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Tribunas y análisis - 10 de enero de 2006
Irán en el punto de mira

Análisis

Las recientes declaraciones negacionistas del presidente iraní Mahmud Ahmadineyad desencadenaron otras en la prensa occidental que piden sanciones contra Irán, lo que podría constituir el preludio de un ataque militar. Los argumentos esgrimidos asocian críticas legítimas a las declaraciones del presidente iraní, deformación de la situación en ese país, agravamiento de la amenaza que representaría el programa nuclear civil de Teherán así como propaganda tradicional relativa, en especial, a los supuestos vínculos entre Irán y Al Qaeda.
Con mucha frecuencia, los textos que exigen sanciones o la acción militar contra Irán son pronunciados en nombre de grandes principios morales, pero que olvidan por completo el derecho internacional. Si escuchamos a muchos de estos analistas, las declaraciones del presidente Ahmadineyad justifican por sí solas la adopción de severas sanciones contra Irán, incluso el desencadenamiento de una guerra. Este enfoque se basa en una visión de las relaciones internacionales en las que los Estados más poderosos pueden, a voluntad, atacar a un país ya no en legítima defensa, ni siquiera en caso de que constituya una amenaza, sino sobre la base de las declaraciones y de la ideología de sus dirigentes; punto de vista extendido con mucha más facilidad por cuanto los medios de comunicación dominantes, que se apoyan en la opinión de los militares occidentales a la hora de redactar sus artículos y reportajes, ofrecen una imagen aséptica y tranquilizante de las guerras.
No podemos sin embargo cometer una carnicería que provocará decenas de miles de víctimas apoyándonos en una declaración, por muy lamentable que esta sea.

Como quiera que sea, los propagandistas neoconservadores habituales atacan violentamente a Irán basándose en las declaraciones negacionistas del presidente iraní. _ Michael Rubin, ex asesor de Donald Rumsfeld y experto del American Enterprise Institute, acoge con beneplácito en el diario eslovaco Tyzden las declaraciones de Ahmadineyad. Para este autor, el presidente iraní ha revelado por fin la naturaleza del régimen iraní y a los europeos no les queda más remedio que hacerle frente. El experto del AEI estima que en esencia la República Islámica de Irán es un régimen que busca la destrucción de Israel y nada podrá cambiarlo. Las últimas declaraciones del presidente iraní permitieron que los europeos lo comprendieran. Sin recomendar soluciones para lograrlo, lanza por consiguiente un llamamiento a favor de un cambio de régimen en Irán.
Kenneth R. Timmerman, vicepresidente de la Foundation for Democracy in Iran, esgrime la carta de la condición psiquiátrica del adversario en el Daily Star. Basándose en una serie de declaraciones infundadas y en rumores cuyos autores no pueden ser identificados afirma que Mahmud Ahmadineyad es un fanático religioso mesiánico y milenarista que cree en el próximo fin del mundo y en el retorno inminente del imán Mehdi, figura mítica de los chiítas. Partiendo de este postulado no sustentado y dando por sentada la voluntad de Irán de adquirir el arma nuclear, predice lo peor en caso de que esas armas cayeran en manos de un loco. Considera asimismo que debe hacerse todo lo posible para impedir que esos «zelotes» posean la bomba. Timmerman tampoco precisa los medios que deben ser empleados.

Los medios de comunicación mainstream de Occidente comparten una opinión única: Irán representa una amenaza, está listo para dotarse de armas de destrucción masiva, apoya el terrorismo y es dirigido por un grupo de fanáticos capaces de adoptar decisiones irracionales (este último argumento permite enmascarar con frecuencia la irracionalidad de la argumentación). Estamos, con toda evidencia, ante el mismo guión de propaganda utilizado contra Irak.
No obstante, en el caso de Irán, denunciar a la República Islámica no conduce necesariamente a un llamamiento a favor de la acción militar. Al parecer, entre las élites atlantistas no existe consenso a favor de la invasión terrestre de Irán, ni incluso con respecto a un bombardeo aéreo. Pero hay algunos puntos de vista ambiguos.
Este es el caso de la tribuna firmada en Los Angeles Times por Bill Frist, senador por Tennessee y jefe de la mayoría republicana en el Senado estadounidense. El autor se preocupa por la amenaza nuclear que representa Irán para Israel, Europa y las tropas estadounidenses estacionadas en el Medio Oriente. Dando por sentadas las intenciones agresivas de Irán y considerando que el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) no ha condenado a ese país sólo por miedo a que Teherán abandone el TNP, pide que se decrete un embargo internacional contra Irán. El senador Frist no puede sin embargo ignorar que Estados Unidos no obtendrá jamás un consenso sobre este punto. China, Rusia y la India no respetarían ni apoyarían tal acción. Por lo tanto, cuesta trabajo entender de qué sirve una propuesta semejante, como no sea para poder afirmar tal vez que se propusieron opciones no militares antes de decidirse a exigir la guerra.

Los tradicionales «mensajeros de América» también difunden esta imagen de Irán en Francia.
El mediático «filósofo» y editorialista del semanario conservador francés Le Point, Bernard Henri Lévy, repite sin pestañear (al mismo tiempo que reivindica) todos los análisis de su colega neoconservador David Brooks (quien trabaja para el New York Times y el Weekly Standard). El autor afirma que Irán está a punto de contar con el arma atómica y que la utilizará de inmediato contra Israel antes de virarse hacia «América» y «Occidente». También acusa a la República Islámica de tener vínculos con Al Qaeda. Como parece difícil recurrir a la opción militar (y, según el tono del texto, únicamente a causa de ello), Bernard Henri Lévy recomienda presiones internacionales en la esfera comercial y diplomática así como el apoyo a movimientos capaces de derrocar el sistema teocrático iraní. Al mismo tiempo que lamenta que Estados Unidos se vea inmerso en un conflicto en Irak, calificado en estos momentos de absurdo, pero que en su momento había deseado ardientemente, pide a Europa que interrumpa cualquier negociación con Teherán y se muestre agresiva.

El diario francés Le Figaro da la palabra por su parte a dos comentaristas de origen iraní. _ El profesor de mercadotecnia y asesor de empresas Djamchid Assadi desarrolla un análisis que recuerda bastante el discurso tradicional atlantista sobre Irán. El autor teme que la acción diplomática ya no sea suficiente para resolver la crisis nuclear y considera «contraproducente» la solución militar o incluso nuclear. Por consiguiente, lanza un llamamiento a favor de un cambio de régimen y de maniobras de subversión interna.
Lejos de estas visiones simplistas, el académico Daryush Shayegan describe a su país como un Estado increíblemente complejo, marcado al mismo tiempo por profundos arcaísmos pero también por una revolución cultural endógena. Dicho texto, aunque no se declare explícitamente como tal, es una respuesta a todos aquellos que afirman que sólo una acción exterior puede transformar el país. Pero este punto de vista es un ejemplo aislado.

En el sitio AntiWar.com, el Dr. Arshin Adib-Moghaddam, profesor del Center of International Studies de la universidad de Cambridge y miembro del Consejo de Administración del Proyecto Tharwa, describe cómo funciona el modelo de propaganda empleado por los neoconservadores contra Irán. El autor recuerda que el proyecto neoconservador prevé desde hace tiempo el derrocamiento de seis o siete regímenes en el Medio Oriente y que las acciones de Irán no han ejercido influencia alguna sobre este objetivo. Por lo tanto, todo lo que haga la República Islámica será criticado con el propósito de brindar la imagen más amenazadora posible y convencer a la opinión de que debe ser atacada. Para apoyar sus palabras, el autor cita a cierto número de analistas que los lectores de nuestra sección Tribunas y Análisis conocen muy bien y que se especializan en desvalorizar, desde el punto de vista mediático, a los Estados que están en la mirilla. Este bombardeo propagandístico y las fórmulas de marketing de choque permiten lograr el consentimiento de la opinión pública. El autor concluye que el neoconservadurismo se caracteriza por la guerra y que la lucha contra éste implica la denuncia de su propaganda.
Este es un punto de vista que hubiéramos suscrito pero que, lamentablemente, no tiene acceso a los principales medios de comunicación.

Red Voltaire




10 de enero de 2006

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Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«Irán hace lo que dice»

Autor Michael Rubin

 Michael Rubin es investigador del American Enterprise Institute, en el Washington Institute for Near East Policy y experto del Gabinete de Relaciones Públicas Benador Associates. Fue asesor de la Autoridad Provisional de la Coalición en Irak y asesor de Donald Rumsfeld sobre Irak e Irán en el Pentágono.

Fuente Tyzden (Slovaquie)
Referencia «Iran Means What It Says», por Michael Rubin, Tyzden, 2 de enero de 2006.

Resumen Las declaraciones antisemitas de Ahmadineyad causaron descontento en Europa –y es algo sorprendente ya que no son declaraciones nuevas. Ya hace cuatro años, el presidente Rafsanyani había hecho un pronunciamiento semejante, durante la prédica del viernes. Su discurso en aquel entonces habría debido convencer a cualquiera de que la República Islámica es incompatible con los valores de la sociedad occidental. Rafsanyani decía: «Si un día el mundo islámico también se equipara con las mismas armas que las que posee Israel hoy, entonces la estrategia de los imperialistas se bloqueará, ya que basta con utilizar una sola bomba atómica en el interior de Israel para destruir todo.… Tal posibilidad no es imposible». Los analistas estadounidenses y europeos se apresuraron en declarar que sólo se trataba de una actitud defensiva, pero los políticos iraníes, por su parte, habían comprendido perfectamente: se amenazaba claramente con emplear el arma nuclear de manera táctica, de forma ofensiva.
Desde siempre, los dirigentes políticos y religiosos en Irán han exhortado de forma sistemática a destruir a Israel. Hasta Ahmadineyad, esos mismos políticos iraníes siempre han logrado engañar a Europa o que tomara una cosa por otra. Desde hace 20 años, Europa evita hacer frente a la situación, por miedo a la confrontación y en aras de proteger sus intereses, cerrando los ojos ante el terror y las numerosas violaciones de los Derechos Humanos. Sobre todo en el tema nuclear, el objetivo de su diplomacia es permitir a Irán ganar tiempo.
Pero hoy está claro que la política europea respecto de Irán ha fracasado por dos razones. En primer lugar, está el hecho de que el desarrollo nuclear del régimen iraní está motivado por consideraciones de orden interno y no de defensa nacional, y la diplomacia no tiene ascendencia alguna sobre las cuestiones internas. Los análisis, conversaciones y sondeos discretos de la opinión iraní demuestran que el 80% de las personas ya no esperan nada del régimen actual y aspiran a un cambio radical. La situación es similar a la de la URSS durante el gobierno de Mijail Gorbachov, la población no se contentaba con la Glasnost, y quería simplemente acabar con el dominio comunista. Sólo el 10% apoya las reformas de Jatami, el equivalente de los partidarios de Mijail Gorbachov en aquel entonces. Los demás se aferran a la retórica radical de Ahmadineyad y, como los estalinistas inflexibles de antaño, se opondrán siempre a cualquier reforma.
La segunda razón del fracaso europeo son los Guardianes de la Revolución. Replegada en sí misma y en sus posiciones violentamente reaccionarias, esa guardia constituye la élite del régimen islámico. Es el centro ideológico y xenófobo del grupo que tiene en sus manos el programa nuclear y balístico iraní. El negacionismo de Ahmadineyad y sus amenazas de «borrar a Israel del mapa» se hayan en la raíz de su ideología. Las numerosas alusiones apocalípticas recientemente formuladas por Ahmadineyad –quien cree poder adelantar la llegada del Imán escondido, una figura mesiánica chiíta, a través de un período de purificación guerrera– deberían trastornar a los europeos. En diplomacia, se parte del principio de que cada parte es sincera en sus objetivos, pero Ahmadineyad no pierde ocasión para mostrar que está más a favor de la guerra que por la paz.
Los problemas políticos pueden resolverse por la diplomacia, pero ésta no puede atacar los fundamentos ideológicos de un régimen hostil. Pol Pot no podía ser desviado de su xenofobia genocida. Gamal Abdul Nasser nunca hubiera abandonado el nacionalismo árabe. Sadam no ha renegado de nada, incluso después de su caída del poder. El liderazgo iraní no es diferente. Haga lo que haga la diplomacia, nunca logrará convencer al liderazgo religioso de Irán de que abandone las creencias y principios cuyas raíces cree encontrar en su visión teológica particular. El liderazgo iraní es tan peligroso como su arsenal en potencia. Felizmente, en la actualidad, la franqueza de las declaraciones de Ahmadineyad obliga a los políticos europeos a considerar a la República Islámica por lo que es y no por lo que ellos quisieran que fuera.

«¿Acaso el iraní Ahmadineyad es un médium mesiánico?»

Autor Kenneth R. Timmerman

 Ex funcionario de la Comisión de Relaciones Exteriores de la Cámara de Representantes de los Estados Unidos, Kenneth R. Timmerman es periodista y escritor. Es el autor de Countdown to Crisis: The Coming Nuclear Showdown with Iran. Tuvo una participación destacada en las audiencias de la Comisión Investigadora en los Estados Unidos, pretendiendo sistemáticamente que estos subestimaban las amenazas militares que los rodeaban. Es miembro de la Foundation for Democracy in Iran.

Fuente Daily Star (Líbano)
Referencia «Is Iran’s Ahmadinejad a messianic medium?», por Kenneth R. Timmerman, Daily Star, 30 de diciembre de 2005.

Resumen En un momento en el cual las negociaciones con Irán están de nuevo en pleno ocaso, es esencial comprender bien a Mahmud Ahmadineyad.
Después de su discurso ante la Asamblea General de la ONU, declaró que ese día había sido iluminado por una luz divina y que los dirigentes mundiales habían tenido que escuchar el mensaje de la República Islámica. Esa interpretación podría causar risa, si no fuera porque cuando se compara con otras, sugiere que el presidente tiene una visión mesiánica de su misión. Ello refuerza las preocupaciones en torno a la voluntad de Irán de dotarse de armas nucleares y en cuanto a los discursos de Ahmadineyad como un llamado a «borrar a Israel del mapa» y a destruir a los Estados Unidos.
El 16 de noviembre pasado, Ahmadineyad declaró que su gobierno tenía por misión facilitar la vía para el retorno del imán Mehdi, el mítico doceavo imán de los chiítas. Según algunos rumores, el presidente iraní, cuando era alcalde de Teherán, quería transformar la ciudad para la llegada del imán Mehdi, y habría deseado que su gobierno redactara un pacto de lealtad al imán y solicitado una suma de 17 millones de dólares para restaurar una mezquita dedicada a él. Según algunas fuentes, Ahmadineyad cree que el imán volverá dentro de dos años. Forma parte de una secta radical, la sociedad Hojatieh, un grupo que hasta el ayatolá Jomeini encontraba demasiado extremista, pero que es influyente en el actual gobierno iraní.
No se puede tolerar que esos zelotes religiosos tengan el arma atómica.

«Dominar Irán»

Autor Bill Frist

 Bill Frist es médico, senador republicano de Tennessee y jefe de la mayoría republicana en el Senado estadounidense.

Fuente Los Angeles Times (Estados Unidos)
Referencia «Reining in Iran», por Bill Frist, Los Angeles Times, 26 de diciembre de 2005.

Resumen Los mulahs que dirigen Irán desde hace 26 años llevan a cabo una campaña para suprimir cualquier disidencia y apoyar al terrorismo. Estas últimas semanas, es evidente que los esfuerzos internacionales para impedir que Irán dispusiera de un programa atómico fracasaron, y, por consiguiente, Estados Unidos tendrá que manejar una crisis nuclear si no actúa rápido. Hoy día, Irán presenta una gran diferencia entre la clase dirigente hostil al mundo y un pueblo que quiere incorporarse a la comunidad internacional. Sin embargo, el deseo de libertad de los iraníes no ha impedido a sus dirigentes construir un arsenal aterrador.
Irán cuenta ya con misiles capaces de alcanzar Israel, parte de Europa y las tropas estadounidenses en el Medio Oriente. Las democracias del mundo son conscientes en su mayoría del peligro que representaría para el Medio Oriente un Irán dotado de armas nucleares, pero el Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA) no ha logrado un acuerdo final sobre ese asunto, sin duda debido al temor de una parte de sus miembros de que Teherán abandone el Tratado de No Proliferación. La administración Bush todavía no ha presentado la cuestión iraní al Consejo de Seguridad de la ONU, pues Rusia y China no están dispuestas a incriminar a Teherán.
Hay que entablar negociaciones con nuestros aliados para pedirles que se unan a las sanciones comerciales contra Irán. Es necesario instaurar un embargo internacional sobre todas las tecnologías que Irán pueda utilizar para su programa nuclear. Si eso no funciona, el embargo se podría extender a las ventas de armas y penalizar a los infractores.
Sin régimen de sanciones, los teócratas no negociarán.

«¿Es posible aún detener a los “fascislamistas” de Teherán?»

Autor Bernard-Henri Lévy

 Bernard-Henri Lévy, cabecilla de los «nuevos filósofos», y cronista en el semanario Le Point de Claude Imbert. Autor de Quién mató a Daniel Pearl.

Fuente Le Point (Francia)
Referencia «Est-il encore possible d’arrêter les « fascislamistes » de Téhéran ?», por Bernard Henri Lévy, Le Point, 22 de diciembre de 2005.

Resumen Es muy probable que Irán obtenga el arma atómica y muy probable también que el mundo no pueda impedirlo. Lo único que podemos esperar es que la República Islámica de Irán no caiga en manos de un loco. Eso es lo que colijo de la conversación que tuve en Washington con el eminente intelectual neoconservador David Brooks. Sobre ese punto, sé que tiene razón. Los iraníes quieren poseer armas de destrucción masiva. Como los pakistaníes, pretenden tener derecho a ello, pero cuando estos últimos pretendían conferirle un papel defensivo, Teherán anuncia con claridad su intención de utilizarlas contra Israel. También estoy de acuerdo con él sobre el hecho de que muy a nuestro pesar, contrariamente a Irak, todas las instalaciones nucleares no están concentradas en un mismo lugar, para su destrucción como en Osirak. De igual forma coincido con él en afirmar que no hay oposición real entre sunitas partidarios de Bin Laden y chiítas de Teherán: comparten los mismos objetivos contra los Estados Unidos, Israel y Occidente.
El único punto de debate es saber si estamos tan desprovistos como Brooks lo pretende. La posibilidad de una acción militar plantea un problema y la discusión sobre su factibilidad no está cerrada, incluso en Israel. En cambio, no hemos agotado el arsenal de medidas de represalias económicas. El carácter plausible de la guerra atómica anunciada por Ahmadineyad, ¿no merita acaso que nos preguntemos sobre una política energética que nos hace, ya no exactamente vender la cuerda para ser ahorcados, sino comprar la energía que nos matará? ¿Estamos tan desprovistos de medios como parece, frente a un adversario que vive del petróleo que le compramos? ¿Y el esfuerzo ideológico? ¿Y el apoyo a la sociedad civil? ¿Y la ayuda no al gobierno terrorista, sino a los hombres y mujeres aterrorizados que aspiran a los derechos humanos y son el verdadero resorte de un antitotalitarismo consecuente? ¿Y las presiones diplomáticas? A ellos, a los mulahs, como han dicho en estos últimos meses decenas de diplomáticos considerados, como en Gran Bretaña, demasiado flojos, demasiado conciliadores, ¿por qué no pagarles con la misma moneda? ¿Por qué no expulsar a los bandidos que pululan en sus representaciones en el exterior?
Los Estados Unidos están sumidos en esa absurda guerra de Irak, nos corresponde a nosotros, europeos, tomar la delantera.

«Resolver el problema nuclear de la República de Teherán»

Autor Djamchid Assadi
Especialista en marketing y en comunicación aplicada a Internet, Djamchid Assadi es profesor en la American University de París y en Dijon, y asesor en asuntos empresariales. Es el autor de Les 7 modèles économiques d’Internet.

Fuente Le Figaro (Francia)
Referencia «Résoudre le problème nucléaire de la République de Téhéran», por Djamchid Assadi, Le Figaro, 2 de enero de 2006.

Resumen La comunidad internacional se preocupa con razón por el programa nuclear iraní y por la posición asumida por su ultraconservador presidente. La elección de un gran número de militares como miembros del Parlamento ha fortalecido también a los partidarios radicales de la opción nuclear a toda costa. Además, con un petróleo caro, es poco probable que una alianza transatlántica pueda imponer sanciones económicas a Irán. Incluso de existir una posición común euro-norteamericana, China y Rusia podrían plantear su veto en el Consejo de Seguridad de la ONU contra toda resolución hostil. En la actualidad, los ultraconservadores prolongan deliberadamente las negociaciones con el objetivo de ganar tiempo.
Como las soluciones diplomáticas conciliadoras han fracasado, habría que pasar entonces a las opciones diplomáticas duras. Infelizmente, resulta delicado proponer una resolución al Consejo de Seguridad cuando se ignora la posición de cada uno, considerando además que dicha resolución sería sin duda ineficaz. Las sanciones económicas podrían ser fácilmente evadidas por Irán, que mantiene estrechos vínculos con China y Rusia. Pero si ni una diplomacia ni la otra logran convencer a los dirigentes radicales de la República Islámica de Irán, ¿recurrirían entonces los norteamericanos a la acción militar? Se han analizado diversos planes de ataque. Los israelíes también piensan en ello.
Pero ataques de tipo convencional no destruirían las instalaciones nucleares iraníes. Es precisamente por este motivo que, desde 2004, el Departamento de Defensa norteamericano analiza el empleo de las armas nucleares contra Irán. No obstante, un ataque de esta índole sería contraproducente, ya que irremediablemente lastimaría el sentimiento patriótico de los iraníes, en su mayoría pro occidentales e incluso pro norteamericanos. Por añadidura, ante una ofensiva, los iraníes podrían movilizar sus redes, movilizar a los chiítas contra los Estados Unidos, sabotear el proceso de paz israelo-palestino, bloquear el Estrecho de Hormuz y una parte del suministro petrolero mundial.
Sin embargo, no se debe renunciar. Resolver el problema nuclear en Irán, cambiar la actitud de los ultra del régimen por medio del diálogo o de la acción militar se muestra como algo ilusorio. Lo que resolvería verdaderamente el problema es la democratización del régimen presionando al Estado islámico y apoyando a la sociedad civil. La democracia iraní contribuiría a la paz en el mundo.

«La incongruencia de la situación iraní»

Autor Daryush Shayegan

 Ex profesor de estudios indios en la Universidad de Teherán, Daryush Shayegan fue posteriormente profesor de Filosofía comparada y director del Centro Iraní para el Diálogo de las Civilizaciones. Tras la revolución de 1979, fue durante nueve años director de los estudios ismaelitas en Francia. Después asumió la dirección de la revista Iramé, en Washington, antes de regresar a Irán donde creó su propia casa editorial. Actualmente vive, ya en París, ya en Teherán.

Fuente Le Figaro (Francia)
Referencia «L’incongruité de la situation iranienne», por Daryush Shayegan, Le Figaro, 2 de enero de 2006.

Resumen El Irán actual no tiene nada que ver con la Alemania de los años 30, a no ser lo que Ernst Bloch denominó la «no-contemporaneidad» de Alemania, un país que, a diferencia de Francia e Inglaterra, no conoció una revolución burguesa antes de 1918. El Irán de nuestros días no sólo rechaza el momento presente, sino que permite que ideas arcaicas obstaculicen su desarrollo. Hoy la juventud iraní ve su futuro bloqueado por las consecuencias de la revolución de 1979, que fue tanto una revolución como una contra-reforma: contra el progreso y los principios del Siglo de las Luces, contra la modernidad, contra la emancipación de la mujer, contra el liberalismo de la burguesía naciente, en suma, contra una gran parte de la sociedad cuyas costumbres, como acabo de decir, habían evolucionado con un sentido de modernidad.
Ahora bien, Irán, después de 27 años de tropiezos en su evolución, ha ido hacia atrás. El gobierno de Rafsanyani, de manera ardua y difícil, había reajustado las estructuras económicas del país privatizando una parte de la economía. El gobierno de Jatami liberalizó las costumbres. Pero esas políticas no permitieron llenar las lagunas de la no-contemporaneidad iraní. Porque Irán es hoy una sociedad compleja donde coexisten las supersticiones más tenaces, las ideas mesiánicas más inverosímiles, la independencia mental más fiera, la religión más estrictamente igualitaria, comportamientos casi «libertarios» e incluso a veces abiertamente libertinos, o sea, creencias audaces próximas a las corrientes de espiritualidad más fantasiosas del New Age. En nuestros días, a pesar de la intransigencia de la política actual, los iraníes se han abierto al mundo y se interesan por todo lo que ocurre. Irán es ese país paradójico donde los libros de filosofía se venden más que las novelas.
El aire de cambio sopla gracias al espíritu de los tiempos y no excluye a nadie, de modo que, por ejemplo, incluso los radicales más duros se comportan como liberales en la cámara de la Asamblea Islámica. La heterogeneidad que observamos surgir en un país donde la religión se considera total y totalitaria muestra que las corrientes de transformación que sacuden a nuestro planeta son más fuertes que las resistencias de identidad. Como están marchando las cosas, nada podrá detenerlas.

«Después de Babilonia, Persia»

Autor Arshin Adib-Moghaddam
El Dr. Arshin Adib-Moghaddam es profesor en el Center of International Studies de la Universidad de Cambridge y miembro del Consejo administrativo del Proyecto Tharwa destinado a favorecer las iniciativas políticas en el Medio Oriente.

Fuente Antiwar.com (Estados Unidos)
Referencia «After Babylon, Persia», por Arshin Adib-Moghaddam, AntiWar.com, 4 de enero de 2006.

Resumen El año pasado describí en detalle cómo los neoconservadores (en equipo con sus amigos y aliados del Likud israelí) habían participado directamente en la labor de preparar la mentalidad de la gente para la invasión a Irak. Si analizamos la hipótesis según la cual los neoconservadores siguen esa misma pauta para atacar a Irán, ¿en qué hechos podemos basarnos? Este problema se inserta en tres realidades políticas que definen el medio institucional e ideológico del neoconservadurismo estadounidense contemporáneo y su repercusión en las relaciones con Irán.
En primer lugar, la «guerra global contra el terrorismo» y la doctrina de acción preventiva del gobierno de Bush han llegado a constituir los dos pilares principales de la política exterior estadounidense, que defiende el empleo de la fuerza militar contra adversarios potenciales incluso cuando estos no amenazan de manera directa o inmediata a los Estados Unidos. Para Norman Podhoretz, redactor jefe de la influyente revista neoconservadora Commentary entre 1960 y 1995, la «guerra global contra el terrorismo» es simplemente una manera de definir «un nuevo tipo de misión imperial para los Estados Unidos, cuyo objetivo es favorecer el surgimiento en el Medio Oriente de gobiernos que se caracterizarían por brindar más apoyo a los valores occidentales que el brindado por los regímenes despóticos existentes allí en la actualidad». Tras la caída de Bagdad, explica Podhoretz, «la lógica política y militar será que nos veamos obligados, poco a poco, a derrocar cinco, seis o siete regímenes tiránicos más en el mundo musulmán». La doctrina de acción estratégica preventiva anunciada en 2002 por Bush es la justificación política de ese plan. El país debe «enfrentar, mediante la fuerza militar si fuese necesario, a los regímenes malvados que no respetan las leyes internacionales». En Washington todo indica que Irán figura en la lista del próximo ataque, tal como lo muestra la directiva presidencial secreta hecha pública por el Washington Post.
El segundo hecho de importancia es la característica constante de toda estrategia neoconservadora que consiste en desacreditar todo proceso democrático, por muy débil que sea, en el país que está en la mirilla de ataque con el objetivo de socavar el poder diplomático del Estado en cuestión. En Irán las elecciones son calificadas por Michael Ledeen del American Entreprise Institute como «teatro de sombras chinescas, una representación cómica llevada a escena para engañarnos e impedir que apoyemos a las fuerzas que buscan un cambio verdadero en Irán». Para Kenneth Timmerman, en un artículo ampliamente difundido por la prensa internacional, la participación del electorado iraní es insignificante y los candidatos no cuentan dado que fueron «evaluados y seleccionados por los mulahs». Nir Boms, vicepresidente del Center for Freedom in the Middle East y ex oficial de enlace en la Embajada de Israel en Washington, Elliot Chodoff, general del Ejército israelí y Abbas Milani o Michael McFaul, que dirigen el Project on Iranian Democracy de la Hoover Institution publican regularmente artículos tergiversadores en ese sentido.
El tercer pilar es la organización American Israel Public Affairs Committee (AIPAC) que desde hace año y medio ha hecho de la cuestión nuclear iraní su principal caballo de batalla entre los políticos estadounidenses. En mayo de 2005, en la mayor conferencia de su historia, la AIPAC presentó un espectáculo de multimedia, montado por los ingenieros de Walt Disney, con el objetivo de mostrar los avances y los peligros del programa nuclear iraní. La AIPAC financia un ejército de think tank y grupos de presión que buscan un cambio de régimen en Irán, por ejemplo, la Coalition for Democracy in Iran (CDI) o el Committee for the Present Danger. Mientras que unos apoyan a los monárquicos en torno a Reza Pahlavi, el Iran Policy Committee (IPC) cabildea a favor de la Mujahedin e-Khalq (MEK) una organización que, sin embargo, es considerada como terrorista por Estados Unidos y Europa. Obtuvieron una asignación de tres millones de dólares en el presupuesto de 2005 aprobado por el Congreso norteamericano.
Los activistas neoconservadores plantean la explicación del conflicto que preparan en una presentación personal de las relaciones internacionales. La enmarcan en instituciones (por ejemplo, el Project for a New American Century); en el lenguaje que será enseguida utilizado y difundido por los medios masivos de comunicación hasta el punto de convertirse en un lugar común (por ej. «El Eje del Mal»); en frases acuñadas que tergiversan el problema (por ej., «¿Por qué ellos nos odian?»); y, por último, la enmarcan en doctrinas por lo general legitimadoras (por ej., la acción preventiva). Esta estrategia transforma a los demás países en simples variables reemplazables. La acción preventiva y la «guerra contra el terrorismo» se vuelven conceptos versátiles y útiles para todo que permiten legitimar cualquier acción militar en un plano global. Todos los conflictos locales no son más que episodios del mismo proyecto neoconservador, la «Cuarta Guerra Mundial» inventada por Eliot Cohen y difundida por James Woolsey. Incluso cuando logremos impedir una crisis, los neoconservadores estadounidenses estarán ya planificando la siguiente. El neoconservadurismo estadounidense se define por la guerra, una guerra llevada a cabo por numerosos medios. De las fuerzas de paz depende lograr detener una doctrina tan corrupta.

 



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