En el calendario chino hay el "año del Tigre" y el del "Alacrán". Debe haber también haber un año del Elefante. Y Estados Unidos que tantas cosas importa de la China milenaria ahora entra también en el signo del torpe paquidermo. El Elefante Republicano se acaba de adueñar totalmente del escenario político nacional.

Los Republicanos acaban de obtener en las pasadas elecciones una victoria arrolladora frente a sus rivales los Demócratas cuyo emblema es un borrico.

El simbolismo se las trae. Escoger entre un elefante y un burro es una alternativa poco edificante, lo cual explica hasta cierto punto - si lo decimos en broma- la endémica abstención electoral del pueblo americano.

Se decía que sabiamente los electores en Estados Unidos votaban siempre de manera que se mantuviera el equilibrio entre el Congreso y el Poder Ejecutivo. Si uno de los dos partidos ocupaba la Casa Blanca el otro debía tener el control del Congreso o por lo menos de una de las alas del Capitolio. Así estaban las cosas hasta las elecciones del pasado martes. El Republicano del elefante George Bush en la presidencia y la Cámara de Representantes y los de burrito en el Senado de la República. Parecía que todo iba a seguir igual. Pero no ha sido así. Las urnas han cambiado las cosas.

Cierto es que en estos comicios parciales para elegir Gobernadores, Senadores y Representantes la votación fue escasa como siempre - no llegó a la mitad de los ciudadanos con derecho al voto - pero gústenos o no, esa es la forma de elegir en este país a sus gobernantes. No será muy representativa la democracia norteamericana pero así se le llama y así funciona. Lo peor es que eso es lo que quieren imponerle al mundo como forma de gobierno.

Pues bien, con los Republicanos del elefante en el control de la Casa Blanca, el Senado y la Cámara, el Presidente Bush tiene en sus manos todos los organismos elegibles del Estado lo que significa que tiene una especie de mandato para ejercer el poder y llevar adelante sin grandes oposiciones tanto su política nacional como la del exterior.

Los del burrito- quizás mas por cobardes políticamente que por brutos- le han cedido el paso a los del elefante que ahora no tiene pretexto alguno para echarle la culpa al Partido Demócrata de que las cosas no marchaban bien en la nación.

Ya no hay pretexto. Los Republicanos tienen la Presidencia, tienen mayoría en la Cámara de Representantes y ahora también controlan el Senado. De manera que si quieren ir a la guerra, los electores americanos apoyaron la guerra en las urnas. Si quieren rebajas presupuestarias en los programas sociales, los votantes americanos les ha dado su respaldo. Así que después no se quejen los ancianos de que no les alcance el dinero para las medicinas. Si quieren en fin, seguir el camino de la confrontación en todas partes del mundo, el electorado de este país- los que votaron por supuesto - le han dado al Presidente Bush una carta en blanco para que lleve adelante sus planes los mismo en Irak que en cualquier otra nación del mundo, incluyendo a Cuba por supuesto.

Vivimos en el signo del elefante. Los burros, por tener las patas flojas han perdido la oportunidad de seguir manteniendo el balance de que tanto se nos hablaba como de "sabiduría del votante americano".

Un elefante suelto, un animal más bruto que un mismo burro y sin que nadie los controle en este mundo tan frágil como una cristalería, es algo para preocuparse. Pero en fin de cuentas hay que ser optimistas. No siempre el destino de la humanidad va a estar en la trompa de un elefante o en los cascos de un burrito. El hombre es sabio y todo es cuestión de tiempo. Hasta que se canse el elefante.