El mundo recibió con alivio en la mañana de hoy la noticia de que Saddam Hussein, en su condición de Jefe de Estado de la República de Irak había aceptado de manera incondicional el retorno a su país de los inspectores internacionales designados por las Naciones Unidas para verificar sobre el terreno si esa nación tenía en su poder armas de destrucción masiva, ya fueran biológicas, químicas o nucleares.

Todo el mundo no. El Gobierno de Estados Unidos ha respondido al ofrecimiento diciendo que la aceptación del retorno de los inspectores por parte del Presidente iraquí era una "maniobra de este para no cumplir al final los compromisos con las Naciones Unidas".

Está de mas decir que no soy ni nunca he sido simpatizante de Sadam Hussein. Tampoco puedo ser partidario de sus adversarios que a todas luces tampoco tienen nada de patriotas, por su actitud incondicional a la política de Estados Mundos hacia Irak. Para mí cuando un ciudadano de una nación, lleva su oposición al gobierno de su país hasta el punto de ponerse al servicio de una potencia extranjera, rebasaba los limites de la disidencia para convertirse en un agente extranjero, que es lo mismo que traidor. Ese es el caso de los opositores de Hussein que andan afilándose los dientes en la esperanza que de invadir Estados Unidos su país, los vencedores les tiren una migajas del botín petrolero que está en el juego.

Porque para vergüenza de la humanidad, de lo que se trata en esta guerra anunciada es del dominio de un territorio que tiene en sus entrañas la segunda reserva petrolera del mundo.

No creo necesario decir que ni soy de religión musulmana ni tampoco soy árabe de raza. Mi nombre y mi apellido me libran de tal sospecha, aunque para los racistas de todas partes, ser árabe o judío, da igual.

Es importante señalar que pocas hora antes de que Saddam Hussein declarara que estaba dispuesto a aceptar el regreso de los inspectores de las Naciones Unidas, el gobierno norteamericano le había reiterado a sus países aliados y a los que se sumaran a la guerra, que después de la victoria se compartiría con ellos el petróleo iraquí. De manera mas clara no se puede decir. Atacar a Irak, invadir su territorio, aplastar toda resistencia, liquidar a Hussein e instalar en su lugar un nuevo gobierno que acepte las condiciones de los vencedores, para repartirse el botín del petróleo. De eso se trata.

Hasta ahora el que parecía terco en su conducta ante el mundo era el gobernante de Irak Pero como se dice vulgarmente, "Saddam Hussein se abrió de piernas". ¿Que más se le puede pedir al jefe iraquí?

Si lo que se quiere es evitar un conflicto armado para ahorrar vidas humanas, lo sensato es aprovechar los ofrecimientos de Hussein! Ah, pero si lo que se persigue es el petróleo de Irak a toda costa, no importa que Hussein se rinda incondicionalmente ante las exigencias norteamericanas. Será una guerra por el control del petróleo mundial y no una lucha por la democracia y la libertad. Comienza una cuenta regresiva para ver quien es el terco ahora, el que busca la guerra y no quiere la paz. ¿Saddam Hussein o el Presidente Bush?

Como dicen en el ajedrez. Ya Hussein movió ficha. Ahora le toca jugar al Presidente Bush.