Yihadistas, de hecho mercenarios árabes extranjeros, operan en Siria con el apoyo de Estados Unidos, Catar, Francia, Gran Bretaña y Arabia Saudita principalmente.

Entonces habló marcialmente Bashar al-Asad –por primera vez en siete meses– y culpó, como era de esperar, a los «terroristas» y «títeres occidentales» de la guerra civil siria.

El Ministro de Exteriores turco, Ahmet Davutoglu, el de la política de «cero problemas con nuestros vecinos», comentó que Asad solo lee los informes de sus servicios secretos. Estás bromeando, Ahmet; puede que Bashar no sea un Stephen Hawking, pero es seguro que sabe dónde están sus agujeros negros.

Asad, además, tiene un plan: un diálogo nacional que lleve a una carta nacional –que sea sometida a referéndum– y luego un gobierno ampliado y una amnistía general. El problema es quién va a compartir tanta felicidad embotellada, porque Asad descarta totalmente a la nueva coalición opositora siria así como al Ejército Libre Sirio (ELS), describiéndolos como bandas reclutadas por el extranjero que reciben órdenes de potencias extranjeras para implantar una agenda suprema: la partición de Siria.

A pesar de todo, Asad tiene un plan. Primera etapa: todas las potencias extranjeras que financian a los «terroristas» –como el complejo Organización del Tratado del Atlántico Norte-Consejo de Cooperación del Golfo– deben dejar de hacerlo. Ya es un importante factor negativo. Solo en una segunda etapa el ejército sirio cesaría todas sus operaciones, pero se reserva el derecho a responder a cualquier –inevitable– «provocación».


EE.UU. aplaude la toma de una base aérea por rebeldes sirios.
En el asedio de la base de Taftanaz participó una organización considerada por Washington como terrorista.

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El plan de Asad no menciona lo que pasará con él mismo. Lo único en lo que las múltiples tendencias de la oposición están de acuerdo es en que «el dictador debe partir» antes de que tenga lugar cualquier negociación. Pero quiere ser candidato a su propia sucesión en 2014.

Como si esto no fuera un inmenso «detalle» que torpedea todo el edificio del actual mediador de la ONU Lakhdar Brahimi, todavía existe el punto crucial de que Brahimi insiste en que se incluya a la Hermandad Musulmana (HM) en un gobierno de transición sirio. Brahimi tendría que saberlo mejor. Es como si la ONU rezara por un «pase Avemaría», es decir, la abdicación voluntaria de Asad.

No se trata de Tora Bora

Si queréis saber lo que pasa realmente en Siria, basta con escuchar al secretario de Hizbulá, el general Jeque Nasralá. Dice las cosas tal como son.

Y luego tenemos lo que Ammar al-Musawi, el número 3 de Hizbulá, –su ministro de Exteriores de facto– dijo a mi colega italiano Ugo Tramballi. El más probable escenario post Asad, si existe, «no será un Estado unitario, sino una serie de emiratos cerca de la frontera turca, y alguien que proclame un Estado islámico». La inteligencia de Hizbulá –la mejor existente respecto a Siria– insiste: «un tercio de los combatientes de la oposición son extremistas religiosos, y dos tercios de las armas están bajo su control». El resultado neto, se trata de una guerra occidental por encargo, en la cual el Consejo de Cooperación del Golfo (CCG) actúa como «vanguardia» de la OTAN.

Mis lectores ya lo saben desde hace tiempo, tal como conocen la falacia de las placas tectónicas en movimiento de autocracias del CCG promoviendo la «democracia» en Siria. Mientras la Casa de Saud, bendita por la geología, ha sobornado cada grano de arena a la vista para inmunizarse contra el menor atisbo de la Primavera Árabe; en Kuwait, por lo menos, los vientos del cambio están obligando a la familia Al-Sabah a aceptar un primer ministro que no es un títere del emir. Sí, petromonarcas; tarde o temprano caeréis todos.

En cuanto a los que ignoran a Musawi, lo hacen a costa de su propia seguridad; la reacción es y será inevitable, «como en Afganistán», agrega Musawi, «Siria no es Tora Bora; está en la costa del Mediterráneo, cerca de Europa». Siria en los años 2010 es el remix afgano de los años ochenta con una reacción exponencial incluida.

Y para los que siguen a ciegas a los ciegos repitiendo que Hizbulá es una organización «terrorista», Hizbulá está cooperando estrechamente con la ONU –en el terreno con más de 10.000 cascos azules, bajo el comando del general italiano Paolo Serra– para mantener el sur del Líbano libre de contaminación de la guerra civil siria.

El dictador vuelve a caer

No es sorprendente que esa pandilla variopinta identificada como «oposición siria» haya rechazado a Asad en bloque. Para la Hermandad Musulmana –el autoproclamado poder en espera– es un «criminal de guerra» que debería ser juzgado. Para Georges Sabra, vicepresidente de ese brebaje estadounidense-catarí, la Coalición Nacional, las palabras de Asad fueron una «declaración de guerra contra el pueblo sirio».

Predeciblemente, el Departamento de Estado de EE.UU. –antes de estar bajo control de John Kerry– dijo que Asad está «lejos de la realidad». Londres dijo que todo era hipocresía y lanzó de inmediato otra conferencia «secreta» de dos días para esta semana en Wilton Park en West Sussex, mezclando a miembros de la coalición con la acostumbrada bandada de «expertos», académicos, funcionarios del CCG y «agencias multilaterales». El espectacularmente patético Secretario de Exteriores del Reino Unido, William Hague, tuiteó –por la enésima vez– que la «salida de Asad del poder es inevitable».

Sin embargo, la realidad en el terreno dice que Asad no se irá a ninguna parte en el futuro previsible.

En cuanto a las afirmaciones británicas de que «la comunidad internacional puede suministrar apoyo para una futura autoridad de transición», eso no llega muy lejos entre sirios informados cansados de la guerra que saben que esta guerra ha sido financiada, provista y ampliamente coordinada por Occidente, o sea por el componente OTAN en el complejo OTAN/CCG.

Huelen una rata –occidental– en la obsesiva caracterización de todo en Siria como una guerra sectaria, al ver que numerosos suníes influyentes se han mantenido leales al gobierno.

Huelen una rata –occidental– cuando miran hacia atrás y ven que todo este asunto comenzó precisamente cuando el gasoducto Irán-Irak-Siria de 10.000 millones de dólares (soslayando crucialmente al miembro de la OTAN, Turquía) tenía una probabilidad llevarse a cabo. Esto habría representado un importante auge económico para una Siria independiente, algo impensable en lo que respecta a los intereses occidentales.

El gobierno de Obama 2.0 –e Israel– se sentirían más que cómodos con la HM en el poder en Siria, siguiendo el modus operandi egipcio. La Hermandad promueve la idea de un «Estado civil»; basta con ver las pocas «áreas liberadas» de Siria para detectar la civilidad rebelde introducida en la Sharía dura y las decapitaciones correspondientes.

Lo que en realidad quieren el complejo OTAN/CCG e Israel es un modelo yemení para Siria; una dictadura militar sin el dictador. Lo que están logrando en su lugar, para el futuro previsible, es el Paraíso Yihadista.

Hace casi un año, el número uno de al Qaida, Ayman al-Zawahiri, llamó a todos los suníes de la línea dura desde Irak y Jordania al Líbano, Turquía y más allá a viajar a Siria y aplastar alegremente a Asad.

Por lo tanto han estado llegando, incluyendo –como en Afganistán– a chechenos y uigures y asiáticos del Sudeste, uniéndose a todo, desde el ELS a Jabhat al-Nusra, la principal milicia asesina, que cuenta ahora con más de 5.000 yihadistas.

Un informe publicado esta semana por la Quilliam Foundation, el grupo de contraterrorismo basado en Londres, confirma el rol de al-Nusra. El principal autor del informe, Noman Benotman, es un antiguo yihadista libio con muy buenas relaciones con al-Zawahiri y el difunto «Gerónimo», también conocido como Osama bin Laden.

Al-Nusra es en realidad una filial siria de al Qaida en Irak (AQI), la marca terrorista del difunto Abu Musab al-Zarqaui, también conocida como Estado Islámico de Irak, después de que Zarqaui fue incinerado por un misil estadounidense en 2006. Hasta el Departamento de Estado sabe que el emir de AQI, Abu Dua, dirige AQI y Al-Nusra, cuyo propio emir es Abu Muhammad al-Jawlani.

AQI facilita el ir y venir de comandantes iraquíes –con mucha experiencia combativa en el terreno contra los estadounidenses– a áreas conflictivas en Siria, donde sirios, iraquíes y jordanos de al-Nusra también hacen funcionar los teléfonos para obtener financiamiento de las fuentes en el Golfo. Al-Nusra quiere –qué otra cosa iba a ser– un Estado islámico no solo en Siria sino en todo el Levante. Por el momento, mantiene un régimen de tensa colaboración/competencia con el ELS (el "Ejército Libre Sirio").

¿Qué nos espera? La nueva Coalición Nacional Siria es un chiste. Esos bastiones de la democracia del CCG están ahora totalmente asustados ante el tsunami yihadista. Rusia trazó la línea roja y la OTAN no se atreve a bombardear; rusos y estadounidenses discuten ahora los detalles. Y tarde o temprano Ankara verá lo que viene y volverá a una política que por lo menos minimice los problemas con los vecinos.

Asad vio El Gran Cuadro, evidentemente, de ahí su discurso «confiado». Ahora es Asad contra los yihadistas. A menos, o hasta que la nueva CIA bajo el Terminator John Brennan se lance a la escena (de la guerra en las sombras) con sus aviones sin tripulación.

Fuente: Asia Times Online, 11 de enero de 2013.

Este artículo apareció originalmente bajo el título en inglés de:
«Syria: A jihadi paradise».

Traducido del inglés por Germán Leyens.