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Complejo entramado del bloqueo en Congreso de EE.UU.

Los aspectos relativos al bloqueo de Estados Unidos contra Cuba y el cese total de esa ilegal política dependen hoy de la aprobación legislativa del Congreso estadounidense. La decisión ejecutiva del presidente Barack Obama no le pondría fin, aunque el uso de sus prerrogativas sí podría contribuir a flexibilizar su aplicación.

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Para comprender la importancia de debate tan sensible para la Isla y la valía de una resistencia que, a escalas nacional e internacional ocupa cada vez mayores espacios, se debe conocer el complejo entramado de disposiciones sobre ese cerco económico, comercial y financiero, y su significado para Cuba.

Especialistas de la Dirección de Estados Unidos del Ministerio de Relaciones Exteriores precisaron en diálogo con la AIN que en 1996, cuando se promulgó la Ley Helms Burton, el bloqueo se codificó y, por tanto, se convirtió en legislación, lo cual obligó a dejar su eliminación a la decisión del Congreso y no al inquilino de la Casa Blanca.

En este sentido, opinaron, existe continuidad en esa política en relación con el pasado año y la mayoría de las propuestas favorables al cambio de situación en las relaciones bilaterales están estancadas.

De “bien complejo” calificaron el tracto legislativo por el cual transitan esos proyectos en el Congreso norteamericano y consideraron al tema Cuba como cuestión controversial, aunque reconocieron no se trata de prioridad para sus miembros lo cual impide prosperar cualquier intento de intercambio con la Ínsula.

Según explicaron los funcionarios de la Cancillería cubana, en este año electoral los intereses de representantes y senadores están en función de su designación o reelección, y de las prioridades legislativas con impacto en los votantes.

Por otra parte, los legisladores anticubanos están muy bien nucleados y promueven sus ideas de modo efectivo en el seno del Congreso.

Ejemplo: la propuesta del representante de extrema derecha Mario Díaz-Balart, quien pretendía el regreso al régimen de viajes y remesas de la época del ex presidente George W. Bush, lo cual implicaría una visita a la Isla cada tres años y el envío de solo 300 dólares trimestrales para quienes ellos consideraran familias.

Otra iniciativa, por cierto de las más discutidas, fue la de David Rivera. El legislador intentaba imponer sanciones a compañías con vínculos comerciales con países que figuran en la lista de las naciones clasificadas como terroristas según una arbitraria clasificación elaborada por Washington. Tal idea, reconocieron los especialistas, en cierto sentido resultó ser novedosa, porque en ella no se menciona la palabra Cuba, pero es la manera solapada y astuta de incidir negativamente sobre el país.

La maniobra, apuntaron, se aprobó oralmente y ni siquiera fue por voto registrado, cuyo resultado hubiera llamado más la atención. Incluso, semejante artimaña ocupó el número 94 dentro del gran paquete de enmiendas y era parte, además, de otro proyecto de ley sobre gastos de la defensa. ¡Nada que ver!

Evidentemente, cuando por fin llegó el momento de la votación, los legisladores ya estaban agotados. Sin dudas, los promotores supieron aprovechar muy bien las circunstancias.

Otro impopular proyecto, también del citado Rivera, sugiere enmendar la Ley de Ajuste Cubano, lo cual implicaría aumentar a cinco años el período que se le exige a los llegados de la Isla para obtener su residencia en Estados Unidos. Incluso, si viajaran a Cuba antes de ese tiempo, perderían los beneficios que solo otorga esa Ley.

Es evidente que la batalla por el cese del bloqueo debe continuar siendo asumida desde la óptica de la resistencia permanente dentro y fuera de la nación.

Los más reacios congresistas a aliviar las presiones contra la Isla protagonizan un rol poderoso para evitar cualquier cambio con respecto al bloqueo. Activas y enérgicas deben ser, por tanto, las acciones, el ingenio y la voluntad de los cubanos y del concierto de naciones que la acompañan mientras dure tan obstinada e insensata política.

No debemos subestimarlos. Además de estar fuertemente organizados, ellos conocen bien los procedimientos del Congreso y dominan al dedillo los vericuetos legislativos.

Incluso son expertos en escoger el momento de incluir sus propuestas, cómo hacerlo de modo discreto y evitar la oposición; saben cómo dificultar su detección y el seguimiento por especialistas cubanos y legisladores favorables al cambio, y además hacen buen uso de sus facultades.

Tanto es así, que algunas de las iniciativas referidas al levantamiento total del bloqueo y otras relativas a determinados aspectos sobre este, han sido presentadas hasta en cinco sesiones y más del Congreso, y no han avanzado.

Los viajes de norteamericanos a la nación antillana; las transacciones financieras y el tema de las ventas de productos agrícolas para reformular el término “pago por adelantado” y lograr algunas mejoras con la intención de restablecer el verdadero comercio bilateral, no han prosperado.

En este aspecto los especialistas aclararon que hoy no existe la verdadera comercialización bidireccional. En la práctica solo se compra a los EE.UU. y, luego, los barcos regresan en lastre, pues la Isla no tiene la posibilidad recíproca de vender sus productos al norteño país.

Con semejante entramado, el panorama no se vislumbra halagüeño. Se ve lejana la posibilidad de que en esta 113 sesión del Congreso, también sujeto a elecciones el próximo martes seis de noviembre, cambie la correlación de fuerzas a favor de la nación antillana.

Según advirtieron los especialistas del MINREX, cada vez se hace más importante el progreso en el debate del tema Cuba, así como también el avance efectivo de las iniciativas legislativas respecto al país porque, insistieron, la decisión de levantar totalmente el bloqueo, lo cual es impensable en el actual momento político que vive EE.UU., pasa necesariamente por el Congreso.

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