Voltairenet.org
 Red de Prensa No Alineados

Romper la lógica impuesta
Romper la lógica impuesta
por Juan Carlos Camaño*

El peso y la violencia del poder real nos exige una nueva actitud como organizaciones gremiales y profesionales. Las grandes mayorías sociales están advertidas y hartas de mentiras. Saben que lo prometido es deuda.



17 de enero de 2006

Herramientas

 Imprimir
 Enviar

La globalización y sus integraciones regionales, atadas al carro del capitalismo transnacional, ha desatado una guerra económica colosal, en la que todo lo que se oponga al proceso de dominación debe ser eliminado. Inclusive aquellos capitalistas confesos que, alarmados por las consecuencias sociales de la aplicación del modelo salvaje, ven peligrar su futuro dentro del mismo sistema. Ya no estamos a las puertas de la barbarie, sino enfrentados a su vigencia.

¿Pueden, entonces, las organizaciones gremiales y profesionales de los periodistas trabajadores de prensa abordar los grandes desafíos de este tiempo actuando en orden a una lógica organizacional propia de los tiempos del Estado Benefactor, o de los Estados Nacionales, tal cual fueron concebidos en una anterior etapa del capitalismo? Cae de maduro que no.

¿Pueden acaso, los periodistas y las organizaciones que los representan, hacer de la defensa de su corporación el centro de sus máximas preocupaciones, retaceando su involucramiento en un conflicto social que crece y se expande impactando negativamente en los intereses y necesidades de las grandes mayorías? Todo indica que no. Entre otras cuestiones, porque los periodistas son, también ellos, víctimas de persecuciones, agresiones, discriminaciones y exclusiones.

Por lo mismo, cabe agregar que los retos planteados son de una envergadura tal que a estas alturas de la globalización es ocioso, retardatario y absurdo sostener o alentar disyuntivas falsas, tales como Sindicato sí o no, o Colegios sí o no. Quienes hemos hecho en los últimos años la experiencia de crear y alimentar una organización de nuevo tipo, hoy podemos afirmar que, contempladas a un mismo tiempo las demandas gremiales, profesionales y sociales de la base de afiliados, se obtiene, con dificultades y derrotas, claro está, un resultado más beneficioso: no sólo a la hora de los conflictos puntuales, sino de cara a la comprensión del conflicto que nos excede como corporación.

Es de necesidad elemental frente a la barbarie del poder económico mafiatizado y a la extrema debilidad que expresa el sistema político de la democracia representativa -subordinado a ese poder real- observar la integración gremial hacia el interior de nuestras organizaciones, respetando la diversidad de composición de la base y, al unísono, proponer y actuar en función de una integración superadora por encima de la corporación. ¿Quiénes podrían enfrentarse solos o aislados a las grandes corporaciones transnacionales?. ¿Quiénes se suponen autosuficientes para dar semejante batalla? Unicamente los voluntaristas y los sectarios.

La integración gremial en sí misma es todo un desafío, pero pensada en términos estrictamente sindicales configura un reduccionismo altamente peligroso. Lo mismo ocurre en el caso de las asociaciones profesionales. La lucha no es apenas gremial o profesional. Es, fundamentalmente, política, social y cultural y se libra, querramos o no, nos guste o no, en el ámbito académico, en los lugares de trabajo y en las calles. Nosotros no queremos saber apenas de qué se trata, sino que luchamos para decir de qué se trata y, en la legítima aspiración de alcanzar una sociedad mejor, tenemos todo el derecho de decir de qué queremos que se trate. Para ello bien vale la corporación y su fortalecimiento, rompiendo la lógica que la obliga a retirarse simplemente a sus problemas y no más. Pero para ello, más vale la corporación inserta en el conflicto social de este tiempo en el que está en juego, nada más y nada menos, que la vida, el presente y el futuro de la humanidad.

No queremos ser mezquinamente relatores de acontecimientos, relatores de muertes y tasas de analfabetismo, de mortalidad infantil, de criminalidad, de desocupación; relatores de primicias referidas a la violencia social o a las altas y bajas de la bolsa de valores. Si en verdad, como lo alerta uno de los asesores del mismísimo presidente Clinton, Jeremy Rifkin ( El Fin del Trabajo), terminaremos enfrentados los unos a los otros y todos contra "los ricos que controlan la economia global", va de suyo que para tamaña disputa es impensable y autodestructivo suponer, siquiera, que nuestros márgenes de acción están condenados a la estrecha geografía de nuestras preocupaciones sectoriales.

Si reconocemos, como tantas veces se lo ha dicho, que el proceso de concentración económica, de la comunicación y la política desnaturaliza y revela incapaz a la propia democracia representativa -incluida la indisimulable crisis de todas sus instituciones-, es insuficiente la integración gremial sujeta al molde confeccionado por el sindicalismo tradicional que, armado a imagen y semejanza de un Estado en extinción, se consume alejado de sus bases: golpeando las puertas de los gerentes del poder real en procura de obtener algún gesto de conmiseración.

Hoy resulta que Guy Sorman, intelectual neoliberal itinerante y asesor de varios gobiernos comprometidos en la confección política de la barbarie en curso, también se muestra preocupado por el resultado que arroja, luego de dos décadas, el triunfo pírrico de la filosofía y la economía salvaje. Dice Sorman que globalización resultó ser imperialismo y que imperialismo hoy significa americanización y que ésta es "de hecho el imperialismo de Estados Unidos". Y en su lamento, de lo único que se contenta es de que al menos globalización no sea sinónimo de "rusificación". Hace pocos días el Papa, Juan Pablo II, desde Praga, se sumó a dar la voz de alerta contra "los efectos perversos de una globalización de los mercados". El pensamiento y el discurso único con que fue regada la tierra durante veinte años comienza a tener fisuras. Todos, menos los que han vistos y ven crecer su tasa de rentabilidad en las cumbres del poder real, advierten que se ha llevado demasiada gasolina junto al fuego y que el sistema, prometedor del progreso humano hace agua por los cuatro costados.

En este estado de situación, en el que una transnacional, la Mitsubishi -por citar nada más que una- con una facturación anual de 200.000 millones de dólares ocupa el número 22 del ranking de países en términos de Producto Bruto Interno, repensar nuestras organizaciones y sacudirles su modorra es una obligación. En este estado de situación, en el que de las cien mayores economías del mundo, cincuenta y una son corporaciones y cuarenta y nueve son países, se impone la construcción de organizaciones audaces, que no se coarten a sí mismas su intervención, limitándose a tradicionales formas de actuación.

 Juan Carlos Camaño
Periodista argentino; Presidente de la FELAP; Secretario de Relaciones Institucionales de la UTPBA.
Los artículos de esta autora o autor



 

 



Temas
«Golpes suaves»: acción secreta, espionaje
«Golpes suaves»: acción secreta, espionaje
- ¿Quién está detrás de Facebook, el portal de los amigos?

- La historia oculta de las «caricaturas de Mahoma»

- Fantasmas de Cheyre

- Washington pretende rescribir la historia de los atentados de Buenos Aires

- Jugar con fuego

- + + +


Temas
«Choque de civilizaciones», racismo
«Choque de civilizaciones», racismo
- La historia oculta de las «caricaturas de Mahoma»

- Washington pretende rescribir la historia de los atentados de Buenos Aires

- La «guerra de civilizaciones»

- Las caricaturas y la histeria que hacen ver lo que no es

- El diario inglés «Daily Telegraph» encuentra un vivero de dirigentes de Al Qaeda en Irán

- + + +


001. El Nerón del Siglo XXI. George W. Bush presidente


Axis for Peace 2005


Hacer una donación a la Red Voltaire


 

À propos du Réseau Voltaire - Contacts - RSS

  

Top