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Tribunas y análisis - 7 de diciembre de 2005
¡En Francia sí se puede decir!

Análisis

Las revueltas que sacudieron algunos suburbios franceses concluyeron; sin embargo, los medios de comunicación aún se hacen eco de ellas. Los actos de violencia «sólo» destruyeron establecimientos comerciales y varios miles de vehículos, sin provocar muertes, pero tuvieron repercusión mundial. Los expertos mediáticos o dirigentes políticos se dieron gusto hablando al respecto, concedieron a los hechos una importancia que no tenían y se atrevieron a realizar las comparaciones más absurdas (el paralelo entre los actos de violencia y el huracán Katrina gozó de particular popularidad a pesar de su incongruencia) o nauseabundas (el principio de una guerra religiosa fue formulado con regularidad por una parte de la prensa).
La entidad Project Syndicate no escatimó esfuerzos en la materia. De esta forma pudimos encontrar el artículo sobre los actos de violencia en Francia del ex primer ministro francés Michel Rocard en el Daily Times (Pakistán), ABC (España), Taipei Times (Taiwán) y Jordan Times. Por su parte, la tribuna de los analistas Alfred Stepan y Ezra Suleiman tuvo el honor de ser reproducida en el Korea Herald (Corea del Sur), el Daily Times (Pakistán), el Taipei Times (Taiwán), el L’Orient Le Jour (Líbano) y La Vanguardia (España). Como de costumbre, no podemos garantizar que estos artículos no hayan tenido una mayor difusión; es probable que algunas publicaciones hayan escapado a nuestra atención. Estos textos exhortan a Francia a revisar su sistema social pero no aportan mucho que digamos al análisis. No obstante, contribuyen a dramatizar los hechos e influyen en la lectura internacional de un acontecimiento que, a escala mundial, no constituye más que un epifenómeno.
El escritor y periodista de Bahrein, Said Al Shihabi, no se muestra indiferente ante esta mediatización. Aunque quiere a todo precio diferenciar estos acontecimientos de la relación de «Occidente» con el Islam, en un texto publicado por Alquds al-Arabi, no deja de sucumbir a la dramatización generalizada de los acontecimientos, al comparar, como lo hizo antes que él Bernard Cassen, los actos de violencia en los suburbios con el paso del huracán Katrina. Sin embargo, ¿cuáles son los elementos de comparación entre la destrucción total de una ciudad, que dejó como resultado cientos de muertos, y la destrucción de algunos miles de autos? Todo ello lo lleva a pedir el cuestionamiento del modelo social francés. De esta forma, haciendo suyo el análisis de los medios de prensa internacionales, acaba formulando la misma respuesta: es necesario adaptar el sistema social francés, uno de los temas de campaña del candidato Nicolas Sarkozy, personaje inevitable de la mayoría de las tribunas sobre el tema.

Para la extrema derecha estadounidense, no es el modelo social francés el que está en tela de juicio sino la presencia musulmana en Europa, y, con mayor precisión, en Francia. Somos por lo tanto testigos de una explosión de comentarios racistas en la prensa neoconservadora. Era nuestro deber dar cuenta de estas declaraciones a nuestros lectores a pesar de la repugnancia que nos inspiran. La presente rúbrica tiene el propósito de destacar, volver a situar en contexto y analizar los principales argumentos aparecidos en la prensa internacional.
En Frontpage Magazine, al autor de best sellers antimusulmanes y director de Jihad Watch, Robert Spencer, comenta y alaba las palabras de su colega Oriana Fallaci. No vacila en afirmar que los «inmigrados» musulmanes pueden compararse con un nuevo ejército musulmán que desea conquistar Europa por medio de su superioridad numérica e imponer la charia en este continente. Asegura que el Islam es un totalitarismo comparable al nazismo (como Bernard Lewis, a quien también hace referencia) y que el Corán puede compararse con Mein Kampf. Esta manera de presentar los disturbios como si se tratara de una batalla urbana que opone «Occidente» al Islam goza de gran popularidad en América del Norte. Al inicio de los actos de violencia, el analista neoconservador Edward Morrissey intituló su artículo sobre el incendio de automóviles Falluja-Sur-Seine ?. Recordemos que para el Weekly Standard, Faluya no hace pensar en la masacre de la población civil por parte de un ejército de ocupación sino en una insurrección «yihadista» vinculada a Al Qaeda que el ejército estadounidense se vio obligado a reprimir.
Ya explicamos en nuestras columnas cómo la prensa anglosajona que apoyó la invasión a Irak había multiplicado las comparaciones entre la Francia de 2005 y la de 1945 al sobreexplotar el título «Paris brûle t il ?». El ex asesor de Ronald Reagan, Jack Wheeler, emplea también este medio en una tribuna publicada en To The Point, ampliamente comentada y aplaudida en la prensa neoconservadora. El autor, quien en el pasado detalló las técnicas de tortura que recomendaba para hacer hablar a los sospechosos en la «guerra contra el terrorismo», da muestras una vez más de un racismo desenfrenado. En su opinión, los revoltosos son musulmanes iletrados, criminales, que no se integran y que quieren, gracias a su abundante población, transformar la identidad francesa (cristiana y europea) en una identidad musulmana. Considera que el único capaz de hacer aún algo para salvar la situación es Nicolas Sarkozy.

Como podemos ver, ya se trate de desear la adaptación del modelo socioeconómico francés a la globalización económica anglosajona o de pedir el férreo control de las poblaciones «musulmanas», los medios atlantistas (neoconservadores o no) llaman al ministro francés del Interior.

Este último expresa sus puntos de vista en Le Figaro.

Luego de atizar el fuego durante los disturbios al multiplicar las provocaciones, el ministro del Interior, presidente de la UMP, presidente del Consejo General de Hauts de Seine y candidato a las elecciones presidenciales francesas de 2007, juega la carta de la pacificación, imitando de esta forma la estrategia que él mismo utilizara durante el debate sobre el velo islámico. Después de desempeñar un importante papel en el desencadenamiento de los actos de violencia, se presenta como elemento moderador. De esta forma, afirma su deseo de ver a Francia dotarse de un sistema de «discriminación positiva» basada en el lugar de residencia para ayudar a los habitantes de las zonas urbanas sensibles y avanza algunas propuestas a favor en especial de la integración de los jóvenes provenientes de estos barrios.
Estas palabras tranquilizadoras son desmentidas hoy por los rumores que estremecen las cancillerías y según los cuales se están organizando devoluciones masivas de inmigrados de origen africano en toda la zona Schengen para finales del año en curso.

Pero esto tiene poca importancia, en estos momentos Nicolas Sarkozy puede hacerse el moderado y pasar de la dulzura a la amenaza. Ya consiguió que en Francia se dejara escuchar un discurso abiertamente racista que sólo pedía poder expresarse y que ahora lo hace sin complejo alguno.

La extensa entrevista que el «filósofo» francés Alain Finkielkraut concediera al diario israelí Ha’aretz se ha convertido en el símbolo de este discurso racista sin complejos. En su opinión, de manera desordenada, las revueltas son la obra de los musulmanes que rechazan la República, utilizan a los niños para lograr sus fines, están en guerra con «Occidente» y se apoyan en un mensaje de odio que descansa en el mito de la colonización explotación cuando en realidad Francia hizo mucho bien en África. Alaba los objetivos educativos de la colonización y fustiga a las organizaciones y personalidades que desean que Francia enfrente finalmente sus crímenes pasados. Afirma de esta manera que el humorista Dieudonné, militante antirracista, es el gran organizador de la difusión de un «racismo contra los blancos» y el «patrón del antisemitismo en Francia».
Esta entrevista provocó que Dieudonné y organizaciones antirracistas presentaran quejas, pero el autor gozó de la indulgencia de los grandes medios de comunicación [1]. En cambio, sus detractores sólo contaron esencialmente con Internet para expresar su opinión. Así, la carta abierta del humorista Dieudonné en la que condenaba estas declaraciones sólo fue divulgada por el sitio Les Ogres y el anuncio de presentación de queja de las restantes organizaciones pasó de manera discreta por los medios de difusión.
Incluso cuando Finkielkraut afirma con frecuencia en la entrevista que sólo puede expresarse como lo hace en Israel y que sería censurado en Francia, parece que minimizó la complacencia de los medios de comunicación franceses con relación a su persona y a este tipo de discurso cuando no proviene de la extrema derecha patentada.

Si bien la entrevista de Alain Finkielkraut causó una impresión desagradable, fue sobre todo a causa de su extensión y de la crudeza del lenguaje utilizado. Aquellos acostumbrados a los escritos o declaraciones de este autor no encontraron nada sorprendente en las palabras citadas por Ha’aretz con excepción del estilo, de la declaración cruda que sustituye a la alusión.
De igual manera, cuando Finkielkraut afirma que «esto no se puede decir en Francia» quiere probablemente decir que no se puede decir como él lo hizo, pero la ideología que transmite encuentra lugar en los medios de comunicación franceses.

El cuestionamiento del carácter criminal de la colonización es algo corriente entre los expertos mediáticos y los políticos. El 23 de febrero de 2005 se dio un paso adicional al aprobarse una ley que reconoce el «carácter positivo» de la colonización de África por parte de Francia. La oposición parlamentaria propuso recientemente enmendar este texto pero la propuesta fue rechazada una vez más.
El historiador soberanista Max Gallo comenta el debate suscitado por dicha votación en Le Figaro. Muestra su consternación ante las simplificaciones históricas que se multiplicarían en Francia respecto de la colonización. En su opinión, en estos momentos existe un movimiento que desea en exceso empañar la obra colonial para apoyar el comunitarismo [el comunitarismo designa un enfoque en que el único elemento explicativo de los problemas o de las cuestiones sociales o políticas es la comunidad religiosa o étnica, N. del T.] y atacar la República. Por lo tanto, si bien condena la ley del 23 de febrero de 2005 es porque no le gusta que el legislador le dicte su trabajo al historiador. No obstante, no dedica mucho tiempo al contenido de la ley mientras que sí lo hace para relativizar los sufrimientos de los colonizados al compararlos con los de los colonos y con los «avances» aportados a las colonias en lugar de incriminar la valorización parlamentaria de un crimen histórico.
La negación de los crímenes coloniales no es algo novedoso en Francia. El país no ha hecho aún su examen de conciencia sobre el período colonial. Tenemos como ejemplo las próximas celebraciones nacionales de las victorias de Napoleón I cuando este restableció la esclavitud, exterminó a los revolucionarios franceses de las Antillas en un campo de concentración y recurrió a las cámaras de gas para perpetrar asesinatos masivos como lo demuestra en su última obra nuestro colaborador Claude Ribbe.
Mucho peor, la valorización del colonialismo experimentó un nuevo impulso en los últimos años desde que periodistas y políticos favorables a la política de Ariel Sharon y de George W. Bush expresaran el deseo de ver a los franceses apoyar a ambos dirigentes echando a un lado «la culpabilidad del hombre blanco», tema preferido del «filósofo» francés Pascal Bruckner y que en otros tiempos también estaba reservado a la extrema derecha. Adherirse a las tesis del «Choque de las civilizaciones» refuerza una vez más una tendencia que ya se manifestaba en el debate político francés.

El antiguo debate francés sobre la laicidad es también atacado directamente por esta ideología y la imagen del Islam conquistador que transmite.
En Libération, Caroline Fourest, periodista de Charlie Hebdo y dirigente de la organización Prochoix, denuncia de esta forma el proyecto de «retoque» de la ley de separación de la iglesia del Estado añorada por Nicolas Sarkozy. El texto de esta autora puede ser consultado desde hace más de un mes en el sitio Prochoix e ignoramos las razones que llevaron al diario de izquierda francés a publicarlo tan tardíamente. Fourest afirma que Nicolas Sarkozy se prepara para cuestionar el Artículo 2 de la ley fundadora del principio de laicidad republicano que prohíbe a los poderes públicos financiar los cultos o concederles un salario. La Red Voltaire, que milita a favor de la laicidad en las relaciones internacionales y defiende ese principio previo a la instauración de una verdadera democracia, no puede hacer otra cosa que compartir los temores de la autora con relación a este ataque al equilibrio de la ley de 1905. No obstante, Caroline Fourest cae rápidamente en sus obsesiones tradicionales y abandona con presteza el tema de la laicidad para volver a su principal tema de estudio: el peligro islamista. Así, aunque el cuestionamiento del Artículo 2 de la ley de 1905 constituiría una ventaja para todos los movimientos clericales que no han aceptado nunca el principio francés de la laicidad, la autora dedica la mayor parte de su artículo al peligro que representarían los musulmanes para la laicidad en Francia. Cambia rápidamente el rumbo en su discurso para lamentarse de la complacencia de los representantes electos franceses con respecto a los imanes en quienes delegarían la tarea de velar por el respeto a la ley en los barrios difíciles. La nominación de su chivo expiatorio, el intelectual Tariq Ramadan para dirigir una comisión consultiva sobre el Islam en el Reino Unido también es fuente de irritación para la autora.
En resumen, al asociar elementos poco relacionados entre sí, la periodista parte de una preocupación legítima y que exige la movilización de los ciudadanos para caer en la presentación de un Islam conquistador con una estrategia integrista en Europa. Sin llegar hasta el punto de lo que había escrito en el Wall Street Journal el 2 de febrero de 2005 (después de todo, «esto no se puede decir en Francia »), la periodista presenta en términos aceptables para la izquierda francesa tesis comparables a las de los editorialistas neoconservadores.

Ante esta repetida denigración de una población por medio de su pertenencia religiosa, pocas son las voces que discuten la islamización de los problemas sociales y el giro del debate político en Francia.
En el sitio Oumma.com, Tariq Ramadan lamenta que se divulgue en la opinión pública un racismo antes reservado a la extrema derecha. Hoy, hombres y mujeres provenientes de diferentes horizontes políticos están de acuerdo en denunciar la figura del extranjero. Señala asimismo que, como Alain Finkielkraut, los periodistas o editorialistas que se disfrazan de demócratas o de humanistas en Francia marchan en ocasiones al extranjero para estigmatizar en los medios de comunicación a las poblaciones musulmanas.

Red Voltaire

[1] Ver al respecto, «Les prédications d’Alain Finkielkraut : « Ma copie corrigée sur les quartiers populaires »», por Henri Maler, Acrimed, 1º de diciembre de 2005.




7 de diciembre de 2005

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Temas
 «Choque de civilizaciones», racismo

Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«Los acontecimientos en Francia: un volcán social en respuesta a la crisis política»

Autor Saïd Al Shihabi
Saïd Al Shihabi est écrivain et journaliste bahreïni vivant à Londres. Il est membre du mouvement d’opposition « Les libres du Bahreïn ».

Fuente Al Quds Al Arabi (Reino Unido)
Referencia «اضطرابات فرنسا: بركان اجتماعي لأزمة سياسية», por Saïd Al Shihabi, Alquds al-Arabi, 25 de noviembre de 2005.

Resumen Mientras que algunos prefieren comparar los «disturbios en Francia» con el movimiento de los «derechos cívicos» que tuvo lugar en los Estados Unidos durante los años 60, otros ven en ello la prueba de un fracaso de la política social francesa. Por otra parte, la participación de los no árabes y de los no musulmanes, incluso poco numerosos, era la prueba, para algunos responsables, de que los acontecimientos en cuestión no tenían una dimensión religiosa, y no tenían nada que ver con el extremismo.
El hecho de establecer una comparación entre el movimiento antes citado y los acontecimientos que se produjeron en los barrios franceses nos convoca. Así, las condiciones en esos barrios y las de la ciudad de los Estados Unidos, como Nueva Orleáns, son casi idénticas, sobre todo luego del paso del ciclón Katrina que puso al desnudo la realidad de la discriminación que caracteriza a la administración Bush. Ese huracán puede desencadenar una revolución en el Sur del país, donde los negros, así como los árabes y musulmanes de los suburbios franceses, son oprimidos. Ese ciclón también es una advertencia dirigida a los altos responsables estadounidenses que deben conceder más importancia a las poblaciones marginadas.
La extensión de las manifestaciones, de los incendios de automóviles y de lugares públicos por todas partes en Francia es una prueba de que la situación es mucho más compleja. En opinión de varios pensadores, la política social francesa debe cuestionarse. Por consiguiente, antes de juzgar o prejuzgar a los manifestantes, hay que reexaminar esa política para establecer sus ventajas e inconvenientes. Las políticas gubernamentales en Francia continúan multiplicando las contradicciones internas que produce, más tarde, ese tipo de suceso.
Las ruinas y destrucciones que se produjeron en Francia, a raíz de las manifestaciones en cuestión, no sólo dañaron los automóviles y las propiedades públicas o privadas, sino también la reputación y la popularidad de los responsables políticos. Pese a que las manifestaciones terminaron, el problema no se solucionó, pues hubo que tomar diferentes medidas de seguridad, entre ellas, el «toque de queda». Peor aún, los responsables no trataron de comprender las verdaderas causas de tal situación. Seguramente, el capitalismo, que se fortaleció a raíz del desarrollo económico logrado por los países industriales, entre ellos Francia, durante los tres últimos decenios, produjo desequilibrios sociales entre ricos y pobres. Esos desequilibrios pueden provocar otros movimientos sociales en cualquier parte del mundo.

«Los inmigrantes son el ejército invasor de los yihadistas contra nuestra civilización»

Autor Robert Spencer

 Robert Spencer est le directeur de Jihad Watch et l’auteur de Onward Muslim Soldiers: How Jihad Still Threatens America and the West et de Islam Unveiled: Disturbing Questions About the World’s Fastest Growing Faith.

Fuente Frontpage Magazine (Estados Unidos)
Referencia «Fallaci: Warrior in the Cause of Human Freedom», por Robert Spencer, FrontPage Magazine, 30 de noviembre de 2005.

Resumen Aquella noche, Orianna Fallaci, al recibir el premio Ann Taylor, no vaciló en repetir la verdad con voz clara y fuerte: «Creemos que vivimos en democracia, pero de hecho vivimos en regímenes débiles movidos por el despotismo y el temor.» Los líderes occidentales están paralizados por el temor, tienen miedo a denunciar el aspecto nefasto de la charia islámica que los yihadistas quieren imponer al resto del mundo. En sus mentes, el temor a disgustarse con los musulmanes es mayor que el temor al suicidio nacional o civilizacional. Desde el 11 de septiembre, toda Europa sufre la oleada de un nuevo macartismo y los grandes inquisidores de la izquierda persiguen y mantienen callados a todos los demás. Y esos intelectuales hacen un daño fatal a la unidad, a la voluntad y a la identidad cultural de Occidente.
El terrorismo islámico no es el arma principal utilizada por los hijos de Alá en su guerra contra nosotros. No es más que un aspecto sangriento de esa guerra, pero no es el más pernicioso ni el más catastrófico. A largo plazo, para Occidente es mucho más peligrosa la inmigración descontrolada de musulmanes, que ya ha rebasado la cifra de 25 millones que han invadido a Europa (sin contar a los ilegales). Esta cifra se duplicará a partir de ahora y hasta 2016 y, como predijo tan acertadamente Bernard Lewis, dicho flujo masivo terminará por crear sin duda una Europa musulmana entre el presente y el año 2100.
Porque toda esta inmigración no ha ido acompañada de una integración o de una asimilación derivada de la opción voluntaria de los musulmanes. Todos los demás grupos de inmigrantes se han fundido en la civilización europea, excepto los musulmanes. Ellos ni siquiera se toman el trabajo de aprender a hablar nuestra lengua, sólo responden a las costumbres y reglas de la charia. No quieren aprender los valores europeos sino, por el contrario, imponernos sus propias costumbres y modos de vida. No quieren integrarse, quieren que nosotros nos integremos a ellos. El ejército del profeta ya no necesita guerreros, cuenta ya con los inmigrantes, acogidos con los brazos abiertos por tropas de multiculturalistas desviados. Los europeos son los futuros comanches, cherokees y sioux: «Se nos pondrá en reservas» explica Fallaci. De hecho algunos dirigentes musulmanes en Europa, confiados en su supremacía, consideran ya a los europeos no musulmanes como «pueblos indígenas» o «aborígenes».
¿Cómo reaccionar ante esta situación? ¿Entablar un diálogo con los líderes musulmanes? ¿Tratar de fortalecer el Islam moderado? Fallaci rechaza estas dos opciones. Los musulmanes no tienen intención alguna de ceder absolutamente nada a nadie ajeno a ellos y el Islam moderado no existe, es un invento de nuestras élites multiculturalistas, políticamente comedidas y flojas. Un musulmán moderado es alguien que no nos corta el pescuezo. Se viste como un occidental, pero no hace suyos los valores occidentales.
No hay Islam bueno o malo. Sólo hay Islam. Y el Islam es el Corán. Y el Corán es el Mein Kampf de dicho movimiento. El Corán exige el aniquilamiento o la sumisión del otro, exige la instauración de una dictadura en lugar de la democracia. Basta leerlo para constatar que todos los delitos que los hijos de Alá cometen contra ellos mismos y contra nosotros están referidos ahí. El futuro de nuestra civilización depende de que comprendamos esto y le opongamos resistencia.

«¿Arde París?»

Autor Jack Wheeler

 Jack Wheeler est rédacteur du site ToThePointNews.com. Il est président-fondateur de la Freedom Research Foundation, une association qui servit de couverture à la CIA pour recruter des mercenaires et soutenir des guérillas anti-communistes dans les années 80. Wheeler, qui collabore de longue date avec le groupe Moon et fut membre de la Ligue anti-communiste mondiale, est souvent présenté comme l’inspirateur de la « doctrine Reagan » de harcèlement de l’URSS. Il a donné des cours de torture à l’École des Amériques.

Fuente To The Point (États-Unis)
Referencia «Is Paris Burning», por Jack Wheeler, To The Point, 3 de noviembre de 2005

Resumen La infame problemática hitleriana es planteada de nuevo por los inmigrantes musulmanes [1], que el ministro francés del Interior califica de «chusma» y que cometen actos de violencia en las afueras de París. _No obstante, Jacques Chirac criticó por ello a su ministro del Interior primero que a los revoltosos. Los medios de comunicación franceses, por su parte, disculpan a los revoltosos al hablar de la pobreza y la frustración del desempleo que afecta a los musulmanes. Pero lo cierto es que, si no tienen empleo, es porque no reúnen condiciones para trabajar. Es una población analfabeta, que sólo cuenta con aptitudes para el delito, que no habla bien el francés, que se niega a integrarse a la cultura francesa y que cree que ser musulmán es más importante que ser francés. La mayoría de los revoltosos son inmigrantes de segunda o tercera generación cuyos padres o abuelos entraron ilegalmente a Francia. Lo más sencillo sería mandarlos de regreso a África, pero ellos se jactan de que poseen la ciudadanía francesa. _Teniendo en cuenta su índice de fecundidad, los musulmanes podrían representar el 30% de la población de Francia en un plazo de 20 años. En numerosos suburbios de ciudades francesas, los musulmanes son ya mayoritarios entre los menores de 30 años. La arrogante cultura francesa está sufriendo un autogenocidio al cual nadie reacciona y se está islamizando demográficamente. _Quizás Nicolas Sarkozy pueda vencer a los revoltosos, convertirse en presidente de la República, afirmar a los musulmanes que Francia es un país cristiano y europeo, y que si eso no les gusta, pueden regresar a vivir a un país musulmán; quizás, pero no lo creo. Deseo, sin embargo, buena suerte a «Sarko», como lo apodan sus admiradores.

«La igualdad de oportunidades incluye la discriminación positiva»

Autor Nicolas Sarkozy

 Ancien ministre français du Budget (1993-1995), de la Communication (1994-1995), de l’Intérieur (2002-2004) et de l’Économie, des Finances et de l’Industrie (2004), Nicolas Sarkozy est ministre de l’Intérieur et président de l’UMP.

Fuente Le Figaro (Francia)
Referencia «L’égalité réelle des chances passe par la discrimination positive», por Nicolas Sarkozy, Le Figaro, 25 de noviembre de 2005.

Resumen La oleada de violencia urbana que ha sacudido a nuestros grandes conglomerados poblacionales saca crudamente a la luz los defectos de nuestro modelo social. Ante tales acontecimientos, nuestra primera preocupación es restaurar la autoridad del Estado frente a actos por completo injustificables. Pero eso no nos hace olvidar que tales hechos han ocurrido en zonas donde se concentran los males: desempleo masivo, condición de inmigrantes, fracaso escolar y freno en el progreso social. A pesar del explosivo volumen de los gastos sociales, nuestras zonas periféricas han caído en crisis. Y quienes logran salir de ella, al costo de una increíble tenacidad, chocan con los prejuicios y con el racismo. Carentes de posibilidades de integración, los barrios han tendido a replegarse sobre sí mismos. _Como hay que poner remedio a ese problema, estoy a favor de una discriminación positiva a la francesa. Contrariamente a lo que se rumora, yo no soy partidario del comunitarismo ni de cuotas étnicas, esa no es la tradición francesa. Asimismo, hay que eliminar la idea absurda según la cual la discriminación positiva exoneraría de cualquier esfuerzo. La discriminación positiva fue presentada por el Consejo de Estado como el conjunto de políticas tendientes a hacer más por los que tienen menos: empleos subvencionados, medidas a favor de la paridad hombre-mujer u organización del territorio. _Hoy no basta con la intención de los territorios de ayudar. Hace falta que la gente lo haga, ayudando a aquellos que se esfuerzan. Algunas empresas han comenzado a ayudar a eliminar obstáculos en la vía del progreso social. Pero si queremos que el sector privado participe en esta tarea, el sector público y, en particular, el Estado, deben ser ejemplares. Hay que crear las condiciones que permitan salir de esa situación a quienes más lo merezcan. ¿Por qué no generalizar los internados de excelencia; aumentar la remuneración de los profesores que ejercen su profesión en los barrios difíciles; reservar en las clases preparatorias de las grandes escuelas sitios para los mejores alumnos de las Zonas de Educación Priorizadas (ZEP)? Incrementar la ayuda destinada al alojamiento es también posible para permitir a quienes así lo deseen salir de las zonas urbanas problemáticas. De igual modo, podemos desarrollar un sistema de becas para los mejores alumnos o basar el acceso a los oficios del servicio público no en los diplomas, sino también en las actividades profesionales. Además, podríamos crear con carácter temporal concursos reservados a los habitantes de las zonas urbanas problemáticas. _Todas estas medidas pueden permitir cambiar el juego.

«Los bárbaros ante nuestras puertas»

Autor Alain Finkielkraut

 Alain Finkielkraut est professeur de philosophie à l’École polytechnique et présentateur de l’émission Répliques sur la chaîne de radio publique française France-Culture. Résolument sioniste et volontier polémiste, il bénéficie d’une large audience médiatique en France. Il est l’auteur de La Défaite de la pensée.

Fuente Ha’aretz(Israel)
Referencia «Barbarians at the gate», por Alain Finkielkraut, Ha’aretz, 18 de noviembre de 2005. Texto adaptado a partir de una entrevista.

Resumen En Francia se quisiera reducir las revueltas a su nivel social. Ver en ellas una sublevación de jóvenes de las zonas periféricas contra la situación en que viven, contra la discriminación que sufren y contra el desempleo. El problema reside en que la mayoría de esos jóvenes son negros o árabes y se identifican con el Islam. Los demás inmigrantes no se rebelan; esto constituye, pues, una revuelta étnico-religiosa que se ha venido gestando desde hace largo tiempo como han evidenciado varias señales preocupantes. Ya presenciamos los silbidos contra el equipo de Francia durante el juego de fútbol entre Francia y Argelia. No obstante, se trataba de ese equipo «black-blanc-beur [joven árabe nacido en Francia, hijo de inmigrantes. N. del T.]» del que todo el mundo hablaba. Actualmente es un equipo black-black-black que es motivo de risa en toda Europa, pero en Francia no tenemos derecho a señalarlo. Es curioso que un equipo casi exclusivamente integrado por negros sea el representante de Francia y que se esgrima como símbolo de una sociedad multiétnica. Ello no ha impedido a los jóvenes de abuchear este equipo en el estadio de Francia ni de abuchear la Marsellesa. También hay que observar el odio contenido en las palabras de los raperos. Estas revueltas ponen de manifiesto el odio hacia Occidente. _El objetivo es Francia y su tradición judeo-cristiana. Sobre ese asunto, en Francia es difícil hablar un lenguaje basado en la verdad. Los que cometen esos actos son los negros y los árabes que utilizan el Islam como vehículo de identidad. Por el momento, presenciamos pogromos antirrepublicanos. Aún no sufrimos atentados como en Israel. Pero al igual que en Israel, se envía a los más jóvenes porque no pueden ser encarcelados. Una parte del mundo árabe-musulmán está en guerra contra Occidente. La República es la versión francesa de Europa, por lo cual está en la mirilla del ataque. _En los Estados Unidos hemos presenciado una islamización de los negros acompañada de un incremento del antisemitismo. El principal vocero de esa teología en Francia es Dieudonné. Es el verdadero promotor del antisemitismo, mucho más que el Frente Nacional. Va ganando terreno, se le hacen concesiones en la educación, pues ya no se enseña que el proyecto colonial también quería civilizar a los salvajes. Sólo se habla de la explotación. Lo que Dieudonné quiere es que el esclavismo y el colonialismo sean puestos en el mismo plano que la Shoah. Creo que cuando triunfe la francofobia, la vida en Francia será imposible para los judíos. Pero hay quienes se cubren el rostro y disculpan a los revoltosos.
Mi familia fue enviada a Auschwitz por Francia; tendríamos un motivo para odiarla. En todo caso, mucho más que los africanos a quienes Francia sólo les ha hecho bien. A mí, sin embargo, no se me enseñó a odiar y actualmente el odio de los negros es más fuerte que el odio de los árabes. Y ese odio va a agudizar la discriminación contra esas poblaciones. La única forma de luchar contra ese círculo vicioso es contar con una educación firme y severa. Eso es tener sentido común, pero en Francia no puede decirse porque la noción generosa de guerra contra el racismo se transforma en falsa ideología. En el siglo XXI el antirracismo será lo que fue el comunismo en el siglo XX. Hoy se ataca a los judíos esgrimiendo un discurso antirracista. _Ante tales actos de violencia, la conducta del gobierno es adecuada y la policíaca es prudente y comedida. Infelizmente la sociedad del espectáculo le da el papel de buenos a los revoltosos al darles más valor. Se dice que el modelo republicano se ha hundido con esas revueltas. Pero al modelo multicultural no le va mejor. El modelo republicano entró en dificultades por la disminución del nivel escolar. Lo que vemos hoy es, de hecho, el fracaso del modelo post republicano «simpático».
Los jóvenes alegan que no se les considera «franceses», pero ellos, ante todo, son los que deben considerarse como tales. Si tienen un carné de identidad francés, son franceses, y si no lo poseen, tienen derecho a marcharse. Si piensan que su situación económica es difícil, nadie los retendrá. Es ahí precisamente donde comienza la mentira: si fuesen víctimas de la exclusión y de la pobreza, se irían a otra parte. Los que cometen tales actos de violencia son los que no quieren hacer esfuerzos por integrarse.

«Colonización: la tentación de la penitencia»

Autor Max Gallo

 Ancien député français socialiste (1981-1983) et porte-parole du gouvernement de pierre Mauroy (1983-1984), Max Gallo est historien et écrivain. Il fut vice-président et co-fondateur du Mouvement des citoyens de Jean-Pierre Chevènement.

Fuente Le Figaro (Francia)
Referencia «Colonisation : la tentation de la pénitence», por Max Gallo, Le Figaro, 30 de noviembre de 2005.

Resumen La historia de la colonización francesa es un desafío capital pues se juzga a la Francia actual a la luz de la acción colonizadora y esclavista que practicó. En todo caso, es lo que hizo un movimiento como los Indígenas de la República. El juicio que se hizo a la colonización no es más que un factor para discriminar en función de los orígenes étnicos y constituir comunidades hostiles a la República en función de un pasado colonial que explicaría las desigualdades existentes entre los ciudadanos franceses. En ese contexto, todo debate sobre el balance de la colonización se torna difícil y el Artículo 4 de la ley del 23 de febrero de 2005, que invita a los maestros a que den a conocer los aspectos positivos de la colonización, no pudo menos que provocar protestas. _Por mi parte, me opongo a cualquier imposición de una «historia correcta» por parte del poder político que coloque después al historiador frente al juez. Es cierto que la historia de la colonización ha sido con frecuencia magnificada, edulcorada, pero al mismo tiempo, la escuela histórica y geográfica francesa, en el terreno, constituía una historia y una geografía coloniales, por encima de cualquier sospecha. No sucede lo mismo con los políticos a quienes les cuesta trabajo recordar las posiciones ambiguas de sus partidos durante el período colonial.
Habida cuenta de este hecho capital de la historia contemporánea de Francia, no se debe permitir que se trate la colonización en términos simplistas, y mucho más cuando los pueblos colonizados mantienen la herida del período colonial, ese es el caso también de los franceses de la metrópoli, pienso sobre todo en los franceses de Argelia. No establezco una equivalencia ni comparación, pero pido que todo se tenga en cuenta en el enfoque histórico: la cárcel de Poulo Condor en Indochina y el Instituto Pasteur de Saigón; el trabajo forzado impuesto por el colono y la prohibición de la esclavitud; la destrucción de la cultura indígena y la escuela francesa laica o misionera que se abren al mundo; la condición inferior del indígena y la promoción de los mejores (Senghor es su modelo). No se debe esconder nada de los crímenes de los colonos y de las respuestas violentas de los colonizados.
Sin embargo, no cometamos en esta empresa el pecado del anacronismo. Sí, la historia de la colonización está llena de sangre y de crueldad, pero no hay «naciones santas y puras», y no me parece que, una vez adquirida la independencia, las nuevas naciones surgidas de la colonización hayan conocido una historia pacífica. La historia es violencia y la única manera de intentar dominarla es, ante todo, escribirla respetando los hechos, todos los hechos. Camus lo comprendió así.

«Sarkozy, ¡no ruegue por nosotros!»

Autor Caroline Fourest

 Caroline Fourest est journaliste à Charlie Hebdo, co-fondatrice de la revue ProChoix et co-auteur, avec Fiammetta Venner, de Tirs Croisés, la laïcité à l’épreuve des intégrismes juif, chrétien et musulman. Elle est l’auteur de Frère Tariq, un livre contre Tariq Ramadan, et de La Tentation obscurantiste.

Fuente Libération (Francia)
Referencia «Sarkozy, ne priez pas pour nous !», por Caroline Fourest, Libération, 1ro de diciembre de 2005.

Resumen Nicolas Sarkozy creó una comisión destinada a formular propuestas para «retocar» la ley de 1905 sobre la separación de la Iglesia y el Estado. En realidad, pese a sus palabras tranquilizadoras, el ministro del Interior quiere cuestionar lo que constituye el espíritu de esta ley, el Artículo 2: «La República no reconoce, ni paga ni subsidia ningún culto». ¿Por qué? ¿Para apoyar la construcción de mezquitas con la idea de eliminar las influencias extranjeras sobre el Islam de Francia? ¿Para luchar contra el fenómeno de los «sótanos» que sirven para albergar el terrorismo? Noble intención, pero problema erróneo.
El problema no es construir en Francia una mezquita con dinero de un mecenas saudí sino la orientación modernista o integrista de ese lugar de culto. No es porque una mezquita se haya construido con capitales extranjeros que el Imán será un adversario de la laicidad, como no es que porque una mezquita se construya con capitales franceses el Imán no sea un integrista. A menos, claro está, que el Estado meta su nariz en las interpretaciones del Corán defendidas en esos lugares. Nicolas Sarkozy se cuida de hacerlo, pero sin embargo, esa línea roja es la que el ministro del Interior se dispone a franquear para satisfacer a las diferentes comunidades religiosas, tanto al Vaticano como a la UOIF pasando por los cientólogos.
No nos engañemos sobre esto; el riesgo es real. La idea de abrir una brecha en el modelo laico francés seduce tanto a la derecha como a la izquierda. La idea de negociar la paz social con los predicadores islamistas en los barrios populares con el riesgo de delegar el vínculo social a la religión más bien que al Estado en detrimento de los habitantes laicos de esos barrios tienta tanto a los representantes locales de la derecha liberal como a los de cierta izquierda. En Inglaterra, en nombre de ese mismo «pragmatismo», la izquierda laborista se empeña tanto en cuidar el «voto musulmán» que negocia la paz social y política con los representantes comunitarios de los Hermanos Musulmanes. Sobre todo después de los atentados de Londres, a semejanza de la última decisión del gobierno Blair: nombrar a Tariq Ramadan entre los sabios encargados de asesorar al gobierno inglés para luchar contra el «extremismo islámico». ¿Se trata acaso de una forma de humor inglés? Algunos representantes de ese consejo están ya a favor del cuestionamiento del Holocaust Memorial Day. Precisamente en Francia iremos hacia ese trueque indecente de menos terrorismo contra más integrismo y hacia esa competencia entre las comunidades si la ley de 1905 es «retocada».

«Verdades que se revelan poco a poco»

Autor Tariq Ramadan

 Tariq Ramadan es profesor de Filosofía y de Islamología en Friburgo y en Ginebra.

Fuente Oumma.com (France)
Referencia «Des vérités qui peu à peu se révèlent», por Tariq Ramadan, Oumma.com, 30 de noviembre de 2005.

Resumen Ya sea a la derecha o a la izquierda del tablero político, estamos en presencia del surgimiento de un discurso de geometría variable según los países donde ciertos intelectuales franceses se expresan, pero cuya invariante sigue siendo propagar el temor al Islam y a los musulmanes. La estrategia consiste en ese caso en sacar provecho de cada buena ocasión que se presente para alimentar la sospecha contra los musulmanes. ¿Que la revuelta de los barrios no tenga mucho que ver con el Islam en Francia? ¡Poco importa! Siempre se puede sacar provecho de ello en el extranjero: eso es lo que hicieron Finkielkraut, Fourest, Lévy y la cadena Fox News en los Estados Unidos, titulando al pie de todas las imágenes provenientes de Francia «Revueltas musulmanas» (Muslim Riots).
El procedimiento es deshonesto y peligroso, pero lo menos que se puede decir es que funciona con éxito a nivel mundial. Más allá de las antiguas divisiones políticas, cada país cuenta con un número de analistas y comentaristas, de derecha y de izquierda, dispuestos siempre a establecer un vínculo entre las políticas de seguridad, la inmigración, las crisis sociales y el peligro del islamismo y de la radicalización. Los conceptos son vagos, las observaciones muy aproximativas pero el impacto es real. En Occidente se difunden los ingredientes que son la base de la teoría del «conflicto de civilizaciones». El mantenimiento del debate obsesivo sobre el Islam y las «comunidades musulmanas» que se presentan como «inintegrables», de un islamismo con contornos difusos e indefinidos pero fuente de todos los peligros, de una inmigración concebida como fundamentalmente invasora asociada a un discurso simplista y exclusivo sobre «nuestra-civilización-que hay que-proteger» ofrecen una legitimidad a los discursos más alarmistas.
Si miramos de cerca, se hace evidente que los propagadores de esas teorías provienen de horizontes políticos a veces totalmente opuestos y tienen agendas muy diferentes, pero intereses comunes en cuanto al hecho de hipertrofiar a ese «nuevo enemigo» que es la figura del «musulmán-en-quien-no-se-puede-confiar». Algunos, a escala global, se aprovechan de ese conflicto de civilizaciones para justificar las locuras de los gastos en armamento y de los conflictos; otros, temen la voz de esos nuevos musulmanes occidentales que podrían ser demasiado escuchados en sus denuncias de dictaduras, su apoyo a la causa palestina y su crítica a la política israelí; otros, todavía creen en un Islam monolítico que conciben como un peligro para Occidente y su cultura, la laicidad, los derechos humanos y de la mujer; otros también proyectan en las estadísticas relativas a las poblaciones y a las migraciones el temor a una colonización silenciosa; y, finalmente, algunos que predicen la muerte de Dios, ven poblarse sus ciudades de mujeres y hombres que se arrodillan...
El discurso de rechazo del otro, que era el patrimonio de los partidos de extrema derecha, se ha normalizado en Occidente. Estamos ante un nuevo racismo que habrá que destruir tanto en su argumento como en sus legitimaciones; habrá que enfrentarlo con las armas de la racionalidad y del derecho; será imperativo resistírsele en nombre de los valores universales comunes y de la ciudadanía compartida. Tanto unos como otros tendrán que admitir la autocrítica (y los musulmanes al igual que los demás); habrá que osar denunciar los poderes y privilegios; revelar el doble rasero que, en nombre de una mentirosa defensa de los grandes ideales europeos, minan los fundamentos de la Europa del respeto de los derechos, la dignidad y el pluralismo.

 



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