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El presidente Kadyrov quiere purificar de gays la sangre chechena

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«Si hay gays en Chechenia, llévenselos para Canadá. Por Dios, llévenselos para que no los tengamos aquí, para purificar nuestra sangre. Si los hay, llévenselos (…)» Así se expresó el presidente checheno Ramzan Kadyrov en entrevista concedida al canal de televisión estadounidense HBO.

Al referirse a las personas que dicen haber sido torturadas por la policía chechena por ser homosexuales, el presidente checheno agregó: «Son el diablo. Hay que deshacerse de ellos. No son hombres (…) Que Dios los castigue por las acusaciones que lanzan contra nosotros. Tendrán que responder ante el Todopoderoso.»

En abril, el diario ruso Novaya Gazeta acusó al gobierno de Kadyrov de perseguir a los homosexuales, acusación desmentida inicialmente por las asociaciones de los homosexuales rusos. Sin embargo, según Igor Kochetkov, de la Red LGTB de Rusia, durante las últimas semanas la policía chechena ha tratado de organizar contra los gays una serie de acusaciones falsas, que van desde el robo hasta el terrorismo, para justificar el encarcelamiento de homosexuales.

Chechenia es rusa desde el siglo XVI. La población chechenia es en su mayoría musulmana sunnita y la cofradía sufista de los naqchbandis está sólidamente implantada en esa parte de la población. Esta proporcionó una cantidad muy grande de soldados profesionales, primeramente a las fuerzas armadas zaristas y después al Ejército Rojo.

En el momento de la disolución de la URSS, algunos oficiales chechenos trataron de implantar un Estado para sí mismos. La CIA apoyó a algunos naqchbandis, que crearon el Emirato Islámico de Ichkeria, siguiendo el modelo de los talibanes afganos.

El actual presidente de Chechenia, Ramzan Kadyrov, es el hijo del Gran Muftí Ahmad Kadyrov, quien –luego de haber apoyado inicialmente el emirato– se acercó nuevamente a Moscú y acabó ayudando a los rusos a vencer a los islamistas.

En Rusia, la homosexualidad se reprimió durante el periodo que va desde 1936 hasta 1991. Pero los zares y los bolcheviques nunca la reprimieron.

La política islámica actual del presidente Kadyrov aparece en momentos en que algunos parlamentarios rusos ven la homosexualidad como una enfermedad contagiosa que se transmite a través del ejemplo y quieren evitar que sea visible.

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