No hay una confabulación mundial contra los periodistas, existe en todo caso la hegemonía de una concepción de la sociedad y el mundo, que nos pone, en tanto no integrantes del círculo privilegiado de la clase transnacional dominante, a todos los demás al borde del abismo. Cómo evitar la caída, comporta no enredarse en distracciones o en discursos de segundo orden. Conscientes de que el sindicalismo en general, en casi todo el mundo, está negociando para atrás, concediendo: porque sensillamente el poder no negocia. El poder real, impone, arrasa, somete, excluye, humilla.
En Europa y en el Mercosur, por señalar dos casos de integración en la globalización, los gobiernos y sus mandantes -los grupos de poder concentrado- hacen caso omiso a los llamamientos para incorporar a los tratados -en términos reales y concretos- la carta social o cláusulas sociales. Esto ocurre por que no hemos conseguido cambiar la correlación de fuerzas y en gran medida esto no se ha conseguido, porque las asociaciones gremiales y profesionales marchan muy lentamente en cuanto a su integración con otras fuerzas sociales, tanto en el plano nacional, como en el internacional.
El gobierno transnacional que ha sometido a los gobiernos nacionales y al Estado Nación a encuadrarse dentro de las reglas de juego establecidas según el nuevo patrón de acumulación capitalista, no puede ni debe ser enfrentado apenas desde una perspectiva meramente nacional y mucho menos desde una perspectiva sectorial. Se impone hacer complementarias las luchas sectoriales y nacionales, atentos a que la globalización nos plantea una dimensión mayor, para lo cual las luchas sectoriales y nacionales tienen que ser a su vez complementarias en el espacio regional y global. Por supuesto que tan extraordinario y complejo desafío no es una tarea menor. ¿Pero acaso hay otra tarea más prioritaria frente a la barbarie capitalista y la crisis política y social que recorre el mundo como un fantasma de carne y hueso?