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Tribunas y análisis - 11 de abril de 2006
El Likud ha muerto, ¡viva al Likud!
Análisis
Las elecciones legislativas israelíes del 28 de marzo de 2006 dieron la anunciada victoria a Kadima, el llamado partido centrista fundado por Ariel Sharon. Sin embargo, esta victoria no es tan importante como lo predijeran sus numerosísimos partidarios en los medios de comunicación.
Kadima obtuvo 29 escaños en la Knesset y el Partido Laborista 20. Es probable que ambos partidos formen la espina dorsal de la futura coalición en el poder, pero no disponen de la mayoría absoluta en la Knesset. Privado de numerosos cuadros que pasaron a engrosar las filas de Kadima, el Likud se desmorona y sólo obtiene 12 escaños, como el partido Shas, sefardí y ortodoxo. Les sigue Israel Beitenu, el partido de extrema derecha de los israelíes rusoparlantes presidido por Avigdor Lieberman. La Unión Nacional, partido nacionalista y religioso, obtiene nueve escaños y seis el partido «Judaísmo unificado de la Tora» (movimiento ultraortodoxo). El Partido de los Jubilados obtiene siete y cinco el Meretz. El Shinui ya no tiene representantes en el Parlamento y los partidos árabes israelíes acumulan nueve escaños.
Estas elecciones sólo movilizaron el 63% de los electores israelíes, la menor tasa de participación de la historia israelí en una elección nacional.
De estos resultados se hubiera podido deducir que el electorado israelí sigue estando fuertemente marcado por las cuestiones de identidad o por el voto comunitario o que los niveles records de abstención marcan una pérdida de confianza de los israelíes con respecto a una élite política ampliamente afectada por escándalos de corrupción. Los medios de comunicación dominantes escogieron mayoritariamente otro enfoque: Israel votó por la paz.
Esta frase o comentarios equivalentes se encuentran con bastante frecuencia en la prensa occidental. Esta certeza está basada en una imagen especialmente positiva de Ehud Olmert y de Kadima, presentados como los defensores de la única política «realista» para lograr la paz, y en la certeza de que no existe interlocutor árabe sobre el tema. Esta última representación había sido desarrollada contra Yasser Arafat y luego encontró un segundo aliento con la victoria de Hamas en las legislativas palestinas. Sin embargo, Ehud Olmert no promueve la paz sino la anexión de territorios y la separación total de árabes y judíos. Hamas ha declarado en varias ocasiones estar dispuesto a un cese al fuego indefinido en caso de un retorno a las fronteras de 1967, pero estos elementos no se toman en cuenta o son minimizados en los análisis de prensa. La política israelí es vista a través de un prisma bipolar que opondría los «pacifistas», que apoyan la política de retirada unilateral y que encuentran su perfecta encarnación en Kadima, a los «halcones», aferrados al sueño del «Gran Israel» y mediáticamente encarnados por el Likud desde la salida de escena de Ariel Sharon. Como Kadima ganó las elecciones y el Likud se desmoronó, la conclusión de los medios es que los israelíes votaron por la paz.
La redacción del diario de referencia de la izquierda israelí, Ha’aretz, apoya este enfoque en un editorial no firmado que compromete a toda el periódico. El periódico aboga porque la coalición que se constituya aplique escrupulosamente la política preconizada por Kadima y que la retirada de las colonias de Cisjordania más allá del Muro no sea sacrificada ni aplazada durante las negociaciones. Así, el periódico de las élites de izquierda israelíes brinda su apoyo ante todo al partido de Ehud Olmert y al programa implementado por el general Ariel Sharon.
El director del Centre Global Research in International Affairs (GLORIA) de la universidad interdisciplinaria de Israel, Barry Rubin, quien siempre ha apoyado Kadima y el «consenso nacional» que encarnaría, afirma en The Australian, que la victoria de Kadima es deslumbrante. Partiendo de ejemplos individuales seleccionados en su entorno, saca conclusiones generales y afirma que el partido fundado por Ariel Sharon ganó las elecciones porque reúne personas provenientes de diferentes horizontes pero que apoyan la política de retirada unilateral. Pasa rápidamente sobre los resultados menores que registró el partido en las elecciones en comparación con los pronósticos de los sondeos, afirmando que muchos de los electores laboristas son en realidad partidarios y Kadima que desean dar una coloración más social a la futura coalición.
Así, borra de un plumazo la existencia de electores israelíes que habrían votado por los laboristas aspirando a otra política que podría encarnar Amir Peretz. Este punto de vista demuestra una vez más que la franja pacifista de la sociedad israelí prácticamente no existe desde el punto de vista mediático.
El apoyo de la prensa dominante a Kadima redujo al mínimo el espacio de los que apoyan a los demás partidos.
La novelista israelí Alona Kimhi, quien se define como miembro del ala izquierda del Partido Laborista, lamenta en Le Figaro el tono de la campaña electoral. Aunque detesta al Likud, no la satisface su desaparición, pues Kadima ha ocupado su lugar. Lamenta la inexistencia de la izquierda israelí y deplora que «Occidente», obsesionado con el Islam, desprecie la situación de los palestinos y apoye a Israel desde todo punto de vista.
En el otro extremo, el ex administrador del U.S. Institute of Peace y director del violentamente antiárabe Middle East Forum, Daniel Pipes, se expresa airadamente en el New York Sun y en el Jerusalem Post contra el consenso alrededor de las propuestas de Kadima. Para él, la política de retirada unilateral es un medio de manejar a la oposición palestina, pero no de destruirla. El autor afirma que Israel está en guerra y que la guerra pasa por la destrucción del adversario. Poniendo al mismo nivel la política de evacuación de las colonias o la «democratización» de la Autoridad Palestina de la administración Bush, afirma que Israel sólo sobrevivirá si convence a los palestinos de que no hay otra opción sino aceptar la existencia de Israel, lo que debe hacer mediante la fuerza. Daniel Pipes considera que el único político que comprendió este enfoque fue el ex ministro israelí Uzi Landau, deplorando el lugar que ocupa en la candidatura del Likud, lo que no le permite ser electo a la Knesset.
Uzi Landau era el ministro de relaciones con los Estados Unidos del gobierno de Ariel Sharon.
Ningún analista parece dudar de que la coalición que se constituya en Israel proseguirá la política de fijación unilateral de las fronteras.
El teólogo cristiano ortodoxo, Heinz Gstrein, afirma en el Frankenpost que no debe contarse con una negociación israelí con los palestinos. Considera que el voto israelí traduce una voluntad de expulsar a los palestinos más allá del Muro y concentrarse en los asuntos internos. Para el autor, este rechazo a las negociaciones no es la paz. Este punto de vista es compartido por un periodista de Asharqalawsat, Nazir Majali, quien afirma que a partir de ahora la política de Ehud Olmert es simple: hacer imposible la negociación con los palestinos para justificar medidas unilaterales.
¿Pero aceptarán la comunidad internacional y los palestinos estas medidas unilaterales?
Shlomo Aronson, politólogo de la universidad hebrea de Jerusalén, asegura en Der Standard que Ehud Olmert, con gran costo, desplazará a las poblaciones de colonos al norte del Muro para reubicarlos en Cisjordania y fijar las fronteras de Israel. El autor sabe bien que los palestinos no lo aceptarán, pero Hamas tiene tan mala imagen que la comunidad internacional no pedirá a Olmert que negocie. Así será posible entregar a los palestinos territorios poblados por los árabes israelíes para hacer pasar mejor la píldora.
La ausencia de reacciones de la comunidad internacional y la aprobación de la prensa con que cuenta la política israelí indigna a los medios antisionistas.
Ex colaborador germano oriental en la OTAN, Rainer Rupp brinda su análisis de la situación en el periódico de izquierda alemán Junge Welt. Considera que el vocablo definición unilateral de las fronteras no es más que el nombre políticamente correcto para designar el robo de tierras palestinas con total desprecio del derecho internacional. Olmert, como Sharon antes que él, está reorganizando los asentamientos coloniales mediante el desmembramiento de las colonias difíciles de defender y la instalación de los colonos detrás del Muro en colonias que serán integradas al territorio israelí.
El periodista de Alhayat, Abdelwahab Badrakhan, comparte este punto de vista y asegura que esta política es la heredera ideológica del Likud. Es de la opinión de que las elecciones israelíes son una transformación únicamente nominal. El Likud decae, pero su ideología permanece con otras etiquetas. La política que seguirá Olmert es fruto del consenso de las élites políticas israelíes, definido éste por los militares. Para el autor, las etiquetas «izquierda», «derecha» o «centro» en Israel no tienen un significado real ya que todos los partidos políticos están de acuerdo en cuanto a la política a llevar a cabo contra los palestinos.
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11 de abril de 2006
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Países
Palestina/Israel
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«El papel histórico de Kadima»
Autor
La redacción de Ha’aretz
Fuente
Ha’aretz(Israel)
Referencia «Kadima’s historic role», por la redacción de Ha’aretz, Ha’aretz, 30 de marzo de 2006.
Resumen La primera conclusión que debe sacarse de las elecciones del martes es que la mayoría de los israelíes expresaron su gran falta de confianza con respecto al Likud de Benjamin Netanyahu. Este rechazo no está relacionado únicamente con su política exterior, sino también con su política económica. El éxito del Partido de los Jubilados muestra igualmente el peso del voto contestatario y la identificación de los electores con la difícil situación de los más antiguos. El Likud tendrá que reinventarse.
Otra conclusión del escrutinio es que el tiempo es corto, pero que la tarea a realizar es inmensa. La visión contraria del Likud en cuanto a la retirada fue derrotada, pero Kadima, el partido de esa retirada, tendrá que construir una coalición y las negociaciones serán difíciles. Ehud Olmert, en vísperas de las elecciones, declaró que no aceptaría en su gobierno partidos opuestos a la retirada unilateral, la razón de ser de Kadima. Sin embargo, las declaraciones de las últimas 24 horas indican que la retirada de algunas zonas de Cisjordania no tendrá lugar, algo perturbador, pues eso podría traer como consecuencia el retraso indefinido de dicha retirada.
La Knesset debe tranquilizar a los electores y fijar las fronteras de Israel.

«Las elecciones sellan el triunfo de la estrategia de Sharon»
Autor
Barry Rubin

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Barry Rubin es director del Centro Global Research in International Affairs (GLORIA) de la Universidad interdisciplinaria de Israel. Es redactor jefe de la Middle East Review of International Affairs y autor de The Long War for Freedom: The Arab Struggle for Democracy in the Middle East.
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Fuente
The Australian (Australia)
Referencia «Election seals triumph of Sharon’s strategy», por Barry Rubin, The Australian, 30 de marzo de 2006.
Resumen El primer ministro en ejercicio y heredero político de Ariel Sharon, Ehud Olmert, obtuvo un mandato fuerte. El Partido Laborista del populista Amir Peretz obtuvo el segundo lugar y lo acompañará en la coalición. Ahora bien, estas elecciones son ante todo una revolución.
Tengo amigos muy diferentes, como Gilad y Asher, que votaron por Kadima. Gilad es ashkenazi, proveniente de una familia de izquierda, educado en un kibutz y elector tradicional del Meretz, pero apoyaba con entusiasmo la política de Ariel Sharon y vota hoy por Kadima. Asher es sefardí, proviene de una familia de derecha y toda su familia vota por partidos religiosos, él vota por los laboristas, pero al comprobar el fracaso del proceso de paz, apoya ahora a Kadima. Otro de mis conocidos, Yonathan, es un militante del Likud, pero dejó de creer en el sueño del Gran Israel. A pesar de las trayectorias diferentes, todos han llegado a la misma conclusión.
Kadima no es un partido que reúne a indecisos o a decepcionados de otros partidos. Es un partido que encarna una alternativa. Incluso entre los que votaron por los laboristas, muchos han declarado apoyar a Kadima, pero que estaban convencidos de que este partido ganaría las elecciones y que por ello decidieron votar por lo laboristas, para dar una orientación más social a la coalición.
Desde que los palestinos y Siria rechazaron la paz propuesta por Israel en el año 2000 y tras cinco años de terrorismo, los israelíes han llegado a la conclusión de que el enfoque de las palomas no era el correcto. Sharon desarrolló una política de retirada unilateral que hoy continúa Olmert y que ha sido fortalecida por la llegada de Hamas al poder.

«La izquierda israelí es inexistente e ineficaz»
Autor
Alona Kimhi

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Alona Kimhi, novelista israelí de origen ucraniano, se define a sí misma como perteneciente a la izquierda de la izquierda israelí, incluso como «pro árabe». Es conocida por sus violentas posiciones contra el Likud.
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Fuente
Le Figaro (Francia)
Referencia «La gauche israélienne est inexistante et inefficace», por Alona Kimhi, Le Figaro, 26 de marzo de 2006. Texto adaptado a partir de una entrevista.
Resumen La campaña que se lleva a cabo actualmente en Israel prioriza la forma más que el contenido. Los partidos políticos prefieren entretenerse ante la televisión más que desarrollar su programa.
Los israelíes desean más seguridad sin que se mencione el tema de una potencial reconciliación con los palestinos. La palabra «paz» no está de moda. Para los simpatizantes de Kadima y de los laboristas, la prioridad es la seguridad de las fronteras, del país y resolver los problemas económicos. Ignoro cómo Kadima piensa arreglárselas para sacar a la tercera parte de la población de la pobreza, pero lo primero es la fragilidad de la seguridad interna.
El Likud representaba todo lo que yo detesto, y en ausencia de Ariel Sharon, parece moribundo. Kadima no es mucho más atractivo, se abre a todos los flancos, hasta la extrema derecha. La izquierda israelí es totalmente inexistente y bastante ineficaz por el momento. Su jefe, Amir Peretz, viene de una familia de obreros, es sefardí y no habla inglés. Nada de eso lo ayuda. Olmert tendrá que formar coalición con los partidos religiosos que con seguridad constituirán minorías que bloquearán reformas fundamentales.
Occidente está obsesionado por el Islam. Esta obsesión, este temor, por carambola, alimenta cierta simpatía hacia Israel. Sin embargo, la sociedad palestina también es digna de compasión. La comunidad internacional debería brindar más ayuda a la sociedad palestina, víctima de la pobreza, el desempleo y la desesperanza.
Ayudar a esa gente, calmar su frustración, contribuiría indirectamente a la paz en el Medio Oriente.

«Israel huye de la victoria»
Autor
Daniel Pipes
Fuente
Jerusalem Post (Israel)
Referencia «Israel Shuns Victory», por Daniel Pipes, New York Sun, 28 de marzo de 2006.
« Try victory», Jerusalem Post, 29 de marzo de 2006.
Resumen En momentos en que los israelíes se dirigen a las urnas, ninguno de los principales partidos propone ganar la guerra contra los árabes palestinos. Es una laguna chocante y peligrosa. Históricamente, una guerra se gana cuando una de las dos partes se ve obligada a renunciar a sus objetivos. Mientras los dos campos siguen creyendo que pueden obtener lo que quieren, los combates no se detienen o al menos pueden reanudarse.
Estos objetivos son simples, estáticos y binarios. Los árabes luchan para eliminar a Israel que lucha para que sus vecinos lo acepten. La intención de los primeros es ofensiva, mientras que la del segundo es defensiva. Los primeros son bárbaros, el segundo civilizado. Durante cerca de 60 años, los árabes que rechazan la existencia de Israel han utilizado diferentes medios: propaganda, ataques económicos mediante el boicot, terrorismo, amenaza con armas de destrucción masiva. Sin embargo, a pesar de sus esfuerzos, han fracasado. Israel es un país rico, poderoso y moderno, pero siempre rechazado por los árabes. Este semifracaso ha provocado un sentimiento de confianza en los israelíes moderados y un complejo de culpa en los israelíes de izquierda. En realidad, muy pocos israelíes se interesan aún en esta tarea inacabada: convencer a los árabes de aceptar la presencia permanente del Estado judío. Así, más que aspirar a la victoria, los israelíes han desarrollado una larga lista de enfoques que permiten manejar el conflicto, y todos ignoran la necesidad de vencer el rechazo de los palestinos. Todos tratan de llevar la guerra a un callejón sin salida en lugar de ganarla.
Quien único comprendió que Israel está en guerra fue Uzi Landau, pero ocupa el lugar 41 en la candidatura del Likud y tiene pocas posibilidades de ser electo. Además, se espera que el propio Likud obtenga menos del 15% de los votos, lo que demuestra hasta qué punto es impopular entre los israelíes la idea de ganar la guerra. Los israelíes deben prepararse y retomar el largo, difícil, amargo y costoso esfuerzo para vencer a los palestinos, y a otros, de que su sueño de eliminar a Israel ha muerto. Si los israelíes no lo logran será Israel el que muera.

«El muro en la cabeza»
Autor
Heinz Gstrein

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Investigador en religión, teólogo ortodoxo, especialista de las relaciones entre cristianos y musulmanes, y director de la institución G2W - Glaube in der 2. Welt (La Fe en el Segundo Mundo), de Zurich, Heinz Gstrein fue corresponsal de prensa durante varios años en el Medio Oriente e Irak.
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Fuente
Frankenpost (Alemania)
Referencia «Mauer im Kopf», por Heinz Gstrein, Frankenpost, 30 de marzo de 2006.
Resumen Privado de su carismático fundador, el partido Kadima no ha logrado convencer a muchos israelíes de su visión de la cuadratura del círculo judeo-palestino, entre política represiva e iniciativas de conciliación. Por otra parte, la oposición laborista tampoco ha convencido con sus promesas bastante unilaterales de seguridad y paz. El partido de Amir Peretz sólo aporta una sexta parte de los diputados, el Likud de Benjamin Netanyaou cayó al quinto lugar, después de otras formaciones nacionales y religiosas. Son ellos, así como el Partido de los Jubilados, los vencedores de estas elecciones, en un momento crítico en que, en el campo contrario, los palestinos han concedido la mayoría absoluta al movimiento radical islamista Hamas.
Estas elecciones demuestran por lo tanto que en la actualidad la mayoría de los israelíes –más allá de las diferencias políticas, y teniendo en cuenta especialmente el record de abstencionismo– está ante todo preocupada por las cuestiones internas y por la solución de los numerosos problemas sociales, y que prefiere relegar la cuestión palestina tras las altas murallas de concreto, abandonando a los árabes a su suerte, sin volver a verlos.
Esta «muralla en la cabeza» es actualmente, del lado israelí, un obstáculo para la paz como lo son los llamados a la guerra santa y al terrorismo por parte de Hamas, del lado palestino. A Olmert no debería costarle tanto trabajo formar un gobierno con una parte de la izquierda y otra de la derecha, pero no deben esperarse iniciativas de paz por parte de esta coalición.

«Las elecciones en Israel: por el partido centrista»
Autor
Nazir Majali

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Nazir Majali es periodista del diario Asharqalawsat y ex redactor-jefe del periódico comunista Al-Ittihad. Es analista de la política israelí para varios medios de comunicación árabes como Abu Dhabi TV y Al Arabiya.
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Fuente
Asharqalawsat
Referencia «الانتخابات الإسرائيلية: إذن.. فقد صوّتوا للوسط », por Nazir Majali, Asharqalawsat, 30 de marzo 2006.
Resumen El escrutinio de ayer permitió al partido «centrista» tomar el poder en Israel, un duro golpe para la derecha y la extrema derecha. El gran «Likud» se situó en quinto lugar, cediendo su lugar a dos partidos que niegan su pertenencia a la derecha, Kadima y el Partido Laborista.
Para algunos, los frutos de estas elecciones pueden parecer ficticios, dado que el ganador no parece dispuesto a cambiar la política israelí basada en la ocupación y en la humillación del pueblo palestino. Otros encuentran en el programa de Ehud Olmert, sobre todo en su segundo plan de retirada unilateral, una razón para rechazar todo lo israelí y alejar toda posibilidad de cooperación con el gobierno de Tel Aviv. Sin embargo, para los que desean comprender la sociedad israelí, este escrutinio refleja un desarrollo considerable en la política del Estado hebreo.
El ciudadano israelí confirmó su elección, la de seguir a su líder mítico, Ariel Sharon. Su mala reputación, ya sea en el seno de su partido o en el del gobierno que dirigía, no impidió la seducción de su pueblo, sobre todo después de su retirada de Gaza. Ahora bien, en su ausencia, nos preguntamos si su sustituto, Ehud Olmert, será fiel a esta vía.
Este último no tardó en mostrar su malicia, y recordó ayer al presidente de la Autoridad Palestina, Abu Mazen (Mahmoud Abbas), que los israelíes están dispuestos a renunciar a algunos de sus «sueños» y a compartir la tierra con los palestinos, pidiéndole que sus compatriotas adopten el mismo principio. Un rechazo a la propuesta israelí, según Olmert, puede provocar medidas unilaterales. El nuevo líder del gobierno israelí sabía bien que Abu Mazen y la OLP habían renunciado ya al sueño de una «Palestina completa» desde 1988, lo que quiere decir que el llamado de Olmert está destinado a Hamas y no a Abbas.
El líder actual de Kadima espera que los palestinos rechacen su propuesta, lo que le permitirá justificar, ante su pueblo y el mundo, que dio el primer paso y el gobierno de Ismail Haniyeh se negó a colaborar. De esta forma se verá obligado a optar por la política unilateral sin tener que pedir ni la opinión de Hamas ni la de la comunidad internacional.

«La política de las medidas unilaterales ha recibido un mandato claro»
Autor
Shlomo Aronson
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Shlomo Aronson es politólogo en la universidad hebrea de Jerusalén. Es conocido ante todo por sus investigaciones sobre la Shoa.
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Fuente
Der Standard (Austria)
Referencia «Ein Mandat für einseitige Grenzziehung und Sperrwall», por Shlomo Aronson, Der Standard, 30 de marzo de 2006.
Resumen El resultado más importante de estas elecciones es que la política de las medidas unilaterales de definición de la frontera y del levantamiento de una barrera de protección ha obtenido finalmente un mandato claro. Ya sea Kadima o los laboristas, todos se han comprometido a emprender medidas unilaterales y para ello han recibido una mayoría en la Knesset.
Olmert realizará su proyecto por etapas. Se ha comprometido a terminarlo antes de fin de la legislatura. Los pequeños asentamientos aislados –con cerca de 50 000 habitantes– serán disueltos. Olmert quiere que la gente sea reasentada en asentamientos mayores, lo que costará muy caro. La evacuación de la franja de Gaza y de sus 8 000 habitantes costó 11 mil millones de dólares. Eso da una idea del costo de la evacuación de una parte de Cisjordania, pero lo hará. A continuación se terminará el Muro de Seguridad alrededor de los asentamientos y se habrá terminado el asunto.
Claro, los opositores a esta política dicen que el proyecto de Olmert no aporta nada a Israel en materia de política exterior: ni los palestinos ni la comunidad internacional aceptarán estas medidas. Sin embargo, hay que comprender que ningún israelí aceptará volver a las fronteras de 1967 y abandonar Cisjordania. Si hacemos eso, el ancho de Israel no superaría los 20 km. La línea de demarcación de 1967 debe ser modificada mediante negociaciones y los asentamientos deben permanecer. A cambio, los palestinos obtendrán otras zonas pobladas por árabes, pero mientras Hamas esté en el poder, Olmert no tiene que preocuparse por negociar.
Europa debería presionar a los palestinos suprimiéndoles la ayuda. Una vez bloqueado el dinero, Hamas no tendrá más alternativa que cambiar su posición y reconocer a Israel. De lo contrario, dentro de un año habrá nuevas elecciones en los territorios palestinos y Al Fatah ganará de nuevo la mayoría, pues, sin el dinero aportado por Europa, Hamas no podrá cumplir sus promesas electorales.

«El robo de tierras como argumento electoral»
Autor
Rainer Rupp
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Rainer Rupp, ex colaborador de la OTAN en Bruselas, fue condenado a 10 años de prisión en 1994 por espionaje a favor de la RDA entre 1977 y 1989, período en el que entregó los planes de despliegue de los misiles de crucero en Europa. Fue liberado en el año 2000.
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Fuente
Junge Welt (Alemania)
Referencia «Landraub mit Ansage», por Rainer Rupp, Junge Welt, 30 de marzo de 2006.
Resumen Durante las elecciones en Israel, el partido Kadima fue a la pesca de electores prometiendo nuevos robos de tierras palestinas.
A fin de convencer a los indecisos y a los abstencionistas en este final de campaña electoral, Olmert y su partido Kadima hicieron hincapié en la implementación de su proyecto de definición de una frontera. El principal aspecto del plan de Ehud Olmert es un nuevo robo de tierras en detrimento de los territorios palestinos, ya reducidos al mínimo. Según el periódico británico The Times, los bulldozers israelíes ya han penetrado 20 kilómetros en la Cisjordania palestina para trazar, con la ayuda de bloques de hormigón y alambre de púas, la nueva frontera israelí.
Mediante la creación unilateral de dicha frontera, que representa una nueva violación flagrante del derecho internacional, Israel piensa apropiarse, mediante el hecho consumado, de una amplia franja de tierra que rodea las colonias del bloque de Ariel e integrarlas al territorio nacional de Israel. Para poner fin a la ruinosa ocupación del resto de Cisjordania, Olmert prevé la evacuación de las colonias situadas más adelante en el territorio palestino. Eso significa que 80 000 de los 250 000 colonos sionistas tendrán que ser reasentados tras la nueva frontera en los terrenos robados a los palestinos. La semana pasada, Olmert hizo comprender claramente que sólo aceptaría en su coalición gubernamental a partidos que se hayan comprometido a apoyar su nuevo plan de definición de las fronteras de Israel.

«El "likudismo" persiste»
Autor
Abdelwahab Badrakhan
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Abdelwahab Badrakhan es periodista del diario Alhayat. Es igualmente escritor y analista político.
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Fuente
Dar Al-Hayat (Reino Unido)
Referencia «الليكودية باقية», por Abdelwahab Badrakhan, Alhayat, 30 de marzo de 2006.
Resumen Los resultados de las elecciones israelíes muestran cambios notables en el plano político, en los programas de los partidos y en las prioridades del Estado. En cuanto al cambio de mentalidad, éste tomará mucho más tiempo, lo que prueba que la política colonial-terrorista, preconizada por el Estado hebreo, dominará mientras éste no sea un Estado pacífico en la región, como los demás. Dicho de otra forma, la paz no figura entre sus prioridades. Además, mientras sea el ejército el que elabore las políticas de Israel, los resultados del escrutinio no cambiarán gran cosa.
Benjamin Netanyahu condujo al Likud a una derrota merecida cuyas consecuencias no son aún predecibles, pero esta derrota no representa el final del veneno «likudista» en Israel, el cual llevó a que se cometieran los más atroces crímenes de lesa humanidad. Incluso si algún día desaparece el Likud, el «likudismo» seguramente sobrevivirá. Es una noción que remite a todo tipo de discriminaciones y barbaries, encarnada en el seno de sus simpatizantes en la Casa Blanca o en algunos países árabes. Este «likudismo» sobrevivirá a través de Kadima –hijo legítimo del Likud–, a través de la mafia rusa en el partido de Lieberman y, claro está, a través del extremismo religioso cuyos representantes ocupan una cuarta parte de los escaños de la Knesset.
El escrutinio no logró la sorpresa, dado que el ciudadano israelí no comprende todavía la regla del juego. No llega a distinguir entre un partido de derecha, del centro o de izquierda. Se trata de una confusión creada por los propios líderes.
Shimon Peres, por ejemplo, desde hace tiempo no muestra nada que precise su pertenencia a la izquierda, a la derecha o al centro. Por otra parte, ¿acaso existe una diferencia entre la izquierda, la derecha y el centro en Israel cuando todas las tendencias adoptan el asesinato de los palestinos como una política gubernamental y aplauden el pillaje de las tierras?
Más que nunca la comunidad internacional está llamada a precisar su posición con relación al plan de retirada unilateral escogido por el Estado hebreo para evitar cumplir los compromisos de la «hoja de ruta»; de lo contrario, ésta sólo servirá para enmascarar el complot mundial que sirve, evidentemente, los intereses de Tel Aviv y no los de la paz.

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