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 Red de Prensa No Alineados

Tribunas y análisis - 15 de diciembre de 2005
Gulag estadounidense: arrogancia, hipocresía y fin de la independencia europea

Análisis

Interrogado la pasada semana en Pacifica Free Radio por estudiantes de periodismo de la universidad de Berkeley, el politólogo alemán Jacob Singer, ex asesor del canciller Schmidt, ofrece un resumen de la impresión provocada por la visita de Condoleeza Rice a Europa. «Un país amigo secuestra a uno de vuestros nacionales [Khaled El Masri] durante sus vacaciones, lo hace desaparecer, lo priva de todos sus derechos legales, lo tortura a lo largo de un año en una prisión secreta y lo suelta finalmente en un parqueo de Albania diciéndole «lo sentimos, nos equivocamos de apellido; regresa a casa y cierra el pico si no quieres tener problemas». ¿Y todo ello sin que el gobierno del señor Masri, que supuestamente debe proteger a sus nacionales, que supuestamente debe proteger los derechos garantizados por su propia Constitución, se conmueva? Y cuando el país amigo reconoce (después de haber mentido) que es cierto, ¿usted no le hace preguntas? ¿Usted se muestra satisfecho con una excusa vaga y la promesa de que no volverá a pasar? ¿Y cuando el país amigo le niega la entrada a su territorio al señor Masri, impidiéndole de hecho el acceso a la justicia de los tribunales? ¿Y cuando la prensa revela que fueron vuestros propios servicios secretos los que entregaron al señor Masri a la arbitrariedad de la tortura? Cerramos los ojos para no disgustarnos con el Gran Hermano. Y esto tiene lugar en Europa, tan dispuesta siempre a dar lecciones de civilización y de derechos humanos.». El autor llegaba a la conclusión de que Estados Unidos se burla hoy de los derechos humanos, pero que Europa no hacía más que adoptar una posición de oposición para satisfacer a su opinión, una parte de la cual no se muestra sumisa: «Si bien en 2003 podíamos creer aún en la existencia de un eje de la justicia y de los derechos humanos en Europa, hoy nos damos cuenta de que no puede decir lo mismo. Somos enanos y lo sabemos, pero no queremos admitirlo».

El muy conservador editorialista del Wall Street Journal, Paul Gigot, nos ofrece un maravilloso ejemplo de la arrogancia estadounidense con respecto a la tortura al criticar con severidad la actitud europea «infantil e hipócrita». En su opinión, Europa aparenta creer las «historias estrafalarias» inventadas por los medios de comunicación, en su mayoría antiamericanos (recordemos sin embargo que el escándalo estalló luego de la publicación de un artículo en el Washington Post), sobre el tratamiento reservado por Estados Unidos a los terroristas. Sin establecer diferencias, el Wall Street Journal vuelve a sacar a la luz el debate sobre el 11 de septiembre al afirmar que las personas maltratadas de esta forma son un puñado de superterroristas y su tortura se justifica para prevenir nuevos atentados. Además, los métodos empleados son no sólo «relativamente benévolos» sino que además lo son con pleno conocimiento de causa de los gobiernos europeos. Cualquier crítica a las acciones de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo no es más que la expresión de un antiamericanismo demagogo. Estados Unidos no necesita a Europa pero esta corre el riesgo de verse en apuros el día que tenga, como de costumbre, que pedir a los «yanquis» que la libren de un nuevo fascista que la amenaza. Estamos de nuevo ante el mito original de la política exterior estadounidense (Estados Unidos es el defensor del mundo libre) que permite eliminar cualquier crítica y relativizar cualquier abuso.
¡Y no deja de funcionar! Durante su visita a Alemania, Condoleeza Rice sólo tuvo que soportar algunas reprimendas de la nueva canciller Angela Merkel. Ni una sola palabra a favor de la causa del ciudadano alemán Khaled El-Mesri, inocente secuestrado y torturado por el «delito de apellido obsceno» y quien no puede ni siquiera entrar al territorio de Estados Unidos para reclamar justicia ante los tribunales. Nazim Makit, representante alemana de origen kurdo, manifestó sus impresiones en la emisora de radio Berliner Kanal: «¿Acaso la causa de Mesri se dio por perdida para no molestar a nuestro hermano mayor de América? ¿O porque se considera que por su apellido árabe no es verdaderamente alemán? En todo caso, nos movilizamos mucho más a favor de otros rehenes alemanes que tienen apellidos más de aquí, por ejemplo en Irak». Pero el resto de la izquierda alemana se calla, confundida por la revelación de que el ex canciller Schröder (reelecto en 2003 por su oposición a la guerra en Irak) y su ministro de Relaciones Exteriores Joschka Fischer, ex militante de extrema izquierda, estaban al tanto desde hacía dos años de los vuelos secretos de la CIA. No sólo no se opusieron a ellos, sino que estimularon a los servicios alemanes a participar en los interrogatorios. En cuanto a la reunión de ministros de Relaciones Exteriores de la OTAN, que habría podido transformarse en tribunal de las actividades de la CIA, Condoleeza Rice obtuvo en ella un impresionante éxito diplomático. Cortando por lo sano cualquier discusión (Francia brilló por su mutismo), la OTAN se declaró «satisfecha de las explicaciones brindadas». Si Condoleeza Rice dice que Estados Unidos no tortura, respeta el derecho internacional y en lo adelante sus soldados deberán abstenerse de emplear métodos «brutales» de interrogatorio, no vale entonces la pena buscar más lejos. Poco importan los hechos que contradicen estas palabras, «no queremos que piensen que somos antiamericanos primarios», como explica el ministro alemán de Relaciones Exteriores Walter Steinmeier.
Esta actitud parece darle tristemente la razón a la militante de extrema izquierda Sabine Meinhoff, quien señalaba con relación a Alemania y a Estados Unidos: «No vale la pena entablar un diálogo con los monos, hay que dirigirse al dueño de las fieras».

Sin embargo, el ex secretario de Estado del Foreign Office, el laborista Chris Mullin, recuerda en The Independent que al menos desde la lucha «antiinsurreccional» en Vietnam (y mucho antes si estudiamos la historia de América Latina) no hay nada nuevo en lo que respecta a la participación de la CIA en torturas y desapariciones inexplicadas. El elemento nuevo es que después del 11 de septiembre se ha construido una red de prisiones secretas, un gulag norteamericano, en el que los prisioneros desaparecen para que no tengan acceso a las garantías que les concede la justicia estadounidense o el derecho internacional. La prueba de que estas prisiones son percibidas como «vergonzosas» por los gobiernos occidentales radica en el hecho de que ante la agitación europea los prisioneros clandestinos fueron transferidos a países más «comprensivos».

Este tema es analizado por la prensa árabe o del Medio Oriente no como una prueba más de la duplicidad de Estados Unidos en materia de derechos humanos (pues los editorialistas de esta prensa ya no esperan nada de Washington), sino como la triste demostración de la sumisión europea.

El editorialista iraní Mohammed Ali Saki atiza la polémica al recordar en el Tehran Times los múltiples hechos de violación de los derechos humanos comprobados por organismos internacionales irreprochables. El silencio de Europa ante dichos hechos pone en tela de juicio la condición de defensora de los derechos humanos y de la democracia de la que se vanagloriaba la Unión Europea. Claro está, la respuesta iraní no está exenta de reservas estratégicas ya que la campaña emprendida por la Unión con relación al tema nuclear en Irán recurre con frecuencia al tema de los derechos humanos y la democracia para presionar a Teherán. Los iraníes tienen por lo tanto el placer de devolverles la pelota al señalar las incoherencias de aquellos que gustan de dar lecciones.

De manera general, en la prensa árabe la duplicidad, incluso la cobardía europea, es percibida como una decepción. Ante la arrogancia y los abusos cometidos por Estados Unidos en los últimos años –en particular, como lo recuerda Jacob Singer, con motivo de las grandes manifestaciones contra la guerra en Irak–se creó un mito, el de una Europa que le hace «contrapeso» a las pretensiones imperiales de los neoconservadores. La falta de una verdadera reacción ante los casos de violaciones de los derechos humanos en su propio territorio impugna seriamente este mito. En Al Watan, el intelectual y diputado kuwaití Ahmed Yussef Al Daiij señala que este tema es un ejemplo fehaciente del doble lenguaje utilizado por los políticos. Mientras que por un lado Occidente no deja de lanzar llamamientos a favor del respeto a los derechos humanos y se da el lujo de llevar a los tribunales a los países que en su opinión los violan, se somete por el otro sin resistencia a una administración estadounidense que oficializa la tortura y el desprecio de los derechos humanos. La credibilidad no sólo de Estados Unidos sino también la del Occidente dado a dar lecciones ha sido seriamente puesta en tela de juicio. El escritor libanés Hazem Saghieh, quien había apoyado sin embargo a Estados Unidos durante las dos guerras de Irak, no dice nada diferente en el diario panárabe Dar Al-Hayat. Lamenta que Europa y Estados Unidos, en otra época pioneros en la esfera de los derechos humanos, vean cómo se destruye a diario esta imagen a causa de los nuevos escándalos que estallan acerca de los abusos cometidos por Estados Unidos y la complicidad europea.
Debemos esperar que esta decepción acelere la destrucción del mito de la Europa «virtuosa», del Occidente «civilizado», dos ingredientes fundamentales de la guerra de civilizaciones y de las justificaciones morales de las aventuras coloniales.

De forma poco patética, la Alta Comisaria para los Derechos Humanos de la ONU, Louise Arbour, quien ambiciona sustituir a Kofi Annan en su puesto de primer secretario, recuerda en el International Herald Tribune que la prohibición absoluta de la tortura constituye la piedra angular del edificio internacional de los derechos humanos. La lucha contra el terrorismo no puede contribuir a erosionar esta prohibición. Llama por consiguiente a todos los gobiernos a comprometerse a adoptar medidas para no sólo condenar la tortura sino también prohibir los traslados de prisioneros a países donde ésta es practicada, y a prohibir la utilización de las informaciones obtenidas por medio de la tortura. Además de la debilidad de tal llamamiento ante la gravedad de la situación, nos preguntamos qué posibilidades de éxito tiene una organización dirigida por un Consejo de Seguridad de cinco miembros que, como recuerdan Amnesty International y HRW, practican la tortura en diversos grados.

Red Voltaire




15 de diciembre de 2005

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 Tortura
 Control de Europa

Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«La tortura europea de Condi»

Autor Paul Gigot

 Ancien collaborateur du Far Eastern Economic Review de Hong Kong et de la National Review, Paul Gigot est éditorialiste du Wall Street Journal

Fuente Wall Street Journal (Estados Unidos)
Referencia «Condi’s European Torture», por Paul Gigot, The Wall Street Journal, 7 de diciembre de 2005.

Resumen ¡Qué espectáculo esta semana durante el viaje por Europa de Condoleezza Rice viendo a cada paso gente indignada por el hecho de que la CIA haya podido –tal vez– encerrar a terroristas en las cárceles europeas! Si la secretaria de Estado no hubiese sido también diplomática, hubiese anulado tajantemente su viaje y anunciado que sólo volvería cuando los políticos del continente decidieran comportarse como adultos.
Esto forma parte de las obsesiones europeas de preocuparse todo el tiempo por la inminente llegada del fascismo a los Estados Unidos, mientras que es en Europa donde cada década parecen surgir nuevos dictadores. Y cuando eso ocurre, Europa grita pidiendo ayuda y Washington se esmera por cumplir su tarea. La última vez fue hace algunos años, cuando Estados Unidos puso fin al reinado de Milosevic, que asolaba a Europa desde hacía largo tiempo. Sería bueno que Europa, al menos una vez, nos diese las gracias y se decidiera a ayudar a los Estados Unidos en el problema de seguridad que confronta, aunque sólo fuese porque el terrorismo islámico afecta también la seguridad europea. En vez de eso, la Sra. Rice tuvo que aguantar las peroratas que le lanzaron acerca de las así llamadas «cárceles secretas» donde hay terroristas que han asesinado a más de 3 000 norteamericanos.
Y decimos «así llamadas» porque es inimaginable que la CIA haya podido actuar sin que los países implicados lo supieran. Por el contrario, en la mayoría de los casos, el gobierno estadounidense se anota puntos contra los terroristas «gracias a la estrecha colaboración de nuestros servicios secretos con los servicios extranjeros», tal como lo recordó la Sra. Rice. Las medidas de «Rendición», que incluyen la participación de diversos servicios nacionales en el transporte, encarcelamiento e interrogatorio de terroristas, es exactamente el tipo de arma en la lucha antiterrorista que debería agradar a los europeos multilateralistas.
Pero cuando el Washington Post publicó un artículo sobre esas «cárceles secretas», aquello fue un festival de hipocresía. El ministro británico Jack Straw se declaró conmocionado en nombre de la Unión Europea y exigió aclaraciones por correo, y el Comisario europeo de Justicia amenazó a los Estados miembros que habían apoyado a los Estados Unidos aludiendo a las graves consecuencias que podrían producirse, incluida la prohibición de votar en las instancias europeas. La prensa antinorteamericana que domina en Europa estaba a toda marcha.
¿Por qué todo esto? Esencialmente por oportunismo y cobardía política. Habría que felicitar a los países que ayudan a los Estados Unidos en la lucha contra el terrorismo. Pero los medios europeos de comunicación no han dejado de publicar historias absurdas sobre el modo en que Estados Unidos trata a sus prisioneros, lo cual da a los demagogos antinorteamericanos la oportunidad ideal para echar leña al fuego sin que los políticos europeos amigos tengan siquiera el valor de refutarlo.
La palabra de la Sra. Rice, que recuerda firmemente que Estados Unidos no tortura a nadie ni en Europa ni en ningún otro sitio, debería bastar a los europeos. Además, si se cree en los informes de la CIA, en esas cárceles «secretas» sólo hay una docena de altos jefes de Al Qaeda, entre ellos el organizador de los atentados del 11 de septiembre, Khalid Sheikh Mohammed. El método de interrogatorio más duro utilizado contra esos terroristas es el «Waterboarding», que provoca sensación de ahogo. Es un método brutal, pero que también se emplea con soldados norteamericanos como preparación para los interrogatorios. Suponemos que muchos europeos lo aceptarían si supieran que eso permitiría evitar un nuevo Madrid.
Tanto antes como después del 11 de septiembre, los servicios secretos europeos han colaborado estrechamente con los Estados Unidos. Quienes no lo han hecho son los dirigentes políticos, los representantes del pueblo que se niegan a reconocer esta colaboración y a defender su necesidad moral. Esto es menos peligroso para los Estados Unidos –contamos con los medios para defendernos a nosotros mismos– que para Europa. Los europeos deberían preocuparse por lo que ocurriría cuando la opinión pública norteamericana les haga lo mismo, cuando Europa vuelva a rogarle a los yankees que la libere de uno de esos fascistas que ella sabe engendrar tan bien.

«Estados Unidos debe decirnos la verdad sobre sus gulags»

Autor Chris Mullin

 Ancien journaliste et ancien secrétaire d’État au Foreign Office, Chris Mullin est député travailliste britannique.

Fuente The Independent (Reino Unido)
Referencia «America must tell us the truth about its gulag», por Chris Mullin, The Independent, 4 de diciembre de 2005.

Resumen En su libro Descent Interval que revive el final de la guerra en Vietnam, el ex agente de la CIA Franck Snepp describe la suerte del prisionero comunista de alto rango Nguyen Van Tai. Después de haber pasado cuatro años confinado en un lugar secreto, se le hizo «desaparecer» lanzándolo al Mar de China desde un avión que volaba a 10 000 pies de altura. Este hecho muestra que no hay nada nuevo en la implicación de la CIA en cuanto a torturas y desapariciones carentes de explicación. Lo nuevo es que desde el 11 de septiembre hay una red de cárceles secretas, un gulag norteamericano construido y en el cual desaparecen los prisioneros.
Las pruebas acerca de ese gulag han ido apareciendo poco a poco. Los sobrevivientes han revivido esos recuerdos y se han publicado informes sobre el traslado de prisioneros hacia países donde se practica la tortura. Hoy sabemos que los aviones de traslado de la CIA son una presencia habitual en los aeropuertos británicos. A veces hay dos aviones en el mismo aeropuerto en el mismo momento, lo que sugiere un intercambio entre ellos.
Nada prueba que el gobierno británico sea cómplice en esto, pero al menos es obvio que estos tránsitos se ignoran deliberadamente. Jack Straw debería haber exigido explicaciones a Condoleeza Rice. Actualmente, sintiéndose sin duda vigilados por los ciudadanos británicos, Estados Unidos seguramente pasa por países menos curiosos. Eso no es motivo para considerar cerrado el caso.

«La hipocresía de la UE en cuanto a las cárceles de la CIA»

Autor Mohammed Ali Saki
Mohammed Ali Saki est journaliste et éditorialiste au Tehran Times.

Fuente Tehran Times (Irán)
Referencia «EU hypocrisy on CIA secret prisons» por Mohammed Ali Saki, Tehran Times, 6 de diciembre de 2005.

Resumen Los alegatos referentes a los vuelos de la CIA que trasladan prisioneros a cárceles secretas en Europa ha afectado seriamente la condición de defensora de los derechos humanos y de la democracia proclamada con tanto bombo y platillo por la Unión Europea. Condoleeza Rice se negó a comentar las informaciones, pero precisó que las medidas extraordinarias tomadas habían salvado vidas europeas insistiendo en el hecho de que los Estados Unidos no permiten la tortura.
Según Der Spiegel, el gobierno alemán supo de 437 vuelos de la CIA por su espacio aéreo, pero Berlín no quiere disgustos con los Estados Unidos. The Guardian, por su parte, enumeró 210 vuelos al Reino Unido. El 2 de noviembre de 2005, el Washington Post reveló que la CIA utilizaba cárceles secretas en los países que integraron el ex bloque comunista, prisiones donde a los detenidos no se les reconoce derecho alguno y son confinados en celdas aisladas. La ubicación de esas cárceles ilegales sólo es conocida por algunas autoridades. Según el Post, los interrogatorios aplicados en esas prisiones violan las convenciones de la ONU y la ley militar estadounidense. La American Civil Liberties Union decidió acusar a la CIA ante los tribunales. Amnesty International afirma que Guantanamo forma parte de una amplia red de prisiones. El CICR afirma que los métodos aplicados en Guantanamo rayan con la tortura. Human Right Watch afirma que es común la práctica de humillaciones de tipo religioso, contrarias a la Convención de Ginebra. En estos momentos hay parlamentarios europeos como Sarah Ludford que exigen explicaciones.
Mientras tanto, Porter Goss y Dick Cheney piden que no se aplique a la CIA las legislaciones que prohíben la tortura. Es probable que los dirigentes europeos sepan lo que ocurre en sus países, pero no dicen nada. ¿Cómo, en semejantes condiciones, pueden gozar de credibilidad en cuanto a derechos humanos se refiere?

«Una política cobarde»

Autor Ahmed Youssef Al Daiij
Ahmed Youssef Al Daiij est écrivain, médecin et journaliste dans le quotidien koweitien Al Watan. Il est également membre du parlement koweitien et directeur du « Centre pour le développement des relations arabo-occidentales » au Koweït.

Fuente Al Watan
Referencia «سياسة رعناء», por Ahmed Youssef Al Daiij, Al Watan, 4 de diciembre de 2005.

Resumen Estados Unidos no deja de exhortar a que se respeten los derechos humanos y de llevar ante los tribunales a los países que ellos consideran violadores de dichos derechos. No obstante, todos los indicios confirman la mano rectora del gobierno de Bush en esas maniobras. Por otra parte, la reciente condena expresada por el Parlamento europeo, con el objetivo de llevar a cabo una investigación seria en el caso de las prisiones secretas de los Estados Unidos en Europa, prueba que los neoconservadores han cruzado el límite en este asunto.
En el Occidente «desarrollado», los derechos humanos son hasta tal punto sagrados que nada justifica su violación. Así, un extranjero que no respete una ley cualquiera –por ignorancia, por ejemplo– es objeto de un proceso judicial según la regla «nada justifica que se ignore la ley». Asimismo, según los regímenes occidentales, esas mismas reglas no deben ser adoptadas por los Estados «subdesarrollados». En ese contexto, Australia, por ejemplo, condenó al Estado de Singapur, uno de los que más respeta los derechos humanos en el mundo, cuando éste emitió la sentencia de pena capital contra un criminal australiano causante de la muerte de numerosos ciudadanos de Singapur.
Las señales del deterioro, e incluso del fracaso de la política exterior estadounidense adoptada por los neoconservadores y por su dictador Bush, se detectan en diversos actos y declaraciones, como los de la Srta. Condoleeza Rice, al pedir a los países europeos que no tocasen el tema de las cárceles secretas. Del mismo modo, la administración Bush trata de echar tierra, entre otros, sobre el escándalo vinculado a Donald Rumsfeld acerca de la publicación de artículos escritos por oficiales estadounidenses en los periódicos iraquíes, artículos destinados a mejorar la imagen de las fuerzas de ocupación en Irak.
Yo no he podido investigar ni preguntar a ninguno de nuestros amigos en la embajada estadounidense si en la historia norteamericana se ha dado el caso de destituir a algunos de sus presidentes debido a su incapacidad para gobernar el país. Este es uno de mis más acariciados deseos y es el momento ideal para que ocurra, sabiéndose que la reputación del actual ocupante de la Casa Blanca, Bush, el presidente piadoso, ha sufrido un deterioro extremo.

«La prueba de Europa y de la democracia frente a Bush»

Autor Hazem Saghieh
Ecrivain et journaliste libanais, Hazem Saghieh dirige Tayyarat (« Courants »), le supplément hebdomadaire du quotidien panarabe de Londres Dar Al-Hayat. Il a publié plusieurs livres en arabe, notamment en 2003, une Histoire du parti Baas irakien.

Fuente Dar Al-Hayat (Reino Unido)
Referencia «The Ordeal of Europe and Democracy with … Bush», por Hazem Saghieh, Dar Al-Hayat, 6 de diciembre de 2005.

Resumen Dirigidos por George W. Bush, los Estados Unidos parecen hoy atacar en Europa los principios democráticos que pretenden difundir por el mundo. No siempre ha sido así. En otros tiempos, Europa y Estados Unidos fueron pioneros de los valores civilizados, pero todo eso ha cambiado. Ya no pasa una semana sin que se descubra una acción estadounidense o europea en contra de esos valores.
El Daily Mirror reveló que Estados Unidos y el Reino Unido planearon el bombardeo a Al-Jazeera en Qatar. El diario Los Angeles Times reveló que el ministerio de Defensa estadounidense pagaba a «periodistas» iraquíes por publicar artículos en árabe elogiando los beneficios de la ocupación. Actualmente, se sabe que la CIA posee centros de detención en Europa. Al mismo tiempo, la administración Bush difunde en Europa las tendencias que priorizan las cuestiones de seguridad, enfrenta entre sí a los países europeos y apoya a las coaliciones de derecha en las elecciones nacionales (como en Alemania). Para ello, la administración Bush cuenta con el apoyo de intelectuales como Bernard Henry Levy o de su compañero Alain Finkielkraut.
Eso demuestra el peligro de dejar en manos de Estados Unidos la representación de la «conciencia democrática».

«La prohibición de la tortura no conoce excepciones»

Autor Louise Arbour

 Haut-commissaire de l’ONU aux Droits de l’homme, la Canadienne Louise Arbour est l’ancienne présidente de la commission d’enquête sur les services pénitentiaires du Canada, ancienne procureur auprès des Tribunaux spéciaux internationaux pour l’ex-Yougoslavie et le Rwanda à La Haye puis juge de la Cour suprême au Canada. A la tête du Haut-Commissariat de l’ONU aux Droits de l’homme, elle a succédé à Sergio Vieira de Mello.

Fuente International Herald Tribune (Francia)
Referencia «No exceptions to the ban on torture», por Louise Arbour, International Herald Tribune, 5 de diciembre de 2005.

Resumen La prohibición total de la tortura, piedra angular de la estructura internacional de los derechos humanos, está hoy en peligro. Nadie niega a los gobiernos el derecho e incluso el deber de defender a sus conciudadanos. El terrorismo constituye, de hecho, una grave amenaza y ante un peligro inmediato, algunos derechos pueden ser limitados temporalmente. No obstante, el derecho a no ser torturado no forma parte de esos derechos susceptibles de suspenderse. Es un derecho inalienable.
Muchos países miembros de la ONU desconocen esta prohibición. Existe una tendencia insidiosa en la afirmación de que el mundo ha cambiado y que hay que reanalizar el tema de la prohibición. Hay dos fenómenos que ejercen un efecto corrosivo sobre la prohibición de la tortura. El primero es el traslado de prisioneros hacia países que practican la tortura a cambio de «garantías» diplomáticas de que no serán torturados. El segundo fenómeno es la creación de un número desconocido de centros de detención secretos. Estos tipos de detención facilitan el empleo de la tortura.
Yo exhorto a todos los gobiernos a:
- Condenar la tortura.
- Prohibir los traslados de prisioneros a países que practican la tortura.
- Juzgar a los responsables de la aplicación de la tortura.
- Prohibir la utilización de informaciones obtenidas bajo tortura.
- Ratificar el Tratado de prohibición y sus protocolos adicionales.

 



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