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Bolivia, Abaroa y el derecho soberano a tener mar

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por Juan Carlos Flórez Granda

19-11-2012

Hace unas semanas viajé por trabajo a La Paz, Bolivia. Fue una ocasión perfecta para aprovechar de mis ratos libres en conocer su gente, cultura y, sobre todo, conocer la visión boliviana sobre la guerra de 1879, materia de mi interés.

Como primer objetivo aproveché el domingo para visitar el Museo del Litoral Boliviano, situado en la calle Jaén. El boleto costaba 4 bolivianos para extranjeros, alrededor de S/.1.50 y da acceso a dos museos más: Metales Preciosos y Museo de la Casa de Pedro Murillo.

El museo del litoral está muy bien logrado. Tiene una muy buena y completa colección de copias de mapas y otro de copias y transcripciones de documentos, todos conservados en marcos de madera dentro de un mueble con la finalidad que el interesado pueda sacarlos y observar su contenido. Cuenta también con una serie de fotos de Antofagasta y otras del período de la guerra con Chile. En otro de sus ambientes conserva un salón de uniformes y estandartes en buen estado, entre los cuales puedo destacar el de los Colorados, petos de los coraceros y una magnífica colección de cerca de 300 fotos retratos de personalidades bolivianas de esa época.

Cabe rescatar de este museo la figura de Eduardo Abaroa, héroe máximo boliviano que murió valientemente en la defensa de Calama.

Lamentablemente no me dejaron tomar fotografías por más gestiones que hice para ese fin, argumentando realizar un artículo para publicar y asegurándoles que no iba a utilizar flash en mi cámara. Este tipo de muestras deberían permitir la toma de fotos sin flash y más cuando es necesaria la difusión de este tipo de museos.

Sólo me permitieron tomar fotos exteriores y como caso especial un par de cañones tipo colonial que estaban fuera de los ambientes internos.

Dentro de este museo resalto especialmente el salón de armas, donde se puede ver el tipo de sistema utilizado por los bolivianos en esa época, el fusil Máuser modelo 1871. Pero mi curiosidad por las armas me llevó más allá y lo cuento como anécdota ya que al inclinarme para ver si encontraba alguna inscripción en las maderas, me di con la sorpresa de ver un Martini Henry (similar al Peabody Martini) con algunos grabados lineales en la culata y guardamanos. Pareciéndome que también había una inscripción en la caja de metal del arma procedí a frotar fuertemente con mi dedo esa área dando como resultado una inscripción que rezaba: “Eduardo Abaroa”. ¿Qué hacía el fusil de Abaroa confundido entre las armas? No lo sé y tampoco supo darme respuesta la encargada. Ese fusil merece estar en una vitrina aparte. Para los interesados, este Martini Henry está casi al final de la fila de armas hacia el lado de la puerta.

Durante mi estadía en el museo vi numeroso público, sobre todo delegaciones de jóvenes que miraban con curiosidad la muestra del museo.

Salí del recinto con una sensación de frustración por no haber podido tomar fotos pero a la vez satisfecho de la muestra óptima de este museo el cual lo recomiendo.

Seguidamente me dirigí al museo del Regimiento Colorados, que está a unas cuadras arriba y dentro del cuartel del mismo nombre, pero al llegar me indicaron amablemente que solo atendían a grupos grandes y con la debida anticipación. Agradecí la información y regresé no sin antes tomar fotografías del monumento a la Rabona boliviana.

Por todos los sondeos que hice durante mi estadía, el pueblo boliviano tiene claro dos temas fundamentales: la figura de Eduardo Abaroa como héroe máximo boliviano y la condición irrenunciable de un acceso soberano al mar.

El primer tema gira en torno al máximo héroe civil boliviano, Eduardo Abaroa, segundo jefe del Cuerpo de Rifleros quien murió en la defensa de Calama el 23 de marzo de 1879. 135 bolivianos mal armados resistieron el embate de 1500 chilenos, de los cuales Abaroa con 12 rifleros defendían el puente Topater por más de dos horas. Cuando ya todos estaban ultimados, aun quedaba Abaroa de pie, sin municiones y mal herido, y ante la intimación de rendición por parte de los chilenos, estampó la célebre frase: “¿Rendirme?... ¡Que se rinda su abuela, carajo!, para luego ser fulminado por 3 disparos.

El segundo tema es mucho más complejo y hay que juzgarlo de acuerdo a la visión boliviana. El tratado del 20 de octubre de 1904 por la cual Bolivia cedía su litoral a Chile fue pensado sobre una falsa premisa que Bolivia podía subsistir con una vía de ferrocarril unido a un puerto propio. En este caso Arica.

Roberto Querejazu, en su libro “Chile enemigo de Bolivia” indica lo siguiente: “Los líderes del Partido Liberal que concertaron el Tratado de Paz con Chile, a fin de librar a Bolivia de las opresivas condiciones en que vivía bajo el régimen establecido por el Pacto de Tregua, firmado 20 años antes, y que creyeron que los ferrocarriles podían subsistir con ventaja a un puerto propio, no tardaron en darse cuenta de su error. Desde luego, el Tratado del 20 de octubre de 1904, al ser presentado al Congreso para su ratificación, fue combatido acremente por muchos legisladores. Se lo aprobó gracias a la disciplina del partido gobernante por una mayoría de 12 votos…Personajes potosinos, interpretando el sentir de muchos de sus compatriotas lo calificaron como el tratado más desastroso para la patria, el más lesivo a su soberanía, el más humillante, porque no era más que una venta simulada a vil precio, que Chile pagaba con una miserable parte de los ingentes ingresos que le producía el mismo territorio que compraba…”.

Citando al mismo autor encontramos otras líneas que pueden dar más luces al tema: “…El señor Bello Codecido (abogado chileno N.R.) ha reconocido en un libro, cuál fue una de las ocultas intenciones de su país al suscribir el tratado: Bolivia pasaba a ser aliada de Chile en la solución del problema con el Perú (por hacerse de Arica punto de partida del ferrocarril a La Paz) y los grandes intereses que se radicaban para uno y otro país en Tacna y Arica vinculaban ese territorio indiscutiblemente y para siempre al dominio de Chile”.

El problema del entrampamiento de Bolivia y una salida al mar al parecer fue producto de varios errores de visión de la época que hasta el día de hoy no hay visos de solución directa alguna.

Es resaltante destacar el conocimiento genérico a todo nivel sobre lo sucedido en la pasada guerra de 1879. Los nombres de muchas de sus calles, y sus monumentos guardan el recuerdo vivo de sus héroes y está presente siempre en su cultura. La hospitalidad y atenciones que recibí fueron de primera. Ni hablar de los paisajes en las afueras de la ciudad con el Lago Titicaca de protagonista.

Su ciudad es característica de las zonas altiplánicas con lugares residenciales muy acogedores y modernos. Resalto la Plaza Murillo, centro gubernamental y legislativo de Bolivia con hermosas vistas de la catedral de Nuestra Señora de La Paz, el Palacio de Gobierno o Palacio Quemado y el Palacio Legislativo, realmente un contraste fantástico con la geografía e historia del lugar.

La Paz es un sitio que todo interesado en el estudio de la guerra del guano debe de ir para conocer de cerca la visión boliviana. Solo espero que en un próximo viaje pueda por fin obtener vistas fotográficas del museo y colecciones documentales.

- jcflorezg@gmail.com

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