Red Voltaire

Apertura del 73° Período de Sesiones de la Asamblea General de la ONU

| Nueva York (EE.UU.)
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Excelentísima Señora Presidenta de la Asamblea General:
Distinguidos Jefes de Estado y de Gobierno:
Excelencias:
Señoras y señores:

Nuestro mundo padece un caso grave de “trastorno por déficit de confianza”.

Las personas están preocupadas y se sienten inseguras.

La confianza está a punto de quebrantarse. La confianza en las instituciones nacionales. La confianza entre los Estados. La confianza en un orden mundial basado en normas.

Dentro de los países, las personas están perdiendo la fe en los estamentos políticos, la polarización va en aumento y el populismo gana terreno.

Entre los países, la cooperación es menos cierta y más difícil. En el Consejo de Seguridad, las divisiones son marcadas.

La confianza en la gobernanza mundial también es precaria, pues los desafíos del siglo XXI sobrepasan a las instituciones y las mentalidades.

Nunca hemos llegado a tener un auténtico sistema de gobernanza mundial, y mucho menos un sistema plenamente democrático.

No obstante, a lo largo de muchos decenios establecimos bases sólidas para la cooperación internacional.

Nos juntamos, como naciones unidas, para crear instituciones, normas y reglas y promover nuestros intereses comunes.

Elevamos el nivel de vida de millones de personas, forjamos la paz en lugares en conflicto y, de hecho, evitamos que estallara la tercera guerra mundial.

Pero nada de esto puede darse por sentado.

El orden mundial actual es cada vez más caótico. Las relaciones de poder son menos claras.

Los valores universales se han ido erosionando.

Los principios democráticos están bajo asedio.

El estado de derecho se debilita.

La impunidad cobra auge, pues dirigentes y Estados ponen a prueba sus límites, tanto internamente como en el ámbito internacional.

Nos enfrentamos a una serie de paradojas.

El mundo está más conectado, pero las sociedades se fragmentan más.

Mientras los problemas crecen y se proyectan al exterior, muchos vuelven la mirada al interior.

El multilateralismo es blanco de críticas precisamente cuando más lo necesitamos.

Excelencias:
Señoras y señores:

Es cierto que avanzamos hacia un mundo multipolar.

Sin embargo, la multipolaridad, por sí sola, no podrá garantizar la paz ni resolver los problemas mundiales.

Hace un siglo, Europa era multipolar. Se consideraba que el equilibrio de poder existente bastaba para mantener a raya a los rivales.

Pero no fue así. Sin marcos multilaterales sólidos para la cooperación y la solución de problemas a nivel europeo, sobrevino una penosa guerra mundial.

Hoy en día, los cambios en el equilibrio de poder pueden aumentar el riesgo de enfrentamiento.

Al evaluar la guerra del Peloponeso librada en la antigua Grecia, Tucídides dijo, y cito: “Fue el ascenso de Atenas y el temor que inspiró en Esparta lo que hizo inevitable la guerra.”

El politólogo Graham Allison denominó esta idea como “la trampa de Tucídides”.

Sin embargo, en su libro Destined for War, al examinar muchos ejemplos de rivalidades pasadas, llegó a la conclusión de que los conflictos nunca eran inevitables.

De hecho, si los líderes nos comprometemos con la cooperación estratégica y la gestión de intereses contrapuestos, podemos evitar la guerra y encauzar al mundo por un camino más seguro.

Los líderes tienen el deber personal de procurar el bienestar de sus pueblos.

Pero esa obligación es más profunda. Todos juntos, como custodios del bien común, también tenemos el deber de promover y apoyar un sistema multilateral reformado, revitalizado y fortalecido.

Es preciso que renovemos el compromiso con un orden basado en normas, que se centre en las Naciones Unidas e incluya a las distintas instituciones y tratados que hacen realidad la Carta.

Y para demostrar el valor añadido de la cooperación internacional debemos alcanzar la paz, defender los derechos humanos e impulsar el progreso económico y social de las mujeres y los hombres de todo el mundo.

Esa es la razón por la que estoy tan comprometido con la reforma de las Naciones Unidas y con lograr que sean más eficaces a la hora de responder a las necesidades y aspiraciones de “nosotros los pueblos”.

Ante las ingentes amenazas existenciales que se ciernen sobre las personas y el planeta, pero también en un momento en que se dan estimulantes oportunidades para lograr una prosperidad compartida, no hay otra manera de avanzar que no sea la acción colectiva, basada en el sentido común y en pro del bien común.

Esa es la manera de restablecer la confianza.

Excelencias:

En el discurso que pronuncié el año pasado destaqué siete problemas que un año después, lamentablemente, siguen sin resolverse.

Suscita indignación nuestra incapacidad de poner fin a las guerras en Siria, en Yemen y en otros lugares.

Los rohinyás permanecen en el exilio, traumatizados y en la miseria, y siguen anhelando seguridad y justicia.

Los palestinos y los israelíes siguen atrapados en un conflicto interminable, y la solución biestatal se aleja cada vez más.

La amenaza del terrorismo acecha, exacerbada por las causas profundas de la radicalización y el extremismo violento. El terrorismo está cada vez más interrelacionado con la delincuencia organizada internacional, la trata de personas y el tráfico de drogas y armas.

El peligro nuclear no ha disminuido y la no proliferación corre un grave riesgo. Los Estados poseedores de armas nucleares están modernizando sus arsenales. Cabe la posibilidad de que se desate una nueva carrera de armamentos y se reduzca el umbral para su utilización.

Hemos sido testigos del atroz empleo de las armas químicas con total impunidad, a pesar de su prohibición.

Las medidas de protección contra las armas biológicas peligrosas son insuficientes.

La desigualdad está socavando la fe en el contrato social y es un claro obstáculo para la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Van en aumento las tensiones relacionadas con el comercio.

Los migrantes y los refugiados siguen enfrentándose a la discriminación y la demagogia en un contexto en que la cooperación internacional es claramente insuficiente.

Y en este año en que se conmemora el 70º aniversario de la Declaración Universal de Derechos Humanos, la agenda de los derechos humanos está perdiendo terreno y el autoritarismo cobra auge.

Ante la propagación del pesimismo político, debemos rechazar las profecías que alientan su propio cumplimiento.

Quienes consideran a sus vecinos peligrosos pueden crear una amenaza donde no la había.

Quienes cierran sus fronteras a la migración regular solo impulsan la labor de los que se dedican a la trata.

Y quienes hacen caso omiso de los derechos humanos en la lucha contra el terrorismo tienden a alimentar el mismo extremismo al que tratan de poner fin.

Excelencias, señoras y señores:

Tenemos la obligación de cambiar este rumbo y de resolver los desafíos que se nos plantean.

Debemos movernos basándonos en hechos, no por miedo y apoyándonos en la razón y no en ilusiones.

Nuestra labor tiene que centrarse en la prevención.

Este Período de Sesiones de la Asamblea General constituye una oportunidad única para avanzar.

Por citar solo un ejemplo, saludo las firmes muestras de apoyo a mi iniciativa Acción para el Mantenimiento de la Paz, que ha sido respaldada por 148 Estados y organizaciones. Su objetivo es contribuir a que nuestras misiones tengan éxito en situaciones inestables y de larga duración.

Pero hoy quiero centrarme en dos desafíos trascendentales que, en el último año, han cobrado una urgencia extrema: el cambio climático y los nuevos riesgos asociados a los avances de la tecnología.

Permítanme que me detenga en cada uno de ellos por separado.

Señoras y señores:

Me refiero, en primer lugar, a la amenaza existencial directa que supone el cambio climático.

Nos encontramos en un momento decisivo.

Si no cambiamos de rumbo en los próximos 2 años, corremos el riesgo de perder el control de la situación.

El cambio climático avanza más rápido que nosotros, a un ritmo desenfrenado que ha hecho saltar las alarmas en todo el mundo.

Según la Organización Meteorológica Mundial, en los dos últimos decenios se registraron los 18 años más cálidos desde 1850, cuando comenzó a reunirse información al respecto.

Hace unas semanas comenzó a romperse la más gruesa y conocida capa de hielo del norte de Groenlandia.

La concentración de dióxido de carbono en la atmósfera ha alcanzado el nivel más alto en 3 millones de años, y no deja de aumentar.

Para empeorar las cosas, nuestra actuación, en calidad de líderes mundiales, no es satisfactoria. Debemos escuchar a los científicos más destacados del planeta. Debemos mirar la realidad que tenemos delante.

Debemos ser más ambiciosos y actuar con un mayor sentido de urgencia.

Debemos garantizar la aplicación del Acuerdo de París.

Este Acuerdo ofrece inmensas posibilidades para emprender el camino correcto, pero estamos muy lejos de alcanzar sus objetivos, que solo representan lo mínimo que debemos hacer para evitar los peores efectos del cambio climático.

Me preocupa que las negociaciones sobre las directrices de aplicación del Acuerdo, celebradas recientemente en Bangkok, hayan concluido sin progresos suficientes.

La próxima Conferencia de las Partes —la COP24—, que se celebrará en Polonia en diciembre, será decisiva. Es preciso que culmine con éxito. Como apunté recientemente, no podemos permitir que se repitan en Katowice los desacuerdos entre los Estados Miembros que nos paralizaron en Copenhague.

Afortunadamente, la evolución de la tecnología es nuestra aliada.

La energía no contaminante es más competitiva que nunca.

Si tomamos el camino correcto, las medidas contra el cambio climático podrían aportar 26 000 millones de dólares más a la economía mundial de aquí a 2030.

Las políticas favorables a la economía verde podrían crear 24 millones de empleos.

Un número cada vez mayor de empresas e inversionistas comprueban que resulta rentable hacer negocios en la economía verde.

En lugar de constituir una amenaza fundamental para la economía, la acción climática crea nuevas industrias, nuevos mercados y más puestos de trabajo, y al mismo tiempo reduce la dependencia de los combustibles fósiles.

El verdadero peligro para la economía no es la acción, sino la inacción.

Los Gobiernos deben actuar con valor y sabiduría.

Ello significa que:
- deben dejar de gastar miles de millones de dólares para subvencionar el consumo de combustibles fósiles;
- deben fijar un precio justo para el carbono;
- deben dejar de invertir en infraestructuras insostenibles que mantienen prácticas nocivas durante decenios.

Nuestro futuro está en juego. Nada escapa al cambio climático, que puede deteriorarlo todo. Para lograr la prosperidad mundial y la seguridad de las naciones, es esencial que el calentamiento global se mantenga muy por debajo de los 2 grados centígrados.

Por esta razón, convocaré el próximo septiembre una cumbre sobre el clima para movilizar voluntades y recabar fondos. La cumbre será una ocasión para reunir a Estados y ciudades, agentes de la economía real y encargados de formular políticas, empresas, círculos financieros y representantes de la sociedad civil con objeto de abordar la esencia del problema.

La cumbre se celebrará un año antes de la revisión de los compromisos contraídos por cada Estado en virtud del Acuerdo de París. Esos compromisos deberán ser más profundos.

Es preciso que nos propongamos objetivos mucho más ambiciosos, y que los líderes y los asociados aprovechen la cumbre para manifestar esa ambición.

Para ello, debemos comenzar a actuar sin demora.

El mundo necesita que aboguemos por la acción climática.

Excelencias:

Permítanme ahora que haga referencia a las nuevas tecnologías y al modo en que podemos lograr que se convierta en realidad lo que prometen y mantener a raya sus peligros.

Lo que prometen es mucho. El adelanto científico ha contribuido a curar enfermedades mortales, alimentar a una población en aumento, impulsar el crecimiento económico y conectar entre sí a empresas, comunidades, familias y amigos de todo el mundo.

El rápido desarrollo de ámbitos tales como la inteligencia artificial, la tecnología de cadenas de bloques y la biotecnología puede propulsar los avances hacia los Objetivos de Desarrollo Sostenible.

La inteligencia artificial está conectando a las personas con independencia de su idioma y ayudando a los médicos a hacer mejores diagnósticos. Los vehículos sin conductor revolucionarán el transporte.

Sin embargo, también existen riesgos y graves peligros.

Los avances tecnológicos pueden perturbar los mercados de trabajo al hacer que cambien o desaparezcan empleos tradicionales al mismo tiempo que el número de jóvenes en busca de empleo sigue aumentando. Se hará necesario el reciclaje profesional en tan gran escala que ni siquiera podría haberse imaginado antes. La educación deberá adaptarse, empezando por los primeros niveles. La propia naturaleza del trabajo cambiará. Los Gobiernos podrían tener que plantearse la posibilidad de implantar programas de redes de protección social más potentes, entre ellos, posiblemente, la renta básica universal.

Al mismo tiempo, la tecnología se está utilizando de forma indebida para fines de terrorismo y de explotación y abusos sexuales.

Las redes de la delincuencia organizada acechan en la web oscura, aprovechándose del cifrado de datos y del pago prácticamente anónimo en criptomonedas por operaciones de trata de personas y bienes ilegales.

En algunos informes se calcula que en la actualidad la ciberdelincuencia aporta a los bolsillos de los ciberdelincuentes 1,5 billones de dólares por año.

Los actos intencionales en el ciberespacio, tales como las campañas de desinformación, están polarizando a las comunidades y disminuyendo la confianza entre los Estados.

Y cada vez más personas reciben su información de servicios de suscripción a contenidos de noticias o redes sociales que reiteran las opiniones de sus receptores, refuerzan el tribalismo y aseguran a las personas que son ellas quienes tienen razón y que la otra parte está equivocada.

La revolución digital se utiliza también para discriminar a la mujer y reforzar nuestra cultura de dominio masculino.

De hecho, existe una profunda brecha entre los géneros en el acceso a las tecnologías digitales, lo que agrava todavía más la brecha digital.

Debemos derribar los obstáculos y crear oportunidades para las mujeres, garantizar la igualdad y cambiar la cultura en línea y la cultura empresarial tóxica. El sector de la tecnología debe buscar mayor apertura y diversidad, incluso para su propio beneficio.

En la medida en que la tecnología vaya tomando ventaja en la carrera contra las instituciones, será imprescindible la cooperación entre países y entre las partes interesadas, en especial los Estados Miembros, el sector privado, los centros de investigación, la sociedad civil y el mundo académico.

Hay muchas soluciones mutuamente beneficiosas para los desafíos de la era digital. Es urgente que encontremos esas soluciones y empecemos a aplicarlas.

En las Naciones Unidas estamos aprovechando las tecnologías en apoyo de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Estamos creando laboratorios de innovación, también dentro de mi oficina. En julio establecí un Panel de Alto Nivel sobre la Cooperación Digital que es una plataforma de diálogo para todos los principales agentes.

Excelencias:

Los efectos de las nuevas tecnologías en la guerra son una amenaza directa que apunta a nuestra responsabilidad común de garantizar la paz y la seguridad.

La adaptación de la inteligencia artificial a fines militares es motivo de creciente preocupación.

La perspectiva de que puedan existir armas capaces de seleccionar y atacar un objetivo por su propia cuenta dispara varias alarmas y podría dar lugar a nuevas carreras de armamentos.

El hecho de que se haya relajado la supervisión del armamento tiene consecuencias para nuestra pugna por contener las amenazas, evitar la escalada y respetar el derecho internacional humanitario y de los derechos humanos.

Llamémoslo como lo que es. La perspectiva de unas máquinas con carta blanca y con poder para quitar la vida humana es moralmente repugnante.

Una nueva guerra, que ojalá no ocurra, podría traer consigo perfectamente un ciberataque de enormes proporciones no solo contra las capacidades militares, sino también contra la infraestructura civil más vital.

Me siento alentado por los diez posibles principios rectores que formuló en Ginebra el mes pasado el Grupo de Expertos Gubernamentales sobre sistemas armamentísticos autónomos letales.

Hará falta trabajar más sobre estas cuestiones con el fin de fomentar la confianza entre las naciones y dentro de ellas, para que podamos asegurarnos de que se hace un uso responsable de las nuevas tecnologías.

Los insto a que utilicen las Naciones Unidas como plataforma para atraer la atención mundial hacia estas cuestiones primordiales y favorecer un futuro digital seguro y beneficioso para todos.

Excelencias:

A pesar del caos y la confusión que reinan en nuestro mundo, veo que soplan vientos de esperanza en distintas partes del planeta.

Hace apenas unos días fui testigo de la firma en Arabia Saudita de un acuerdo de paz histórico entre los dirigentes de Etiopía y Eritrea.

Poco después, los Presidentes de Djibouti y Eritrea se reunieron en Yeda para poner en marcha un proceso de paz.

Eritrea y Somalia han establecido relaciones diplomáticas.

Y en la misma región, en el contexto de una cumbre de la Autoridad Intergubernamental para el Desarrollo, los dos dirigentes rivales de Sudán del Sur han firmado al fin un acuerdo de paz.

Tengo la esperanza de que esas iniciativas sigan consolidándose para que la población del Cuerno de África pueda por fin pasar página dejando atrás las guerras y conflictos.

La valiente iniciativa llevada a cabo en la Cumbre de Singapur entre los dirigentes de los Estados Unidos de América y la República Popular Democrática de Corea, junto con la reciente reunión de los dos mandatarios coreanos en Pyongyang, permite abrigar la esperanza de una desnuclearización total y verificable de la península de Corea en un contexto de seguridad regional.

En mi reciente visita a Colombia, me impresionó el fuerte afán de los pueblos por lograr la paz, ahora reafirmado por el Presidente Duque.

En Asia Central, he sido testigo personalmente del aumento de la cooperación después de que Uzbekistán hubiera pasado por una transición política pacífica.

Grecia y la ex República Yugoslava de Macedonia han dado un gran paso hacia la solución de sus diferencias.

Nuestra misión de mantenimiento de la paz en Liberia puso fin este año a un decenio y medio de trabajo a raíz de la primera transición democrática pacífica del país, que se suma a los logros conseguidos por la labor de mantenimiento de la paz en otros lugares de África Occidental.

La aprobación de los pactos sobre los refugiados y la migración representa otra señal de esperanza, pese a que todavía quede un largo camino por recorrer para conciliar el pleno respeto de los derechos de las personas en movimiento con los legítimos intereses de los Estados.

Centenares de millones de personas han salido de la pobreza extrema en todo el mundo en los tres últimos decenios, y en los dos últimos años hemos evitado la hambruna cuya amenaza se cernía sobre cuatro países.

Los jóvenes de Armenia fueron protagonistas en la transición política pacífica que vivió el país a principios de año, lo que demuestra el potencial de los jóvenes para utilizar su voz en pro de la democracia.

Y el impulso en favor de la igualdad de género está ganando terreno en medio de una conciencia cada vez mayor de la discriminación generalizada de las mujeres y las niñas, que se manifiesta en formas que van desde la violencia, el acoso y la explotación hasta la desigualdad salarial y la exclusión de la adopción de decisiones.

Las Naciones Unidas deben encabezar la marcha hacia la consecución de la igualdad entre los géneros. Por primera vez en la historia de las Naciones Unidas, existe paridad total en nuestro Grupo Superior de Gestión y entre los coordinadores residentes que dirigen los equipos en los países de todo el mundo. Mantenemos nuestra firme defensa de la igualdad y el empoderamiento en todas partes.

Excelencias:
Señoras y señores:

Como nuestro difunto Secretario General Kofi nos recordó una vez:

“Compartimos un destino común. La única manera de forjarlo es afrontándolo juntos. Y por eso, amigos míos, existen las Naciones Unidas.”

Nuestro futuro se fundamenta en la solidaridad.

Debemos recomponer la confianza perdida.

Debemos revitalizar nuestro proyecto multilateral.

Y debemos defender la dignidad para todos sin excepción.

Muchas gracias.

António Guterres

António Guterres Primer ministro de Portugal (1995-2002). Presidente de la Internacional Socialista (1999-2005). Secretario General de la Organización de las Naciones Unidas (desde 2017).

 
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