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Tribunas y análisis - 14 de enero de 2006
Retorna el debate mediático sobre el «Islam»
Análisis
Las interrogantes sobre el Islam, que se han desarrollado con la generalización de las representaciones producidas por la ideología straussiana del «Choque de Civilizaciones» y que vienen a añadirse a otras más antiguas surgidas del imaginario colonial o de guerras pasadas libradas, de manera oficial, en nombre de la fe, son tema recurrente en la prensa «occidental» desde los atentados del 11 de septiembre de 2001.
En primer lugar, la prensa atlantista presenta al Islam como otro. Describir esta alteridad es también, y en primer lugar, decirse a sí mismo. La palabra «Islam» designa una religión a la que cada cual es libre de adherirse. Pero también designa una cultura, necesariamente exótica, de forma tal que convertirse a esta religión equivale a traicionar su propia cultura o a abandonar la civilización. La alteridad del Islam define, por oposición, el universo del autor: es «Occidente». La palabra por sí sola basta para resucitar los fantasmas de la Guerra Fría. Antes Occidente se oponía al Este, al mundo soviético. Hoy, se opone a Oriente, al mundo musulmán. Este Occidente, que no es musulmán, se declara «judeocristiano». También en este caso estamos ante una expresión barroca que designaba hace sólo unas décadas a los primeros cristianos anteriores a la ruptura con la Sinagoga y que más tarde –favorecida por la Guerra Fría– tomó el sentido de alianza entre judíos y cristianos ante el comunismo ateo. Y resulta que ahora, olvidando la historia tormentosa del Mediterráneo, se impone el prejuicio de que judíos y cristianos forman un todo del cual quedan excluidos los musulmanes.
Por otra parte, la prensa atlantista sólo concibe al Islam a través del conocimiento que tiene del Maghreb. Realizando un gran esfuerzo, integra a todas las poblaciones árabes y persas mas ignora que la mayoría de los musulmanes del mundo contemporáneo no son ni árabes ni persas. La única manera en que admite a Turquía en el seno de la OTAN es convenciéndose de que el país sigue controlado por militares kemalistas aliados de Israel y cierra los ojos ante la existencia de los Balcanes o de Bosnia Herzegovina. El Islam es por lo tanto una religión de «inmigrados» cuya vocación es «integrarse», es decir, desaparecer dentro de otra masa.
Sobre todo, para la prensa atlantista, la normalización del Islam exige su división interna y el triunfo de los moderados sobre los extremistas. Este enfoque permite echar la responsabilidad de la violencia sobre las espaldas del otro: el terrorismo no es el resultado de la agresión colonial de la Coalición que bombardea a poblaciones civiles sino del extremismo de los musulmanes que le oponen resistencia. Sin embargo, la realidad es muy diferente, como escribía en nuestras columnas el cineasta y periodista Tariq Ali: «Si no hubiera petróleo en las tierras islámicas no habría choque de civilizaciones».
Por lo general, esta representación mediática del Islam aparece diluida en artículos, tribunas o entrevistas que abordan otros temas relacionados, con razón o sin ella, con esta religión. En las últimas semanas nos sorprendió la multiplicación de textos que abordan directamente la situación del Islam en estos momentos y su vínculo con sus extremistas sin que existan lazos aparentes con la actualidad inmediata. Podríamos emitir la hipótesis de que este repentino resurgimiento mediático es el signo manifiesto de debates internos en los círculos atlantistas. Para legitimar que se recurra a la guerra en la depredación de las zonas petroleras que aún no han alcanzado volúmenes pico de producción fue necesario deshumanizar a las poblaciones víctimas satanizando su religión. Sin embargo, en la actualidad, los alumnos de Bernard Lewis en Washington consideran que la única manera de controlar al mundo árabe-musulmán es con el apoyo de grupos autoritarios, es decir, de cofradías fundamentalistas, según el modelo de la antigua dominación británica en estas regiones. Por consiguiente, los orientalistas se entregan a diversas contorsiones intelectuales para rehabilitar en los medios de comunicación aquello que ayer condenaban.
Una tribuna del diputado islamista sirio (pero no Hermano Musulmán) Mohammad Habash es ampliamente difundida porque expone el carácter marginal de los musulmanes «radicales» en el mundo islámico. Su texto, divulgado por primera vez por la agencia Project Syndicate, ha sido publicado por el Korea Herald (Corea del Sur), el Taipei Times (Taiwán), el Daily Times (Pakistán), El Nuevo Diario (Nicaragua), el Daily Star (Líbano) y La Libre Belgique (Bélgica), y no cabe duda de que en otros diarios que escaparon a nuestra atención. El autor trata de demostrar, a partir de un sondeo realizado por el Centro de Estudios Islámicos de Damasco bajo su dirección, que si bien el Islam en el Medio Oriente es conservador no debe ser por ello asociado al terrorismo. Según sus investigaciones, calcula que el 80% de los musulmanes de la región pueden ser considerados conservadores pero que los radicales violentos sólo constituyen el 1%. Afirma que dicho radicalismo es el fruto de la desesperación, hipótesis compartida por los autores atlantistas que recurrieron a ella para justificar cambios de régimen al afirmar que las dictaduras en los países musulmanes provocaban como reacción el terrorismo. Sin embargo, el autor se distancia de este enfoque al colocar en el mismo plano al régimen de Sadam Husein y al régimen de ocupación, y después porque no habla del supuesto «terrorismo internacional», sino de combates particulares.
Este punto de vista es ampliamente divulgado, mucho más por cuanto la prensa mainstream se hace eco masivamente de los llamamientos a favor de la unión de los musulmanes moderados y de los «occidentales» contra los islamistas radicales; retórica que, despreciando la historia, plantea explícitamente que los «occidentales» son moderados por naturaleza y asocia creencia (los musulmanes moderados) a alianza militar (los «occidentales»).
En el Wall Street Journal, diario económico neoconservador, Abdurrahman Wahid, ex presidente indonesio y asesor principal de la asociación LibForAll Foundation, se pronuncia a favor de la movilización mundial de «buenos» musulmanes y no musulmanes para luchar contra la propagación del wahabismo o del salafismo, dos ideologías reaccionarias que acusa de portadoras de la amenaza terrorista nuclear. El señor Wahid no se toma el más mínimo trabajo en establecer las diferencias entre estas dos corrientes religiosas, pero, además, presenta sin discusión, como un hecho consumado, su vinculación con el terrorismo, la financiación de éste y, con razones aún más fuertes, con una amenaza terrorista nuclear. Este argumento de seguridad es de sumo agrado para el Wall Street Journal que se ha convertido hasta tal punto en heraldo de la guerra contra el terrorismo que algunos en Nueva York lo llaman el War Street Journal.
El ex subsecretario de Estado demócrata Thomas R. Pickering se pronuncia también a favor de una asociación entre «Oriente» y «Occidente» para luchar contra el integrismo y el terrorismo. El autor se transforma en apóstol del diálogo interreligioso y denuncia la actitud de la derecha cristiana en Estados Unidos que llega a condenar sistemáticamente al Islam y atiza de esta forma el odio confesional. En su opinión, para luchar contra el «terrorismo» hay que dejar de vincularlo sistemáticamente con el Islam y desarrollar el diálogo.
Esta tribuna es publicada en el Daily Star, diario anglófono perteneciente al New York Times y difundido a partir de Beirut a todo el Medio Oriente.
La semana siguiente a la publicación del artículo del señor Pickering, el diario dedica un gran número de textos a las relaciones de las poblaciones árabes con el Islam, a su lugar en la «democratización» del Medio Oriente y al punto de vista occidental sobre el Islam.
De esta forma, Zvi Bar’el, periodista del cotidiano israelí Ha’aretz, opina que a través de la islamización ha surgido una opinión pública en el mundo árabe que se ha manifestado tanto en el Líbano como en Egipto, Irak, Palestina o Arabia Saudita. Recomienda a los Estados occidentales tenerla en cuenta y se alegra de que esos movimientos debiliten a los actuales dirigentes árabes. Sin embargo, se lamenta de que ello lleve implícito el desarrollo de Hamas, de los Hermanos Musulmanes o de los movimientos religiosos chiítas en Irak.
El ex presidente del American-Arab Anti-Discrimination Committee y presidente actual del American Task Force on Palestine, Ziad Asali, llega a una conclusión similar aunque más optimista. Al mismo tiempo que analiza la pérdida de impulso del panarabismo y predice el próximo fracaso del Islam político, dos teorías políticas que ridiculiza por su oposición a «Occidente», se pronuncia a favor del surgimiento de un movimiento árabe liberal. Desea que esa corriente emerja en las próximas elecciones palestinas sobre las ruinas de Al Fatah y se desarrolle ulteriormente en todo el mundo árabe.
Por su parte, el comentarista político danés y portavoz de Muslimer i Dialog, Zubair Butt Hussain, lamenta que el Islam sea condenado en su país. Afirma que en Dinamarca los musulmanes constituyen una población siempre denigrada por los políticos, no sólo por los de extrema derecha. Se les llama siempre «inmigrantes» cuando no son «daneses de pura cepa» y se les llega a comparar con los «nazis» en el caso de que se hayan convertido al Islam. El autor predice su éxodo masivo.
Al mismo tiempo, y a pesar de los matices introducidos en una parte de la prensa atlantista, los ideólogos radicales islamófobos siguen denunciando todo aquello que pueda parecerles «islamista».
En el New York Sun y en FrontPage Magazine, Daniel Pipes alaba la inventiva de dos ministros del Interior conservadores de los estados alemanes de Baden-Wurttemberg y de Baja Sajonia: Heribert Rech y Uwe Schünemann. El primero somete a aquellos que solicitan su naturalización a cuestionarios relacionados con la adecuación a los «valores occidentales» (lo que incluye la opinión sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001), mientras que el segundo piensa colocar una pulsera electrónica a todos los islamistas que hayan estimulado el terrorismo. Esta última propuesta es la que más estimula la imaginación de Daniel Pipes, quien añade a su acostumbrada islamofobia un toque orwelliano a lo 1984. De esta forma, sueña con un mundo en el que todos los «islamistas» llevarían una pulsera que grabaría además sus conversaciones y todos sus actos y gestos. Para concluir, el autor saluda a ambos ministros conservadores e invita a sus colegas europeos a imitarlos, e incluso a aventajarlos.
Red Voltaire
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14 de enero de 2006
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Temas
«Choque de civilizaciones», racismo
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«Muy pocos fanáticos en el Islam»
Autor
Mohammad Habash

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Mohammad Habash, diputado sirio, dirige el Centro de Estudios Islámicos de Damasco.
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Fuentes
Daily Star (Líbano), Taipei Times (Taiwán), La Libre Belgique (Bélgica), Korea Herald (Corea del Sur), Daily Times (Pakistán), El Nuevo Diario (Nicaragua)
Referencia «Fanatical 1 percent in Islam», por Mohammad Habash, Korea Herald, 27 de diciembre de 2005.
«Why it’s wrong to stereotype Muslims as extremists and fanatics», Taipei Times, 27 de diciembre de 2005.
«Islam’s fanatical one percent», Daily Times, 29 de diciembre de 2005.
«El 1% de fanáticos islámicos», El Nuevo Diario, 2 de enero de 2006.
«Don’t overestimate Islam’s fanatical one percent», Daily Star, 6 de enero de 2006.
«Si peu de fanatiques dans l’Islam», La Libre Belgique, 10 de enero de 2006.
Resumen En el Medio Oriente, el Islam conservador refleja una realidad fundamental de la sociedad musulmana pero no debe ser confundido con el radicalismo violento como lamentablemente hacen los Estados Unidos. La violencia y el terrorismo campean por su respeto en la región no porque el conservadurismo sea mayoritario. El Centro de Estudios Islámicos llevó a cabo un sondeo que demostró que el 80% de la población islámica es conservadora mientras que el 20% restante está formado, en lo esencial, por reformistas. Los radicales no pueden representar más del 1% de la población. Considero que se trata de una tendencia casi estable a lo largo de la historia del Islam.
Las diferencias entre musulmanes conservadores y reformistas pueden medirse por la posibilidad de emitir juicios personales sobre los temas religiosos y sobre su relación con aquellos que no son musulmanes. Los conservadores consideran que la interpretación individual del Islam debe ser restringida y no buscan nuevas soluciones a los problemas que enfrentan los musulmanes en la actualidad. Para ellos, es preciso evitar los bancos y las compañías de seguros usureras, las mujeres deben cubrirse y rechazan la democracia ya que se niegan a que la soberanía popular vaya contra la voluntad de Dios. Los reformistas, por su parte, leen los textos religiosos de manera abierta. Consideran que los bancos y las compañías de seguros contribuyen al bienestar de la sociedad, que las mujeres pueden tomar decisiones individuales y no ven conflicto alguno entre democracia y enseñanza islámica. Los conservadores piensan que la llegada del Islam anula las restantes religiones mientras que los reformistas piensan que el Islam completa pero no invalida los restantes cultos. No obstante, los conservadores no defienden la violencia contra las demás religiones.
Los radicales no llegan a representar más del 1% de la población musulmana pero su influencia se basa en los efectos crecientes de su violencia y en su total rechazo al compromiso. Esta pasión por la violencia tiene dos pilares: la cultura radical y la injusticia. Cuando prevalece la cultura radical ésta lleva a los pueblos a la violencia y el extremismo de esta cultura es alimentado por las múltiples injusticias y daños que deben enfrentar los pueblos del Medio Oriente. Irak se ha convertido en abono del Islam radical debido a la brutalidad con que fueron gobernados los iraquíes por Sadam Husein y después por las fuerzas de ocupación. De manera general, toda sociedad que pierde de vista la dignidad humana está amenazada por el radicalismo.

«Islam bueno contra Islam malo»
Autor
Abdurrahman Wahid

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Abdurrahman Wahid fue presidente de Indonesia de 1999 a 2001 y asesor principal del think tank indonesio-estadounidense LibForAll Foundation.
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Fuente
Wall Street Journal (Estados Unidos)
Referencia «Right Islam vs. Wrong Islam», por Abdurrahman Wahid, Wall Street Journal, 30 de diciembre de 2005.
Resumen Según informaciones recientes, Bin Laden obtuvo de un religioso saudita mal orientado un edicto que lo autoriza a emplear el arma nuclear contra Estados Unidos. Con ello, ya nada hará retroceder a aquellos que cometieron los atentados del 11 de septiembre de 2001 si tienen la posibilidad de causar mil veces más muertos. ¡Imaginen el impacto que tendría la explosión de un arma atómica en Nueva York, Londres, París, Sydney o Los Ángeles, o peor, ¡dos o tres! Toda la civilización moderna reposa en bases económicas y tecnológicas que los terroristas quieren destruir. Dos bombas permitieron destruir la industria turística de Bali en 2002. ¿Cuál sería el efecto de un ataque mucho más devastador? Es hora de reconocer el peligro que nos amenaza, un peligro para nuestra propia existencia cuya fuente son el wahabismo y el salafismo.
El Islam es una religión tolerante que algunos fanáticos tratan de pervertir en religión odiosa. Lamentablemente, los musulmanes y los demás creyentes no logran desacreditar a los extremistas. La mejor forma de combatirlos es explicar lo que representa en realidad el Islam a los musulmanes y a los que no lo son. No será tarea fácil ya que nos enfrentamos a una ideología bien financiada y que puede apoyarse en una excelente organización.
La ideología fundamentalista sunita incluye por lo general la restauración de la perfección del Islam de los primeros tiempos, la imposición de una interpretación de la ley islámica, la transformación del Islam en sistema político mundial y la constitución de un califato que se extienda de Marruecos a Filipinas e Indonesia. Para desarrollar este proyecto cuenta con fondos, estructuras, organizaciones caritativas (con frecuencia financiadas por los petrodólares wahabitas) y predicadores formados en Arabia Saudita. Para poder luchar contra estas ventajas necesitamos una campaña global que una a los musulmanes y a los que no lo son. Debemos oponer nuestros principios a los suyos y librar una batalla ideológica. Necesitamos una organización mundial y los musulmanes deben promover el «Islam bueno».

«El debate sobre el terrorismo no debe dividir a Oriente y a Occidente»
Autor
Thomas R. Pickering

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Thomas R. Pickering fue subsecretario de Estado en el gobierno de Clinton y embajador en la ONU. En la actualidad es vicepresidente de Relaciones Internacionales de Boeing.
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Fuente
Daily Star (Líbano)
Referencia «The terrorism debate should not divide East and West» por Thomas R. Pickering, Daily Star, 3 de enero de 2006.
Resumen No hay que ser un genio para saber que el Islam despierta un gran interés en gran parte de Occidente. Este asunto se ha convertido en un tema candente. La primera fuente de preocupación tiene que ver con el terrorismo o, más bien, con el vínculo entre el fundamentalismo islámico y el empleo de tácticas terroristas. En este debate, a menudo se olvidan los atentados de Oklahoma City o el asesinato de Yitzhak Rabin. Ese análisis por lo general vincula el terrorismo con el Islam en su conjunto, haciendo creer a algunos que la guerra contra el terrorismo es una guerra contra el Islam, idea que alimentan los grupos terroristas.
Frente a esto, aquellos que, por el contrario, tratan de crear vínculos entre Occidente y el Islam no cuentan con apoyo y son víctimas de la labor de zapa de la derecha cristiana, que reivindica un legado judeocristiano para agudizar las divisiones religiosas. Asimismo, esa derecha cristiana ve la presencia judía en la Tierra Santa como una señal mesiánica y alienta la colonización, atizando, de hecho, las tensiones con el Islam. Será difícil combatir esa tendencia.
Es necesario desarrollar el diálogo entre los credos. Oriente y Occidente son demasiado interdependientes para permitir que se agudicen las divisiones.

«Hay una opinión pública árabe, pregúntele a los dictadores»
Autor
Zvi Bar’el

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Zvi Bar’el est le commentateur des questions proche-orientales du quotidien israélien Haaretz.
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Fuente
Daily Star (Líbano)
Referencia «There is Arab public opinion, just ask the dictators», Zvi Bar’el, Daily Star, 10 de enero de 2006.
Resumen Este año el Festival Internacional de Cine de El Cairo no tuvo mucho éxito, ya que el público no se mostró muy interesado en ese evento por haber desviado su atención hacia las elecciones legislativas. Ese interés muestra que hay algo que está cambiando en el país. De hecho, estamos presenciando una transformación en todo el mundo árabe: el surgimiento de una opinión pública autónoma.
Es esa opinión pública la que expulsó del Líbano a Siria, la que llevó a Hosni Mubarak a celebrar elecciones y a emprender reformas. Los iraquíes se movilizan para las elecciones enfrentándose a los terroristas y los palestinos denuncian la corrupción de Al Fatah votando a favor del Hamas. También Arabia Saudita está cambiando gracias al impulso de la opinión pública. Según el crítico de televisión Ibrahim al-Ariss, ha sido la creación de emisoras televisivas como Al Jazeera y Al Arabiyya lo que ha contribuido al desarrollo de esa opinión pública. No hay duda alguna de que eso ha influido. En nuestros días, los presidentes y monarcas comprueban que ya no monopolizan la influencia sobre la opinión pública. No obstante, los activistas políticos continúan sufriendo vejaciones por parte de los que detentan el poder.
Hay que decir que si la opinión pública árabe da señales de vida, no lo hace para los Estados Unidos, para Europa o para Israel. Lo hace para sí misma. Ello fortalece al Hamas, a los Hermanos Musulmanes y a los chiítas religiosos en Irak. Occidente debe comprender que, en lo adelante, los dirigentes de los países árabes no serán sus únicos interlocutores.

«Humanistas laicos palestinos, ¡uníos!»
Autor
Ziad Asali
Fuente
Daily Star (Líbano)
Referencia «Palestinian secular humanists: Unite!», por Ziad Asali The Daily Star, 6 de enero de 2006.
Resumen La cultura política en Palestina y en el mundo árabe fue definida durante el pasado siglo por el principio unificador del nacionalismo árabe, definiéndose como antioccidental, antiimperialista e islámica, aunque más desde un punto de vista cultural que religioso. A mediados del siglo XX, también se transformó en antisionista y se volvió contra algunos regímenes árabes conservadores. Todos esos atributos constituyeron lo «políticamente correcto» durante decenios y perduran hasta nuestros días. La derrota de 1967, la caída de la URSS y el surgimiento del Islam político no cambiaron en nada esta concepción. Occidente siempre es considerado como el principal adversario.
_ Estos últimos 20 años vieron nacer una nueva fuerza política y militante: el islamismo radical. Menos sofisticado en su principio reunificador que el nacionalismo árabe, extrae su legitimidad de las profundas raíces históricas musulmanas. Los militantes islamistas se distinguen de los nacionalistas árabes por su desprecio a la laicidad y la discriminación respecto de las mujeres y las minorías; pero comparten la oposición a Occidente, al sionismo y a los regímenes despóticos del nacionalismo. En cambio, aún no han alcanzado la respetabilidad social y política de este último.
Durante decenios, los regímenes árabes, con el apoyo tácito o abierto de Estados Unidos, que también aprovechaba ese tipo de estabilidad, han negado a su población toda participación política, generando así una inestabilidad política de consecuencias globales cada vez mayores. La secretaria de Estado, Condoleezza Rice reconoció el fracaso de esa política y la comparó con el enfoque de la administración Bush tendente a restaurar la estabilidad en la región a través de una mayor participación y expresión política de los actores implicados. El éxito de ese proyecto dependerá de la capacidad de modificar la cultura política en la región, no sólo la correlación de fuerzas. Hay que dar a las fuerzas de estabilidad el tiempo de madurar y los medios para que logren un lugar en el tablero político de donde siempre estuvieron excluidas en el pasado.
Los palestinos, que siempre estuvieron a la vanguardia del nacionalismo árabe, se inclinaron tardíamente hacia el Islamismo. Además de la gravosa carga de la ocupación israelí, han sufrido los problemas genéricos de los «regímenes árabes». Estos últimos diez años, el mensaje de rebelión y de esperanza «el Islam es la solución» encuentra cada vez más apoyo en una población harta de una dirección política corrompida e ineficaz. Esas dos fuerzas –nacionalista e islamista– han dominado el escenario político, mientras que el espacio entre las dos permanece vacío.
Las fuerzas políticas liberales, democráticas, humanistas y laicas, que representan los intereses y los valores de la clase media, han sido marginadas, política y económicamente desfavorecidas durante decenios, pero no se han declarado vencidas. Su éxito y su fortalecimiento son la mejor muralla contra el extremismo y el radicalismo, ya que los humanistas demócratas tienen una larga tradición de tolerancia religiosa. El vehículo de semejante cambio político podría ser un partido político palestino con esos valores.

«Hay algo podrido en el reino de Dinamarca»
Autor
Zubair Butt Hussain
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Zubair Butt Hussain est un commentateur politique régulier dans la presse du Danemark et porte-parole de l’organisation Muslimer i Dialog (Musulmans pour le dialogue) qui organise régulièrement des conférences et rencontres interculturelles à Copenhague.
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Fuente
Daily Star (Líbano)
Referencia «Something rotten in the state of Denmark», por Zubair Butt Hussain The Daily Star, 10 de enero de 2006.
Resumen Desde el pasado mes de septiembre, la sociedad danesa está inmersa en un vivo debate debido a una serie de caricaturas del profeta Mahoma. A todas luces, los dibujos son fruto de la intimidación que algunos artistas sienten frente al Islam, considerado como una amenaza para la libertad de expresión. En el debate que siguió, numerosos comentaristas se sorprendieron, incluso, se divirtieron por las reacciones de la comunidad musulmana, sin comprender por qué se mostraba tan puntillosa ante una burla antirreligiosa clásica, como sucede con las demás religiones también.
Pero desde el punto de vista musulmán, mucho tiempo antes de esa controversia, ya existía un malestar sobre la forma en la cual se representaba a los musulmanes daneses y su sumisión religiosa en los medios de comunicación. La imagen más difundida en los medios daneses es la de un Islam que no sufrió una Reforma como pasó con el Cristianismo y que, por consiguiente, se encuentra todavía en la Edad Media. El tema de las caricaturas se percibe, pues, como la culminación de varios años de persecuciones de diferente índole de la minoría musulmana danesa.
Aún peor es el papel desempeñado por los políticos. Consciente o no, la clase política en su conjunto considera que todos los musulmanes son inmigrantes, que no llegan a integrarse a nuestro país y, por ende, son la fuente de todo lo que no funciona en la sociedad. La mayoría de los musulmanes daneses vive aquí desde hace más de 40 años, muchos han nacido aquí, pero, se les sigue llamando «inmigrantes de la segunda o tercera generación». Incluso los daneses originarios, convertidos al Islam, son llamados por una parte de los políticos (y no sólo por los extremistas xenófobos) «inmigrantes-sucedáneos». Un político de la mayoría en el poder osó compararlos con los nazis y sugirió muy en serio que se mantuvieran bajo vigilancia policial, así como que su conversión religiosa representaba una amenaza para la sociedad. Otro político de izquierda comparó a los musulmanes con un cáncer, mientras que los diputados proponían una ley que previera que los delincuentes que no fueran «étnicamente daneses» fueran internados o exilados con toda su familia.
El hecho de que los políticos daneses puedan hacer semejantes declaraciones pretendiendo enarbolar la bandera de la democracia, la libertad de expresión y los Derechos Humanos es un síntoma flagrante de la degeneración moral pública en Dinamarca. Considero que muchos musulmanes daneses van a acabar emigrando hacia otros países europeos donde los prejuicios sean menos violentos –gran número de intelectuales y graduados de nuestra comunidad ya se han ido, y otros no vacilarán en seguirlos si se presenta la ocasión. Los que partirán serán los que tienen el bagaje intelectual y económico para hacerlo, los que se queden serán los no calificados que ocupan el grado más bajo en la escala. Ello sólo confirmará la visión de los musulmanes como una horda de patanes sin educación que pesa sobre el sistema social.
_Ahora y siempre nuestra responsabilidad es permitir que funcione la sociedad multiétnica. En ese contexto, la falta de consideración mutua entre daneses cuando nos expresamos en público constituye una amenaza para la coexistencia pacífica. Espero que en el futuro seamos capaces de confrontar nuestros puntos de vista de forma menos violenta evitando los extremos. La libertad de expresión tiene un precio: el de la responsabilidad.

«Dos alemanes contra el islamismo»
Autor
Daniel Pipes
Fuentes
Frontpage Magazine (Estados Unidos), New York Sun (Estados Unidos)
Referencia «Two Germans vs. Islamism», por Daniel Pipes, New York Sun, 3 de enero de 2005.
«German Immigration Gets Tough with Islamists», FrontPage Magazine, 3 de enero de 2005.
Resumen Los ministros del Interior de dos estados alemanes adoptaron recientemente importantes medidas con miras a contener el Islam radical y que merecen una atención particular en todo el mundo occidental.
En Baden-Wurttemberg, Heribert Rech decidió someter los candidatos que optaban por la ciudadanía a un test de lealtad referido a 30 temas que sirve para demostrar que los aspirantes apoyan la estructura constitucional libre y democrática de Alemania, y que en ocasiones será seguido mediante entrevistas en caso de duda. Se considera que la mitad de los tests darán lugar a entrevistas. Las preguntas propuestas constituyen un condensado de los valores occidentales. Se refieren a la democracia, a la relación con la religión, a la percepción sobre los atentados del 11 de septiembre de 2001 y a los derechos de las mujeres y de los homosexuales. Los candidatos que pasan el test y obtienen la ciudadanía pueden perderla si sus actos ulteriores no corresponden a sus respuestas «correctas». Alemania no es un caso aislado. En Irlanda, los hombres que obtienen la nacionalidad irlandesa deben jurar que se casarán con una sola mujer.
En Baja Sajonia, el ministro del Interior, Uwe Schünemann, piensa que los islamistas deben usar brazaletes electrónicos lo que permitirá vigilar a «los cerca de 3 000 islamistas dispuestos a realizar actos de violencia». El mismo método se emplea en Gran Bretaña o Australia. Se desea que la iniciativa termine con la señalización electrónica de todos los islamistas. También debería ser posible grabar sus conversaciones, filmar sus actividades, vigilar su correo tradicional y electrónico.
_ Para ello, Rech y Schünemann proponen dos tácticas audaces para la defensa de Occidente, ambas basadas en la comprensión del hecho de que la cultura y las ideas constituyen el verdadero campo de batalla. Saludo su creatividad y coraje. ¿Quiénes serán los próximos en adaptar, y después, adoptar esas iniciativas?

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