El comandante Fidel Castro se restablece de la operación.
Foto cortesía Ismael Francisco, fotógrafo cubano.

En el calor tropical de Washington y esta ciudad, políticos, funcionarios de inteligencia y estrategas empresariales reinician el debate sobre qué tipo de intervención debería realizar Estados Unidos en una transición política en Cuba.

Mientras el mensaje oficial en Washington es continuidad con la misma política hacia Cuba, otros consideran opciones que incluyen desde usar esta coyuntura para acelerar el fin del régimen de Fidel Castro a otros que proponen evaluar entablar una relación con un régimen encabezado por Raúl Castro y hasta empezar a levantar el bloqueo económico.

Al parecer, después de 48 horas de incertidumbre sobre si había llegado «el momento», la conclusión de los encargados de inteligencia y analistas es que, por ahora, no hay algo llamado «transición».
Fuentes de inteligencia estadounidense consideran que lo anunciado por Cuba sobre el traslado provisional de poderes de Fidel a Raúl Castro fue sólo un «ensayo» para una futura transición.

«Esta fue una vuelta de prueba para su plan de transición, un ensayo», comentó un oficial de inteligencia al Washington Post. «Es una oportunidad para ellos para ver cómo funcionará. Están observando sus calles, barrios y lugares más allá para ver cómo reacciona la gente, los gobiernos extranjeros y los cubano-estadunidenses».

Pero si en verdad los cubanos estaban realizando un «ensayo», una de sus conclusiones sería que el gobierno de George W. Bush aparentemente fue sorprendido por el anuncio de Castro y no contaba con inteligencia previa sobre lo que ocurría en los círculos oficiales de la isla.

El senador republicano Robert Bennett se reunió hoy con Bush y al término del encuentro declaró: «el presidente comentó que todos fueron sorprendidos» por el anuncio de la condición médica de Castro. «Creo que todos nosotros podemos decir que no teníamos ni idea de que esto estaba por ocurrir», reportó la agencia Ap.

Hoy, la Casa Blanca y el Departamento de Estado reiteraron que Estados Unidos está «listo» para ofrecer asistencia a una «transición» que desmantele el régimen. Sin embargo, el vocero del Departamento de Estado, Sean McCormack, subrayó: «bueno, en este momento, no hay una transición. Tenemos planes listos para la eventualidad de que el pueblo cubano tome la decisión de una Cuba libre y democrática», en cuyo caso «Estados Unidos está listo si el pueblo cubano da una indicación de que está listos para esa transición a la democracia».

McCormack insistió en que el gobierno de Bush está preparado para apoyar una transición, como se establece en el informe más reciente de la Comisión por Asistencia a una Cuba Libre, en donde se programan 80 millones de dólares para apoyar y promover un cambio político poscastrista.

A pesar de que oficiales de inteligencia y voceros del gobierno de Bush han determinado que aún no es «el momento» que tanto esperan, eso no impidió que varios legisladores empezaran a buscar formas para una intervención. El líder de la mayoría del Senado, Bill Frist, junto con otros colegas preparan un proyecto que «toma ventaja de la incapacidad de Fidel Castro para promover medidas de construcción de sociedad civil y la transición a una Cuba democrática», según un resumen de la iniciativa que circuló en el Capitolio.

Por otro lado, se intensifica el debate sobre qué tipo de intervención sería la más efectiva en un periodo de transición en Cuba. Varios rotativos ofrecieron sus recetas en sus editoriales, y analistas y especialistas evalúan qué tan preparado o no está el gobierno estadunidense para intervenir.

Tal vez el más notable fue el del Wall Street Journal, que especuló que un gobierno encabezado por Raúl Castro podría imitar el modelo de China, abriendo la economía a la inversión extranjera y al sector privado cubano mientras intenta mantener un estricto control político.

«Si Raúl desea avanzar en esa dirección podría desear hacer algunos gestos conciliatorios a Estados Unidos, dejando a un lado la retórica antiestadunidense de su hermano y ofreciendo cooperación en asuntos bilaterales. Estados Unidos tendrá que estar preparado para responder. Un paso que ayudaría ahora sería revocar la ley Helms Burton de 1996 que estipula que un presidente estadunidense no podría levantar el embargo comercial mientras Fidel, Raúl o cualquiera que ellos hayan nombrado esté en el poder».

Aunque la Casa Blanca y líderes conservadores del exilio cubano en Miami han rechazado la opción de reconocer a Raúl Castro como nuevo interlocutor y considerar un cambio en la política estadunidense, políticos de ambos partidos, algunos especialistas y otros dirigentes cubanoestadunidenses señalan que la actual política estadunidense y leyes como la Helms-Burton limitarán o anularán la mano de Estados Unidos ante las posibilidades de un cambio en la relación bilateral y una transición política pacífica en la isla.

Por ejemplo, Brian Latell, ex oficial de la CIA encargado de América Latina y autor de Después de Fidel, dijo hoy que Raúl Castro «podría muy bien implementar reformas económicas internas significativas y hasta podría tener mejores relaciones con Estados Unidos; estoy convencido de que buenas evidencias indican ambas cosas».

El ahora analista del Instituto de Estudios Cubanos en la Universidad de Miami y en el Centro de Estudios Estratégicos e Internacionales advirtió, en conversación cibernética con el Washington Post, que «tenemos que estar dispuestos en este país a evitar cualquier intervención unilateral en los asuntos internos cubanos. También deberíamos estar preparados para otorgar asistencia a un futuro gobierno para construir y consolidar la democracia».

El New York Times, en su editorial «El principio del fin en Cuba», ofrece su receta para la respuesta estadunidense a una eventual transición, inclusive preparativos para enfrentar un enorme flujo de refugiados cubanos si ese gobierno se desestabiliza, y desalentar a cubanoestadunidenses a regresar a Cuba de manera «prematura» para demandar propiedad o puestos oficiales.

También recomienda que Washington considere establecer contactos con los sucesores de Fidel y Raúl Castro, «aun si tienen raíces en la dictadura», como también pensar en reducir el bloqueo comercial. Pero todo esto podría verse complicado por miembros de la comunidad cubana en Miami y advierte que «la política posterior a Castro no debería convertirse en peón de la política de refugiados en Miami».
El Miami Herald opinó que a pesar de la falta de información sobre lo que realmente ocurre con el liderazgo cubano, «gente de buena voluntad continuará esperando el día en que Cuba quede libre de la tiranía».

Sin embargo, «nadie sabe que sucederá cuando verdaderamente muera (Castro)», y considera que «líderes disidentes y movimientos populares podrían surgir inesperadamente, como en Europa oriental, para derrocar el gobierno estalinista. O no».

Mientras tanto, opina el editorialista, «aquellos de nosotros fuera de la isla deberíamos continuar apoyando a disidentes abogando por una transición democrática en el frente principal».

Es posible que nunca se haya dado un debate tan público, explícito y abierto en una nación sobre la mejor manera de intervenir en otra.

Fuente
La Jornada (México)