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Tribunas y análisis - 15 de mayo de 2006
¿Está Rumsfeld verdaderamente amenazado?
Análisis
Desde principios de abril de 2006, ex generales norteamericanos piden la renuncia del secretario de Defensa. Anthony Zinni, Greg Newbold, John Riggs, John Batiste, Paul Eaton, Charles Swannack, Paul K. Van Riper y Wesley Clark cuestionan la idoneidad de Donald Rumsfeld y critican su autoritarismo. Este clamor ha sido interpretado por una parte de la prensa internacional, y especialmente la europea, como una señal de debilitamiento de Rumsfeld, e incluso como un cuestionamiento global a la gestión de la administración Bush.
Es una posición que nos parece exageradamente optimista. La vemos como [el mismo tipo de fantasma que llevó a los círculos atlantistas europeos a ver, o al menos a presentar, a John Kerry como la solución a todos los males del imperialismo norteamericano representado de forma caricaturesca por George W. Bush. Traduce el malestar de los editorialistas para apoyar el belicismo estadounidense cuando este toma el rostro de Donald Rumsfeld. Sin embargo, estos estados mentales deben ser tomados como lo que son, y nada más. Los mismos periodistas que votaban por Kerry y describían a Bush como un iluminado se unieron a él desde el ya conocido resultado del escrutinio. No tardaron en tragarse su mordacidad y aplaudir al secretario de Defensa en cuanto tuvieron conciencia de la correlación de fuerzas.
Observemos que son raros los generales que cuestionan la acción de la administración Bush o la política exterior neoconservadora en su conjunto. La mayor parte se limita a un punto de vista estrictamente militar y considera que Donald Rumsfeld no es la persona adecuada para llevar a cabo la guerra en Irak o que ha cometido errores que justificarían su dimisión. La legitimidad de la guerra se debate de forma incidental, de ahí que pueda concluirse que la actual revuelta no tiene como objetivo determinar si debe haber o no una nueva guerra (en Irán o Siria), sino quién la conducirá desde el Pentágono.
Además, estas protestas no son nuevas. Anthony Zinni ya había estigmatizado la política de los neoconservadores (lo que le había valido ser tachado de antisemitismo por el periodista neoconservador Joel Mowbray). Wesley Clark, ex candidato a las elecciones primarias demócratas en las presidenciales de 2004, denuncia desde hace años y de forma regular la política de la administración Bush, no sin segundas intenciones electorales. Finalmente, a una parte del estado mayor no le gustan los proyectos de reforma del Pentágono deseados por Donald Rumsfeld y que resaltan cada vez más el empleo de las fuerzas especiales.
La multiplicación de los llamados a la dimisión en un corto lapso de tiempo da la impresión de un movimiento de una amplitud que antes no existía. Sin embargo, se trata de un efecto deformante de la prensa. No hay más contestatarios hoy que ayer en los ejércitos. La novedad es que tienen eco en la prensa, aunque la novedad es relativa ya que una alianza contra Rumsfeld entre militares y periodistas fue la que existió acerca de las torturas en la prisión de Abu Graib. En aquella época, hubo militares que se rebelaron e hicieron circular fotos en Internet durante meses antes de encontrar eco en la prensa. De pronto los editorialistas gritaron el escándalo y exigieron la renuncia del secretario de Defensa. En definitivas, Donald Rumsfeld salió fortalecido de la crisis: contra toda evidencia, negó haber dado la orden de recurrir a malos tratos, ampliando su política al punto de extender este tratamiento a las prisiones de Guantánamo y Bagram.
También esta vez, Donald Rumsfeld puede contar con quienes lo apoyan en los medios políticos y militares, y puede esperar aprovecharse de esta nueva crisis para alejar definitivamente toda crítica a su sistema de mando e imponer por fin las reformas que trata de implantar desde hace cinco años y que tanto trabajo le cuestan.
El ex general de Infantería de Marina, Michael DeLong, acude en su ayuda en el New York Times, donde presenta a Donald Rumsfeld, de quien fue consejero militar, como alguien decidido y con determinación. Rechaza las acusaciones de autoritarismo y afirma que escucha a sus subordinados. El autor afirma que las críticas sobre la guerra de Irak son infundadas y provienen de personas que tenían la posibilidad de variar la política llevada a cabo en Irak cuando estaban en servicio. Asegura que el principal problema vinculado a la situación posterior a la invasión tiene su origen en falsificaciones de información que emanan de los exilados iraquíes que han falseado el análisis del Pentágono. Este último argumento es una justificación clásica de los partidarios de la guerra desde que la excusa de las armas de destrucción masiva quedó sin efecto. La misma consiste en hacer recaer toda la responsabilidad de la intoxicación a la opinión pública estadounidense sobre los exilados iraquíes que mentían en sus testimonios sobre la existencia de estas armas, presentándolos como actores políticos autónomos que mentían para servir sus propios intereses y no como agentes de desinformación retribuidos por los servicios secretos norteamericanos o el Pentágono.
El ex secretario de defensa de Richard Nixon, Melvin R. Laird, así como el ex general de la Fuerza Aérea norteamericana, Robert E. Pursle, comparten ese punto de vista en el Washington Post. Allí denuncian la actitud de los generales que, en el mejor de los casos, sólo ven un lado del problema y no entienden nada de la estrategia global del secretario de Defensa o, en el peor, buscan chivos expiatorios que los cubran ante las dificultades que enfrentan. Para los autores, es evidente que los generales tuvieron la posibilidad de expresarse frente a Donald Rumsfeld, por lo tanto también son responsables de los problemas en Irak.
Este último argumento que presenta a los ex generales que critican a Donald Rumsfeld como individuos preocupados por encontrar un chivo expiatorio civil para exonerar mejor al ejército de sus errores es frecuente en la prensa estadounidense.
El editorialista neoconservador de Los Angeles Times, Max Boot, considera que injuriar así a Donald Rumsfeld es un ardil de los militares para que se olviden sus propios errores. El analista militar del Center For Strategic & International Studies, Harlan Ullman, también considera en el Washington Times, que las críticas de los generales son inapropiadas y que los errores en Irak son colectivos.
Este punto de vista no es compartido únicamente por los partidarios tradicionales de la Casa Blanca ya que incluso el ex coronel del ejército norteamericano Andrew J. Bacevich, quien con frecuencia critica la acción del Pentágono, denuncia la hipocresía de la posición de los generales en Los Angeles Times.>http://www.latimes.com/news/opinion/commentary/la-oe-bacevich15apr15,0,4080791.story?coll=la-news-comment-opinions]. Por su parte, el editorialista del Washington Post, David Ignatius, exige, como los generales, la dimisión de Donald Rumsfeld, pero se distancia al afirmar que los generales son tan responsables como el secretario de Defensa por los problemas en Irak.
Inmediatamente después de enunciadas, las críticas de los generales son parcialmente invalidadas por las élites estadounidenses, de modo que no deberían poner en peligro la influencia del secretario de Defensa en el Pentágono.
Sin embargo, esto no impide que una parte de la prensa internacional sueñe con su renuncia. Es especialmente el caso de numerosos editorialistas de la prensa árabe.
La analista política libanesa Sahar Baasiri expresa en Annahar que Rumsfeld se ha debilitado. Considera que el hecho de que los generales salgan así de su reserva es un fenómeno raro en la historia de los Estados Unidos y por lo tanto tiene su importancia. Es de la opinión que esto constituye la prueba de que el método Rumsfeld ha fracasado y que en su caída podría arrastrar a la administración Bush en pleno, pues sólo su renuncia no permitiría restablecer la situación en Irak.
En Al Quds Al Arabi, el periodista palestino Jawad Albachiti predice que probablemente Rumsfeld pierda su puesto. Citando las declaraciones del secretario de Defensa sobre Irak, considera que sus palabras incoherentes y sus torpes justificaciones demuestran que se encuentra en estado agónico. Sin embargo, modera rápidamente su optimismo: la renuncia de Donald Rumsfeld no impedirá que los partidarios de Israel en el seno de la administración Bush o en el Congreso preparen un ataque contra Irán.
De forma general, todos los que intervienen en el debate reflexionan como si Donald Rumsfeld fuera un ministro como cualquier otro que el presidente puede cambiar en vísperas de elecciones para mejorar su imagen. Esto significa olvidar que desempeña un papel fundamental en el sistema de defensa de los Estados Unidos desde 1975 independientemente de las funciones políticas y empresariales que ha desempeñado. Ahora bien, durante estos últimos 30 años, ningún presidente se ha atrevido a desafiar al complejo militar-industrial sobre el que Rumsfeld ejerce un liderazgo incuestionable, y Bush no se lanzará por este camino únicamente para satisfacer los lloriqueos de algunos viejos uniformados.
Aunque la movilización de los generales retirados tenga más de batalla final honorable que de ofensiva victoriosa, los demócratas estadounidenses y sus aliados europeos se unen para impugnar la política llevada a cabo por la administración Bush con respecto a Irán. Fingen creer que hay militares que se rebelan contra el poder civil y se niegan a obedecerlo. Extrañamente, estos virtuosos demócratas brindan su apoyo a lo que erróneamente interpretan como un motín.
El 26 de abril de 2006, el International Herald Tribune, filial europea del New York Times, publicó dos tribunas en las que reclamaba una solución pacífica a la crisis.
El ex asesor de Seguridad nacional del ex presidente Carter, Zbigniew Brzezinski, estima que los Estados Unidos se aislarían en la arena internacional, provocarían una crisis económica mundial y se empantanarían en el Medio Oriente. El autor teme un acto de hubris imperial que pusiera fin a la preponderancia estadounidense. Llama por lo tanto a la negociación con Irán y a una actitud tendiente a disminuir las tensiones.
El mismo día, un colectivo de ex ministros de Relaciones Exteriores (Madeleine Albright, Joschka Fischer, Jozias van Aartsen, Bronislaw Geremek, Hubert Védrine y Lydia Polfer), desarrolla un análisis similar. También ellos piden que Estados Unidos renuncie a un ataque a Irán y negocie directamente con Teherán.
Observemos que la elección del International Herald Tribune, diario difundido fundamentalmente en Europa, es una señal de que los demócratas y sus aliados europeos quieren hacerse oír en la población europea, más que tener un peso en el debate estadounidense.
Para concluir, observemos esta forma de las élites europeas de atraer la polémica a su favor al transformar una querella de poder interna en el complejo militar-industrial en un debate sobre la extensión de la guerra a Irán, lo que muestra el rechazo que les inspira el tener que apoyar una agresión contra este país si tuviera lugar. Por el contrario, muestran su incomprensión de los mecanismos de poder en Washington y su falta de interés por las reformas en curso. Entre otras cosas, Rumsfeld ha alterado el equilibrio e impuesto una preponderancia del Departamento de Defensa sobre el Departamento de Estado que podría poner en juego la vocación atlantista de las élites europeas.
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15 de mayo de 2006
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Países
Estados Unidos
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«Una incomprensión general»
Autor
Michael DeLong

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Michael DeLong fue general del Cuerpo de Marines. Junto a Noah Lukeman, es autor de Inside Centcom: The Unvarnished Truth About the Wars in Afghanistan and Iraq. Es vicepresidente de Shaw Environmental and Infrastructure International, presidente de Shaw Centcom Servvices y miembro del Consejo de Administración de Sykes Enterprise.
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Fuente
New York Times (Estados Unidos)
Referencia «A General Misunderstanding», por Michael DeLong, New York Times, 16 de abril de 2006.
Resumen Fui el número dos del Centcom desde el 11 de septiembre de 2001 hasta la guerra de Irak, período en el que me reunía con Donald Rumsfeld dos veces al día. Tras los llamados a su renuncia, creo que es mi deber decir algunas verdades sobre su persona.
Contrariamente a o que se ha dicho, Donald Rumsfeld escucha las opiniones contrarias a la suya, pero para convencerlo hay que dar muestras de convicción y brindar buenos argumentos. A veces es difícil dialogar con él, pero en la conducción de la guerra da la palabra a los generales. El general Myers y yo obtuvimos de él lo que considerábamos necesario.
La crítica de que no enviamos bastantes tropas a Irak olvida que tampoco podíamos quedar al descubierto en otros teatros de operaciones y poner nuestras tropas en peligro en otras partes del planeta. Hay que entender que en una guerra no se puede prever todo. Sadam Husein abrió sus prisiones, llenó las calles de criminales y eso tenemos que enfrentarlo nosotros hoy. Colectivamente, tomamos decisiones que hubieran podido ser mejores, lo que se debe en gran parte a que fuimos engañados por los análisis de los exilados iraquíes, pero eso no quiere decir que no previmos nada sobre el desarrollo posterior a la invasión.

«Por qué hablan ahora?
Autoras y autores
Melvin R. Laird , Robert E. Pursle

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Melvin R. Laird fue representante republicano por Wisconsin y secretario norteamericano de Defensa (1969-1973).
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Robert E. Pursle fue general de la Fuerza Aérea y asesor militar de tres secretarios de Defensa.
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Fuente
Washington Post (Estados Unidos)
Referencia «Why Are They Speaking Up Now?», Melvin R. Laird y Robert E. Pursley, Washington Post, 19 de abril de 2006.
Resumen Los ex generales que atacan a Donald Rumsfeld quieren hacer creer que el control civil en el Pentágono no ha tenido en cuenta la sabiduría militar durante la guerra de Irak. No es ahora cuando deberían brindar su contribución, sino cuado estaban en funciones. Según nuestras informaciones, al menos dos de los generales que han criticado la gestión de Donald Rumsfeld han tenido numerosas ocasiones para hacerse oír.
En realidad, estos generales tratan de evitar ser cuestionados ellos mismos acusando al poder civil de todos los errores. Los generales Richard Myers y Peter Pace, de la Fuerza Aérea norteamericana y del Cuerpo de Marines, afirman que los oficiales superiores no habrían sido tomados en cuenta, como las declaraciones de ex generales podrían hacer creer. Esto no quiere decir que Donald Rumsfeld no haya cometido errores, pero decir que los militares no tomaban parte en las decisiones es falso. Los generales acusadores sólo hablan de lo que conocen, no tienen la visión de conjunto que tiene el secretario de Defensa.
Tal actitud acusadora es peligrosa pues da la impresión a nuestros enemigos de que estamos casi al borde del fracaso y que somos débiles.

«Es un engaño»
Autor
Sahar Baasiri
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Sahar Baasiri es analista política libanesa y también periodista en el diario libanés Annahar.
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Fuente
Annahar (Líbano)
Referencia «إصطادوه», por Sahar Baasiri, Annahar, 19 de abril de 2006.
Resumen La polémica suscitada por algunos generales retirados estadounidenses que llaman a Donald Rumsfeld a renunciar prueba que este último encarna desde hace tiempo la imagen de un halcón herido, incluso si todavía planea sobre el Ministerio de Defensa. Continuar sobrevolándolo es indispensable para hacer frente a una fuerte controversia referente no sólo a algunos temas tabú, sino que pudiera definir la suerte de la administración Bush. La burla de Rumsfeld para con las numerosas críticas que le han hecho y el apoyo de Bush a su ministro de Defensa confirman esta angustia.
El caso de los generales es prácticamente el primero de su tipo, pues la subordinación de la institución militar a la autoridad civil es segura y el hecho de criticar esta autoridad no es frecuente incluso entre los retirados. Tal vez los generales faltaron a esta regla porque el Congreso republicano se negó a realizar audiencias referentes a la evolución de la guerra en Irak. Esto rompe con dos conceptos enraizados en la institución militar: quienes están en servicio no cuestionan y el ejército no interviene en política.
Las críticas de los generales referentes al método Rumsfeld y no a la guerra o a la autoridad civil del ejército han encontrado una gran audiencia. Observemos que la mayor preocupación de Rumsfeld antes de la guerra era confirmar sus teorías con relación a la fuerza militar moderna. El ministro de Defensa mantuvo esta visión, lo que lo llevó a ser el último en reconocer lo que llamó «rebelión» en Irak, negando siempre la existencia de un conflicto entre comunidades.
No necesitamos pruebas que confirmen la autenticidad de las críticas en cuestión, pero, ¿es posible la renuncia de Rumsfeld? A decir verdad, la misma ya ha tardado mucho.
La situación en Irak se le ha ido tan por encima a Rumsfeld que su dimisión no resolverá el problema. Si lo mantienen en su puesto, George W. Bush tendrá dificultades para recuperar su popularidad, la cual disminuye día a día debido al conflicto, mientras que su salida significará el anuncio de la derrota de Bush y su administración en el país del Tigris y el Éufrates.

«Rumsfeld se aparta del buen camino»
Autor
Jawad Albachiti
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Jawad Albachiti es escritor y analista político palestino. Es periodista y corresponsal de varios periódicos árabes como Al Sharq Al Awsat y Al Sabah.
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Fuente
Al Quds Al Arabi (Reino Unido)
Referencia «رامسفيلد يركب مركب الخطل», por Jawad Albachiti, Al Quds Al Arabi, 28 de abril de 2006.
Resumen A pesar de las numerosas pruebas que confirman el fracaso de su política en Irak, Donald Rumsfeld conserva su obstinación. Además,reconocer o no su derrota no le evitará perder su puesto. Peor aún, trata cada vez más de dar otra dimensión a este fracaso, llegando a considerarlo una victoria.
El ministro estadounidense de Defensa ya no distingue entre las causas y las consecuencias de la invasión. Incluso cuando ha logrado hacer esta distinción, sus respuestas son fantasiosas. Hace algunos meses lo interrogaron sobre las razones del mantenimiento de las fuerzas estadounidenses en Irak, a lo que respondió inspirado que estaban allí para impedir el desencadenamiento de una guerra civil. En la actualidad, enfrentando a quienes le piden la renuncia, Rumsfeld ha inventado una nueva respuesta: « Para vigilar de cerca al Irán nuclear con sus tendencias extremistas».
Si su razonamiento político fuera objetivo, Rumsfeld debería entender que la presencia del ejército estadounidense en Irak y Afganistán es la razón principal que incita a Irán a desarrollar sus capacidades nucleares. Hoy, al mostrar su debilidad en todos los planos, Rumsfeld habla de una política de «vigilancia» para con el régimen de los ayatolas.
Sin lugar a dudas, los partidarios del Estado hebreo en el Congreso y en la administración norteamericana, se unirán al secretario de Defensa adoptando su nueva teoría que justifica la presencia del ejército norteamericano en Irak. Pero sus partidarios acabarán por incitarlo a llevar a cabo una confrontación militar contra Teherán. En espera de este cambio de estrategia, Estados Unidos quizás reforzará su presencia militar para evitar una respuesta iraní.
Probablemente la confrontación militar conduzca a la creación de una zona similar a lo que fue Vietnam del Sur en el Norte de Irak y a Vietnam del Norte en el Sur del país del Tigris y el Éufrates.

«No ataquen a Irán»
Autor
Zbigniew Brzezinski
Fuente
International Herald Tribune (Francia)
Referencia «Do not attack Iran», por Zbigniew Brzezinski, International Herald Tribune, 26 de abril de 2006.
Resumen El anuncio iraní de una reanudación de su programa de enriquecimiento de uranio ha provocado una oleada de reacciones a favor de ataques aéreos preventivos urgentes por parte de los mismos que habían apoyado la guerra en Irak. Si hubiera un nuevo ataque terrorista contra los Estados Unidos, veríamos aparecer las acusaciones contra Irán a fin de atizar la histeria colectiva contra Teherán. Sin embargo, existen cuatro razones que deberían llevarnos a rechazar un ataque militar a Irán, a saber:
 En ausencia de pruebas de amenazas inminentes, el ataque sería un acto de guerra unilateral que haría de Estados Unidos, y de Israel en caso de complicidad de su parte, un fuera de la ley internacional. Por otra parte, si este ataque se realizara sin acuerdo previo del Congreso, la Casa Blanca sería culpable de un acto anticonstitucional que justificaría una medida de impeachment.
 La reacción iraní aumentaría las dificultades que tenemos en Irak y Afganistán. El Hezbolah retomaría la lucha armada y el conflicto contra un país de más de 70 millones de habitantes podría durar una década.
 El precio del barril de petróleo podría aumentar de forma vertiginosa, minando el crecimiento mundial y provocando una ola de descontento contra Estados Unidos.
 Estados Unidos sería aún más afectado por el terrorismo y se vería aún más aislado en la arena internacional. La era de la preponderancia estadounidense tendría un final prematuro. Las experiencias vietnamita e iraquí demuestran que Estados Unidos, a pesar de su poderío, no puede vencer una resistencia nacional.
La agresividad de la que damos pruebas reúne el nacionalismo iraní y el fundamentalismo chiíta y fortalece el apoyo a Mahmud Ahmadineyad. Nuestra actitud estimula la intransigencia iraní. La negativa de Estados Unidos a negociar directamente, el financiamiento a la desestabilización de Irán y los rumores de envío de fuerzas especiales al territorio iraní no son acciones pertinentes.
La administración Bush debe repensar su estrategia poniendo en primer lugar los intereses estadounidenses. Es la prevención y no los ataques preventivos lo que hay que implementar. Hay que impedir que Irán fabrique la bomba, pero el mejor método es la negociación y la disminución de las tensiones. Debemos tratar de hacer del Medio Oriente una zona desnuclearizada.

«Hable con Irán, presidente Bush»
Autoras y autores
Madeleine K. Albright, Bronislaw Geremek, Joschka Fischer, Hubert Védrine, Jozias van Aartsen , Lydia Polfer

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Joschka Fischer es ministro alemán de Relaciones Exteriores (proviene del partido ecologista).
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Jozias van Aartsen fue ministro liberal de Agricultura (1994-1998) y luego de Relaciones Exteriores (1998-2002) de Holanda.
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Lydia Polfer fue ministra de Relaciones Exteriores de Luxemburgo.
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Fuente
Referencia «Talk to Iran, President Bush», por Madeleine Albright, Joschka Fischer, Jozias van Aartsen, Bronislaw Geremek, Hubert Védrine Lydia Polfer, International Herald Tribune, 26 de abril de 2006.
Resumen Nosotros, ex ministros de Relaciones Exteriores de Europa y Estados Unidos, estamos preocupados por las informaciones sobre la preparación de un ataque militar a Irán por parte de la administración Bush. Estas informaciones, aunque negadas por los responsables estadounidenses, nos alarman por recordarnos las que circulaban antes de la guerra de Irak.
Aceptamos el derecho legítimo de Irán a un programa nuclear civil bajo control internacional. Los dirigentes europeos han desplegado continuos esfuerzos para negociar una solución que permita el desarrollo energético de Irán sin dejar de asegurar el respeto a las normas de no proliferación. Lamentablemente, Irán se niega a aceptar los sistemas de control y la retórica amenazadora y chocante del presidente iraní preocupa a Israel y a muchos países.
Las negociaciones sólo han tenido un éxito parcial, pero el uso de la fuerza tendría consecuencias desastrosas. Incluso si los ataques impidieran que Irán desarrollara un programa nuclear durante cierto tiempo, de todas formas tendría medios de respuesta. Tal ataque perjudicaría aún más las relaciones transatlánticas y Estados Unidos se vería aislado. Deseamos impedirlo pidiendo a la administración Bush que negocie directamente con Irán según un modelo próximo al que se siguió con Corea de Norte. Estados Unidos sostiene ya conversaciones con Irán acerca de Irak y los dirigentes iraníes con quienes nos hemos reunido son favorables a la discusión sobre el expediente nuclear.

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