Cuando la Sala VIP, llamada irónicamente Tercera Sala Anticorrupción, e integrada por las vocales Aracelli Baca, Susana Castañeda Otsu y Rosa Catacora, declara mediante una resolución prescritos los delitos de que se acusa a San Dionisio Romero Seminario, el banquero de los banqueros, no sólo le hace un clarísimo favor a ese palurdo comprador de conciencias, sino que mete al Perú ante el inminente riesgo de perder un juicio a nivel internacional en el caso de Andrónico Luksic. ¡No sólo eso! Perú tendrá que pagar decenas, cientos o miles de millones de dólares si triunfa esa reclamación ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos.

En efecto, si cuando estas vocales a las que hay investigar en su balance patrimonial por si las moscas, otorgan la simpática prescripción a San Dionisio por el hecho del tiempo transcurrido y por haberse reunido varias veces con el delincuente Vladimiro Montesinos en 1999, dan cuenta de su probidad jurídica y honran la fama que tiene de VIP aquella Sala de la Corte Suprema. Pero, hay que subrayarlo, sientan un funesto y abyecto precedente que se postula que a igual delito, igual pena.

Hay que decirlo claramente: el 95% de los que se veían con Montesinos no lo hacían para leer la Biblia o discutir sobre la justicia social. ¡De ninguna manera! ¡Estaban complotando con propósitos absolutamente delincuenciales! Andrónico Luksic, el poderoso empresario chileno gestionaba favores para Lucchetti. El puede decir cualquier cosa y esa es su versión, otro cantar es que alguien pueda creer que frente a la chance de ahorrar esfuerzos y caminar por las rutas del facilismo ladrón, Luksic hubiera desaprovechado la oportunidad.

No es un tema de nacionalidad. Luksic podría haber sido argentino, tico, haitiano o de cualquier otro país. Pero dio la casualidad que el susodicho es chileno y sus fechorías datan de 1998. Por tanto, su defensa a cargo de un ex presidente de la Corte Interamericana de Derechos Humanos, Claudio Grossman, hombre de vastísima experiencia y compatriota de Luksic, tiene ante sí un hecho irrefutable: ¡si San Dionisio es perdonado porque han pasado 6 años, Luksic por 7, merece igual trato! De lo contrario su virtual demanda ante la CIDH por discriminación por nacionalidad y la obligación reparatoria que aquella genere, será un baldón vergonzoso e irrecusable de la actual administración Toledo que ha permitido esta clase de pseudo-justicia.

¿Por causa de qué el pueblo peruano, víctima final de todos los desarreglos desafortunados que hacen sus gobiernos, tiene que pagar indemnizaciones injustas, oprobiosas y absolutamente torpes? Los fallos de la CIDH son vinculantes, es decir, se puede protestar cuanto se quiera pero hay que PAGAR. Ante la historia, este craso yerro del toledismo puede significar su aniquilamiento político total.

Llama poderosamente la atención que un tema de tan graves consecuencias ni siquiera haya sido comentado por algún líder político. En los clubes electorales prima el canibalismo de lograr un mejor puesto en las listas al Congreso. Las dentelladas, inversiones pecuniarias, puñetes y dicterios, tienen un lugar privilegiado en la discusión “ideológica” de estos mentecatos y cretinos. En cambio, la estupidez manifiesta en que ha incurrido una sala de la Corte Suprema, pasa inadvertida como si todo estuviera normal. Claro que lo normal en Perú es el sobresalto, el vomitivo anuncio oficial de supuestos logros cuando la realidad dicta que vamos de tumbo en tumbo, de humillación en humillación, de cloaca en cloaca.

¡Qué contento debe estar Andrónico Luksic! ¿Será casualidad que los empresarios han dejado muy atrás ese empuje y elan que alguna vez tuvieron para ser ahora los grandes ingenieros de mil y un delitos porque saben que siempre tendrán gángsteres a su lado para sacarles las castañas del fuego? Peor, mucho peor, aún es constatar que la estupidez es universal y que contagia rápidamente por donde pasa.

¡Atentos a la historia; las tribunas aplauden lo que suena bien!

¡Ataquemos al poder; el gobierno lo tiene cualquiera!

¡Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz!