Red Voltaire
05 de Septiembre de 2010
México: pasividad ante explotación sexual infantil / Indocumentados muertos: condenados al olvido / Trabajo femenino, entre discriminación y violencia / Funcionarios defraudan a la Semarnat / Pemex: legal, la privatización del erario / Investiga Función Pública a un cachorro del foxismo / México: capitalismo mafioso / ¿Y la crisis de 2009? / El TSJDF y la libertad de expresión / Nuevos tiempos, viejas cadenas / Sudáfrica, ¿próximo miembro del BRIC? / Última opción
13 artículos
 
 
 
 
 
 
 
 
 
12 de octubre de 2010
En el bicentenario de la Independencia y el centenario de la Revolución se está liquidando la soberanía nacional y los derechos conquistados por la Constitución de 1917. Por eso necesitamos completar la lucha que Hidalgo, Morelos, Juárez, Villa, Zapata, Cárdenas iniciaron en su momento. En este siglo XXI, hemos de encontrar las nuevas ideas y nuevas formas de lucha para transformar a México y lograr que la soberanía y los derechos se materialicen. Ésta es una nueva lucha, en una época distinta, con retos diferentes, pero el mismo fondo, y que tendremos que dar bajo las condiciones y circunstancias actuales. Nos la imponen las circunstancias que vivimos, pues el mal gobierno del Partido Revolucionario Institucional y del Partido Acción Nacional (PAN) –y sus aliados– ya terminó de liquidar el pacto social, el contrato social que existía en México. Tenemos que lograr un nuevo acuerdo nacional que una al pueblo para defenderse de la peor ofensiva en décadas, contra su derecho y (...)
 
 
12. Última opción 12 de octubre de 2010
Nuestro sistema presidencialista a la antigua requiere una reforma del Estado, si éste, jurídica-políticamente, es una estructura de medios legales y fines con los más variados contenidos (políticos, económicos, culturales, sociales, etcétera). Esos medios jurídicos y un haz de fines precedidos por la Constitución histórica (que reformó a la de 1857 al triunfo de la Revolución, vigente desde 1917, con más de 500 reformas y contrarreformas), sometidos a severas crisis, porque ya no se gobierna en beneficio del pueblo, exigen decisiones de fondo y forma para adecuarlos a las necesidades actuales. El ejercicio del poder presidencial, desde 1968 –el sangriento diazordacismo–, se ha ido decantando para resolver problemas, que acabaron de colmar, con sangrienta violencia que aterroriza a la sociedad en general, las dos fallidas alternancias (...)