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Tribunas y análisis - 23 de noviembre de 2005
Asesinato de Hariri: ya no hay necesidad de pruebas contra Siria

Análisis

Tras el atentado que costó la vida al ex primer ministro libanés Rafic Hariri y a otras 22 personas, vimos con qué rapidez los editorialistas y «expertos» atlantistas acusaron a Siria . Dichos analistas prescindían de las pruebas para lanzar sus acusaciones contra Damasco, por lo tanto aceptan hoy, sin la más mínima crítica, el informe Melhis que confirma sus presupuestos iniciales. Así, la prensa occidental presenta el expediente abierto por el juez alemán como la prueba irrefutable de la culpabilidad siria en el atentado y deduce que todos los atentados sufridos desde entonces por el Líbano formarían parte de un complot sirio para desestabilizar el país.

Al día siguiente del atentado contra Rafic Hariri, el editorialista de Le Figaro, Alexandre Adler, indicaba como culpable al ala dura del régimen sirio (que pretendía asociada a Al Qaeda en Irak) y veía en el crimen una prueba de fuerza de los adversarios de las reformas en Siria contra los allegados de Bachar El Assad. Tras la publicación del informe Mehlis, reitera su análisis sobre la situación en Damasco. Según Adler, hoy los reformistas sirios, viendo a su país cada vez más aislado, utilizan el informe Mehlis contra sus adversarios conservadores mientras que estos últimos se verían tentados a organizar un golpe de Estado en Damasco, por lo que pronostica un próximo estallido interno en Siria.
En un editorial que comprometía a toda la redacción del Washington Post, el diario norteamericano va aún más lejos al afirmar que no hay divisiones reales en el seno del aparato de Estado sirio y que Bachar El Assad es directamente responsable del asesinato de Rafic Hariri. El diario retoma los viejos argumentos contra Irak, afirmando que desde la caída de Sadam Husein ningún otro régimen apoya tanto el terrorismo como Siria. Poco importa a la redacción del Washington Post que el vínculo entre Irak y los atentados terroristas imputados a Al Qaeda hayan sido desmentidos desde hace largo tiempo, y retoma en dicho editorial el postulado de este vínculo para utilizarlo contra Damasco. El diario exige sanciones y retoma en su título una referencia al Syria Accountability Act, que autoriza a George W. Bush a atacar a Siria.

Sin embargo, no todos los análisis se basan totalmente en el informe Mehlis para exigir sanciones contra Siria.
Dudando tal vez de la capacidad de persuasión del documento, el editorialista y experto del gabinete de relaciones públicas Benador Associates Amir Taheri, se entrega en el Gulf News a una argumentación que evita el obstáculo de la verosimilitud o inverosimilitud de la responsabilidad siria. No se pronuncia explícitamente sobre el involucramiento de Damasco en este asesinato, pero afirma que Siria es responsable de un clima político regional que ha hecho este asesinato no sólo posible sino inevitable. Afirma que mientras Siria no haya cambiado de régimen, no se respirará un mejor clima en la región y que se perpetuarán los crímenes políticos. ¿Qué importa entonces el informe Mehlis o la muerte de Rafic Hariri? Es el derrocamiento de Bachar El Assad lo que importa.
El ex disidente soviético y ex ministro de Ariel Sharon, Natan Sharansky, no está lejos de compartir este punto de vista en el Jerusalem Post, donde apoya el derrocamiento del régimen sirio sin que esto tenga un verdadero vínculo con el asesinato de Rafic Hariri, hecho al que apenas hace alusión. Considera que Israel debe asociarse a la política de «democratización» del Medio Oriente proclamada por Washington (y de la que es uno de los inspiradores ideológicos oficiales) y apoyar a Washington en todo lo referente a Siria. Esta tribuna parece tener ante todo un objetivo de promoción de Sharansky, quien es un recurso posible para Washington como mandatario de Israel frente al a veces indócil Ariel Sharon. Insistiendo en una aparente insubordinación a una política supuestamente por él inspirada a Estados Unidos, se presenta como aquel que, al frente de Israel, podría mantener relaciones totalmente harmoniosas con el hermano mayor norteamericano.

Ahora bien, una vez derrocado el régimen de Bashar El Assad, ¿cuál colocar en su lugar? El ex analista de la CIA, Reuel Marc Gerecht, se pronuncia en Die Welt por una alianza con los Hermanos Musulmanes en el Medio Oriente. El autor no cita explícitamente a ningún país, pero cuesta trabajo no pensar en Siria y Egipto. El experto del Proyecto para un Nuevo Siglo Americano promueve esta organización como un medio para derrocar el «binladinismo» en el mundo árabe.

Frente a esta tentativa de persuasión de la opinión pública internacional, o al menos occidental, de la necesidad de sanciones contra Siria, algunas voces se hacen oír para cuestionar el contenido del informe Mehlis y subrayan las incoherencias del expediente.
La analista Linda S. Heard trata de realizar una lectura crítica del informe Melhis en el Gulf News. Es de la opinión de que existen puntos que van contra el discurso o las reclamaciones de los británicos y de los Estados Unidos que parecen abogar a favor de la independencia del informe. Sin embargo, considera que las incoherencias son más que los puntos positivos. Así, el informe afirma que Siria conocía siempre la localización exacta de Rafic Hariri, lo que hace preguntarse a la autora sobre la necesidad de una bomba para darle muerte y no de un sniper, táctica mucho más discreta y que deja menos trazas. No obstante, el principal argumento de la autora está relacionado con el hecho mismo de la realización de una investigación internacional. Si se lleva a cabo una investigación de la ONU es porque ello conviene a las potencias occidentales, de ahí que no podemos esperar otras conclusiones que no sean las que permitirán a Washington alcanzar sus objetivos estratégicos.

Señalemos además que como lo ha destacado Nafeez Mosaddeq Ahmed en el sitio Iraqwar.Ru, el procurador Detlev Mehlis desempeñó ya un papel en el pasado en la operación de una operación militar norteamericana. Había investigado el atentado cometido contra una discoteca frecuentada por soldados norteamericanos en Alemania en 1986. Sus dudosas conclusiones permitieron a Washington incriminar a Libia y bombardear Trípoli.

Otros periodistas se interesan por su parte en la credibilidad de los testigos interrogados por la comisión Mehlis.
El corresponsal del Guardian en Bagdad, Ghaith Abdul-Ahad, denuncia en Der Spiegel la falta de confiabilidad del principal testigo de la Comisión Mehlis: Suheir al-Sadik. Para el autor, se trata de un estafador pagado por Rifaat El Assad, tío y opositor de Bachar El Assad para intoxicar a la comisión. Basarse en su testimonio y tomarlo como válido haría perder toda credibilidad ala investigación.
El ex periodista de Newsweek, Robert Parry, también considera en su sitio Consortium News que este testigo es un charlatán a sueldo de los adversarios de Siria. Añade que es extraño que la Comisión Mehlis no cuestione más el recorrido de la camioneta en que haría sido puesta la bomba y que fue identificada como un vehículo robado en Japón. ¿Por qué no se interrogan más los investigadores sobre las contradicciones entre los testimonios que acusan a Siria?

En cuanto a los editorialistas árabes ya ni siquiera comentan la confiabilidad del informe. Lo consideran un documento por encargo que tiende a justificar sanciones o una agresión contra Siria.
Para el escritor egipcio Abdellah Assanaoui, en Arabrenewal, el informe Mehlis no es más que un prólogo, previsto desde hace mucho tiempo, para una condena a Siria y sanciones que tienen por objetivo un cambio de régimen. Todo ha sido pensado en función de eso, desde la selección de los testigos hasta las filtraciones a la prensa. El redactor jefe de Alquds al-Arabi , Abdel Bari Atouan, no da crédito al informe, pero lo encuentra instructivo en tres puntos. Al no citarse en el informe al difunto ministro del Interior sirio Ghazi Kanan, puede deducirse que su suicidio no está vinculado a la emisión del documento. El editorialista cree saber que el ministro fue asesinado, pues preparaba una colaboración con los Estados Unidos. El segundo punto es que las comunicaciones de los dirigentes árabes son todas grabadas y escuchadas. El tercero es el interés estratégico en incriminar a los palestinos con vistas a operaciones futuras. Como quiera que sea, considera que Siria no tiene nada que ganar sometiéndose, pues haga lo que haga no cambiará en nada la situación.

Esta ofensiva anunciada contra Damasco preocupa a la izquierda norteamericana. En ZMag, los historiadores del movimiento social norteamericano, Jeremy Brecher y Brendan Smith, se muestran preocupados por el camino emprendido por su país con respecto a Siria. Según ellos, la administración Bush quiere atacar a Siria o a Irán para hacer olvidar los problemas en Irak y recomiendan a los ciudadanos del mundo hacer todo lo posible para impedir una nueva violación del derecho internacional y los principios constitucionales norteamericanos.

Red Voltaire




23 de noviembre de 2005

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«La ecuación siria»

Autor Alexandre Adler

 Ancien collaborateur du Monde, de Libération, du Point et de L’Express et ancien directeur éditorial de Courrier international, Alexandre Adler est chroniqueur au Figaro et à Proche-Orient.Info. Connu pour ses positions atlantistes et pro-israéliennes, il avait qualifié de « traîtres juifs », des personnalités juives s’opposant à la politique d’Ariel Sharon. Il est l’auteur de J’ai vu finir le monde ancien.

Fuente Le Figaro (Francia)
Referencia «L’équation syrienne», por Alexandre Adler, Le Figaro, 27 de octubre de 2005.

Resumen Después de Irak, Siria. Nadie imaginaba que la sólida dictadura de Hafez El Assad daría pruebas de una brutalidad e impotencia tales. Contrariamente a su sucesor, el fundador del régimen sirio sabía mezclar una brutalidad poco común con una cobertura diplomática irrefutable.
Sin embargo, hoy, a la lista de los adversarios tradicionales de Damasco –Israel y la Autoridad Palestina– se suma un conjunto de nuevos adversarios: Turquía, muy vinculada al ex primer ministro libanés, Arabia Saudita por las mismas razones, Irak, donde los chiítas combaten la insurrección apoyada por Damasco y Jordania, que combate a su vez a los yihadistas iraquíes y a los extremistas palestinos que se pasean por las calles de Damasco. Durante un tiempo, pudo esperar sacar partido de la victoria de Ahmadineyad en Irán, pero Teherán quiere acabar con los yihadistas iraquíes, lo que permitiría un dominio chiíta en el país. Washington, París, Riad y Moscú habían apostado por una estabilización del Líbano con el consentimiento sirio, pero hoy se sienten engañados por Damasco y no acudirán en ayuda de un régimen acorralado. Moscú había reiniciado las entregas de armas a Siria hace algunos meses pero Damasco no es su aliado priorizado. Para Rusia, es necesario ante todo aliarse a Egipto e Irán en la región sin dejar de mantener buenas relaciones con Israel y Estados Unidos.
Sin embargo, lo que más amenaza al actual régimen sirio es el partido tecnocrático y reformista que se ha instalado poco a poco en Damasco bajo la lamentable e ineficaz protección de Bachar Assad. Este partido apoyaba principalmente la total normalización de las relaciones diplomáticas, por consiguiente la retirada del Líbano, el cierre de las bases de la yihad iraquí y el abandono progresivo de Hamas en Palestina. El círculo allegado a Bachar Assad espera aún poder abrir el país y reconciliarse con Estados Unidos y Francia, bajo el padrinazgo protector de la Rusia de Putin y de Rafsanyani en Irán. No estamos lejos de un enfrentamiento entre las facciones sirias, y los partidarios de la línea dura podrían muy bien intentar un golpe de Estado contra los reformistas.

«Poner a Siria como responsable»

Autor Rédaction du Washington Post

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia «Accountability for Syria», por la Rédaction du Washington Post, Washington Post, 22 de octubre de 2005

Resumen La administración Bush tuvo razón al reaccionar rápidamente al informe de la ONU que vincula a Siria al asesinato de Rafic Hariri. Estados Unidos y Francia trabajarían hoy en la redacción de dos resoluciones que piden cuentas al gobierno de Bachar El Assad. Washington tiene muchas razones para presionar al gobierno de Damasco, teniendo en cuenta su apoyo a los terroristas extranjeros y a la insurrección sunita en Irak, pero el propio informe Mehlis requiere una reacción urgente.
Hay que obligar a Siria a cooperar y que los crímenes ordenados por los Estados sean castigados en el Medio Oriente. Desde la caída de Sadam Husein, el único régimen que apoya el terrorismo es el de Assad. Hay quienes afirman que es víctima de los partidarios de la línea dura en Siria, pero el informe Mehlis afirma lo contrario. Contra Siria debe aplicarse lo mismo a lo que condenamos a Libia en 1988.

«Castigar a Siria puede tener un efecto boomerang»

Autor Amir Taheri

 Amir Taheri es un periodista iraní redactor del diario francés Politique Internationale. Experto del bufete Benador Associates de Nueva York. Recientemente escribió, junto a Patrick Wajsman, Irak: Le Dessous des Cartes.

Fuente Gulf News (Emiratos Árabes Unidos)
Referencia «Punishing Syria will boomerang», por Amir Taheri, Gulf News, 26 de octubre de 2005.

Resumen Mientras que el Consejo de Seguridad debate el informe Mehlis, es conveniente pensar en el posible escenario mejor y en el peor. En el mejor de los casos, el Consejo de Seguridad solicitará la colaboración de Siria, que ésta aceptará, autorizando a los inspectores a interrogar a los sospechosos. En el peor de los casos, Siria será condenada por el Consejo de Seguridad, después Damasco se enfrentará a esta organización y recibirá su castigo. Ninguno de estos escenarios es bueno.
Debemos recordar que el asesinato de Hariri es el resultado inevitable de un modelo político creado por Siria, que hace que el asesinato sea una práctica habitual. Siria ha concebido un sistema basado en la violencia y en la represión. Mientras el sistema exista, persistirán los delitos y la violencia, sea o no Siria responsable del asesinato de Hariri. No obstante, paradójicamente, el régimen de Damasco, si «coopera», podría ganar tiempo. Mientras tanto, los dirigentes libaneses pro sirios proseguirán su labor en el Líbano; Siria seguiría apoyando al Hezbollah y a los terroristas de Irak, y los opositores permanecerían en la cárcel. Si Siria coopera, tendrán que pasar años para poner fin a todo eso. Asimismo, si se decide aplicar sanciones, ello no pondrá fin al régimen, que no cambiará su actitud.
La única salida posible sería un cambio de gobierno.

«Silencio en torno a Siria»

Autor Natan Sharansky

 Ex disidente soviético, Natan Sharansky es presidente y fundador del partido Yisrael B’Alyia Anglos que se ha unido al Likud. Ex ministro de la Diáspora y de Jerusalén del gobierno de Ariel Sharon, renunció para señalar su oposición al plan de retirada de Gaza.

Fuente Jerusalem Post (Israel)
Referencia «Silence on Syria», por Natan Sharansky, Jerusalem Post, 27 de octubre de 2005.

Resumen El vínculo entre los Estados Unidos e Israel se basa en intereses comunes y también en valores compartidos por ambos. Considerando esos fuertes vínculos, en ocasiones podemos discrepar. No obstante, hay un punto en el cual nuestro desacuerdo es problemático. El eje central de la política del gobierno de Bush en la región es la democratización. Es la única posibilidad de paz en la región. Pero los líderes políticos de Jerusalén rechazan este enfoque, lo cual agudiza la oposición del departamento de Estado a la política de George W. Bush y le permite resistir mejor a los intentos de reforma de Condoleezza Rice.
La política de George W. Bush, sin embargo, ha permitido la democratización del Líbano y el desarrollo de movimientos democráticos en Egipto o Kuwait. Actualmente, Estados Unidos acusan a Siria. Damasco es el principal baluarte del terrorismo en la región y el informe Mehlis demuestra su implicación en el asesinato de Rafic Hariri. Esto brinda una gran oportunidad para cambiar el régimen en el país. Infelizmente, Israel no contribuye a ello porque prefiere una dictadura suave a una democracia. El régimen de Assad está podrido por dentro; hay que darle el tiro de gracia y dejar de buscar hombres fuertes en el mundo árabe. Israel debe asociarse a los Estados Unidos.

«Sólo los islamistas fundamentalistas pueden vencer al yihadismo»

Autor Reuel Marc Gerecht

 Reuel Marc Gerecht est un ancien officier de la CIA. Il a publié divers ouvrages contre les ayatollahs iraniens sous le pseudonyme d’Edward Shirley. Il est membre de l’American Enterprise Institute et du Project for a new American Century.

Fuente Die Welt (Alemania)
Referencia «Die Demokratisierung im Irak macht Fortschritte», por Reuel Marc Gerecht, Die Welt, 20 de octubre de 2005.

Resumen ¿Qué interés tienen los Estados Unidos en alentar la democracia en el Medio Oriente? Sería bueno que los musulmanes tomasen en sus manos su propio futuro. Es necesario que debatan juntos, que discutan, que se griten… es la única forma de resquebrajar la mentalidad del yihadismo y destruirla.
El campo laico y liberal en Occidente nos acusa de correr el riesgo de presenciar la llegada al poder de los Hermanos Musulmanes o de otros partidos islamistas. No obstante, hay que saber que los Hermanos Musulmanes son fundamentalistas, pero no yihadistas. Las tradiciones culturales de los musulmanes, la importancia que dan a la charia, todo eso no significa automáticamente que estén más a favor de las dictaduras que otras personas. Desde la II Guerra Mundial han sufrido experiencias sumamente dolorosas sometidos a diversas dictaduras y esa represión les ha hecho comprender que tienen que buscar otra forma de gobierno político. Pero los liberales y los progresistas como nosotros no tienen muchas posibilidades de destruir el binlandenismo en un plano filosófico. No podemos ganarnos los sentimientos ni la voluntad de la gente, no tenemos suficiente influencia en la gran mayoría de la población del Medio Oriente, que se define cada vez más sobre la base de criterios religiosos. Lo laico tiene ahí una mala reputación porque se asocia demasiado con las dictaduras apoyadas por Occidente y con las costumbres disolutas de la sociedad occidental. Los únicos que pueden vencer la ideología del yihadismo son los fundamentalistas islámicos.

«¿Ha sido "blixada" Siria?»

Autor Linda S. Heard

 Analista política y periodista, Linda S. Heard es especialista en el Medio Oriente. Sus artículos son publicados por Gulf News, Dar Al-Hayat, Al Jazeera o el Christian Science Monitor.

Fuente Gulf News (Emiratos Árabes Unidos)
Referencia «Has Syria been ’blixed’?», por Linda S. Heard, Gulf News, 21 de octubre de 2005.

Resumen Detlev Mehlis, jefe de la Comisión de la ONU sobre el asesinato de Rafic Hariri, declaró a la revista Der Stern que sabía que su informe facilitaba la campaña contra Siria y que comprendía lo que había sentido Hans Blix. No obstante, contrariamente al Blix, que admitió haber sufrido presiones, Detlev Mehlis declara haber actuado libremente.
Analicemos ese informe para juzgar su imparcialidad.
En el párrafo 8 del resumen del informe, él declara que existen elementos convergentes que indican la responsabilidad de los dirigentes libaneses y sirios en una acción calificada de terrorista. Esta observación es interesante en dos sentidos. En primer lugar, los dirigentes norteamericanos y británicos siempre han evitado involucrar a los libaneses. En segundo lugar, John Bolton siempre se ha opuesto a que la acción de un Estado pueda ser presentada como «terrorista». El párrafo 9 pide que prosiga la investigación, mientras que Condoleezza Rice y Jack Straw piden sanciones inmediatas. El informe tampoco excluye que Rafic Hariri haya podido ser asesinado por motivos vinculados con la mafia.
Mehlis, asimismo, actuó de modo admirable al oponerse a que fuesen revelados los nombres de los sospechosos, pero la «filtración» a la prensa de los nombres de esos sospechosos fue menos admirable. Ello provocó que los testigos permaneciesen en el anonimato, pero no los acusados. ¡Qué situación tan cómoda! El informe afirma que los sirios siempre supieron donde estaba Hariri. Pero en ese caso, ¿por qué cometer un atentado con bomba que deja muchos elementos comprometedores, pero que cubren una zona lo suficientemente amplia para afectar a alguien que no está bien ubicado, en vez de utilizar un sniper? Este último modo de operar es más discreto, deja menos huellas y hubiese sido más ventajoso para una Siria que se sabía amenazada por los Estados Unidos.
Después de las mentiras sobre Irak y considerando el lugar que ocupa Siria en la lista de los objetivos de los neoconservadores, hay que ser sumamente desconfiados. Sobre todo en cuanto a preguntarnos acerca de esta investigación internacional. Esto no se hizo cuando la muerte de Arafat, de Sadat, de Nasser, de Allende ni tampoco cuando el envenenamiento de Yushchenko. ¿Por qué? Porque esas investigaciones no favorecían a los intereses occidentales. No nos dejemos llevar por ese sospechoso juego político.

«El principal testigo de cargo del informe Mehlis es un conocido estafador que ha alardeado de haber sido pagado por sus declaraciones»

Autor Ghaith Abdul-Ahad

 Ghaith Abdul-Ahad est journaliste et photographe de presse d’origine jordanienne. Il est le correspondant pour le Moyen-Orient du Guardian. Il est basé à Bagdad.

Fuente Der Spiegel (Alemania)
Referencia «Zentraler Zeuge in Mehlis-Report ist verurteilter Betrüger», por Ghaith Abdul-Ahad , Der Spiegel, 26 de octubre de 2005.

Resumen Hay serias dudas sobre la credibilidad de las declaraciones del principal testigo en que se basan las conclusiones del informe acerca de la investigación de Detlev Mehlis, investigador especial de la ONU sobre el asesinato de Hariri. Suheir al-Sadik, de hecho, es un conocido estafador condenado varias veces por la justicia. Al-Sadik, de 42 años, que afirma ser miembro de los servicios secretos sirios, es el testigo clave que permite involucrar a los servicios del Estado sirio en ese asesinato. No obstante, en el pasado, ha sido condenado en varias ocasiones por malversación y estafa. Incluso los miembros de la comisión investigadora tienen serias dudas sobre la veracidad de su testimonio.
Varios miembros de esa comisión revelaron que Sadik les había mentido en diversas ocasiones. Sadik, por ejemplo, afirmó en un inicio haber salido de Beirut un mes antes del atentado, para después corregir esas declaraciones en el pasado mes de septiembre afirmando de pronto que había sido uno de los organizadores del mismo. Su apartamento en las afueras de Beirut habría servido de cuartel general para su preparación y habría alojado varias veces a altos funcionarios de los servicios secretos sirios. No sería raro que Sadik hubiese recibido bastante dinero a cambio de su testimonio. Según sus hermanos, Sadik los habría contactado desde París para anunciarles: «Soy millonario».
El escepticismo se basa también en el hecho de que Sadik fue puesto en contacto con Mehlis por mediación del disidente sirio Rifaat El Assad, tío del presidente Bachar El Assad, del cual es un connotado enemigo. Hace varias semanas, el gobierno sirio hizo llegar a numerosas cancillerías occidentales un expediente con documentos en contra de Sadik, con el objetivo de demostrar que Mehlis se dejó engañar por un connotado mentiroso, especialista en organizar patrañas.

«El informe sobre el caso Hariri es peligrosamente incompleto»

Autor Robert Parry
Journaliste à l’Associated Press et Newsweek, Robert Parry a été un des principaux enquêteurs sur l’affaire dite de l’Irangate sous la présidence Reagan. Déçu par la futilité et l’incurie des journalistes de la presse anglo-saxonne, il a fondé en 1995, avec Robert Solomon, le magazine d’investigation Consortium News et réalisé des documentaires sur les tractations secrètes autour de la libération des otages en Iran (October Surprise), les narcotrafiquants politiques soutenus par l’administration US (Contra-Coca), l’influence grandissante de la secte Moon à Washington ainsi que l’ascension de la famille Bush et les manipulations électorales lors de l’élection 2000. Il est notamment l’auteur de Secrecy & Privilege : Rise of the Bush Dynasty from Watergate to Iraq et de Lost History : Contras, Cocaine, the Press & ’Project Truth’."

Fuente Consortium News (États-Unis)
Referencia «The Dangerously Incomplete Hariri Report», por Robert Parry , Consortium News, 23 de octubre de 2005.

Resumen El informe de la ONU sobre el asesinato de Rafic Hariri echa leña al fuego alimentado por George W. Bush, que exige un «cambio de régimen» en Damasco. La investigación, sin embargo, adolece de numerosas lagunas.
El informe concluye que la bomba que costó la vida a Hariri y a otras 22 personas, probablemente situada en una camioneta Mitsubishi, fue detonada por un kamikaze. Mientras sigue siendo desconocida la identidad del conductor, un equipo de expertos japoneses identificó con precisión el vehículo. Podría parecer entonces que la lista de los sucesivos propietarios de la camioneta fuese un elemento crucial para identificar a los asesinos. En este punto esencial, sin embargo, la investigación de la ONU ha avanzado poco, dedicando sólo algunos párrafos a la forma en que dicha camioneta fue hallada en Beirut.
Para apoyar las inciertas conclusiones que acusan a Siria, la investigación de la ONU se basa también en declaraciones de testigos de dudosa credibilidad que ponen en tela de juicio a responsables sirios a cargo de la seguridad a pesar del hecho de que sus testimonios son en parte contradictorios. Por ejemplo, los dos denominados testigos no estaban de acuerdo sobre lo ocurrido al joven militante islamista libanés, Ahmad Abou Adass, que había reivindicado la responsabilidad del atentado-suicida en un video difundido por la cadena de televisión Al Jazeera. Pero Mehlis se basa en esos denominados testigos para restar credibilidad al video, afirmando que éste forma parte de una campaña de desinformación destinada a desviar las sospechas que pesan sobre Siria.
Uno de los testigos –que el informe describe como «de origen sirio, pero que reside en el Líbano y pretende haber trabajado para los servicios de información sirios en el Líbano» expresó que Abu Asass, que «no había desempeñado papel alguno en el asesinato y que sólo había servido para desviar la atención», había sido detenido «en Siria, donde se le había obligado, apuntado con un arma de fuego, a grabar el video» antes de matarlo. Otro denominado testigo, Zuhir Ibn Mohamed Said Saddik, pretende haber visto a Abu Adass en un campo en Zabadani, Siria, donde, expresa él, la camioneta Mitsubishi había sido cargada de explosivos; Saddik dice que Abu Asass tuvo la intención de cometer el asesinato, que después cambió de opinión y que fue enseguida eliminado por sirios que colocaron su cadáver en el vehículo cargado con los explosivos.
Uno de los problemas que plantean tales «testigos» es que no gozan de credibilidad por un montón de razones, incluida la posibilidad de que puedan ser sobornados o tal vez obligados a hacer declaraciones falsas con la finalidad de obtener resultados convenientes para políticos o para países poderosos. Los Estados Unidos –y el New York Times– aprendieron esa lección durante el periodo anterior a la guerra en Irak, cuando grupos de exiliados iraquíes organizaron encuentros entre algunos llamados testigos, por un lado, y periodistas estadounidenses, por otro, dándoles informaciones sobre las armas de destrucción masiva iraquíes. Se comprobó que tales afirmaciones habían sido una total patraña. Ya se plantean preguntas similares con respecto a Saddik, testigo clave en el caso Hariri.
El riesgo de que los investigadores acepten declaraciones dudosas provenientes de fuentes poco confiables es enorme, ya que los alegatos afectan a países cuyos dirigentes son mal vistos –como ocurrió en el caso de Irak y como ocurre ahora con Siria. Como la mayoría de la gente está ya dispuesta a creer lo peor, pocos investigadores o periodistas se atreven a poner en peligro su reputación o su carrera exigiendo la presentación de pruebas contundentes. Resulta más cómodo dejarse llevar por la corriente general. En el caso Hariri, el jefe de la comisión investigadora, Detlev Mehlis, un magistrado alemán, se vio sometido a fuertes presiones internacionales que algunos observadores compararon con las que había sufrido Hans Blix al inicio del año 2003.

«El informe Mehlis es un juego político»

Autor Abdellah Assanaoui
Écrivain égyptien et rédacteur en chef du journal Al Arab, Abdellah Assanaoui est également membre du congrès populaire arabe.

Fuente Arabrenewal (Arabia Saudita)
Referencia «تقرير ميليس لعبة سياسية», por Abdellah Assanaoui, Arabrenewal, 28 de octubre de 2005.

Resumen La credibilidad del informe Mehlis se ha ido abajo sólo algunas horas después de la distribución de algunas copias a la prensa. Se ha comprobado que existen dos copias de dicho informe. Una enviada al secretario de la ONU, y otra rectificada y destinada a la prensa.
Ello quiere decir que el informe que debe decidir la suerte de la región está sometido a consideraciones políticas. En otras palabras, que el juez alemán no es más que un subordinado sometido a la autoridad de Kofi Annan. Mehlis, que fue designado por la ONU para investigar la muerte de Hariri, sólo debe hacer referencia a su espíritu profesional. Ahora bien, la investigación permitirá a la comisión que la ha llevado a cabo ajustar cuentas políticas, al nombrar, sin objetividad alguna, a los que estime pertinente.
La credibilidad de dicha comisión y quizás hasta su respeto se vieron ya afectados cuando permitió a la prensa libanesa el acceso a los resultados del informe, incluso antes de que fuese publicado. O sea, que no tomó las medidas de seguridad que garantizan el secreto profesional.
El desarrollo de esa investigación asumió, desde el inicio, una dimensión política. Ello incluso parecía constituir la fase preparatoria de una carta de condena a Damasco para, enseguida, pasar a la segunda etapa, que consistirá en aplicar a Siria un embargo político y económico, todo lo que, en definitivas, conducirá a la caída del régimen de Assad.
Existe una gran diferencia entre una investigación internacional basada en la ley y en la transparencia, y una investigación política cuyos objetivos ya han sido mencionados. En ese marco, el informe Mehlis no ha dejado de suscitar dudas y acusaciones de diversas partes, sobre todo palestinas. La investigación se ha basado en informaciones y declaraciones provenientes de los peores enemigos del gobierno sirio, lo cual no es justo.
Quizás ese informe contiene informaciones ciertas y confirmadas, tal vez hasta errores graves cometidos por los servicios de seguridad libaneses y sirios, pero ello no basta para acusarlos. Asimismo, la intervención del secretario de la ONU al suprimir nombres como el de Maher Assad en la lista, puede dar lugar a diversas interpretaciones. La primera es la de permitir a los Estados Unidos y a los occidentales presionar aún más a Bachar para marginarlo de manera pacífica. O dar más tiempo a Egipto para convencer a El Assad que adopte, incondicionalmente, la agenda estadounidense. O, por último, permitir al enviado de la ONU, Larson, presentar sus nuevas sugerencias para aplicar la resolución 1559.
Se trata de un juego peligroso que puede provocar consecuencias terribles.

«Siria en aprietos»

Autor Abdel Bari Atouan

 Abdel Bari Atouan ocupó el cargo de jefe de redacción del periódico Asharq Alaousat (1984-1988) antes de ser jefe de redacción del periódico palestino Al qods Al arabi, publicado en Londres. Es conocido por su posición a favor de los países árabes que defiende siempre públicamente durante sus entrevistas a cadenas como CNN, la BBC... etc.

Fuente Al Quds Al Arabi (Reino Unido)
Referencia «المأزق السوري الأخطر», por َAbdel Bari Atouan, Alquds al-Arabi , 22 de octubre de 2005.

Resumen La difícil situación en que se encuentra el gobierno sirio después de las acusaciones de Mehlis requiere una gestión estratégica razonable y muy precisa para evitar posibles sanciones.
Siria tiene dos opciones con respecto al informe Mehlis. La primera es la de Sadam, o sea, negarse a colaborar eficazmente con la ONU y con Mehlis. Por tanto, no entregar a los siete sospechosos mencionados en el informe. La segunda alternativa es la de Kadhafi. En otras palabras, el sometimiento incondicional a las presiones estadounidenses traducido en la entrega de todos los acusados, en el desmantelamiento de los programas nucleares y químicos, en la colaboración ilimitada con los servicios y las políticas estadounidenses y en el cambio radical de las políticas del régimen y de la orientación de éstas.
El problema es que el caso de Siria, con su ubicación geográfica y sus altos funcionarios acusados en el informe, es muy diferente el de Libia. El gobierno de Bush aprovechará sin duda ese informe para sancionar al gobierno de El Assad. Sobre todo porque éste sigue negándose a servir los intereses estadounidenses en la región, mientras que los neoconservadores exigen una sumisión total por parte de los dirigentes árabes. El presidente sirio se encontrará solo ante las presiones estadounidenses. Sus amigos y los de su padre van a abandonarlo sometiéndose a los dictados estadounidenses que les aseguran su permanencia en el poder.
La lectura del informe Mehlis permite sacar tres conclusiones principales. La primera se refiere a Ghazi Kanan, cuyo nombre no figura en la lista de los acusados. Esta ausencia hace dudosa la hipótesis de un suicidio, y da más credibilidad a las versiones que hablan de un probable asesinato que le impida asumir el poder y representar al gobierno estadounidense tras la caída del régimen en Damasco. La segunda conclusión confirma que ningún dirigente árabe posee un estatus superior a los otros. El informe Mehlis ha demostrado que todas las llamadas telefónicas del presidente Lahoud y de los otros altos funcionarios libaneses han sido grabadas en algún lugar de Washington o de Tel-Aviv. La tercera y última conclusión tiene que ver con los intentos de involucrar directa o indirectamente a responsables palestinos en el asesinato de Hariri. Esto, en el futuro, servirá para algún manejo político en el Líbano o Siria. _ Colaborar o no con Mehlis no cambiará mucho la situación. Además, la experiencia iraquí y libia nos ha enseñado donde comienzan y dónde terminan las exigencias estadounidenses. Es decir, la humillación y la pérdida de la dignidad nacional y personal. Sin embargo, contar con la intervención de Rusia o China para impedir las sanciones en la ONU no es algo seguro. Por una sencilla razón: los árabes no merecen ni credibilidad ni respeto.

«¿Atacar a Siria? ¿Invadir a Irán? ¿En nombre de qué Constitución?»

Autoras y autores Jeremy Brecher, Brendan Smith

 Jeremy Brecher, ancien conseiller du député états-unien Bernie Sanders, est un historien du mouvement ouvrier et chercheur en sciences économiques et sociales. Il est l’auteur de nombreux livres et documentaires sur les mouvements sociaux et syndicaux, et notamment le célèbre Strike! et Global Village or Global Pillage. Jeremy Brecher, ancien conseiller du député états-unien Bernie Sanders, est un historien du mouvement ouvrier et chercheur en sciences économiques et sociales. Il est l’auteur de nombreux livres et documentaires sur les mouvements sociaux et syndicaux, et notamment le célèbre Strike! et Global Village or Global Pillage.
Brendan Smith est juriste, auteur, avec Jeremy Brecher et Jill Cutler de l’ouvrage « In the Name of Democracy : American War Crimes in Iraq and Beyond.

Fuente ZMag (États-Unis)
Referencia «Attack Syria? Invade Iran? By what Constitution?», por Jeremy Brecher y Brendan Smith, ZMag, 20 de octubre de 2005.

Resumen La Historia nos enseña que los gobiernos que atraviesan una situación difícil en el terreno militar tienden a extender el escenario de sus operaciones. Sumido en el atolladero de Vietnam, Nixon llevó la guerra hasta Cambodia. Y los mismos hilos que nos llevaron a Irak están siendo manipulados en Irán y Siria. Los enfrentamientos militares en la frontera se multiplican y el 1° de octubre una reunión celebrada en la Casa Blanca estudió las «opciones» contra Siria, incluidas las «operaciones especiales». Los agentes del gobierno preparan ya la maquinaria de propaganda que justificará un ataque.
La administración Bush parece creer que el presidente de los Estados Unidos tiene el poder de declarar la guerra a quien se le antoje sin tener que consultar al Congreso. Durante la alocución de la secretaria Condoleezza Rice ante la comisión de Relaciones Exteriores del Senado, el Senador Chafee señaló:«La resolución de ir a la guerra contra Irak precisa muy bien que toda acción militar está limitada al territorio iraquí. ¿Estamos de acuerdo sobre el hecho de que cualquier cosa que pueda ocurrir en el territorio iraquí o sirio debe ser planteado previamente por ustedes ante el Congreso para obtener su autorización?» ¿La respuesta de Rice? «No voy a tratar de limitar los poderes del presidente en tiempos de guerra. Y ustedes comprenderán que el Presidente se reserva el ejercicio de esos derechos tanto para la guerra contra el terrorismo como para la guerra en Irak, pues sus opciones permanecen abiertas».
Los artículos de nuestra Constitución que limitan los poderes del presidente para hacer la guerra han sido concebidos precisamente para proteger a nuestro país de la cuestionable guerra que el gobierno de Bush ha lanzado contra Irak –y que la mayoría de los ciudadanos estadounidenses considera hoy como un error. Además, la Carta de las Naciones Unidas protege no sólo a los países que podrían ser atacados, sino también a las poblaciones de los países cuyos dirigentes podrían sentirse tentados a pasar al ataque. Nada fortalecería más la seguridad nacional que esos parapetos contra el aventurerismo militar. El Congreso y el Pueblo de los Estados Unidos deben hacer entender claramente al Presidente que toda acción militar efectuada sin la aprobación explícita de los congresistas de ese país, así como de la ONU, no constituye una «opción».
Como lo dijo el propio presidente al final de la película Fahrenheit 911: «Si me engañas la primera vez, la culpa es tuya; si me engañas por segunda vez, la culpa es mía» A Bush le hemos permitido que nos engañe una primera vez al involucrarnos en Irak. La culpa será nuestra si le permitimos que lo haga por segunda vez en Siria, en Irán o en cualquier otro sitio.

 



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