El 17 de noviembre, el Guardian presentó sus excusas a Noam Chomsky y rectificó los errores concernientes a mi trabajo y al de Emma Brockes. Sin embargo, a pesar de los desmentidos, se sigue teniendo la impresión de que mi trabajo consiste en negar las atrocidades cometidas.
Mi libro Fools’ Crusade: Yugoslavia, Nato, and Western Delusions, publicado en 2002, es un análisis documentado del contexto histórico y político de las guerras de desintegración yugoslava. Insiste en aspectos subestimados tales como la política alemana hacia las minorías, las políticas eslovenas, las divisiones entre políticos bosnios musulmanes y la historia turbulenta de Kosovo. Yo no me propuse tratar lo ocurrido en Srebrenica, sino enfocar su tratamiento mediático. Estudié la forma en que los medios de comunicación masiva se centraron en este hecho en detrimento de otros, cómo siempre han utilizado los cálculos más altos en cuanto a la cifra de muertos sin que ello pueda comprobarse formalmente y cómo han simplificado una realidad compleja multiplicando las analogías con Hitler o con el Holocausto. Los medios de comunicación han reemplazado el análisis por el maniqueísmo y la emoción. Se estigmatizó todo lo que no siguiera esta interpretación.
Durante este período, la izquierda europea se definió en lo tocante a su rechazo al nacionalismo, y consideró que el peor nacionalismo de todos era el serbio. Por el contrario, los nacionalismos croatas o albaneses fueron minimizados. Esto culminó con la guerra de la OTAN contra Serbia en violación del derecho. Sin embargo, este ataque contra el derecho, así como los Estados Unidos, representan una mayor amenaza para el mundo que el nacionalismo serbio.

Fuente
The Guardian (Reino Unido)

«The Bosnian war was brutal, but it wasn’t a Holocaust», par Diana Johnstone, The Guardian, 23 de noviembre de 2005.