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Tribunas y análisis - 14 de marzo de 2006
¿Cómo optimizar la propaganda?
Análisis
El gabinete de relaciones públicas Project Syndicate ha difundido ampliamente un texto del secretario de Defensa estadounidense, Donald Rumsfeld, en el que llama a una reforma de los medios de propaganda de Washington. Dada su difusión, el texto ha suscitado un gran número de comentarios en la prensa internacional y ha vuelto a poner sobre el tapete el tema de la guerra psicológica y de la fabricación del consentimiento. Sin embargo, en la prensa occidental mainstream el debate no ha estado relacionado con los medios que deben implementarse para resistir a esta propaganda y discernir entre lo verdadero y lo falso, ¡sino con los medios para hacer más eficaz esta propaganda!
Es un extraño espectáculo ver, en medios que se vanaglorian de su independencia y objetividad, y obtienen su legitimidad de esta autodesignación, un debate sobre la mejor forma de influir en la prensa y la opinión pública. Una tribuna mediante la que se expresa una importante autoridad gubernamental llama a retomar el control de la información para servir intereses políticos. Dicha tribuna tiene una audiencia mundial, es accesible a lectores de todo el mundo sin que ello provoque el menor cuestionamiento de los medios dominantes en cuanto a la credibilidad de las fuentes oficiales estadounidenses.
Como siempre en el caso de un texto difundido por Project Syndicate, la tribuna de Donald Rumsfeld tiene una considerable difusión. Fue publicada por Los Angeles Times (Estados Unidos), el Korea Herald (Corea del Sur), Le Figaro (Francia), el Daily Star (Líbano), el Jerusalem Post (Israel), El Tiempo (Colombia), Die Welt (Alemania) y La Libre Belgique (Bélgica), pero posiblemente algunos medios se nos escapen. Esta difusión planetaria en el caso de este texto toma una dimensión de comicidad ya que lo que fundamentalmente hace Donald Rumsfeld es lamentarse por la incapacidad de Estados Unidos para hacerse oír. Asegura que Estados Unidos y sus aliados son sistemáticamente denigrados en algunos medios manipulados por los «terroristas» que han comprendido bien el uso de los mismos. A modo de ejemplo, deplora que se haya hablado más de las torturas contra los prisioneros de Abu Ghraib que de las fosas comunes de Sadam Husein, y olvida así la propaganda belicista que precedió al conflicto. Lamenta igualmente que la difusión de artículos favorables a la ocupación de Irak –gracias a los medios del Lincoln Group– haya sido revelada y presentada como una «compra de información».
Por lo tanto, implícitamente, el secretario de Defensa identifica toda denuncia de las manipulaciones mediáticas de su administración o de los crímenes cometidos por el ejército estadounidense con una acción favorable a los «terroristas», e incluso con una operación orquestada por ellos.
El secretario de Defensa no precisa qué medios implementarán el Pentágono o la administración Bush para el apoyo mediático a la guerra contra el terrorismo. Puede entonces deducirse que el principal interés de este texto es presentar una visión maniquea del mundo mediático que define toda crítica a los Estados Unidos como partidaria del terrorismo islamista. Igualmente neutraliza anticipadamente cualquier crítica a los escándalos venideros que revelen las manipulaciones mediáticas de su gobierno, presentándolas de antemano como algo en interés y por la seguridad del «mundo libre». Finalmente, el autor insiste también enormemente en el hecho de que los medios que se implementen deben ser nuevos, lo que requiere nuevos créditos.
No sorprende que el cronista de Los Angeles Times e investigador en el Council on Foreign Relations, Max Boot, aplauda la inversión del Pentágono en la propaganda. Por el contrario, deplora que el Departamento de Estado no lo haga aún más. Destaca que Condoleezza Rice ha hecho avanzar a su administración al aportar más medios para la «diplomacia pública» (término políticamente correcto para designar la propaganda), especialmente en el Medio Oriente. Sin embargo el autor considera que es posible hacer más mediante el restablecimiento de la US Information Agency y dándole más medios. Pide además, en un conmovedor acceso de sinceridad, una reforma de la USAID que la asemejaría al Ministerio de Colonias británico en tiempos del imperio. Al reclamar la implementación de una mejor propaganda, el autor ni siquiera oculta ya la inspiración de las acciones militares estadounidenses.
Por su parte, el decano de la School of Communication de la universidad de Boston, John J. Schulz, se muestra mucho más crítico sobre la política de propaganda de la administración Bush en el Boston Globe. No obstante, lo que le choca no es la intención, sino los medios implementados, y sobre todo el hecho de que Washington se desentienda de la estación oficial internacional de radio Voice of America (VOA), de la que ha sido colaborador durante 21 años. Schulz está herido por el llamado a la renovación de Donald Rumsfeld. Es de la opinión de que de nada sirve construir una nueva herramienta de propaganda sobre la base de millones. La VOA es un instrumento eficaz y rentable ya probado. Por el contrario, los actuales expertos de la administración Bush sólo han logrado enormes gastos o nuevos escándalos.
Por supuesto que la prensa árabe es mucho más crítica.
Soussan Al-abtah, profesora universitaria y periodista libanesa, se burla en Asharq Al Awsat de los lamentos de Donald Rumsfeld, recordando que no es «Al Qaeda» la que posee los medios y que no es tampoco esta organización la que propone a los periodistas árabes la redacción de artículos pro estadounidenses contra remuneración. La autora habla abiertamente en su artículo de la corrupción de los periodistas, un tema tabú en la prensa occidental aunque se trate de una práctica histórica. Considera que el texto de Rumsfeld prueba que la administración Bush se enfrenta a una oposición interna cada vez más importante y que su imagen se ha empañado en el mundo árabe. Washington necesita por lo tanto removilizar sus tropas y estigmatizar a sus adversarios.
En ese mismo sentido se expresa Faissal Al-azel, periodista, miembro del partido Baas sirio, en Rezgar, periódico de la izquierda laica árabe. El autor hace un llamado a los medios árabes: los órganos de prensa deben volver a movilizarse y sobre todo también reformarse. Si el enemigo transforma sus métodos propagandísticos, hay que adaptarse.
La propaganda tiene un doble objetivo: difundir informaciones favorables y al mismo tiempo impedir la difusión de informaciones molestas. La administración Bush ha desarrollado así una obsesión del secreto, proporcional a su uso de la mentira, especializándose igualmente en la desacreditación mediática de sus adversarios.
El ex representante demócrata por Indiana, miembro de la comisión investigadora sobre el Irangate y ex vicepresidente de la Comisión Investigadora sobre el 11 de Septiembre, Lee H. Hamilton, denuncia en el Christian Science Monitor la obsesión por el secreto y llama a una reforma de los procedimientos de clasificación de los documentos oficiales. Sin embargo, en las motivaciones del autor no ocupan un lugar priorizado la información de los ciudadanos y la posibilidad de desarrollar un debate crítico a partir de documentos oficiales. Más bien considera que esta clasificación recarga el intercambio de informaciones entre las agencias norteamericanas de información y que la abundancia de documentos «secretos» no permite controlarlos todos, lo que favorece las filtraciones. Así, pide una disminución de los procesos de clasificación en nombre de la eficacia de los órganos policíacos.
En Los Angeles Times, la analista neoconservadora del American Entreprise Institute, Danielle Pletka, denuncia la acción mediática de la CIA, que organiza oportunas filtraciones de documentos secretos para socavar la acción de la administración Bush. La autora recuerda que la agencia tiene una orientación política y que hay que desconfiar de lo que difunde. Esta tribuna es un nuevo episodio de la guerra que opone a los neoconservadores y a una parte del personal de la CIA. Estos últimos, aunque apoyan por principio la política imperial estadounidense, se oponen a los objetivos y métodos seleccionados por la administración Bush, de modo que han organizado toda una serie de filtraciones a la prensa que han debilitado las posiciones de la Casa Blanca. El nombramiento de Porter Goss al frente de la CIA y luego de John Negroponte de todo el servicio de inteligencia estadounidense tenía como objetivo la purga de los servicios de inteligencia estadounidenses para eliminar así a los elementos adversos.
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14 de marzo de 2006
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París (Francia)
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Países
Estados Unidos
Temas
«Golpes suaves»: acción secreta, espionaje
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«La guerra contra el terrorismo también es mediática»
Autor
Donald Rumsfeld

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Miembro de las administraciones Nixon, Ford y Reagan, Donald Rumsfeld es el artífice de la grandeza militar de Estados Unidos. Es secretario de Defensa del gobierno de George W. Bush.
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Fuentes
Jerusalem Post (Israel), Daily Star (Líbano), Le Figaro (Francia), Los Angeles Times (Estados Unidos), La Libre Belgique (Bélgica), Korea Herald (Corea del Sur), Die Welt (Alemania), El Tiempo (Colombia)
Referencia «War in the Information Age», por Donald Rumsfeld, Los Angeles Times, 23 de febrero de 2006.
«Fighting wars in today’s media age», Korea Herald, 24 de febrero de 2006.
«La guerre contre le terrorisme est aussi médiatique», Le Figaro, 24 de febrero de 2006.
«How to fight terrorism in the media», Daily Star, 24 de febrero de 2006.
«The media war on terror», Jerusalem Post, 26 de febrero de 2006.
«La guerra de los medios contra el terror», El Tiempo, 26 de febrero de 2006
«Warum Nachrichten Waffen sind», Die Welt, 6 de marzo de 2006.
«Guerre médiatique», La Libre Belgique, 6 de marzo de 2006.
Resumen Después del 11 de septiembre de 2001 los terroristas comprendieron que debían utilizar los medios y se han adaptado bien a la era mediática, contrariamente a América y a las demás democracias. Los extremistas violentos tienen sus expertos en medios de comunicación y conciben ataques que aparecen en primera plana cuyo impacto es magnificado mediante la utilización de todos los medios de difusión posibles. Saben que un ataque mediático puede causarnos tanto daño como un ataque militar.
En la actualidad libramos la primera guerra de la era de la mensajería electrónica, blogs, blackberries, cámaras digitales, celulares, emisiones de radio e información durante las 24 horas. En Túnez, el principal periódico tiene una difusión de 50 mil ejemplares para 10 millones de habitantes, pero florecen las antenas parabólicas. Sadam Husein no se equivocó cuando las prohibió en Irak. Lamentablemente, numerosas cadenas informativas manifiestan una abierta hostilidad hacia Occidente. En ciertas regiones del mundo, los medios sólo sirven para encender los ánimos y deformar, más que para explicar e informar. Al Qaeda los utiliza como tribunas y sólo tardíamente hemos aquilatado la dimensión del problema. Comenzamos a adaptarnos. En Irak, el ejército norteamericano y el gobierno iraquí han trabajado juntos para brindar informaciones exactas, pero esto ha sido calificado como «compra de artículos de prensa». La explosión resultante de artículos críticos bloqueó toda iniciativa.
Hay que comparar la cantidad de artículos dedicada a Abu Ghraib con los dedicados a las fosas comunes de Sadam Husein. Los gobiernos libres deben situar la comunicación en el centro de cada aspecto de la lucha. Mientras más tiempo nos lleve establecer un marco de comunicación estratégica, más espacio ocupará el enemigo. Sin embargo avanzamos. El eco mediático alrededor de la acción de Estados Unidos después del temblor de tierra en Pakistán mejoró nuestra imagen en dicho país.
El gobierno debe desarrollar su capacidad de anticipación y reacción en materia de información. Igualmente debemos hallar nuevos métodos para llegar a los pueblos del mundo. Durante la Guerra Fría, Radio Free Europe fue muy eficaz. Debemos pensar en la creación de nuevas organizaciones y programas capaces de desempeñar un papel tan útil en nuestra guerra contra el terror. Es cierto que el enemigo es hábil en la manipulación de los medios y en la utilización de los instrumentos de comunicación modernos para su beneficio, pero tenemos una ventaja: la verdad está de nuestro lado y termina siempre por triunfar.

«La diplomacia para el mundo real»
Autor
Max Boot
Fuente
Los Angeles Times (Estados Unidos)
Referencia «Diplomacy for the real world», por Max Boot, Los Angeles Times, 22 de febrero de 2006.
Resumen La mayor parte de la burocracia encargada de nuestra política exterior y seguridad nacional fue preparada para enfrentar un enemigo que ya no existe. En la actualidad, la mayor amenaza la encarnan grupos transnacionales o Estados decadentes con un terreno fértil para su desarrollo. Después del 11 de septiembre, el Pentágono reaccionó invirtiendo más en el lenguaje y la educación cultural. Es un buen inicio, pero insuficiente, y corresponde al Departamento de Estado hacer aún más. Los servicios diplomáticos dedican demasiado tiempo a las negociaciones entre diplomáticos en detrimento de la diplomacia pública y de la reconstrucción de Estados ( nation-building).
La diplomacia pública es la expresión directamente destinada a las poblaciones de un país extranjero sin pasar por sus dirigentes. Es más necesaria aún por cuanto no se implementa ya una política exterior sin la aprobación de la opinión pública. Condoleezza Rice ha afirmado querer reorganizar y desarrollar la diplomacia pública nombrando más especialistas en estas cuestiones en nuestras embajadas en los países en vías de desarrollo. También creará una oficina especializada en el Medio Oriente. Esto está bien, pero es insuficiente. Debe reinstaurarse la US Information Agency, desmantelada en 1999; hacer de la misma una agencia independiente y darle más fondos.
Para la reconstrucción de Estados o nation-building, se hace igualmente necesario transformar la USAID de modo que pueda participar en esto según el modelo de lo que hacía la Oficina Colonial Británica.

«Hacer callar la Voz de América»
Autor
John J. Schulz
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Ex piloto de la US Air Force, profesor en el Army War College, periodista y responsable de la Voice of America, John J. Schulz es decano del College of Communication de la universidad de Boston.
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Fuente
The Boston Globe (Estados Unidos)
Referencia «Muffling the Voice of America», por John J. Schulz, Boston Globe, 24 de febrero de 2006.
Resumen Las encuestas demuestran que la Voice of America (VOA) con sus programas en 50 lenguas fue la emisora radial más escuchada en el mundo entre 1975 y 1995. Trabajé en esta emisora durante 21 años y dos años en la BBC. Sé la calidad del trabajo de las mismas. Hay sólo una diferencia entre ellas: La VOA tiene su difusión prohibida en los Estados Unidos. Por lo tanto, los ciudadanos estadounidenses ignoran la calidad de su emisora de radio «oficial».
Cada vez con mayor irritación observo las discusiones de la administración Bush y sus asesores en cuanto a la mejor forma de influir en el mundo musulmán. Se pide al Congreso la suma de 75 millones de dólares para «apoyar la democracia en Irán», se habla de desarrollar emisoras radiales en farsi, pero no se habla nunca de la VOA. Por el contrario, se trata de que ésta no siga emitiendo durante las 24 horas (lo que hace desde 1942 sin interrupción). La VOA tuvo un gran impacto en China o durante las huelgas en Polonia en los años 80. La VOA sólo cuesta el 1% del presupuesto del Departamento de Estado, pero así y todo se verá afectada por recortes presupuestarios. Mientras tanto, se gastan fondos para crear emisoras de radio pop para los adolescentes árabes y se paga a expertos para que reflexionen sobre cómo mejorar la imagen de los Estados Unidos. Esto fue lo que condujo al escándalo de la compra de periodistas iraquíes por el Lincoln Group.

«Rumsfeld… ¡¿activista mediático?!»
Autor
Soussan Al-abtah

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Soussan Al-abtah es escritora y profesora universitaria libanesa, y periodista del diario Asharq Al Awsat.
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Fuente
Asharq Al Awsat
Referencia «!رامسفيلد..ناشط إعلامي..؟», por Soussan Al-abtah, Asharq Al Awsat, 21 de febrero de 2006.
Resumen Lo último que esperábamos, mientras las fuerzas estadounidenses invadían Afganistán antes que Irak, era oír a Donald Rumsfeld hablar de Al Qaeda como, según él, «capaz de envenenar las mentes y los corazones». Lo asombroso en este asunto es el hecho de que el secretario de Defensa haya abogado por la implementación de campañas de información dirigidas a la prensa escrita, las emisoras radiales, televisivas e Internet.
¡Qué broma! ¿Entonces es Al Qaeda la que posee las agencias de prensa y las grandes compañías mediáticas? Sin lugar a dudas, el ministro en cuestión, al explicar su nueva estrategia mediática el viernes pasado, pensaba en los éxitos electorales de Hamas, los Hermanos Musulmanes y los islamistas de Irak.
Varios colegas y periodistas árabes me han hablado de varias empresas, con diferentes nombres, instauradas después de la invasión estadounidense a Afganistán. Éstas les habían propuesto importantes honorarios a cambio de la publicación de artículos que apoyaran las posiciones estadounidenses. Estas empresas, a pesar de sus enormes esfuerzos, no lograron seducir a la gran mayoría de sus objetivos.
Si bien la diplomacia estadounidense lleva a cabo una campaña para calmar la situación en el mundo árabe y mejorar allí su imagen, los movimientos de oposición árabes, que en el pasado deseaban la bendición de la Casa Blanca, ahora no ocultan su temor a empañar su reputación si aceptaran el afecto estadounidense y, peor aún, su ayuda financiera. Es el caso, entre otros, de la oposición siria.
Incluso en Hollywood, que no tardó en apoyar al presidente «militante» Bush cuando la «guerra contra el terrorismo» era una prioridad humanitaria, la situación se torna cada vez más complicada. Esto ha incitado e incita a un gran número de artistas a volver la espalda a la política de los neoconservadores. Sin embargo, nada permite afirmar que la nueva estrategia mediática preconizada por Rumsfeld deje de dar frutos.

«Los medios y su papel en la política y la guerra»
Autor
Faissal Al-azel
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Faissal Al-azel es periodista y escritor sirio. Es igualmente miembro del partido Baas de Siria.
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Fuente
Rezgar
Referencia «الإعلام ودوره في الحرب وفي السياسة, por Faissal Al-azel, Rezgar , 31 de enero de 2006.
Resumen En plena guerra, los gobiernos occidentales, y más específicamente el gobierno estadounidense, acuden a los diferentes medios de comunicación para apuntalar sus posiciones. Tal maniobra tiene una influencia psicológica considerable sobre las partes contrincantes. El vínculo entre ambas guerras, la armada y la mediática, se remonta a hace varios siglos. Es fruto del pensamiento humano, y su objetivo era desmotivar al enemigo y obligarlo a aceptar la derrota.
Así, en el pasado, los ejércitos, antes de atacar, enviaban un pequeño número de soldados disfrazados de mercaderes, artesanos o médicos para hacer propaganda en las ciudades que constituirían el blanco de los ataques. Estos soldados describían la grandeza del presunto atacante e incitaban a los soldados a no resistir, dado que no les serviría de nada.
El desarrollo tecnológico actual ha permitido a los medios convertirse en un elemento indispensable antes, durante y después de toda guerra. Ello ha estimulado igualmente la intoxicación mediática, preconizada por las fuerzas ocupantes, para imponer sus puntos de vista y convicciones. Por otra parte, algunos actores mediáticos piensan que la verdad, en la actualidad, es la primera víctima de la guerra, sobre todo después que Occidente adoptó la teoría que vincula al ejército y a los medios de comunicación.
Estados Unidos no se limita a la estrategia militar, sino que utiliza la guerra psicológica, la propaganda y los medios. El mejor ejemplo es el caso iraquí, en función del cual Estados Unidos movilizó todo tipo de medios de comunicación que sirvieran para justificar su ataque.
En el mundo árabe, la administración Bush puso en funcionamiento un sistema retransmisor «arabizado» como la cadena vía satélite «Al-hurra» y la estación de radio «Sawa». El objetivo de tal dispositivo es mejorar su imagen y propagar su modelo cultural y social. En vez de «Al-hurra», que significa «la libre», la mencionada cadena hubiera podido llamarse «la cadena de la ocupación».
Estados Unidos y el sionismo internacional se han convertido, gracias a su dispositivo mediático, en una parte de nuestra realidad política y cultural. Buscan una nueva justificación para la ocupación estadounidense en el mundo árabe-musulmán. Así, se hace indispensable que nuestros medios lleven a cabo reformas considerables para poder servir las causas de nuestra nación árabe.

«Cuando el exceso de “secretos” llega demasiado lejos»
Autor
Lee H. Hamilton
Fuente
Christian Science Monitor (Estados Unidos)
Referencia «When stamping ’secret’ goes too far», por Lee H. Hamilton, Christian Science Monitor, 22 de febrero de 2006.
Resumen Hace un año, el Congreso aprobó la Intelligence Reform Act. Esta ley se aplica desde entonces y se hace necesario superar la enorme burocracia de la que no logramos deshacernos, y especialmente la tendencia a la sobreclasificación de los documentos que los convierten en secretos. Existen actualmente 1 000 millardos de documentos clasificados como secretos y la tendencia es al aumento. Así, en 1994, fueron clasificados cuatro millones, contra 15 millones en 2003. En 2001, fueron desclasificados 100 millones de documentos contra 28 millones en 2004.
Numerosas autoridades consideran que el 50% de los documentos clasificados como secretos no deberían estarlo. Thomas H. Kean se sorprendió de que ciertos documentos con los que habíamos trabajado en la Comisión Investigadora sobre el 11 de Septiembre estuvieran clasificados como secretos. En la actualidad la divisa parece ser: «en caso de duda, clasificar como secreto». Sin embargo, la Comisión Investigadora sobre el 11 de Septiembre consideró que había que desarrollar el intercambio de información entre las agencias. Pensamos que hay que clasificar menos informaciones, pero proteger mejor las que están clasificadas y evitar las filtraciones. Por otra parte, demasiados secretos perjudican el debate público y por lo tanto dificultan el apoyo a las políticas en curso.
El secreto nos impide enfrentar los desafíos actuales.

«No es un secreto, la CIA hace política»
Autor
Danielle Pletka
Fuente
Los Angeles Times (Estados Unidos)
Referencia «It’s no secret: The CIA plays politics», por Danielle Pletka, Los Angeles Times, 21 de febrero de 2006.
Resumen Mientras hay una gran discusión acerca de la forma en que se utilizaron los servicios secretos para apoyar los argumentos a favor de la guerra de Irak, se ha debatido mucho menos el hecho de que la CIA también quiso influir en los medios para que rechazaran la guerra. Sin embargo, Michael Scheuer, el autor anónimo de Imperial Hubris, el ex diplomático Joseph C. Wilson IV y su esposa Valerie Plame o más recientemente Paul Pilar, todos han hecho uso de la palabra para denunciar la guerra de Irak en nombre de la CIA. Sus declaraciones demuestran que se trata de una organización política. Lejos de ser manipulada por los políticos, la agencia ha utilizado regularmente los medios para apoyar sus ideas políticas ante la opinión pública. Sin embargo, los políticos rechazan admitir la politización de la agencia.
En el caso de la guerra de Irak, dos comisiones investigadoras han demostrado que la CIA no fue influida por los políticos, sino que la politización partía del interior de la agencia. Ya en los años 90, ésta había organizado filtraciones para impedir un derrocamiento de Sadam Husein que no deseaba. Hoy, Pilar afirma que la agencia hizo bien en informar al público, pero en realidad lo que hizo fue en apoyo a su agenda política.
No hay que dejarse engañar cuando ocurran las próximas crisis.

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