Queridos estudiantes y profesores de las universidades de toda Cuba...;
Queridos compañeros dirigentes y demás invitados que han compartido con nosotros tantos años de lucha:
Ahora viene el momento más difÃcil, que es el de decir unas palabras en esta Aula Magna, donde se han pronunciado tantas palabras. Un mundo de ideas le viene a uno a la mente, y es lógico, ha pasado algún tiempo.
Ustedes han sido muy amables al recordar hoy un dÃa muy especial: el 60 aniversario de mi tÃmido ingreso a esta universidad.
Por ahà anda una foto, yo la miraba: un jacketcito; cara asÃ, no sé si de bravo, de malo, o de bueno, o indignado, porque esa foto no la sacaron el primer dÃa, yo creo que ya tenÃa unos cuantos meses, y yo empezaba a reaccionar contra tantas cosas como las que estábamos viendo. No era un pensamiento formado ni mucho menos; era un pensamiento ávido de ideas, pero también de deseos de conocer; un espÃritu tal vez rebelde, lleno de ilusiones, de ilusiones no puedo decir revolucionarias, habrÃa que decir lleno de ilusiones y de energÃa, también posiblemente de ansias de lucha.
Bueno, habÃa sido deportista, habÃa sido escalador de montañas. Hasta me habÃan convertido primero —ni sé bien por qué— en una especie de teniente de exploradores y después, más tarde, me hicieron general de exploradores.
Asà que cuando yo era estudiante preuniversitario me habÃan dado más grados que los que tengo hoy (Risas), porque fui después Comandante, pero nada más que Comandante, y eso de Comandante en Jefe no querÃa decir más que era Comandante jefe de aquella pequeña tropa de alrededor de 82 hombres, con los que desembarcamos del Granma.
Ese nombre nace después del desembarco, el 2 de diciembre de 1956. Entre los 82 alguno tenÃa que ser jefe, después le pusieron «en». AsÃ, poco a poco, de Comandante jefe pasé a Comandante en Jefe cuando ya habÃa más Comandantes, porque era el grado más alto durante mucho tiempo. Recordaba esas cosas. Uno tiene que pensar qué era, en qué pensaba, qué sentimientos albergaba.
Tal vez circunstancias especiales de mi vida me hicieron reaccionar. Pasé algún trabajo desde muy temprano y fui desarrollando, quizás por ello, el oficio de rebelde.
Por ahà se habla de los rebeldes sin causa; pero a mà me parece, cuando recuerdo, que era un rebelde por muchas causas, y agradezco a la vida haber seguido, a lo largo de todo el tiempo, siendo rebelde, aun hoy, y tal vez con más razón, porque tenga más ideas, porque tenga más experiencia, porque haya aprendido mucho de mi propia lucha, porque comprenda mucho mejor esta tierra en que nacimos y este mundo en que vivimos, hoy globalizado y en minutos decisivos de su destino. No me atreverÃa a decir en minutos decisivos de su historia, porque su historia es mucho más breve, es realmente Ãnfima comparada con la vida de una especie que en años muy recientes, tal vez desde hace 3 000, 4 000 ó 5 000 años, comenzó a dar los primeros pasos después de su larga y breve evolución; digo larga y breve, porque evolucionó hasta convertirse en ser pensante tal vez en algunos cientos de miles de años, y al cabo de la existencia de la vida en este planeta, que afirman los conocedores, si no me equivoco, surgió, me parece recordar, hace 1 000 ó 1 500 millones de años, primero surgió la vida y después surgieron millones de especies, y nosotros no somos más que eso, una de las muchas especies que surgieron en este planeta, y por eso digo que, tras una breve y a la vez larga vida, hemos llegado a este minuto, en este milenio, que dicen que es el tercer milenio desde el inicio de la era cristiana.
¿Y por qué tantas vueltas en torno a esta idea? Porque me atrevo a afirmar que hoy esta especie está en un real y verdadero peligro de extinción, y nadie podrÃa asegurar, escuchen bien, nadie podrÃa asegurar que sobreviva a ese peligro.
Bueno, que la especie no sobrevivirÃa es algo de lo cual se habló hace 2 000 años, porque recuerdo que cuando era estudiante oà hablar del Apocalipsis, profetizado en la Biblia, es como si hace 2 000 años algunos se dieran cuenta de que esta débil especie podrÃa un dÃa desaparecer.
Desde luego, también los marxistas. Recuerdo muy bien un libro de Engels, Dialéctica de la Naturaleza, donde hablaba de que algún dÃa el Sol se apagarÃa, que el combustible que alimenta el fuego de esa estrella que nos ilumina se agotarÃa y dejarÃa de existir la luz del Sol. Y entonces me queda una pregunta, que tal vez ustedes, o los profesores de ustedes, o miles y cientos de miles de ustedes se la hayan hecho alguna vez, y es la pregunta acerca de si existe o no la posibilidad de que esta especie pueda emigrar a otro sistema solar.
¿Nunca se lo han preguntado? Pues en algún momento se lo van a preguntar, porque uno se pregunta muchas cosas a lo largo de la vida, pero se las pregunta sobre todo cuando hay una razón para preguntárselas. Y creo que el hombre nunca tuvo más razón para hacerse esta pregunta, porque si aquel que era marxista se planteó el problema de la desaparición del calor y la luz solar, y como cientÃfico planteó que un dÃa no existirÃa el sistema solar, nosotros también, como revolucionarios, y echando a volar la imaginación, tenemos que preguntarnos qué pasará y si hay alguna esperanza de que esta especie escape y se vaya a otro sistema solar donde haya o pueda haber vida. Lo único que sabemos hasta ahora es que hay un sol a cuatro años luz, entre los cientos de miles de millones de soles que existen en ese enorme espacio, del que no sabemos todavÃa bien si es finito o infinito.
Por lo poco que sabemos de fÃsica, de matemática, de la luz y la velocidad de la luz, y los que viajan a los planetas más cercanos, donde no encuentran nada, y los que viajaran a Venus —creo que Venus fue en tiempo de los romanos la diosa del amor—, los que allà tengan el privilegio de llegar, van a encontrar unos ciclones que son no sé cuántos cientos de veces peores que el Katrina, el Rita, o el Michelle, o el Mitch, y todos los demás similares que cada vez con más fuerza nos azotan, porque se afirma que la temperatura en Venus es de 400 grados, y son masas de aire o de atmósfera pesada en constante soplo.
Los que han ido a Marte, que decÃan que era un lugarcito donde podrÃa haber existido la vida —Chávez habla de que posiblemente existió allà la vida, él bromea con eso—, y se fue, desapareció todo, andan buscando si hay una partÃcula de oxÃgeno o alguna huella de vida. Bien, todo puede haber ocurrido, pero lo más probable es que no hubiese existido vida desarrollada en alguno de esos planetas. El conjunto de factores que hicieron posible la vida se dieron al cabo de miles de millones de años en el planeta Tierra, esa frágil vida que puede transcurrir entre limitados grados de temperatura, entre unos pocos grados por debajo de cero y unos pocos grados por encima de cero, ya que nadie sobrevive a una temperatura en el agua de 60 grados; bastarÃan 20 segundos sin protección alguna y ya ningún ser humano vive, bastarÃan unas decenas de grados bajo cero, sin calor artificial y no podrÃa sobrevivir. En ese limitado margen de temperatura se dio la vida.
Estamos hablando de la vida, porque cuando hablamos de universidades hablamos de la vida.
¿Qué son ustedes? Si me hicieran una pregunta ahora mismo, yo dirÃa que ustedes son vida, ustedes son sÃmbolos de la vida.
Aquà hemos estado hablando de acontecimientos de nuestras vidas, de nuestra universidad, de nuestra Alma Máter, de los que llegamos hace algunas decenas de años y los que están hoy aquÃ, que ingresaron en el primer año o que están a punto de graduarse, o algunos se han graduado ya y están desempeñando funciones que otros, con menos experiencia, no podrÃan realizar.
Yo trataba de recordar cómo eran aquellas universidades, a qué nos dedicábamos, de qué nos preocupábamos. Nos estábamos preocupando de esta isla, de esta pequeñita isla. No se hablaba todavÃa de globalización, no existÃa la televisión, no existÃa Internet, no existÃan las comunicaciones instantáneas de un extremo a otro del planeta, apenas existÃa el teléfono, y, si acaso, algunos aviones de hélice. Al menos en mis tiempos, allá en 1945, nuestros aviones de pasajeros apenas llegaban a Miami y con mucho trabajo, aunque cuando era escolar de primaria escuchaba hablar del viaje de Barberán y Collar, allá en Birán se afirmaba: «Por aquà pasaron Barberán y Collar», dos pilotos españoles que cruzaron el Atlántico y siguieron hacia México; pero después no hubo más noticias de Barberán y Collar, todavÃa se discute en qué lugar cayeron, si en el mar entre Pinar del RÃo y México, o en Yucatán o en algún otro lugar. Pero nunca más se supo de Barberán y Collar, que habÃan cometido la osadÃa de cruzar el Atlántico en un avioncito de hélice que se habÃa casi recién inventado. Fue a principios del siglo que acaba de pasar cuando se inició la aviación.
SÃ, acababa de ocurrir una terrible guerra, que costó alrededor de 50 millones de vidas, y estoy hablando del momento aquel, en 1945, cuando yo ingresé en la universidad, el dÃa 4 de septiembre; bueno, ingresé en esa época, y ustedes, desde luego, se han tomado la libertad de celebrar aquel aniversario cualquier dÃa, puede ser el 4, puede ser el 17, puede ser en noviembre, puede ser hoy, en que ustedes escogieron esta fecha, porque son tantas conmemoraciones que ustedes no podÃan dar tantos actos ni yo tampoco asistir a tantos actos, y el dolor más grande de mi vida habrÃa sido no asistir, especialmente en este momento, a un acto en el Aula Magna, invitado por ustedes.
Yo todos los dÃas tengo muchos actos, todos los dÃas converso horas y horas con masas, especialmente de jóvenes, con masas de estudiantes, o con brigadas médicas que marchan a cumplir gloriosas misiones que casi nadie más es capaz de cumplir en este mundo al que me estoy refiriendo, ahora, porque ningún otro paÃs podrÃa enviar a un hermano pueblo de Centroamérica 1 000 médicos, como los que en este momento se enfrentan allà al dolor y a la muerte, frente a la más grande tragedia natural ocurrida en ese paÃs desde que se recuerda.
Una por una, a cada una de esas brigadas, les he hablado, las he despedido; o a las que marchan hacia el otro lado de la Tierra, a 18 horas de vuelo, donde ha ocurrido, casi simultáneamente, una de las más grandes tragedias humanas que ha conocido nuestro mundo en mucho tiempo, no recuerdo otra, por el lugar en que se produce, por el pueblo humilde que golpea, pueblo de pastores que viven en altÃsimas montañas, y vÃsperas de un invierno, allà donde el frÃo es muy elevado, donde la pobreza es grande y donde el mundo insensible que derrocha un millón de millones de dólares cada año en publicidad para tomarle el pelo a la inmensa mayorÃa de la humanidad —que, además, paga las mentiras que se dicen—, convirtiendo al ser humano en persona que, al parecer, no tuviera ni siquiera capacidad de pensar, porque las hacen consumir jabón, que es el mismo jabón con 10 marcas diferentes, y tienen que engañarla, porque ellos pagan ese millón de millones, no lo pagan las empresas, lo pagan aquellos que adquieren los productos en virtud de la publicidad; este mundo insensible que gasta un millón de millones de dólares cada año en objetivos de carácter militar —ya son dos millones de millones—; este mundo insensible que extrae de las masas empobrecidas, de la inmensa mayorÃa de los habitantes del planeta, varios millones de millones de dólares cada año, y permanece indiferente cuando le dicen que allà han muerto alrededor de 100 000 personas, entre ellos, tal vez, 25 000 ó 30 000 niños, o donde hay más de 100 000 heridos, y la gran mayorÃa sufriendo fracturas de hueso en los miembros superiores e inferiores del cuerpo, y de los cuales, si acaso, se habrán operado un 10%, donde hay niños con miembros mutilados, jóvenes, mujeres y hombres, ancianos.
Ese es el mundo en que estamos viviendo, no es un mundo lleno de bondad, es un mundo lleno de egoÃsmo; no es un mundo lleno de justicia, es un mundo lleno de explotación, de abuso, de saqueo, donde un número de millones de niños mueren cada año —y podrÃan salvarse—, simplemente porque les faltan unos centavos de medicamentos, un poco de vitaminas y sales minerales y unos pocos dólares de alimentos, suficientes para que puedan vivir. Mueren cada año, a causa de la injusticia, casi tantos como los que murieron en aquella colosal guerra que mencioné hace unos minutos.
¿Qué mundo es ese? ¿Qué mundo es ese donde un imperio bárbaro proclama el derecho de atacar sorpresiva y preventivamente a 70 o más paÃses, que es capaz de llevar la muerte a cualquier rincón del mundo, utilizando las más sofisticadas armas y técnicas de matar? Un mundo donde impera el imperio de la brutalidad y de la fuerza, con cientos de bases militares en todo el planeta, y entre ellas una en nuestra propia tierra, en la que intervino arbitrariamente cuando el poder colonial español no podÃa sostenerse y cuando cientos de miles de los mejores hijos de este pueblo, que apenas tenÃa un millón de habitantes, habÃan perecido en una larga guerra de alrededor de 30 años; una Enmienda Platt repugnante en virtud de una resolución de igual repugnancia que, de forma traidora, otorgaba el derecho a intervenir en nuestra tierra cuando a su criterio no existiese suficiente orden.
Ha pasado más de un siglo y todavÃa ocupa por la fuerza ese pedazo de territorio, hoy vergüenza y espanto del mundo, cuando se divulga la noticia de que fue convertida en un antro de torturas, donde cientos de personas, recogidas en cualquier lugar del mundo, están allÃ, no los llevan a su territorio porque en él puedan existir algunas leyes que les creen dificultades para tener ilegalmente por la fuerza secuestrados y durante años, sin ningún trámite, sin ninguna ley, sin ningún procedimiento a aquellos hombres, que, además, para asombro del planeta, han estado siendo sometidos a sádicas y brutales torturas. Y de eso se entera el mundo cuando allá en una cárcel en Iraq estaban torturando a cientos de prisioneros del paÃs invadido con todo el poder de ese colosal imperio, y donde cientos de miles de civiles iraquÃes han perdido la vida.
Cada dÃa se descubren cosas nuevas. Hace poco se divulgaron las noticias de que el gobierno de Estados Unidos tenÃa cárceles secretas en los paÃses satélites del este de Europa, esos que allà votan en Ginebra contra Cuba y la acusan de violación de derechos humanos; al paÃs donde nadie conoció jamás un centro de tortura a lo largo de 46 años de Revolución, porque jamás en nuestro paÃs se violó aquella tradición sin precedentes en la historia de que ni un solo hombre haya sido torturado, o se haya conocido —al menos nosotros— la tortura de un solo hombre; y no serÃamos nosotros los únicos en impedirla, serÃa nuestro pueblo que adquirió hace rato un concepto altÃsimo de la dignidad humana.
¿Quién de nosotros, quién de ustedes, cuál de nuestros compatriotas admitirÃa tranquilamente la historia de un solo ciudadano torturado, a pesar de los miles de actos de barbarie y de terrorismo cometido contra nuestro pueblo, a pesar de los miles de vÃctimas ocasionadas por la agresión de ese imperio que durante más de 45 años nos ha bloqueado y ha tratado de asfixiarnos por todos los medios? Y ahora dicen los muy descarados —como decÃa recientemente uno allà frente a la votación aplastante de 182 miembros de las Naciones Unidas, con una abstención— que las dificultades son resultado de nuestro fracaso, y un gran cómplice de ese bandido, que es el Estado pro nazi de Israel, apoya el bloqueo. Hay que decirlo asÃ, porque aquellos que tales crÃmenes cometen lo hicieron en nombre de un pueblo que durante más de 1 500 años sufrió persecución en el mundo y fue vÃctima de los más atroces crÃmenes en la Segunda Guerra Mundial, el pueblo de Israel, que no tiene ninguna culpa de las salvajadas genocidas, al servicio del imperio, que conducen al holocausto de otro pueblo, el pueblo palestino, y proclaman también el derecho repugnante de atacar sorpresiva y preventivamente a otros paÃses.
Ahora mismo el imperio amenaza con atacar a Irán si produce combustible nuclear. Combustible nuclear no son armas nucleares, no son bombas nucleares; prohibirle a un paÃs producir el combustible del futuro, es como prohibirle a alguien que explore en busca de petróleo, que es combustible del presente y llamado a agotarse fÃsicamente en poco tiempo. ¿A qué paÃs en el mundo se le prohÃbe buscar combustible, carbón, gas, petróleo?
A aquel paÃs lo conocemos bien, es un paÃs de 70 millones de habitantes, que se propone el desarrollo industrial y piensa con toda razón que es un gran crimen comprometer sus reservas de gas o de petróleo para alimentar el potencial de miles de millones de kilowatts/hora que requiere con urgencia de paÃs del Tercer Mundo su desarrollo industrial. Y ahà está el imperio queriendo prohibirlo y amenazando con bombardear. Hoy ya se debate en la esfera internacional qué dÃa y qué hora, o si será el imperio, o utilizará —como utilizó en Iraq— al satélite israelà para el bombardeo preventivo y sorpresivo sobre centros de investigación que busquen obtener la tecnologÃa de producción del combustible nuclear.
En 30 años más, el petróleo, un 80% del cual está actualmente en manos de paÃses del Tercer Mundo, ya que los otros agotaron el suyo, entre ellos Estados Unidos, que tuvo una inmensa reserva de petróleo y gas, le alcanza apenas para algunos años, por lo cual trata de garantizar la posesión del petróleo en cualquier parte del planeta y de cualquier forma, esa fuente energética, sin embargo, se agota y a la vuelta de 25 ó 30 años solo quedará una fundamental, aparte de la solar, la eólica, etcétera, para la producción masiva de electricidad, la energÃa nuclear.
Está lejano todavÃa el dÃa en que el hidrógeno, mediante procesos tecnológicos muy incipientes, pudiera ser fuente más idónea de combustible, sin el cual no podrÃa vivir la humanidad, una humanidad que ha adquirido determinado nivel de desarrollo técnico. Este es un problema presente.
Nuestro Ministro de Relaciones Exteriores acaba de cumplimentar la invitación de visitar a Irán, ya que Cuba será sede de la próxima reunión de PaÃses No Alineados, dentro de un año, y aquella nación reclama su derecho a producir combustible nuclear como cualquier nación entre las industrializadas y no ser obligada a destruir la reserva de una materia prima, que sirve no solo como fuente energética, sino como fuente de numerosos productos, fuente de fertilizantes, fuente de textiles, fuente de infinidad de materiales que hoy tienen un uso universal.
Asà anda este mundo. Y veremos qué ocurrirÃa si se les ocurre bombardear a Irán para destruir cualquier instalación que le permita la producción de combustible nuclear.
Irán ha firmado el Tratado de no Proliferación, como Cuba lo ha firmado. Nosotros nunca nos hemos planteado la cuestión de la fabricación de armas nucleares, porque no las necesitamos, y si fueran accesibles, cuánto costarÃa producirlas y qué hacemos con producir un arma nuclear frente a un enemigo que tiene miles de armas nucleares. SerÃa entrar en el juego de los enfrentamientos nucleares.
Nosotros poseemos otro tipo de armas nucleares, son nuestras ideas; nosotros poseemos armas del poder de las nucleares, es la magnitud de la justicia por la cual luchamos; nosotros poseemos armas nucleares en virtud del poder invencible de las armas morales. Por eso nunca se nos ha ocurrido fabricarlas, ni se nos ha ocurrido buscar armas biológicas, ¿para qué? Armas para combatir la muerte, para combatir el SIDA, para combatir las enfermedades, para combatir el cáncer, a eso dedicamos nuestros recursos, a pesar de que el bandido aquel —ya no me acuerdo cómo se llama el tipejo que han nombrado, no sé si Bolton, Bordon, qué sé yo—, nada menos que representante de Estados Unidos en Naciones Unidas, un supermentiroso, descarado, inventor de que Cuba estaba investigando en el Centro de IngenierÃa Genética para producir armas biológicas.
También nos acusaron de que estábamos colaborando con Irán, transfiriendo tecnologÃa con aquel objetivo, y lo que estamos es construyendo, en sociedad con Irán, una fábrica de productos anticancerÃgenos, eso es lo que estamos haciendo. Y si también lo quieren prohibir, ¡váyanse para el demonio o para donde quieran irse, idiotas, que aquà no van a asustar a nadie! (Aplausos.)
¡Mentirosos, descarados!, todo el mundo sabe que hasta la propia CIA descubrió que era mentira lo que estaba diciendo el actual representante del gobierno de Estados Unidos en la ONU, y habÃan obligado a renunciar a un hombre porque dijo que eso era mentira, y otros en el Departamento de Estado también se dieron cuenta de que era mentira y el sujeto estaba furioso, hecho un basilisco contra todos aquellos que decÃan la verdad. Ese es el representante del «Bushecito» ante la comunidad de naciones, donde acaban de sacar 182 votos en contra de su infame bloqueo. Ese es el mundo donde pretenden campear por la fuerza y campear en virtud de las mentiras y en virtud del monopolio casi total de los medios masivos. Vean qué batalla se libra en este momento. Y nombraron al sujeto por encima del Congreso, y por un tiempo, cuando el mundo entero sabe que es un descarado y un mentiroso repugnante.
Todos los dÃas le descubren al caballero que gobierna Estados Unidos un truco nuevo, un delito nuevo, una canallada nueva por parte de sus miembros, y van cayendo, van goteando uno por uno como penca de coco, como dirÃa un campesino oriental; sÃ, asà van cayendo, con un poco de ruido. Ya no les va quedando nada que inventar, pero siguen haciendo barbaridades.
Les hablaba de las cárceles en varios paÃses, cárceles secretas donde envÃan secuestrados con el pretexto de la lucha contra el terrorismo, y ya no solo en Abu Ghraib, no solo en Guantánamo, ya en cualquier parte del mundo se encuentra una cárcel secreta donde realizan torturas los defensores de los derechos humanos; son los mismos que allà en Ginebra ordenan a sus corderitos votar uno tras otro contra Cuba, el paÃs que no conoce la tortura, ¡para honor y gloria de esta generación, para honor y gloria de esta Revolución, para honor y gloria de una lucha por la justicia, por la independencia, por el decoro humano que debe mantener incólume su pureza y su dignidad! (Aplausos.)
Pero la cosa no se acaba ahÃ, esta mañana llegaban noticias informando sobre el uso de fósforo vivo en Fallujah, allà donde el imperio descubrió que un pueblo, prácticamente desarmado, no podÃa ser vencido y se vieron los invasores en tal situación que no podÃan irse ni quedarse: si se iban, volvÃan los combatientes; si se quedaban, necesitaban esas tropas en otros puntos. Ya han muerto más de 2 000 jóvenes soldados norteamericanos, y algunos se preguntan, ¿hasta cuándo seguirán muriendo en una guerra injusta, justificada con groseras mentiras?
Pero no vayan a creer que disponen de abundantes reservas de soldados norteamericanos, ya cada vez menos norteamericanos se inscriben, han convertido el enrolamiento para el ejército en una fuente de empleo, contratan desempleados, y muchas veces trataban de contratar el mayor número de negros norteamericanos para sus guerras injustas, y han llegado noticias de que cada vez menos afronorteamericanos están en disposición de inscribirse en el ejército, a pesar del desempleo y la marginación a que son sometidos, porque tienen conciencia de que los están usando como carne de cañón. En los guetos de Luisiana, cuando el gobierno gritó sálvese quien pueda, abandonaron a miles de ciudadanos que perdieron la vida ahogados o perdieron la vida en los asilos de ancianos o en los hospitales y a algunos se les aplicó la eutanasia por temor del personal facultativo de verlos morir ahogados. Son historias reales que se conocen y sobre las cuales debiera meditarse.
Buscan latinos, inmigrantes que, tratando de escapar del hambre, cruzaron la frontera, esa frontera donde están muriendo más de 500 inmigrantes cada año, muchos más en 12 meses que los que murieron durante los 28 años que duró el muro de BerlÃn.
Del muro de BerlÃn el imperio hablaba todos los dÃas; del que se levanta entre México y Estados Unidos, donde mueren ya más de 500 personas por año, pensando escapar de la pobreza y el subdesarrollo, no hablan una sola palabra. Ese es el mundo en que estamos viviendo.
¡Fósforo vivo en Fallujah! Eso significa el imperio, y secretamente. Cuando se denunció, el gobierno de Estados Unidos dijo que el fósforo vivo era un arma normal. Si era normal, ¿por qué no lo publicaron? ¿Por qué nadie sabÃa que estaban usando esa arma prohibida por las convenciones internacionales? Si el napalm está prohibido, el fósforo vivo está todavÃa mucho más prohibido.
Todos los dÃas llega una noticia de ese tipo, y todas esas cosas tienen que ver con la vida, todas esas cosas tienen que ver con este mundo. Vean qué enorme diferencia de aquellos tiempos en que nosotros llegábamos a la universidad todos llenos de ideales, llenos de sueños, llenos de buena voluntad aunque no estuviera nutrida de la experiencia, de la ideologÃa profunda y de las ideas que se iban adquiriendo a lo largo de los años. Asà entraban los jóvenes en esta universidad, que no era, por cierto, la universidad de los humildes; era la universidad de las capas medias de la población, era la universidad de los ricos del paÃs, aunque los muchachos jóvenes solÃan estar por encima de las ideas de su clase y muchos de ellos eran capaces de luchar, y asà lucharon a lo largo de la historia de Cuba.
Ocho estudiantes fueron fusilados en 1871 y fueron cimientos de los más nobles sentimientos y del espÃritu de rebeldÃa de nuestro pueblo, a quien tanto indignó aquella colosal injusticia; como los nueve estudiantes, cuya muerte conmemoramos hoy, asesinados por los nazis, en Praga, aquel 17 de noviembre de 1939, en vÃsperas de la Segunda Guerra Mundial.
En la historia de nuestra juventud estuvo siempre presente el recuerdo de aquellos estudiantes de medicina, y los estudiantes lucharon siempre contra los gobiernos tiránicos y corrompidos. Mella era uno de ellos, también procedente de la capa media; porque los de las capas más pobres, los hijos de los campesinos, no sabÃan leer ni escribir, cómo podÃan ingresar en una universidad, cómo podÃan ingresar en un bachillerato.
Yo, hijo de terrateniente, pude terminar el sexto grado y después, con séptimo grado aprobado pude ingresar en un instituto preuniversitario.
¿Quién que no hubiera podido estudiar bachillerato podÃa ir a la universidad? Quien fuera hijo de un campesino, de un obrero, que viviera en un central azucarero o en cualquiera de los muchos municipios que no fueran como el de Santiago de Cuba, o el de HolguÃn, tal vez Manzanillo y dos o tres más, no podÃa ser bachiller, ¡ni siquiera bachiller! Mucho menos graduado de la universidad, porque, entonces, después de ser bachiller, tenÃa que venir a La Habana.
Yo pude venir a La Habana porque mi padre disponÃa de recursos, y asà me hice bachiller, y asà el azar me trajo a una universidad. ¿Es que acaso soy mejor que cualquiera de aquellos cientos de muchachos, casi ninguno de los cuales llegó a sexto grado y ninguno de los cuales fue bachiller, ninguno de los cuales ingresó en una universidad?
Mi propio caso, como el de muchos otros, mencioné a Mella, podrÃa mencionar a Guiteras, podrÃa mencionar a Trejo, que murió en una de esas manifestaciones, un 30 de septiembre, en la lucha contra Machado; podrÃa mencionar nombres como los que ustedes aquà señalaron al iniciarse el acto.
Antes de la Revolución, contra la tiranÃa batistiana siempre hubo muchos estudiantes nobles, dispuestos a sacrificarse, dispuestos a dar la vida. Y asÃ, cuando volvió con todo el rigor la tiranÃa batistiana, muchos estudiantes lucharon y muchos estudiantes murieron, y aquel jovencito de Cárdenas, Manzanita, como le llamaban, siempre risueño, siempre jovial, siempre cariñoso con todos los demás, se iba distinguiendo por su valentÃa, su entereza, cuando bajaba las escalinatas, cuando se enfrentaba a los carros de bomberos, cuando se enfrentaba a la policÃa. Asà fueron surgiendo todos ellos.
Si usted va, incluso, a la casa donde vivió EcheverrÃa —José Antonio, vamos a llamarlo as×, es una casa buena, una excelente casa. Vean cómo los estudiantes muchas veces pasaban por encima de su origen social y de su clase, en esa edad de tantas esperanzas, de tantos sueños.
En aquella universidad, para estudiar medicina habÃa una sola facultad y un solo hospital docente, y muchos obtenÃan premios, primer premio en medicina, y algunos, incluso, de cirugÃa sin haber operado nunca a nadie.
Algunos lo lograban, eran activos y hacÃan alguna relación con algún profesor que los ayudaba, los llevaba a alguna práctica, los llevaba a algún hospital. Asà surgieron buenos médicos, no una masa de buenos médicos —sà habÃa una masa de médicos deseosa de viajar a Estados Unidos—, que estaban sin empleo, y cuando la Revolución triunfa se marchan precisamente a Estados Unidos, y quedaron la mitad, 3 000, y el 25% de los profesores. De ahà partimos hacia el paÃs de hoy, que se yergue ya casi como capital de la medicina mundial.
Hoy nuestro pueblo tiene a su disposición, por lo menos, 15 médicos, y mucho mejor distribuidos, por cada uno de los que quedaron aquà en el paÃs; tiene decenas de miles en el exterior prestando servicios solidarios, y crecen. Hay en este momento —pedà la cifra exacta— 25 000 estudiantes de medicina; en primer año alrededor de 7 000, e ingresarán no menos de 7 000 cada año, y tiene ya más de 70 000 médicos. No hablo de las decenas de miles de estudiantes de otras ciencias médicas, tenemos la idea de que estén estudiando en el área de la medicina alrededor de 90 000, si usted incluye las enfermeras, las que están estudiando licenciatura en enfermerÃa y todos los que estudian carreras relacionadas con la salud, dentro del caudal enorme de estudiantes que hoy tiene nuestra universidad.
Yo querÃa señalar la diferencia de ese año en que entré en la universidad, ¿qué era nuestro paÃs? Hay que preguntarse eso y meditar qué es hoy nuestro paÃs, en todos los terrenos. Y podrÃamos hacernos la misma pregunta con relación a ocho, diez, quince, veinte cosas. No hay comparación posible.
Hablaba de que Barberán y Collar perecieron en un avioncito lleno de tanques de gasolina, porque era lo único que podÃan hacer en ese tiempo, despegaron, salieron casi como nosotros de allá de México, en 1956: «si salimos, llegamos; si llegamos, entramos; si entramos, triunfamos». Parece que antes otros hombres hicieron una acción tan audaz como esa, la de cruzar el Atlántico.
Salieron y llegaron a Cuba, volvieron a salir; llegaron a México, pero llegaron sin vida a México.
Hablaba de una nave que despegaba; esta era una nave que despegaba en los primeros tiempos, un pequeño avioncito, que parecÃa movido por la fuerza de una liga. ¿Ustedes no han visto nunca esos avioncitos que les enredan una liga, los sueltan, despegan y llegan? Cuando nuestra Revolución triunfó en este hemisferio, al lado del imperio y rodeado de satélites del imperio, con alguna excepción, iniciábamos un camino muy difÃcil. Ya es otra época, fueron unos cuantos años después de nuestra entrada en la universidad.
Nosotros entramos en la universidad a finales del año 1945, e iniciamos nuestra lucha armada en el Moncada el 26 de Julio de 1953, realmente, casi ocho años después, y la Revolución triunfa cinco años, cinco meses y cinco dÃas después del Moncada, tras un largo recorrido por las prisiones, el exilio y la lucha en las montañas. Fue un tiempo, si se mira históricamente, si se compara con las luchas anteriores, tan duras y tan difÃciles de nuestro pueblo, un tiempo relativamente breve, y fueron dos etapas: la entrada en la universidad, la salida y el golpe de Estado del 10 de marzo de 1952.
Esa etapa cuando iniciábamos la lucha es el punto de donde hay que partir ahora; despegábamos, intentábamos despegar, no conocÃamos ni siquiera muy bien las leyes de la gravedad, Ãbamos cuesta arriba luchando contra el imperio, que era ya el más poderoso, pero cuando todavÃa existÃa otra superpotencia, como la llamábamos; fue cuesta arriba, marchando cuesta arriba fuimos ganando experiencia, marchando cuesta arriba fue fortaleciéndose nuestro pueblo y nuestra Revolución, hasta llegar a hoy.
Ojalá yo tuviera más tiempo para hablar, pero este ahora de ahora es un ahora sin precedente, es una hora muy distinta de todas las demás, en nada se parece a la de 1945, en nada se parece a la de 1950 cuando nos graduamos, pero poseedores ya de todas aquellas ideas de las que hablé un dÃa, cuando afirmé con amor, con respeto, con entrañable cariño, que en esta universidad, donde llegué simplemente con un espÃritu rebelde y algunas ideas elementales de la justicia, me hice revolucionario, me hice marxista-leninista y adquirà los sentimientos que a lo largo de los años he tenido el privilegio de no haberme sentido nunca tentado, ni en lo más mÃnimo, a abandonarlos alguna vez. Por eso me atrevo a afirmar que no los abandonaré jamás.
Y si de confesiones se trata, cuando terminé en esta universidad yo me creÃa muy revolucionario y, simplemente, estaba iniciando otro camino mucho más largo. Si yo me sentÃa revolucionario, si me sentÃa socialista, si habÃa adquirido todas las ideas que hicieron de mÃ, y no podÃa haber ninguna otra, un revolucionario, les aseguro con modestia que hoy me siento diez veces, veinte veces, tal vez, cien veces más revolucionario de lo que era entonces (Aplausos). Si entonces estaba dispuesto a dar la vida, hoy estoy mil veces más dispuesto a entregar la vida que entonces (Aplausos).
Uno, incluso, entrega la vida por una noble idea, por un principio ético, por un sentido de la dignidad y el honor, aun antes de ser revolucionario, y también decenas de millones de hombres murieron en los campos de batalla en la Primera Guerra Mundial y en otras guerras, enamorados casi de un sÃmbolo, de una bandera que la encontraron bella, un himno que escucharon emocionante, como lo fue La Marsellesa en su época revolucionaria, y después himno del imperio colonial francés. En nombre de ese imperio colonial y de los repartos del mundo murieron en masa en las trincheras, en la Primera Guerra Mundial, millones de franceses. Si el hombre es capaz de morir, el único ser que es consciente de entregar la vida voluntariamente, no lucha por instintos, como hay tantos animales que luchan por instinto, prácticamente las leyes de la naturaleza lo condujeron hacia esa estirpe; el hombre es una criatura llena..., el hombre y la mujer..., y cada vez hay que decir más las mujeres; sÃ, tengo razones, no sé si tendré tiempo de decirlas. Pero el ser humano es el único capaz, conscientemente, de pasar por encima de todos los instintos. El hombre es un ser lleno de instintos, de egoÃsmos, nace egoÃsta, la naturaleza le impone eso; la naturaleza le impone los instintos, la educación impone las virtudes; la naturaleza le impone cosas a través de los instintos, el instinto de supervivencia es uno de ellos, que lo pueden conducir a la infamia, mientras por otro lado la conciencia lo puede conducir a los más grandes actos de heroÃsmo. No importa cómo seamos cada uno de nosotros, cuán diferentes seamos cada uno de nosotros, pero entre todos nosotros hacemos uno.
Resulta asombroso que, a pesar de la diferencia entre los seres humanos, puedan ser uno en un momento o puedan ser millones, y solo pueden ser millones a través de las ideas. Nadie siguió la Revolución por culto a nadie o por simpatÃas personales de nadie. Cuando un pueblo llega a la misma disposición de sacrificio que cualquiera de aquellos que con lealtad y sinceridad traten de dirigirlos y traten de conducirlos hacia un destino, eso solo es posible a través de principios, a través de ideas.
Ustedes constantemente están leyendo hombres de pensamiento, constantemente leen la historia, y en la historia de nuestra patria leen a MartÃ, leen a otros muchos destacados patriotas, y en la historia del mundo, en la historia del movimiento revolucionario leen a los teóricos, a los grandes teóricos que nunca claudicaron de los principios revolucionarios. Son las ideas las que nos unen, son las ideas las que nos hacen pueblo combatiente, son las ideas las que nos hacen, ya no solo individualmente, sino colectivamente, revolucionarios, y es entonces cuando se une la fuerza de todos, cuando un pueblo no puede ser jamás vencido y cuando el número de ideas es mucho mayor; cuando el número de ideas y de valores que se defienden se multiplican, mucho menos puede un pueblo ser vencido.
Y asÃ, cuando uno recuerda a los compañeros, y mira uno a los jóvenes que tienen importantes tareas; los otros, muchos de ellos fueron dirigentes de esta universidad y tienen largos años de lucha, unos más; unos pueden tener más de 50, otros pueden tener más de 40 y hoy cada uno de ellos en su cargo, muchos de ellos estudiantes, otros de origen humilde, como los que observo aquÃ, desde personas que estuvieron en el Moncada y personas que vinieron en el Granma, lucharon en la Sierra Maestra y participaron en todos los combates; aquà los veo, a cada uno de ellos, defendiendo una causa, una bandera.
Veo, por ejemplo, a nuestro querido compañero Alarcón. Lo recuerdo porque aquà se ha hablado de la batalla por los cinco héroes presos, y él ha sido incansable batallador por la justicia con relación a esos compañeros. Fue la tarea que recibió de la Revolución, y la recibió por sus cualidades, por su talento, por su carácter de Presidente de la Asamblea Nacional.
Veo al compañero Machadito, viejo médico, pero no médico viejo, que nos acompañó allá por las montañas. Veo a Lazo, veo a Lage, veo a Balaguer, veo a muchos por aquà para allá —todavÃa veo algo (Risas)—, creo que veo a Sáez, creo que vemos al Ministro de la enseñanza superior, creo que veo a Gómez —es Gómez, un poquito más gordito tal vez—, y un poco más allá veo a Abel, nombre bÃblico, que acaba de destacarse mucho allá en Mar del Plata, donde se libró una gloriosÃsima batalla.
Vean qué mundo, vean cuántos cambios, vean cuáles objetivos hoy vamos persiguiendo. Vean qué estrategias se van diseñando, que nos introducen a nosotros en la estrategia del mundo, siendo un minúsculo paÃs, aquà a 90 millas del colosal imperio, del más poderoso que existió jamás a lo largo de la historia, y han pasado 46 años y ahà está más distante que nunca de lograr poner de rodillas a la nación cubana, aquella que humillaron y ofendieron durante algún tiempo (Aplausos); aquella de la que fueron dueños, dueños de todo: minas, tierras, cientos de miles de las mejores hectáreas; de sus puertos, de sus instalaciones, de su sistema eléctrico, de transporte, bancario, comercial, etcétera, etcétera, y creen los muy idiotas que van a volver aquà y los vamos a llamar de rodillas: «Vengan a salvarnos una vez más, salvadores del mundo; vengan, que les vamos a entregar todo otra vez, y esta universidad, para que pongan en ella 5 000 y no medio millón, porque medio millón es mucho para la mentalidad de ustedes, que querÃan ver desempleados y hambrientos para que la porquerÃa de capitalismo ese funcione, porque es solo a base de un ejército de la reserva para que funcione; vengan y reproduzcan otra vez los desempleados analfabetos que hacÃan colas en las proximidades de los cañaverales, sin que nadie les llevara una gota de agua, ni desayuno, ni almuerzo, ni albergue, ni transporte. Búsquenlos a ver dónde los encuentran, porque aquà están sus hijos estudiando en las universidades por cientos de miles» (Aplausos).
Lo vi, no me lo contó nadie; lo vi, hace apenas 48 horas; lo vi allá en el Palacio de las Convenciones, primero en un grupo de varios cientos, con sus pulóveres azules; lo vi a través de aquellos jóvenes que se graduaron como trabajadores sociales y hoy son todos, ¡todos, sin excepción!, estudiantes universitarios, de primero a quinto año de la carrera, después de un año de estudios intensos para hacerse trabajadores sociales, después de varios años cursando esa carrera, y eran primero 500 y ahora son 28.000.
Creo que fue Agramonte, otros dicen que Céspedes, quien respondiendo a los pesimistas, cuando tenÃa 12 hombres, exclamó: No importa aquellos que no tienen confianza, que con 12 hombres se hace un pueblo. Si con 12 hombres se hace un pueblo, cuántas veces somos hoy 12 hombres. Y 12 hombres, multiplicado por quién sabe cuántas veces, armados de ideas, de conocimientos, de cultura, que saben de este mundo cómo es, saben de historia, saben de geografÃa, saben de luchas, porque tienen eso, eso que se llama una conciencia revolucionaria, que es la suma de muchas conciencias, es la suma de la conciencia humanista, la suma de una conciencia del honor, de la dignidad, de los mejores valores que puede cosechar un ser humano. Es hija del amor a la patria y el amor al mundo, que no olvida aquello de que patria es humanidad, pronunciado hace más de 100 años. Patria es humanidad, es lo que hay que repetir todos los dÃas, cuando viene alguien y se olvida de aquellos que viven en HaitÃ, o están allá en Guatemala, golpeada, entre otras causas, por el desastre natural, sufriendo inenarrables dolores, inenarrable pobreza, como ocurre habitualmente en la mayor parte del mundo.
Eso es lo único que puede exhibir el infame imperio y su repugnante sistema, resultado de la historia en la larga marcha de la especie por una sociedad de justicia nunca alcanzada a lo largo de miles de años, que es la brevÃsima historia relativamente conocida de la especie buscando una sociedad justa. Y siempre estuvieron tan lejos como tan cerca nos sentimos hoy de esa sociedad justa, y para demostrar que es posible, se trata precisamente de la sociedad que queremos construir; pero me atrevo a añadir, por encima del montón de defectos que tenemos todavÃa, de errores, de faltas, es la sociedad en la historia humana que está más cerca de poder calificarse como sociedad justa.
¿Dónde está la justicia que no la veo? No la veo porque aquel gana veinte veces, treinta veces más que yo como médico, o más que yo como ingeniero, o más que yo como catedrático de la universidad, ¿dónde está? Y, ¿por qué? ¿Qué produce aquel? ¿A cuántos educa? ¿A cuántos cura? ¿A cuántos hace felices con sus conocimientos, con sus libros, con su arte? ¿A cuántos hace felices construyéndoles una vivienda? ¿A cuántos hace felices cultivando algo para que puedan alimentarse? ¿A cuántos hace felices trabajando en fábricas, en industrias, en sistemas eléctricos, en sistemas de agua potable, en las calles, o en los tendidos eléctricos, o atendiendo las comunicaciones, o imprimiendo libros? ¿A cuántos?
Hay, y debemos decirlo, unas cuantas decenas de miles de parásitos que no producen nada y reciben tanto como aquel que lleva en un cacharro viejo, comprando y robando combustible por todo el camino de La Habana a Guantánamo, a uno de esos jóvenes estudiantes que tuvo que viajar cuando las circunstancias del transporte son muy difÃciles, y le cobra 1 000 pesos, 1 200, a lo largo de esas carreteras, tan llenas de baches en muchos lugares y faltas de señales que no pudimos terminar de hacer por diversas razones, por recursos que no tenÃamos, por incapacidades que no habÃamos superado, por descontrol de los que administran o dirigen.
SÃ, hay que tomar estas cosas muy en cuenta y no olvidarlas, porque estamos frente a una gran batalla que debemos librar, que empezamos a librar, que vamos a librar y vamos a ganar. Es lo más importante.
SÃ, estamos muy conscientes de eso, y más conscientes de eso, y en eso pensamos más que en ninguna otra cosa, de nuestros defectos, de nuestros errores, de nuestras desigualdades, de nuestras injusticias.
Y no me atreverÃa a mencionar el tema aquà si no tuviera la más absoluta convicción y la más absoluta seguridad, que salvo catástrofes mundiales, colosales guerras, estamos acercándonos aceleradamente a reducirlas y a vencerlas para que se cumpla algo, escúchese bien, que los ciudadanos de este paÃs, que en un tiempo estaban desempleados en un 10%, un 15%, un 20% o más, los ciudadanos de este paÃs que en un tiempo eran analfabetos en número de un millón, o eran analfabetos o semianalfabetos hasta un 90%, en este pueblo de hoy, y sobre todo de un mañana muy próximo, cada ciudadano vivirá fundamentalmente de su trabajo y de sus jubilaciones y pensiones.
No olvidar jamás a aquellos que durante tantos años fueron nuestra clase obrera y trabajadora, que vivieron décadas de sacrificio, las bandas mercenarias en las montañas, las invasiones como la de Girón, los miles de actos de sabotaje que costaron tantas vidas a nuestros trabajadores cañeros, azucareros, industriales, o en el comercio, o en la marina mercante, o en la pesca, los que de repente eran atacados a cañonazos y a bazucazos, nada más porque éramos cubanos, nada más porque querÃamos la independencia, nada más porque querÃamos mejorar la suerte de nuestro pueblo; y allá los bandidos haciendo de las suyas, allá los bandidos reclutados y entrenados por la CIA, allá los criminales, allá los terroristas que volaban los aviones en pleno vuelo o trataban de hacerlos volar, no importaba los que murieran, allá los que organizaban atentados de todo tipo y los actos de terrorismo contra nuestro paÃs.
¿Cambió acaso el imperio? ¿Y dónde está, «Bushecito», el señor Posadita Carriles, qué hizo con él, amable caballero que, a pesar de cosas conocidas y vergonzosas, cabalga y trata de llevar la rienda de ese imperio? ¿Cuándo va a responder aquella sana pregunta, bien sencilla, que le hicimos muchas veces? ¿Por dónde entró Posada Carriles a Estados Unidos? ¿En qué barco, por qué puerto? ¿Cuál de los prÃncipes herederos de la corona lo autorizó, serÃa el hermanito gordito de Florida? —y que me perdone lo de gordito, no es una crÃtica, sino la sugerencia de que haga ejercicios y guarde dieta, ¿no? (Risas), es algo que hago por la salud del caballero.
¿Quién lo recibió? ¿Quién le dio permiso? ¿Por qué se pasea por las calles de la Florida y de Miami quien tan desvergonzadamente lo llevó? ¿Qué se hizo aquella academia? ¿De qué era, de navegación o de crÃa de peces? ¿Qué era el bárbaro aquel?, aquel que por un telefonito habló con otro terrorista que tenÃa unas latas con dinamita y al preguntarle, y era su voz, lo reconoció el tipo, lo reconoció todo el mundo, no se podÃa negar, cuando le preguntó qué hacÃa con esas laticas y le dice: «Vete a Tropicana, tÃralas por una ventana y acaba con aquello.» Miren qué gente tan noble, tan respetuosa de las leyes, de las normas internacionales, de los derechos humanos. Y el muy desvergonzadito de «Bushecito» no ha querido responder todavÃa, está ahà calladito, nadie más ha respondido.
Las autoridades de nuestro hermano paÃs, México, tampoco han tenido tiempo —parece que es asÃ, mucho trabajo— para responder a la pregunta, que no cuesta nada, señor, decir que Posadita Carriles, ese ingenuo «niño», ingenuo e inocente, entró en el barco aquel, por el puerto aquel y de la forma que Cuba denunció.
Pero vean si son descarados, dicen todas las mentiras del mundo, pero les hacen una ingenua preguntica, una sencilla preguntica, pasan meses y no responden una palabra. Asà pasaron meses y no sabÃan dónde estaba Posadita.
Esta muchacha tan inteligente, ¿cómo se llama?, la que es Secretaria de Estado (Risas), ¿Condoleezza o Condoliza?, bueno, Condesa Rice (Risas), no sabe tampoco, ignora, y los voceros lo ignoran; no han dicho ninguna mentira, no han cometido ni el menor pecado venial, son puros, merecen el aplauso y la confianza del mundo.
Es mentira, nunca torturaron a nadie; es mentira, nunca fueron cómplices del terrorismo; es mentira, nunca inventaron el terrorismo; es mentira, nunca torturaron en ninguna parte; es mentira, nunca utilizaron fósforo vivo en Fallujah. Bueno, dicen que es verdad, pero que es muy legal, muy legÃtimo y muy decente usar el fósforo vivo. ¿Van a meterle miedo a quién?
Fuimos testigos, y me acordaba cuando veÃa a los compañeros allá y veÃa a Abel, de la colosal batalla librada allá en Mar del Plata, en el estadio y en el recinto donde se reunieron los presidentes; no voy a comentar este punto, pero nuestro pueblo tuvo oportunidad de ver, de observar —yo conozco los estados de opinión— aquella grandiosa batalla, una en la calle y otra allÃ, donde estaban reunidos los jefes de Estado.
Y hablando de historia, nunca en la historia de este hemisferio se dio algo parecido a una batalla como aquella, en que aquel caballero de la triste figura, pero no por sus ideales cervantinos, de la triste figura porque hace muecas, cosas raras, mira, se aburre, lo acuestan a dormir a las 12:00 de la noche, el mundo se acaba; cualquier dÃa, de los portaaviones despegan los aviones y bombardean aquel territorio de bandidos por culpa de los cuales, por estar un poco ocupados, le entorpecieron el sueño al jinete que lleva las riendas del imperio, porque mientras él duerme, el caballo puede seguir por donde le da la gana; al fin y al cabo, es posible que el caballo conduzca mejor los destinos del imperio que el propio jinete que debe acostarse temprano (Aplausos).
Realmente es una lástima que la madrugada no dure más tiempo, porque por lo menos el mundo podÃa estar mejor.
Asà es todo. Hemos visto muchas cosas que no deben olvidarse.
Algunos andan preguntando si Cuba habló o no habló, si Cuba tomó partido o no tomó partido. Se lo advierto, porque andan algunos intrigando ridÃculamente sobre esas cosas. Cuba habla cuando tenga que hablar y Cuba tiene muchas cosas que decir, pero no está ni apurada ni impaciente. Sabe muy bien cuándo, dónde y cómo debe golpear al imperio, su sistema y sus lacayos.
Al parecer, algunos creen o fingen creer que no habÃa un solo cubano allá en Mar del Plata, que no habÃa toda una fuerza revolucionaria cubana de primerÃsima clase en aquella marcha gloriosa de decenas de miles de ciudadanos del mundo y fundamentalmente argentinos, a los que el emperador ofendió parqueando los portaaviones, llevando un ejército, alquilando todos los hoteles y empleando miles de agentes de policÃa. Nadie se iba a meter fÃsicamente con él, si lo que deseaba era que le tiraran un huevo podrido; no, él no merece tan altos honores (Risas), de ninguna forma.
Y los bien civilizados ciudadanos argentinos y los cada vez más conscientes y expertos ciudadanos de este hemisferio, donde el orden implantado es ya insostenible e insalvable, saben lo que hacen. Dijeron que una manifestación pacÃfica, ni un hollejo lanzarÃan, y al movilizar bajo aquella frÃa llovizna tanta gente, marchar durante horas hacia el estadio y constituir allà una enorme masa en ese estadio, le dieron una lección inolvidable al imperio, porque le demostraron que son personas, son pueblos que saben lo que hacen y quien sabe lo que hace marcha hacia la victoria, es absolutamente seguro. Y los que no saben lo que hacen son aplastados por los pueblos.
No queremos darle pretextos al imperio de armar un showcito. En este ajedrez de 50 fichas, veremos al final quién da el jaque mate.
Cuando digo imperio no digo pueblo norteamericano, entiéndase bien. El pueblo norteamericano salvará muchos de los valores éticos, salvará muchos principios que han sido olvidados, se adaptará al mundo en que vivimos, si este mundo puede salvarse y este mundo debe salvarse. Y todos, nosotros entre todos y en primera fila, debemos luchar para que este mundo pueda salvarse y nuestras mejores e invencibles armas son las ideas.
Alguien habla de la batalla de ideas, sÃ, aquella batalla de ideas que estuvimos librando durante algunos años se está convirtiendo en una batalla de ideas a nivel mundial. Y triunfarán las ideas, deben triunfar las ideas. Trasmitamos ese mensaje, abrámosle los ojos a esta humanidad condenada a la extinción. Si no va a ser eterna, si es probabilÃsimo que un dÃa hasta la luz del Sol se apague, si es casi seguro que no habrá forma de trasladar la materia viva y sólida a una distancia que quede a años luz de este planeta, y las leyes fÃsicas son mucho más rigurosas, mucho más exactas que las leyes históricas o sociales.
De todas formas pienso que esta humanidad y las grandes cosas que es capaz de crear, deben preservarse mientras puedan preservarse. Una humanidad que no se preocupe por la preservación de la especie serÃa como el joven estudiante o el cuadro dirigente que sabe que su vida está muy limitada a un número reducido de años y, sin embargo, estuviera preocupado solo por su propia vida.
Mencioné unos cuantos nombres de compañeros aquà presentes, a unos les quedan más años, a otros les quedan menos, y ninguno sabe cuántos, yo no pienso jamás que alguno de ellos esté pensando preservarse sin importarle cuál sea el destino de este admirable y maravilloso pueblo, ayer semilla y hoy árbol crecido y con raÃces profundas; ayer lleno de nobleza en potencia y hoy lleno de nobleza real; ayer lleno de conocimientos en sus sueños y hoy lleno de conocimientos reales, cuando apenas está comenzando en esta gigantesca universidad que es hoy Cuba.
Y vean cómo van surgiendo nuevos cuadros, y cuadros jóvenes. Ahà está Enrique, que dirige ese ejército de los 28 000 trabajadores sociales, más los 7 000 que están estudiando y perfeccionando esa noble profesión.
Como ustedes saben, estamos envueltos en una batalla contra vicios, contra desvÃos de recursos, contra robos, y ahà está esa fuerza, con la que no contábamos antes de la batalla de ideas, diseñada para librar esa batalla.
Les voy a decir algo, para ver si los trabajadores de la construcción se llenan de amor propio; cuando quieren ser heroicos lo son. Pero no piensen que el robo de materiales y de recursos es de hoy, o del perÃodo especial; el perÃodo especial lo agudizó, porque el perÃodo especial creó mucha desigualdad y el perÃodo especial hizo posible que determinada gente tuviera mucho dinero. Recuerdo, estábamos construyendo en Bejucal un centro de biotecnologÃa importantÃsimo. Cerca de allà habÃa un pequeño cementerio. Yo daba vueltas, un dÃa fui por el cementerio, allà habÃa un colosal mercado donde aquella fuerza constructiva, sus jefes, y con la participación de un gran número de constructores, tenÃa un mercado de venta de productos: cemento, cabilla, madera, pintura, todo cuanto se usa para construir.
Ustedes saben que siempre, y aún hoy, el problema de la construcción es muy serio. Tenemos recursos, a veces han faltado materiales, o vamos teniendo y surge la posibilidad de tener cada vez más recursos para construir; pero qué tragedia con los constructores, qué debilidades las de los jefes de brigadas, de los que deben dirigir.
Pero ello no es nuevo. En el tiempo de que les hablo, para producir una tonelada de hormigón se consumÃan 800 kilogramos de cemento, y una tonelada de un buen hormigón, de ese con que fundimos pisos, o columnas, antes de la época en que se fabricara El Morro y La Cabaña, que duran más que muchas de las cosas que hoy el mundo moderno construye; pero bien, el gasto debe ser de alrededor de 200 kilogramos. Vean cómo se despilfarraba, cómo se desviaban recursos, cómo se robaba.
En esta batalla contra vicios no habrá tregua con nadie, cada cosa se llamará por su nombre, y nosotros apelaremos al honor de cada sector. De algo estamos seguros: de que en cada ser humano hay una alta dosis de vergüenza. Cuando él se queda consigo mismo, no es un juez severo, a pesar de que, a mi juicio, el primer deber de un revolucionario es ser sumamente severo consigo mismo.
Se habla de crÃtica y autocrÃtica, sÃ, pero nuestras crÃticas suelen ser casi de un grupito, nunca acudimos a la crÃtica más amplia, nunca acudimos a la crÃtica en un teatro.
Si un funcionario de Salud Pública, por ejemplo, falseó un dato acerca de la existencia del mosquito Aedes Aegypti, lo llaman, lo critican. Yo conozco algunos que dicen: «SÃ, me autocritico», y se quedan tan tranquilos, ¡muertos de risa! Son felices. ¡Ah!, ¿te autocriticas? ¿Y todo el daño que hiciste y todos los millones que se perdieron como consecuencia de este descuido o de esta forma de actuar?
CrÃtica y autocrÃtica, es muy correcto, eso no existÃa; pero si vamos a dar la batalla hay que usar proyectiles de más calibre, hay que ir a la crÃtica y autocrÃtica en el aula, en el núcleo y después fuera del núcleo, después en el municipio y después en el paÃs.
Utilicemos esa vergüenza que, sin duda, tienen los hombres, porque conozco a muchos hombres a los que llamamos sin vergüenza, y son justamente calificados de sin vergüenza, que cuando en un periódico local aparece la noticia de lo que hicieron, se llenan de vergüenza.
El ladrón engaña, o el que merece una crÃtica por su falta, engaña, es también mentiroso.
La Revolución tiene que usar esas armas, ¡y las va a usar si fuera necesario!; no debiera ser necesario. La Revolución va a establecer los controles que sean necesarios.
HabÃa muchos que estaban encantados de la vida, como dice una canción: «¿Y tú cómo estás?» Eso se le podÃa preguntar a muchos de los que andaban con la manguerita echando gasolina en los almendrones, o recibiendo un dinerito del nuevo rico, que ni siquiera querÃa pagar la gasolina que consumÃa.
Vean ustedes si lo que digo es más o menos real y habÃa un desorden general, no solo en eso, pero en eso, entre otras cosas, con pérdida de decenas de millones de dólares, pueden ser 80 —¡oiga, mire que 80 es un montón de montones de millones!—, pueden ser 160, pueden ser 200 millones. ¿Ustedes acaso saben lo que son 200 millones? Ustedes estudiaron aritmética. Pero ustedes han oÃdo hablar de las universidades en el paÃs, ¿verdad? ¿Sà o no? Ustedes son dirigentes de las universidades, y ya todos los estudiantes tienen sus derechos, de una forma o de otra, todas las categorÃas: estudiantes regulares diurnos, estudiantes nocturnos, estudiantes por esto y lo otro. ¿Y ustedes saben cuánto es el total hoy de estudiantes universitarios, de nivel superior? Si no lo saben lo podemos analizar, yo hasta aquà mismo llegué preguntando datos: a ver, dÃganme el exacto, 360 000. SÃ, 360 000 como consecuencia de la universalización de la enseñanza superior.
Seguro que Vecino sabe. No se pone bravo Vecino si le pregunto estos números, si no los conoces bien no tengas pena por eso.
¿Cuántos estudiantes regulares diurnos tienen todos los centros de enseñanza superior del paÃs, incluyendo los militares?
Si él no lo sabe alguien lo debe saber.
(Le dicen 230 000)
Enrique, ¿coincide con tus datos?
(Enrique le explica la composición de la cifra de estudiantes.)
SÃ, 500 000, pero hay que seguir sumando.
Los de la universalización son esos, los regulares diurnos juntos, esas dos cifras, es lo que yo venÃa discutiendo, son 500 000.
Pero hay otras categorÃas ahÃ, yo lo tengo.
(Enrique aclara que se incluyen los profesores adjuntos, con lo que suman 75 000, unido a 25 000 profesores universitarios, que se acerca a la cifra de 100 000.)
Aquà dice que está subdividido: «141 000 estudiantes en el curso regular diurno».
¿Estamos de acuerdo en eso?
«Ciento cuarenta y un mil estudiando en el curso para trabajadores.»
¿Son los mismos o no?, ¿o están incluidos en la de 360 000? Está incluido en los 360 000 del programa de universalización. ¿Es o no correcto?
(Enrique explica que es independiente, que está el curso regular diurno, el curso para trabajadores y la universalización).
¿Regular diurno, dices? (Le aclara que esa es la cifra que se estaba dando.)
Hay cursos para trabajadores que ya están en la universidad, cuando pasan a la universidad imagino que estén en el concepto de 360 000; 32 000 estudiando en la educación a distancia, ¿esos en qué categorÃa están? ¿En la de 360 000? No están en el regular diurno, no están en el curso para trabajadores, y son estudiantes. Viene existiendo esa enseñanza.
Bien, vamos a buscar la cifra más conservadora, que para los fines que yo necesito alcanza.
En la actualidad hay más de 500 000 estudiantes universitarios.
Ustedes saben, además, que existen ya 958 sedes universitarias. Por algo ustedes, la FEU, están ya en los municipios, donde se estudian en conjunto 45 carreras universitarias, y crece por año. Hay 169 sedes universitarias municipales, del Ministerio de Educación Superior; 130 sedes universitarias para el área «Alvaro Reinoso», de ellas 84 en bateyes azucareros, muchos de estos están en la cifra anterior; hay 18 sedes en prisiones, sedes de estudio superior que tienen 594 matriculados en licenciatura de estudios socioculturales, no son muchos todavÃa; 240 sedes universitarias del INDER, 19 sedes en prisiones donde están estudiando también, 579 matriculados, 200 que concluyeron el primer año de la carrera. Eso es nuevo también: sedes universitarias en las prisiones. Existen, por otro lado, 169 sedes universitarias municipales de salud pública, 1 352 sedes en policlÃnicos, unidades de salud y bancos de sangre, en los que se estudian distintas licenciaturas asociadas a la salud pública.
Hay casi 100 000 profesores entre titulares y adjuntos. Muchos que estaban en el aparato burocrático de los centrales azucareros y en otros lugares hoy están dando clases, son profesores adjuntos; ha crecido, por tanto, la masa de profesores del nivel superior. Entre los dos —y no hablo de otros trabajadores de las universidades—, estudiantes y profesores, suman alrededor de 600 000.
Entre los estudiantes más de 90 000 eran jóvenes que no poseÃan matrÃcula ni empleo, muchos de ellos de extracción humilde, que hoy están teniendo excelentes resultados en los estudios universitarios.
¿Hago preguntas o digo, más o menos, los datos que tengo?
He estado preguntando hasta última hora cuál es el gasto, el presupuesto de los centros de enseñanza superior. Carlitos me dio un dato, creo que dijo 830. Vecino debe saberlo, porque él conoce estos datos. ¿Recuerdas ese dato, Vecino?
(Vecino plantea que el curso pasado fueron 230 millones de pesos.)
No, ojalá. Ahà hay un dato que alguien pudiera conocer.
Vean, este es del Ministerio de Finanzas. Ese es el año 2004, este del 2005 es el que yo estoy preguntando, en este ha crecido enormemente. El del año pasado no me sirve, Vecino.
Bueno, lo que le pasa a Vecino nos pasa a todos, y es un tema de vida o muerte. Hace unos dÃas estaba delante de 200 profesionales universitarios, bien preparados, y les hice una pregunta: «¿Cuál de ustedes conoce lo que paga en su casa por el consumo eléctrico?» Escuchen bien, compañeras y compañeros. ¿Cuántos creen ustedes que me respondieron? Hagan un cálculo, según la lógica.
¿Qué tú piensas, tú que hablaste aqu� Y es listo el compañero, todos son listos, pero unos tienen más facilidades de palabra. ¿Cuántos tú crees que respondieron a la pregunta que les hice a 200 profesionales universitarios? (Le dice que 100.)
¿Qué tú piensas? ¿Tú sabes cuánto gastas tú? (Expresa que tiene una idea.)
¿Cuánto es la idea, dime en dinero y en kilowatt? (Risas.) No, espérate, yo te lo digo, incluso, si tú me dices cuántos bombillos incandescentes tienes, de qué marca es el refrigerador, qué televisor blanco y negro o en colores usas y de qué año, qué ventilador tienes, cuánta agua hierves al dÃa, en qué la hierves, si con gas de la calle, si con luz brillante o gas lÃquido. No, es que yo no les quiero hacer la pregunta a ustedes, cuidándolos a ustedes, lo único que yo les he preguntado es que me hagan un cálculo de cuántos respondieron de los 200 a mi pregunta de cuánto pagaban por el recibo eléctrico.
Tú, que te estás riendo, a ver, un cálculo, un estimado, 50, 70, 120 (Uno le dice que la tercera parte). ¿Y tú? (Le dice que no menos de 100.) Tú debes estar recordando la que estás gastando por miedo a que te pregunte, pero no te voy a hacer la pregunta (Risas).
¿Saben cuántos respondieron la pregunta de 200? ¿Saben cuántos? El 0,0000 hasta el infinito. Alguna aritmética ustedes estudiaron, pueden comprenderlo: ninguno; ninguno en absoluto.
Yo pienso que todos los ciudadanos en este paÃs deben meditar en eso.
¿Les puedo hacer una pregunta a ustedes? ¿Por qué ocurrió eso? A ver, hay que meditar. Hemos dicho que hay que cambiar el mundo, que hay que salvarlo, que estamos en un mundo en su hora crÃtica y casi próxima a un trágico final, no estoy exagerando aquà para impresionarlos a ustedes. Puede ser que ustedes tengan menos años que yo y ese fenómeno ocurra. Hablo por ustedes, y por los hijos de ustedes, y los hermanos de ustedes, menores o mayores. Jamás se pudo afirmar eso, a lo largo de la historia breve del hombre, no de la historia salvaje, cuando ya era hombre y ya habÃa desarrollado una capacidad mental, aunque no vivÃa en sociedad, ni habÃa desarrollado la lengua escrita, ni siquiera una rudimentaria tecnologÃa.
¿Por qué? Ustedes están obligados a pensar. ¿Qué lÃderes universitarios son ustedes? Carlitos, ¿de dónde salió esta tropa que no es capaz de dar una idea de las razones por las cuales 200 profesionales universitarios no respondieron la pregunta sobre el gasto de energÃa? ¿Qué tiempo quieren para meditar?
¿Les basta un minuto? (Un compañero explica que es porque la familia cubana tiene la facilidad de pagarla, no es como en otros lugares que tienen que estar pendientes de esa situación.)
¿Tú qué piensas? (Plantea que es porque ningún universitario tiene que ir a la calle a buscar para poder pagar la corriente eléctrica.)
¿Tú qué piensas? (Dice que esto ocurre porque es insignificante lo que se paga.)
¿Tú qué piensas? (Considera que la Revolución subsidia la mayor parte de los gastos de nuestra población y ahorrar no es una preocupación.)
Bien, yo les voy a hacer otra pregunta. Ustedes se están acercando a la razón exacta, al menos tal como yo la veo, y no la veo solo en eso. Hay algunas preguntas que pueden enredarse más, pero hay que hacer a la gente pensar y hay que llamar a todos nuestros compatriotas honestos, y hasta a los deshonestos incluso, puede haber algún deshonesto que diga, bueno, la verdad: «Por esto.» Hay muchas. Sencillamente porque prácticamente la electricidad se regala, está regalada la electricidad. Bueno, yo se lo puedo demostrar.
Después pueden venir otras preguntas: ¿Cuánto ganamos? Y si viene la pregunta de cuánto ganamos, se comenzarÃa a comprender el sueño de que cada cual viva de su salario o de su justÃsima jubilación.
Añádanle un poquitico: cuando usted piensa en dos hermanas, una de ellas era maestra, ahora están juntas, tienen problemas, dificultades, estaban ganando 80 pesos de jubilación, porque antes los salarios eran más bajos, y después vinieron perÃodos: «Te pago a ti por horario anormal, te pago a ti porque es de tarde, te pago más porque es de noche, te pago más porque tuviste que venir un domingo a la semana», nada de eso influÃa en el salario básico, influye en el ingreso individual del maestro, pero no en el salario del maestro, y las jubilaciones, según las leyes, y muchas eran viejas y ya tenÃamos que empezar a barrerlas, y les puedo asegurar que hemos ido tomando conciencia y que toda la vida es un aprendizaje, hasta el último segundo, y muchas cosas las empiezas a ver en un momento, y entre el millón de temas en que estás pensando andas distraÃdo, no te das cuenta de un fenómeno, que los incrementos de ingresos personales cuando vino el perÃodo especial, casi todos se hicieron a través de esas normas y no de un salario básico, y por eso no hubo ninguna vacilación, en fecha reciente, cuando se elevó a 150 la pensión mÃnima del trabajador, y la señora ganaba 80 pesos, la mÃnima 50 en una categorÃa, en otra 190 y en otra 230. Ahora, imagÃnate el maestro aquel, o la maestra que se pasó 40 años, antes de que surgiera el mercado libre campesino y los intermediarios asaltaran la república. SÃ, porque el campesino allà todo el mundo sabe que no va a ir a vender tres libras de arroz en ningún lugar. El campesino no es comerciante; el campesino es productor. Uno tiene un camioncito porque se lo robó, o porque lo compró, o porque es con dinero robado, porque le puso un motor, muchas cosas.
No, esto no es hablar mal de la Revolución, esto es hablar muy bien de la Revolución, porque estamos hablando de una revolución que puede hablar de esto y puede agarrar al torito por los cuernos, más que un torero de Madrid. Aquel le pone un trapo rojo, y después viene, el hombre cierra los ojos, a veces da un cabezazo y le mete un puntillazo, una varilla, lo enfurece; pero hay que agarrar al torito por los cuernos para obtener un premio.
Yo no he sido aficionado a los toros, aunque he leÃdo a Hemingway, pero de vez en cuando en México iba a una corrida de toros, yo no sé cómo se llama.
Y luego, premio: buen torero, rabo, oreja. Al que lo hacÃa perfecto le daban las dos orejas, un rabo, un nombre glorioso y la fiesta romana del toreo. No me meto con eso.
Recuerdo que al principio de la Revolución no sé a quién de nosotros, o a uno cualquiera de nosotros se nos ocurrió hablar del toreo. Eramos tan ignorantes que hablábamos del toreo, porque lo habÃamos visto allá por México y porque podÃa atraer el turismo. Vean cuánto sabÃamos nosotros, y éramos ya, o creÃamos que éramos, muy revolucionarios.
Ustedes se están riendo, me alegro, porque me anima a contarles algunas cosas más.
Una conclusión que he sacado al cabo de muchos años: entre los muchos errores que hemos cometido todos, el más importante error era creer que alguien sabÃa de socialismo, o que alguien sabÃa de cómo se construye el socialismo. ParecÃa ciencia sabida, tan sabida como el sistema eléctrico concebido por algunos que se consideraban expertos en sistemas eléctricos.
Cuando decÃan: «Esta es la fórmula», este es el que sabe. Como si alguien es médico. Tú no vas a discutir con el médico acerca de anemia, de problemas intestinales, de cualquier especialidad, al médico nadie lo discute. Puede creer que es bueno o malo, qué sé yo, puede hacerle caso o no; pero a nadie se le discute. ¿Quién de nosotros va a discutir con un médico, o con un matemático, o con un experto en historia, en literatura o cualquier materia? Pero somos idiotas si creemos, por ejemplo, que la economÃa —y que me perdonen las decenas de miles de economistas que hay en el paÃs— es una ciencia exacta y eterna, y que existió desde la época de Adán y Eva.
Se pierde todo el sentido dialéctico cuando alguien cree que esa misma economÃa de hoy es igual a la de hace 50 años, o hace 100 años, o hace 150 años, o es igual a la época de Lenin, o a la época de Carlos Marx. A mil leguas de mi pensamiento el revisionismo, rindo verdadero culto a Marx, a Engels y a Lenin.
Un dÃa dije: «En esta universidad me hice revolucionario»; pero fue porque hice contacto con esos libros, y antes de empatarme, por mi propia cuenta y sin haber leÃdo ninguno de esos libros, estaba cuestionando la economÃa polÃtica capitalista, porque me parecÃa irracional ya en aquella época, y estudiaba economÃa polÃtica en el primer año por Portela, 900 páginas en mimeógrafo, durÃsima, casi a todo el mundo lo suspendÃa. Era el terror aquel profesor.
Una economÃa que explicaba las leyes del capitalismo, mencionaba las distintas teorÃas sobre el origen del valor, y mencionaba también a los marxistas, los utopistas, los comunistas, en fin, las más variadas teorÃas sobre economÃa. Pero estudiando la economÃa polÃtica del capitalismo comencé a sentir grandes dudas, a cuestionar aquello, porque yo, además, habÃa vivido en un latifundio y recordaba cosas, tenÃa ideas espontáneas, como tantos utopistas hubo en el mundo.
Después, cuando supe lo que era el comunismo utópico, descubrà que yo era un comunista utópico, porque todas mis ideas partÃan de: «Esto no es bueno, esto es malo, esto es un disparate. Cómo van a venir las crisis de superproducción y el hambre cuando hay más carbón, más frÃo, más desempleados, porque hay precisamente más capacidad de crear riquezas. ¿No serÃa más sencillo producirlas y repartirlas?»
Por ese tiempo parecÃa, como le parecÃa también a Carlos Marx en la época del Programa de Gotha, que el lÃmite a la abundancia estaba en el sistema social; parecÃa que a medida que se desarrollaban las fuerzas productivas podÃan producir, casi sin lÃmites, lo que el ser humano necesitaba para satisfacer sus necesidades esenciales de tipo material, cultural, etcétera.
Todos se han leÃdo aquel Programa, y es, por cierto, muy respetable.
EstablecÃa con claridad cuál era la diferencia en su concepto entre distribución socialista y distribución comunista, y a Marx no le gustaba profetizar o pintar futuro, era sumamente serio, jamás hizo eso.
Cuando escribió libros polÃticos, como El 18 Brumario, Las luchas civiles en Francia, era un genio escribiendo, tenÃa una interpretación clarÃsima. Su Manifiesto Comunista es una obra clásica. Usted la puede analizar, puede estar más o menos satisfecho con unas cosas o con otras. Yo pasé del comunismo utópico a un comunismo que se basaba en teorÃas serias del desarrollo social como el materialismo histórico. En el aspecto filosófico, se apoyaba en el materialismo dialéctico. HabÃa mucha filosofÃa, muchas pugnas y disputas. Siempre, desde luego, hay que prestar la debida atención a las diversas corrientes filosóficas.
En este mundo real, que debe ser cambiado, todo estratega y táctico revolucionario tiene el deber de concebir una estrategia y una táctica que conduzcan al objetivo fundamental de cambiar ese mundo real. Ninguna táctica o estrategia que desuna serÃa buena.
Tuve el privilegio de conocer a los de la TeologÃa de la Liberación una vez en Chile, cuando visité a Allende, en el año 1971, y me encontré allà con muchos sacerdotes, o representantes de distintas denominaciones religiosas, y planteaban la idea de unir fuerzas y luchar, con independencia de sus creencias religiosas.
El mundo está desesperadamente necesitado de una unidad, y si no conseguimos conciliar el mÃnimo de esa unidad, no llegaremos a ninguna parte.
DecÃa ayer en una reunión con el representante de la Santa Sede en nuestro paÃs, al conmemorarse el 70 aniversario de las relaciones ininterrumpidas entre Cuba y el Vaticano, que una de las cosas que aprecié mucho de Juan Pablo II fue el espÃritu ecuménico. Porque estudié en escuelas de maestros y profesores religiosos desde el primer grado hasta el último, en escuelas de Hermanos de La Salle y de jesuitas, eran religiosas, y tenÃa que ir a misa todos los dÃas. No critico al que quiera ir, pero sà me opongo a que te obliguen a ir todos los dÃas, que era lo que me ocurrÃa a mÃ.
Bueno, muchas cosas. Conversé ayer incluso con los obispos muchos de estos temas con respeto y en buen espÃritu; recordaba lo que decÃa sobre el ecumenismo, y recordaba que en mi época observaba una guerra a muerte, todas las religiones unas contra otras: la católica contra la judaica, la protestante, la musulmana, y asà cada una de ellas; hablar de una a otra, era hablar del diablo.
Años después, con sorpresa iba viendo, creo que fue después del Concilio que tuvo lugar en Roma, el Vaticano II. Influyó mucho en la creación de un espÃritu ecuménico, de respeto a las creencias de cada uno de los demás.
ImagÃnense numerosas y poderosas iglesias, la Iglesia Católica, el conjunto de las demás iglesias cristianas, la Iglesia Musulmana. Nosotros mismos estamos observando cosas sumamente interesantes, que no conocÃamos, de las fortÃsimas culturas, creencias y costumbres religiosas de los musulmanes, porque están allá los médicos en un paÃs musulmán salvando vidas. Nos tratan con gran afecto y respeto. No voy a entrar en los detalles, pero son cosas de gran impacto. Hay varias religiones muy fuertes y algunas tienen miles de años, 2 500, 3 000, otras un poco menos de 2 000 años, otras cientos de años.
Es un buen ejemplo, porque si el sentimiento religioso no se une, cualesquiera que sean las ideas éticas o los valores morales, los objetivos que cualquier religión persiga no se alcanzarán jamás, si se trata de la lucha de numerosas iglesias, siete, ocho, diez, o más —hay muchas más—, luchando todas unas contra otras y repeliéndose todas entre sÃ.
A mà me ha hecho pensar en estos temas la idea, para mà clara, de que los valores éticos son esenciales, sin valores éticos no hay valores revolucionarios.
No sé por qué los comunistas fueron imputados de la filosofÃa de que el fin justifica los medios, y a veces, incluso, uno se pregunta por qué no se defendieron más los comunistas de aquella acusación de que el fin justificaba los medios; me lo explico, incluso, por razones históricas, por la enorme influencia ejercida por el primer Estado socialista, y por la primera y verdadera revolución socialista, la primera en la historia, que surge en un paÃs feudal, con hábitos y costumbres feudales en gran parte todavÃa, analfabeta la mayorÃa de la población; pero era la primera revolución proletaria a partir de las ideas de Marx y Engels, desarrollada por otro gran genio que fue Lenin.
Lenin sobre todo estudió las cuestiones del Estado; Marx no hablaba de la alianza obrero-campesina, vivÃa en un paÃs con gran auge industrial; Lenin vio el mundo subdesarrollado, vio aquel paÃs donde el 80% o el 90% era campesino, y aunque tenÃa una fuerza obrera poderosa en los ferrocarriles y en algunas industrias, Lenin vio con absoluta claridad la necesidad de la alianza obrero-campesina, de la cual no habÃa hablado nadie, todo el mundo habÃa filosofado, pero no habÃa hablado sobre eso. Y en un enorme paÃs semifeudal, semisubdesarrollado, es donde se produce la primera revolución socialista, el primer intento verdadero de una sociedad igualitaria y justa; ninguna de las anteriores que eran esclavistas, feudales, medievales, o antifeudales, burguesas, capitalistas, aunque hablaran mucho de libertad, igualdad y fraternidad, ninguna se propuso jamás una sociedad justa.
A lo largo de la historia, el primer esfuerzo humano serio por crear la primera sociedad justa, comenzó hace menos de 200 años; en 1850 creo que se escribió el Manifiesto Comunista, y faltan 45 años, sÃ, faltan 45 años para cumplir 200 años, y puede apreciarse después la evolución del pensamiento revolucionario.
Con dogmatismo no se hubiera jamás llegado a una estrategia. Lenin nos enseñó mucho, porque Marx nos enseñó a comprender la sociedad; Lenin nos enseñó a comprender el Estado y el papel del Estado.
Todos esos factores históricos influyeron tremendamente en el pensamiento revolucionario, y hubo desde luego prácticas abusivas y en ocasiones repugnantes. Eso impulsó la calumniosa imputación de que para el comunista «el fin justifica los medios.»
Yo he pensado mucho en el papel de la ética. ¿Cuál es la ética de un revolucionario? Todo pensamiento revolucionario comienza por un poco de ética, por un poco de valores que le inculcaron los padres, le inculcaron los maestros, él no nació con esas ideas; igual que no nació hablando, alguien lo enseñó a hablar. La influencia de la familia es también muy grande.
Cuando nosotros hemos estudiado los casos de los jóvenes que están en prisión entre 20 y 30 años, vemos procedencia, niveles culturales de los padres, y tienen influencia decisiva, al extremo de que durante la batalla de ideas, nosotros, haciendo todo tipo de investigaciones sociales de esa Ãndole, arribamos a la conclusión de que el delito en Cuba estaba estrechamente asociado al nivel cultural y al status social de los padres; era increÃble el bajÃsimo porcentaje de hijos de profesionales universitarios e intelectuales que delinquÃan, como era igualmente increÃble el número de aquellos que procedÃan de familias humildes donde no existÃa esa base cultural. Otro problema influÃa mucho: la disgregación del núcleo en una familia humilde de bajo nivel cultural.
Algunos hijos no se quedaban ni con el padre ni con la madre, sino con una tÃa, una abuela con dificultades de salud u otros problemas, esto ejercÃa notable influencia en el destino del niño.
Fue cuando utilizábamos aquellas brigadas universitarias que visitaban los barrios más pobres, o cuando un dÃa decidimos movilizar 7 000 estudiantes a los que después entregué a cada uno un diploma, los firmé en el avión, venÃa de Africa; por el camino, no se sabe las horas interminables en que firmé miles de diplomas, por el valor que le daba a aquel trabajo. Los visitaba en su tarea, y cómo aprendimos. HabÃa que ver qué pasaba allà en la sociedad. QuerÃamos saber muchas cosas y no las sabÃamos: cómo vivÃa la gente.
Fue en esa ocasión cuando descubrimos que, por ejemplo, una madre podÃa estar trabajando, recibir un sueldo, tener a la vez un hijo con retraso mental severo, encamado y necesitado de atención todo el tiempo, habÃa que hacérselo todo. Algún familiar se lo cuidaba mientras ella trabajaba. Un dÃa el familiar se marchaba, o morÃa, y aquella mujer tenÃa que escoger entre el trabajo, del cual recibÃa su sustento, o atender al hijo.
Quiero que sepan que aquella vez decidimos que toda mujer en esas condiciones debÃa optar, según su oficio, según las necesidades e importancia de su trabajo para la sociedad, por recibir el salario por cuidar al niño, o el Estado sufragar el salario de alguien que atendiera a ese niño, mientras ella trabajaba. Es un ejemplo de muchos.
También ayudaron las brigadas de estudiantes a salvar vidas de personas, por ejemplo, que se iban a suicidar por enfermedad mental o depresión por otra causa. ¡Cómo descubrimos cosas! HabÃa no sé si 20 000 ó 30 000 personas de más de 60 años que vivÃan solas y no tenÃan muchos ni un timbrecito donde avisarle a alguien si sufrÃan un fuerte dolor en el pecho o cualquier otro problema de esa Ãndole. Esa era la sociedad.
Vimos los ingresos que recibÃa cualquier ciudadano por pensión o asistencia social. Muchos datos no aparecÃan en ninguna estadÃstica, no aparecÃan en ningún censo. Ibamos descubriendo, descubriendo y descubriendo cosas, y haciendo cosas, fraguando ideas. Llegamos a fraguar más de 100 programas sociales, muchos de ellos se están cumpliendo ya hace rato. No hemos estado divulgando lo que se hizo. Qué dÃas gloriosos aquellos en los que, partiendo fundamentalmente de los cuadros de la juventud y con el apoyo del Partido y de todas las instituciones, se desarrolló aquella batalla de ideas en torno al regreso del niño secuestrado en Estados Unidos.
Toda la vida tendremos que estar agradecidos de las circunstancias que aceleraron de tal forma nuestro conocimiento de la sociedad y nuestro aprendizaje. Pienso que tal vez hoy no estarÃamos haciendo lo que estamos haciendo si no hubiéramos vivido aquella experiencia.
Creamos el primer curso de trabajadores sociales. Hubo que saber cuáles eran los salarios mÃnimos. Quiero que sepan que el aumento de este se hizo después de que se habÃa recorrido todo el paÃs, y la asistencia social era un tercio de la que se estableció este año, llevándola a 129 pesos promedio. Fue más fuerte lo que se hizo cuando se elevaron las jubilaciones y pensiones, cuando la mÃnima se elevó hasta 150, a 190 la siguiente categorÃa y a 230 la subsiguiente. También el salario mÃnimo se elevó fuertemente.
Hablábamos de la importancia del factor ético. HabrÃa que investigar las razones de la confusión. Pienso que ocurrieron acontecimientos históricos que influyeron en la idea de que para un comunista el fin justificaba los medios, acontecimientos internacionales difÃciles de comprender —los he mencionado en más de una ocasión—, a pesar de todo el antecedente que constaba del intento franco-británico, las dos grandes potencias coloniales, las mayores del mundo, de lanzar a Hitler contra la URSS. Pienso que los planes imperialistas de lanzar a Hitler contra la URSS jamás habrÃan justificado el pacto de Hitler con Stalin, fue muy duro. Los partidos comunistas, que se caracterizaban por la disciplina, se vieron todos obligados a defender el Pacto Molotov-Ribbentrop y a desangrarse polÃticamente.
Antes de ese pacto, la necesidad de unirse en la lucha antifascista condujo en Cuba a la alianza de los comunistas cubanos con Batista, y ya Batista habÃa reprimido la famosa huelga de abril de 1934, que vino después del golpe de Batista contra el gobierno provisional de 1933, de incuestionable carácter revolucionario y fruto, en gran parte, de la lucha heroica del movimiento obrero y los comunistas cubanos. Antes de aquella alianza antifascista, Batista habÃa asesinado no se sabe a cuánta gente, habÃa robado no se sabe cuánto dinero, era un peón del imperialismo yanki; pero vino de Moscú la orden: organizar los frentes antifascistas. A pactar con el demonio. Aquà pactaron con el ABC fascista y con Batista, un fascista de otro tipo, un criminal y un saqueador del tesoro público.
Son acontecimientos muy difÃciles, pero venÃan unos tras otros, y los comunistas más disciplinados del mundo, lo digo con sincero respeto, eran los partidos comunistas de América Latina y entre ellos el de Cuba, del cual tuve siempre y conservo un altÃsimo concepto.
Hoy podemos hablar del tema porque hoy vamos marchando hacia nuevas y nuevas etapas.
Los militantes del Partido Comunista de Cuba eran los ciudadanos más disciplinados, más honrados y más sacrificados de este paÃs, contribuÃan al Partido; los legisladores del Partido entregaban una proporción de su ingreso, eran la gente más honrada de este paÃs, independientemente de la lÃnea equivocada impuesta por Stalin al movimiento internacional. Cómo culparlos.
Póngalos en el dilema de aceptar o no algo, a mi juicio, absolutamente correcto: la unión de todos los comunistas. «Proletarios de todos los paÃses, ¡unÃos!», o romper abiertamente, en aquellas circunstancias, la disciplina.
Y no soy de los que se ponen a criticar a los personajes históricos satanizados por la reacción mundial para hacerles gracia a los burgueses y a los imperialistas; tampoco voy a cometer la tonterÃa de no atreverme a decir algo que tengo el deber de decir un dÃa como hoy. Nosotros debemos tener el valor de reconocer nuestros propios errores precisamente por eso, porque únicamente asà se alcanza el objetivo que se pretende alcanzar. Pues sÃ, se creó tremendo vicio de abuso de poder, de crueldad, y en especial el hábito de imponer la autoridad de un paÃs, de un partido hegemónico, a los demás paÃses y partidos.
Nosotros hemos estado más de 40 años manteniendo relaciones con el movimiento revolucionario en América Latina, y relaciones sumamente estrechas. Jamás se nos ocurrió decirle a ninguno lo que debÃa hacer. Ibamos descubriendo, además, el celo con que cada movimiento revolucionario defiende sus derechos y sus prerrogativas.
Recuerdo momentos cruciales, lo digo aquà y nada más que una partecita: cuando la URSS se derrumbó y se quedó sola mucha gente, entre ellas nosotros, los revolucionarios cubanos. Pero nosotros sabÃamos lo que debÃamos hacer y lo que tenÃamos que hacer, cuáles eran nuestras opciones. Estaban los demás movimientos revolucionarios en muchas partes librando su lucha. No voy a decir cuáles, no voy a decir quiénes; pero se trataba de movimientos revolucionarios muy serios, nos preguntaron si negociaban o no ante aquella situación desesperada, si continuaban luchando o no, o si negociaban con las fuerzas opuestas buscando una paz, cuando uno sabÃa a qué conducÃa aquella paz.
Yo les decÃa: «Ustedes no nos pueden pedir opinión a nosotros, son ustedes los que irÃan a luchar, son ustedes los que irÃan a morir, no somos nosotros. Nosotros sabemos qué haremos y qué estamos dispuestos a hacer; pero eso solo lo pueden decidir ustedes.» Ahà estaba la más extrema manifestación de respeto a los demás movimientos y no el intento de imponer sobre la base de nuestros conocimientos y experiencias y el enorme respeto que sentÃan por nuestra Revolución para saber el peso de nuestros puntos de vista. En ese momento no podÃamos pensar en las ventajas o desventajas para Cuba de las decisiones que tomaran: «Decidan ustedes», y asà cada uno de ellos, en momentos decisivos, decidió su lÃnea.
Nosotros somos un pequeño paÃs aquà en el Caribe, a 90 millas del imperio y a unas pulgadas de su base ilegal, mil veces más débil que lo que era la URSS en la época de su pacto con Hitler, o cuando estaba dando órdenes a los lÃderes de los partidos comunistas. En la época de la República de Weimar, que surgió en Alemania después de la Primera Guerra Mundial, la increÃble crisis económica desatada como consecuencia del Pacto de Versalles impuesto a aquel paÃs por Inglaterra, Francia y Estados Unidos, por un lado fortalecÃa al movimiento revolucionario y por otro a las fuerzas nacionalistas más reaccionarias.
Hitler triunfa electoralmente frente a los partidos burgueses liberales y frente a las fuerzas comunistas combativas y revolucionarias; pero pudo más en esa situación el resentimiento terrible del pueblo alemán por las condiciones leoninas establecidas por los vencedores. Y asà es como llega Hitler al poder.
Este, en un libro que escribió, habÃa declarado desenfadadamente su propósito de buscar espacio vital en el territorio de la URSS para la raza alemana, a costa de los rusos, a su juicio raza inferior. Todo eso estaba escrito, y el movimiento comunista se educó en ideas y conceptos muy claros contra el nazifascismo.
En nuestro paÃs, después de tantos revolucionarios caÃdos, siendo los comunistas los más conscientes, los mejores militantes, la gente más honrada, el partido marxista-leninista fue conducido, sin embargo, a aquella alianza con Batista, que tanto reprimió a los estudiantes y al pueblo en general. Los jóvenes eran muy reacios a su poder; los obreros, que veÃan sus intereses defendidos continuamente por los dirigentes comunistas, eran firmes y leales al Partido; pero en la juventud y en amplios sectores populares habÃa mucho rechazo justificado a Batista.
Pienso que la experiencia del primer Estado socialista, Estado que debió arreglarse y nunca destruirse, ha sido muy amarga. No crean que no hemos pensado muchas veces en ese fenómeno increÃble mediante el cual una de las más poderosas potencias del mundo, que habÃa logrado equiparar su fuerza con la otra superpotencia, un paÃs que pagó con la vida de más de 20 millones de ciudadanos la lucha contra el fascismo, un paÃs que aplastó al fascismo, se derrumbara como se derrumbó.
¿Es que las revoluciones están llamadas a derrumbarse, o es que los hombres pueden hacer que las revoluciones se derrumben? ¿Pueden o no impedir los hombres, puede o no impedir la sociedad que las revoluciones se derrumben? PodÃa añadirles una pregunta de inmediato. ¿Creen ustedes que este proceso revolucionario, socialista, puede o no derrumbarse? (Exclamaciones de: «¡No!») ¿Lo han pensado alguna vez? ¿Lo pensaron en profundidad?
¿ConocÃan todas estas desigualdades de las que estoy hablando? ¿ConocÃan ciertos hábitos generalizados? ¿ConocÃan que algunos ganaban en el mes cuarenta o cincuenta veces lo que gana uno de esos médicos que está allá en las montañas de Guatemala, miembro del contingente «Henry Reeve»? Puede estar en otros lugares distantes de Africa, o estar a miles de metros de altura, en las cordilleras del Himalaya salvando vidas y gana el 5%, el 10%, de lo que gana un ladronzuelo de estos que vende gasolina a los nuevos ricos, que desvÃa recursos de los puertos en camiones y por toneladas, que roba en las tiendas en divisa, que roba en un hotel cinco estrellas, a lo mejor cambiando la botellita de ron por una que se buscó, la pone en lugar de la otra y recauda todas las divisas con las que vendió los tragos que pueden salir de una botella de un ron, más o menos bueno.
¿Cuántas formas de robo hay en este paÃs? ¿Por qué en los estados de opinión leo todos los dÃas que muchos preguntan cuándo van los muchachos para las tiendas en divisa, cuándo van para las farmacias, cuándo van para aquà y para allá? Se han llenado de admiración y simpatÃa esos jóvenes trabajadores sociales de origen muy humilde, y muy bien preparados.
Miré aquellos rostros, como puedo mirar estos, y los rostros dicen más que cualquier artÃculo, dicen más que cualquier libro, dicen más que cualquier cliché. Ustedes conocen muy bien que desde que esta civilización existe, desde que la propiedad privada existe, surgió también la diferencia de clases y que el mundo ha conocido solo la sociedad de clases, lo demás es prehistórico.
¿Y cómo puedo saber que ustedes proceden de sectores humildes? Ninguno de ustedes llegó a la universidad porque fuera hijo de un propietario de importantes extensiones de tierra.
Aquà estamos nosotros, me han hecho el honor de situarme aquÃ. ¿Quién de ustedes tiene por padre a alguien que posea 1 000 hectáreas, o que domine sobre 10 000 hectáreas? No le voy a preguntar a cada uno de ustedes, a mà me basta verlos, si acaso es hijo de algún profesional, algunos