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Tribunas y análisis - 27 de enero de 2006
Rusia: la gran ofensiva de George Soros revela la urgencia de la realidad energética
Análisis
El 23 de enero, el FSB, el servicio de inteligencia ruso, informó haber desenmascarado una red de espías británicos que trabajaban en la embajada británica en Moscú. El FSB expresó que los agentes identificados mantenían contactos con organizaciones rusas que afirman luchar por la defensa de los Derechos Humanos. Esta revelación no se produce en un momento políticamente neutro. El hecho fue descubierto a finales de 2005, pero es revelado a la prensa cuando se debe promulgar la ley que fortalece el control del Estado sobre las asociaciones financiadas desde el extranjero. Dicha ley es presentada en la prensa occidental mainstream como un nuevo obstáculo a las libertades democráticas implementada por un Kremlin cada vez más autoritario, mientras que Moscú afirma que su objetivo es impedir operaciones de desestabilización del país por parte de Estados extranjeros bajo la cobertura de acciones de ONG.
Curiosamente, la prensa occidental ha dado poco espacio a la cuestión de las falsas organizaciones no gubernamentales en sus páginas de «opinión». Por el contrario, se ha hecho eco ampliamente del diferendo ruso-ucraniano sobre el precio del gas, siempre con una óptica desfavorable a Rusia. En esta campaña puede notarse la gran actividad de Project Syndicate, gabinete de difusión de tribunas ampliamente financiado por el Open Society Institute de George Soros, una organización amenazada por la ley rusa de asociaciones, al igual que otras también financiadas por el millonario estadounidense.
Al igual que es difícil creer que la revelación de las actividades de los espías británicos por parte del FSB es una casualidad del calendario, es dudoso que la actividad de Project Syndicate sobre la cuestión ucraniana no sea una respuesta de velada.
Así, el gabinete de George Soros difunde textos en los medios de comunicación que le están afiliados que cuestionan al mismo tiempo la política energética rusa y la orientación política del país. Teniendo en cuenta la audiencia de que disponen y el efecto de la reiteración, puede comprobarse que los argumentos presentados en las tribunas con el sello Project Syndicate tienen un impacto no sólo en la opinión pública, sino también en los demás analistas que tratan estas cuestiones.
El profesor de estudios rusos de la universidad de Cambridge, Alexander Etkind, presenta al régimen ruso en el Taipei Times, La Vanguardia, el Korea Herald, el Daily Star, el Daily Times y sin dudas en otras publicaciones, como arcaico e incluso «diabólico». Afirma que la arrogancia de la que Moscú da apruebas en su diferendo con Kiev ha revelado la verdadera naturaleza del Kremlin en «Occidente». Etkind asegura que en la actualidad el petróleo y el gas ruso sólo sirven a una reducida élite que se enriquece y basa su poder en el acoso a los intelectuales y opositores. El Kremlin buscaría la construcción de una sociedad subeducada que se pueda someter, limitándose a comprar la tecnología extranjera. Para luchar contra esta tendencia, el autor llama a una movilización de las sociedades occidentales para que boicoteen las materias primas energéticas rusas.
Los lectores atentos de nuestras publicaciones no han sido tomados por sorpresa ante el desarrollo de las tensiones en cuanto a la energía mundial y en este sentido el conflicto alrededor del gas ruso es algo previsible. En efecto, la Red Voltaire ha descrito este conjunto de circunstancias, esencialmente vinculadas a las reservas y a la distribución mundial de los hidrocarburos, y simbolizadas por el «pico petrolero», es decir, el punto más allá del cual la principal y más versátil fuente energética de nuestra civilización, el petróleo, disminuirá irremediablemente en cantidad y calidad. Por otra parte, la tradicional diversidad de las fuentes de suministro será sustituida en lo adelante por una dependencia creciente de los países altamente consumidores con respecto al Medio Oriente y Rusia. Este último fenómeno se ejemplifica muy claramente en las tensiones actuales entre Irán, Rusia e Irak por una parte, los tres países en el cuarteto que encabeza las reservas de petróleo y gas, y por otra los países atlantistas, motivados por su modo de consumo y dominio económico, tradicionalmente basado en el control de una energía abundante y barata.
La virulencia de las tribunas publicadas actualmente tiende así a enmascarar las verdaderas causas del problema, apoyándose en la falta de información de un lector que, incluso si ocupa un puesto de responsabilidad en el sector privado o público, no está necesariamente al tanto de las presiones geológicas subyacentes. De ahí que sea fácil esbozar un retrato totalitario de Vladimir Putin o Mahmud Ahmadineyad, mientras que éstos llevan a cabo una política muy popular consistente en nacionalizar las enormes ganancias generadas por los precios de los hidrocarburos, para después redistribuirlas. Las recientes medidas sociales de envergadura en Rusia, principalmente un aumento de los fondos sociales mínimos, por supuesto que han pasado inadvertidas en la prensa atlantista. El mismo fenómeno se produce en Venezuela (y muy pronto en Bolivia), esta vez con un movimiento igualmente popular, pero políticamente sin complejos y más abiertamente socialista, por lo tanto más difícil de disimular desde aquí.
Las élites financieras de los países consumidores ejercen reales presiones políticas con el objetivo de impedir la nacionalización de las ganancias en los países productores de hidrocarburos, pues esto implica menos dividendos para los accionistas de las grandes compañías petroleras occidentales que a su vez alimentan los presupuestos nacionales. La creciente agresividad con relación a los mencionados dirigentes, en tribunas promovidas por especuladores como George Soros, se inscribe perfectamente en este movimiento de presión de los medios financieros y hace más evidente su papel en la mecánica de la guerra.
De forma más virulenta, el ex asistente del secretario norteamericano de Defensa, el demócrata Joseph S. Nye, también llamaba en un texto Project Syndicate difundido por el Korea Herald y el Daily Star, a una diversificación de las fuentes europeas de suministro energético.
La ex primera ministra ucraniana y ex magnate de los hidrocarburos, Yulia Tymoshenko, se interesa menos por la cuestión de la naturaleza del régimen ruso que por la de la relación de Kiev con Moscú. Así, en el Taipei Times, el Daily Times y El Tiempo denuncia el rechazo por parte de Rusia a la búsqueda de otras alternativas que no sean la empresa RosUkrEnergo, encargada del suministro a Ucrania de gas procedente de Asia Central pasando por Rusia. Estigmatiza igualmente la construcción de un gasoducto que pase por el Mar Báltico y suministre directamente a los países de Europa Occidental sin pasar por los países de Europa Oriental. En su opinión, este gasoducto es un estratagema que permite a Rusia interrumpir el suministro de gas a los ex países comunistas sin privarse del suministro lucrativo a los países occidentales. Es el mismo argumento que ya había desarrollado Vytautas Landsbergis, ex presidente lituano, en una tribuna también difundida por Project Syndicate. La ex primera ministra ucraniana considera así que es necesario denunciar el acuerdo ruso-ucraniano y acelerar la integración a Europa de Ucrania a fin de impedir el dominio ruso sobre el país.
Este punto de vista es comentado en el Moscow Times por el ex diplomático sueco Anders Aslund. El autor es experto de Project Syndicate (incluso si este último texto no ha sido difundido por esta organización), signatario del llamamiento de los 115 atlantistas contra Vladimir Putin y antiguo adulón de la «revolución» naranja. Aslund toma el relevo de la ex primera ministra ucraniana en lo tocante a RosUkrEnergo y asegura que el compromiso a que han llegado Kiev y Moscú no soluciona la cuestión del gas más allá de seis meses. Sin embargo, menos encarnizado que la señora Tymoshenko, asegura que el acuerdo es favorable a Ucrania. En su opinión, si el partido de la Tymoshenko abandonó al gobierno ucraniano en esta cuestión es porque ha pasado a la oposición y no porque el acuerdo fuera malo. Así, sin impugnar las acusaciones de desvío de fondos realizadas por la ex musa de la «revolución»naranja, concede a Víktor Yushchenko el beneficio de la duda en lo referente a sus negociaciones con Rusia.
El ex presidente del Aspen Institute, Frederick Starr, y el ex ministro georgiano de Economía, Vladimer Papava, muestran su inquietud en el Korea Herald, el Daily Star y el Taipei Times por la influencia que el gas ruso brinda a Moscú en Armenia y Georgia. Suplican a los países «occidentales» que ayuden a Georgia para impedir que Gazprom compre el gasoducto que suministra el gas a Georgia y Armenia so pena de ver a estos países caer en la órbita rusa.
Después de la publicación de esta tribuna el gasoducto explotó, debido de un atentado este fin de semana, por lo que Georgia acusa sin miramientos a Moscú.
Estos últimos puntos de vista se enfrentan a la dura realidad geológica. Con la mitad de las reservas mundiales de gas natural, Rusia controla el mercado regional por la fuerza de los hechos, tanto más cuanto que el gas requiere una importante infraestructura para su transporte. La presencia de Gazprom, compañía nacional rusa, en la región, parece más lógica que, por ejemplo, la de British Petroleum, cuyos accionistas son en su mayoría del otro lado del Canal de la Mancha o del otro lado del Atlántico.
Project Syndicate no es sin embargo el único en denunciar la influencia rusa.
El ex ministro conservador británico de Transportes y Energía, y vocero de los conservadores en la Cámara de los Lores, David Howell, expresa su alarma en el Japan Times por la crisis ruso-ucraniana. Considera que eso demuestra que Rusia no es un socio confiable y que Europa, y sobre todo el Reino Unido, no deben contar demasiado con el gas ruso so pena de poner en peligro su seguridad energética.
En Los Angeles Times, Rajan Menon, de la New America Foundation, y Oles M. Smolansky, profesor de Relaciones Internacionales de la universidad Lehigh, manifiestan su regocijo por el acuerdo entre Kiev y Moscú, pero deploran que «Occidente» no haya hecho más por ayudar a Kiev. Los autores afirman que Ucrania ganó el pulso con Moscú que trataba de extorsionarla y castigarla por su acercamiento a la OTAN. Los autores consideran que si esto volviera a comenzar, « Occidente debería utilizar la candidatura rusa a la OMC para presionar a Moscú e impedirle que la emprenda contra Ucrania. Sin embargo, son contradictorios los términos de esta propuesta. Rusia debe precisamente liberalizar su mercado de gas para entrar en la OMC, y, por lo tanto, eliminar los precios preferenciales de que se beneficiaban algunos de sus vecinos, entre ellos Ucrania.
Como se puede comprobar, la serpiente se muerde sistemáticamente la cola en cualquier reflexión estratégica cuando trata de hacer abstracción de nuestra posición de dependencia, ciertamente humillante, con respecto a recursos rusos, iraníes o iraquíes. Retomando una reciente declaración del presidente iraní, necesitamos más de Irán que ellos de nosotros. Sentémonos a dialogar, pues calificar de totalitarismo su voluntad de controlar sus propios recursos no puede llevarnos sino a la confrontación. Los pueblos de Rusia, Irán e Irak, mucho más educados de lo que hacen pensar los prejuicios comunes, no se dejan engañar.
Red Voltaire
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27 de enero de 2006
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Países
Rusia (Federación de)
Temas
Petróleo y recursos energéticos
Ucrania
Guerra Fría del siglo XXI, la estrategía anti-rusa
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«¿Dominará Rusia a Europa gracias al petróleo?»
Autor
Alexander Etkind

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Alexander Etkin es profesor de estudios rusos en la universidad de Cambridge.
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Fuentes
Daily Star (Líbano), Taipei Times (Taiwán), Korea Herald (Corea del Sur), Daily Times (Pakistán)
Referencia «’Oil-for-skills’ scheme fortifies Russian regime», por Alexander Etkind, Taipei Times, 13 de enero de 2006.
«Paradojas del petróleo y gas ruso», La Vanguardia, 13 de enero de 2006.
«Russia’s ’oil-for-knowledge’ scheme», Korea Herald, 14 de enero de 2006.
«Illiberal Russia produces oil growth, but can it enjoy this?», Daily Star, 17 de enero de 2006.
«Russia’s ‘oil-for-knowledge’ scheme», Daily Times, 19 de enero de 2006.
Resumen Poco importa el tipo de automóvil que usted posea; cada vez que usted llena el tanque está pagando el equivalente a un mes de salario de un maestro ruso. También contribuye usted a financiar un régimen arcaico, ineficiente y diabólico. Rusia inició su año de presidencia del G-8 desencadenando una guerra con Ucrania relacionada con el gas. Poseedora prácticamente del monopolio de los suministros a Ucrania, Rusia consideró que podía fijar los precios según su conveniencia. Pero Ucrania dispone a su vez de la casi totalidad del monopolio de otros abastecimientos; por lo tanto, Rusia cedió tan pronto como comenzaron a disminuir las entregas de gas a Europa Occidental.
En la actualidad, la economía rusa descansa en el gas y el petróleo. Como el valor de estos recursos aumenta, los salarios también lo hacen y ello contribuye a crear la inflación. Para limitarla, el gobierno ruso ingresa una parte de las ganancias en un fondo de estabilización. Pero como el Kremlin no confía en sus propios valores bursátiles, el fondo de estabilización invierte en títulos occidentales. De esta forma, el gobierno pierde una oportunidad de modernizar las ciudades, las carreteras, los hospitales y las universidades de Rusia. La inflación continúa y los alquileres se ponen por las nubes lo que lleva a la población a cometer ilegalidades o a vivir en la pobreza.
Rusia es el ejemplo de una triste verdad de nuestros tiempos: países que no tienen nada de democráticos pueden desarrollarse tan rápido o incluso mucho más que sociedades más libres. Cuando se posee petróleo, lo único que hace falta para enriquecerse es tener compradores. La mayoría de los países que cuentan con abundantes recursos naturales no son democracias. Rusia aprovechó la tecnología y las modalidades de gestión occidentales para desarrollar la producción petrolera. Los primeros en hacerlo fueron hombres como Mijaíl Jordorkovski, quienes fueron sustituidos por otros mejor situados. Pero los dirigentes extranjeros no prestan atención a esto; algunos, como Gerhard Schröder, dirigen incluso filiales de Gazprom.
Hoy Rusia intercambia su petróleo por productos del conocimiento sin formar a sus propios especialistas. Carece de geólogos, economistas, abogados… le basta con una banda de políticos. En ese contexto, las personas educadas son peligrosas y tratadas con sospecha, incluso acosadas, como las ONG o los partidos políticos de oposición. Las elecciones son anuladas o falsificadas. Y los países vecinos que no tienen petróleo son chantajeados. Como dependen del gas, del petróleo y de las multinacionales los países del G-8 se muestran en exceso tolerantes con relación al presidente actual Vladimir Putin. Pero la arrogancia de los dirigentes rusos ha tal vez sobrepasado lo que está dispuesto a soportar Occidente. Las sociedades occidentales deben boicotear el gas ruso.

«El acuerdo sobre el gas de Ucrania: la solución menos adecuada»
Autor
Yuliya Tymoshenko
Fuentes
Taipei Times (Taiwán), Daily Times (Pakistán), El Tiempo (Colombia)
Referencia «Ukraine’s gas settlement: The wrong solution», por Yulia Tymoshenko, Taipei Times, 9 de enero de 2006.
«Ukraine comes in from the cold», Daily Times, 9 de enero de 2006.
«Ucrania llega del frío», El Tiempo, 10 de enero de 2006.
Resumen El suspiro de alivio de Europa cuando el diferendo entre Rusia y Ucrania sobre el gas llegó supuestamente a su fin podía escucharse hasta en Kiev. Pero este acuerdo, que coloca las necesidades energéticas ucranianas en manos de una empresa fantasma vinculada a una banda de criminales internacionales, engendra más problemas de los que resuelve. Es por ello que he entablado una acción judicial ante los tribunales.
El acuerdo entre Ucrania y Gazprom, la empresa estatal rusa, pone el futuro energético de Ucrania en manos de RosUkrEnergo, excrescencia criminal colgada de nuestra empresa de gas por voluntad del ex presidente Leonid Kuchma. RosUkrEnergo controla las importaciones de gas de Asia Central en Ucrania y el acuerdo suscrito le permite conservar ese control. Como trabajé en el sector del gas sé que está completamente corrompido. Cuando era primera ministra solicité una investigación sobre RosUkrEnergo y descubrí quienes eran sus propietarios y como habían logrado controlar las importaciones. Tan pronto como fui destituida el expediente pasó al olvido. El abastecimiento de Ucrania y de Europa no estará garantizado mientras el gas circule entre las manos de empresas oscuras.
Este acuerdo también saca a relucir el problema del lugar de Ucrania en Europa. Al igual que cualquier otro país, las relaciones de Ucrania con el resto del mundo están determinadas por cuatro factores estrechamente vinculados: la historia, el patriotismo, los intereses nacionales y la geografía. Ucrania tiene un interés estratégico en el desarrollo del libre comercio, en los mercados abiertos a través del mundo, en contar con vecinos democráticos y prósperos y en evitar cualquier conflicto entre Occidente y Rusia para no convertirse en un campo de batalla. Los peligros en el «espacio post soviético» siguen siendo de envergadura, es por ello que Ucrania desea formar parte de la Unión Europea.
La propuesta de construir un gasoducto en el Báltico que trasladaría el gas a Alemania de manera directa desde Rusia sin pasar por Polonia, Ucrania, los Estados bálticos y el resto de Europa Central resulta en ese sentido peligrosa ya que le permitiría a Gazprom interrumpir a voluntad los suministros a sus clientes sin poner nunca en peligro el suministro a sus mercados preferidos en Occidente. Ucrania trata de garantizar su seguridad y estabilidad. No podemos aceptar acuerdos que nos pongan en las manos de empresas sombrías.

«Nuevos actores y nuevos desafíos en una nueva guerra por el gas»
Autor
Anders Aslund
Fuente
Moscow Times (Rusia)
Referencia «New Players and New Stakes in a New Gas War», por Anders Aslund, Moscow Times, 12 de enero de 2006.
Resumen En el período 2000-2001, Ucrania y Rusia adoptaron reformas para limitar los abusos en los precios del gas que beneficiaban a los oligarcas. Se firmó un contrato entre Rusia y Ucrania así como un acuerdo sobre los precios. Después de la revolución naranja, Rusia y Ucrania manifestaron su descontento con relación a dicho acuerdo. Rusia quería obtener precios cercanos a los del mercado y Ucrania pidió relaciones comerciales más sanas. Ambas demandas eran comprensibles.
Sin embargo, el compromiso firmado el 4 de enero y hecho público por Yulia Tymoshenko suscita muchas interrogantes. El contrato sólo cubre un período de seis meses y establece que el precio de 1 000 metros cúbicos de gas es de 95 dólares, sin determinar cuál será el de los seis meses siguientes. El acuerdo prevé asimismo la venta de 34 mil millones de metros cúbicos cuando en realidad Ucrania necesita 21 mil millones más. Lo que falta sería entonces comprado a Turkmenistán al precio de 50 dólares por 1 000 metros cúbicos durante seis meses y a 60 dólares los seis meses siguientes. El acuerdo no establece los costos por concepto de tránsito a través del territorio ruso. Esto significa que Ucrania compra a un precio inferior al del mercado durante seis meses pero que las negociaciones deberán reanudarse después.
Tal y como ha sido redactado, el acuerdo perjudica a la empresa pública Gazprom pero favorece a RosUkrEnergo, una sociedad privada que, según Yulia Tymoshenko pertenece a personas cercanas a Vladimir Putin, y en particular a Igor Seckin.
No obstante, tal y como ha sido redactado, el acuerdo no es malo para Ucrania. La votación en el Parlamento contra el gobierno ucraniano es sobre todo la señal de un cambio de alianza en su seno.

«Imperialismo económico en Rusia»
Autoras y autores
Frederick Starr, Vladimer Papava

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Ex presidente del Aspen Institute, Frederick Starr preside el Central Asia Caucasus Institute de la School of Advanced International Studies de la universidad Johns Hopkins de Washington.
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Fuentes
Daily Star (Líbano), Taipei Times (Taiwán), Korea Herald (Corea del Sur)
Referencia «Economic imperialism in Russia, por Frederick Starr y Vladimer Papava, Korea Herald, 20 de enero de 2006.
«In the Caucasus, a ’neo-imperial’ Russian revival», Daily Star, 20 de enero de 2006.
«Russia turning to entrapment with its satellite states», Taipei Times, 20 de enero de 2006.
Resumen El hecho de que Rusia recurra al gas para ejercer presiones sobre Ucrania ha despertado la preocupación de Occidente. Sin embargo, las presiones sobre Georgia son aún más fuertes aunque se hayan notado menos. En Georgia, al igual que en Ucrania, Vladimir Putin quiere aplicar la doctrina del imperio liberal, formulada por Anatoli Chubais, presidente de United Energy System. Su objetivo es crear un nuevo imperio ruso por medio del dinero en lugar de los tanques.
La primera etapa de esta estrategia consistió en controlar la economía de Armenia. Después era preciso integrarla a una zona económica unificada con Rusia, pero teniendo en cuenta los intereses georgianos en el país era necesario primero que Tbilisi entrara por el aro. Esto fue lo que trató de hacer Rusia primero con presiones políticas y luego con presiones económicas. El plan se vio perturbado por la revolución de las rosas, pero las compañías rusas lograron por lo menos adquirir las acciones de las compañías georgianas.
El principal protagonista de la política exterior rusa en Georgia es Gazprom. Su objetivo es controlar el sector del gas en Georgia y el gasoducto que abastece a Georgia y Armenia. Sin apoyo de Occidente, Rusia podría tomar ese control. También podría contar con el banco estatal ruso Vnershtogbank que ha tomado posesión de varios bancos en Armenia y Georgia. De forma progresiva Rusia extiende su influencia imperial que podría llegar hasta la anexión de Abjasia.
Si Occidente no reacciona, todo el sur del Cáucaso podría convertirse en antioccidental y formar parte de la alianza ruso-iraní.

«El gas: el arma escogida»
Autor
David Howell
Fuente
Japan Times(Japón)
Referencia «Gas as a weapon of choice», por David Howell, Japan Times, 13 de enero de 2006.
Resumen ¿Qué esperaban los rusos? Desde el inicio, se sabía que su amenaza de cortar el suministro de gas a Ucrania tendría un efecto negativo para ellos también. En primer lugar, porque es muy difícil llevar a vías de hecho su amenaza. El 90% del gas ruso en dirección a Europa Occidental pasa por Ucrania. Todo lo que los ucranianos tienen que hacer en caso de bloqueo, es desviar el gas ruso destinado a Europa Occidental afirmando que les compete ese derecho.
La única explicación es, por lo tanto, que la amenaza no tenía una finalidad comercial, sino que era un castigo a Ucrania por la política prooccidental de Víktor Yushchenko. Esa no es una buena política ya que su única consecuencia es debilitar la imagen de Rusia como proveedor confiable de gas, un sector donde la imagen es vital.
Incluso durante la era soviética, la URSS estaba considerada como un socio confiable a nivel del suministro de gas. El paso de Rusia al capitalismo tranquilizó todavía más a Europa que continuó entonces desarrollando el consumo de gas para su energía. El Reino Unido siguió el mismo camino, y el sector energético británico pasó del 1 ó 2% de consumo de gas en 1980 al 30% en la actualidad. Por consiguiente, hoy día Londres depende también de Rusia. El gas proveniente del Golfo podría servir de sustituto, pero también puede faltar. Felizmente, Noruega descubre cada vez más reservas de gas.

«Las consecuencias del golpe ruso»
Autoras y autores
Rajan Menon, Oles M. Smolansky

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Oles M. Smolansky es profesor de Relaciones Internacionales en la universidad Lehigh.
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Fuente
Los Angeles Times (Estados Unidos)
Referencia «Russia’s thuggery backfires», por Rajan Menon y Oles M. Smolansky, Los Angeles Times, 8 de enero de 2006.
Resumen Rusia y Ucrania pusieron fin a su discrepancia sobre el precio del gas natural. Ucrania pagará más, pero menos de lo que Rusia pedía al comienzo. Esa es una buena noticia. La mala noticia es que Occidente no tomó parte en este desenlace.
Gazprom había solicitado un aumento del 400% de los precios del gas a una Ucrania en dificultades financieras. Al depender Kiev de Rusia en un 30% de su gas, Rusia esperaba así afianzar su influencia en Ucrania, minar la política prooccidental de Víktor Yushchenko y castigar el acercamiento de Ucrania a Occidente. Sin embargo, Ucrania contraatacó al declarar su soberanía sobre el Estrecho de Kerch y autorizando así a los barcos de la OTAN a navegar en el Mar de Azov. Ucrania también amenazó con abandonar la CEI. Rusia entonces ejecutó su amenaza, y, al hacerlo, Gazprom demostró que sólo era un instrumento del Kremlin. La compañía había afirmado querer ajustar sus precios según los del mercado mundial, pero no lo hizo con Bielorrusia, aliada de Vladimir Putin. El presidente ruso apareció entonces como un extorsionador de fondos.
La Unión Europea sólo ayudó a Ucrania porque su suministro de gas estaba comprometido y temía un invierno frío. Occidente debe hacer más para ayudar a Ucrania y explotar las ambiciones rusas en la escena internacional y en la OMC para aplacar las relaciones ruso-ucranianas.

«El gas ruso, un arma para amenazar a Europa»
Autor
Ali Ouhida
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Ali Ouhida es periodista en el diario AlarabOnline, con sede en Londres. Trabaja desde Bruselas, donde es corresponsal de varias publicaciones como la «Palestine-info» y otros. Está especializado en los asuntos de la Unión Europea.
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Fuente
Alarabonline.org
Referencia «روسيا تشهر سلاح الغاز فى وجه أوروبا », por Ali Ouhida, AlarabOnlie, 26 de diciembre de 2005.
Resumen El gas ruso parece ser el elemento imprevisto y fundamental que obstaculiza la voluntad expansionista de Bruselas frente a los ex protectorados rusos.
Desde hace tiempo, el Kremlin se enfrenta a un plan concebido por la Unión Europea y la OTAN para apoderarse de toda la zona prorrusa. Para hacer frente a la aventura euroatlántica, el gas ruso parece ser la carta de triunfo en este enfrentamiento entre Moscú y Bruselas. La crisis entre Rusia y Ucrania con respecto al suministro del gas representa el lado sensible de la ecuación energética entre Moscú y Europa. La Unión Europea parece incapaz de defender a Ucrania, a la cual considera, desde hace un año como un nuevo aliado, dado que el Kremlin dispone en su conflicto con Europa de un arma fatal, la de la energía, que impedirá al viejo continente apoyar a los países de Europa Oriental. Además, el reclutamiento de un número de altos responsables europeos y el posible reclutamiento de ex responsables estadounidenses por parte de Moscú en la esfera de los hidrocarburos, demuestra hasta qué punto los rusos piensan utilizar el factor energético para determinar su futuro y el de sus rivales.
Fuentes europeas en Bruselas prevén una encarnizada guerra contra Rusia en el sector energético a partir del año en curso. En ese marco, Javier Solana, uno de cuyos objetivos principales es debilitar a Rusia, sigue negándose a comentar la crisis actual. La amenaza energética rusa sólo implica a Ucrania, pero se extiende a los demás países aliados de la UE que dependen de los recursos energéticos del Kremlin. De igual manera, algunos expertos hablan de la voluntad rusa de dominar la totalidad del mercado de gas europeo, habida cuenta de la disminución de la producción en países como Noruega, Reino Unido y los Países Bajos.
El objetivo de Moscú, tres meses antes de las elecciones ucranianas, es derrocar al gobierno pro europeo actual. En el mismo sentido, los miembros europeos en Bruselas han comenzado gradualmente a abandonar Ucrania, su aliado de ayer.

«¡El gas, oh el gas! Calor para Rusia…y heladas para Occidente»
Autor
Adel Samaraz

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Dr Adel Samara es periodista en el diario AlarabOnline. También es director del Centro Oriental para los Estudios Culturales.
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Fuente
Alarabonline.org
Referencia «الغاز وما أدراك ما الغاز!
التّدفئة لروسيا... التّجمد للغرب », por el Dr Adel Samara, AlarabOnline, 15 de enero de 2006.
Resumen Occidente siempre nos ha hecho creer que nosotros, los árabes, somos los que decidimos todo en el mercado petrolero. Ahora bien, ese nunca ha sido el caso. Peor aún, los países petroleros árabes no pueden ni siquiera decidir le suerte de sus propias fuentes energéticas.
La crisis petrolera actual es, de hecho, provocada por Rusia. Pero, ¿se trata del Estado ruso o de sus compañías petroleras? No se sabe todavía. Vladimir Putin parece haber adquirido el control total no sólo del Estado ruso, sino también de sus compañías petroleras, sobre todo tras haber enviado al «sionista-occidental» Mijaíl Jordorkovsky a prisión.
Las manifestaciones estadounidense-europeas contra Moscú son normales, aun cuando esta última no procedió ilegalmente dado que tiene el derecho absoluto de vender su gas a Ucrania a precio de mercado, el mercado occidental. ¿Acaso Rusia no tiene derecho a impedir que Kiev robe su gas? Putin debe enfrentar la voluntad del capitalismo estadounidense-europeo cuyo objetivo es devorar a Europa Oriental en el marco de la OTAN. Ucrania debe pagar su traición, uniéndose al nuevo amante. Los agentes de Occidente deben saber que este último no puede protegerlos del frío, y que ese propio Occidente nació para tomar y nunca para dar. La situación económica en Ucrania se deteriora cada vez más. Por esa razón, sin dudas, el golpe ruso está bien calculado. Putin quiere recordar al ciudadano ucraniano que puede calentarse mucho mejor en los brazos de su aliado tradicional que en los de sus rivales.
Las grandes compañías petroleras occidentales, cuyas políticas están administradas por Kissinger, Thatcher, la familia Bush y otros, se equivocan al creer, después que ocuparon Afganistán e Irak, que se habían apoderado del mercado petrolero mundial. La crisis actual confirma que el concepto de unipolaridad estadounidense no es exactamente así. La prueba no es otra que el cuestionamiento del sistema capitalista, a raíz de una pequeña crisis petrolera. Esta última sólo puede representar el primer golpe en una lista de medidas rusas tendentes a fortalecer el poder de Moscú en la escena internacional.

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