Red Voltaire

Cañada Honda: la resistencia

(Por: Érika Ramírez / Rubén Darío Betancourt, fotos / enviados)

En la normal de Cañada Honda el presupuesto para la alimentación se reduce a 47 pesos por alumna, al día. Originarias de diversas comunidades de San Luis Potosí, Durango y Aguscalientes, las más de 400 jóvenes de esta escuela pretenden impartir clases en las regiones de mayor miseria del país; sin embargo, el sistema educativo nacional, no les garantiza una plaza de trabajo.

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Cañada Honda, Aguascalientes. Muros de cantera amarilla resguardan a 434 mujeres que decidieron ser maestras en las zonas más pobres del país. La exhacienda José María Morelos o Casa Grande, como se le conoce, es ahora el internado de las alumnas de la Escuela Normal Rural (ENR) Justo Sierra Méndez, que apenas se alimentan con menos de 50 pesos diarios cada una. Desde 1980, la amenaza de que desaparezca esta escuela es latente. Bajo el mandato de Miguel Ángel Barberena Vega hubo un intento de desalojo por parte de las autoridades policiales. Luego en 1994, durante la gubernatura de Otto Granados Roldán, los habitantes del municipio impidieron que soldados entraran a las instalaciones de la ENR para sacar a las jóvenes de sus dormitorios.

Y es que las alumnas de la Cañada Honda se han caracterizado por exigir mejores condiciones de vida dentro de su escuela. La defensa de la educación gratuita y la oposición a la reducción de matrícula ha causado movilizaciones en las calles de Aguascalientes y paros de labores académicas. Actualmente, comentan las alumnas, prevalece un ambiente de negociación y diálogo, pero están dispuestas a “exigir lo que por derecho les corresponde, si es necesario”.

No obstante, en esta escuela las carencias son muchas: desde maestros que cubran los horarios completos de clases hasta, en ocasiones, medicamentos básicos para la atención de las alumnas. En la normal de Cañada Honda el presupuesto destinado a la alimentación se reduce a 47 pesos por persona, para cubrir los gastos de las tres comidas del día. Las instalaciones del área asistencial requieren mantenimiento: dormitorios, sanitarios, regaderas y cocina. La biblioteca no tiene suficiente material didáctico para el trabajo de las jóvenes y algunas zonas del área común lucen vetustas por la falta de pintura.

Orígenes humildes

Ana es originaria del municipio de Tanlajás, ubicado en la Huasteca potosina, donde los caminos son de terracería y el 80 por ciento de la población habla téenek. A sus 20 años, cursa la mitad de la licenciatura en educación primaria. La ENR es la única oportunidad que tenía para continuar con sus estudios. “Tanlajás es un municipio de extrema pobreza, donde el grado más alto de estudios que alcanzan sólo algunos jóvenes es la preparatoria. Las escuelas no están cerca y las oportunidades se limitan por los bajos recursos con los que sobreviven las familias”, dice.

En ese municipio, relata, la mayoría de las personas son obreros, jornaleros y agricultores. “Mi papá es campesino, toda su vida se ha dedicado a la tierra. Ahora mis dos hermanos también lo hacen”.

Ana es la única de su familia que pudo seguir con los estudios. “A pesar de que en esa región hay gente con ganas de salir adelante –dice– las oportunidades no existen. Ahí, la mayoría de las personas se alimentan de tortilla y frijol, muy pocas comen carne”.

Ante la desaparición de las normales rurales, como ocurrió con el Mexe, Hidalgo, la futura maestra dice: “Es injusto que desaparezcan, porque la educación hace falta. Hay muchas zonas en donde las personas no tienen donde estudiar y una normal siempre va a representar un apoyo para la mayoría de la población”.

Reconoce que en su escuela también hay “muchas carencias”, como la falta de espacio en los dormitorios, donde llegan a pernoctar hasta 40 alumnas de primer ingreso. “La comida está bien, pero nos gustaría que fuera mejor, porque hay muchachas con problemas de anemia y necesitan estar mejor alimentadas”.

Originarias de diversos municipios de Aguascalientes, Durango, Zacatecas, San Luis Potosí, Guanajuato, Jalisco, Guerrero y Distrito Federal, las más de 400 alumnas de la ENR tienen un bajo nivel socioeconómico, como Ana.

Alimentación “raquítica“

Aquí llegan las muchachas bien flaquitas”, dice Hermelinda Hernández, quien tiene más de dos décadas de trabajar en la ENR. A cargo de la cocina, desde hace ocho años y cinco más en el almacén, la mujer asegura que el presupuesto no es suficiente para alimentar a 434 “jovencitas que están estudiando”.

En el comedor de la normal, un salón grande donde las estudiantes hacen fila con charola en mano para que les sirvan una pequeña pieza de pollo en salsa, frijoles y tortillas, la mujer de 51 años dice que el alza de los precios en los alimentos ha afectado el presupuesto de la cocina de la normal de Cañada Honda, “por eso hemos tenido que ir reduciendo las porciones que les damos”. Y es que en este internado se preparan 60 kilos de carne diario, aproximadamente, y procuran aumentar los alimentos elaborados a base de harinas para satisfacer “un poco más” el apetito de las jóvenes. Las verduras no son de lo más consumido. “A veces se quedan con hambre porque no alcanzamos a preparar todos los alimentos necesarios, y no pueden servirse una segunda ración”, lamenta Hermelinda.

Este espacio también requiere ser remodelado. Las hornillas de las estufas ya no funcionan correctamente y desde hace varios años “truenan” por la acumulación de gas. “Están llenas de tizne y vivimos con el peligro constante de que nos exploten algún día”, dice la mujer que ha visto pasar más de 18 generaciones de estudiantes.

Además, ante la insuficiencia de utensilios y planchas para calentar algunos alimentos, “las muchachas se han tenido que adaptar a comer las cosas frías. Igualmente hacen falta charolas, aparatos electrónicos, ralladores de queso y carne molida”.

Héctor Joel Cervantes Castañeda, director de la ENR Justo Sierra Méndez, reconoce el deterioro de la escuela y dice que después de 71 años, algunos edificios requieren mantenimiento. “Los estamos arreglando poco a poco, terminamos uno y tenemos que irnos a otro, aunque lo que necesita la escuela es una remodelación”.

El área que más necesita reparaciones, expone Cervantes Castañeda, es la de los dormitorios. “Las instalaciones eléctricas e hidráulicas ya tienen bastante tiempo y generalmente nos dan mucha lata, incluso hay llaves de paso de agua que requieren una actualización. Nosotros les damos mantenimiento pero a los 15 o 22 días, estamos batallando otra vez”.

Carestía en materiales

En el consultorio también hay necesidades. A veces, dicen las alumnas, no hay medicamento para la atención básica, “sí lo traen, pero llega a tardar días”. Javier Muñiz Andrade, médico de la normal, acepta que “hay temporadas en que se requiere algún tipo de instrumental o curaciones, para brindar atención inicial en problemas de salud.

“Pero el instituto (de salud) ha procurado mantenernos con el nivel de medicamentos básicos y cuando pasan cosas más graves se les atiende en el Seguro Social”. El médico general dice que algunas alumnas ingresan a la normal con enfermedades como asma, diabetes o hipertensión, “pero son muy pocas”.

En la biblioteca, la humedad amenaza la permanencia de los pocos libros que hay en Cañada Honda. Ahí, los planes de trabajo que les sirven para preparar sus clases no son suficientes. Tampoco los libros de texto con que hacen sus trabajos y mucho menos los “libros del rincón”, como les llaman a los cuentos de literatura infantil que necesitan para su formación como docentes. Las mesas de trabajo y las sillas están desvencijadas, lo que no permite a las alumnas estar en un ambiente “óptimo” de estudio.

En existencia hay aproximadamente 200 planes de estudio para más de 400 alumnas. “A veces tenemos que fotocopiarlos –dice Zuyín, alumna de segundo grado–, pero no todas las compañeras pueden hacer ese gasto”.

Gerardo Barraza Chaparro, maestro de educación física, quien promueve que la enseñanza sea lúdica, dice que el mayor problema que tiene la escuela es la falta de recursos, como los tecnológicos: “Se están abriendo aulas inteligentes, pero no funcionan por falta de red; mientras que en la biblioteca se necesita bibliografía más moderna, ya que el material que tenemos es obsoleto”.

Falta de docentes

Héctor Joel Cervantes Castañeda, director de la ENR desde septiembre del año pasado, acepta que en esta normal hacen falta “maestros comprometidos” que respalden a las alumnas con sus actividades formativas, que se imparten a través de los módulos deportivos, de producción y artísticos.

En el patio central de la Casa Grande de Cañada Honda, Cervantes Castañeda –quien ha impartido clases en esta institución desde hace 10 años– explica: “Esta escuela es un internado de 24 horas. Las características de nuestras alumnas son muy diferentes a las de cualquier otro tipo de normal, porque ellas tienen una ideología muy definida: estamos formando maestras con sentido social y comprometidas con la educación popular”.

Flanqueado por alumnas de la institución, el profesor dice que ellos también tienen la “problemática” de cumplir con el plan de estudios que puso en marcha el Secretaría de Educación Pública en 1997, por la falta de docentes: “Un maestro que trabaja en una escuela normal tiene que estar arraigado de tiempo completo”.

Cervantes Castañeda lamenta que las ENR hayan ido desapareciendo con el paso de los años y que el proceso de desincorporación de estas escuelas del sistema educativo nacional continúe, ya que éstas “son la única oportunidad para muchas personas”.

Dice que actualmente hay una apertura por parte de las autoridades del Instituto de Educación de Aguascalientes, no obstante, “la historia cuenta que a mediados de la década de 1980 hubo una huelga y llegaron los soldados. La intervención de los mismos habitantes de la comunidad ayudó a que no entraran a la escuela. Es decir, los vecinos apoyaron a las muchachas en aquel entonces porque gracias a la normal se conoce Cañada Honda y varias de las actividades económicas de la zona dependen de lo que aquí se genera”.

Otro de los problemas que enfrentan las egresadas de esta escuela es la falta de plazas laborales. Al año, se titulan más de 120 alumnas.

Socialistas en el capitalismo

La normal de Cañada Honda parece desolada por la ausencia de casi 100 alumnas que salieron para realizar sus prácticas en diversos municipios de la región, donde los grados de marginación son altos.

Mientras las futuras maestras se alistan para educar a niños en escuelas multigrado o en aulas improvisadas, las que se quedan inician su día desde las seis de la mañana pendientes de las actividades de la cocina, en la limpieza de sus dormitorios y baños, así como en la preparación de sus materiales que llevarán a clases. Salen de sus dormitorios con el uniforme impecable, zapatos lustrados, cabello arreglado. Unas con mochila, otras con cuadernos en mano. Las jóvenes de esta escuela han sido tachadas de “grilleras” y “revoltosas”. Convencidas de formar parte de la Federación de Estudiantes Campesinos Socialistas de México, ellas mismas han pintado las imágenes de luchadores sociales como Ernesto Che Guevara, en los muros interiores de la Casa Grande. También frases como: “No podemos tener una revolución que no involucre y no libere mujeres”.

Zuyín, alumna del segundo año de la licenciatura en educación primaria, considera que la formación socialista que se ha impartido en estas escuelas desde el mandato de Lázaro Cárdenas es mal vista. “Sólo porque decimos lo que pensamos, nos han reprimido”.

Con la frase “educar para transformar” a sus espaldas, la joven, hija de padres campesinos, dice que “se tiene que cambiar la idea de que vivimos en un México analfabeta y por eso nuestra institución tiene características que nos hacen diferentes a otras normales del estado”.

En Cañada Honda las alumnas se organizan para atender los módulos de producción, en la siembra de maíz y alfalfa; así como a la crianza de cerdos, que les reditúa económicamente para solventar algunos gastos del área asistencial o en eventos del Día de la Mujer o del Maestro.

Ellas, dice, están educadas para ser capaces y competentes de estar en zonas marginadas: en la sierra o zonas muy alejadas, “a las que no llega muchas veces la educación”.

Oriunda de Durango, Isabel dice convencida que “la educación socialista nos enseña a ver el bien común, no buscamos bienes particulares. Siempre vemos que la sociedad esté beneficiada de igual manera, no somos revoltosos como se nos llama”.

“Cuando es necesario, pedimos lo que por derecho nos corresponde, tampoco vamos a ser víctimas de la ignorancia. A medida de que nos vamos educando aprendemos cosas nuevas y no es tan fácil que el sistema capitalista nos embabuque. No nada más sabemos hacer grilla, como le dicen, también tenemos cualidades y aptitudes, nos dedicamos a distintas cosas con el afán de ver por el bienestar”, agrega Guadalupe, también estudiante de la normal de Cañada Honda.

Revista Contralínea MéxicoFecha de publicación: 15 de junio de 2008 | Año 7 | No. 104

Presupuesto “suficiente”: IEA

Domingo Vila Pérez, director de Desarrollo Educativo del Instituto de Educación de Aguascalientes (IEA), asegura que la ENR de Cañada Honda “es una de nuestras fortalezas dentro de las instituciones formadoras de docentes”.

Con un presupuesto aproximado de 12 millones de pesos anuales para cubrir los gastos administrativos, académicos y del internado, Vila Pérez dice que los 47 pesos que son asignados a la alimentación diaria de cada alumna son “suficientes”.

“El presupuesto asignado es muy fuerte, ya que es una nómina de 105 trabajadores, de personal docente, administrativo y de servicios. Además, a las estudiantes el instituto otorga la alimentación, uniforme y traslado. La escuela está bien atendida porque el gobierno del estado se preocupa por darles todo lo necesario para su educación”, indica.

Para proveer de alimentos a las alumnas, explica, se llevan a cabo procesos de licitación que “cuidamos mucho”. Los 47 pesos invertidos en este rubro, comenta, “es de lo más alto, en comparación a lo que se asigna en otras normales rurales.

“Creo que es más que suficiente, ya que cada año revisamos este rubro con ellas y llegamos a acuerdos. De otra manera, la línea política que siguen las normales rurales nos provocaría un movimiento. Todo es acordado con el Comité Estudiantil de Cañada Honda y de esta manera, todo mundo vive en paz”.

Ante la denuncia de que las alumnas están limitadas en las raciones de comida, el funcionario argumenta que ese control lo llevan el director, el personal de la cocina y las estudiantes encargadas de la cartera de raciones: “Ellas (las estudiantes) están al pendiente de que se manejen eficientemente los recursos. A nosotros como autoridades no nos ha llegado ningún reporte en este sentido y no hemos escuchado ningún reclamo. A lo mejor quieren comer carne todos los días, pero hay un área, que ellas mismas señalan, que cuida la alimentación diaria. No están desatendidas”.

Ante el deterioro de las instalaciones de la normal, el profesor dice que el IEA invierte recursos cada año que no son suficientes porque la ENR está en el casco de una hacienda vieja: “Hay que recordar que estas escuelas surgen después de la Revolución Mexicana y sufren el deterioro natural de esos edificios, pero tiene un área anexa, que es la académica, más moderna”.

Vila Pérez asegura que en Aguascalientes no hay riesgo de que la normal desaparezca: “Siempre llegamos a buenos acuerdos con las estudiantes”. Muestra de ello, dice, en los últimos ciclos escolares no se han realizado movilizaciones. La formación socialista que tienen las alumnas, enfatiza, no afecta en nada los procesos académicos. “Hemos podido caminar juntos. Respetamos su ideología y ellas nuestros procesos académicos”.

La falta de fuentes de empleo, precisa el director de Desarrollo Educativo, “se debe a que Aguascalientes es muy pequeño y por eso desde principio de cada ciclo escolar las alumnas firman una carta que señala que el IEA no contrae compromiso alguno en la creación de plazas de trabajo.

“Desde hace tiempo, en la entidad no se generan recursos para nuevas plazas. Solamente se manejan aquellas, que por jubilación u otras situaciones, dejan en su momento los docentes. La mayoría de las egresadas tienden a migrar a sus estados de origen”, concluye. (ER)


Cañada HondaNombre: Escuela Normal Rural Justo Sierra Méndez Fecha de creación: febrero de 1936 Presupuesto anual:12 millones de pesos Alumnas: 434 Egresadas por año: 120 Beca de alimentación por alumna: 47 pesos diarios Nómina: 105 trabajadores Actividades productivas: siembra de maíz y alfalfa; crianza de cerdos


Formación de docentes en Aguascalientes

CAM (licenciatura en docencia tecnológica)

Centro de Estudios Normales de Aguascalientes

Escuela Normal de Cañada Honda

Escuela Normal del Estado de Aguascalientes

Escuela Normal Superior (para secundarias)

Universidad Pedagógica Nacional


2a quincena junio 2008

Calderón cede soberanía alimentaria / Excluyen a tiendas de abasto social de Vivir Mejor / Nepotismo de las familias Montaño y Cota / Playas de Sonora un negocio de los Bours / Sanciones a 78 funcionarios de Conaculta / Cañada Honda: la resistencia / Sergio Dorantes cerca de la extradición / Lydia Cacho: tiempo de canallas / La notoria baja de Calderón / Premeditadamente anticonstitucional / Una farsa, el apoyo a la economía popular / Guerrero: pobreza, cacicazgos y narcoviolencia

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