se apoya en este acto de solidaridad para pedir una cooperación más fuerte entre París y Washington en la guerra contra el terrorismo.
Por su parte, Carie Lemack, presidente de una asociación de familias de víctimas de los atentados del 11 de septiembre de 2001, lanza un llamado a favor de la unidad nacional en el Boston Globe. Es de la opinión de que la lucha antiterrorista no debe constituir un objeto de debate y debe ser despolitizada. Jugando la carta de la emoción y evocando con frecuencia el recuerdo de su madre desaparecida, pide que el análisis de los avances en la guerra contra el terrorismo se deje en manos de los expertos y, haciendo hablar a los fallecidos, invita a los norteamericanos a abandonar toda intención de controlar la acción de su gobierno en ese sentido.

Opuestos a esta imagen casi unánime de la guerra contra el terrorismo, escasos autores tratan de hacer oír una voz disidente.
El profesor Noam Chomsky se interesa por los argumentos esgrimidos por Estados Unidos y sus aliados. En el Khaleej Times y El Periodico, se basa en ejemplos históricos para demostrar que los llamados a la lucha contra el terrorismo internacional no son más que reactualizaciones del discurso imperialista clásico: en esta gastada escenificación que se vende ahora ataviada de modernidad, la nación se encuentra siempre en peligro, la amenaza es importante y las aspiraciones de los dirigentes está siempre guiada por ideales y valores altruistas.
En el sitio web alarabonline.org, el deputado jordano Aouda Boutros Aouda expresa su irritación ante la aceptación de los principios de la doctrina de la guerra contra el terrorismo por parte de los dirigentes árabes. Felicita al ex primer ministro de Malasia, Mahatir Mohamed, por haberse atrevido a presentar a las fuerzas de la Coalición como los verdaderos terroristas. En efecto, el vínculo entre el Islam y el terrorismo se ha convertido en una evidencia tan fuerte para la prensa occidental mainstream que la acción de los gobiernos occidentales contra la población civil a fin de obtener un beneficio político no ha vuelto a presentarse como lo que es: terrorismo de Estado.
La periodista francesa Naima Bouteldja también denuncia lo común que se ha hecho la asociación entre terrorismo e islamismo. En The Guardian y en el Taipei Times, recuerda que los atentados de 1995 en Francia fueron presentados durante largo tiempo como la acción de redes islamistas, mientras que la implicación de los generales argelinos no ofrece lugar a dudas. Sin llegar a denuncia la tesis oficial sobre los atentados del 11 de septiembre, llama a sus lectores a la prudencia en cuanto a las acusaciones rápidas que sirven a intereses políticos.




19 de septiembre de 2005

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 11 de septiembre de 2001
 Guerra global al «terrorismo»

Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«Los atentados cambiaron nuestras vidas»

Autor John Howard

 John Howard es primer ministro de Australia.

Fuente The Age (Australia)
Referencia «Attacks changed our lives», por John Howard, The Age, 10 de septiembre de 2005.

Resumen Este año conmemoramos el cuarto aniversario de los atentados de Nueva York y recordamos a las 3 000 víctimas que allí perdieron la vida, entre ellos diez australianos, así como a decenas de miles de personas que sufrieron daños a causa de ello. Los sucesos del 11 de septiembre fueron un ataque contra nuestro modo de vida. Los atentados de Madrid, Bali, Londres, Yakarta o los ataques en Irak son la continuación de ese combate.
A pesar de esos atentados, hay democracias que se están desarrollando en el mundo y es por ello que Australia reafirma su compromiso en Afganistán e Irak. Desde el 11 de septiembre hemos estado trabajando en el desarrollo de nuestro instrumental legislativo para luchar contra el terrorismo y mejorar la seguridad de nuestras instalaciones públicas. Esto nos recuerda la amenaza que pesa sobre nosotros.
Después del 11 de septiembre, la cláusula de seguridad colectiva de la ANZUS fue utilizada por primera vez en 50 años, y Australia participa en la guerra contra Al Qaeda y los talibanes desarrollando sus medios de defensa contra el terrorismo. Desde el 11 de septiembre, nuestro concepto de terrorismo ha cambiado.

«La revolución 911»

Autor Semen Novoprudsky

 Semen Novoprudsky es redactor-jefe adjunto de Vremya Novostyey.

Fuente Vremya Novostyey (Rusia)
Referencia «Революция 9/11», por Semen Novoprudsky, Vremya Novostyey, 12 de septiembre de 2005.

Resumen Puede afirmarse que toda la humanidad entró ayer en el quinto año de la nueva era que se inició con los ataques terroristas del 11 de septiembre en los Estados Unidos. Antes y después del 11 de septiembre han ocurrido acontecimientos más terribles en la historia de la humanidad, pero esa fecha constituye una señal de reconocimiento de esa nueva era. Por primera vez en la historia de la civilización, todas las bases que estructuran la existencia social de la humanidad fueron aniquiladas instantáneamente en un acto de barbarie. Primero fue un golpe magistral contra la noción de Estado, lo cual demostró que el Estado tal como se concibe actualmente no es ya una forma eficaz de organización y de protección de la vida humana.
Después, ese atentado constituye una prueba del fin de la civilización cristiana y quizás hasta de la civilización de acuerdo con los fundamentos religiosos. La esperanza de ver surgir valores comunes a toda la humanidad han demostrado ser simples ilusiones. Incluso la vida humana no es un valor común.
La tragedia del 11 de septiembre cambió las nociones fundamentales de la guerra y la paz. El adversario está en todas partes y a la vez no está en parte alguna, la guerra nunca está ahí, pero siempre lo está. Pueden destruirse todos los «Al Qaedas», pero sus métodos podrán ser utilizados de nuevo.
Lo que se observa es una ruptura metafísica de la humanidad; la mayoría ya no decide, permanece pasiva. La única consecuencia positiva es el vínculo verdaderamente fisiológico entre las personas en los cuatro confines del planeta ante un peligro común: nunca antes había alcanzado tal envergadura.

«El combate contra el terror durará siglos»

Autor Günther Beckstein

 Günther Beckstein es ministro del Interior del Land de Baviera. Se espera que continúe en el Ministerio del Interior si los conservadores alemanes ganan las elecciones legislativas del 18 de septiembre. De filiación cristiano-social, CSU, es allegado de Edmund Stoiber. Desde 1996, es miembro del Sínodo de la Iglesia Evangélica de Baviera.

Fuente Welt an Sonntag (Alemania)
Referencia «Kampf gegen den Terror dauert noch Jahrzehnte», por Günther Beckstein, Welt an Sonntag, 11 de septiembre de 2005. Texto adaptado de una entrevista cruzada con Otto Schily.

Resumen En estos momentos estamos mejor armados. Yo había alertado sobre los peligros de un ataque de Al Qaeda una semana antes del 11 de septiembre. La dimensión de los atentados no podía preverse. Creo también que la lucha contra el terrorismo islamista va a durar siglos.
Pienso que el papel de Alemania en el terrorismo es mayor de lo que se piensa; no es casual que nuestro país haya servido de sitio de preparación y retiro para Hamas y el Hezbollah. Esto tiene que ver también con la gran cantidad de personas de Oriente a quienes les dimos el asilo que pedían. Nuestro sistema jurídico es algo que también debe tomarse en cuenta. Las dificultades enfrentadas con los extremistas islamistas son más fáciles de superar en un sistema federal que en uno donde existe una estructura centralizada de la seguridad.
Todavía no me siento satisfecho con el trabajo común realizado en Europa y con los Estados Unidos. Hace 17 años que ocupo este cargo y nunca he recibido la más mínima información sobre un sospechoso que fuese a actuar contra nosotros, aunque sabemos que a veces eso ha ocurrido. Sabemos que aunque los Estados Unidos tienen la particularidad de recibir gustosamente informaciones, no les gusta mucho transmitirlas. Si el trabajo común con los agentes federales hubiese sido eficaz, se hubiesen visto los resultados.
Necesitamos una base antiterrorista de datos. Baja Sajonia lo propuso, pero la propuesta fue rechazada por los verdes-rojos. El terrorismo islamista de esa magnitud data del año 2001 y todos nosotros estuvimos de acuerdo cuando la gran Conferencia de Erfurt sobre el terrorismo. El nuevo centro de lucha contra el terrorismo en Berlín es algo positivo, pero no existe un verdadero trabajo en común entre la policía y las fuentes de información.
El ejército debería aliviar a la policía de determinadas tareas tales como ocuparse del control de las competencias deportivas. Los sitios de alojamiento de los soldados norteamericanos fueron protegidos por la Bundeswehr en la Guerra de Irak que continúa hasta ahora, porque yo no contaba con el personal necesario para hacerlo. Es también la mejor preparada del mundo para luchar contra las armas químicas o bacteriológicas.

«El combate contra el terror durará siglos»

Autor Otto Schily

 Ex abogado del Grupo Ejército Rojo, diputado desde 1983 y ex vicepresidente del grupo parlamentario del SPD en el Bundestag (1994-1998), Otto Schily es ministro federal del Interior de Alemania.

Fuente Welt an Sonntag (Alemania)
Referencia «Kampf gegen den Terror dauert noch Jahrzehnte», por Otto Schily, Welt an Sonntag, 11 de septiembre de 2005. Texto ha sido adaptado de una entrevista cruzada con Günther Beckstein.

Resumen La profunda dimensión de la amenaza que ya existía se hizo evidente con los atentados del 11 de septiembre. La victoria contra el terror no será rápida. El combate todavía durará siglos. No debemos dar la impresión de que Alemania es un centro terrorista. La mayoría de los terroristas involucrados en el 11 de septiembre nunca estuvo aquí. Al igual que otros países, somos parte de un área de peligro por donde se desplazan los terroristas. Los autores de los atentados que han estado entre nosotros tenían visas legales, eran estudiantes. No obstante, es cierto que el derecho de asilo es a veces utilizado a costa nuestra: la cifra de aceptados pasó de 100 000 en 1989 a 30 000 este año.
La cooperación internacional es esencial para combatir el terrorismo y George W. Bush se sintió complacido por los avances logrados en ese sentido. Yo estuve de acuerdo con el Ministro francés del Interior en esa época, el Sr. Dominique de Villepin, acerca del intercambio de información. Organizamos eso multilateralmente con el tratado de Prüm.
Las leyes antiterroristas nos permiten contar con nuevos medios de acción, pero infelizmente no nos hemos puesto de acuerdo sobre el hecho de transferir a la policía federal las acciones preventivas en materia de terrorismo. Sería peligroso involucrar al ejército en la lucha contra el terrorismo interno. Daríamos la impresión de estar ya en una guerra civil y con eso el terrorismo habría ganado entonces la mitad de la guerra. Además, el ejército no está calificado para esta misión, por lo cual deberíamos aumentar preferiblemente los efectivos de la policía. La Bundeswehr (el ejército federal) puede actuar en casos de catástrofe; no importa si se trata de catástrofes naturales o resultados de actos terroristas.

«Terrorismo: la amenaza urbana»

Autor Pierre Lellouche

 Pierre Lellouche es diputado UMP de París, miembro de la comisión de Relaciones Exteriores de la Asamblea Nacional y presidente de la Asamblea Parlamentaria de la OTAN.

Fuente Le Figaro (Francia)
Referencia «Terrorismo: la amenaza urbana», por Pierre Lellouche, Le Figaro, 10 de septiembre de 2005.

Resumen Triste aniversario el del 11 de septiembre de 2001. A las imágenes sin equivalente en la Historia se añaden en nuestras memorias las de Madrid o Londres. Además, el tsunami en Asia y el huracán Katrina nos recuerdan la extraordinaria fragilidad de los conglomerados urbanos modernos. Actos de Dios o de locos de Dios, ese tipo de catástrofe, a escala muy amplia, ya no pueden permanecer fuera del debate público. En efecto, la protección de bienes y personas es el quid de la legitimidad del poder público, y en una sociedad democrática los ciudadanos tienen derecho a saber lo que hacen las autoridades para protegerlos.
En la actualidad, vivimos en la era del terrorismo de masas, cuarta guerra mundial que no dice su nombre. Basta con escuchar las declaraciones de los dirigentes de Al Qaeda para convencerse de ello. Sólo es cuestión de tiempo antes de que seamos el nuevo blanco. Felizmente, Francia es uno de los países que, a nivel de sus servicios, hace más en materia de prevención del terrorismo, en términos de inteligencia, de desmantelamiento de células, de lucha contra el islamismo radical, de los predicadores extremistas y de otros apóstoles del odio. Es necesario continuar ese esfuerzo y apoyar el proyecto de ley de Nicolas Sarkozy para fortalecer nuestros medios de acción. Si bien se llevan a cabo acciones a esfera nacional, la acción a nivel local es insuficiente. ¿Qué medidas ha tomado el Alcalde de París? Fuera de colocar el retrato de los rehenes en la fachada de la Alcaldía o dedicar una Noche Blanca a las víctimas del terrorismo, la acción de la municipalidad, simplemente, es inexistente. Me aterran las posibles consecuencias de un atentado en el corazón de París; con más razón, si se cometiera utilizando armas de destrucción masiva, nucleares, radiológicas, bacteriológicas o químicas.
En los últimos días discutí con el Jefe de la Policía de Nueva York sobre las medidas que había tomado en su ciudad después del 11 de septiembre. Participé en una reunión con mi amigoSam Nunn quien preside una ONG internacional original, Nuclear Threat Initiative, que trata de alternarse con el G8 en los esfuerzos para impedir a los terroristas que adquieran armas nucleares.
La próxima campaña municipal en París, incluidas las elecciones primarias internas en el seno de la UMP, debe permitir abrir el debate ante los parisinos sobre este tema que considero de extrema dificultad y sensibilidad para la opinión pública. Pero es inconcebible que el Alcalde de París permanezca al margen de esa problemática.

«Guerra plagada de errores que requiere un nuevo examen»

Autor Harlan Ullman

 Harlan Ullman trabaja en la Center for Naval Analyses Corporation, un grupo asesor sobre cuestiones militares y de seguridad del cual es cliente el US Navy. Es miembro del Center for Strategic and International Studies. Asimismo, es presidente del Killowen Group, una empresa con sede en Washington. Ullman es el principal teórico de la estrategia del Shock and Awe.

Fuente The Australian (Australia)
Referencia «A war full of errors calls for a rethink», por Harlan Ullman, The Australian, 12 de septiembre de 2005.

Resumen Una gran parte del mundo se pregunta cómo los Estados Unidos y la administración Bush pudieron manejar tan mal la situación en Irak. Esas mismas personas están perplejas ante la falta de discusión en torno al fundamento de la guerra: la creencia de que la democratización de Irak convertiría la zona en una región más pacífica y más estable. Es importante estudiar con atención los errores de esa estrategia para comprender las fortalezas y debilidades de Estados Unidos como dirigente mundial. Australia está muy interesada en plantearse esa interrogante.
El sistema político estadounidense es un factor de división de la sociedad y para trascender esa división es necesario un enemigo común. Eso forma parte de una cultura que surgió hace siglos. Cuando las torres gemelas se derrumbaron, hace cuatro años, Estados Unidos tenía necesidad de un enemigo y el ataque se comparó inmediatamente con Pearl Harbor. La respuesta automática fue declarar formalmente la guerra a los autores del atentado pero no hubo técnicamente ninguna verdadera declaración de guerra. Sencillamente, el Congreso permaneció pasivo después ante las acciones del Ejecutivo.
Desde el punto de vista ideológico, no hay nada nuevo. En Vietnam, el objetivo era ya la defensa de la libertad a toda costa. En Irak, prevalece la ideología neoconservadora de promoción de la democracia: si el país se convierte en una democracia, qué importa que existan o no vínculos con Al Qaeda o armas de destrucción masiva. Esa combinación de ideología, de error y la incapacidad de reconocer sus errores condujo a la administración Bush a desestabilizar a todo el «Gran Medio Oriente». No se puede aplicar el modelo democrático estadounidense a un Irak dividido entre comunidades étnico-religiosas. En los Estados Unidos, la ideología prevalece sobre la razón; esperemos que Washington cambie de punto de vista.

«La política exterior norteamericana posterior al 11 de septiembre se encuentra en un callejón sin salida»

Autor Marwan Al Kabalan
El Dr. Marwan Al Kabalan es profesor de Estudios Mediáticos y de Relaciones Internacionales en la facultad de Comunicación y de Ciencias Políticas de la Universidad de Damasco.

Fuente Gulf News (Emiratos Árabes Unidos)
Referencia «Post-9/11 US foreign policy is in doldrums», por Marwan Al Kabalan, Gulf News, 9 de septiembre de 2005.

Resumen Ya es hora, cuatro años después del 11 de septiembre, de observar la política desarrollada por George W. Bush y reflexionar para saber si, en efecto, ha permitido a los Estados Unidos gozar de mayor seguridad.
La revolución de Bush en política exterior adquirió forma en la Estrategia de Seguridad Nacional de 2002, respuesta oficial a los atentados del 11 de septiembre. En su quinto párrafo, el texto prevé acciones unilaterales de los Estados Unidos contra los presuntos enemigos a partir de sus intenciones. Ese es el quid de la doctrina de los ataques preventivos. Esas guerras preventivas se han llevado a cabo contra Afganistán e Irak, aunque en el caso de Afganistán, la acción militar pueda interpretarse como una respuesta al 11 de septiembre. Además de los Estados, la doctrina de los ataques preventivos prevé emprenderla igualmente con los actores no estatales.
El fundamento de la prevención en los informes internacionales es que los actores hacen cálculos coste-beneficio antes de atacar a un adversario. En cambio, el adversario no ataca primero si piensa que su acción implicará para él daños en demasía. Con la doctrina de los ataques preventivos ese cálculo no procede ya que los adversarios de los Estados Unidos saben que pueden ser atacados en cualquier momento. Por consiguiente, esa doctrina expone mucho más a los Estados Unidos que en el pasado. Muy pronto, los Estados Unidos se darán cuenta de ello y deberán favorecer el «soft power».

«Del 11 de septiembre al Katrina»

Autor Craig Roberts Stapleton

 Ex embajador estadounidense en la República Checa (2001-2004), Craig Roberts Stapleton es embajador de los Estados Unidos en Francia. Roberts fue copropietario con George W. Bush del equipo de béisbol Texas Rangers y participó en la financiación de la campaña de este último.

Fuente Le Monde (Francia)
Referencia «Del 11 de Septiembre al Katrina», por Craig Roberts Stapleton, Le Monde, 11 de septiembre de 2005.

Resumen Las horribles imágenes del 11 de septiembre de 2001 están grabadas en las memorias del mundo entero y en este tiempo de conmemoraciones, los Estados Unidos recuerdan la fraternidad que une a Francia y a Estados Unidos en esta ocasión, caracterizada por el inolvidable titular de Le Monde: «Todos somos estadounidenses». De nuevo, tras el paso del huracán Katrina, los estadounidenses tienen a su lado a los franceses. Al igual que en septiembre de 2001, los franceses reaccionaron con prontitud y ofrecieron su ayuda, demostrándonos así, a nosotros, estadounidenses, que siempre podemos contar con nuestros amigos franceses en los momentos más desesperados. El Departamento de Estado y el Ministerio de Relaciones Exteriores de Francia trabajan de consuno y afluyen las donaciones privadas y de empresas.
Mientras que en todo el mundo se conmemora el aniversario de la tragedia del 11 de septiembre, también estarán presentes en nuestros pensamientos y oraciones todas las víctimas de atentados terroristas. Si las naciones pueden unirse durante las catástrofes naturales, también podemos unirnos para luchar contra el terrorismo. La lucha contra el terrorismo es una prioridad absoluta y muy rápidamente, tras el 11 de septiembre, Francia participó junto a los Estados Unidos en la misión militar en Afganistán contra los responsables de los atentados. Nuestros gobiernos continúan trabajando codo con codo para garantizar la seguridad de nuestros conciudadanos.

«Seguimos divididos (por el 11 de septiembre)»

Autor Carie Lemack

 Carie Lemack es cofundadora de Families of Sept. 11 e hija de Judy Larocque, pasajera del vuelo 11 de American Airlines.

Fuente The Boston Globe (Estados Unidos)
Referencia «Divided (by 9/11) we stand», por Carie Lemack, Boston Globe, 9 de septiembre de 2005.

Resumen Nunca acepté la muerte de mi madre, asesinada hace cuatro años, durante los acontecimientos del 11 de septiembre. Desde el día de su muerte y la de 3 000 personas, el 11 de septiembre ha ocupado el centro de nuestro diálogo nacional. Cuando se habla del 11 de septiembre suele hablarse de heroísmo, bravura, patriotismo, pero, más recientemente, los temas han sido la división, la pertenencia partidaria y la explotación. Justo después del 11 de septiembre, el momento era de unidad, pero poco a poco, ese hecho ha tomado una orientación política. Karl Rove atacó a los liberales acusándolos de ser demasiado conciliadores con los terroristas del 11 de septiembre y Cynthia McKinney realizó una campaña ante las pantallas con Fahrenheit 9/11.
Ese 11 de septiembre, que antes nos unía, nos está dividiendo. A pesar de que necesitamos estar unidos para enfrentar al formidable enemigo que asesinó a mi madre, luchamos entre nosotros. Imagínense lo que pudiéramos hacer si estuviéramos todos unidos. La semana próxima, los miembros de la Comisión Investigadora sobre los sucesos del 11 de septiembre se reunirán para analizar la acción de la administración Bush. Esos análisis no deben convertirse en un pretexto de lucha política. Hay que sacar las lecciones del 11 de septiembre y trabajar juntos. Todos somos estadounidenses, y eso es lo más importante.

«La doctrina de las buenas intenciones»

Autor Noam Chomsky

 Pensador, escritor y activista estadounidense. Profesor de Lingüística en la Universidad de Massachussets. Fundador de la Gramática Generativa Transformacional, que es un sistema original para abordar el análisis lingüístico y que ha revolucionado la lingüística. Autor de La segunda guerra fría (1984), La quinta libertad (1988), El miedo a la democracia (1992), El Nuevo orden mundial (y el viejo) (1996),

Fuentes El Periodico (España), Khaleej Times (Emiratos Árabes)
Referencia «Doctrine of good intentions», por Noam Chomsky, Khaleej Times, 3 de septiembre de 2005.
«Malas intenciones desde el 11-S», El Periódico, 11 de septiembre de 2005.

Resumen Cuando se analizan los problemas humanos es conveniente comprender el funcionamiento de los sistemas doctrinarios. Para facilitar el marketing político estos sistemas están en la obligación de presentar a sus enemigos como malvados por naturaleza. Este fue el tratamiento que recibió Sadam Husein, blanco sin defensa, al que se presentó como una amenaza para nuestra supervivencia, responsable de los atentados del 11 de septiembre y listo para volver a atacar. Sin embargo, durante la presidencia de Ronald Reagan, todo le era perdonado.
Además de esta caracterización del adversario, hay que rodear siempre las acciones emprendidas de cierto halo de nobleza. Jamás se ataca, uno sólo se defiende. Durante la Segunda Guerra mundial, los nazis o los movimientos imperialistas japoneses decían lo mismo. Siempre se afirma que ante la agresión del enemigo se actúa para defenderse pero también por altruismo, por el bien de los demás y por ello la nación es excepcional. Ya en el siglo XIX el colonialismo británico se ataviaba con este matiz idealista.
Sin embargo, amparado en esta retórica, Estados Unidos ha establecido varias dictaduras y seríamos muy desmemoriados si pensáramos que piensa instaurar democracias en Irak y Afganistán. Al igual que las potencias imperialistas del pasado, Estados Unidos asegura sus intereses económicos y estratégicos en nombre de los grandes valores.

«¡Los terroristas!»

Autor Aouda Boutros Aouda

 Aouda Boutros Aouda, diputado, periodista y escritor jordano, publica sus artículos en diversos diarios árabes como Al-vefagh y Asharqalarabi.

Fuente Alarabonline.org
Referencia «الارهابيون!», por Aouda Boutros Aouda, alarabonline.org, 11 de septiembre de 2005.

Resumen Los responsables y dirigentes de un mundo árabe dividido luchan por ser útiles a los intereses de Estados Unidos y obtener la bendición del gobierno de Bush. En este marco, y para confirmar su absoluta sumisión a este último, desde el 11 de septiembre estas personas no han dejado de apoyar las acusaciones estadounidenses que asocian el terrorismo con el Islam. Mientras nuestros dirigentes árabes han optado por una estrategia de hipocresía para quien los protege de la ira de sus pueblos, una voz ajena al mundo árabe se alzó desde el Lejano Oriente para defender al Islam y a los musulmanes, la de Mahatir Mohamed, ex primer ministro de Malasia.
Mahatir, quien asoció el terrorismo con los estadounidenses y los británicos dirigidos por George W. Bush y su aliado Tony Blair, se atrevió a declarar ante un grupo de embajadores y activistas de los derechos humanos que los pretextos que sustentaron la invasión de Irak eran falsos.
Mahatir, conocido por los dirigentes estadounidenses y británicos desde la época de Reagan y Bush padre, se hizo una pregunta al mismo tiempo que pedía irónicamente al embajador británico que definiera a los verdaderos terroristas. ¿Son los que sufren abajo los ataques aéreos o los que los atacan? Mahatir Mohamed respondió que los verdaderos terroristas son los estadounidenses y los británicos.
El embajador británico no soportó esta acusación y prefirió abandonar la conferencia seguido por otros embajadores. Por otra parte, los dirigentes estadounidenses se negaron a asistir a esta conferencia organizada para abordar el tema de los derechos humanos. Tienen razón, ¿cómo asistir cuando junto a británicos e israelíes constituyen la fuente del terrorismo internacional y de las violaciones de los derechos humanos? En lo que respecta a nuestros responsables árabes, estos prefieren organizar conferencias más «seguras» e invitar solamente a aquellos que halagan a los dirigentes del gobierno de Bush y de sus aliados, así como a los que consideran a los resistentes iraquíes, que luchan por su independencia, como a terroristas que no tienen nada que ver con el Islam.
En el mundo árabe muchos comparten la opinión de Mahatir, pero las condiciones son diferentes ya que si bien la situación en Malasia favorece los ataques contra Estados Unidos y sus aliados al achacarles la responsabilidad del terrorismo internacional sin temer las acciones judiciales, en los países árabes no se cuenta con las mismas condiciones. El ciudadano árabe se ve obligado a abrazar la ideología de aquel que lo gobierna pues de otro modo la ley se encarga de callar su voz.

«¿Quién perpetró en realidad los atentados con bomba en París?»

Autor Naima Bouteldja

 Naima Bouteldja es periodista francesa e investigadora del Transnational Institute.

Fuentes The Guardian (Reino Unido), Taipei Times (Taiwán)
Referencia «Who really bombed Paris?» por Naima Bouteldja, The Guardian, 8 de septiembre de 2005.
«Who was the real culprit in the bombing of Paris?, Taipei Times, 13 de septiembre de 2005.

Resumen Luego de los atentados de París de 1995 se ha afirmado con frecuencia que Francia fue el primer país occidental afectado por los atentados terroristas islamistas. Los políticos y expertos no dejaron entonces de alertar a Gran Bretaña para que no acogiera a islamistas y predicadores radicales. Luego de los atentados de Londres, los comentaristas se apresuraron en recomendar que Gran Bretaña adoptara el modelo francés de tolerancia cero y de integración en nombre de los valores republicanos. El modelo habría protegido a Francia de los atentados y Tony Blair anunció que las reglas del juego habían cambiado en el Reino Unido.
Pero, ¿cuál sería nuestra opinión del modelo francés si diez años después de los atentados nos enteráramos de que los atentados de París fueron perpetrados por los servicios de inteligencia argelinos? En 1991, el ejército argelino organizó un golpe de Estado en Argelia aprovechándose del miedo al islamismo en Occidente. Pero para conservar el poder era preciso desacreditar a la oposición islámica. Los servicios secretos argelinos (DRS), que se habían infiltrado desde hacía tiempo en los medios islamistas argelinos, colocaron a la cabeza del Grupo Islámico Armado (GIA) a uno de sus hombres, Jamel Zitouni, y cada vez que el régimen militar vacilaba, se reiniciaban los atentados.
Para evitar que París retirara su apoyo a los generales argelinos, estos últimos utilizaron a sus agentes en Francia como agentes provocadores que perpetraron los atentados. Al mismo tiempo, la GIA asesinaba a los dirigentes del Frente Islámico de Salvación (FIS). Como consecuencia de los atentados, Francia retiró su apoyo a los acuerdos de Roma que contemplaban la reconciliación en Argelia y el proceso de democratización. El cerebro de los atentados fue identificado como Alí Touchent, pero este no fue molestado. Francia prefirió mantener la versión de que los atentados habían sido obra de los islamistas a causa de sus vínculos económicos con Argelia, los que se acompañaban de una retrocomisión que alimentaba las arcas de los principales partidos políticos franceses.
Esta historia nos recuerda que es preciso desconfiar del calificativo «islamista» aplicado a los autores de los atentados.

 



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