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Tribunas y análisis - 17 de enero de 2006
Ariel Sharon: crónica de la muerte anunciada de un «hombre de paz»

Análisis

«Homicida», «asesino», «criminal de guerra», «terrorista», «comandante en jefe de un escuadrón de la muerte»: ninguna de estas palabras podrán ser encontradas en las tribunas hagiográficas difundidas por la prensa atlantista luego del derrame cerebral sufrido por el primer ministro israelí Ariel Sharon. Lamentablemente, esto no nos sorprende. Ya hemos comentado en esta sección la forma en que Sharon ha sido presentado como «hombre de paz» luego de la retirada de Gaza aunque se haya señalado que su único objetivo era facilitar el mantenimiento de la ocupación ilegal de vastos territorios de Cisjordania. Más tarde, a raíz de su controversia con líderes más extremistas y que insistían en seguir soñando con el Gran Israel, Ariel Sharon fue presentado como «centrista».
A todo lo largo de su carrera militar, y posteriormente política, Ariel Sharon fue culpable (de manera personal o por dar las órdenes) de abusos y asesinatos en masa contra las poblaciones árabes, con mucha frecuencia contra civiles. Violó el derecho internacional y pisoteó las resoluciones de Naciones Unidas al privar a poblaciones completas de cualquier esperanza de justicia. Sin embargo, estos crímenes son apenas mencionados en la prensa atlantista que prefiere describirnos a un nacionalista convertido en pragmático en su ancianidad y que ofreció una oportunidad a la paz al organizar la retirada israelí de Gaza. Ningún diario recuerda que luego de esta retirada la aviación y la artillería pesada se encargan de bombardear las ciudades palestinas. Con ello, los cronistas, editorialistas y expertos demuestran un desprecio infinito por las vidas árabes.

Caemos en la fórmula consagrada: «en los momentos en que redactamos estas líneas, Ariel Sharon lucha contra la muerte», pero estos autores de notas necrológicas no esperaron el resultado del combate para comentar en pasado, aunque de manera elogiosa, los actos políticos del general Sharon.
El debate en la prensa atlantista opone hagiógrafos optimistas a pesimistas. Repiten los lugares comunes sobre el conflicto israelo-palestino: Sharon cambió y se convirtió en un hombre de paz, la retirada de Gaza constituyó un importante paso hacia la paz emprendido por un hombre valiente, los árabes no aprovecharon las oportunidades de lograr la paz. No obstante, para una parte de los comentaristas, la estrategia política seguida por el Primer Ministro no lo sobrevivirá, mientras que para los demás el proyecto marcha sobre ruedas.

En The Independent, el ex ministro conservador británico de Relaciones Exteriores, Malcolm Rifkind, lamenta la desaparición de Ariel Sharon, acontecimiento que compara con el asesinato de Yitzhak Rabin. Paradójicamente, el autor no se esfuerza demasiado en ocultar los abusos cometidos por aquel cuya desaparición siente. Recuerda la invasión del Líbano, la masacre de Sabra y Shatila, la escalada de la colonización y la provocación de Al-Aqsa. Pero, no obstante, considera que Sharon era el único capaz de lograr que los israelíes aceptaran la existencia de un Estado palestino.
El psiquiatra y editorialista neoconservador, reciente promotor del empleo de la tortura en la «guerra contra el terrorismo», Charles Krauthammer, lamenta en el Washington Post la desaparición de Ariel Sharon de la vida política. En su opinión, estamos ante el peor desastre que sacude a Israel en los últimos 60 años. ¡Demonios! Llevando a los extremos la personalización de la política israelí plantea que resultará muy difícil para Kadima, el partido fundado por el primer ministro israelí, seguir adelante con la política «genial» de Ariel Sharon.
Alejado en teoría de las tesis y orientaciones del señor Krauthammer, el rabino Michael Lerner, jefe de redacción de la revista de la izquierda judía estadounidense Tikkun Magazine y presidente de la asociación pacifista judía Rabbis for Peace, comparte, en nombre de la paz, el mismo razonamiento que el editorialista neoconservador. En los diarios The Age (Australia)y The Berkeley Daily Planet (Estados Unidos) afirma rogar por el restablecimiento de Ariel Sharon para que éste pueda continuar la lucha política. Recuerda que por mucho tiempo fue adversario del Primer Ministro pero considera, contra toda posibilidad, que este último es en estos momentos uno de los pocos hombres capaces de devolver la paz al Medio Oriente.

Compartiendo prácticamente la misma visión de Ariel Sharon y de su política, algunos analistas estiman que la política por él adoptada seguirá siendo aplicada luego de su muerte o retiro.
Yoel Marcus, editorialista de Ha’aretz, el diario de referencia de la izquierda israelí, saluda al «Charles de Gaulle israelí», al hombre electo por la extrema derecha que organizó la retirada de Gaza. Lamenta que los palestinos no hayan sabido aprovechar la «oportunidad», pero afirma, llevando aún más lejos la lógica culturalista con relación a la llamada falta de contraparte para la paz, que «los árabes serán siempre los árabes». Deplora la pérdida del «gigante de 1948», aunque considera que Kadima es el fruto de un momento político y no de un hombre, y que la política de Ariel Sharon seguirá siendo aplicada.
Barry Rubin, director del Centre Global Research in International Affairs, comparte este punto de vista en una tribuna difundida por Project Syndicate que sólo ha sido publicada hasta el momento por el Korea Herald. Fiel a la opinión que tuvo a bien brindar cuando se creó Kadima, considera que este partido es el reflejo de un nuevo consenso en el seno de la sociedad israelí y que, por consiguiente, deberá ganar las próximas elecciones. Alaba las acciones del Primer Ministro y opina que su partido podrá seguir adelante sin él.

Aunque predominante en la prensa occidental, la representación positiva del Primer Ministro israelí se ve matizada por algunos autores valientes y muy aislados.
De esta forma, Gideon Levy, editorialista de izquierda de Ha’aretz, publica una opinión contraria a la de su colega Yoel Marcus. En su opinión, el balance de la política de Ariel Sharon con relación a Israel es globalmente negativo. Recuerda que el Primer Ministro llevó a cabo la colonización de los territorios ocupados, lanzó la invasión israelí contra el Líbano y participó en el fortalecimiento de Hamas. Para el autor, la retirada de Gaza constituye un acto de contrición respecto de la primera política, pero señala que Hamas seguía sacando provecho de la política de Ariel Sharon y que en estos momentos las tensiones con Irán llegan al paroxismo. Observemos que aunque cuestiona la política de Ariel Sharon, el autor sólo lo hace desde el punto de vista de los intereses israelíes. Al parecer, no hay lugar para el punto de vista árabe en la prensa «occidental».
Yasser Abed Rabbo, ex ministro de la Autoridad Palestina y negociador de la iniciativa de Ginebra, es uno de los pocos dirigentes árabes que puede ofrecer su opinión sobre el tema en entrevista concedida al diario Le Monde. Y aún en este caso, prácticamente pide disculpas por no unirse al coro de plañideras y trata de recordar por qué los palestinos no notaron el «cambio» en el ocaso de la carrera de Ariel Sharon. Menciona la incursión de Qibya, la masacre de Sabra y Shatila y la operación de Jenin, elementos que explican porqué, contrariamente a la opinión occidental, para los palestinos la desaparición de Ariel Sharon no es la de un hombre de paz. Sin embargo, el autor confía, aunque no parece creer mucho en ello, en que su sucesor tenga un comportamiento diferente y que la vida política israelí cambiará luego de la muerte de su patriarca como ocurrió con la Autoridad Palestina.

No olvidemos que Ariel Sharon comienza su carrera en la organización terrorista Haganah. A inicios de los años 50 dirige un escuadrón de la muerte, la Unidad 101, que asesina civiles árabes para obligar a sus familias a abandonar sus tierras. A la cabeza de este escuadrón masacra a toda la población de la ciudad jordana de Qibya. Convertido en general, en virtud de sus actos de heroísmo durante la Guerra de los Seis Días, invade el Líbano con sus unidades por iniciativa propia y desobedeciendo las órdenes del estado mayor. Una vez en Beirut, rodea los campamentos de refugiados palestinos de Sabra y Shatila y comienza a exterminar a la población. Al no contar con suficientes hombres, confía a las milicias cristianas del mercenario Elie Hokeiba la tarea de terminar el trabajo. Juzgado por crímenes de guerra por un tribunal israelí, se le prohíbe ocupar cualquier puesto ministerial. A comienzos del siglo XXI realiza nuevas provocaciones que provocan la segunda Intifada. Se descubre entonces que la decisión que le prohibía ser ministro no le impedía ser Primer Ministro. Promete reprimir la Intifada que él mismo había provocado y es electo Primer Ministro. Rompe entonces con los partidarios del Gran Israel y organiza el nuevo despliegue del ejército de forma que fueran ocupados todos los territorios posibles al tiempo que hace operativa su defensa. Burlándose de la comunidad internacional construye un muro para modificar las fronteras de manera unilateral, luego repliega a los colonos y a sus tropas detrás del mismo y anexa de forma definitiva una parte de los territorios palestinos. Participa al mismo tiempo en una operación de limpieza política que preveía la eliminación física de Yasser Arafat y otros líderes, la censura de las candidaturas palestinas más representativas y el arreglo de las elecciones palestinas, la elección por defecto de Mahmud Abbas y finalmente la creación de Kadima.

Si lo que buscamos es una crítica virulenta a las acciones del Primer Ministro en «Occidente» debemos remitirnos a los movimientos sionistas más radicales.
El reverendo fundamentalista y dirigente de la Christian Coalition, Pat Robertson, aprovechó su emisión en la Christian Broadcasting Corporation para explicar las «razones» del derrame cerebral sufrido por el Primer Ministro israelí. En opinión de Robertson, Ariel Sharon (que ya tiene 77 años) es víctima de una venganza divina por haber organizado la retirada de Gaza. El señor Robertson es miembro de una corriente sionista cristiana para la cual la creación de Israel en 1948 es la señal de que se acerca el «fin de los tiempos». Lector literal de la Biblia, considera que cuando se reconstruya el templo de Jerusalén sobre las ruinas de la mezquita de Al-Aqsa Cristo regresará para establecer su reino, destruir a los musulmanes y liberales, y convertir a los judíos. En el pasado, el autor acusó a los «liberales» de ser responsables de los atentados del 11 de septiembre de 2001, presentados como un castigo divino, y pidió el asesinato del presidente venezolano Hugo Chávez, acusado de «comunista».
Esta opinión podría hacernos sonreír si el reverendo Robertson no contara con tantos fieles, sobre todo entre los miembros del partido republicano estadounidense.

Red Voltaire




17 de enero de 2006

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 Resistencia en Palestina

Autores y fuentes de las Tribuna y análisis

«El halcón que ha ofrecido la mejor oportunidad para lograr la paz»

Autor Malcolm Rifkind

 Malcolm Rifkind fue ministro conservador de Relaciones Exteriores de Gran Bretaña (1995-1997).

Fuente The Independent (Reino Unido)
Referencia «The hawk who offered the best chance of making peace», por Malcolm Rifkind, The Independent, 8 enero de 2006.

Resumen Hace diez años, acompañé a John Major a los funerales de Yitzhak Rabin, cuyo asesinato tuvo una gran repercusión en el proceso de paz israelo-palestino. Hubo grandes y desconcertantes semejanzas entre lo ocurrido a Rabin y a Ariel Sharon. Ambos fueron halcones que, al ocupar el cargo de primer ministro, comprendieron que la fuerza bruta no bastaba para la obtención de la paz y la seguridad. Sharon, por supuesto, es mucho más controvertido que Rabin, ya que fue también un ideólogo de extrema derecha que participó en la invasión al Líbano y en la masacre de Sabra y Shatila. Asimismo, intensificó la colonización y fue quien desencadenó la segunda Intifada en 2000.
No obstante, Sharon gozaba de una credibilidad que le permitía hacer que se aceptase la creación de un Estado palestino. Fue por eso que rompió con el Likud y con Benjamin Netanyahu. Su desaparición abre una página incierta para Israel, pero en ese país el no creer en los milagros significa no ser realista.

«Una desgracia para Israel»

Autor Charles Krauthammer

 Ex psiquiatra y redactor de los discursos del ex vicepresidente Walter Mondale durante la campaña presidencial estadounidense de 1980, Charles Krauthammer es editorialista del Washington Post.

Fuente Washington Post (Estados Unidos)
Referencia «A Calamity for Israel», por Charles Krauthammer, Washington Post, 6 de enero de 2006.

Resumen El derrame cerebral que sufrió Ariel Sharon es quizás el mayor desastre que ha afectado a Israel en 60 años de existencia. Mientras escribo estas líneas, el estado de salud de Ariel Sharon es incierto, pero como se duda que sobreviva, ni siquiera se piensa en que pueda reanudar sus funciones. Lo que le ha ocurrido es lamentable, pues tenía la posibilidad de estabilizar un centro político israelí capaz de gobernar.
Desde hace una generación, la izquierda y la derecha brindan siempre la misma alternativa: la izquierda quiere negociar y la derecha afirma que eso es imposible, y que deben anexarse los territorios ocupados. La idea de Ariel Sharon era, tras el fracaso del proceso de Oslo que fue utilizado por los palestinos para intensificar el terrorismo, la de desarrollar otra política entre la negociación y el Gran Israel. Para ello, organizó una división unilateral y se separó de los palestinos por medio de una barrera. Ello hizo que disminuyera en un 90% el número de atentados y permitió un nuevo despegue de la economía israelí.
Para esta política Sharon contó con el apoyo popular y estuvo a punto de ganar las elecciones con su nuevo partido. Infelizmente, ese partido sólo tiene unas pocas semanas de existencia y es difícil que sobreviva sin Sharon. Es cierto que el partido no depende de un solo hombre, pero su ausencia se va a sentir.

«Un viejo jefe guerrero que habría podido lograr la paz»

Autor Michael Lerner

 El Rabino Michael Lerner es el redactor jefe de la revista de la izquierda judía estadounidense Tikkun Magazine. Es también presidente de la asociación pacifista judía Rabbis for Peace que impugna la colonización judía en Cisjordania.

Fuente The Age (Australia)
Referencia «An old warrior who might have won the peace», por el rabino Michael Lerner The Age - Sydney y The Berkeley Daily Planet, 6 enero de 2006.

Resumen En el movimiento pacifista somos muchos los que oramos por el restablecimiento de Ariel Sharon, a pesar del hecho de haberlo considerado siempre, a largo plazo, como un obstáculo para la paz. Aunque nunca hayamos deseado la muerte de nadie, ni siquiera de nuestros enemigos, sí esperamos que personas como el presidente iraní, el dictador sirio Bashar Al-Assad, o incluso el presidente George Bush puedan abandonar pacíficamente sus cargos. Pero a muchos militantes de la paz los acontecimientos ocurridos en estos últimos meses nos dan la esperanza de que Sharon pueda conservar su cargo al menos durante los próximos seis meses.
La razón es que Sharon hizo lo que nadie de la izquierda fue capaz de hacer: dividir a la derecha, marginar a los extremistas aferrados a la imagen de que la tierra de Israel emana de un mandato divino y, por último, reconocer que un Israel más concentrado, con fronteras capaces de defenderse, es preferible a un Gran Israel que necesitaría dominar a tres millones de palestinos.
Sharon no era un orador, sino más bien un hombre de acción. Cuando comprendió que Israel, si insistía en prolongar los 39 años de ocupación no podría seguir contando con el apoyo ni siquiera de sus aliados más entusiastas, evacuó a varios miles de colonos de Gaza y replegó las tropas a las fronteras de 1967.
Fue precisamente por su pasado de militar sin escrúpulos, ajeno a la situación humana del pueblo palestino, que Sharon pudo incorporar al proceso de creación de un Estado palestino a sectores completos de la sociedad israelí que, si bien no se interesan por el problema de Cisjordania a causa de razones religiosas, sí se preocupan enormemente por su propia seguridad frente al terrorismo palestino. Ante este electorado, era él quien gozaba de mayor legitimidad. La desaparición política de Sharon constituye una grave pérdida para los que esperaban construir la paz etapa por etapa.

«Hasta la vista, gigantes de 1948»

Autor Yoel Marcus
Yoel Marcus es editorialista del diario israelí Ha’aretz.

Fuente Ha’aretz(Israel)
Referencia «Good-bye, giants of 1948», por Yoel Marcus, Ha’aretz, 6 enero de 2006.

Resumen Mientras escribo estas líneas, Ariel Sharon lucha por su vida. No hay que ser neurólogo para saber que han llegado a su fin sus días en el cargo de primer ministro. Fue el último de los gigantes de la generación de 1948. Fue adorado y odiado. Su trayectoria fue similar a la de Moshe Dayan.
Dayan había luchado contra los árabes, pero al final de su vida fue un defensor de la paz con Egipto y logró convencer a Menahem Begin. Fue el primero en comprender los límites de la fuerza bruta y la importancia de los territorios ocupados como moneda de cambio para adquirir la paz. En aquella época, Sharon era un constructor de colonias y un extremista que cambió cuando tomó en sus manos las riendas del Estado. Comprendió entonces que Israel no podía derrotar el terrorismo solo y experimentar el desprecio de las naciones. Tuvo una trayectoria intelectual comparable a la de Charles De Gaulle con respecto al problema argelino. Electo como defensor de los colonos, se convirtió en el oponente de sus antiguos partidarios y de la extrema derecha.
Sólo Sharon podía llevar a cabo la evacuación de las colonias de Gaza sin provocar una guerra civil. Desafortunadamente, los árabes seguirán siendo los árabes y perdieron la oportunidad de lograr la paz.
Amir Peretz y Benjamin Netanyahu aprovecharán la desaparición de Sharon para tratar de reagrupar a sus militantes ahora en Kadima, pero este partido fue el resultado de las circunstancias y éstas no han cambiado.
Hasta la vista, gigante de 1948.

«El triunfo de Ariel Sharon»

Autor Barry Rubin

 Barry Rubin es director del Centro Global Research in International Affairs (GLORIA) de la Universidad interdisciplinaria de Israel. Es redactor jefe de la Middle East Review of International Affairs y autor de The Long War for Freedom: The Arab Struggle for Democracy in the Middle East.

Fuente Korea Herald (Corea del Sur)
Referencia «Ariel Sharon’s triumph» por Barry Rubin, Korea Herald, 9 de enero de 2006.

Resumen El derrame cerebral que afectó a Ariel Sharon sumió a la política israelí en la mayor agitación. El primer ministro saliente era anunciado como el gran vencedor en las próximas elecciones a la cabeza de su nuevo partido, Kadima. Se trataba de Sharon, quien hizo popular al partido, al seducir a la derecha por su nacionalismo y a la izquierda por su conversión a una estrategia de seguridad que incluía la retirada de Gaza. Sharon era el candidato centrista perfecto, a medio camino entre paloma y halcón.
Sin embargo, su partida no significa que Kadima no vaya a ganar las elecciones. El partido perderá electores sin Sharon, pero ganará otros debido a la simpatía que inspira su suerte. Además, ese partido sigue dirigido por un impresionante triunvirato: Ehud Olmert, Shimon Peres y Shaul Mofaz. Los arbitrajes entre los tres hombres serán difíciles sin Sharon, pero pueden llevar a Kadima a la victoria. Por otra parte, sus adversarios están en posiciones demasiado extremistas para obtener la adhesión del electorado centrista. Los laboristas deberían llegar en segunda posición y aliarse a Kadima. Netanyahu deberá conservar una posición muy a la derecha para afianzar su dominio sobre el Likud y podrá regresar al centro una vez estabilizada su posición, pero no a corto plazo.
Sharon construyó un nuevo consenso nacional basado en el pragmatismo, y ese consenso puede continuar sin él.

«El amor ciego de un pueblo»

Autor Gideon Levy

 Gideon Levy es periodista del diario de izquierda israelí Ha’aretz. Fuerte crítico de la ocupación israelí, escribe en dicho diario, con el título de «Twilight Zone», una crónica semanal sobre las violaciones cometidas contra los palestinos. Con el paso de los años se ha convertido en un símbolo del «izquierdista pro palestino» para la derecha israelí y en una coartada para los demás. «¿Cómo no vamos a ser una democracia? ¡Dejamos escribir a Gideon Levy!», suele decir el Ministro de Defensa Shaul Moffaz.

Fuente Ha’aretz(Israel)
Referencia «The blind love of the people», por Gideon Levy, Ha’aretz, 9 de enero de 2006.

Resumen Ha nacido un concepto: «la herencia de Sharon», concepto que sucede a «la herencia de Rabin» e igualmente separado de la persona real. Ese concepto hace de Sharon un cantor de la paz y de la retirada. Sharon es quizás el dirigente israelí más influyente desde Ben Gurión, pero también ha sido la causa de muchos problemas de seguridad y políticos que debe encarar Israel. El nuevo Sharon, que se ganó la admiración de una parte de los israelíes y del mundo en el ocaso de su vida, sólo corrigió algunos problemas que él mismo había provocado.
Sharon es, en efecto, responsable del proyecto de colonización, del fortalecimiento del Hamas y del surgimiento del Hezbolá como un factor amenazador en el Líbano. Más tarde reconoció algunos de sus errores, pero como permanecía fiel a sus representaciones en cuanto a los árabes, no tenía ninguna oportunidad de hacer la paz con ellos.
El viejo Sharon inició la inútil guerra al Líbano y no quiso ayudar a Jordania. El nuevo Sharon ignoró a los palestinos y no trató de hacer la paz con ellos. La herencia Sharon será la retirada de Gaza, no la operación contra Jenin en 2002 o las incursiones punitivas de 1953. No olvidemos que si bien Sharon intentó reparar algunos daños causados por el colonialismo, marginó a la Autoridad Palestina y, por ende, fortaleció a Hamas. También despertó la amenaza iraní.

«Sharon avanzó gracias a nuestros errores»

Autor Yasser Abed Rabbo

 Yasser Abed Rabbo fue ministro de Información de la Autoridad Palestina y uno de los principales negociadores de los acuerdos de Ginebra.

Fuente Le Monde (Francia)
Referencia «Sharon a avancé grâce à nos erreurs», por Yasser Abed Rabbo, Le Monde, 10 de enero de 2006. Texto adaptado a partir de una entrevista.

Resumen No se puede pedir a los palestinos que lloren a Ariel Sharon. Representó y representa todavía el símbolo de todo lo que sufren. Mi primer recuerdo político es una manifestación de protesta por la incursión contra Qibya en 1953. Ya entonces era una acción de Ariel Sharon. Para los palestinos, existe una forma de continuidad entre esa acción, Sabra y Shatila, y Jenin. Para los palestinos, no puede haber nada peor que Sharon. Por consiguiente, hoy tienen la esperanza, muy leve, de que su sustituto, sea quien sea, sea menos duro. Confiemos en que esa esperanza sea una posibilidad para Al Fatah frente a un Hamas que se alimenta de la desesperanza.
Ariel Sharon cambió al paso del tiempo, pero su evolución se produjo a partir de nuestros errores. Cuando Sharon quiso eliminar la legitimidad de Yasser Arafat, lo ayudamos con nuestros atentados suicidas y la militarización de la Intifada que justificó el unilateralismo. Toda la habilidad de Sharon consistió en convencer a la opinión pública internacional de que el mayor obstáculo para la paz no es la ocupación, sino que el problema principal reside en los ataques palestinos. La imagen de Sharon no ha cambiado para los palestinos ya que siempre dijo que evacuaba Gaza para conservar Cisjordania. La opinión pública internacional no quiso verlo, pero los nuevos proyectos israelíes, sobre todo en Jerusalén, y las anexiones permitidas por la continuación de la edificación del «muro» no escaparon, en cambio, a los palestinos. El primer ministro israelí sólo se pronunció a favor de un Estado Palestino para complacer a George W. Bush pero nunca hizo posible que el Estado Palestino en cuestión tuviese los atributos de un Estado.
Arafat no comprendió que Ariel Sharon ganaría las elecciones y, cuando tomó el poder, era demasiado tarde; pudo llevar a cabo el combate como lo entendía. Hoy día, los dos patriarcas han desaparecido. Es difícil decir cómo evolucionará Israel después de esto.

«Sharon fue castigado por haber repartido "la tierra de Dios"»

Autor Pat Robertson

 Pat Robertson es un telepredicador evangelista y fundamentalista estadounidense, hombre de negocios y militante político de la derecha conservadora cristiana en los Estados Unidos. Es fundador de numerosas organizaciones de presión religiosa como el Christian Broadcasting Network o la Christian Coalition. Su conservadurismo intransigente se expresa en numerosas controversias, sobre todo contra la separación de la Iglesia y el Estado y contra los grupos y conductas que considera pecaminosos, fundamentalmente los homosexuales y los partidarios del derecho al aborto. Robertson es miembro del Partido Republicano, del cual fue su desafortunado candidato a la investidura para la elección presidencial estadounidense de 1988. Políticamente muy influyente, dirige de forma regular el culto en la Casa Blanca garantizando la continuidad entre la derecha religiosa estadounidense y el presidente George W. Bush.

Fuente Christian Broadcasting Corporation (Estados Unidos)
Referencia «Robertson blamed Sharon stroke on policy of "dividing God’s land"», por Pat Robertson, Christian Broadcasting Corporation - The 700 Club, 5 de enero de 2006.

Resumen El año pasado dije que Israel entraba en el período más peligroso de su existencia como nación. Ese peligro se ha incrementado aún más este año con la pérdida de Ariel Sharon. Individualmente Sharon es una persona muy agradable. Estoy triste por verlo en ese estado, pero pienso también que debemos acudir a la Biblia, al Libro de Joel. El profeta Joel dice claramente que Dios golpea con su cólera a aquellos que –cito– «repartieron mi tierra». Dios considera que esta tierra es de él. Lea la Biblia, él lo dice, «Esta es mi tierra». Y a cualquier primer ministro de Israel que decidiera despedazarla y ceder sus pedazos, Dios dice «No. Esto es mío».
Ya ocurrió eso mismo –tuve un maravilloso encuentro con Yitzhak Rabin en 1974. Fue asesinado de manera trágica, y lo que se produjo fue terrible, pero, no obstante, está muerto. Y ahora, Ariel Sharon, y lo digo de nuevo, que era alguien amable, una persona de un trato encantador. Personalmente, oré con él, pero helo ahí, en el umbral de la muerte. Estaba despedazando la tierra de Dios, y, digo, pobre de cualquier primer ministro de Israel que trate de hacer lo mismo para tranquilizar a la Unión Europea, a las Naciones Unidas o a los Estados Unidos de América. Dios dijo, «Esta tierra me pertenece, no te aconsejo que la toques».

 



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