|

|
 |
|
Tribunas y análisis - 9 de enero de 2006
El gas del «Imperio del Mal»
Análisis
El conflicto que enfrenta a la empresa estatal rusa de gas Gazprom y al Estado ucraniano ha dado lugar, como de costumbre, a una serie de denuncias sobre el «imperialismo» ruso y el autoritarismo putiniano en la prensa occidental. Es exacto afirmar que si Rusia corrige las tarifas aplicadas a Ucrania según los precios del mercado mundial, ello obedece a que no está interesada en venderle energÃa más barata luego del acercamiento de Kiev a la OTAN. Sin embargo, presentar el diferendo como la voluntad ilegÃtima rusa de cuadruplicar sus ganancias sin hablar del precio preferencial con que se beneficiaba Ucrania hasta ahora u ocultar la obligación impuesta a Rusia de liberalizar su mercado energético para entrar a la Organización Mundial del Comercio denota una visión de los hechos al menos engañosa. Los analistas se vuelcan sobre el asunto en los medios de comunicación occidentales dramatizando los hechos y entregando una imagen maniquea de la oposición ruso-ucraniana impregnada de las representaciones de la Guerra FrÃa. Por un lado nos presentan una virtuosa, pero pobre, democracia ucraniana deseosa de aproximarse a Occidente (y por lo tanto a «la libertad») y por otra a una Rusia rica, agresiva, autocrática, imperialista y maquiavélica que trata de hacerla caer nuevamente en sus redes.
La crónica entregada a sus oyentes por el editorialista de la radio pública francesa France Inter y del semanario privado L’Express, Bernard Guetta, sobre el tema, ilustra perfectamente esta visión de las cosas. El analista condena lo que califica de «chantaje» de Rusia a Ucrania. Lamenta que Moscú pueda volver a tener un peso en la arena internacional gracias a los ingresos del gas y el petróleo, y llama a Estados Unidos y a la Unión Europea a venir en ayuda de Kiev so pena de que Rusia recupere su influencia en el paÃs. El autor se mantiene coherente consigo mismo. En un editorial de L’Express fechado el 13 de octubre de 2005 habÃa escrito que el desarrollo de la influencia rusa entre sus vecinos «no es una buena noticia para la libertad». Esta oposición entre Rusia y «la libertad» recuerda que la prensa occidental está aún fuertemente atada a los slogans propagandÃsticos de la Guerra FrÃa.
En el imaginario mediático de estos paÃses, la Guerra FrÃa fue una lucha a muerte entre dos sistemas de valores contradictorios y no una guerra latente entre dos superpotencias imperialistas que legitimaban sus acciones mediante un discurso normativo que proclamaba valores raramente apoyados en los hechos. Rusia aparece asà como la heredera actual de la URSS de antaño, de ahà que todo encuentro entre un dirigente occidental y un dirigente ruso suscite en las redacciones occidentales una interrogante sobre los Derechos Humanos en Rusia, mientras que los encuentros entre los dirigentes europeos y estadounidenses sean ilustrados con comentarios sobre la unidad de «Occidente». Al mismo tiempo, los crÃmenes o el belicismo norteamericanos son siempre minimizados en comparación con los de Rusia. De este modo, el diario de referencia de las élites francesas, Le Monde, en un editorial no firmado que compromete a toda la redacción, no vaciló en afirmar desde su primera frase: «Ha sido declarada la primera guerra del siglo XXI ». Las guerras en Afganistán y en Irak parecen asà ya olvidadas. El tratamiento del problema ruso-ucraniano por parte del diario La Croix, tratado hoy en nuestra sección Titulares que engañan, muestra que el caso de Le Monde no es aislado.
Estos análisis ocultan el hecho de que Rusia ya no constituye una amenaza para Europa y que esta última, en el futuro, es muy probable que tenga que revisar sus alianzas con Moscú, en detrimento de Estados Unidos, debido a una dependencia energética con respecto al gas ruso.
Esta reorientación estratégica anunciada es temida por los analistas atlantistas, sobre todo en los paÃses del ex Pacto de Varsovia. El politólogo polaco, Mariusz Przybylski, se alarma en Rzezpospolita por la creciente dependencia económica europea de Rusia, ilustrada por el conflicto entre Kiev y Moscú. Recomienda por lo tanto a los dirigentes europeos que lleven a Rusia y Ucrania a la mesa de negociaciones para no perjudicar el suministro de toda Europa Oriental y luego, en una segunda etapa, tratar de diversificar sus recursos energéticos. El autor se esfuerza por brindar una alternativa.
El ex presidente de Lituania, Vytautas Landsbergis, se lanza a una crÃtica encarnizada sobre la influencia energética rusa, mezclando al mismo tiempo la tradicional denuncia atlantista de la polÃtica de Vladimir Putin con frases violentamente rusófobas (Rusia es «la patria del terror rojo» o bien es presentada como «el Mal»). Con toda razón condena un conflicto de intereses en la nueva posición de Gerhard Schröder, el ex canciller alemán, quien actualmente preside la empresa encargada de construir el gasoducto que hará llegar el gas ruso a Europa Occidental, pero el autor no se detiene ahÃ. Considera que este gasoducto no es un medio para desarrollar el suministro de gas de Europa Occidental con vistas a una sustitución parcial del petróleo que escasea, sino un medio para evitar a Europa Oriental y dejarla en manos de Rusia. Llama asà a los Estados occidentales a oponerse a la polÃtica de Vladimir Putin, presentada como imperialista.
Esta tribuna fue publicada en Free Republic (Estados Unidos), en el Daily Times (Pakistán), en El Tiempo (Colombia) y sin lugar a dudas en otras publicaciones que se nos escapan gracias a la difusión, siempre eficaz, de este texto por Project Syndicate, el gabinete de difusión de tribunas financiado por George Soros, millonario muy activo en el apoyo a las «revoluciones de colores» que se produjeron en las ex repúblicas soviéticas. No es por casualidad que Project Syndicate difunde en este momento otra tribuna contra Putin redactada por el oligarca en el exilio Boris Berezovski. Según conocemos, esta sólo ha sido difundida hasta ahora por el Korea Herald (Corea del Sur), pero deberÃa tener un mayor eco en los dÃas o semanas venideros.
Nuevamente el autor ataca a Vladimir Putin, permaneciendo en la posición de vÃctima de un complot de un régimen autoritario de la que gustan los medios de comunicación occidentales aunque sus vÃnculos con diversas organizaciones mafiosas hayan sido demostrados desde hace tiempo. Boris Berezovski afirma que el combate del Krenlim contra los oligarcas no es una reapropiación por parte del Estado ruso de lo que era motivo de saqueo generalizado durante la era Yeltsin, sino una agresión estatal contra adversarios polÃticos imbuidos de sentimientos democráticos. Aunque no formule explÃcitamente esta conclusión, esta se desprende por sà sola: los demócratas de todo el mundo deben apoyar a los oligarcas y por ende a Berezovski y sus negocios contra Vladimir Putin.
En los Estados Unidos, en medio de los ataques en su contra, Rusia encuentra apoyo (o al menos personas que matizan los ataques que se le hacen) entre los republicanos opuestos a los neoconservadores.
AsÃ, en el sitio web AntiWar.com, el candidato a la investidura republicana a la presidencia de 1996 y más tarde candidato independiente en 2000, el muy derechista Patrick J. Buchanan, vuelve contra el emisor la acusación de neosovietización frecuentemente lanzada contra Vladimir Putin. Afirma que es la actual administración norteamericana la que actúa según la lógica soviética (insulto supremo para este ex consejero de Ronald Reagan). AsÃ, compara la National Endowment for Democracy con el Komintern. Es de la opinión de que ambas organizaciones tienden a imponer cambios de regÃmenes en paÃses extranjeros, la primera en nombre del comunismo para ampliar la URSS y la segunda para extender la dominación estadounidense. Cuando Vladimir Putin expulsa a los agentes de los neoconservadores de Rusia, lo que hace es luchar contra un «neo Komintern»; no se trata de una resovietización de su paÃs.
De forma extraña, el ex subsecretario de Estado de Bill Clinton, el demócrata Graham Allison, también relativiza en el Boston Globe, los ataques contra Rusia. Sin cuestionar frontalmente la representación de la polÃtica de Vladimir Putin en los medios de comunicación occidentales, señala que su acción ha estabilizado a Rusia y que contrariamente a lo que predecÃa Dick Cheney en 1991 cuando era secretario de Defensa de Estados Unidos, no ha habido pérdida de armas nucleares rusas en 14 años. Mediante esta tribuna, Graham Allison, ex asesor de John Kerry durante la campaña presidencial estadounidense de 2004, se pronuncia contra el ex senador demócrata Sam Nunn que estigmatizó la amenaza nuclear rusa.
Raros son los partidarios de Vladimir Putin que pueden expresarse en los medios occidentales, de modo que el politólogo ruso, Viatcheslav Nikonow, constituye un caso excepcional en el paisaje mediático europeo. En el diario austriaco Der Standard, refuta cierto número de concepciones occidentales. En su opinión no hay oposición entre una democracia rusa bajo el mandato de Yeltsin y una autocracia putiniana, y recuerda que Vladimir Putin no ordenó disparar contra la Duma como su predecesor, ni entregó las riquezas nacionales a sus amigos, de ahà que tenga el apoyo de la población rusa. Esta popularidad deberÃa impedir, según el analista, cualquier oportunidad de éxito de una «revolución de colores» en Moscú, pero no excluye un intento.
Red Voltaire
|
 |
|

9 de enero de 2006
Desde
ParÃs (Francia)
Herramientas

Imprimir
Enviar
Todas las versiones de este artículo:

français
русский
English
PaÃses
Rusia (Federación de)
Estados Unidos
Unión Europea
Ucrania
Temas
Guerra FrÃa del siglo XXI, la estrategÃa anti-rusa
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
|
 |
«El poder energético ruso»
Autor
Bernard Guetta

 |
 |
Bernard Guetta es cronista de asuntos internacionales para la cadena estatal francesa de radio France Inter, y para el semanario L’Express.
|
Fuente
France Inter (Francia)
Referencia «La puissance énergétique russe», por Bernard Guetta, France Inter, 2 de enero de 2005.
Resumen Como todos los productores de energÃa, Rusia ve muy incrementados sus ingresos en divisas. Gracias al aumento de los precios, no necesita dinero. No es para cuadrar sus cuentas de fin de mes que Vladimir Putin exigió súbitamente a los ucranianos que aceptaran el aumento del precio de los suministros de gas ruso de 50 a 230 dólares por cada mil m3. Si busca ajustar la factura ucraniana según los precios mundiales, si sólo ha propuesto un plazo de tres meses para cualquier solución, si ha rechazado la idea de un aumento por etapas y cortado ayer el suministro ante la negativa ucraniana, ha sido por dos razones:
La primera es hacer que Ucrania se someta. Rusia quiere incluir a ese paÃs en su órbita mientras que Kiev eligió en el otoño a un presidente Viktor Yushchenko, que quiere vincular su paÃs a Occidente. A tres meses de las elecciones parlamentarias que se anunciaban difÃciles para Viktor Yushchenko, cuyo equipo se habÃa dividido, Vladimir Putin esgrimió entonces el arma económica. Es sencillo, pero Rusia no puede ignorar que esa actitud podrÃa provocar, por el contrario, una reacción nacional de apoyo al presidente como respuesta a ese chantaje.
No obstante, la partida que juega Vladimir Putin no se realiza en tres meses. El objetivo de Rusia es mostrar al mundo que se ha convertido en una potencia ineludible gracias a sus riquezas energéticas. La Unión Europea depende de Moscú para el suministro de la cuarta parte de su gas (cuyas tuberÃas pasan por Ucrania) y su petróleo es indispensable para la economÃa mundial en momentos en que reina una situación inestable en el Medio Oriente. Actualmente, Europa y Estados Unidos tienen que sobrellevar a Moscú. Al no poder contar ni con Bruselas ni con Washington, Viktor Yushchenko tendrá que arreglárselas con Moscú. Mucho más que someter a Ucrania, para Rusia la cuestión reside en mostrar su fuerza.

«Las relaciones entre Rusia y Ucrania incumben a toda Europa»
Autor
Mariusz Przybylski
|
Mariusz Przybylski es politólogo y periodista polaco.
|
Fuente
Rzezpospolita (Polonia)
Referencia «Rosja zakręca kurek», por Mariusz Przybylski, Rzezpospolita, 2 de enero de 2006.
Resumen Desde hace años Rusia considera sus reservas energéticas como un instrumento para alcanzar sus propios objetivos estratégicos. Moscú trata de recuperar una posición de gran potencia, pero no parece comprender que, con sus métodos, se desdice totalmente como socia comercial.
La disputa entre Moscú y Kiev debe representar una advertencia para la Unión Europea. En vez de intensificar nuestra dependencia de Rusia, hay que encontrar una polÃtica energética alternativa. La guerra del gas entre Rusia y Ucrania amenaza con afectar a todo el resto del continente europeo. Al utilizar el gas como medio de presión Vladimir Putin se afirma como un socio comercial que no es digno de confianza, no sólo para Ucrania sino para toda la Unión Europea. No obstante, Europa depende desde hace años del gas ruso y, por tanto, será la primera afectada por cualquier conflicto que surja en ese sentido. Es por ello que debe presionar a Putin y a Yushchenko para que vuelvan a la mesa de negociaciones y elaboren un acuerdo que ponga fin al problema. Las relaciones entre Ucrania y Rusia no son un asunto bilateral, sino una cuestión que incumbe a toda Europa.

«Un gasoducto para fortalecer el Imperio de Rusia»
Autor
Vytautas Landsbergis
Fuentes
Daily Times (Pakistán), Free Republic (Estados Unidos), El Tiempo (Colombia)
Referencia «Russia’s pipeline to Empire», por Vytautas Landsbergis, Free Republic, 16 de diciembre de 2005.
«Russia’s pipeline to empire», Daily Times, 17 de diciembre de 2005.
« El gasoducto ruso, hacia el imperio », El Tiempo, 20 de diciembre de 2005
Resumen Gerhard Schröder, que hace un mes era todavÃa canciller de Alemania, aceptó presidir la compañÃa encargada de la construcción de un gasoducto que una a Rusia con su paÃs y Europa Occidental a través del Mar Báltico. Existe un conflicto de intereses y ese problema moral se ve magnificado por el hecho de que en estos mismos momentos, Rusia, por intermedio de la empresa estatal Gazprom, amenaza con interrumpir el suministro de gas a Ucrania. Hoy en dÃa, amenazar con cortar el gas a Ucrania representa cortarle el suministro a Europa Occidental. Con el nuevo gasoducto que bordearÃa a Ucrania, Polonia y los paÃses bálticos, los descendientes de la ex KGB allegados a Putin no tendrán ya que preocuparse por la reacción de Occidente y podrán presionar a sus vecinos postcomunistas.
¿Puede Europa dar a Rusia semejante arma imperialista? ¿Puede Europa aceptar ponerse de ese modo bajo la bota de Rusia? El hecho de que un ex canciller participe en ese proyecto muestra la arrogancia europea ante las ambiciones neoimperialistas de Putin. Cuando Europa dependa de la energÃa rusa, el Kremlin no tendrá ya que preocuparse por las crÃticas acerca de los Derechos Humanos y la democracia, y ya disfruta de ello. Europa esperaba que Rusia se fuese volviendo cada vez más «europea», pero Putin, en cambio, lo que hizo fue construir un bastión energético que protege a la nueva élite proveniente de la KGB. Después de haber impuesto su voluntad a los rusos, Putin hará lo mismo con los ciudadanos de las naciones independientes. Como ex presidente de la Lituania independiente, he enfrentado a menudo las amenazas rusas.
El Kremlin es muy fuerte y simula el idealismo democrático, pero observen cómo trata a los chechenos, a MijaÃl Jordorkovsky, cómo hostiga a las ONG extranjeras y acusa a Yuliya Tymoshenko. No puede considerarse que Rusia forme parte de un espacio común de Derechos Humanos y de democracia con la Unión Europea. Rusia no constituye ya un aliado confiable contra el terrorismo. ¿Puede acaso concebirse que la patria del «Terror Rojo», de los innumerables crÃmenes cometidos impunemente en la era soviética y de las manos aún manchadas con la sangre de habitantes desde Lituania hasta el Cáucaso pueda en verdad ayudar a combatir la amenaza mundial que encarnan Irán y Corea del Norte?
Durante décadas, la región de Europa de donde provengo se vio abandonada en las manos del Mal. Es por ello que no puedo guardar silencio cuando Europa tropieza ciegamente con una nueva polÃtica de contemporización.

«En defensa de las guerras de los oligarcas rusos»
Autor
Boris Berezovski

 |
 |
Boris Berezovski es uno de los trece oligarcas rusos que se enriqueció durante las privatizaciones de la época de Yeltsin. Se le considera vinculado a las redes mafiosas rusas y participó en el sabotaje de las negociaciones de paz en Chechenia. Vive en Gran Bretaña, donde obtuvo asilo polÃtico en 2003.
|
Fuente
Korea Herald (Corea del Sur)
Referencia «In defense of Russia’s oligarch wars», por Boris Berezovski, Korea Herald, 3 de enero de 2005.
Resumen No puedo permanecer emocionalmente neutral cuando se trata de abordar la guerra de Vladimir Putin contra los «oligarcas» rusos, ya que por lo regular se me califica como uno de ellos. No obstante, tengo la ventaja de tener una visión interna de esa polÃtica. Por haber sido vÃctima de esa «guerra», puedo hablar de ella en términos concretos, y conozco el poder represivo de los servicios estatales cuando se lanzan con fuerza contra alguien. Eso no podrÃa haber ocurrido en una democracia occidental. Es impensable que un paÃs como Francia encargue a todos sus servicios (policÃa, justicia, burocracia) la misión de perseguir a un individuo. En Rusia es perfectamente concebible.
Moscú pide mi extradición para presentarme más fácilmente como un criminal. La «guerra» de Putin no está dirigida contra una clase ni contra fortunas de dudoso origen, sino contra personas que quieren una Rusia liberal, libre y democrática. Eso beneficia a los allegados al presidente, que buscan enriquecerse. Los «oligarcas» que son atacados son los que comprendieron mejor las oportunidades de la economÃa rusa y se comprometieron entonces polÃticamente, aunque no todos con fervor, como lo muestran las excusas presentadas por Mijail Khodorkovsky para complacer al Kremlin.
Si Putin gana esta guerra, será una victoria pÃrrica contra la propia riqueza.

«Putin contra el nuevo Komintern»
Autor
Patrick J. Buchanan

 |
 |
Patrick J. Buchanan fue asistente de los presidentes Nixon, Ford y Reagan. En varias ocasiones fue candidato a la investidura republicana para la elección a la presidencia antes de presentarse independientemente de los dos grandes partidos estadounidenses en 2000. Dirige la revista The American Conservative.
|
Fuente
Antiwar.com (Estados Unidos)
Referencia «Putin vs. the Neo-Comintern», por Patrick J. Buchanan, AntiWar.com, 30 de noviembre de 2005.
Resumen El Komintern, o Internacional Comunista, fue creado en 1919 por Lenin y tenÃa como objetivo utilizar todos los medios posibles para crear una República Soviética internacional. En 1935, Stalin enmendó esa doctrina para permitir la creación de los Frentes Populares contra el Fascismo en Europa, a la sazón prioridad de la URSS. Debido a ese cambio doctrinal, Trotski calificó a Stalin de «reformista», lo que le valió ser asesinado por un estalinista en 1940.
Pero el trotskismo no murió con León Trotski, se transformó y ya no trata de llevar a cabo una revolución permanente a favor del comunismo mundial sino a favor de la democracia global. Ese es el programa que aplican los neoconservadores de la administración Bush y del partido de Ronald Reagan. Han utilizado el dinero de los contribuyentes para crear un nuevo Komintern: la National Endowment for Democracy (NED). Durante
20 años, fue dirigida por Carl Gershman, miembro del Socialist Party antes de militar en el partido demócrata y convertirse en partidario del senador Henry «Scoop» Jackson cuyo equipo estaba compuesto por Richard Perle, Frank Gaffney, Elliott Abrams. Los neoconservadores también tomaron posesión de la Freedom House (FH) cuyo ex presidente James Woolsey declaró la Rusia «no libre» y exhorta a la guerra contra «el islamofascismo».
La NED, la Freedom House y los demás think tanks intervienen regularmente en los asuntos internos de los Estados. Al proclamar que luchan por la democracia, en realidad los neoconservadores la emprenden contra todos los regÃmenes que no les convienen. Con independencia de lo que se piense de Hugo Chavez, no se puede negar que siempre ha sido elegido democráticamente. Cuando un régimen les desagrada, organizan su derrocamiento como ocurrió con la revolución naranja en Ucrania. Para evitar semejante maniobra en Rusia, Vladimir Putin se prepara para expulsar de su paÃs a todos los organizadores de esas acciones.
¿Por qué Estados Unidos no se ocupa de sus asuntos?

«Catorce años después del Imperio del Mal, una Rusia estable»
Autor
Graham Allison
Fuente
The Boston Globe (Estados Unidos)
Referencia «14 years after evil empire, a stable Russia, por Graham Allison, Boston Globe, 26 de diciembre de 2005.
Resumen Ayer hicieron catorce años de la desaparición de la URSS. Mikhail Gorbatchev dimitÃa de la presidencia y Boris Yeltsin se convertÃa en el primer presidente de la Rusia independiente. Era el fin de lo que Ronald Reagan habÃa llamado «el Imperio del Mal», dando lugar a Rusia y a 14 Estados independientes.
¿Quién hubiera podido imaginar que el Imperio del Mal desaparecerÃa sin guerra, que el comunismo se derrumbarÃa sin revolución? ¿Quién hubiera podido pensar que el fin del mundo bipolar se producirÃa tan tranquilamente y que una dictadura totalitaria se transformarÃa en una sociedad en transición «normal» como Brasil, Venezuela, Indonesia o Nigeria? ¿Quién hubiera podido pensar tras las declaraciones de Dick Cheney, entonces secretario de Defensa, en 1991, que ningún arma nuclear de la antigua URSS caerÃa en malas manos? ¿Quién pensaba que el gobierno ruso serÃa rico y que Rusia tendrÃa un crecimiento económico promedio del 7% anual tras la crisis financiera de 1998? ¿Quién habrÃa pensado que el presidente ruso presidirÃa el G8 a partir de 2006?
Rusia sigue siendo un caleidoscopio de contradicciones y los estadounidenses continúan viéndola como un vaso medio vacÃo más que como un vaso medio lleno. Los ataques de Vladimir Poutine contra las ONG no son tranquilizadores, pero comparados con nuestros mayores temores, ¿quién hubiera podido imaginar que Rusia serÃa lo que es hoy?

«¿Acaso es verdaderamente indispensable una revolución naranja para establecer la democracia?»
Autor
Vjatcheslav Nikonow
|
Procedente de una archiantigua familia polÃtica rusa, Vjatcheslav Nikonow es uno de los principales politólogos «conservadores» de Rusia y presidente de la fundación Politika de Moscú.
|
Fuente
Der Standard (Austria)
Referencia «Braucht est wirklich eine Orangenrevolution ?», por Viatcheslav Nikonow, Der Standard, 2 de enero de 2006.
Resumen Los grupos liberales tanto en el extranjero como en Rusia consideran cada vez más que el modo de gobierno de Putin es autoritario e ineficaz. Habida cuenta de que los regÃmenes que desagradan a los liberales y que son dominados por una personalidad fuerte son considerados comúnmente como frágiles, la consecuencia lógica serÃa que deberÃa repetirse un escenario del tipo «revolución de colores», como en Georgia, Ucrania o Kirguizistán. Por supuesto, en la Rusia actual, nada es imposible, pero en mi opinión los que creen en una «revolución de la calle» inminente toman sus deseos por realidad.
En cuanto a la eficacia, se carece de un método para evaluarla, precisamente en el caso de un gobierno. Estados Unidos, por ejemplo, que en realidad no se puede considerar un gobierno débil, dio muestras de tal eficacia en Irak, durante los huracanes o en los asuntos de la CIA y de la tortura que en comparación la polÃtica en Chechenia es un éxito total.
El gobierno actual es mucho más eficaz que el de Yeltsin durante los años 1990. En aquel entonces, la mayorÃa del paÃs ya no estaba dirigida, la capacidad de producción nacional habÃa caÃdo en más de la mitad y el Kremlin no pudo lograr que se votara ninguna legislación en la Duma, liderada por los comunistas, pero en aquella época pocos liberales hablaban del derrumbe del paÃs.
Claro está, la Rusia de hoy puede difÃcilmente calificarse como modelo democrático y algunos hechos son preocupantes, pero es ridÃculo pretender que evolucionamos de una «democracia» yeltsiniana a una «autocracia» putiniana. Es muy difÃcil imaginar en nuestros dÃas que los tanques disparen contra un parlamento electo regularmente o que las riquezas nacionales se privaticen en beneficio de la familia o de amigos de negocios del presidente, o incluso que la polÃtica del paÃs se delegue completamente a esos amigos.
La situación en Rusia también es muy diferente a la de Ucrania antes de la « revolución naranja». No existe un Viktor Yushchenko que dirija la oposición rusa ni un Kuchma en la presidencia, débil y detestado por la opinión pública. Con un margen de popularidad cercano al 70%, nadie puede reprochar a Vladimir Poutin su ilegitimidad –o, ya que se habla de eso, de que esté dispuesto a ceder sin resistencia frente a la presión de la calle.
Además, en Rusia, los liberales no son los que movilizan la calle, sino los comunistas y los nacionalistas. Su revolución roja y carmelita serÃa en realidad de colores, pero menos rosada que en los sueños de los liberales, los que deben adaptarse a esta sencilla idea: Rusia ya tuvo su revolución naranja en 1991 y los resultados no fueron concluyentes. Como en Ucrania, además. Las crisis polÃticas del gobierno de Yushchenko demuestran que los revolucionarios de colores también tienen problemas de eficacia y de democracia.
En realidad, el principal problema del gobierno Putin ante la opinión de sus crÃticos occidentales reside en el hecho de que los amigos de sus opositores y sus pensadores polÃticos han perdido el lugar en el tablero polÃtico. Eso le puede suceder a todo el mundo en polÃtica y no justifica una revolución –cuya puesta en marcha nunca es un acontecimiento anodino. A pesar de ello, no dudo que en 2008, en las próximas elecciones presidenciales, haya un intento de derrocar al gobierno ruso por medio de otra vÃa que no sea la electoral.

|
|
|
 |
 |
|
 |