17. noviembre, 2013 Pablo Moctezuma Barragán Opinión

En los últimos 3 meses, las movilizaciones populares en Estados Unidos se han dinamizado, ya que las acciones de resistencia en el país vecino se multiplican, situación que el monopolio de medios nos oculta sistemáticamente. El 24 de agosto pasado, se organizó una gran marcha a Washington para conmemorar el 50 aniversario de la Marcha a Washington de 1963. Más de 150 mil personas llegaron a la capital desde el Sur, el Norte, y muchas ciudades de todo el país que se mantienen en posición de defender sus derechos. Estas acciones se oponen a los brutales ataques a los derechos humanos por parte del gobierno, incluidos los derechos de voto, de los inmigrantes, de los maestros de las escuelas públicas, de los trabajadores de comida rápida en huelga, de los presos que están en huelga de hambre protestando por el régimen de aislamiento, el genocidio por los encarcelamientos en masa y el veredicto organizado por el Estado de “no culpable” en el asesinato del adolescente afroamericano Trayvon Martin. Gente de todo Estados Unidos está indignada por los ataques racistas que ha organizado el Estado y porque continúan y se agudizan las desigualdades políticas y económicas. Todo esto se hizo notar en las leyendas escritas en las camisetas que portaban cientos y miles de personas que se reunieron para exigir justicia. Posteriormente, el viernes 4 de octubre se desarrollaron más de 140 acciones en 40 ciudades por todo el país; el 8 de octubre más de 20 mil se movilizaron en Washington. No los detuvieron los 200 arrestos, incluidos 90 miembros y presidentes de sindicatos que la policía realizó para meter miedo. El pueblo estadunidense está en marcha.

En Estados Unidos crecen también las movilizaciones contra las leyes antiinmigrante, ya que la propuesta de ley de inmigración de Barack Obama –que ha roto récord en redadas y expulsión de migrantes, que ya casi llegan a los 2 millones– sirve para criminalizar aún más a los inmigrantes y a todos los trabajadores. El gobierno de Estados Unidos busca nuevos mecanismos para negar los derechos individuales y colectivos, cuando hoy lo que se necesita es lo contrario: afirmar estos derechos. La ley de inmigración propuesta por Obama incluye requisitos para el control de la “seguridad nacional”. De manera discrecional es el gobierno federal quien determinaría si un individuo representa una “amenaza” o no. En este proceso para “sistematizar la remoción de quién amenaza la seguridad pública”, no se establecen criterios sobre quién o qué constituye una “amenaza”, entonces los trabajadores en huelga, los que se manifiestan en contra de la guerra pueden ser señalados como gente que son una amenaza, siempre con el espantajo del “terrorismo”. El plan de Obama exige a todos los indocumentados presentarse y registrarse, mostrar datos biométricos, ser estudiados sobre sus antecedentes penales y someterse a los controles de seguridad nacional. Se criminaliza a los trabajadores hasta por simples faltas de tránsito. En el fondo lo que buscan es negar derechos laborales y humanos a los migrantes para que las corporaciones cuenten con la moderna mano de obra esclava.

En contra de estas políticas en San Francisco; Tucson y Phoenix, Arizona; en Orlando, Florida; y en diversas poblaciones se han dado acciones muy comprometidas. El 5 de octubre, las organizaciones de derechos de los inmigrantes realizaron más de 80 actividades en 40 estados del país por la defensa de los derechos de los inmigrantes. Estas acciones incluyeron mítines, marchas, foros y mucho más. Las organizaciones de derechos de los inmigrantes están siendo acompañadas por sindicatos, iglesias y otras organizaciones de la comunidad, también defensores de los derechos de inmigrantes. Ellos exigen que la legislación pase al Congreso, que se respeten los derechos de los inmigrantes y que se defienda la dignidad del trabajo. Se denominó el 5 de octubre como el Día Nacional de la Dignidad y el Respeto, para desarrollar una muy amplia oposición a las deportaciones hechas por Obama, a la cruel separación de las familias, a los ataques a los inmigrantes y en general a los derechos de los trabajadores. Las movilizaciones de octubre se realizaron en los estados de Alabama, Arkansas, Arizona, California, Colorado, Connecticut, Distrito de Columbia¸ Florida, Hawái, Idaho, Illinois, Indiana, Iowa, Kansas, Luisiana, Maine, Massachusetts, Michigan, Minnesota, Missouri, Montana, Mississippi, Nebraska, Nevada, Nueva Hampshire, Nueva Jersey, Nuevo México, Nueva York, Carolina del Norte, Ohio, Oregon, Pennsylvania, Rhode Island, Carolina del Sur, Tennessee, Texas, Utah, Virginia, Washington y Wisconsin.

A su vez, la crisis gubernamental se agudizó cuando el 1 de octubre el Congreso se negó a aprobar el presupuesto que presentó Barack Obama, en el cual solicitaba que el techo de la deuda federal aumentara otros 1.1 billones de dólares para alcanzar más de 17 billones. Los republicanos negociaron su voto a condición de dejar fuera el programa de salud Obamacare, que atiende a 15 millones de personas, aunque excluye a otros 30 millones de habitantes. Al no aprobarse el presupuesto, dejaron fuera de su puesto de trabajo durante 2 semanas a más de 800 mil trabajadores federales y sin sueldo a muchos más en todo el país. Esto provocó grandes protestas de trabajadores federales exigiendo el fin del cierre y no tener la carga de un Congreso disfuncional e incapaz de aprobar un presupuesto. Las acciones de protesta tuvieron lugar en Washington DC, Filadelfia, Chicago, San Luis, Kansas City, Los Ángeles y otras ciudades. Los trabajadores que llevaron a cabo la manifestación ya han sufrido el congelamiento de sus salarios durante 3 años, les aumentaron los impuestos de su jubilación y fueron obligados a tener días libres sin pago de salarios. Hicieron énfasis en que ellos proporcionan importantes servicios a la población y que tanto a ellos como la población es hacia quienes están dirigidos los cierres del gobierno.

Por otra parte, desde el 28 de agosto ha habido grandes movilizaciones contra la guerra, mientras que el Congreso de Estados Unidos está dividido también en este plano. Obama ha exigido que el Congreso le otorgue autorización para el uso de la fuerza militar contra Siria. Él y el Secretario de Estado, John Kerry, han advertido al Congreso que si no actúan, esto representaría una “grave amenaza” para la seguridad nacional estadunidense. Mientras tanto, la mayoría de la gente en todo el país exige que el Congreso vote “no” a la guerra y en contra de cualquier ataque a Siria. El movimiento contra la guerra está organizando acciones constantemente ante el peligro de la guerra que incluso –como lo ha anunciado Obama– podría llevarse a cabo sin autorización. De costa a costa, desde Newark, Nueva Jersey, hasta Dearborn, Michigan, y Oakland, California, la población se ha manifestado contra la guerra, develando las mentiras que se han inventado acerca de Siria.

A nivel internacional, Washington se aísla cada vez más como quedó de manifiesto en la Organización de las Naciones Unidas (ONU) en la última semana de septiembre de 2013, en su Asamblea General 68 en la ciudad de Nueva York. Varios presidentes de países latinoamericanos denunciaron la política intervencionista de Estados Unidos y hasta propusieron la creación de un tribunal para juzgar los crímenes de lesa humanidad cometidos por Barack Obama. El presidente de Estados Unidos, de forma altanera, declaró que seguirá interviniendo militarmente en “donde sea necesario”, y que la comunidad internacional no debe renunciar al uso de la fuerza cuando se justifique. Afirmó que la soberanía no puede ser un escudo de los tiranos para cometer masacres y defendió la tradición belicista de su país, diciendo que Estados Unidos “es excepcional por su tributo de sangre y sacrificio por la libertad”. Evo Morales, presidente de Bolivia, respondió contundente: “Obama viene a mentir a la ONU; habla de libertad, justicia y paz cuando tiene bases militares por todo el planeta e interviene en países para apoderarse de sus recursos. ¿Cuántos tratados sobre derechos humanos ha ratificado Estados Unidos?” Y ya que Estados Unidos se ha negado a suscribir estos tratados, preguntó: “¿Se respetan las resoluciones [de la Asamblea General de la ONU] sobre el bloqueo económico a Cuba?” Por cierto, el 30 de octubre 188 naciones votaron contra el bloqueo y sólo Estados Unidos e Israel a favor.

Por su parte, en la misma reunión de la ONU, la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, hizo duras imputaciones acusando a Washington de violar la soberanía de Brasil y el derecho internacional. Calificó de “insostenible” el plan de espionaje que Estados Unidos puso en marcha en contra de su gobierno, así como el espionaje en todo el mundo. Dijo que ése es el motivo por el que canceló 1 semana antes su visita de Estado a Estados Unidos.

Cristina Fernández, presidenta de Argentina, habló en contra del orden financiero internacional que permite la existencia de “fondos buitres, los que apoyados por sentencias espurias de jueces estadunidenses pretenden cobrar a Argentina 1 mil 700 millones de dólares de réditos sobre bonos de deuda comprados en su momento por 40 millones. A menos –dijo– que se quiera escarmentar a Argentina porque pudo salir del pozo sin atenerse a las recetas del Fondo Monetario Internacional”. Condenó cualquier intento de intervención militar o bombardeo como el que se pretendía contra Siria, también hizo dura crítica al Consejo de Seguridad de la ONU al decir que ha demostrado ser absolutamente obsoleto, no sólo en la cuestión siria, sino en otros incidentes contra la paz en el mundo.

Movilizaciones en Estados Unidos por los derechos populares, por los migrantes, los trabajadores, contra la guerra imperial y la agresión a los pueblos, contra el sistema político estadunidense, oposición creciente al dictado de Washington. Todo avanza… Cercando al poderoso gobierno de las corporaciones estadunidenses, esas mismas que, con sus socios, quieren apoderarse de nuestros energéticos, de nuestro petróleo y la electricidad. Esta situación al interior de Estados Unidos nos favorece. Lo fundamental es la organización y unidad de los mexicanos, pero también el factor externo nos puede ayudar cada día más. ¡Adelante mexicanos! ¡No estamos solos! ¡A luchar contra la reforma energética peñista! ¡A luchar hasta vencer!

*Politólogo y urbanista. Dirigente de Mexteki y vocero del Congreso de la Soberanía

Fuente: Contralínea 361 / 17 de noviembre de 2013