Una bella como emotiva página se ha escrito en el Perú. Fue el dolor la amalgama que unió a deudos de todas las sangres que lloraron, una vez más, la irreparable partida de los suyos: Mesa Redonda y Utopía se juntaron y hermanaron para demostrar acaso un nuevo camino, un derrotero original de organización por causas y campañas de prevención. La efemérides de lo ocurrido en el centro de Lima hace un año refunda pues, de alguna manera, la peruanidad que está por encima de aventureros y fenicios.

Hasta hoy no es posible determinar el número exacto de los muertos en Mesa Redonda. La indiferencia de las autoridades responsables, la carencia de recursos de los familiares supérstites para sufragar cualquier gasto y la cínica respuesta burocrática que no se puede hacer nada han dado al asunto una lápida de facto aunque en la formalidad siga abierto, con aparente vigencia. En la discoteca Utopía sí se llegó a conocer el número exacto de asfixiados.

Por alguna razón incomprensible, los peruanos sólo reaccionamos a posteriori. La cultura de la prevención no existe porque el diseño del sistema privilegia el consumo y la ganancia abusiva. Interesa poco que los productos, o lo que así denominan, sean tóxicos, inseguros, sin las mínimas medidas de escape si se trata de locales cerrados. ¡No!, apenas vale el retorno de la inversión de los empresarios. En Mesa Redonda hubo un soborno que no ha sido esclarecido y la policía dejó de cumplir su trabajo. En Utopía se violaron todas las reglas indispensables y el saldo no pudo ser peor ni más doloroso, como condenable.

Cuando los deudos de Utopía llegan a Mesa Redonda se produce un gesto de solidaridad, de profunda identificación. Todos perdieron hijos, primos, madres, padres, hermanos, familiares, amigos, ergo, hay que compartir la pena para convertirla en dínamo imbatible, elan constructivo, batería incandescente para evitar que estas tragedias repitan su secuela siniestra de crimen y necedad. Entonces, he allí la belleza humana de una actitud y un norte.

Creo que el asunto rebasa la pura comprensión emotiva. Hay más.

De repente, un camino para la sociedad de múltiples rostros y colores que es el Perú, sea la asociación de grupos de interés específico para la propuesta de sus reivindicaciones y cómo obtenerlas. Nótese que hace largos años que los partidos políticos dejaron de ser entes nucleadores de las grandes colectividades. Hoy son apenas maquinarias gana-votos y colocadoras de no pocos imbéciles en la cosa pública.

Lo que sí hay que alentar es que no actuemos por las patadas que nos caen y en el océano de lamentaciones a que somos tan afectos. Por el contrario, hay que acicatear los esfuerzos de prevención y así evitaremos Mesas Redondas o Utopías y conservaremos a los nuestros por más tiempo.

El dolor hermana y galvaniza, también crea porque agoniza, al modo unamuniano, para renacer de entre los escombros y proclamar su sed de vida y sus ganas de lucha por un Perú libre, culto y justo.

Feliz Año 2003 para todos los lectores y la promesa renovada de un combate a muerte contra la injusticia y una cacería indomeñable de todos los cacos que han hecho de la política un vil negociado culpable.

Hay que romper el pacto infame y tácito de hablar a media voz.