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Tribunas y análisis - 24 de julio de 2006
Del buen uso de la «democracia»
Análisis
Uno de los principales objetivos declarados de la política exterior de Washington y sus aliados es la propagación mundial de la «democracia». Con una exaltación mesiánica llena de amenazas el presidente George W. Bush hizo de esto el eje central de su segundo discurso de investidura. La promoción de la democracia se ha convertido igualmente en la justificación, a posteriori, de la invasión ilegal a Irak y en la justificación a priori de la mayor parte de los cambios de régimen con los que sueñan los más iracundos dirigentes estadounidenses.
El diario australiano The Australian reproduce fragmentos de un artículo del ministro de Relaciones Exteriores Alexander Downer, inicialmente publicado en el periódico del Partido Liberal australiano, en el que retoma los principales ejes retóricos de la vulgata «democrática» y reafirma su fe en la promoción de la democracia, en la que Australia participa tanto en Irak como en las islas Salomón.
Lamentablemente para Downer, parece que, como ya es costumbre en él, tuviera cierto retraso en cuanto a los conceptos de propaganda a la moda. En efecto, aún en julio de 2004, sostenía obstinadamente que Australia había participado en la guerra de Irak para privar a Sadam Husein de sus armas de destrucción masivas en un momento en que la administración Bush y el gobierno Blair ya habían renunciado a este argumento desligitimizado. En la actualidad, repite su fe en la promoción de la democracia en términos cercanos a los que utilizaba George W. Bush durante su discurso inaugural en enero de 2005 y que se encuentra dormido desde entonces.
Como lo hemos visto en lo referente a Irán, altos dignatarios estadounidenses recomiendan ahora un acercamiento más «realista» a los temas internacionales y sobre todo al objetivo del «cambio de régimen», corolario del discurso sobre la «democratización».
Haciendo frente a dificultades militares en Irak y sin poder contener el surgimiento de un eje Teherán-Moscú-Pekín alrededor de la Organización de Cooperación de Shangai, una parte de las élites washingtonianas, y especialmente de los diplomáticos del Departamento de Estado, revisa sus ambiciones, moderándolas, o tratan de ganar tiempo, esperando encontrar más tarde una oportunidad que les permita lograr sus fines. Así, de lo que se trata ahora es de negociación con Teherán o de discusiones directas con Pyongyang, e incluso del retorno a los principios del retorno al derecho internacional.
Esta actitud provoca la ira de los extremistas que acusan a la administración Bush de traicionar los objetivos de «democratización» que se había trazado.
Los dos investigadores del think tank neoconservador American Enterprise Institute, Danielle Pletka (ex directiva del Committee for the Liberation of Iraq) y Michael Rubin (ex asesor de Donald Rumsfeld y de la Auitoridad Provissional de la Coalición en Irak), se lamentan en Los Angeles Times del giro tomado por al democracia estadounidense. Son de la opinión de que bajo la conducción de Condoleezza Rice, Washington se convierte al «realismo» y abandona la «democratización» del Medio Oriente, uno de los objetivos de los neoconservadores. Deploran la falta de apoyo de la administración Bush a los disidentes chinos y la falta de presión sobre Egipto, Líbano, Siria o Corea del Norte.
Ambos autores son imitados en el International Herald Tribune por Amr Hamzawy y Michael McFaul, de la Carnegie Endowment for International Peace (M. McFaul es igualmente miembro de la National Endowment for Democracy). Los dos se concentran en el tema egipcio y los irrita lo que consideran suavidad por parte de la administración Bush. Acusan al régimen de Hosni Mubarak de volver atrás en cuanto a los avances democráticos obtenidos bajo la presión estadounidense y piden a Washington que a partir de ahora condicione la ayuda financiera a una liberalización del régimen. Hamzawy retomará las líneas fundamentales de este argumento en una tribuna publicada únicamente con su nombre en el Daily Star (filial del New York Times como el International Herald Tribune) extendiendo su lógica no sólo a Egipto sino a los demás países del «Gran Medio Oriente» y afirmando, según la vulgata bushiana, que favorecer las autocracias árabes es hacer el juego al islamismo.
Así las cosas, se imponen algunas aclaraciones. En primer lugar, podría pensarse que asistimos a una manifestación de cólera de demócratas idealistas que desean que la libertad y la democracia se desarrollen por doquier en el mundo y los entristece que las promesas de George W. Bush no hayan sido cumplidas. No es este el caso.
La neolengua en vigor en Washington ha transformado la palabra «democracia» en un argumento justificativo de su política. Como escribía Jeane Kirkpatrick en su famoso artículo de 1979 «Dictatorships and Double Standards» publicado en la revista Commentary: «Aunque la mayor parte de los gobiernos del planeta sean, como siempre lo han sido, autocracias de un tipo u otro, ninguna tiene más influencia en los americanos educados que la de que es posible democratizar gobiernos por doquier, todo el tiempo y en cualquier circunstancia». Así, la lucha por la democracia ha sido el argumento que ha servido de objetivo oficial a la mayor parte de la política exterior estadounidense. En nombre del fortalecimiento de la democracia, Madeleine Albright y luego Condoleezza Rice han querido construir una «comunidad de democracias» que asegurará la preeminencia de Washington sobre sus aliados y servirá de base para un sistema internacional únicamente en beneficio de los Estados considerados «democráticos» por los Estados Unidos. Para los neoconservadores, el argumento democrático sirve de justificación para el derrocamiento de regímenes enemigos (ayer Irak, hoy Siria o Irán) o considerados no muy cooperativos (Egipto). Los regímenes instaurados en Irak o Afganistán demuestran que era más la docilidad que la democracia lo que se buscaba.
El presidente de la escuela de gobierno y dirección política de la universidad Bahcesehir de Estambul, y ex encargado de misión de la ONU, Adel Safty, recuerda además en el Gulf News que los autores de referencia de los neoconservadores no son demócratas. El analista retoma los textos de académicos que recuerdan la influencia de Leo Strauss y Carl Schmitt sobre la administración Bush y su ideología. Ambos ideólogos fascistas han desarrollado un pensamiento que hace de la existencia de una amenaza exterior un requisito para el orden político estable. Así, el discurso democrático de la administración Bush no es más que un barniz dado especialmente por Nathan Sharansky que viene a superponerse a problemáticas ajenas a la real democratización, ya que supone que los pueblos «democratizados» vean su soberanía sometida al control de un país extranjero.
De este modo, no deben comprenderse las quejas de los neoconservadores como una voluntad de promoción de la democracia sino como la manifestación de una decepción en cuanto a los resultados obtenidos por la administración Bush y a una guerra de clanes en su interior.
Veamos sin embargo que los neoconservadores han recuperado la esperanza con el ataque israelí contra el Líbano, lo que analizaremos en otro artículo.
Sin embargo, esta omnipresencia de la retórica «democrática» ha contaminado el debate sobre la acción de los Estados Unidos en el mundo. Es frecuente ver editorialistas de la prensa dominante occidental interrogarse sobre lo bien fundados de los métodos de la administración Bush teniendo en cuenta su objetivo, que era, no lo dudaban, la democratización del mundo. Esta ceguera no es únicamente de la prensa occidental.
Así, en el periódico saudí Arabrenewal, el escritor y periodista de la misma nacionalidad Ossama Abdelrahmen no cree en el concepto de democratización del «Gran Medio Oriente» escenificado por los Estados Unidos. No obstante, el autor considera que Estados Unidos tiende a imponer mediante las armas una forma de democracia calcada del modelo estadounidense que no es conveniente para el mundo árabe. No cuestiona la voluntad de Estados Unidos de «democratizar» a los países árabes y pierde de vista la orientación colonial del proyecto.
¿Acaso las protestas neoconservadoras manifiestan la pérdida de influencia de esta corriente de pensamiento en Washington? Lamentablemente no, responde el analista panárabe, Patrick Seale, en el periódico sirio Syrianobles. Considera que la política exterior de Washington sigue marcada por el sionismo extremista de los neoconservadores que mantienen su influencia mediante los think tank de Washington, de modo que la influencia «moderadora» de la Srta. Rice sólo sería una ilusión.
Por nuestra parte señalaremos que las críticas acerbas de los neoconservadores apuntan, como acostumbran, al Departamento de Estado. En el primer mandato de George W. Bush hicieron a Colin Powel su chivo expiatorio, papel que corresponde ahora a Condoleezza Rice. Sin embargo, los neoconservadores critican ahora también al propio presidente. Esta extensión puede ser interpretada como una maniobra coordinada con la administración Bush para llevar su política al extremo, aunque también puede expresar un arrebato teórico propio de este tipo de ideología y, en este caso, provocar el alejamiento de los neoconservadores.
Red Voltaire
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24 de julio de 2006
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París (Francia)
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Temas
Ideología de los neoconservadores
Autores y fuentes de las Tribuna y análisis
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«Proseguir la batalla contra la tiranía»
Autor
Alexander Downer
Fuente
The Australian (Australia)
Referencia «Carry on the battle to conquer tyranny», por Alexander Downer, The Australian, 13 de junio de 2006. Texto tomado de un fragmento del artículo de Alexander Downer en el periódico del Partido Liberal australiano.
Resumen Aunque con frecuencia presenten un aspecto lacónico, los australianos defienden con pasión sus valores. Deseamos la difusión de la democracia y la libertad, pero quizás lo expresamos con un tono menos nacionalista que los Estados Unidos.
Australia es una fuerza activa en la difusión de la libertad, por la que hemos combatido tanto en el pasado como ahora. No se trata sólo de una lucha idealista, sino que mejora considerablemente la vida de la gente. En esta guerra por la democracia obtuvimos una gran victoria a finales de la Guerra Fría, pero hoy nos enfrentamos a un nuevo enemigo con los extremistas terroristas que desean crear regímenes como el de los talibanes. Nuestra libertad está en juego y para defenderla debemos promover la moderación contra el extremismo. Ahora bien, el extremismo nace como reacción al autoritarismo.
Los baños de sangre, la corrupción y el caos precedieron el surgimiento de los talibanes. En el Medio Oriente son muchos los regímenes represivos. En Irak derrocamos un régimen represivo para instaurar una democracia como también la hemos favorecido en las islas Salomón.
Actuamos así por altruismo, pero también por interés pues de ello depende nuestra seguridad.

«La doctrina tiránica»
Autoras y autores
Danielle Pletka, Michael Rubin
Fuente
Los Angeles Times (Estados Unidos)
Referencia «The tyranny doctrine», por Danielle Pletka y Michael Rubin, Los Angeles Times, 26 de mayo de 2006.
Resumen La semana pasada Condoleezza Rice anunció el reinicio de las relaciones diplomáticas con Libia, lo que marca el fin de 25 años de bloqueo diplomático, pero también el fin de la doctrina Bush. En su segundo discurso de investidura, George W. Bush afirmara que la supervivencia de la libertad en nuestro país dependía de la propagación de la libertad en el resto del mundo. Sin embargo, desde dicho discurso a la fecha, la administración Bush ha visto sin reaccionar cómo Egipto anula sus elecciones y el final de la revolución del cedro en el Líbano. Abandona a los disidentes chinos y busca un tratado de paz con Corea del Norte.
La democratización ha sido abandonada en beneficio de un falso realismo en materia de guerra contra el terrorismo y de relaciones económicas. En Libia, el demócrata Fathi El Jahmi fue liberado dos semanas antes de volver a prisión. Bush manifestó su satisfacción por su liberación, pero no comentó su nuevo encarcelamiento.
Sin embargo, nada permite afirmar que Bush haya dejado de creer en lo que profesaba. Simplemente la administración Bush no parece dispuesta a tomar las decisiones dolorosas que exigen sus convicciones.

«Estados Unidos y Egipto: abandonar al doctrina de la libertad»
Autoras y autores
Michael McFaul , Amr Hamzawy
Fuente
International Herald Tribune (Francia)
Referencia «The U.S. and Egypt: Giving up on the ’liberty doctrine’», por Amr Hamzawy y Michael McFaul, International Herald Tribune, 3 de julio de 2006.
Resumen ¿Acaso ha abandonado el presidente George W. Bush su doctrina de la libertad? De Libia a Irán, pasando por Azerbaiyán, la administración Bush parece conceder menos importancia a la promoción de la democracia.
Hoy, en ninguna parte esta nueva indiferencia es tan notable como en Egipto.
El aparente cambio de actitud con respecto a Egipto es tanto más sorprendente por cuanto era sobre este país que la administración Bush ejercía la mayor presión. Durante su segundo discurso de investidura, el presidente Bush insistió con toda razón en la necesidad de expandir la libertad. Estados Unidos llevó a Hosni Mubarak a reformar su régimen y a aceptar elecciones, pero Mubarak concedió un mínimo mientras estuvo vigilado y posteriormente volvió atrás sin que la administración Bush reaccionara.
Por el contrario, Estados Unidos ha renovado su ayuda a Egipto, cuando en realidad debería condicionar esta ayuda a la liberalización. La actual política no favorece a la democratización, pues todos los autócratas árabes observan a Egipto con interés.

«Los hombres del presidente y su pensamiento fascista»
Autor
Adel Safty

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Adel Safty ocupa la cátedra de dirección de la UNESCO y preside la escuela de gobierno y dirección política de la universidad Bahcesehir de Estambul. Ha dirigido varias misiones de la ONU. Es el autor de From Camp David to the Gulf.
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Fuente
Gulf News (Emiratos Árabes Unidos)
Referencia «All the president’s men and their fascist minds», por Adel Safty, Gulf News, 18 de junio de 2006.
Resumen El ideólogo fascista norteamericano Lawrence Dennis afirmó en los años 30 que el fascismo era una visión del mundo que podía ser impuesta por un movimiento que no tenía necesariamente que incluir la idea fascista.
Tratando de comprender los fundamentos de la ideología bushiana, numerosos investigadores la han asociado a los pensadores fascistas. Los ideólogos que rodean a Bush expresan ideas fascistas sin necesariamente afirmar que lo son. Esta versión del fascismo está cruzada con fe mesiánica.
En 2004, Sanford Levinson escribió que el filósofo nazi Carl Schmitt era la verdadera inspiración del régimen Bush. Alan Wolfe, del Boston College, ha descrito a Schmitt como el verdadero gurú de la administración Bush. Para Jeffrey Steinberg, fue Leo Strauss, discípulo de Schmitt, el « padrino fascista de los neoconservadores». Strauss pensaba que ni la moral ni la ética tienen cabida en política y defendía un enfoque maquiavélico de la política interna y exterior. Era de la opinión de que el orden político estable supone un enemigo externo y si este enemigo o esta amenaza no existen, hay que fabricarlos. Strauss fue en Washington el profesor de Paul Wolfowitz y de Abram Shulsky.
A la de estos teóricos, hay que añadir igualmente la influencia de Karl Rove, también un maquiavélico, así como la de Natan Sharansky, un extremista israelí que influyó en el discurso de investidura de George W. Bush para una mayor agresividad y expansionismo.

«¿Qué quieren los Estados Unidos?»
Autor
Oussama Abdelrahmen
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Oussama Abdelrahmen es escritor y periodista del Arabrenewal. Es igualmente uno de los miembros del «Círculo de Desarrollo» en los Emiratos Árabes Unidos, donde es especialista en asuntos petroleros.
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Fuente
Arabrenewal (Arabia Saudita)
Referencia «ماذا تريد أمريكا», por Ossama Abdelrahmen, Arabrenewal, 11 de julio de 2006.
Resumen Desde la ocupación de Irak, algunos oficiales estadounidenses no han cesado de explicar que su país ha elaborado una estrategia tendiente a remodelar la región y que ello sale de las fronteras iraquíes. Así nació el proyecto del Gran Medio Oriente, lo que confirma que Estados Unidos tiene objetivos a largo plazo. ¿Qué busca en realidad la administración estadounidense? ¿Tiene como verdadero objetivo la democratización del Medio Oriente?
Claro que la administración Bush sabe que su alianza estratégica con la entidad sionista y su humillación de los pueblos oprimidos son las principales razones de su mala reputación en el mundo árabe.
Estados Unidos afirma haber iniciado la democratización del mundo árabe. Por supuesto que nuestros pueblos están hambrientos de democracia, pero no de la que preconiza la administración estadounidense, que imagina que su ejército podrá imponer su fórmula de la democracia sin ver reaccionar a los pueblos involucrados. Lamentablemente, el ejemplo de Irak prueba que los neoconservadores han logrado implementar su modelo «democrático».
Actualmente, Siria parece formar parte de la estrategia estadounidense de la democratización. Sobre todo porque Damasco se ha negado a colaborar con la administración Bush y a participar en la guerra de «liberación» y en esta «democratización» de Irak.
En el mismo contexto, parece que los neoconservadores han concebido ya lo que han llamado «proyecto de liberación de Siria» inspirado en el de Irak.

«Los neoconservadores ocupan aún la dirección en Washington»
Autor
Patrick Seale

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Patrick Seale es un conocido analista y autor sobre asuntos del Cercano Oriente. Colaborador habitual de Gulf News. Ha publicado obras acerca de la historia contemporánea de Siria y una biografía de Abu Nidal.
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Fuente
#Syrianobles
Referencia «المحافظون الجدد ما زالوا يديرون الأمور في واشنطن», por Patrick Seale, Syrianobles, 23 de junio de 2006.
Resumen Inmediatamente después del desencadenamiento de la guerra contra Irak, tuvimos la impresión de que los neoconservadores habían comenzado a perder terreno, sobre todo por las numerosas críticas que enfrentan.
También la cuestión del papel y la influencia del lobby judío israelí en la política estadounidense en el Medio Oriente ha vuelto a la palestra. Ahora bien, esta polémica surgió cuando los principales neoconservadores cambiaban de puesto. Así, Paul Wolfowitz, el arquitecto de la guerra contra Irak se apoderó del Banco Mundial. Igualmente Richard Perle, el teórico del uso de la fuerza para destruir a los enemigos de Israel fue apartado de su cardo de presidente del Consejo de Política de Defensa. En cuanto a John Bolton, fue nombrado embajador de la administración Bush en las Naciones Unidas, sin olvidar que todo el mundo pensaba que el nombramiento de Condoleezza Rice como secretaria de Estado en el segundo mandato de Bush reduciría el impacto nefasto de las opciones de Dick Cheney, Donald Rumsfeld y del propio George W. Bush.
Los analistas internacionales esperaban que el eje preconizado por los neoconservadores, considerando que los intereses de su país son los de Israel, fuera cuestionado, y es que Washington adopta una posición más equilibrada y neutral en el Medio Oriente.
Sin embargo, lamentablemente se ha visto que todas estas esperanzas y previsiones no tenían base, y esto por una única razón: los halcones pro israelíes han fortalecido su presencia en el seno de la administración Bush y han logrado, mediante institutos de investigación de derecha, reelaborar la política exterior estadounidense sobre todo en el Medio Oriente.
Durante su última visita a Francia, el primer ministro del Estado hebreo, Ehud Olmert, no ocultó su ferviente deseo de acabar con el gobierno de Hamas, una tarea confiada, entre otros, al neoconservador Stewart Levy, quien no escatima esfuerzos para cumplir el deseo del nuevo líder del partido Kadima.
Todas estas razones y muchas otras llevan a creer que Estados Unidos está lejos de revisar su política exterior bajo el régimen conducido por los neoconservadores.

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