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La paz en Siria podría salvarse si todos dijesen la verdad. De regreso de Damasco, en este mes de mayo de 2012, tengo que decir que al cabo de un año de conflicto la realidad en el terreno está cada vez más lejos del panorama catastrófico que nos transmiten las mentiras y la desinformación occidentales.

El mes de enero se caracterizó por un brusco frenazo impuesto a las provocaciones de los islamistas radicales. Los incidentes, limitados en su mayoría a Hama y a Homs, habrían terminado incluso más rápidamente si la presión internacional no hubiese venido a frenar la intervención del ejército. Las zonas fronterizas de Turquía, Jordania y Líbano —por donde se infiltran los mercenarios— siguen siendo puntos sensibles. En la capital, lo que más temor causa son los autos cargados de explosivos y los atentados con bombas perpetrados la mayoría de las veces por kamikazes deseosos de ganar dinero, de acceder al paraíso de Alá, o seducidos por el sueño sunnita de acabar con los alauitas después de 40 años de reinado de estos últimos y de asistir al advenimiento de Jesús en lo alto del minarete, acompañado del último profeta Al-Mahadi para el Juicio Final.

No nos queda otro remedio que reiterar hasta el cansancio que la ideología fanática viene del extranjero y que Siria no ha conocido nunca un ciclo de manifestaciones/represión, sino que viene siendo objeto de una desestabilización sangrienta y sistemática desatada por aventureros que ni siquiera son sirios. Esta información, que contradice todo lo que afirman diarios y reportajes televisivos, se vio constantemente reflejada por el ex embajador de Francia, Eric Chevallier, en sus informes al señor Juppé. Pero el ministro francés siempre se negó a tenerla en cuenta sus informes y falsificaba descaradamente sus análisis con tal de alimentar la guerra contra Siria [1].

Nuestros lectores seguramente recuerdan aún la invitación que el entonces presidente de Francia Nicolas Sarkozy cursó al Patriarca maronita, Su Beatitud Bechara Rai, para que viajara a París. Después de informarse sobre la cantidad de cristianos que residen en Líbano y Siria, Sarkozy le propuso al Patriarca maronita que los instalara en Europa. La respuesta, indignada y valiente, del alto prelado, quien incluso defendió a Bachar al-Assad —y quien, conforme al protocolo francés, debía recibir la Legión de Honor— le valió al visitante la simple entrega del cofre que contenía la distinción de la mano, secamente extendida, del ahora ex presidente francés [2].

Llegada a Damasco

En Damasco se respira una atmosfera muy diferente de la que constantemente nos describen.

Cierto es que, desde hace 4 meses, los autos cargados de explosivos han ensangrentado los barrios periféricos y que varios fanáticos suicidas se han hecho estallar en medio de la muchedumbre de víctimas inocentes. A veces se oyen intercambios de disparos en medio de la noche. Es el ejército que vela por la protección de la población y que a menudo logra impedir mortíferos atentados. En los últimos días, dos minibuses repletos de TNT explotaron simultáneamente, según el ya clásico esquema terrorista.
La primera carga explosiva, que siempre se instala cerca de un objetivo de interés estratégico, está destinada a sembrar el pánico y a atraer el mayor número de personas para desencadenar entonces la segunda explosión. Esta vez el objetivo fue el cuartel general del contraespionaje sirio, donde habían estado detenidos los extranjeros capturados con las armas en las manos, a quienes los salafistas planeaban sacar de allí. El intento de fuga fue un fracaso, pero el saldo fue terrible: 130 muertos (entre ellos 34 cristianos), 400 heridos y un número similar de viviendas afectadas.

La consternación es general, el dolor indescriptible y los numerosos funerales desgarradores. Sin embargo, en este mes de María, las iglesias adornadas de abundantes flores se llenaban noche tras noche y también pude ver las mezquitas repletas el viernes al mediodía. La concentración de fieles para la plegaria en la Mezquita de los Omeyas me recordaba la de los coptos en Egipto, mientras que los espacios verdes se ven constantemente invadidos por las familias, felices de reunirse para realizar picnics que se prolongan hasta tarde en la noche. El pueblo sirio es un pueblo sencillo y alegre. A pesar de la inseguridad y de las dramáticas dificultades económicas, consecuencia de las sanciones internacionales (la inflación de la libra siria, el derrumbe total del turismo, el aumento del desempleo y el alza creciente del costo de los productos básicos), la vida continúa normalmente.

Los cristianos viven en paz

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Aunque comparten la inquietud general de sus conciudadanos, los cristianos confiesan de buena gana que nunca antes se sintieron tan libres, sensación que atribuyen al pleno reconocimiento de sus derechos que marcó la llegada de la familia al-Assad a la presidencia. Algunos estiman incluso que hoy gozan de un mejor tratamiento en relación con la época en la que se hallaban atrapados entre dos fuegos, o sea entre los partidarios de De Gaulle y los del régimen de Vichy [Localidad francesa que sirvió de sede al gobierno francés que colaboró con los ocupantes nazis durante la Segunda Guerra Mundial. Nota del Traductor.].

Un amigo damasquino evoca ante mí el recuerdo de su abuelo quien, siguiendo una costumbre de aquella época,–haciéndose voluntariamente una pequeña en mano– había mezclado su sangre con la de un jeque musulmán para convertirse así ambos en hermanos de sangre. Según ese amigo: «Los enemigos de Siria han reclutado a la Hermandad Musulmana para destruir las relaciones fraternales que siempre existieron entre musulmanes y cristianos. Pero hasta ahora no han podido lograrlo. Incluso han provocado una reacción inversa y han acercado como nunca antes tanto a las comunidades como a los individuos.»

Pequeño recordatorio histórico. La conquista de Siria por parte de los árabes (en el año 636) nunca tuvo un carácter sangriento. En Damasco, mientras los cristianos bizantinos trataban de resistir, los cristianos siríacos abrían las puertas de la ciudad a los árabes y les ofrecían espontáneamente sus servicios para la construcción de viviendas.

¿Sabían ustedes que cristianos y musulmanes rezaron juntos en la Iglesia de San Juan Bautista durante 70 años? ¿Y que cuando dicha iglesia resultó ya demasiado pequeña, a pedido de los musulmanes, se convirtió (en el año 705) en la Mezquita de los Omeyas que aún podemos admirar hoy en día? ¿Y sabían además que, para compensar a los cristianos, los musulmanes les construyeron las cuatro primeras iglesias de Damasco?

Lo primero que me impresiona es ver que Damasco sigue siendo la misma ciudad de siempre, que conserva el mismo encanto milenario, sus zocos coloridos con sus olores de especias, la alegre animación de las callejuelas de vieja ciudad y su tránsito, sin nada que envidiar al que puede verse en El Cairo. Los restaurantes están llenos en los verdes barrios de las riberas del río Barada. La segunda cosa que me impresiona es la dignidad y la modestia de la gente humilde que puede verse en las calles: la ausencia de mendicidad, de autocompasión o de queja por parte de los pobres que pululan por todas partes y que esconden su miseria tras sus paredes agrietadas. Nadie imaginaría aquí a nadie durmiendo en la calle, como en París.

En el terreno

La intervención del ejército no se produjo hasta varios meses después del comienzo de los incidentes. La insurrección se caracterizó por una crueldad de un salvajismo olvidado en Siria desde las masacres de 1860, en las que fanáticos mahometanos estimulados por los otomanos asesinaron a 11,000 cristianos.

Los turcos de aquel entonces eran peores que los salafistas de hoy. Pequeña evocación histórica. ¿Quién recuerda que en 1859 la enfermedad del gusano de seda provocó la desaparición de su producción, tanto en China como en Francia? Siria fue la única que escapó al desastre (El brocado, inventado por la familia Bulad, ya había conquistado el mundo).
Y todos los productores de seda sirios eran cristianos. Eso bastó para que el gobierno francés del Segundo Imperio «sugiriera» al ocupante otomano que provocara —a través de musulmanes exaltados— los sangrientos desórdenes que ya conocemos y la persecución contra los cristianos, que dio como resultado la expatriación hacia Francia de todos los productores de seda y la compra a bajo precio de toda la producción de estos.

Un militar, movilizado actualmente en el sur del país, me expresa el estupor que lo invadió cuando se vio combatiendo frente a individuos que no eran sirios sino extranjeros, y me cuenta varios hechos sorprendentes de los que fue testigo: «Cuando entramos en combate, descubrimos que nuestros adversarios eran libios, libaneses (mercenarios sunnitas de Saad Hariri), qataríes, sauditas y, por supuesto, miembros de al-Qaeda. Cuando hicimos algunos prisioneros, comprobamos que muchos de ellos ni siquiera hablaban árabe. Eran afganos, franceses, turcos». Todos aquí están a la espera de revelaciones que pudieran poner a muchos países en una situación embarazosa.

Entre esos extranjeros, me dice, hay «muchos que ni siquiera saben dónde están: a los libios los traen por el Golán, haciéndolos pasar cerca de la frontera israelí para que vean la bandera israelí y para convencerlos así de que están en camino a Gaza donde van a combatir junto a sus hermanos musulmanes… En Homs fue arrestado un libio convencido de que estaba en Irak para luchar contra los americanos.»

Cerca de la frontera israelí se han interceptado, en plena noche, autos teledirigidos repletos de explosivos, un ejemplo entre tantos otros de las incursiones esporádicas de comandos que atraviesan diariamente las fronteras de Jordania, de Israel, del Líbano y de Turquía.

Homs, ciudad mártir

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En Homs, es falso decir que los alauitas concentran todos los poderes en sus manos: de los 24 notables, 18 son sunnitas, 4 son cristianos y sólo 2 son alauitas.

Homs siempre ha sido la ciudad de mayor población cristiana en todo el país. Los cristianos representaban el 98% de la población en 2 barrios, Bustan El Diwan y Hamidieh (el Viejo Zoco), donde se encuentran todas las iglesias y obispados. Su laberinto de calles y numerosos pasajes subterráneos, reabiertos en las actuales circunstancias, impidieron que los mercenarios entraran allí antes de que lograra recuperarse el control de Baba Amro.
El espectáculo que ahora se ofrece a nuestros ojos es de total desolación: la iglesia de Mar Elian está semiderruida mientras que Nuestra Señora de la Paz ha sido saqueada ((los cuerpos de varias personas degolladas fueron encontrados cerca de ella) y sigue ocupada por los rebeldes. Las casas, muy dañadas por los combates callejeros, han sido abandonadas por los habitantes, quienes tuvieron que huir dejando atrás todas sus cosas. El barrio de Hamidieh aún constituye el refugio inexpugnable de bandas armadas independientes entre sí que reciben armamento pesado y dinero provenientes de Qatar y de Arabia Saudita.

Todos los cristianos (138,000 personas) huyeron a Damasco o al Líbano. Los que no tenían parientes buscaron refugio en la campiña cercana, en las casas de sus amigos, en conventos e incluso en el Crac de los Caballeros [Castillo construido en la época de las cruzadas y registrado por la UNESCO como Patrimonio de la Humanidad en 2006. NdT.].
Un sacerdote resultó muerto en ese lugar. Otro, herido con 3 balas en el abdomen, aún se encuentra allí con uno o dos sacerdotes más, pero sus 5 obispos prudentemente buscaron refugio en Damasco o en Líbano. Se dice que los cristianos han comenzado un tímido movimiento de regreso.

Actualmente, exceptuando algunos disparos en las noches, la ciudad ha vuelto a la calma. En ese caso se encuentra Arman, barrio donde los alauitas son proporcionalmente más numerosos que en las demás ciudades, y donde se puede circular en auto. En cuanto al barrio sunnita, se puede entrar en él (incluso tratándose de un extranjero, a condición de hacerlo en compañía de un sunnita), pero los que en él se aventuran saben que tienen que hacerlo por su cuenta y riesgo debido a la abundan de tiradores aislados. Las tiendas están cerradas y el gradode destrucción es impresionante. Me parece extraño no encontrar ninguna presencia militar en toda la ciudad, ningún soldado armado. Estos últimos se limitan a controlar los accesos y a ocupar de los cuarteles, fuera de la ciudad.

Los poblados cristianos en la campiña de Homs

No estamos lejos de la frontera del Líbano, razón por la cual son frecuentes las barreras y los puntos de control, así como el movimiento de vehículos del ejército leal al gobierno. Desde la altura de sus 7 años, Jacques se desgañita a mi lado: «¡Dios protege al ejército!» Esta noche lo veré rezar por el ejército, como ha venido haciéndolo día tras día, junto a sus hermanos y hermanas. En la localidad cristiana donde paso las noches, las abuelas estiman que su deber es dar de comer a los soldados.
Uno de los pobladores me confía su opinión: «Si el ejército abandonara nuestra localidad, estaríamos en peligro de ser degollados. Si la salvaje represión que los medios de ustedes le atribuyen [al ejército] fuese real ¿por qué daríamos entonces la bienvenida a los militares en nuestras ciudades?»
Los pobladores, yo mismo he podido comprobarlo con mis propios ojos, se hallan bajo la atenta protección de las tropas fieles al presidente Bachar. A pesar de ello, un cohete cayó en el jardín, el Día de la Ascensión. Por suerte, no hubo víctimas, aunque la explosión aterrorizó a los niños. Por vez primera, la aldea fue blanco de 3 RPG, y uno de ellos mató a un abuelo y a sus dos nietos de 14 y 13 años.

Una calma muy relativa reina en el campo [y granjas campesinas]. Durante la noche se oyen intercambios de disparos. Es porque estamos a unos 15 kilómetros de la frontera libanesa. Doce personas que iban en minibús a Kafr Nam fueron secuestrados para pedir dinero por su liberación. Un autobús fue ametrallado en la carretera. En el pueblo, un primo fue secuestrado por varias horas, justo el tiempo necesario para robar su taxi (debidamente habilitado para pasar la frontera libanesa). Todo ello es característico del tipo de acciones aisladas realizadas por bandas armadas.

Recordatorio de los hechos recientes…

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Es importante recordar que durante 8 largos meses, la población de Homs estuvo pidiendo la intervención del ejército, que se negaba a correr el riesgo de afectar a la población civil.

Después de haber tratado infructuosamente de establecerse en Daraa (cerca de la frontera con Jordania), y posteriormente en Idleb, de donde también fueron expulsados, los opositores al régimen optaron por Homs, debido a la proximidad de esa ciudad con el territorio libanes, para instalar allí su cuartel general. A partir de aquel momento fueron incontables los atropellos y crímenes cometidos, de una ferocidad por demás sin la menor relación con el comportamiento sirio. Ejemplo de ello fue el secuestro de 200 alauitas, registrado en agosto del año pasado, para degollarlos en ocasión de la festividad del Aid al-Adha.
En el barrio de Baba Amro, autoproclamado Emirato Islámico Independiente, se almacenó una considerable cantidad de armamento sofisticado, proveniente del Líbano, suficiente para apertrechar a toda la revuelta. Muchos combatientes fueron enrolados además por la fuerza, bajo la amenaza de exterminar a sus familias. Entre las atrocidades comprobadas se cuenta el descubrimiento de los cuerpos de 48 hombres jóvenes, que habían sido degollados porque quisieron deponer las armas.
Esto me lo contó personalmente un sobreviviente que perdió a su padre y sus dos hermanos en esas circunstancias. Es importante precisar que, para el fanático sunnita extremista, degollar a su enemigo es una manera de expresar su propio orgullo por participar en la Guerra Santa y un acto virtuoso que presenta como ofrenda a Alá.

Cuando algún los terrorista tratan de verificar la religión de un sospechoso, si este dice ser cristiano lo obligan a recitar el Creo en Dios y lo dejan irse (los chuanes exigían que se recitara en latín).
Si el sospechoso dice ser ismaelita, tiene que decir las genealogías que se remontan hasta Moisés. Si dice ser sunnita, le exigen que recite una plegaria que contiene un fragmento eliminado por los alauitas. Los alauitas no tienen, en todo caso, ninguna posibilidad de salir vivos de la prueba. Muchos de ellos han sido secuestrados después de la simple presentación de sus papeles de identidad. Los cristianos que han sido secuestrados, en realidad han sido víctimas de errores. Desde tiempos inmemoriales, en efecto, los cristianos viven en paz en los barrios sunnitas y alauitas, felices con sus vecinos.

Siempre en contacto con la población, Bachar al-Assad (cuya madre fue educada en una escuela de religiosas de Latakia) visitó personalmente el lugar después de los combates y prometió reconstruir los barrios mártires.

El trasfondo de los acontecimientos

Permítanme hacer aquí una breve retrospectiva sobre los acontecimientos de Homs, cuya responsabilidad la prensa francesa e internacional ha atribuido al «bárbaro» Bachar al-Assad.

9 de febrero de 2012. Después de haber agotado todos los intentos de mediación, el ejército leal al gobierno sirio emprende la ofensiva contra el «Ejército Sirio Libre», que se había apoderado del barrio de Baba Amro y mantenía a sus habitantes como rehenes. Al cabo de batallas que la prensa internacional calificó de «represion sanguinaria», las fuerzas gubernamentales derrotaron a los rebeldes y algunos de estos encontraron refugio en el laberinto del barrio cristiano, mientras que los últimos elementos armados del Emirato huian, masacrando a los cristianos de los dos poblados que encontraron a su paso antes de hallar refugio en el Líbano. Pero, ¿qué pasó con los periodistas-combatientes del autoproclamado emirato islámico?

Dos de ellos, Marie Colvin y Remi Ochlik, encontraron la muerte en el propio Homs. Sus cuerpos, revestidos de uniformes de combate, fueron identificados en videos por los embajadores de Francia y de Polonia. El «fotógrafo» Paul Conroy pertenecía una agencia britanica de inteligencia [3] y la francesa Edith Bouvier había entrado Siria de forma clandestina.

Bouvier, que en realidad debería haber sido acusada por el delito de inmigración ilegal, se atrevió en aquel entonces a manipular la compasión de los telespectadores franceses reclamando la creación de un «corredor humanitario» y convirtiendose así en vocero del entonces ministro francés de Relaciones Exteriores, Alain Juppé, quien estaba tratando de sacar de Siria a los mercenarios del Ejército Sirio Libre, junto a sus instructores occidentales. Otros elementos permiten pensar que la enviada de la publicacion francesa Figaro Magazine trabajaba para la DGSE [Dirección General de Seguridad Exterior, la agencia de inteligencia exterior de Francia, NdT.] [4].

La víspera del asalto final, amparados en las tinieblas de la noche, estos periodistas huyeron hacia territorio libanés, donde los recogió, en un punto de paso ilegal, el embajador de Francia en Beirut, Denis Pietton, el mismo que de forma insolente había tomado posición contra Su Beatitud Bchara Rai, demasiado «bacharizado» para el gusto del diplomático francés. Pretextando una visita a los alrededores de Baalbek, en el este del Líbano, el diplomático había llegado con un equipo francés de seguridad al norte del valle de la Bekaa (región fronteriza limítrofe con la provincia siria de Homs). Allí recogió a los fugitivos franceses. Dado que, en virtud de la Convención de Viena, las autoridades no tienen derecho a registrar los vehículos diplomáticos, el convoy transportó a los agentes franceses hasta la embajada, en las mismas narices de la policía [5].

La intangible frontera del Líbano

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El ejército nacional sirio está reforzando su dispositivo para impedir la infiltración de elementos provenientes del exterior. Pero los combatientes extranjeros siguen concentrándose en las regiones fronterizas de Turquía y Jordania. Después de transitar por Amman, siguen llegando cientos de libios takfiristas de al-Qaeda (un antiguo grupo islámico agresivo en Libia), mientras que varios miles se concentran en Hattay (Turquía) bajo la dirección del ejército turco. Más de 5,000 libios han llegado como refuerzo en los últimos días.

Con la multiplicación de los incidentes se ha dicho que el ejército libanés desmanteló un campamento de reagrupamiento y una base de comunicación en el territorio de su país. Abundan, sin embargo, las pruebas sobre la responsabilidad de ciertos sectores libaneses en la utilización del Líbano como base de retaguardia para golpear a Siria y para cometer actos de violencia. En colaboración con varias embajadas occidentales, se ha establecido un amplio tráfico de armas a través de la ciudad libanesa de Trípoli (a la que llegan por barco miles de toneladas de armamento pesado) gracias a la instalación de bases logísticas y mediáticas, organizadas esencialmente por la Corriente del Futuro, de Saad Hariri, y por las Fuerzas Libanesas de Samir Geagea.
La tarea de esas células consiste en formar y entrenar los grupos terroristas sirios. Todo se desarrolla como si, por decisión de Estados Unidos, el Líbano se hubiese convertido en un trampolín de la agresión contra Siria [6].

Damasco, una astilla clavada en el pie

En momentos en que Siria parecía encontrar su lugar en el concierto de naciones, resulta que una inesperada cantidad de protagonistas se interesa por este país, y no siempre de modo cordial o desinteresado. El ciudadano sirio medio se pregunta si una nueva guerra mundial no está gestándose en su país. Y abundan las conjeturas.

¿Necesita Rusia la región como vía de acceso indispensable al mar abierto? ¿Cómo puede Estados Unidos tolerar la simple idea de que se convierta en una potencia mundial? ¿Está alimentando la propia China el proyecto de una vía ferroviaria hacia el Golfo y África? El tránsito del petróleo y del gas iraníes con destino a Banyias se desarrolla a través de Irak pero ¿no estarán programados para transitar a través de Siria los hidrocarburos de Qatar con destino a Haifa?

Conforme al plan sionista de fraccionamiento del Medio Oriente según criterios confesionales, Israel estima que su seguridad exige a toda costa la eliminación de Bachar, cuya fuerza se ha convertido en una amenaza. Nadie ignora que, al convertirse en primer ministro del Líbano, el sunnita Saad Hariri (cuya fortuna está muy vinculada a los fondos estadounidenses, sauditas y qataríes) había obtenido la ciudadanía libanesa sólo 8 años antes. Su alianza con Arabia Saudita se explica fácilmente cuando se sabe que es el hijo de la esposa que su padre, Rafik, ofreciera como regalo al rey Abdallah.

Los sauditas y los qataríes son aliados de Estados Unidos, país que los apoya porque tienen petróleo, pero que al mismo tiempo les mantiene la rienda corta mientras que amenaza –a través de desórdenes populares que ya han comenzado– la estabilidad de sus monarquías. También hay que señalar la presencia de petróleo en la región de Deir Ezzor, en el este de Siria (donde acaba de estallar un vehículo que contenía 1 000 kilos de TNT) y que también hay mucho gas en la región de Qara y frente a las costas de Latakia. De hecho, toda esa gente se unió contra Siria precisamente cuando este país empezó a izarse al nivel de las grandes potencia y ¿no estará provocando Washington los cambios de régimen en el mundo árabe únicamente para alcanzar así sus propios objetivos geopolíticos en materia de control de los recursos energéticos?

Cuando, al apoyo de Rusia y de China, al respaldo de Irán y del Hezbollah libanes (que amenaza directamente a Israel), Siria agrega su propio volumen de fuego y la eficacia de la protección de su propio territorio (con medios electrónicos capaces de interceptar todo tipo de comunicaciones o de sacar de servicio cualquier tipo de equipamiento electrónico), Bachar se convierte en una insoportable astilla incrustada para la realización del plan sionista de desmembramiento del Medio Oriente destinado a garantizar la supervivencia de Israel.

Los cristianos no son perseguidos como en Egipto

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La persona que me alberga en su casa me dice: «Antes de que empezaran los incidentes, a nadie se le hubiese ocurrido proclamar su creencia religiosa. Vivíamos todos juntos, a menudo sin saber qué religión practicaba el otro. Éramos sirios y eso era lo que nos definía. Fue en 2011 cuando todo empezó a cambiar y cuando empezamos a fijarnos en eso.»

Casi pudiera decirse que las desgracias de los cristianos forman parte de los llamados “daños colaterales”. En efecto, los incidentes de los que han sido víctimas se han producido únicamente en la región de Homs (precedidos de los enfrentamientos entre sunnitas y alauitas), pero no ha habido hasta ahora que deplorar ningún otro incidente de ese tipo en las demás provincias.

Están inquietos, claro está, pero su miedo apareció únicamente con la primavera árabe y con el temor de que la Hermandad Musulmana pueda llegar al poder. Como la inmensa mayoría de los sirios, ellos quieren a su presidente, del que ya se sabe hoy en día que no le interesa el poder pero que, como no desea ceder ante la presión actual, está esperando las elecciones de 2014 sin tener por ello la intención de presentarse como candidato. Estiman finalmente que las bandas armadas están fanatizadas porque se componen, en la mayoría de los casos, de jóvenes delincuentes de entre 18 y 26 años que apenas acaban de salir de la cárcel. Como todos los sirios y como el propio presidente, quieren reformas. Pero no quieren la caída del presidente, que inmediatamente provocaría la irakización de Siria (país que, recordémoslo, ha acogido más de 3 millones de refugiados iraquíes).

Hubo que esperar a que se produjera esta guerra para que los cristianos se vieran personalmente amenazados por los combatientes salafistas, estimulados estos últimos noche tras noche –a través de la televisión – por el «jeque» Al Araur. Este personaje poco recomendable, ex oficial del ejército sirio, fue juzgado y condenado a prisión debido su comportamiento depravado. Pero huyó y se refugió en Qatar, desde donde no deja de incitar a sus tropas a que asesinen alauitas y cristianos.

El observador puede distinguir una evidente evolución de las «revoluciones». Los desórdenes comenzaron en Túnez, siguieron después en Yemen, Egipto y Libia, con el éxito que ya conocemos. Faltaba Siria. Sin embargo, hay que reconocer lo siguiente: si bien es cierto que los cristianos no son directamente perseguidos en sus países, también es cierto que es su existencia misma la que hoy es blanco de una amenaza externa debido a los aliados del Golfo y a las injustas posiciones de naciones como Francia, que se dejan arrastrar por Estados Unidos, país que a su vez está amarrado a Israel.

Balance de víctimas, la deformación de las cifras

A principios de mes, la prensa oficial mencionaba un informe de Siria a la ONU, informe fechado el 21 de marzo, que contabilizaba las víctimas del conflicto desde el principio de los enfrentamientos.

El número de víctimas de los rebeldes se elevaba a 6,000 y se descomponía de la siguiente manera: 3,000 soldados del ejército regular y 3,000 civiles, (500 policías muertos, 1,500 secuestros y 1,000 desaparecidos). Al mismo tiempo, el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos estimaba el número de sirios muertos en 11,000. Los rebeldes –que el OSDH rebautizaba como «desertores»– sólo contabilizaban 600 bajas y, claro está, no mencionaban a los numerosos combatientes extranjeros caídos como mártires de la yihad.

Incluso teniendo en cuenta lo difícil que resulta alcanzar la exactitud en este asunto, la diferencia entre ambas cifras era realmente desmesurada. Pero la manipulación no terminaba ahí ya que la responsabilidad de los 11,000 muertos tenía que recaer en la represión gubernamental, dado que los medios masivos de difusión occidentales se hacían eco de inmediato, con indignación, de las cifras de la OSDH.

Primavera siria

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Los sectores más modestos de la población cristiana de Siria tienen la sensación de que un renacimiento va a producirse después de los actuales acontecimientos ya que todos los enemigos juntos no han logrado otra cosa que provocar daños parciales y fortalecer la unidad de todos los sirios alrededor de su presidente. Los más recientes atentados suicidas son interpretados incluso como combates de retaguardia.

Fue cerca de las murallas de Damasco que Jesús, la Luz del Mundo, se comunicó con San Pablo, futuro Apóstol de las Naciones. No fue en Jerusalén ni en ningún otro lugar.

¿No es posible acaso que el singular término de orientalidad (cercano al término autenticidad) exprese la calidad de la convivencia histórica que siempre existió aquí entre cristianos y musulmanes? Se sabe que en la Mezquita de los Omeyas se encuentra el cráneo de San Juan Bautista, reliquia que veneran juntos cristianos y musulmanes. Pero ¿se sabe acaso que muchos musulmanes cultos dirigen sus plegarias a Cristo?
¿Se confiere acaso su justo valor a las visitas que el presidente Bachar realiza regularmente al monasterio de Nuestra Señora de Saidnaya y al humilde santuario de San Ananías, donde el propio Bachar incluso pidió aceite bendito?
¿Se sabe acaso que la imagen milagrosa de la virgen de Soufanieh –ante la cual vienen a prosternarse jeques musulmanes– fue traída de Kazanska, donde musulmanes y cristianos desde siempre han rendido homenaje al icono prodigioso de Nuestra Señora de Kazán?

Y para terminar, ¿no será acaso que se está intentando destruir Siria porque este país está considerado como el centro del Islam moderado? Para justificar su propia política de dominación, Occidente prefiere la existencia del Islam extremista que el propio Occidente propicia, alimenta y engorda. Al oponer al mundo occidental (supuestamente cristiano) un mundo de barbudos fanáticos, Occidente puede justificar su propia guerra por el control del petróleo.

Los políticos trazan planes. La última esperanza de los cristianos de Siria –al igual que la de todos los cristianos del Medio Oriente– reside en su propia fe en el plan del Señor. La tierra del Oriente está repleta de Esperanza. ¿No engendró acaso, en siglos pasados, victorias tan fulgurantes como misteriosas? Como la victoria de David sobre Goliat, la de Ciro sobre Nabucodonosor, la de Gedeón sobre los madianitas. No debemos olvidar que el destino del mundo está en juego en los alrededores del monte Moriah, a tiro de cañón de Damasco.

[1] «Alain Juppé acusado por su propia administración de haber falsificado los informes sobre Siria», Réseau Voltaire, 22 de marzo de 2012.

[2] «L’Église maronite s’inquiète des intentions de l’Occident» y «Le Patriarche maronite s’oppose au plan de morcellement du Machrek arabe», por Pierre Khalaf, New Orient News (Líbano), Réseau Voltaire, 12 y 19 de septiembre de 2011. «Los cristianos de Oriente se oponen al nuevo colonialismo occidental». Entrevista con la madre Agnés-Mariam de la Croix», por Thierry Meyssan, Réseau Voltaire, 7 de octubre de 2011.

[3] «El «periodista» Paul Conroy es más bien un agente secreto del MI6», Réseau Voltaire, 8 de marzo de 2012.

[4] «Los periodistas-combatientes de Baba Amro
», por Thierry Meyssan, Red Voltaire, 5 de marzo de 2012.

[5] «Francia evacua con pena a sus agentes secretos operando en Siria», Réseau Voltaire, 1º de marzo de 2012.

[6] «Au Liban, le scandale vient par le gouvernement», por Pierre Khalaf, New Orient News (Líbano), Réseau Voltaire, 12 de marzo de 2012.