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Tribunas y análisis - 8 de diciembre de 2005
Barcelona: crónica de un fracaso anunciado
Análisis
La cumbre euro-mediterránea de Barcelona, celebrada los días 27 y 28 de noviembre, fue un fiasco. Aunque supuestamente debía renovar la asociación entre las naciones mediterráneas y los 25 países de la Unión Europea, el encuentro, presidido por Gran Bretaña y marcado por la ausencia de numerosos jefes de Estado árabes, no logró un documento final y solamente alcanzó una declaración de principio contra el terrorismo. Esta cumbre viene a demostrar una vez más la incapacidad de la Unión Europea para mantener una política exterior común coherente. Hay que reconocer, sin embargo, que la asociación euro-mediterránea se vio gravemente afectada durante los diez últimos años por el conflicto entre Israel y los Estados árabes. En 1995, Europa, eufórica debido a la firma dos años antes de los acuerdos de Oslo, se creía capaz de disponer de una política única con respecto al conjunto de países mediterráneos y de lograr construir a largo plazo un mercado común en toda la región. Ese objetivo perdió rápidamente toda vigencia y sólo prevalecen hoy las relaciones bilaterales entre algunos Estados europeos o la Unión Europea y ciertos Estados mediterráneos.
Justo antes y durante la cumbre, los responsables europeos no escatimaron sin embargo los artículos de alabanza sobre la asociación euro-mediterránea. Javier Solana, José Manuel Barroso, Tony Blair y José Luis Zapatero publicaron así argumentos bastante similares elogiando las grandes realizaciones del proceso de Barcelona y llamando a una aceleración de las reformas en los países del sur del Mediterráneo.
El representante de la Unión Europea para Política Exterior y de Seguridad Común, Javier Solana (ministro de Relaciones Exteriores de España en tiempos de la primera cumbre), es el primero en prestarse a dicho ejercicio en el diario de las élites israelíes de izquierda Ha’artez. Asegura que el proceso de Barcelona es un factor de reforma para los países del sur y el mejor medio de lucha contra los males modernos como el tráfico de seres humanos y el terrorismo. Afirma también que Europa puede sostener el proceso de paz israelo-palestino mediante el proceso de Barcelona ayudando a los palestinos a reformar la Autoridad Palestina.
En una tribuna ampliamente difundida y publicada en Le Figaro, el Daily Star y el Jerusalem Post, el presidente de la Comisión Europea, José Manuel Barroso, aboga por la democratización de los países del sur del Mediterráneo mediante el proceso de Barcelona. Anuncia, de aquí a 2007, la creación de un programa de ayuda para los Estados que se democraticen. No precisa, sin embargo, qué factores permitirían juzgar si las reformes «democráticas» son cosméticas o reales y si acciones que favorezcan los intereses occidentales serán consideradas como reformas «democráticas». El autor se declara también favorable a una apertura de los mercados del sur del Mediterráneo y a la creación de un «mercado común» del Cercano Oriente.
Finalmente, en el El País, el primer ministro británico y presidente de la Unión Europea, Tony Blair, y el presidente del gobierno español, quien acoge la cumbre, José Luis Zapatero, también elogian el diálogo euro-mediterráneo. Insistiendo en las dificultades de los países del sur, afirman que la Unión Europea puede ayudarlos a mejorar sus formas de gobierno. Ambos primeros ministros socialdemócratas muestran además su confianza en la capacidad de la Unión Europea para apoyar la paz entre israelíes y palestinos mediante el financiamiento de la reforma de la Autoridad Palestina.
En pocas palabras, el discurso es más o menos el mismo: los países mediterráneos tienen problemas (mal manejo gubernamental en el plano económico, no se respetan los derechos humanos ni los principios democráticos) y representan peligros para los países europeos (inmigración, terrorismo y crimen organizado). La conclusión está clara: hay que prestarles asistencia reformándolos mediante incitaciones financieras que se les otorgarán solamente luego de una apertura de sus mercados a las economías europeas. Aunque se repite la palabra socio, no se trata de una asociación. El discurso es caricaturalmente paternalista ya que al presentar a los países del sur solamente se habla de sus problemas y de su incapacidad para resolverlos mientras que los Estados europeos son los países que se ven en peligro debido a esas dificultades pero que están dispuestos a ayudar generosamente a los pobres Estados del sur. Los autores no asumen en ningún momento el hecho de que en la cumbre de Barcelona de 1995 se ponía como condición para la apertura a largo plazo del mercado europeo a las economías del sur del Mediterráneo la apertura previa de estas últimas a las exportaciones europeas.
Los autores coinciden también en lo concerniente a la responsabilidad del conflicto israelo-palestino en las dificultades confrontadas en las discusiones euro-mediterráneas. Todos están de acuerdo asimismo en adoptar el discurso del Tel Aviv y Washington según el cual es la reforma de la Autoridad Palestina lo que podrá traer la paz al Cercano Oriente. En ningún momento se habla de la responsabilidad israelí. Se elogian las inversiones europeas en los territorios ocupados que han tenido lugar en diez años como un medio que tiene Europa para favorecer la paz, pero nadie se atreve a recordar que gran parte de la infraestructura que pagaron los fondos europeos fue destruida por el ejército israelí durante las operaciones punitivas colectivas contra los palestinos.
En fin, Solana, Barroso, Blair y Zapatero coinciden en cuanto a la necesidad de una democratización de los países mediterráneos sin precisar los factores de apreciación de ésta. Teniendo en cuenta el tropismo atlantista de Solana, Barroso y Blair, se puede estimar que la proximidad entre esta retórica y la de Washington no es casual y responde a objetivos comunes. La «democratización» del mundo mediterráneo será sin dudas solamente el apoyo a una apertura de los mercados de esos países o la instalación de regímenes pro occidentales.
Sobre la cuestión de la democratización y los derechos humanos, el sitio Cafe Babel publica en Internet una tribuna de la eurodiputada verde Hélène Flautre. Esta última estima que el proceso de Barcelona no ha registrado grandes éxitos en materia de derechos humanos mientras que las relaciones bilaterales entre países europeos y países del sur han dado resultados mucho más halagüeños. Sin embargo, este enfoque tiene sus límites e ilustra la política de doble rasero de la Unión Europea. En efecto, debido a la oposición de Israel, no existe método alguno de análisis de los progresos de los países asociados en materia de derechos humanos.
El ex director de la región del Mediterráneo en el seno de la Comisión Europea, Abrahard Rain, también pone en duda los resultados del proceso de Barcelona en el diario libanés en lengua árabe As Safir. Para él, la cumbre de 1995 no hizo más que expresar buenas intenciones sin medios de concretarlas. Si ha habido reformas, ello se debe solamente a la acción de ciertos dirigentes de países del sur del Mediterráneo. El proceso de Barcelona fue quizás un estímulo o sirvió como foro de discusión, pero tuvo poco impacto. Abrahard Rain se pronuncia ahora por una intensificación de las reformas retomando la problemática occidental que afirma que la reforma de los países árabes es el preludio de la seguridad.
Para el analista francés Sami Nair, en Libération, no hay nada que esperar de la cumbre de Barcelona de 2005 ya que el proceso euro-mediterráneo de integración está muerto desde hace mucho. El autor denuncia la ceguera europea y anuncia que, lejos de las declaraciones oficiales, la Unión Europea mató la asociación mediterránea para reemplazarla por una política de «gran vecindad»: un sistema de relaciones bilaterales hacia todos los países cercanos a sus fronteras, tanto Moldavia como Túnez. El autor estima, sin embargo, que existen cuestiones específicamente mediterráneas que es necesario resolver, como la circulación de personas o el comercio transmediterráneo. Luego de haber tratado de obtener la apertura de los mercados del sur a fuerza de promesas, Europa esconde ahora su verdadero rostro.
El consejero del gobierno israelí, Sharon Pardo, también estima que el proceso de Barcelona está muerto, de lo cual se regocija en el diario israelí de derecha Yedioth News. En efecto, subraya que para Israel no es conveniente verse asociado a la misma política que sus vecinos. Por el contrario, las asociaciones privilegiadas y bilaterales que la Unión Europea establece con los países vecinos son una fórmula a la carta de la que Israel puede sacar ventaja. El autor estima por consiguiente que la agresividad de Israel ante Europa debe disminuir para que ese país pueda beneficiarse plenamente de las ventajas que representan relaciones bilaterales interesantes, rechazando a la vez todo lo que perjudique la «soberanía israelí», o sea la libre circulación de personas y bienes.
Red Voltaire
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8 de diciembre de 2005
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París (Francia)
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Países
Palestina/Israel
Unión Europea
Temas
Control de Europa
Control del «Gran Medio Oriente»
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«Hacia una asociación de la esperanza»
Autor
Javier Solana

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Ex ministro socialista español de Relaciones Exteriores (1992-1995) y ex secretario general de la OTAN (1995-1999), Javier Solana es el alto representante de la Unión Europea para la Política Exterior y de Seguridad Común (PESC)
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Fuente
Ha’aretz(Israel)
Referencia «Toward a partnership of hope», por Javier Solana, Ha’artez, 25 de noviembre de 2005.
Resumen Esta semana se cumple el décimo aniversario de la asociación euro-mediterránea, que celebramos en la ciudad donde comenzó todo: Barcelona. Sentí un gran orgullo por haber presidido la primera reunión, que buscaba convertir al Mediterráneo en un espacio de seguridad, de solidaridad y de intercambios compartidos. El inicio del proceso era parte integrante de la respuesta de Europa al final de la Guerra Fría y a la globalización. Ese proceso reconoce nuestra independencia y crea una «identidad mediterránea». Debatimos con franqueza sobre cualquier tema, y el proceso de Barcelona es un formidable laboratorio de ideas.
El mundo, sin embargo, ha cambiado desde 1995, en especial desde el 11 de septiembre de 2001. El Mediterráneo corre el riesgo de convertirse en la encrucijada de numerosos problemas del mundo moderno. Debemos hacer que nuestra asociación sea capaz de enfrentar la pobreza, el desgobierno, el tráfico de seres humanos y el extremismo político. La asociación euro-mediterránea no es el único instrumento de cooperación internacional, pero es el más desarrollado y el único que se ocupa a la vez de promover la seguridad y la reforma.
Es cierto que el proceso de Barcelona surgió de las esperanzas alimentadas por el proceso de paz israelo-palestino de Oslo, y que la falta de paz entre israelíes y palestinos ensombrece nuestro trabajo. Pero el proceso de Barcelona buscaba apoyar el proceso de paz, no suplantarlo. Europa alienta hoy el acuerdo de paz y es la primera que muestra generosidad hacia los palestinos. Nuestro objetivo es fomentar simultáneamente la democracia y la seguridad. Creemos que ambas están ligadas y apoyamos las reformas democráticas en la región. Asimismo, analizaremos los asuntos concernientes a la educación y a la inmigración.

«La Asociación euro-mediterránea, a favor del diálogo y de la acción»
Autor
José Manuel Durao Barroso
Fuentes
Jerusalem Post (Israel), Daily Star (Líbano), Le Figaro (Francia)
Referencia «Le Partenariat euro-méditerranéen, pour le dialogue et l’action», por José Manuel Barroso, Le Figaro, 28 de noviembre de 2005.
«Barcelona and beyond: The Euro-Mediterranean Partnership prepares for its second decade», Daily Star, 28 de noviembre de 2005.
«Barcelona and beyond», Jerusalem Post, 28 de noviembre de 2005.
Resumen La Asociación euro-mediterránea se ha construido sobre la base de una lógica de evolución y no de revolución. Sin hacer ruido, se ha desarrollado y alcanzado éxitos envidiables.
En el actual contexto internacional, esa asociación es básica para hacer frente a la inestabilidad de algunos países y a los Estados en decadencia donde se gestan nuevas crisis regionales. La radicalización ideológica y el terrorismo han privatizado la guerra y algunas ciudades mediterráneas han pagado un alto precio por ello. Asimismo, hay que luchar contra problemas globales tales como la pobreza o el deterioro del medio ambiente. Estos desafíos muestran que la línea que separa a la política exterior de la política interior se atenúa más cada día y que, por consiguiente, hay problemas que no pueden ser solucionados por un solo país. En ese contexto, la política euro-mediterránea reviste una importancia crucial para Europa. En la zona mediterránea, de hecho, convergen los mayores desafíos: la paz, la seguridad y la lucha contra el terrorismo, el desarrollo, el respeto a los derechos Humanos, la protección del medio ambiente, la educación, la inmigración.
El décimo aniversario del inicio del proceso de Barcelona brinda la oportunidad de analizar su funcionamiento, pero también de aceptar los retos que se imponen. Nuestro programa de trabajo ha dado prioridad a tres temas esenciales: los Derechos Humanos y la democracia, el crecimiento y la liberalización económica sostenible, así como la educación. A partir de 2007, ayudaremos económicamente a los países que quieran emprender reformas políticas democráticas. Queremos desarrollar la riqueza del Sur creando un mercado regional, y estimular la integración Sur-Sur. La educación también ocupa un lugar central en nuestro programa. De hecho, un tercio de la población de nuestros asociados mediterráneos tiene menos de 15 años y representa un poderoso recurso para el futuro.
Estos desafíos exigen madurez y continuidad en las relaciones entre Europa y sus asociados mediterráneos.

«Una cumbre para el futuro»
Autoras y autores
Tony Blair, José Luis R. Zapatero
Fuente
El País (España)
Referencia «Una cumbre para el futuro», por Tony Blair y José Luis Zapatero, El País, 28 de noviembre de 2005
Resumen Hace diez años, los países de la cuenca mediterránea y de la Unión Europea se reunieron en Barcelona. Hoy, en la misma ciudad, se reúnen 35 países para continuar el proceso. Es importante actualizar nuestras ambiciones y enfrentar los nuevos desafíos: el terrorismo, la inmigración, el crimen organizado, etc. Todos debemos, muy especialmente, llegar a un acuerdo que regule los flujos migratorios. Todos esos temas están en el orden del día. Todos reconocemos que en conjunto tenemos mucho que ganar en cuanto a una mayor prosperidad y a una mayor seguridad en la región.
La ampliación de la Unión Europea ha contribuido a dar mayor seguridad y desarrollo económico al continente europeo. El proceso de Barcelona ayuda a los países mediterráneos, pero hay que ir más lejos aún. La Unión Europea trabaja sobre todo en la solución del conflicto israelo-palestino ayudando a reconstruir la economía palestina y a desarrollar infraestructuras estatales. Tenemos también una misión de observación en la frontera entre Gaza y Egipto y, además, apoyamos la «hoja de ruta». Pero no debemos contentarnos con eso. Debemos intensificar nuestra acción para apoyar las reformas políticas y los Derechos Humanos en la región. Asimismo, debemos desarrollar la economía mediterránea y los intercambios combatiendo las barreras comerciales. También debemos debatir sobre cómo mejorar la gestión de gobierno, la educación y analizar la lucha contra el terrorismo.

«La UE no puede dar clases en cuestiones de democracia»
Autor
Hélène Flautre

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Eurodéputée française, Hélène Flautre est membre du groupe des Verts au parlement européen. Elle est présidente de la Sous-commission des Droits humains au Parlement de Strasbourg
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Fuente
Cafe Babel (France)
Referencia «L’UE n’est pas le professeur en matière de démocratie», por Hélène Flautre, Cafe Babel, 28 de noviembre de 2005.
Resumen Al cabo de diez años de asociación Euromed, la situación en materia de Derechos Humanos es sumamente limitada al nivel de la realización de los derechos fundamentales. La libertad de prensa, la independencia de la justicia, la democratización de los sistemas políticos, así como el derecho de asociación, dejan mucho que desear. No obstante, el proceso ha permitido crear instrumentos financieros y establecer relaciones con las ONG y las sociedades civiles por medio de un diálogo político.
En el seno de Euromed existen dos problemáticas europeas de gran importancia: la gestión de los flujos migratorios y la lucha contra el terrorismo. Infelizmente, nuestros parlamentarios y las sociedades civiles no están lo suficientemente asociados en la evaluación de los progresos obtenidos. Crear una red entre los protagonistas políticos y asociativos de esta región es necesario para que todos puedan participar.
La nueva política europea de vecindad (PEV) incluye planes de acción con objetivos más precisos en materia de democracia y de derechos fundamentales que son, en verdad, muy operativos. Pero esos objetivos no han sido aún claramente evaluados en el seno del subcomité para los Derechos Humanos, ya que la Unión Europea aceptó la solicitud de Israel de no contar con un subcomité de evaluación. Desde entonces, Europa aplica una política de doble rasero, perdiendo credibilidad ante otros asociados tales como Marruecos, Jordania o Túnez. La cuestión de analizar la situación de los Derechos Humanos, caso por caso, sigue pendiente de debate. El carácter individual de la evaluación es esencial, ya que en esos países los defensores de los Derechos Humanos no pueden trabajar adecuadamente.
La Unión Europea es incapaz de crear un dispositivo para ejercer presión. Túnez es emblemático en ese sentido. Por consiguiente, es primordial que la UE encuentre un medio de presión para evitar que se debilite su imagen en el terreno internacional. Haría falta, por ejemplo, suspender determinados tipos de fondos, aunque sin poner en peligro el desarrollo económico del país. En fin de cuentas, Túnez representa un desafío para la credibilidad del proceso euro-mediterráneo.
Hay que dejar a un lado el concepto de que la Unión Europea es la «maestra» en cuestiones de democracia y evitar caer en una actitud neocolonialista. Más bien hay que crear una base de compromiso democrático común mediante un pacto internacional. La sociedad civil de los países del Tercer Mundo comparte nuestros valores tales como la libertad de asociación, de prensa y de justicia. También observo que las exigencias derivadas de la lucha contra el terrorismo ponen a prueba el fomento de la democracia y del desarrollo de los Derechos Humanos.

«El Mediterráneo, ¿finalmente una zona de paz y estabilidad?»
Autor
Abrahard Rain
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Abrahard Rain fut conseiller supérieur au Centre de la politique européenne à Bruxelles, entre 1985 et 1996. Il fut directeur pour la région méditerranéenne et du Proche orient à la Commission européenne.
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Fuente
As Safir (Líbano)
Referencia «المتوسط، منطقة سلام واستقرار أخيراً؟.», por Abrahard Rain, As Safir, 24 de noviembre de 2005.
Resumen «El Mediterráneo, ¿finalmente una zona de paz y estabilidad?» La respuesta es, evidentemente, negativa. Todavía estamos lejos de ser una zona mediterránea democrática según el deseo de sus jefes de Estado y de los de la Unión Europea, expresados en Barcelona en 1995.
Desde entonces, los países de Europa Central, comparados con los mediterráneos, han logrado un enorme progreso. Este último se debió, principalmente, a la voluntad de los países implicados y de sus pueblos de unirse lo más rápidamente posible la Unión Europea, la cual no tardó en ayudarlos ofreciéndoles la asistencia necesaria. En cuanto a los regímenes mediterráneos, excepto Chipre, Malta y Turquía, la falta de una voluntad política impide llevar a cabo cambios profundos en sus países.
Además, los acuerdos de 1995 semejaban una lista de opciones, elaborada por diplomáticos y aceptada por los jefes de Estado, que no pensaron en los medios que permitían concretar el objetivo principal, el de crear una zona de paz, seguridad y prosperidad. Sin embargo, los acontecimientos políticos y económicos que tuvieron lugar en la zona mediterránea, durante los últimos diez años, son notables. Así, por ejemplo, los ciudadanos y gobiernos mediterráneos, finalmente, se dieron cuenta de que en lo sucesivo era indispensable llevar a cabo profundas reformas políticas. De igual forma, los índices de fecundidad bajaron a un ritmo impresionante, lo que sin dudas va a limitar, a largo plazo, las tasas de desempleo. Por otra parte, la zona supo evitar las confrontaciones militares, con excepción del conflicto israelo-palestino y argelino-marroquí en cuanto al Sahara Occidental. Ello no impidió aumentar los presupuestos y gastos militares en los países involucrados. En dos palabras, los resultados no eran malos, salvo que al comparar los países mediterráneos con otros países, de fuera de la zona, se comprueba que estos últimos dieron pasos más importantes en diversas esferas.
¿Se puede decir que los acuerdos de Barcelona y la Unión Europea estuvieron detrás de esos cambios? Nadie puede negar el hecho de que los acuerdos de Barcelona han creado un clima de discusión y negociación entre las diferentes partes, al facilitar la liberalización de las economías árabes, pero los verdaderos autores de semejante desarrollo son, en primer lugar, los ciudadanos y, después, algunos altos responsables mediterráneos deseosos de edificar una verdadera democracia, apegada al respeto de los Derechos Humanos y a un sistema económico liberal. Todo ello solo puede representar el inicio de una fase de desarrollo en la historia de los países mediterráneos. Un comienzo que debía ser instaurado por parte de los socios europeos, para los cuales esas reformas son la única garantía de una seguridad profundamente deseada.

«El mal del Mediterráneo»
Autor
Sami Naïr
Fuente
Libération (Francia)
Referencia «Le mal de Méditerranée», por Sami Nair, Libération, 29 de noviembre de 2005.
Resumen A pesar de su importancia, el Mediterráneo da cada vez más la impresión de ser el pariente pobre de Europa. Existe una línea divisoria neta entre el Norte y el Sur, pero Europa durante estos últimos veinticinco años se ha refugiado en una actitud de negación y rechazo que sólo puede explicarse por la falta de proyecto estratégico de conjunto para su flanco sur. La política de ampliación europea se dirigió primero al norte, luego al sur de Europa y, por último, hacia el gran Este en detrimento de los países del sur del Mediterráneo. De entrada, se trazó una frontera que delimita cuidadosamente los países del sur mediterráneo, incluyendo a Turquía, con relación a «Europa». Esa política ha sido dramática para las relaciones entre las poblaciones de las dos orillas debido a la falta de libertad de circulación y las dificultades para desarrollar las relaciones comerciales. Ello creó la sospecha y el cuestionamiento perpetuo de la inmigración y la transformó en una frontera preocupante para los europeos.
Hasta la Conferencia de Barcelona en 1995, en realidad la relación es más de indiferencia que de vecindad. A partir de esa fecha, se estableció una política estrictamente comercial; ésta, a cambio de transferencias financieras y de la promesa de participar en una zona de libre comercio con Europa en 2010, exigía el desmantelamiento de las barreras arancelarias al Sur y la apertura de los mercados a los productos europeos. El balance de esa política es sombrío y el proceso de Barcelona debería desaparecer en provecho del de la «gran vecindad». Sin embargo, el Mediterráneo es pródigo en conflictos que, desde Irak hasta Palestina, tienen una incidencia directa en la vida de los europeos. Pero Europa le vuelve la espalda a esta región y se dispone a enterrar con gran pompa el proceso de Barcelona.
Sin embargo, Europa no puede ignorar el sur del Mediterráneo. La presión migratoria proveniente de los países de esa región no se detendrá. Los movimientos migratorios africanos se desarrollan primero en el interior de África, pero se dirigen cada vez más hacia el Norte, para acceder a Europa. Ahora bien, frente a esa demanda migratoria, la UE no tiene otra estrategia que no sea la de construir una inmensa trinchera. Quiere transformar a España, Italia y también a Marruecos, Argelia y Libia en zonas tampón, mediante la institucionalización de campos de detención para refugiados y emigrados.

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