Red Voltaire
El golpe de Estado del 13 de mayo de 1958

Cuando el stay-behind puso a De Gaulle en el poder

Año 1958, la Francia de la IV República está empantanada en la guerra de Argelia. Ante la amenaza de un nuevo Frente Popular, conformado en la metrópoli por radicales, socialistas y comunistas, y la posible toma del poder en Argelia por parte del FLN, Estados Unidos opta por la intervención. Conforme al plan de una agencia estadounidense, varias redes de influencia ampliamente constituidas por ex colaboradores de la ocupación nazi y militantes de extrema derecha organizan un golpe militar en Argel, la caída de la República y el advenimiento del poder personal del general De Gaulle.

| Paris (Francia)
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El golpe de Estado del 13 de mayo de 1958

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1958, hace ya 4 años que una nueva guerra colonial se desarrolla en Argelia. En su intento de aplastar el movimiento argelino de liberación nacional, el gobierno francés de izquierda recurre al ejército, movilizando a reservistas y reclutas del servicio militar. Cuatrocientos mil hombres han sido enviados al combate con la vana esperanza de resolver un problema político por la vía militar. Después de la derrota francesa de Dien Bien Phu y de la pérdida de Indochina, de la independencia de Marruecos y de Túnez, la independencia de Argelia parece inevitable. En la metrópoli, la opinión pública es favorable a ella, pero ningún gobierno tiene en la Cámara de Diputados la mayoría necesaria para concretarla. Poco a poco, la idea de un nuevo Frente Popular comienza a imponerse. La alianza de radicales, socialistas y comunistas, en el seno de un mismo gobierno, garantizaría la estabilidad necesaria para poner fin a la guerra.

En Washington, el Consejo de Seguridad Nacional (NSC, National Security Council ve con inquietud esa posibilidad. En plena guerra fría, la entrada de los comunistas al gobierno francés amenazaría el equilibrio político en Europa occidental y podría desestabilizar, uno tras otro, a otros Estados aliados; amenazaría directamente la seguridad del comando de la alianza atlántica, instalado en suelo francés; comprometería el papel estratégico asignado a la fuerza francesa de disuasión nuclear, en plena formación, precisamente en momentos en que la transferencia de tecnología estadounidense permite prever una primera explosión experimental. Al abrirse el camino a la independencia de Argelia, se haría inevitable el ascenso al poder –como única fuerza política argelina– del prosoviético FLN, con el riesgo de que ese movimiento autorice a la URSS a instalar en el norte de África misiles estratégicos que apuntarían hacia Europa occidental.

Conforme a lo estipulado en la National Security Act del 26 de julio de 1947 [1] «en interés de la paz mundial y en interés de la seguridad nacional de los Estados Unidos», el Consejo de Seguridad Nacional estudia entonces las posibilidades de emprender una acción secreta tendiente a impedir la entrada de los comunistas al gobierno francés y la toma del poder en Argelia por parte de los marxistas del FLN. Las informaciones recogidas por la Central Intelligence Agency (CIA) reflejan la hostilidad de la alta oficialidad francesa al «abandono» de Argelia, así como el cansancio de la opinión pública. Los informes del «departamento de trucos sucios», sobrenombre de la Dirección de Planificación, indican que los agentes «stay-behind» reclutados en Francia, entrenados y financiados por los servicios secretos de la OTAN, tienen la capacidad necesaria para fomentar un golpe de Estado militar. El Departamento de Estado considera sin embargo que la instauración de una dictadura militar en Francia comprometería la imagen del «mundo libre». Al cabo de un proceso de consulta, el propio Departamento de Estado sentencia que un golpe de Estado sólo resolvería los problemas en Francia si el oficial o la junta en el poder autolimitaran su dictadura y restablecieran rápidamente las libertades democráticas en el seno de un régimen renovado que excluyera a los comunistas. Para dar orientación política a una posible junta militar, se cita el nombre de un general nacionalista, Charles de Gaulle, a quien el presidente Eisenhower había conocido cuando dirigía el gobierno de la Francia Libre en el exilio. Aunque los anglo-americanos lo mantuvieron al margen de las conferencias de Teherán y de Yalta, y más tarde del desembarco, Estados Unidos en definitiva había reconocido –in extremis– su gobierno en el exilio, lo autorizó a entrar en París antes que las tropas estadounidenses y lo puso a la cabeza de un gobierno provisional para que limitara la presión comunista. Pero De Gaulle, que no había construido aún su leyenda, fue rápidamente expulsado del poder por la vía de las urnas. En diciembre de 1947, los estadounidenses pensaron utilizarlo nuevamente y John F. Dulles [2] le hizo una visita para sondearlo sobre su participación en un posible golpe de Estado, en caso de producirse una victoria de los comunistas en las elecciones. Desde ese momento, el general espera su hora en su retiro de Colombey-les-Deux-Églises.

El general Dwight D. Eisenhower autoriza la ejecución del plan elaborado por el NSC (documento 5721/1 del NSC, emitido en 1957 [3]), y preparado por el Departamento de Planificación (ex OPC). Conforme al protocolo secreto del Tratado del Atlántico Norte, el presidente de los Estados Unidos decide comunicar –de forma oral– al presidente del Consejo de Francia [En aquella época ese era el título oficial del Jefe de Gobierno francés. NdT.], el radical Félix Gaillard, que la alianza atlántica está tomando las medidas necesarias para cerrarle el camino a un nuevo Frente Popular. Con esa misión envía a París un representante especial, el subsecretario adjunto de Cuestiones Políticas, Robert D. Murphy. Este último es recibido en la oficina del jefe del gobierno francés el 11 de abril de 1958. En compañía del embajador Amory Houghton, Murphy entrega a Félix Gaillard una carta sobre la situación en el norte de África [4] y le transmite un suplemento oral. Es poco probable que el jefe del gobierno francés haya entendido el significado exacto de aquel mensaje, quizás imaginó que se trataba de una simple operación de desestabilización contra el Partido Comunista. Los días 29 y 30 de abril de 1958, Estados Unidos convoca en París la primera reunión del Allied Coordination Committee (ACC) [5]. En el marco de esa reunión, los estadounidenses «desarrollan opiniones de política en materia de intereses comunes en cuanto al stay-behind». En resumen, reorganizan la red y hacen saber a sus aliados que los intereses comunes de la alianza atlántica exigen la intervención del stay-behind en Francia.

Las conspiraciones

En 1957-58, las redes stay-behind preparan la llegada de Charles de Gaulle mediante una serie de complots [6]. El más conocido es el denominado de la «Gran O». Lo dirige el general Cherriere (CR), fundador de las Unidades Territoriales –que cuentan con 22 000 reservistas. Para los complotados, el general Cherriere responde al nombre de código «Gran A» y el general Lionel-Max Chassin, presidente de la Asociación de Ex Combatientes de Indochina y coordinador de la defensa aérea de la OTAN para región Europa Central [7], se convierte en «Gran B». Chassin es además uno de los responsables del «Brain Trust Action», la célula de asesinatos de la red stay-behind. Los conspiradores son reclutados por el inevitable Doctor Martin, alias «Gran V», figura histórica de la «Cagoule» [8]. Hay entre ellos sindicalistas y varios oficiales de extrema derecha que disponen cada uno de sus propias redes en las filas de los ejércitos. El sargento Yves Gignac, secretario general de la Asociación de Ex Combatientes de Indochina, dispone de una organización de 28 000 miembros. Por su parte, el joven colono Robert Martel cuenta con militantes de la Unión Francesa Norafricana (UFNA), en la que él mismo ocupa el puesto de secretario general. El complot cuenta con una filial en Argel, a través de la ocultista Rolande Renoux. Según sus miembros, el objetivo de la «Gran O» es salvar el Imperio francés poniendo al ejército en el poder.

Ciertos oficiales superiores temen precisamente que una capitulación política les arrebate lo que consideran su victoria, como ya sucedió antes en Indochina, a su modo de ver. Estos oficiales superiores quieren gozar de plenos poderes en Argelia y obtener medios militares ilimitados para aplastar la rebelión. El general Jacques Massu reúne a su alrededor a los que piensan que el único capaz de aplicar esa política de firmeza es el general Charles de Gaulle. ¿Acaso De Gaulle no se mostró ya implacable, en mayo de 1945, cuando ordenó masacrar a las decenas de miles de soldados del norte de África que manifestaron en Sétif creyendo que, al luchar junto a él contra los fuerzas del Eje, se habían ganado el derecho a la libertad?

El teniente coronel Jacques Foccart se encarga de la coordinación entre «el» General y los diferentes grupos de conspiradores. El senador Michel Debré supervisa la propaganda, apoyándose esencialmente en el semanario de gran audiencia Carrefour de Emilien Amaury y Jean Dannenmüller [9] y en el boletín Le Courrier de la Colère de Jean Mauricheau-Baupré. El ministro de la Defensa, Jacques Chaban-Delmas, protege la actividad de los stay-behing, que se ha hecho ya visible.

Los estadounidenses estiman que ha llegado el momento de pasar a la ofensiva. El 30 de abril de 1958, Michel Debré declara: «Es hora de reaccionar y, después de los mejores siglos de la República romana, ya se sabe lo que significa reaccionar. El gobierno de Salvación Pública es la única fórmula moderna que define los muy antiguos mecanismos gracias a los cuales la Roma libre y orgullosa encontraba, en tiempos de crisis, un Cincinnatus [10] para confiarle, durante cierto tiempo y con poderes especiales, la tarea de hacer la política que, por debilidad interna o ante la gravedad de los peligros externos, los mecanismos habituales no podían imponer» [11]. Cuando el New York Times le pregunta a Charles de Gaulle si él puede apoderarse del poder, De Gaulle responde: «¿Por qué no? Ya di dos golpes de Estado en mi vida. En junio de 1940, cuando organicé nuestro movimiento en Londres, concreté un golpe de Estado. Y, en septiembre de 1944, di un golpe de Estado en París… Constituí un gobierno, yo era el gobierno».

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El golpe de Estado comienza en Argel

El 9 de mayo de 1958, el secretario de Estado John F. Dulles, en viaje entre Berlín y Washington, hace una escala de varias horas en París, no para entrevistarse con las autoridades francesas sino para sostener una reunión de trabajo con diplomáticos y generales estadounidenses en misión en Europa. Y transmite la orden de ejecución de la operación. Ese mismo día, el general Raoul Salan envía una advertencia al gobierno: «La prensa hace pensar que el abandono de Argelia se estudia por el proceso diplomático que comenzaría mediante negociaciones con vistas a un cese del fuego […] El ejército francés, de manera unánime, interpretaría como un ultraje el abandono de ese patrimonio nacional. Es imposible prever su reacción ante esa decepción».

El 13 de mayo, en Argel, un homenaje de los colonos a tres prisioneros ejecutados por el FLN se convierte en un motín.

Entre la multitud se encuentran dos especialistas de la subversión llegados directamente de París: Delbecque y Ousset. Leon Delbecque representa al ministro de Defensa, Jacques Chaban-Delmas, en cuyo equipo de trabajo ocupa un puesto como encargado de misión. Jean Ousset [12], al que muchos oficiales superiores reconocen como su inspirador, ha sido enviado por el secretario general permanente de la Defensa Nacional, Geoffroy Chodron de Courcel [13]. Ousset es además el fundador de la Ciudad Católica y el representante político del Opus Dei en Francia [14].

La multitud asalta y saquea el Palacio de Gobierno, echa abajo la estatua de la República. Los generales Jacques Massu y Raoul Salan, participantes del complot, se ponen a la cabeza de los amotinados. Los dos generales forman parte de los «duros» que dirigieron la «batalla de Argel» y generalizaron la tortura como medio de lucha contra el FLN. Desde el balcón del Palacio de Gobierno, anuncian la creación de un Comité de Salvación Pública, una especie de gobierno provisional. Después de un momento de vacilación, Salan renuncia más o menos al liderazgo político y lanza un llamado a De Gaulle. Entre los 34 miembros del Comité se encuentran Robert Martel y Leon Delbecque, anteriormente mencionados, y Pierre Lagaillarde, Joseph Ortiz, Claude Dumont así como el coronel Roger Trinquier, quienes desempeñarán en lo adelante, y por mucho tiempo, papeles de primer plano. Esa tarde, Massu envía un mensaje telegráfico al presidente de la República, René Coty: «Informamos creación Comité Salvación Pública Civil y Militar en Argel, bajo presidencia general Massu, debido a gravedad excepcional y necesidad absoluta preservación del orden, con objetivo evitar hechos sangrientos. Exigimos creación en París de un gobierno de Salvación Pública, único capaz de salvar Argelia parte integrante de la metrópoli».

El presidente Coty le responde: «[Como] Guardián de la unidad nacional, apelo a su patriotismo y su sentido común para no agregar a las dificultades de la patria una división entre franceses ante el enemigo […] Le ordeno mantenerse en [el cumplimiento del] deber bajo la autoridad de gobierno de la República Francesa».

El 15 de mayo, en Argel, una multitud corea «¡El Ejército al poder!». El general Raoul Salan muestra los naipes al responderle, desde el balcón del Palacio de Gobierno, «¡Viva Francia! ¡Viva la Argelia francesa! ¡Viva el general De Gaulle!». En París, los partidarios del Comité de Salvación Pública, gaullistas y fascistas del Partido Patriótico Revolucionario (PPR) y de Jeune Nation [15], desfilan codo con codo por los Campos Elíseos. Siguiendo al diputado Jean-Marie Le Pen, a la cabeza del cortejo, en el que se pueden ver tanto la cruz de Lorena como la cruz céltica [Durante la guerra, la “Croix de Lorraine” fue adoptada por el gobierno de De Gaulle, en Londres, como el símbolo de la Francia Libre mientras que la cruz céltica ha sido posteriormente un símbolo de la extrema derecha. NdT.], los manifestantes gritan «¡Argelia francesa!», «¡Los diputados al Sena!» y «¡De Gaulle al poder!». La seguridad de la manifestación está a cargo de la Asociación por el Llamado al General De Gaulle en el Respeto de la Legalidad Republicana (sic), creada por el stay-behind [16].

El 16 de mayo, el gobierno de Pierre Pflimlin, que acaba de formarse, no se atreve a adoptar sanciones contra los generales de Argel. Se limita a tratar de prevenir el efecto de contagio en el seno de las fuerzas armadas acantonando lo más lejos posible a los oficiales superiores que le parecen menos leales. También decreta la disolución de las ligas fascistas que acaban de desafiarlo: Jeune Nation y el PPR. Algunos dirigentes son detenidos, otros pasan a la clandestinidad. El abogado Jean-Baptiste Biaggi y Alain Griotteray, respectivamente presidente y secretario general del PPR, huyen a España y de allí viajan a Argel a bordo de un avión proporcionado por el «Caudillo» Franco. Logran ponerse en contacto con Massu, pero no con Salan, que no gusta de compartir la luz de los proyectores. Asimismo, los diputados Jean-Marie Le Pen y Jean-Maurice Demarquet tratan de llegar a Argel pero tampoco logran ver a Salan. Al regreso, hacen una escala en Andorra, para reunirse allí con uno de los jefes del stay-behind, Pincemain [17]. Mientras tanto, el Parlamento vota el estado de urgencia por tres meses. Se autoriza a los prefectos a prohibir la circulación e imponer toques de queda, así como a cerrar cualquier lugar de reunión e imponer arrestos domiciliarios. Se decreta la censura para la prensa escrita y audiovisual.

Aparecen los americanos

Para De Gaulle, la fruta está madura. En un comunicado, declara que: «El deterioro del Estado provoca inevitablemente el alejamiento de los pueblos asociados, el desconcierto del ejército en combate, la dislocación nacional, la pérdida de la independencia. Desde hace 12 años, Francia, inmersa en problemas demasiado arduos para el régimen de partidos, se ha visto sumida en este desastroso proceso. En el pasado, el país […] confió en mí para conducirlo en su conjunto hasta su salvación. Hoy, ante los obstáculos que de nuevo se alzan ante él, debe saber que yo estoy dispuesto a asumir los poderes de la República» (15 de mayo de 1958). Palabras que el diario L’Humanité resume en primera plana con el siguiente titular: «De Gaulle se quita la careta. El jefe de los generales sediciosos reclama el poder personal. ¡Abajo la dictadura militar! ¡Trabajadores, republicanos de todas las tendencias, únanse, actúen, organícense para acabar con todo intento de golpe de Estado! ¡Viva la República!» (16 de mayo). Mientras tanto, desde la tribuna de la Asamblea Nacional, el radical Pierre Mendes-France lanza un llamado «a la acción contra los hombres de la sedición a los que De Gaulle está dando su aval y su apoyo».

El fabricante de aviones Marcel Dassault abre un crédito a su apoderado, el general Pierre Guillain de Benouville, para garantizar las necesidades logísticas inmediatas. Benouville alquila un avión privado en Suiza y acompaña a Jacques Soustelle a Argel. Ex director de los servicios secretos de la Francia Libre [El gobierno de De Gaulle en el exilio, durante la ocupación nazi. NdT.], Soustelle se había hecho muy popular entre los colonos cuando fue gobernador general en Argelia, en 1955-56. Su intención es tomar el control de la dirección política del Comité de Salvación Pública, en nombre de De Gaulle. El conde Alain Le Moyne de Serigny, director de la publicación L’Echo d’Alger, les hace entrega de 10 millones de francos destinados al financiamiento del golpe gaullista.

El general Lionel-Max Chassin, ex coordinador de las fuerzas aéreas de la zona Centro Europa de la OTAN, coordina un misterioso Comité Nacional para la Independencia. Por orden de éste se crean Comités secretos de Salvación Pública en las ciudades francesas de Lyon (presidido por el general de cuerpo de ejército Marcel Descour), Burdeos, La Rochelle, Nantes, Angers, Estrasburgo y Marsella (presidido por Charles Pascua). El general Chassin llama a la constitución de comités similares en cada comuna y les ordena prepararse para apoderarse de las prefecturas. El mismo día 16 de mayo, Chassin reúne el estado mayor secreto del stay-behind en Lyon. Aunque se desconoce la identidad de los participantes, se supone que el jefe de zona del Gladio, Francois Durand de Grossouvre [18], haya estado presente en esa reunión. Chassin redacta un ultimátum dirigido al gobierno y posa para una foto de prensa [19]. El comunicado y la foto, en la que se ve a Chassin, en uniforme militar francés y con un casco americano, armado de una metralleta y rodeado de sus oficiales, se dan a conocer en Ginebra. Chassin dice estar listo para marchar sobre París a la cabeza de 15 000 hombres. Inquieto, el gobierno suizo le pide al general Lionel-Max Chassin que se comprometa a no interrumpir el aprovisionamiento de la Confederación Helvética a través del río Ródano.

La noticia sobre la implicación de los estadounidenses en el intento golpista circula rápidamente en las cancillerías del mundo entero, y siembra el pánico en el seno del gobierno francés, que inmediatamente prohíbe su difusión dentro del territorio nacional. Todos los periódicos que la publican son inmediatamente confiscados [20]. Se expide una orden de captura contra el general Chassin quien, según algunos diputados, parece haber establecido su cuartel general no lejos de Mont-de-Marsan.

El 19 de mayo, De Gaulle da una conferencia de prensa en el Palacio de Orsay. Sus organizadores son los stay-bahind de la Asociación por el Llamado al General De Gaulle en el Respeto de la Legalidad Republicana, que se habían encargado de organizar la manifestación de Le Pen en los Campos Elíseos. Un periodista interroga al general: «Algunos temen que, de regresar al poder, usted viole las libertades públicas». Respuesta: «¿Acaso lo hice antes? Por el contrario, las restablecí cuando habían desaparecido. ¿Creen que a los 60 años voy a empezar una carrera de dictador?»

La Asamblea Nacional se tambalea. Más que exigir la revocación y el arresto de los sediciosos, la Asamblea expresa su temor al votar una vaga moción de homenaje al ejército y prolonga los poderes especiales de los que ya disponían los generales para dirigir la guerra en Argelia. El gobierno titubea. Incapaz de actuar, se dispersa proponiendo una tardía reforma constitucional que le daría cierta estabilidad y una estructura colegial al estilo del Consejo Federal helvético.

Antoine Pinay, miembro del Opus Dei, explota la imagen pública de pacificador que de él tiene la opinión pública para presionar al gobierno, y más tarde al presidente de la República, tratando de que se pongan en contacto con De Gaulle. Con la agravación del peligro, los partidos y sindicatos de izquierda restauran su propia unidad. Movilizan así, en París, 5 000 manifestantes que marchan desde la Plaza de la Nación hasta la de la República al grito de «¡Alto al fascismo! ¡No a la dictadura! ¡Paz para Argelia!».

El Comité de Salvación Pública, por consejo de Jacques Soustelle, anuncia que extiende sus poderes hasta el Sahara y declara que «está firmemente resuelto a establecer un gobierno de Salvación Pública presidido por el general De Gaulle para promover y defender la profunda reforma de las Instituciones de la República». Decisión que Serigny expresa de forma más explícita a través de su periódico afirmando que el Comité va a «derrocar el régimen podrido».

El 24 de mayo, el presidente del Consejo, Pierre Pflimlin, se dirige a la nación a través de la radio: «Es mi deber alertar a los franceses amantes de las libertades que garantizan las leyes de la República. Algunos sediciosos tratan de arrastrarnos por una pendiente que conduce a la guerra civil. Sólo hay un medio de conjurar ese peligro: únanse alrededor del gobierno que [nos] defenderá contra todos los extremismos, contra todos los adversarios de la libertad –cualesquiera que sean–, [únanse alrededor de] el orden público, la paz civil y la unidad de la Nación y de la República». Pero ya es demasiado tarde. Toda alternativa creíble al golpe militar se ha esfumado. Nadie, ni a la derecha ni a la izquierda, parece ya capaz de encontrar una solución civil a la crisis.

El 26 de mayo, el Comité de Salvación Pública instaura un triunvirato que se compone de Massu, Soustelle y el doctor Sid Cara, éste último en el papel de representante musulmán. Provenientes de Argel, 250 paracaidistas del 11º regimiento de choque toman por asalto la prefectura de Ajaccio [en la isla francesa de Córcega]. A la cabeza de la unidad se encuentra el diputado Pascal Arrighi, quien había sido miembro –junto Biaggi y Griotteray– de la Red Orion bajo la ocupación [nazi]. Arrighi es portador de una orden del general Raoul Salan y al parecer obedece al estado mayor secreto del general Lionel-Max Chassin. Los paracaidistas instalan en Córcega un Comité de Salvación Pública copresidido por Pascal Arrighi y Henri Maillot, un miembro del consejo municipal que es a la vez pariente de De Gaulle.

El presidente Coty, ya sin más opción, se pone en contacto con De Gaulle, quien a su vez cruza el Rubicón. El 27 de mayo anuncia: «Ayer emprendí el proceso regular necesario para el establecimiento de un gobierno republicano capaz de garantizar la unidad y la independencia del país. Cuento con la continuación de ese proceso y con que el país demuestre con su calma y su dignidad su deseo de verlo concretarse […] Espero de las fuerzas terrestres, navales y aéreas presentes en Argelia que se mantengan de forma ejemplar bajo las órdenes de sus jefes. A esos jefes, les expreso mi confianza y mi intención de ponerme rápidamente en contacto con ellos».

La Asamblea Nacional retira la inmunidad parlamentaria a Pascal Arrighi y se expide contra él una orden de captura. Pero Arrighi encuentra asilo en el Vaticano, adonde lo conduce René Brouillet, embajador de Francia ante la Santa Sede, y donde lo recibe su hermano, Monseñor Jean-Francois Arrighi, administrador de los Piadosos Establecimientos de Francia en Roma.

El 28 de mayo se produce la renuncia del gobierno Pflimlin. De Gaulle se niega a comparecer ante la Asamblea para su investidura y exige que lo pongan en el poder sin que tener que someterse a un debate sobre sus intenciones. En carta dirigida al presidente Coty, De Gaulle amenaza: «Encuentro, del lado de la representación nacional, una decidida oposición. Por otra parte, yo sé que en Argelia y en el ejército, sin importar lo que yo haya podido decir, sin importar lo que pueda decir hoy, el estado de ánimo es tal que el fracaso de mi proposición puede echar abajo las barreras e incluso sobrepasar al mando […] Aquellos que, por un sectarismo que me resulta incomprensible, me impidan sacar nuevamente a la República adelante, cuando aún queda tiempo para hacerlo, tendrán que cargar con una pesada responsabilidad. En lo que me concierne, no tendré más que cargar, hasta mi muerte, con ese dolor».

En una entrevista concedida a la prensa británica, el general Jacques Massu declara: «Es el general De Gaulle quien decide si el ejército debe llevarlo al poder por la fuerza o no» [21].

Desorientados por los hechos, asustados por los disturbios y por el despliegue de tropas en París, los parlamentarios proclaman, sin debate, a Charles De Gaulle como presidente del Consejo [Jefe del Gobierno. NdT.] el 1º de junio. Son pocos los que se oponen a su investidura, como Pierre Mendes-France, quien declara: «A pesar de los sentimientos que albergo por la persona y el pasado del general De Gaulle, no votaré a favor de su investidura. No puedo admitir tener que emitir un voto bajo la presión de la insurrección y la amenaza de un golpe militar. Porque la decisión que va a tomar la Asamblea –todos aquí lo sabemos– no es una decisión libre, el consentimiento que vamos a dar está viciado».

Dos días más tarde, la Asamblea se autodisuelve: autoriza al general-presidente a hacer uso de poderes especiales en Argelia, le concede además poderes constituyentes y finalmente le concede plenos poderes por un periodo de 6 meses. Desde su tribuna, el presidente de la Asamblea lanza como un rimbombante «¡Viva la República!», antes concluir tristemente: «Próxima sesión, en fecha indeterminada». La IV República acaba de ser derrocada bajo la presión de las armas. No ha corrido la sangre, no se han desenvainado las espadas.

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Leon Delbecque (al centro), representante del general De Gaulle, y los miembros de los Comités de Salvación Pública de Ajaccio y de Bastia saludan al término de un discurso de Pascal Arrighi. No hay dudas de las intenciones de los conspiradores y del destino que éstos piensan hacer correr al país si el Parlamento se niega a aceptar la investidura de De Gaulle.
Censurada en Francia, esta foto se publicó en Italia acompañada de la inscripción “Se aprestan a marchar sobre París” (referencia a la marcha sobre Roma que permitió que Mussolini se apoderara del poder).

Ha comenzado el renacimiento de la Francia eterna: De Gaulle interrumpe la operación «Resurrección», nombre codificado del complot. El general de ejército Max Gelée llama de regreso a los paracaidistas, que ya habían despegado. Ya no hace falta que salten en paracaídas sobre la sede de la Asamblea Nacional para capturar a los principales líderes de la izquierda. Jacques Dauer suspende el movimiento de los comandos civiles que, agrupados y armados alrededor de Jean-Baptiste Biaggi y Alain Griotteray (PPR), de los hermanos Jacques y Pierre Sidos (Jeune Nation), de Alexandre Sanguinette y del coronel Paul Paillole (Club de Ex Miembros de los Servicios Especiales), que también estaban preparados para participar en el asalto.

De Gaulle trae de Roma al embajador René Brouillet y lo nombra secretario general del gobierno para Argelia mientras que designa a Geoffroy Chodron de Courcel como embajador ante la OTAN. Designa como director general de su gabinete a Georges Pompidou, director general del banco Rothschild. Para dar a su gobierno una apariencia de unión nacional incorpora, con honores pero sin carteras, a Guy Mollet (SFIO) y Pierre Pflimlin (MRP).

En julio de 1958, el secretario de Estado estadounidense, John Foster Dulles, llega a París para reunirse oficialmente con Charles de Gaulle. Dulles comienza la entrevista con una alusión al proyecto de complot que él mismo había preparado con De Gaulle en 1947, una forma elegante de recordarle a su interlocutor la existencia de secretos compartidos y de una relación desigual. Después, pasa en revista la situación y se asegura de que su interlocutor haya entendido bien lo que Estados Unidos espera de él, sobre todo en cuanto a la cuestión nuclear.

Poco después del regreso de Dulles a Washington, se reúne el Consejo de Seguridad Nacional (NSC). Este órgano se congratula por la llegada de De Gaulle al poder y el cambio de rumbo que ello implica. Después de oír el informe del general Lauris Nordstadt, el Consejo de Seguridad Nacional decide alinear la política de seguridad de los Estados Unidos en el Mediterráneo con la de Francia.

Nominaciones a puestos claves

El 4 de junio, De Gaulle viaja a Argel. Haciendo uso de la palabra desde el balcón del Palacio de Gobierno, dirige a los colonos su célebre «¡Yo los entiendo!». Y prosigue afirmando que: «En toda Argelia hay una sola categoría de habitantes: sólo hay franceses con todos los derechos». En Constantina se pronuncia de forma explícita por la Argelia francesa. Propone a los nacionalistas argelinos una «paz de valientes» a cambio de un esfuerzo a favor del desarrollo de Argelia. Desde Túnez, los nacionalistas le responden que lucharán hasta alcanzar la independencia de Argelia y crean un Gobierno Provisional de la República Argelina (GPRA) con vistas a negociar la retirada de las fuerzas coloniales.

El Comité de Salvación Pública, que se mantiene activo, insta a De Gaulle a instaurar un nuevo régimen y exige la supresión de los partidos políticos. «El» general, muy celoso en lo tocante a sus prerrogativas, responde con aspereza y apresura la autodisolución del Comité.

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Antes de regresar a los cuarteles, los militares cobran por los servicios prestados. El general-presidente decreta: «Ante la situación actual y excepcional en lo tocante al orden público en Argelia, la autoridad militar ejerce los poderes normalmente asignados a la autoridad civil». Promueve al general Raoul Salan al cargo de delegado general del gobierno en Argelia. Pone los principales puestos civiles en Argelia en manos de los diferentes generales y coroneles implicados en el complot del 13 de mayo, entre ellos el general Jacques Massu, nombrado prefecto de Argel. Después del general-presidente, aparecen los generales-prefectos. La «paz de los valientes» cae en el olvido. Salan obtiene un fenomenal presupuesto suplementario de 120 000 millones de francos, para llevar la guerra hasta sus últimas consecuencias. El ministro de Finanzas, Antoine Pinay, se ve obligado a instaurar nuevos impuestos por un valor de 50 000 millones de francos y a establecer un nuevo préstamo.

Al comentar la estrategia del terror que se implanta a partir de entonces, el coronel Roger Trinquier declara a periodistas estadounidenses: «Díganme que soy un fascista, pero tenemos que obligar la población a ser dócil, fácil de manejar. No ganaremos esta guerra si no utilizamos métodos duros. Tenemos que modificar nuestra actitud ante esta guerra. Tenemos que organizar a la población y mantenerla organizada. Los métodos suaves que hemos aplicado en este país no nos llevarán a ninguna parte» [22].

En París, los tribunales dictan resoluciones de sobreseimiento a favor de todos los sediciosos que habían sido acusados por el gobierno de Pflimlin. Al cabo de discretas negociaciones, el gabinete del primer ministro autoriza a Pierre Sidos a reconstituir Jeune Nation a partir de una revista que lleva ese mismo nombre [23]. Por el momento, Sidos milita con Dominique Venner en el Movimiento Popular del 13 de Mayo (MP-13) del general Chassin. Esta asociación, con sede en el domicilio del general de división Jean Vezinet de la Rue, reúne a un grupo de personalidades de extrema derecha que habían participado en el 13 de mayo, entre ellos los conspiradores de la «Gran O», y trata de hacerles admitir el liderazgo de De Gaulle. El general Vezinet había sido adjunto de Geoffroy Chodron de Courcel en el SGPDN.

El 14 de julio deja de ser la fiesta del Pueblo para convertirse en la fiesta del Pueblo y del Ejército. El general Salan es condecorado con la medalla militar, mientras que Jacques Massu es ascendido a general de división. Los paracaidistas que ocuparon el Palacio de Gobierno de Argel desfilan por los Campos Elíseos.

André Malraux es nombrado ministro del Rayonnement francés (sic) [El término francés “rayonnement” se refiere literalmente a la emisión de rayos o radiaciones, pero en otro orden de ideas se habla generalmente del “rayonnement de la France” en referencia a la influencia francesa sobre otras civilizaciones y culturas. NdT.]. Jacques Soustelle se convierte en ministro de Información y revoca a los 10 principales responsables de la Radio Televisión Francesa (RTF) para reemplazarlos por dirigentes gaullistas. El abogado Henry Torres, pariente del general Massu, es nombrado director general [de RTF]. Louis Terrenoire se convierte en director de información y del noticiero. Todos los periodistas sospechosos de simpatizar con el Partido Comunista son despedidos. Ante la Comisión de Prensa de la Asamblea Nacional, Jacques Soustelle declara que la RTF ha creado al fin las condiciones necesarias para poder brindar una información objetiva.

El prefecto de policía de París, Maurice Papon, organiza una represión sin precedentes contra los árabes y kabiles que viven en la capital francesa. La AFP reporta: «Innovación esta noche: las personas detenidas son enviadas a un nuevo centro de selección instalado en el Velódromo de Invierno […] A las 3 de la mañana, cerca de 2 000 musulmanes argelinos se encontraban en el Palacio de Deportes. Como de costumbre, son los inspectores de la brigada de agresiones y violencias quienes llevan a cabo las operaciones de control. Los inspectores de Renseignements Généraux [Uno de los servicios de inteligencia de Francia. NdT.] elaboran ficheros. Redadas de esta misma envergadura tendrán lugar durante los próximos días» [24].

La instauración de un nuevo régimen

Un Comité de Expertos se da a la tarea de redactar un proyecto de Constitución según las instrucciones del general-presidente. Aunque no existe ninguna comunicación pública sobre los trabajos de ese Comité y nada se sabe sobre el contenido de la futura Constitución, el general Massu emprende la campaña a favor de su ratificación. Ante los micrófonos de Radio Alger, Massu comenta: «El sistema no es un hombre determinado, es un modo de gobierno. Derrocarlo no consiste en reemplazar a un grupo de hombres por otro sino en modificar las estructuras. Para echarlo abajo, lo esencial es ganar el referéndum».

El general presidente emprende una gira por las colonias. Lo acompaña el ministro de la Francia de Ultramar, Bernard Cornut-Gentille [25]. Adonde quiera que llega anuncia, De Gaulle una reorganización del Imperio en forma de una «Comunidad» en la que cada territorio será autónomo, según el modelo del self-government en el Commonwealth británico.

Según los noticieros de televisión, alegres multitudes acogen a De Gaulle en todas partes, saludándolo como el visionario de Brazzaville. Al parecer, De Gaulle había anticipado la descolonización de África en un discurso pronunciado en febrero de 1944. La nueva Constitución debería permitir a los indígenas obtener la libertad y seguir gozando a la vez del favor de Francia asociándose a ella en el seno de una Comunidad. En realidad, el discurso de Brazzaville había tenido lugar en el marco de una conferencia de altos funcionarios cuyas conclusiones estipulaban: «Los fines de la obra civilizadora que Francia realiza en las colonias excluyen toda idea de autonomía, toda posibilidad de evolución fuera del bloque francés del Imperio; la posibilidad, incluso lejana, de constitución de selfs-governements en las colonias debe ser rechazada». En cuanto a las intenciones del general-presidente, éstas son claras: el hombre que había sido el carnicero de Sétif, en mayo de 1945, hace toda su gira africana en compañía del general Pierre Garbay, inspector general de las tropas de ultramar, quien reclama la autoría de la masacre cometida contra 89 000 malgaches luego de la insurrección del 11 de junio de 1947. Para evitar toda contradicción con la información que divulgan los noticieros de RTF, los periodistas disidentes que siguen el viaje oficial son detenidos y enviados de regreso a la metrópoli. Se llega incluso al extremo de interrumpir las telecomunicaciones durante la catastrófica escala guineana, donde la RTF no logra grabar ninguna imagen presentable.

A lo largo de su gira, De Gaulle puede contar con los aplausos de las burguesías locales ante las cuales agita el espectro del comunismo. Pero también tiene que enfrentar las manifestaciones de los independentistas. En Madagascar, De Gaulle subraya: «Sobre todos nosotros pesan amenazas: la anarquía, sueños de subversión que precipitarían al mundo en el caos. La Comunidad se hace también contra todo eso». En cada etapa, cada vez que emprende un viaje un poco largo, se encuentra ante multitudes que lo reciben al grito de «¡Independencia!». Durante su discurso en el estadio de Abidján, manifestantes despliegan una inmensa banderola: «General De Gaulle, ¿reconoce usted nuestra independencia? ¿Sí o no?». En Conakry sufre un duro fracaso. Durante el meeting oficial los participantes corean «¡Independencia inmediata!». El presidente Sekou Touré se dirige directamente a su visitante: «Nunca renunciaremos a nuestro derecho legítimo y natural a la independencia […] Preferimos la pobreza con libertad antes que la riqueza con esclavitud». De Gaulle acusa el golpe y trata de responder con una muestra de elocuencia, que concluye afirmando que: «Yo creo que Guinea dirá Sí [al referéndum]. He dicho. Ustedes reflexionarán». No hay aplausos, un largo y glacial silencio es la respuesta a sus palabras.

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El 4 de septiembre, en París, el ministro del Rayonnement francés, André Malraux, monta la imagen propagandística del nuevo poder. En una esquina de la Plaza de la República se instalan un decorado teatral y algunas gradas. Cinco mil notables han sido invitados a asistir a la presentación del proyecto de Constitución por el general-presidente. Después de la entrega de condecoraciones oficiales a varias personas, André Malraux evoca la Resistencia [a la ocupación nazi] y resucita las transmisiones de la BBC. «Aquí París, Honor y Patria, acudiendo una vez más a la cita con la Historia y a la cita con la República, oirán al general De Gaulle». El presidente del Consejo toma solemnemente la palabra para exhortar a la Nación a que adopte su proyecto de Constitución. Las tres estaciones de la radio nacional y la televisión, que ha modificado excepcionalmente el horario de su noticiero, transmiten el evento en vivo. Pero, fuera de la plaza, 150 000 manifestantes convocados por el Partido Comunista Francés corean «¡No! ¡No! ¡No! !No!» durante el discurso de Malraux. Y cuando el general-presidente sube a la tribuna, un clamor se levanta desde las calles colindantes: «¡El fascismo no pasará!». La policía recibe la orden de dispersar la multitud. Cientos de manifestantes resultan heridos. Pero los oyentes de la RTF no percibirán el menor ruido, sólo algún titubeo por parte de los oradores puede hacer pensar en dificultades técnicas.

Al otro día, los parlamentarios son invitados a pronunciarse, lo cual hacen como reacción ante las palabras de De Gaulle, sin haber podido tener conocimiento del texto sometido a referéndum, que no será entregado a la prensa hasta el día siguiente. Pierre Mendes-France denuncia el chantaje permanente con la amenaza de los paracaidistas, chantaje tendiente a forzar la aceptación de la nueva Constitución sin debate previo, como ya se aceptó anteriormente la caída de la IV República. Observa que el proyecto separa el destino de Argelia –llamada a seguir siendo parte de Francia– del destino de los demás territorios de ultramar, que supuestamente serán autónomos y asociados. Lo más importante es que Mendes-France critica el principio del referéndum, que exige como respuesta un Si o un No y no permite el debate de las numerosas opciones que contiene el proyecto.

Por su parte, el Partido Comunista trae a colación el proyecto de Constitución que había elaborado el mariscal Philippe Pétain [26] y señala con repugnancia sus numerosas similitudes con el proyecto de De Gaulle.

La radio y la televisión estatales reportan al detalle todos los llamados a favor del Sí y asimilan el No a una directiva soviética transmitida a través del Partido Comunista. Con excepción de la prensa comunista, La Dépêche du Midi del senador radical Jean Baylet es la única publicación que milita a favor del No. Aparecen de pronto una multitud de asociaciones, aparentemente diferentes, que apoyan el Sí. La más estrepitosa es la Asociación Nacional para el Apoyo a la Acción del General De Gaulle (nueva denominación de la Asociación por el Llamado al General De Gaulle en el Respeto de la Legalidad Republicana), lidereada por los stay-behind Bernard Duperier y Henri Gorce-Franklin. Estas asociaciones disponen todas de acceso a la RTF y su labor es coordinada, por debajo de la mesa, por el Club de ex miembros de los servicios especiales que dirige el coronel Paul Paillole, el hombre de confianza de Jacques Soustelle. La izquierda no comunista se bate en retirada. Siguiendo el ejemplo de Guy Mollet, la SFIO se une a De Gaulle mientras que, con Félix Gaillard y el lobby colonial a la cabeza, el partido radical hace lo mismo, dejando en posición minoritaria a Mendes-France y Baylet.

En Argelia, el general Raoul Salan supervisa la «Operación Referéndum». Los oficiales del ejército reciben instrucciones. «Es inútil insistir en el interés vital que representa para Francia el éxito del referéndum. Su fracaso comprometería irremediablemente la política de renovación emprendida desde el 13 de mayo. Es por lo tanto importante que el ejército, que ejerce los poderes civiles y militares en Argelia, emprenda una amplia campaña de propaganda para obtener: - una participación masiva en el referéndum; - una muy fuerte mayoría del Sí.
[...] para acondicionar a la población musulmana hay, por sobre todo, que crear y desarrollar el mito de De Gaulle» [27].

Las reuniones a favor del No se prohíben y se confisca el material electoral. Durante las operaciones de voto, el ejército elabora las listas electorales, transporta a la población hasta los colegios electorales, se ocupa de las urnas y cuenta las boletas. La farsa es total.

En la metrópoli, la Constitución resulta aprobada con el 79,25% de los votos efectivos. En las colonias, la media del Sí es del 94%. Incluso se reporta un 99,99% en Costa de Marfil. Guinea será la oveja negra. De Gaulle había decidido dejarla en libertad y hacerle pagar caro la afrenta que él mismo había sufrido en Conakry. Espera que esto sea, además, una forma de disuadir a todos los que exigen la independencia en las demás colonias. Así que, en Guinea, sin control del ejército sobre las elecciones y sin que se reporte ningún fraude de consideración, el Sí obtiene… el 4,6%.

Con la adopción de la Constitución llegan a su fin los plenos poderes concedidos por la IV República. Poderes que son sin embargo prolongados por 4 meses más, gracias a las disposiciones transitorias previstas en el artículo 92 de la nueva Constitución. Es el tiempo necesario para organizar la elección del primer presidente de la V República y de los nuevos diputados. Un colegio de grandes electores, conformado en su mayoría por notables rurales, elige a Charles de Gaulle con un 78%. Para las legislativas, el gobierno impone por decreto el escrutinio mayoritario a dos vueltas y delimita las circunscripciones según su propia conveniencia, de forma tal que un candidato gaullista necesita 19 000 votos para ser electo, mientras que un candidato comunista necesita 80 000. Los gaullistas, que solamente habían obtenido un 4,42% de los votos en la elección anterior, obtienen 198 diputados. Son barridos la mayoría de los que habían expresado su oposición a la Constitución, entre ellos Pierres Mendes-France, vencido por un joven miembro del Opus Dei, Remy Montagne. Teniendo las instituciones bajo control, se hace posible renunciar a los plenos poderes.

De Gaulle reorganiza su equipo. Nombra primer ministro a Michel Debré, René Brouillet se convierte en director de gabinete del presidente, mientras que Georges Pompidou pasa a integrar el Consejo Constitucional. Geoffroy Chodron de Courcel es nombrado secretario general de la presidencia de la República mientras que el general André Beaufre lo reemplaza en la OTAN.

Una monarquía electoral

Contrariamente a lo que afirma la historia oficial, la IV República no murió de exceso de democracia sino de no haber sido lo bastante republicana. Es cierto que el acoso parlamentario contra el gobierno dio lugar a una inestabilidad ministerial que impedía la realización de grandes reformas, pero ese grave defecto se podía haber remediado reequilibrando los poderes mediante un simple control de la constitucionalidad del reglamento interno de las Asambleas, cosa que no hizo ninguna mayoría.

Lo más importante es que la IV República no supo aplicar los principios universalistas que tanto proclamaba. Rechazó con obstinación la igualdad de derechos de los «pueblos asociados», por ejemplo, al posponer constantemente la supresión del doble colegio electoral en Argelia, medida anunciada por el Frente Popular en 1936. Y tuvo miedo de los resultados que el sufragio universal podía arrojar si el electorado francés se hubiese vuelto mayoritariamente no europeo. [28]

Ante tales contradicciones, De Gaulle representa una coherencia: la dominación por la fuerza. Para seguir manteniendo el yugo francés sobre los colonizados, De Gaulle se propone exaltar el nacionalismo y renunciar al ideal universalista de la República. Para lograrlo concede total autonomía a cada colonia, de forma tal que el principio de igualdad en vigor en la metrópoli pueda coexistir con varios tipos de sistemas discriminatorios fuera de la metrópoli, y que se pueda mantener la explotación económica de las colonias. De Gaulle pretende además eliminar la democracia representativa, el «régimen de Asamblea», que le parece despreciable, e instaurar un poder personal. Siguiendo la tradición bonapartista, el general pretende, a través de su persona, conciliar lo inconciliable: el contrato social de la República y la Francia eterna del Ancien Régime [Es el periodo de la historia de Francia comprendido entre el fin del Renacimiento y la Revolución Francesa. NdT.]. Por eso termina sus discursos e intervenciones públicas con un paradójico «¡Viva la República! ¡Viva Francia!».

Desde un punto de vista estrictamente objetivo, las intenciones de De Gaulle se ven favorecidas por la actitud de los socialistas y los comunistas quienes, al predicar la supremacía del interés colectivo sobre el interés individual, no buscan más que el reconocimiento de la igualdad ciudadana de cada individuo, aunque sea en nombre del «derecho de los pueblos a disponer de sí mismos».

Como señalan en aquel momento todos los comentaristas, lo único que las instituciones de la V República tienen de republicanas es el nombre. Resulta además imposible imaginar de qué manera puede un golpe militar, planificado para derrocar una república, dar lugar al nacimiento de una nueva república. En todo caso, las instituciones de la V República consagran, según la fórmula de Pierre Mendes-France, una «monarquía no hereditaria». Peor aún, al convertir al presidente de la seudorepública en presidente por derecho de toda la Comunidad, la V República lo hace personalmente responsable del Imperio, de la misma manera en que los reyes de Bélgica eran personalmente propietarios de sus colonias. Al definir el ámbito de competencia de la Comunidad, la V República define los poderes del presidente como lo que en lo adelante habrá de conocerse como su «espacio reservado». Ese «espacio reservado» del presidente comprende «la política exterior, la defensa, la moneda, la política económica y financiera común así como la política de las materias primas estratégicas. Comprende además, a menos que exista un acuerdo específico, el control de la justicia, la enseñanza superior, la organización general del transporte exterior y del transporte común y de las telecomunicaciones. Acuerdos específicos pueden dar lugar a la creación de otras competencias comunes o regular todo traspaso de competencia de la Comunidad a uno de sus miembros» (Artículo 78).

Un cabildero de los patronos, Georges Albertini, el miembro del stay-behind que dirige la principal estación anticomunista en Francia, intercede ante De Gaulle para lograr que se agregue una disposición en la Constitución. Su contenido es el siguiente: «[Los partidos y grupos políticos] deben respetar los principios de la soberanía nacional y de la democracia» (Artículo 4). Su objetivo es legalizar la prohibición del Partido Comunista cuando la correlación lo permita.

Continuación de este artículo: «Quand le stay-behind voulait remplacer De Gaulle», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire (Pronto disponible en español).

[1] La National Security Act de 1947 constituye la primera reorganización de envergadura de la defensa estadounidense desde la creación del Departamento de Marina, en 1798. Esa disposición define la creación del Consejo de Seguridad Nacional (National Security Council), de la CIA (Central Intelligence Agency), del National Security Resources Board, del National Military Establishment y de la Office of Secretary of Defense. En el seno del National Security Establishment se crean la U.S. Air Force, los Joint Chiefs of Staff, la Junta de Investigación y Desarrollo (Research and Development Board) y la Junta de Municiones (Munition Board).

[2] Nombrado secretario de Estado del presidente Eisenhower en 1953, luego de haber criticado violentamente la ineficacia de los demócratas en la lucha contra el comunismo (las elecciones estuvieron marcadas por la derrota estadounidense en Corea), John F. Dulles comparte las convicciones violentamente anticomunistas del senador Joseph McCarthy (cuya «cacería de brujas» será interrumpida en 1954), y convierte esa lucha en eje central de la política estadounidense. A pesar de los sucesos de Alemania oriental (1953), de la caída de Dien Bien Phu, que él mismo anuncia a los estadounidenses (mayo de 1954, documento RealAudio), ¡Dulles recibe en 1954 el título de «hombre del año» otorgado por la revista Time! La teoría de la contención [Conocida en inglés como containment. NdT.], enunciada por el presidente Truman en 1947, no impide los sucesos de Hungría, en 1956. La política exterior estadounidense de lucha contra el comunismo se ve dominada desde entonces por el equilibrio del terror (al dotarse la URSS de la bomba H en 1953).

[3] Después del éxito de las operaciones destinadas al derrocamiento del líder iraní Mossadegh (en 1953) y del presidente de izquierda Jacobo Arbenz en Guatemala (en 1954), realizadas según las recomendaciones del NSC, el documento NSC 5412 (de 1954) pone fin a los encuentros regulares entre representantes del presidente Eisenhower y del secretario de Estado para la Defensa y el Consejo de Seguridad Nacional para la discusión de las operaciones clandestinas (covert operations).

[4] Oficialmente, en esa entrevista se aborda solamente la proposición de mediación angloamericana entre Túnez y Francia luego de diversos enfrentamientos entre fuerzas francesas y fuerzas de liberación argelinas que se habían replegado hacia el territorio tunecino. Sin embargo, la prensa se interroga sobre el contenido exacto de la carta de Eisenhower, la razón de la desacostumbrada presencia de Robert D. Murphy y la posibilidad de que se hayan abordado otros temas en este encuentro.

[5] El Allied Coordination Committee (ACC), que tenía su cuartel general en Bruselas, tenía como misión «organizar la resistencia mediante métodos de guerra no convencionales en caso de ocupación comunista», a través del desarrollo de redes «durmientes» (stay-behind). Para una mejor comprensión de la historia y el funcionamiento de esas redes, ver nuestro dossier «Les réseaux d’ingérence américains».

[6] Las obras de referencia sobre los preparativos del golpe de Estado son: Les 13 complots du 13 Mai, Merry y Serge Bromberger, Fayard, 1959; Secrets d’État, J-R. Tournoux, Plon, 1960. Más recientemente, Pierre Pean ha publicado informaciones complementarias en Le Mystérieux docteur Martin, 1895-1969, Fayard, 1993; y Christophe Nick publicó un documento del comandante Robert Vitasse en Résurrection. Naissance de la Ve République, un coup d’État démocratique, Fayard, 1998.

[7] Para no implicar a la OTAN de forma demasiado evidente, el general Chassin renuncia a sus funciones en el seno de la alianza atlántica en febrero de 1958.

[8] La Cagoule [En español, La Capucha. NdT.] es el sobrenombre que designó al CSAR, un complot fascista que trató de derrocar la III República en los años 1930. Durante la Segunda Guerra Mundial, los antiguos miembros de La Cagoule se reparten entre Vichy, Londres y Argel, según la importancia relativa que conceden a la llamada revolución nacional y al nacionalismo.

[9] Jean Dannenmüller es el futuro suegro de Lionel Jospin.

[10] Cincinnatus fue consul de Roma en el año 460 antes de nuestra era. Dos veces dictador, fue el vencedor de los ecuos. Muy citado como modelo debido a la sencillez de sus costumbres.

[11] Cf. «Pourquoi De Gaulle», in Carrefour del 30 de abril de 1958.

[12] cf. Jean Ousset et la Cité catholique, Raphaelle de Neuville, ediciones Dominique Martin Morin, 1998.

[13] La sobrina de Geoffroy Chodron de Courcel, Bernadette, se convertirá en la esposa de Jacques Chirac.

[14] En su libro Sainte Maffia, ediciones Mercure de France., 1971, Yvon Le Vaillant revela el papel de Jean Ousset en el seno del Opus Dei.

[15] Los dos principales dirigentes de Jeune Nation, Pierre Sidos y Dominique Venner, no participan en esta manifestación. Estaban presos desde el 8 de mayo por haber provocado varios incidentes durante la fiesta de Juana de Arco.

[16] El jefe de la estructura encargada de proteger a los manifestantes no es otro que Daniel Briau, un ex colaborador de los ocupantes nazis, reclutado por el stay-behind después de la guerra.

[17] Cf. L’Humanité del 13 de agosto de 1958. Cuando los aliados liberan Francia, Pincemain, ex jefe de la milicia al servicio de los ocupantes nazis en la región de Ariege, había logrado huir con un botín evaluado en 160 millones de francos. Al integrarse al Gladio, creó, con el ex SS Otto Skorzany, varias empresas que servían de pantalla en España, Marruecos y Sudamérica.

[18] Oficialmente, Francois de Grossouvre se suicidó el 7 de abril de 1994 disparándose un tiro en la cabeza, en su oficina de la presidencia de la República Francesa, siendo consejero del presidente Francois Mitterrand.

[19] Cf. The Daily Express del 17 de mayo de 1958.

[20] Es interesante señalar que los historiadores oficiales del gaullismo ridiculizan este importante episodio. Según ellos, la prensa extranjera y el gobierno suizo se dejaron engañar por el general Chassin, cuyas declaraciones no eran más que una enorme baladronada. La prensa francesa, sometida a la censura, según los historiadores antes mencionados, mucho más creíble. Sin preocuparse por parecer incoherentes, esos mismos autores admiten, sin embargo, la existencia de los Comités de Salvación Pública en varias ciudades del interior de Francia.

[21] The Times del 29 de mayo de 1958 .

[22] Associated Press del 24 de septiembre de 1958.

[23] Fue Yves Guena, consejero técnico de Michel Debré, quien arregló este asunto. Cf. testimonio de Pierre Sidos et del abogado Martin Sané en el juicio contra Jeune Nation ante la Corte de la Seguridad del Estado, 19 de junio de 1963.

[24] AFP, 28 de agosto de 1958.

[25] Bernard Cornut-Gentille era también administrador de la firma Pastis Ricard.

[26] El proyecto de Constitución concebido por Petain fue publicado por el abogado Jacques Isorni en la selección de documentos Quatre Années au pouvoir, La Couronne littéraire, 1949. El proyecto de Constitución de Petain comparte la concepción gaullista de la función del presidente como árbitro y de la reducción de la autoridad del Parlamento. Pero el proyecto de Petain concede espacio al corporativismo, mientras que el de De Gaulle refuerza aún más el poder ejecutivo.

[27] Nota 1247/ZSA/5 fechada el 27 de junio de 1958, citada en Le Monde del 13 de agosto de 1958.

[28] Los interesados pueden consultar la Cronología de los textos legislativos sobre la nacionalidad francesa, el acceso de los extranjeros a la nacionalidad francesa y el acceso de los indígenas a los derechos políticos en Argelia (de 1830 a 1938) de Pierre d’Outrescaut.

Thierry Meyssan

Thierry Meyssan Intelectual francés, presidente-fundador de la Red Voltaire y de la conferencia Axis for Peace. Sus análisis sobre política exterior se publican en la prensa árabe, latinoamericana y rusa. Última obra publicada en español: La gran impostura II. Manipulación y desinformación en los medios de comunicación (Monte Ávila Editores, 2008).

 
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