Red Voltaire
Sátira teatral al dictador Pinochet por Walter Acosta, dramaturgo uruguayo

El Escorpión y la Comadreja

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Premio Casas de las Américas 2001

(Los tres DOCTORES quedan en actitud hierática durante varios segundos en medio de un silencio sepulcral, sólo quebrado por el pulso electrónico omnipresente que proviene de la pantalla de un monitor. Luego, por el rabillo del ojo, los DOCTORES comienzan a advertir con inquietud, un movimiento casi imperceptible de la sábana que cubrió todo el tiempo al paciente. El GENERAL abre sus ojos. Es una mirada angulosa y esquiva. Un redoblante comienza a sonar in crescendo y a partir de ese momento, la acción se desencadena a ritmo vertiginoso con fuerte tono surrealista. Dotado de una fuerza insospechada y con la agilidad digna de una persona mucho más joven, el GENERAL ejecuta varias maniobras poco menos que simultáneas: echa violentamente a un lado la sábana, pega un salto y queda parado en la cama - viéndose por primera vez que viste su mejor uniforme y condecoraciones; se arranca brutalmente la sonda intravenosa del suero que tenía asegurada a su mano izquierda con cinta adhesiva, y arroja al suelo el gorro "carcelario" con una especie de alarido feroz y una fuerte palabra chilena).

General. ¡¡¡ CHUCHAAAAA!!!

(Gran golpe de gong chino y corte abrupto del redoblante. Los DOCTORES quedan más paralizados de lo que ya estaban. Al escuchar el alarido, sobrecogidos de terror y con idéntico gesto, abren sus carpetas y se parapetan detrás de ellas como si les estuvieran apedreando. El GENERAL salta de la cama al suelo. Llega hasta la silla de ruedas donde coge de un zarpazo la gorra galardonada y se la encasqueta hasta las orejas. Al tiempo que se sienta, pone el bastón entre sus piernas y valiéndose de ambas manos, acciona la silla para arremeter contra los DOCTORES)

¡¡A callar…!! ¡¡Cabrones!! ¡Esas son patrañas, puras mentiras! ¿Demencia, yo? ¡¿Senil, yo?!

(Carcajada desaforada como en las mejores películas de terror de Hammer Films. En medio de los abundantes bastonazos que propina el GENERAL a diestra y siniestra, el DOCTOR A se las ingenia para saltar por encima de la cama y refugiarse al otro costado. El GENERAL reacciona de inmediato, vira bruscamente la silla de ruedas y se abalanza para perseguirlo).

¡Ven aquí, concha de tu madre! ¡Bolchevique!

(El momento lo aprovechan los DOCTORES B y C para intentar una escapada por su lado. El GENERAL de inmediato frena su arremetida y gira en seco, esgrimiendo el bastón con gesto amenazante y tono cuartelero)

¡¡Alto o disparo!!

(Los DOCTORES B y C se detienen)

Doctor B (desternillándose de risa). Pero… pero mi general… ¿qué huevadas está usted diciendo ahorita pues?

(El GENERAL, inmovilizando su gesto, parece no comprender nada. Está completamente desconcertado).

General. ¿Cómo?

Doctor C (también desternillándose de risa). ¡El bastón, mi general! ¡Es un bas-tóooon…!

General. (Deja caer el bastón al suelo un segundo más tarde como si le quemara las manos). ¡Carajo!

(Relajados y hasta divertidos, los DOCTORES B y C prosiguen su "fuga" pero sin prisa. El GENERAL recoge de inmediato el bastón).

¡¡Alto les dije!! Aunque esta mierda sea un bastón y no un fusil, igual me va a servir, ¿me oyeron bien, chupamedias? ¡Les romperé las costillas! O es que ya se olvidaron lo que dijo mi mujer cuando acabamos de una vez por todas con el marxista ése que se convirtió en Presidente gracias a la generosidad de nuestro sistema democrático, ¿eh? Hasta le ofrecimos un avión para que se fuera del país, pero el muy testarudo ni siquiera eso aceptó. ¡Ah, cuánta razón tenía mi mujer! "Cuidado con mi marido", dijo. "Tiene la mano muy dura". (Sonríe complacido). Eso dijo. La mano muy dura.

(A partir de este momento, hay un cambio progresivo en el tono cada vez más amenazante del GENERAL, cuya verdadera personalidad demagógica y dictatorial comienza a manifestarse en sus aspectos más tenebrosos). En fin… (Maniobra la silla para ubicarse sin premura al centro del escenario pero de espaldas al público. Es dueño absoluto de la escena. Por momentos, y con extrema pericia, desplazará la silla lateralmente o avanzará encimándose sobre los DOCTORES. La silla estará en una especie de movimiento constante, lo cual aumenta el nerviosismo de los DOCTORES).

Conque -según ustedes, cagones- yo padezco "demencia senil" ¿eh? ¿Cómo fue que … que dijeron en latín?

(Silencio. Los tres DOCTORES se miran)

¡Contesten… que yo también fui monaguillo, carajo!

Doctor B (con tono resignado). Okey.

Doctores (a coro). ¡¡Dementia senilis!!

General. No, no. Había más. Vamos… ¡canten, pendejos!

Doctores. Galopantibus.

General. Eso es. "Galopantibus". Así está mejor. (Observa una pausa bien premeditada y luego enarbola el bastón para descargarlo varias veces sobre el suelo en un arranque de histeria desaforada). ¡¡Cuando las ranas críen pelos, sacristanes de Lenin!! ¿¡Me oyeron, rotos de mierda?!

Doctores (otra vez a coro). ¡Era una broma, mi General!

General. ¿Broma? ¡Todos ustedes son de la misma calaña! Los conozco bien. (Enumeración de ritmo frenético). Pendencieros. Carroña. Bazofia. Esperpentos. Izquierdistas vendidos al oro de Moscú. Revolucionarios de pacotilla. Subversivos que se dan la pichicata … ¡y quieren asesinar a mi amigo el Papa, santo varón! (Pausa). Vamos a ver: ¿cuántos dólares les pagaron para firmar este veredicto, eh? Porque por la plata baila el mono, ¿verdad? ¿Diez mil? ¿Veinte mil? ¡Cuánto, díganlo! ¿Cincuenta mil? Díganlo, canallas, que yo no les cobraré comisión, estén seguros. (Pausa).

(El DOCTOR B se decide a hablar timoratamente en nombre propio y de sus colegas, pero el General ya está en otra cosa y lo deja con la boca abierta).

¡Si serán cretinos! ¿Cómo se les ocurre que yo pueda prestarme a la burda patraña de actuar como un viejo reblandecido, enclenque y cagón…¿eh? … para evitar un juicio cuando no me siento culpable de NADAAA… ¿ehhhh? (Pausa). Yo no tengo nada que reprocharme ¡sino todo lo contrario! Soy i-no-cen-te, ¡¿oyeron, espantapájaros?! Lo diré setenta veces siete, si fuera necesario. Como en la Biblia. ¿Ustedes se creen que mis oficiales y camaradas de armas se cruzarán de brazos ante esta farsa? Ustedes deben estar totalmente locos. Eso sí: les aconsejo una sola cosa. ¡Tengan mucho, pero MUCHO cuidado… porque la historia puede repetirse! En mi tiempo… ¡las puertas de los cuarteles jamás estuvieron cerradas con llave! ¡¡JA-MAAAS!! (Machacando las palabras). ¡Y es bien posible que un día u otro se vuelvan a abrir para que el ejército restablezca el orden y combata el caos como corresponde! (Pausa).

Doctor A. General…

General. Yo soy inocente. I-NO-CEN-TE … ¿entendieron? (Gran silencio). ¡Fui yo quien salvó a mi país del marxismo leninismo y de la gran mentira! Fueron ellos los que hipotecaron el país. Y había un sólo camino: aplastarlos con todo el peso de la ley. Como a las cucarachas. (Comienza la desmesura total). ¡Y yo fui la ley! ¡¡Yo!! ¡¡Yo!! Yo lo salvé del yugo marxista… del cáncer marxista… (Agrega con placer brutal). ¡¡y fui YO, yo quien lo arrancó de cuajo!! ¿Cómo quieren ustedes ahora que me declare culpable en esta farsa? ¿Culpable de qué? Aquí me tienen encerrado. Como a un perro. Secuestrado. ¡No importa! En España, en Bélgica, en Suiza, ellos me esperan con los brazos abiertos y los cuchillos bien afilados. ¡NO IMPORTA, ca-ra-jo!

(El GENERAL se yergue y abandona la silla en pleno paroxismo. Esgrime en alto el bastón y su figura física se agiganta monstruosamente. Está de frente al público).

Si tengo que morir aquí… así será. En el exilio. Como el héroe de mi patria. ¿Pero culpable…? Culpable, no, ¿me oyeron? ¡¡Culpable no!! (Totalmente fuera de sí). ¡EN LA PUTA VIDA!

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